Un crimen de folletín: la construcción del caso Garcia Belsunce

Por Bárbara Vernengo

Para abordar un análisis exhaustivo del caso María Marta García Belsunce, cabe referirse a diversas temáticas, que hacen del hecho mucho más que una mera noticia. En primera instancia, luego de relatar el crimen en modo secuencial breve, se diferencia el caso de la casuística y el porqué se lo cataloga como tal, fundamentada por la teoría de Ford. Como todo “Caso de…”, su función disparadora de teorías generales y permanencia en los medios, generan una masa mayor de discusión pública. Eliseo Verón, su estudio realizado en torno a la prensa escrita, refuerza la postura que se pretende tratar. Destacando ciertos aspectos, proporcionados por la misma. El desarrollo de una narrativa análoga a los cuentos de Edgar Allan Poe, no por su semejanza en la prosa, sino por el incuestionable respeto al género. Secuencia, formato, contenido. El despertar de una masiva expectativa e inquietud social, digna de una real novela policial, ¿Porque no en formato folletín?

Ante todo habría que recordar bien lo sucedido. El domingo 27 de octubre al entrar en su casa Carlos Carrascosa descubrió, dice, el cuerpo de su esposa: María Marta García Belsunce, apoyado sobre el borde de la bañadera. Por alguna razón en esta ocasión no había modo de atribuirle el hecho a algún “villero” de las cercanías, es decir, a la seguridad del country Carmel. Fue natural entonces que se hablase de un desdichado accidente. Pero llamar a urgencias y a su vez retrasar su entrada al country, no fue más que un pequeño disparador. Luego de descubrir, tras una autopsia que no se trató de un accidente casero, sino de un asesinato indiscutible. La zona del crimen se encontraba radiante imposibilitando la búsqueda y el hallazgo de una posible huella. Posteriormente comenzaron a girar alrededor del hecho, múltiples hipótesis, sospechosos varios, razones varias.


¿Cómo catalogar este caso? Indudablemente forma parte de los crímenes más destacados del país de las últimas décadas. No se podría hablar de un mero caso, insulso, solo por llamar la atención de un fragmento social. De hecho, ese es uno de los factores que lo distinguen de los numerosos crímenes, entre otros. El interés que despertó en la completa sociedad a través de implicancias diversas que acarreaba “El caso Belsunce”. Anibal Ford hace una distinción relevante entre caso y casuística que da cuenta el porqué trasciende a la noticia del día. “La casuística se apoya a diferencia del caso, en el conjunto de casos que más que agruparse para ejemplificar…se agrupa o se mueve de manera errátil en la agenda de los medios a partir de su valor como “noticia”. Su remisión a leyes o normas se da de manera parcial o aleatoria, y mucha veces es atrapado por la retorica narrativa. Le damos particular importancia al caso como ejemplo del crecimiento de lo narrativo frente a lo macro o lo estructural en la cultura contemporánea” (1) .
Todos los medios tenían una edición diaria estipulada, si la noticia no constaba de novedades, se la rellenaba con hipótesis, o detalles varios que despertaran en el público una conducta un tanto detectivesca y se sintieran reales participes de un caso imposible de desentrañar. Los medios secuaces, adoptaron más o menos las mismas posturas, sin embargo el desempeño de los diarios preponderaba ante la masa. El nexo de la lectura, dentro del contrato de lectura, estipulado por Verón, no reside solamente en los contenidos, también a cargo de una estructura enunciativa. El lugar propuesto para el destinatario era bien claro, el adecuarse a lo que el enunciador le proporcionaba. El enunciador en cambio, podía adoptar ciertos matices, estructuras no estrictas, donde lo importante era no perder el ritmo, el seguimiento al caso y por ende que el lector tampoco lo pierda. Eliseo Verón, haciendo referencia específicamente a la prensa escrita dice: “La prensa es, por un lado, una suerte de laboratorio para el estudio de las transformaciones socioculturales de los grupos sociales y para el estudio de las

