Montecristo

IDENTIDAD EN CONFLICTO

ANÁLISIS DE LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDA A PARTIR DE LA FICCIÓN: CASO MONTECRISTO

por Desireé Macrini

En el presente trabajo se analizará de qué forma y con qué efectos se introduce el tema robo de bebés durante la última dictadura militar en la telenovela Montecristo y cómo dicha ficción contribuye a la inclusión del tema en la Agenda social y en el Imaginario social.
“Montecristo, un amor, una venganza”, es una adaptación libre de la novela de folletín de Alejandro Dumas publicada a lo largo de 1845 y 1846, en una serie de 18 partes. La historia inicia con un flashback a 1995 cuando Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) y Marcos Lombardo (Joaquín Furriel) parten hacia Marruecos para participar de una competencia de esgrima. En Buenos Aires Santiago deja a Laura Ledesma, quien espera un hijo de él aunque todavía no lo sabe y Marcos a su padre, Alberto Lombardo, ex médico encargado de los partos clandestinos en Campo de Mayo. Este último, acorralado por las investigaciones del juez Díaz Herrera, padre de Santiago, decide mandar a matar al magistrado y le exige a Marcos que participe en la emboscada orquestada para asesinar a Santiago, quien logra sobrevivir aunque permanecerá diez años en una cárcel de Marruecos. De vuelta al tiempo en el que transcurre la novela, 2005, Marcos está casado con Laura y le ha dado su apellido al hijo que ella concibiera con Santiago mientras que Lombardo padre ha logrado detener la investigación en su contra. Santiago logra escapar de la cárcel y ayudado por Victoria Sáenz (Viviana Saccone), una cirujana que debió exiliarse desde chica en España después del secuestro de sus padres durante la dictadura, vuelve a Buenos Aires para planificar la venganza con el botín cuya ubicación le ha develado un compañero de prisión. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama de la venganza aparece un nuevo hilo conductor, la búsqueda de la identidad. Ante el dilema que se le plantea a Laura sobre si es conveniente o no contarle a su hijo Matías quién es su verdadero padre, ella misma comienza a cuestionarse su origen. Inicia entonces una búsqueda desesperada de información, pero ante la negativa de Lisandro Donoso (Roberto Carnaghi), su apropiador, de revelar la verdad y ante el desconocimiento e ingenuidad de su mujer (Virginia Lago) decide buscar por su cuenta. Así llega a enterarse que Alberto Lombardo fue el que atendió el parto de su madre y el que la entregó a Donoso, quien trabajaba en el casino de oficiales de Campo de Mayo, se contacta con las Abuelas de Plaza de Mayo y se realiza el análisis de ADN que determina que es la hermana secuestrada que había buscado toda su vida Victoria Sáenz. Laura Ledesma recuperará su identidad y pasará a llamarse Laura Sáenz.
Si bien el tema se había tratado tangencialmente en otro programa , esta es la primera vez que el tema de la recuperación de la identidad se desarrolla en profundidad y adquiere relevancia central en una telenovela de horario central de este tipo. Este hecho ha tenido una repercusión mediática y social notoria y aún lo sigue teniendo como lo demuestra el premio otorgado el 18 de mayo de 2007 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, “por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”. Para dar cuenta cabalmente del devenir del conflicto el análisis se hará en base a la totalidad de la emisión, pero enfocándonos en el personaje de Laura Ledesma/Sáenz.
A partir del criterio de catalogación “relación de los contenidos con los referentes” que plantea Orza , se considera que Montecristo es un tipo de discurso ficcional porque se basa en un campo de referencia interno, que si bien puede presentar distintos “grados de alejamiento/aproximación con la realidad referencial (…) muy difícilmente llega a superponerse a ésta mediante la representación directa de acontecimientos, personas u objetos reales”. Dentro del discurso ficcional Montecristo se caracteriza por ser una telenovela, ya que tenía una frecuencia de emisión diaria, aunque a diferencia de las telenovelas tradicionales se transmitía en el horario nocturno de 22:30. En cuanto a su estructura interna, presentaba una organización narrativa seriada y con continuidad, una organización espacio-temporal fingida y la presencia de sujetos ficcionales.
