Identidades perturbadoras en la televisión:

El caso Florencia de la V y un debate sobre la identidad de género

por Silvana López

INDICE

INTRODUCCION………………………………………….….……03

PRESENTACIÓN DEL CASO …………………………….……..03

CONTRATO SOCIAL Y VISIBILIDAD DE LAS IDENTIDADES PERTURBADORAS EN LA TELEVISIÓN …………….….……04

IDENTIDADES CULTURALES EN PERMANENTE MOVIMIENTO…………..……………………….…………………..06

ESENCIALISMO vs CONSTRUCCIÓN DE
PROYECTO IDENTITARIO…………………………………….….08

CONCLUSIÓN …………………………………..…..……….……10

LAS COSAS CLARAS ……………………………………….……11
.

BIBLIOGRAFÍA ………………………………….…………………13

INTRODUCCION
El presente trabajo tiene por objeto analizar el debate televisivo suscitado por las declaraciones de la periodista Gisella Marziotta sobre la identidad sexual de Florencia de la V, conocida artista del mundo del espectáculo nacional.

Para ello, se partirá de los postulados teóricos de Eliseo Verón en torno a su teoría de los discursos sociales para analizar el rol de la periodista en este debate.

También se utilizará la tesis de Chris Barker en relación a las identidades culturales y las representaciones de género.

PRESENTACIÓN DEL CASO

El 10 de Noviembre de 2011, en el programa Desayuno Americano, magazine conducido por Diego Pérez y Pamela David en la mañana de América tv, en donde se generó un fuerte debate sobre la identidad sexual de Florencia de la V, a raíz de su reciente maternidad.

La controversia se originó cuando la periodista Gisella Marziotta, planteó que una mujer entendida como tal no puede tener pene, como es el caso de la actriz y productora, y que no le parece correcto que el Estado le haya otorgado un DNI donde figura con género femenino cuando aun conserva su pene: “Yo como mujer me siento mal, que un señor que tiene pene, en su documento diga que es mujer” (…) “Florencia de la V es travesti” (…) “Es como si el Estado hubiera entendido que una mujer son sólo un par de lolas, porque en realidad lo que tiene Florencia de la V de mujer en su físico, son los pechos operados que la convierten en mujer. Entonces el Estado interpreta que ser mujer es tener tetas” (Gisella Marziotta, Desayuno Americano, 10/10/11).
Cabe destacar que la justicia argentina dio lugar el pasado año, a una acción de amparo presentada por Florencia de la V, autorizando el cambio de nombre y sexo en el documento, siendo el primer caso en Argentina y América Latina en reconocer el derecho a la identidad como un derecho humano básico, sin diagnósticos médicos o psiquiátricos, ni operaciones.
Al día siguiente del debate, en el mismo programa, de la V salió a contestar las declaraciones de Marziotta, sosteniendo: “Este fallo (por el cual le otorgaron un DNI con sexo femenino) no contempla la genitalidad de las personas, pasa por otro lado, pasa por la identidad. No tiene que ver con tener pene o tener vagina. Una vagina no define a una mujer, no define el sexo femenino de una mujer, pasa por otro lado. La gente lo tiene que entender, que comprender” (…) “Son personas que elegimos vivir de una manera diferente y la ley lo contempló así” (Flor de la V en comunicación telefónica con Desayuna Americano, 11/10/11)
Finalmente, de la V afirmó: “La gente me conoce como mujer, me quiere como mujer y, entonces, eso es lo que soy”.

CONTRATO SOCIAL Y VISIBILIDAD DE LAS IDENTIDADES PERTURBADORAS EN LA TELEVISIÓN

Partiendo de la concepción que plantea Umberto Eco, sobre el reconocimiento que hace respecto de los efectos de los medios de comunicación en el público, pero también, sobre la posibilidad y responsabilidad de estos para criticar los primeros a través de lo que dio en llamar “guerrilla semiológica”, claro es que el proceso de intercambio y retroalimentación influye en los temas a instalarse en la agenda mediática.

En este sentido, los medios y más concretamente la televisión, a través de este intercambio y del acuerdo tácito con el público para legitimar la construcción discursiva de la realidad social que ofrece, fue incorporando lo que en el imaginario social también comenzaba a cobrar presencia: la visibilidad de las minorías, los excluidos y marginados de la sociedad.

No obstante, previo a este proceso de “iluminación” de aquellos por fuera del poder, la presencia televisiva de los mismos era escasa y se hacía manifiesta otorgándoseles roles con una alta carga de burla y ridiculización de sus atributos.