(1) Aníbal Ford, “La exasperación del caso”, pág. 246.
relaciones entre estas transformaciones y la evolución y el entrelazamiento de los géneros discursivos: La prensa escrita es precisamente un buen dominio para ejercitar la única estrategia posible a mi criterio, consistente en confrontarse con lo complejo como tal, a su propio nivel, sin caer en la ilusión según la cual a partir de lo simple, por comprensión y con paciencia, se llegará a lo complejo.” (2) Un soporte y un sistema de prácticas de utilización en la que se produce tanto como se reconoce. Se entiende entonces porque la gente coleccionaba mucho más diarios a fines del 2002 y principios del 2003. Tal vez porque ningún otro medio suministraba la información como él. La complejidad del caso, transmitida tal cual era, sin quitarle ese atributo que todo el resto de los medios simplificaba por razones del medio mismo. Donde no se permite desarrollar una información tan exhaustivamente como lo hace el Diario, sea cual fuere, dentro de sus códigos, normas y libertades. En su seguidilla a modo folletín de “El caso García Belsunce”, se hallaba un artículo cuya fuente: Diario Clarín, publicó pocos meses después del hecho. Una nota que proponía dos analogías interesantes de traer a colación: el relato detectivesco y a consecuencia, el folletín.
Un caso similar, a lugar por la carencia de evidencias y desconocimiento de razones, fue el que casualmente sirvió a Edgar Allan Poe como disparador a un gran policial: “El misterio de Marie Rogt”, cuento que publicó en la revista Ladies’ Companion en noviembre de 1842. El texto sólo presentaba dos cambios con respecto a la historia real.
En agosto de 1841 apareció flotando sobre el río Hudson el cadáver de Mary Cecilia Rogers, una chica que trabajaba en una tabaquería de Nueva York. Algunos diarios y revistas de la época aseguraron que se trataba de un crimen pasional; otros lo atribuyeron al feroz ataque de una pandilla de delincuentes. Lo cierto es que después de un año de meticulosas investigaciones, la policía no había logrado descubrir al asesino.

(2) Eliseo Verón, “Les Medias: Experiences, recherches actualles, aplications”, Irep, Paris, 1985.
Edgar Poe consideró que era un excelente caso para Auguste Dupin, el detective principiante que había creado por esos días. “El misterio de Marie Rogt”, revelaría Poe, “fue escrito lejos de la escena del asesinato y sin otros medios de investigación que los datos de los periódicos”. A lo largo del relato, C. Auguste Dupin señalaba las pistas que había que seguir para llegar hasta el homicida de Marie Rogt. Cuando por fin apresaron al asesino de Mary Cecilia Rogers observaron que éste había ejecutado el crimen tal como Edgar Poe lo anticipara en su cuento.” (3) En este caso el cadáver apareció en el cuarto de baño de su casa, en el Carmel, un country exclusivo y excluyente de Pilar. Pero tal como sucedió con Mary Cecilia Rogers, este asesinato se convirtió en un hecho mediático, con ausencia de causa y culpable único y visible. No solo por ser portadora de apellido, de renombre en la sociedad porteña, sino porque ataña diversos temas de competencia social. La vida en los countrys, la mafia, la sexualidad, los secretos de familia, que se disputa entre los más destacados.
“Su crimen, por otra parte, sintetiza lo mejor del género policial en sus dos vertientes: la novela enigma y la novela negra, por lo cual todo indicaría que el asesino de María Marta García Belsunce también debería hallarse entre los moradores del country. Aquí finaliza el símil con la ficción. Tal como lo instituyera Poe, en la literatura policial se analizan todas las pistas, ya sean verdaderas o falsas, hasta llegar al criminal. Esa norma se mantiene inalterable desde entonces. En la mayoría de los casos el asesino comete un error, ese error será su perdición. En el crimen de María Marta García Belsunce los errores se repiten sin descanso, pero en lugar de alumbrar al culpable cada día lo oscurecen más. ¿A quién beneficia tanta penumbra?” (4) El crimen fue tratado sin lugar a dudas con una narrativa que roza lo novelesco. Sin perder el lenguaje periodístico, que dependiendo de la fuente y al público al

(3)/ (4) Clarín, “El relato del crimen”, Jueves 16.01.2003.
cual se dirija, podía ser más o menos hibrido. Generó la expectativa social, la ansiedad de un nuevo artículo que brindara cada vez más información, cada vez más relato. La sensación fue de volver momentáneamente al folletín, por lo cual Clarín, o periodista incluyente, Vicente Battista también pudo evidenciar esta analogía.
Principalmente, cabe aclarar que es el renombrado folletín, “Género dramático de ficción caracterizado por su intenso ritmo de producción, el argumento poco verosímil y la simplicidad psicológica. Recurre a la temática amorosa, pero también al misterio y a lo escabroso. Propio de las novelas por entregas, se ha dado también en teatro, cine, historieta y televisión, siempre con características similares” (5) . Comenzó en Francia a principios de 1800 y luego al llevarse a la pantalla fue desapareciendo como formato impreso, arribando a mediados del siglo XX. Similar a la novela por entrega, con la diferencia de que ésta se va haciendo sobre la marcha, y su extensión varía según el éxito de público. En cambio el folletín era una sección del periódico donde se publicaba por partes una novela escrita de antemano en su totalidad.