En primera instancia se interpretaran las condiciones socio-políticas de producción de la telenovela y el objetivo y trabajo de adaptación de los guionistas. A continuación se caracterizará el tratamiento narrativo de la temática y finalmente se abordarán las repercusiones sociales de la emisión.
Como marco teórico se utilizarán los conceptos de Aníbal Ford sobre cómo los temas críticos ingresan en el imaginario social y en la agenda no sólo por medio de las formas clásicas de información, sino a través de otros géneros y formatos. Además se tomará su análisis de casos para interpretar el cambio en las condiciones de posibilidad que permitió el tratamiento de esta problemática. Se tendrá en cuenta también las distintas corrientes teóricas planteadas por Vilches sobre la dependencia/independencia de los medios con respecto a la estructura de poder y del mismo autor se utilizará la interpretación de cómo la televisión afecta la concepción de la realidad social del público.
En su análisis de la “impronta narrativa” que caracteriza el tratamiento de muchos casos en los géneros informativos Ford habla del tratamiento del caso de los mellizos Reggiardo-Tolosa, bebés robados durante la última dictadura militar. Si bien los mellizos habían sido identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo en 1989, el hecho de que el ex subcomisario Samuel Miara y su mujer, los secuestradores, se hubieran escapado a Paraguay, hizo que recién en 1993 el juez Ballesteros pudiera restituirles su identidad. La determinación del magistrado de darle la custodia en principio a la familia de sangre y después a una sustituta provocó intensos debates en los medios sobre las consecuencias “psicológicas” que esta restitución pudiera tener sobre los adolescentes. En ese momento declaró al respecto Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo: “veo con preocupación y con dolor como dos chicos, que viven una dura realidad por el terrorismo de Estado, han sido victimizados por los medios de comunicación”. Carlotto advirtió que “aquí se quiere hacer creer a la sociedad que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, después de las dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer (por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.
Más allá de la implicación emocional que se advierte la declaración parece transmitir claramente el tenor de las discusiones que se plantearon en ese momento. No había consenso en cuanto a la necesidad de restituirles la verdadera identidad a estos chicos porque el tema no era un bien simbólico en el imaginario social. Este adormecimiento social sin duda tiene que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Alfonsín y por el de Menem: en 1986/1987 se habían sancionado las leyes de Punto final y Obediencia debida y en 1990 se decretaron los indultos que favorecieron a Videla y a Massera.
Ahora bien, nueve años más tarde asumió la presidencia Nestor Kirchner y uno de los pilares de su gestión sería hasta hoy los derechos humanos. En 2005 se sancionó la inconstitucionalidad de las leyes Alfonsinistas y en abril de 2007, se declaró la inconstitucionalidad de los indultos.
Vilches describe tres posiciones teóricas y metodológicas para analizar la relación de los medios con la estructura de poder. La primera sostiene que los medios constituyen una “variable dependiente del sistema político y social”, por lo que están totalmente subordinados a las relaciones de poder y son modelados por estas. La segunda considera que son una variable dependiente y además son “las instituciones dominantes de la sociedad contemporánea a los cuales las otras instituciones se someten” o que aún siendo modelados por la sociedad tienen la autonomía suficiente como para mantener o cambiar un estado de relaciones de fuerza . La última línea y la que será considerada para este análisis sostiene que “el periodismo y el mundo político interactúan adaptándose recíprocamente creando una especie de intercambio simbólico de compensación recíproca” .