Con el paso del tiempo y del creciente espacio que fueron ganando estos grupos que, organizados políticamente comenzaron a militar por la defensa de los derechos a la igualdad, se dio paso a un debate y tratamiento más serio no sólo por parte de la sociedad sino también de la televisión (o viceversa).
Rápidamente los reality shows, los programas periodísticos, los noticieros, los sketches, las comedias familiares, los unitarios y casi todos los géneros televisivos existentes se dedicaron a abordar a estos grupos de distintas maneras.
Y fue así como en los últimos años la homosexualidad y el travestismo se convirtieron en noticia. Desde las confesiones de Juan Castro, Julio Bocca y Fernando Peña acerca de sus preferencias sexuales, apariciones de personajes mediáticos como Malena Candelmo -la travesti que cuando era pequeña fue abusada por Héctor “Bambino” Veira- y Gastón Trezeguet -un participante de “Gran Hermano” que asumió su homosexualidad públicamente-, la televización de la “Marcha del orgullo gay”, la promulgación (tras años de lucha de las agrupaciones defensoras de los derechos de los gays, lesbianas, transexuales y bisexuales) de la ley que habilita el matrimonio entre personas del mismo sexo, el debate interminable sobre qué hacer con la oferta sexual callejera de mujeres y travestis, y la promoción del turismo gay, por todo esto la homosexualidad y el travestismo dejaron de ser (en parte) algo clandestino para hacerse un componente visible en la sociedad y en la tele.
Pero si bien, existe una tendencia a la apertura por parte de la televisión y los medios que han posibilitado acceder al conocimiento de las más variadas formas de expresión, tendencias, culturas y prácticas (siempre de manera mediatizada), no obstante, también es frecuente que, dentro del abordaje de cuestiones relacionadas con la desigualdad de género, identidad de género y orientaciones y prácticas sexuales “no normativas”, surjan discursos discriminatorios tendientes a legitimar ideologías represivas vinculadas con la sexismo, homofobia, lesbofobia, travestofobia y transfobia.

Y esta contradicción, no es más que un reflejo de la dicotomía presente en la sociedad en torno a este tema: apertura versus conservadurismo, escencialismo versus antiesencialismo, es decir, capacidad de reconocer nuevas identidades de género, en contraposición al convencionalismo binario normativo.

IDENTIDADES CULTURALES EN PERMANENTE MOVIMIENTO

Pero para comprender como se van configurando y legitimando estas nuevas identidades o, mejor dicho, estas identidades in-visibles, partiré del análisis de Chris Barker quien reconoce cómo la globalización de la televisión – principal fuente de capital cultural – es un “recurso proliferador para la deconstrucción y reconstrucción de las identidades culturales, constituyéndola en una herramienta fundamental en la construcción de una identidad entendida como algo creado y siempre en proceso de cambio. Es decir, una concepción de identidad que hace hincapié en el sujeto descentrado, constituido por identidades múltiples y cambiables. La plasticidad de la identidad es una de las razones por las que el concepto posee una especial importancia política, dado que el carácter deslizante y cambiante de las identidades, como también sus teorizaciones, guarda una íntima relación con las prácticas sociales y políticas”. (Barker, 2003).

Desde esta visión, la identidad cultural está entendida desde una perspectiva perturbadora que cuestiona, por un lado la “idea de identidad estable, fija y universal poseída por una persona -idea muy afincada en la cultura occidental moderna- y que sugiere a cambio, que la identidad está constituida por las descripciones que cada persona hace de sí misma y con la que suele identificarse; y por otro vincula a la identidad cultural con política cultural, ya que aquella ha pasado a ser una preocupación política clave, alrededor de la cual muchas minorías se han organizado para “perturbar la paz” de la sociedades instituidas” (Barker, 2003).

Todo esto se va dando como consecuencia del debilitamiento y fragmentación del control hegemónico de la identidad moderna unitaria, que dio paso a un creciente auge de las políticas identitarias y nuevos movimientos sociales (rasgo distintivo de la cultura global contemporánea). Tal es el caso de las minorías de género que en los últimos 30 años en nuestro país han luchado como fuerza instituyente para lograr un espacio legítimo en la sociedad y los medios de comunicación.

Cabe también destacar que esta postura sostiene que las identidades son construcciones absolutamente sociales y no entidades que puedan existir por fuera de las representaciones culturales y de la aculturación. En presente análisis, las declaraciones de Florencia de la V dan cuenta de ello: “La gente me conoce como mujer, me quiere como mujer y, entonces, eso es lo que soy”.