Yendo a los hechos, un mes y medio después de lo ocurrido, el relato fue modificado. Comenzó a tejerse una historia de crimen y misterio totalmente delirante por donde se la mire, que se repetía sin descanso en casi todos los diarios y revistas de Buenos Aires. Parecía un folletín por entregas, con un nuevo sospechoso cada día. La cronología y los temas publicados, al menos en el marco de los primeros meses, fueron más o menos los siguientes: 27 de octubre de 2002. María Marta García Belsunce fue hallada muerta por su esposo, Carlos Carrascosa, según dijo, tras un accidente, con la mitad de su cuerpo en la bañera del baño de su chalé del Carmel Country Club.

(5) http://es.wikipedia.org/wiki/Folletín

28 de octubre de 2002.Los restos de María Marta fueron inhumados en el cementerio de la Recoleta, tras ser velados en su casa del country. Al velatorio
asistieron el fiscal de la causa, Diego Molina Pico, y el jefe de la Dirección de Investigaciones de San Isidro, comisario inspector Aníbal De Gastaldi.
2 de diciembre de 2002. Luego de tomarle declaración a los dos médicos que vieron el cadáver el día dela muerte —Juan Gauvry Gordon y Santiago Biasi—, Molina Pico ordenó exhumar el cuerpo de María Marta. La autopsia reveló que había sido asesinada de cinco balazos calibre 32 en su cabeza. Un sexto balazo la rozó. 11 de diciembre de 2002. El caso se hace público y comienzan las hipótesis sobre el presunto homicida. Entonces, el entorno de la familia de la víctima comienza a hablar de Nicolás Pachelo, un vecino del country que tenía antecedentes penales.
19 de diciembre de 2002. El sexto proyectil –definido por sus familiares como un “pituto”-, que había sido tirado al inodoro por sus familiares, apareció en el pozo ciego de la casa. La palabra pituto resonaba en el colectivo, cual madre. La palabra más famosa en años, todos conocían su significado. Solo aquellos que no leían los diarios, no miraban la televisión ni escuchaban la radio podían sentirse excluidos y que esa palabra ya tan común no les resultara familiar. El hecho continúo con mayores o menores altibajos. Por momentos desaparecía de la mira, tal vez le daban un impasse tanto a su imaginario como al imaginario social. El lector se preguntaba extasiado que había sucedido, porque habían cortado nuevamente la “sección”.

Quienes armaban el relato en torno al crimen de María Marta García Belsunce cumplían fielmente con las normas de la novela enigma. A la hora de buscar un asesino propusieron, en un primer momento a un vecino, supuesto ladrón de perros y palos de golf. Parecía interesante, pero a los tres días el supuesto asesino era otro. A partir de un oscuro conflicto financiero, afloraba la sospecha de que la mafia podía estar inmiscuida en el caso. Los hermanos
Rohm, banqueros, estafadores que había trabajado con el esposo de María Marta García Belsunce. Pero el problema radica en que la mafia recurre a asesinos profesionales, y quien mató a María Marta García Belsunce está lejos de serlo. De forma tal que los investigadores desecharon la teoría de la venganza financiera y pusieron sus ojos en el crimen pasional, poniendo a la luz dos nuevas vertientes: la homosexualidad o la heterosexualidad de María Marta García Belsunce.
Entre idas y vueltas, hace pocos meses el Tribunal de Casación penal bonaerense condenó a reclusión perpetua a Carlos Carrascosa por el homicidio calificado de su esposa, pasados 7 años del crimen.
Al igual que lo sucedió con María Soledad Morales, el primer caso de una saga o con “El Caso Nora Dalmasso”, un año posterior al desarrollado a lo largo de la monografía. Si bien se distinguen por su connotación social, se caracterizan por la ausencia de silencio. Los diarios siempre hacen referencia a ellos, como casos que conforman una casuística, sinecdóquicamente permiten introducir infinidades de problemáticas implícitas. Lo paradójico es que si bien todo el público expectante pretendía arribar a un veredicto, nadie pareciera conformarse. Porque todos los medios, principalmente los diario, fomentaron a un seguimiento ferviente, a modo folletín, como bien fue analizado anteriormente. Cuando un caso se “solucionaba” era reemplazado por otro perteneciente a la misma casuística. Sin embargo, cuando se resuelve el caso, la audiencia parece extrañarlo. No solo porque los veredictos llevados a cabo jamás son fruto de una investigación trasparente, donde se logra una declaración que asegure cien por ciento lo sucedido. Lo cual indudablemente deja al lector estupefacto e insatisfecho. La razón mayor de esta constante demanda por parte del destinatario, resurge probablemente por una pérdida de la realidad, de la mano de los medios. Dada por la ficcionalización del caso en el imaginario colectivo, de modo tal que parecieran olvidarse que se trataba de un hecho verídico.

Bibliografía:

Aníbal Ford, “La marca de la bestia”, Cap. 5, “La exasperación del caso”.
Eliseo Verón, “Les Medias: Experiences, recherches actualles, aplications”, Irep, Paris, 1985.
Clarín, “El relato del crimen”, Jueves 16.01.2003.

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