En una entrevista a los guionistas de la telenovela Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón , ella afirma que “en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún trasfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.” En realidad, como se desprende de los cambios en materia de legislación, es una herida que había sido suturada a los apurones y se reabrió con el impulso del nuevo gobierno. Como afirman Cantor y Pingree, citados por Vilches: “…el grado de implicación gubernamental influye en el contenido de las Soap Operas más que los valores individuales o el talento y la creatividad de los responsables de estos programas”
Desde el “mundo político” se generaron las condiciones de posibilidad para que estos guionistas consideraran la posibilidad de ligar la adaptación de la novela de folletín al tema de robo de bebés durante la dictadura. El gobierno se encargó de poner el tema nuevamente en la agenda pública impulsando cambios en la legislación o reconvirtiendo el ex centro de detención de la Esma en Museo de la Memoria, por lo que permitió una resignificación del tema en el imaginario social y los guionistas supieron entender que se había convertido en un nuevo bien simbólico que podía tratarse más a fondo en una ficción.
El personaje de Laura Ledesma/Sáenz funciona de forma similar a los “casos” analizados por Ford en los géneros informativos, sólo que hace el recorrido inverso al que hizo el caso Reggiardo-Tolosa, cuyo tratamiento, según Ford, apeló a las convenciones del melodrama recurriendo a la figura mítica del “reconocimiento” de la identidad perdida. La historia de Laura funciona como caso porque ejemplifica la duda, la búsqueda de información y el reencuentro con la verdadera historia personal que relataban desde hacía tiempo los medios periodísticos. El hecho de que se haga desde un género ficcional como la telenovela permite una conexión emocional con el tema por parte de los televidentes, porque es un género popular que siempre se caracterizó por tratar temáticas que se conectan con la tradición mítica de todas las culturas. Las dudas y la búsqueda de Laura son un tema recurrente ya desde el mito de Edipo, donde justamente el cambio de identidad es lo que origina la tragedia. Según Ortolano, “los mitos que cada cultura produce a través de las leyendas, las devociones populares, los relatos folklóricos, los cuentos maravillosos (fairy tales) y también de sus versiones artísticas, literarias y cinematográficas, serían según Jung, manifestaciones concretas del arquetipo universal, más abstracto.” Todos estos relatos cumplieron siempre un papel fundamental en la transmisión de saberes y también de juicios morales y esta también es la función que cumple Montecristo al permitir, como sostiene Vilches, un camino de “aprendizaje social” al partir del cual la televisión “afecta nuestra concepción de la realidad social”.
Al conectar esta temática con lo más primigenio, refuerza su caracterización simbólica en el imaginario social y el establecimiento del tópico en la agenda social, sobre todo teniendo en cuenta la tercera función del mito según Campbell, de carácter sociológico, que es “validar y sostener el sistema moral vigente”. En este caso la “mitologización” del caso refuerza la condena social a los represores secuestradores de bebés e incentiva la búsqueda y la devolución de las identidades perdidas.
Si bien Ford sostiene que la increíble cobertura mediática del caso María Soledad Morales no alcanzó para generar cambios a nivel macro y con una implicancia a nivel nacional duradera, el caso de la telenovela Montecristo es distinto porque se plantea en los medios como canalizadora y reforzadora de cambios a nivel institucional y político que ya se venían dando sobre todo a partir del 2003, con el gobierno de Nestor Kirchner. Además, como sostiene el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia” y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”.
En Montecristo utilizaron la misma estrategia, filmando desde la sede de las Abuelas de Plaza de mayo y dando los datos para contactarse con ellos en diversas oportunidades y lograron un impacto directo en algunos televidentes que ya se venían haciendo los mismos cuestionamientos que Laura. Según La Nación “desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.”
A partir de los aspectos examinados puede concluirse que gracias a condiciones de posibilidad favorables la telenovela Montecristo logra utilizar las herramientas narrativas típicas de un popular género de ficción para reforzar la conciencia de amplios sectores de la sociedad sobre el tema robo de bebés e identidad.