En esta tónica también, Barker cita a Anthony Giddens quien afirma que “la identidad no es una colección de rasgos que poseemos, sino más bien un modo de pensarnos a nosotros mismos. Pero aquello que uno cree ser, puede cambiar en el tiempo y el espacio. Por eso, Giddens describe la identidad como un proyecto, como algo que se crea y se construye, como algo siempre en proceso”. (Barker, 2003).

Otra postura que refuerza esta tesis es la del construccionismo social que plantea que la realidad social y las relaciones sociales están discursivamente constituidas en y mediante el lenguaje más que representados por éste. Un enfoque que afirma que las identidades son construcciones discursivas, del lenguaje y no cosas eternas y fijas. Concepción según la cual no hay esencias ni identidades esenciales.

Y a través del cuestionamiento abierto de la periodista de América tv, será posible vislumbrar un claro desacuerdo con las posturas aquí planteadas.

ESENCIALISMO vs CONSTRUCCIÓN DE PROYECTO IDENTITARIO

Según el feminismo postestructuralista y postmoderno (antiesencialista), también el sexo y el género son construcciones sociales y culturales que ni se pueden explicar en términos de biología. La feminidad y la masculinidad no son categorías esenciales universales y eternas, sino unas construcciones de carácter discursivo. Es decir, lo que interesa es la construcción cultural de la subjetividad per se y reconocer todas las posibles masculinidades y feminidades. Y en este sentido, el caso de Flor de la V refleja un claro ejemplo de una persona que ha decidido deconstruir el carácter discursivo de su identidad de género, y reconstruirlo a partir de una de todas las posibles formas de feminidad.

Sin embargo, la periodista Marziotta cuestionó este constructo basándose en una perspectiva que, como gran parte de la gente, sostiene que identificarse como mujer u hombre es algo basado en la constitución corporal y atributos correlativos, como uno de los pilares fundamentales de la identidad: “Yo como mujer me siento mal, que un señor que tiene pene, en su documento diga que es mujer” (Marziotta, 10-10-11). Aquí la genitalidad sería el único eje válido para determinar la condición de género de una persona.

Esta visión está basada en un fuerte determinismo biológico que ha sido cuestionada a través de la distinción conceptual entre sexo y género, distinción en la que el sexo representa la biología del cuerpo, y el género los presupuestos y prácticas culturales que rigen la construcción social de la mujer, el hombre y sus relaciones sociales. A quienes adhieren a esta postura, De la V declara: “Una vagina no define a una mujer, no define el sexo femenino de una mujer, pasa por otro lado” (De la V, 11-10-11).

Los dichos de la periodista podrían inscribirse en un esencialismo biológico que argumenta que a todas las mujeres las une el hecho de tener cuerpos capaces de dar a luz, entre otras cosas, y que por ello, no sería posible que alguien que tenga pene se autodefina como mujer; o quizás podría ajustarse a la postura que plantea que la mujer posee una “experiencia” presimbólica a la que el hombre no tiene acceso y por tanto, que cualquier persona que decida sentirse mujer, le queda vedada la “entrada” o pertenencia por no poseer aquello esencial.

Esta nueva identidad ha sido tan perturbadora para Marziotta que la ha llevado al punto de cuestionar la decisión de la justicia argentina de atribuir legalmente a alguien que tiene pene, la posibilidad de ser considerado mujer: “Yo como mujer me siento mal, que un señor que tiene pene, en su documento diga que es mujer” (…) “Florencia de la V es travesti” (…) “Es como si el Estado hubiera entendido que una mujer son sólo un par de lolas, porque en realidad lo que tiene Florencia de la V de mujer en su físico, son los pechos operados que la convierten en mujer. Entonces el Estado interpreta que ser mujer es tener tetas”. A lo que De la V respondió: “Este fallo (por el cual le otorgaron un DNI con sexo femenino), no contempla la genitalidad de las personas, pasa por otro lado, pasa por la identidad”.

Esta declaración da pié a la plasticidad de la sexualidad y del género humanos que Barker menciona, la cual está modelada y regulada en formas específicas y en condiciones históricas y culturales concretas. Pero la mayor parte de las sociedades han utilizado, y siguen utilizando una distinción de carácter binario, macho-hembra, a la que se asocian expectativas culturales que son perjudiciales para la mujer.

