De Libertades, Prensa y Democracia

 por Laura Ruesja

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh, Carta abierta a la junta militar, 24 de marzo de 1977.

 

Antes de empezar a hablar de lo que significa la libertad de prensa en las sociedades democráticas, creo indispensable hablar de lo que significa la libertad de expresión dentro de una sociedad, donde los derechos humanos son uno de los pilares fundamentales en la vida cotidiana. Justamente, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948, dice en su artículo 19 sobre la libertad de expresión: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Este principio, como los otros 29 que forman parte de la declaración mencionada, corresponde a uno de los derechos fuertemente defendido por los pueblos que hartos de la opresión, encuentran en las democracias una vía de escape, de liberación, de tranquilidad y un límite a la arbitrariedad o represión que suelen llevar a cabo quienes ejercen el poder de una sociedad.

Una vez que los pueblos conocen y hacen uso del derecho de la libertad de expresión, puede decirse que empieza un proceso madurativo, de crecimiento constante y de progreso. En este crecimiento, las sociedades se complejizan y empiezan a sentir la necesidad de tener interlocutores que faciliten a cada uno de los miembros que conforman el cuerpo social, la información necesaria para poder controlar a quienes son elegidos para ocupar/desempeñar cargos públicos.

Estos interlocutores son la prensa, los medios de comunicación, que a través de formas correctas de escritura, transmiten a la sociedad esa porción de realidad que ellos observan y analizan. El periodista, cuando toma la palabra, se supone que debe ser sumamente fiel a los principios de la profesión, tender a la objetividad, y no dejar de lado los detalles más importantes que luego funcionarán como herramientas que los ciudadanos usarán para controlar a los políticos.

Por eso, la libertad de prensa es indispensable dentro de una sociedad democrática, porque garantiza que se cumpla con el derecho a la libertad de expresión. Y aunque no es la única forma de que se respete ese derecho, contribuye a su pleno ejercicio.

En un país, donde la libertad de prensa está medianamente garantizada, los aspectos negativos que ofrecen las libertades de quienes tienen el poder pueden ser medianamente controlados, como por ejemplo, la corrupción política, el fraude económico.

Ahora bien, como vemos, la política está íntimamente relacionada con los medios, y necesariamente depende de ellos para desplazarse en su actividad social. Por lo tanto, ¿la política y la prensa son amigas?, ¿pueden sentarse a tomar el té y sonreír por cortesía todas las tardes de verano, otoño, invierno y primavera?

Creer que eso es cierto sería un mero acto de inocencia, un iluso convencimiento.

Si bien los periodistas de los distintos medios les reclaman libertad de prensa a todos los gobiernos que muestran sesgos despreciativos para con ellos, es lícito recordar y remarcar, que detrás de todo buen periodista, hay un bolsillo que llenar, un organismo que alimentar, una empresa para levantar. Hoy en día, los grupos económicos que manejan los grandes medios de comunicación no sólo defienden la libertad de prensa, sino que además, defienden la libertad de empresa; derecho fundamental propio del capitalismo y cada vez más garantizado/promovido por la globalización/mundialización.

Un medio se mantiene no sólo porque tiene periodistas y especialistas dedicados a los análisis sociales y estructurales de la realidad, sino que detrás también hay una pauta oficial correspondiente al gobierno de turno, números ensanchados de ceros provenientes de empresas que pagan por publicidad, y algún que otro apoyo de accionistas varios. Entonces, ¿qué hacemos si quienes defienden la posibilidad de hacer circular información de todo tipo y para todos deben, por otra parte, responder a intereses económicos de unos pocos?

También hay que destacar los medios que no responden a los intereses de un grupo económico, sino que responden a los intereses del gobierno de turno. Si pretendemos no ser ingenuos, es necesario tener en cuenta que cuando hay mucha subvención gubernamental, no sería extraño que se hable siempre bien de la acción de quien gobierna.

En la Argentina, por ejemplo, existen medios públicos (como la Televisión Pública), que si nos remitimos al concepto de lo público, deberíamos hablar de algo que pertenece a todos y al mismo tiempo no puede ser expropiado por nadie. Podríamos decir que en la Televisión Pública, deberíamos ver todos los días los dimes y diretes del ágora argentina. Lamentablemente, eso no sucede, ya que cuando se trata de información, se suele hacer un análisis tendencioso a favorecer al gobierno kirchnerista; alejándose de considerar el aspecto negativo o defectuoso que cualquier acción política puede tener.

Por otra parte, si nos vamos a la vereda de en frente, tenemos a los medios no oficialistas, que portando una bandera de yoNOmiento, se dedican exclusivamente a ejercer la oposición por la oposición misma y no el periodismo.

Así, entre los tirones que ejercen los diferentes medios de comunicación, la libertad de prensa se encuentra, para algunos, manoseada de la forma más violenta; mientras que para otros, esta es la época de mayor libertad.

Como suele ocurrir en nuestro país, el blanco y negro, la izquierda y la derecha, el River y Boca, se disputan la razón. No interesa realmente quién de ellos tiene razón. Lo que realmente debería interesar es qué razones tienen los ciudadanos para elegir uno u otro medio.

Apelando al concepto de Guerrilla Semiológica, propulsado por Umberto Eco, o el de Quinto Poder propuesto por Ignacio Ramonet, confío que quien deber salir a ejercer la libertad de expresión es el hombre común, el que responde a sus hijos, a su familia, a sus amigos, a sus vecinos, a su lugar.

La capacidad de apartarse de la opinión de un medio y formar una propia, en base a la información otorgada por la prensa, debería ser el músculo a desarrollar por todos y cada uno de los que forman parte de esto que llamamos realidad.

Entender cuándo nos hablan en serio y cuándo intentan vulnerarnos con opiniones amarillistas, debería ser una actividad crítica, reflexiva y responsable, llevada a cabo por todos los ciudadanos que conforman una sociedad democrática. Ya que en sociedades democráticas el ciudadano es quien tiene poder de gobernar, y quienes ejercen ese poder en su representación no debe deben hacerlo con el poder de oprimir, sino en beneficio del soberano.

La democracia se hace en la diferencia, y para que haya diferencia deben existir, como en la música, una coexistencia armoniosa de agudos y graves capaces de agrupar voces de diversos tonos y colores. No hay que tener miedo a ejercer la libertad de expresión. Porque el miedo paraliza, inmoviliza. Hay que exigirles a los periodistas que aprendan a hacer buen uso de la libertad de prensa ya que se sustenta en un derecho humano fundamental de todo gobierno democrático y republicano: la libertad de expresión.

A los gobiernos les toca garantizar ambas libertades, de prensa y expresión, ya que, justamente,  una de las razones por las que se los elige es para que hagan respetar los derechos de todos, amparados por la democracia.

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