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LLEVÓ A LA TV EL ROBO DE NIÑOS DURANTE LA DICTADURA
“Montecristo” ganó el Martín Fierro de Oro
Se llevó la máxima distinción y su protagonista Pablo Echarri destacó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”. En total recibió 7 estatuillas. Telefé y Canal 13, los más premiados.

La telenovela Montecristo , de Telefé, se alzó anoche con el Martín Fierro de Oro que la Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentina (Aptra) otorgó como momento culminante de la 37ma. entrega de estos lauros a la actividad audiovisual.

La tira que instaló en la ficción televisiva la dramática herencia de la última dictadura militar en materia del robo de niños, cosechó un total de siete lauros.

El envío ideado por Claudio Villarruel y Bernardita Llorente aspiraba a 17 estatuillas (en muchos rubros competía más de un participante del mismo programa) y sumó de la mano de los nombres propios de Pablo Echarri, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi y las “debutantes” María Onetto y Nora Cárpena.

Con ese aporte decisivo de Montecristo, Telefé llegó a 13 premios e igualó la línea de Canal 13 que el año anterior lo había superado ampliamente (18 a 7, incluido el de Oro para Mujeres asesinas).

En la sucesión de arribos al escenario del Auditorio Principal del predio ferial La Rural, Echarri fue la voz cantante del grupo y a la vez que ponderó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”, también sostuvo la importancia que “un canal líder le de espacio a un hecho artístico”.

En esa línea, el lauro para Saccone (ausente por estar filmando en San Luis y que en la tira interpretaba a Victoria, hija de desaparecidos) fue retirado por Pedro Luis Nadal García, el nieto número 79 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

http://www.realtvnews.com.ar/new/destacados.php?id=2868
PUBLICADO EL 18 DE MAYO DE 2007

“Montecristo” premiado

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires entregó a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, una distinción por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”.

http://www.losguionistas.com.ar

Escribiendo un éxito: Montecristo
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Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón, responsables de los libros de la tira
Los autores de la tira cuentan cómo adaptaron un clásico de la literatura al género más popular de la TV: la telenovela