En el caso Marziotta-De la V se observa la necesidad imperativa, normativa y estructurante de definir la identidad sexual o de género por parte de la periodista, denegando el acceso a alguna de las formas binarias, y obviando no sólo la construcción autoidentitaria del sujeto, sino también la construcción discursiva que una parte de la sociedad hace del mismo: “La gente me conoce como mujer, me quiere como mujer y, entonces, eso es lo que soy”. (Flor de la V).
En cuanto al travestismo concretamente, Judith Butler sostiene que las distintas formas de travestis pueden desestabilizar y refundir las normas del género mediante una resignificación de los ideales genéricos (Butler, 1990). Al hacer mímica de las normas del género, el travesti puede ser subversivo hasta el punto de reflexionar sobre el carácter “preformativo” del género.
Pero más subversiva ha sido en este caso, la determinación de un travesti de dejar de alternar entre ambos sexos como comúnmente lo hace un travesti, sino de querer definitivamente adoptar las normativas y performances del género femenino, cambiando su nombre en el documento de identidad, casándose con un hombre y alquilando un vientre para convertirse en madre.
Aquí la mímica ha pasado a ser carne, el “parecerse a” (una mujer) ya no alcanzaría para describir el “sentirse”, y todo esto ha resultado legítimo y valioso para algunos, y amenazante para otros.
CONCLUSIÓN
Más allá de la postura que esta exposición manifiesta a favor de la necesidad de reconocer la construcción de los proyectos identitarios sin sujeciones a estructuras normativas que determinen y condicionen la sexualidad de las personas, creo que también es necesario analizar, desde una perspectiva Veroniana, que este debate ha acontecido en la televisión, y es importante entender que el rol que Gisella Marziotta desempeñó en esta controversia desempeña en los medios es el reflejo de una realidad social entendida desde su propia subjetividad. Aquí la periodista elaboró un discurso sobre cómo interpreta ella misma, y cómo también cree que una parte de la sociedad interpreta el fenómeno De la V, es decir, construyó esa parte del imaginario social que concibe como realidad indiscutida que “tener pene es excluyente de ser mujer”.
Y se atrevió a hacerlo por el rol legitimado que le atribuyó el público para construir una realidad pública: “Lo que yo pienso, es seguramente lo que mucha gente debe pensar, sino, no estaría perpetuando en este medio que me permite elaborar y co-producir discursos sobre la realidad social según mi propia subjetividad”.
De este modo, el rechazo abierto se hizo manifiesto ante la falta de definiciones claras en términos sexuales y de género. Es que cuando las fronteras son difusas, las inseguridades afloran, y cuando los individuos desafían la performance imitativa cuestionando todos los binarismos (sexo/género, gay/no gay, masculino/femenino) las brújulas del convencionalismo ya no son útiles para encasillar los nuevos estereotipos.
Para finalizar, cito un artículo del suplemento Las 12, del diario Página 12, del viernes14 de octubre de 2011, al cual, por supuesto, adhiero totalmente.