“Estaba pensando el otro día que para el momento en que él aparece podemos poner una placa que diga «Fin parte I» , como en el libro”, dice Marcelo Camaño, olvidando por un momento que está sentado frente a un grabador, en medio de una entrevista. El y Adriana Lorenzón escriben los guiones de la telenovela que recuperó el melodrama para la TV: “Montecristo”. Parece que no es raro esto de que en cualquier momento, hora de trabajo o no, los guionistas vean aparecer la inspiración y se larguen a pensar, trabajar y jugar con las circunstancias de la tira de Telefé Contenidos que se emite hace casi dos meses por esa pantalla. Y cada visita de la musa implica una vuelta a las fuentes: el libro “El conde de Montecristo”.
Sobre la mesa de trabajo de Lorenzón y Camaño el libraco de 1400 páginas tiene marcas, señaladores y aspecto de ser consultado seguido. “Esto es una maravilla, el final de cada capítulo es un gancho como si [Alejandro] Dumas hubiese escrito para televisión. Bueno, el folletín tenía algo de eso. Si hasta le medían el rating porque si no vendían bien el periódico del día en que salía el capítulo al próximo número no lo ponían”, dice Lorenzón que después de años de transitar los guiones costumbristas de “Buenos vecinos” y “Los Roldán”, entre otros, volvió al primer amor, la telenovela.
Claro que “Montecristo” no es una telenovela como otras, porque aunque respeta todos los tópicos del género lo hace de una manera particular. Ahí están el amor, la venganza, los desencuentros familiares y hasta las identidades confusas, sin embargo en el camino de la página literaria a la pantalla televisiva algo cambió. La realidad argentina se coló de manera inédita en la ficción.
“Primero hubo una relectura del libro y después se trabajó para adaptar «Montecristo» a la Argentina de hoy. Fundamentalmente se trata una historia de amor. Empezamos a trabajar desde un lugar de admiración por el libro porque para nosotros, los que escribimos tele, es una novela básica, fundacional. La idea de Telefé contenidos de poner a la luz el título nos favoreció porque nos dio vía libre para jugar con la novela original”, dice Camaño, responsable el año que pasó de los guiones de “Doble vida” y parte del equipo que realizó “Resistiré”.
–Y ese juego implicó poner al tema de la dictadura y su consecuencias en el centro del relato.
Lorenzón: –Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.
–¿Qué opciones argumentales descartaron?
Camaño: –Los otros temas que barajamos tenían que ver con el narcotráfico o implicaban meternos en política partidaria más directamente: candidaturas y esas cosas que ya se abordaron en otras novelas y nunca muy a fondo.
–En esta oportunidad la excusa política quedó en el centro de la escena.
Camaño: –La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago (Echarri), Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época. Era una vuelta de tuerca que nos cuadraba perfecto, que no se había hecho todavía en la TV, que nos servía para realzar la historia y que suponía saldar una deuda grande de la pantalla chica con este tema.
Lorenzón: –Además este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: “Estoy en paz”. Acá la venganza se va a transformar en justicia.
–¿Cómo trabajaron el hecho de que el héroe de esta telenovela a veces actúa igual o peor que los villanos?
Camaño: –Es difícil porque tenemos un héroe que va y le pega con un palo en la cabeza al malvado. En algún momento hará el arco de vuelta. Por ahora tiene muchas contradicciones, cada vez que hace algo mal se da cuenta, lo sufre. Lo cuidamos mucho, pero nos permitimos pasar ciertos límites que en la novela tradicional no se puede.
Rompiendo moldes
“Montecristo”, con sus escenas de acción, sus largos diálogos cargados de información y sus personajes dotados de más de una cara es novela clásica y de ruptura al mismo tiempo. Una combinación novedosa para una TV que hasta su aparición parecía preferir el humor a la pasión.
–La trama de la tira obliga a dejar de lado el control remoto.
Lorenzón: –Esta es una historia muy compleja, buscamos mucho por dónde iba porque el relato del libro es muy truculento, muy lúgubre, con cantidad de personajes que están todos vinculados entre sí. Para nosotros es una suerte tener un historia tan fuerte que involucra a todos. Lo que sucede en aquella punta afecta a la otra entonces hay que estar muy atentos a que eso esté sincronizado todo el tiempo.
Camaño: –La idea de Claudio [Villarruel] y Bernarda [Llorente] desde un principio fue que ésta fuera una novela para escuchar. Por supuesto que la TV es entretenimiento y se la mira mientras se da de comer a los pibes y se atiende el teléfono, pero queríamos hacer una tira que se escuchara, en la que se dijeran cosas. Tenemos que repetir información para que los espectadores no se pierdan, pero está pensada así: “Te perdiste un capítulo, que pena para vos”.
Sincronicen sus relojes
Hubo una época en que era posible usar como sinónimos la hora que marcaba el reloj con el momento exacto del día en que empezaba la telenovela preferida. “Es la hora de mi novela”, decían hasta hace poco tiempo los seguidores de este género. En la TV actual ese juego del lenguaje es imposible, pero los autores de “Montecristo” encontraron una buena manera de reemplazar esa costumbre. “Es a.M. y d.M. Hay gente que nos cuenta que organiza su noche según esas coordenadas”, dirán. Y la explicación no se hace esperar, a diferencia de la mayoría de los ciclos de la pantalla chica. “Es que a.M. y d.M. son las siglas de antes de «Montecristo» y después de «Montecristo». Los seguidores son bastante ocurrentes”, se ríe Camaño. Tanto él como Lorenzón miran los capítulos al mismo tiempo que el público y con la misma pasión. O casi.
“Una mamá del colegio de mi hijo me dijo el otro día muy seria: «Si no se encuentran la semana que viene te retiro el saludo»”, dice Lorenzón con un sonrisa, aunque cada vez que abra su casilla de mails la encuentre tapada de mensajes de sus amigos y conocidos que utilizan variados insultos para pedirle que reúna a los protagonistas.
“Estamos muy concentrados en la historia y a veces nos preguntamos cuánto debería durar esta novela. Porque ya vemos que 150 capítulos no nos van a alcanzar. Este relato no tiene mesetas porque todo el tiempo se abre un juego nuevo. Puntos de giro tenemos para tirar al techo”, se entusiasma Lorenzón mientras desde la mesa de trabajo “El conde de Montecristo” vuelve a abrirse para sumar material a la telenovela que todas las noches le hace un brillante homenaje.
Por Natalia Trzenko
Foto: Gustavo Seiguer
De la Redacción de LA NACION
Lo mejor que pasó y lo que está por venir

En los casi dos meses que lleva “Montecristo” en el aire hubo muchas escenas fuertes, esas que por su contenido dramático quedarán en los oídos y las retinas del espectador mucho tiempo después de vistas. Entre ellas figura algunas de impresionante despliegue técnico, como la del escape de la prisión marroquí, y sobre todo otras de enorme despliegue emocional. A saber: el primer acercamiento de Santiago (Echarri) a la que fue su novia, Laura (Krum), y el momento en que cree descubrir que ella tuvo un hijo con su enemigo; el reencuentro de Santiago con Sarita (Rita Cortese), la mujer que lo crió; la desesperación de Marcos (Joaquín Furriel) cuando Laura le propone separarse y, entre las más recientes, la gran escena jugada por Paola Krum y Virginia Lago en la que ésta le revela a su supuesta sobrina que no lo es.
Claro que la secuencia más conmovedora todavía no sucedió: el momento en que Laura y Santiago vuelvan a encontrarse cara a cara. Hasta ahora los acercamientos de la pareja sirvieron para aumentar aún más la expectativa: Los amantes separados injustamente se cruzaron en la casa de Santiago aunque siempre a través de la cámara Gesell instalada para espiar a los visitantes; en la calle dónde Laura lo vio de espaldas; en el asalto al restaurante del tenebroso Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro) dónde, máscara mediante, Santiago se acercó a su amada/odiada Laura. Y, finalmente esta semana, compartieron un beso mientras la protagonista estaba bajo los efectos de la anestesia.
No se sabe todavía cuándo llegará el encuentro, pero sus autores adelantan que será todo menos sencillo: “Será muy difícil porque en su relación no hay un perdón que alcance”.

http://www.nuncamas.org/investig/menores/r2080.htm

(Caso mencionado en Ford, La marca de la bestia, pag.265)
Reggiardo Tolosa, Matías Angel

Menores y jóvenes restituidos

Madre: María Rosa Ana
TOLOSA Matías Angel
REGGIARDO TOLOSA Padre: Juan Enrique
REGGIARDO

Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1977 (en cautiverio)
Edad a la fecha del secuestro: alrededor de 6 meses de gestación
Zona de Secuestro: 1
Fecha de secuestro: Febrero de 1977
Vista en CCD: La Cacha
Zona de CCD: 1/11/113
Fecha de localización: 1989
Fecha de restitución: Noviembre de 1993

María Rosa tuvo mellizos durante su cautiverio: Matías Angel y Gonzalo Javier.

Por denuncias recibidas por la familia de la desaparecida Liliana Ross, los niños apropiados por el Subcomisario Samuel Miara fueron buscados como hijos de esta joven que desapareció embarazada.

Los Miara huyeron a Paraguay cuando el juez ordenó los análisis inmunogenéticos.

Cuando se consiguió la extradición y los apropiadores volvieron con los dos niños, el Banco Nacional de Datos Genéticos determinó que eran los hijos de la pareja formada por Juan Enrique REGGIARDO y María Rosa Ana TOLOSA, quienes permanecieron detenidos en el centro clandestino de detención “La Cacha”, de donde María Rosa fue sacada para dar a luz y ya no fue devuelta. Los jóvenes habían sido secuestrados en febrero de 1977.

Los mellizos fueron identificados en 1989. Recién en 1993, la Justicia les devolvió su identidad y fueron restituidos a su familia biológica.

Por intromisión de personas extrañas al caso y por la violenta campaña contra la restitución de la identidad a los menores desaparecidos desatada desde algunos medios de comunicación, la relación con la familia materna, que se estaba iniciando bien, fue entorpecida. Hasta alcanzar la mayoría de edad, los mellizos Gonzalo y Matías vivieron con una familia sustituta.

Actualmente mantienen contacto con la familia biológica y conocen la verdad de su historia.

Sus padres permanecen desaparecidos.

http://www.clarin.com/diario/1998/09/22/t-01201d.htm
Edición Martes 22.09.1998 » Política » Medio millón para reparar una parte de la historia

DERECHOS HUMANOS: LOS MELLIZOS REGGIARDO TOLOSA, HIJOS DE DESAPARECIDOS
Medio millón para reparar una parte de la historia

Se los dará el Estado
• Porque ya tienen 21 años
• Ellos volvieron a vivir con Miara, quien se los apropió al nacer