LAS COSAS CLARAS
Por Marta Dillon
Si algo le preocupa a Gisela Marziotta es que las cosas estén claras: que la ortografía sea correcta, que su apellido se escriba siempre con dos “t”, que las mujeres entren en el baño que está señalado para ellas, que los hombres hagan pis parados y que las vaginas sean el indicador exclusivo de todo lo que vendrá después. Las cosas claras, vagina es igual a mujer y pito –una palabra inocente, pero que le encanta a juzgar por lo mucho que la repitió en los últimos días–, igual a hombre. Punto, punto y punto. La biología es así, el género viene dado, que no me vengan a decir ahora que porque en el DNI dice mujer yo le tengo que decir mujer a un tipo con tetas y pito. Todo lo que está entre el anteúltimo y el último punto le pertenece, son sus frases célebres, las que la sacaron del ostracismo del noticiero de América TV por la mañana, donde se puede tomar unos siete minutos por reloj para contar cómo le robaron los anillitos por la rendija abierta de la ventanilla de su auto. O, por ejemplo, dar cuenta en 15 minutos y 32 segundos de un tweet que le dedicó una vedette después de que ella la despellejó a gusto en otro de sus programas del canal de Daniel Vila, porque la señorita de marras habría grabado escenas íntimas en su celular con el solo objetivo de que fueran vistas por el mundo entero. Algo que Gisela nunca haría, a juzgar por la velocidad para el juicio que tiene sobre las otras. Hablando de Juana Viale, por ejemplo, se le ocurrió preguntar a un avergonzado Vicentico en el programa de Roberto Pettinato, donde también se lució como panelista: “¿No te daría un poco de asquito tener sexo con una mujer embarazada de otro? Para mí que el hijo no es del chileno”. Tanta misoginia y transfobia, sin embargo, no le impidió escribir sobre cosas de mujeres, cosas importantes para la vida de las mujeres como el paso de los veintipico a los treintipico, tópico explorado en un libro olvidable sobre el que ella pide un esfuerzo de memoria que ni Google puede remontar cuando dice: “A mí me encantaría tener canas, lo escribí en mi libro Contrato de señoritas, estoy esperando que me salgan más, ¡pero no me salen!”. Pobre Gisela, la verdad que si no le salieron canas siquiera verdes después de tener un romance con Dario Lopérfido antes de que se reciclara en director del Festival Internacional de Buenos Aires y en el preciso momento en que era funcionario del gobierno de la Alianza, el mismo gobierno que se fue por los techos mientras en las calles quedaban al menos 38 muertos, bueno, es difícil que te salgan ahora. Pero es una cuestión de paciencia, tampoco la juventud es eterna, ni los mohínes de una boquita sospechosamente inflada con los que suelta las burradas más violentas como las que le dedicó a Flor de la V. A saber: “Si una nace vaca, se queda vaca, aunque le den un documento que diga otra cosa”, “si querés que te digan mujer vas a tener que cortarte el pito, ¡que se opere!”. “Si ahora resulta que los genitales no indican el sexo entonces que cambien todo, debatamos, dale, y veamos cómo nos identificamos”. Que alguien le explique si no, porque ella necesita las cosas claras: las vaginas con las polleras y los pitos abajo de los pantalones de fútbol. Y que la perdonen si es brutal en sus opiniones, “las cosas son así”, dirá para rubricar que si resultó brutal es porque ella es quien puede decir la verdad, poner los puntos sobre las íes y las dos t en su apellido. Y si no, habrá que vérselas con su patrón, don Vila, que la apaña con gusto bajo el ala de su multimedios y subraya las opiniones de su chica moderna –ah, sí, eso siempre, ella mezcla periodismo y glamour, lo dijo en otro programa de América– con tweets casi tan violentos como los de Gisela, augurando juicio político para el juez que dio el DNI a Florencia Trinidad. Y pensar que alguna vez la jugó de progre, sentada entre Adolfo Castelo y Mex Urtizberea, tratando de dar noticias importantes y con seriedad mientras el resto hacía monigotadas que nunca la dejaban llegar al final. Habrá sido eso, una venganza tardía por haberla ninguneado en su condición de periodista que hizo sus primeros pinitos como cronista de moda de la noche pinamarense en un programa de Rolando Hanglin, lo que la hace destilar la misoginia necesaria como para cargarse a Silvina Luna por el largo de sus polleras y sus faltas de ortografía en Twitter, pero defender a Carlos Monzón porque en su vida se mezclaron “la hombría y la fatalidad”. Eso sí, la violencia que es capaz de desplegar también puede recogerla como quien guarda la caña de pescar después de una tarde sin presa: “No, Flor, yo te readmiro, lo que digo es que tenemos que debatir, admiro tu valentía y que hayas logrado todo lo que lograste, pero bueno, si ahora la identidad va a ser otra cosa me parece positivo”. Bueno, tal vez no terminó de rebobinar el riel, tal vez el anzuelo haya quedado ahí flotando detrás de la carnada de un supuesto apoyo a una “ley de identidad sexual”, como se nombró en Desayuno Americano al proyecto de ley de Identidad de Género, algo que nadie en toda la numerosa mesa del programa matutino que Marziotta compartía podía explicar, pero bueno, tampoco se le puede pedir a la gente de la tele que hable de lo que no sabe, ¿no Gisela? Por algo ella escribe sobre su embarazo, editorializa sobre los robos que sufre en carne propia y da sus opiniones como verdades reveladas. Que si ella lo opina, así será.

BIBLIOGRAFÍA

 Barker, Ch. Televisión, globalización e identidades culturales. 1ª ed. Introducción, capítulos 1 y 3. Barcelona: Paidós, 2003. 320p.

 Ortolano, M. El Contrato Mediático: la teoría de los discursos sociales, [en línea] https://cultura.wordpress.com/2011/10/18/el-contrato-mediatico-la-teoria-de-los-discursos-sociales/ Disponible en Web: [Fecha de consulta: 10 de noviembre de 2011].

 Página12. Autora: Marta Dillon [en línea] http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-6821-2011-10-14.html Disponible en Web: [Fecha de consulta: 14 de noviembre de 2011]

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