Por DANIEL GUTMAN. De la Redacción de Clarín
Los mellizos Reggiardo Tolosa cobrarán en los próximos días la indemnización que les corresponde como herederos de sus padres, desaparecidos durante la última dictadura militar.El Ministerio del Interior emitió el último jueves, con los números 1835/98 y 1836/98, las dos resoluciones que benefician a los hermanos que fueron secuestrados y privados de su verdadera identidad por el ex torturador Samuel Miara y su esposa, Beatriz Castillo, en mayo de 1977. Pocos días antes habían nacido en un parto clandestino, en el penal platense de Olmos.Los mellizos, a quienes la Justicia les devolvió el apellido Reggiardo Tolosa en 1993, hoy están viviendo otra vez con los Miara. En mayo último, cuando alcanzaron la mayoría de edad, al cumplir 21 años, decidieron volver con quienes los habían anotado como hijos propios. Así se lo confirmó a Clarín el abogado del ex subcomisario Miara, el ex funcionario de la dictadura Jaime Smart. Otras dos fuentes informaron lo mismo.Hasta entonces, los dos jóvenes habían estado con una familia sustituta por decisión del juez Jorge Ballestero, que ejercía la tutela legal sobre ambos y fue quien inició en 1996 el trámite para obtener la indemnización.La reparación que establece la ley 24.411 para las víctimas del terrorismo de Estado es de una suma equivalente a cien sueldos de un empleado de la administración pública nivel A. Gonzalo y Matías cobrarán 448 mil pesos en bonos por la desaparición de sus padres (224 mil por cada uno), Juan Enrique Reggiardo y María Rosa Tolosa.El matrimonio Miara, que se había afincado en Caballito en los últimos años, ahora volvió a vivir con los mellizos en Ciudadela, la misma zona del Gran Buenos Aires desde donde en 1985 habían huido al Paraguay de Alfredo Stroessner. Aquel año, la organización Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a sospechar que los chicos eran hijos de desaparecidos. Desde ese país serían extraditados en 1989.Matías estudia hotelería y trabaja en una agencia de turismo. Gonzalo tiene un alto promedio en la carrera de Ingeniería electrónica, en la Universidad Tecnológica Nacional, y colabora con Miara en la fábrica de zapatos que tiene el ex torturador.Ambos jóvenes estudian inglés y tienen proyectos: irse a vivir solos y viajar por el mundo, posiblemente a hacer algún posgrado. Las fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que los mellizos atraviesan un buen momento luego del sufrimiento que les generó la exposición pública de su caso, en 1994.Durante ese año, los hermanos fueron restituidos a su familia de sangre. Vivieron seis meses en la casa de su tío Eduardo Tolosa, que en un principio había iniciado una querella contra Miara, pero luego desistió.Cuando vivían con su tío, según recordó un protagonista de aquel proceso, querían que los Miara y los Tolosa se juntaran los domingos a comer, como una gran familia. La restitución fracasó. Eduardo Tolosa, finalmente, renunció a la guarda de los chicos, que fueron adjudicados a una familia sustituta. Esta, de apellido García, tenía y todavía conserva relación con los Miara.Los mellizos leyeron el libro Nacidos en la sombra, de Andrea Rodríguez, que cuenta la historia de su secuestro y la actuación de Miara como torturador, en los centros clandestinos de detención El Banco, El Olimpo y Club Atlético. De todas maneras, el único familiar con el que tienen contacto hoy es Elina Peralta López, una prima de su madre. La familia, igualmente, confía en que algún día se autorrestituyan, como dijo un pariente que pidió no ser nombrado.Mientras tanto, Miara enfrenta la posibilidad cierta de volver a la cárcel en los próximos meses. Y, según dijo a Clarín su abogado, no dudará en cumplir lo que establezca la Justicia.El 22 de diciembre de 1994, el ex represor fue condenado a siete años y medio de prisión por el juez Ballestero. Pero al día siguiente salió en libertad condicional, porque ya había pasado más de seis años detenido por la misma causa.Un año después, la Sala II de la Cámara Federal le aumentó su pena a doce años, pero la Corte Suprema anuló ese fallo. El máximo tribunal consideró que no tenía suficientes fundamentos y que no se habían valorado las circunstancias atenuantes. Con los votos de los cinco jueces considerados más cercanos al Gobierno, el tribunal hizo referencia a que la esposa de Miara había perdido un embarazo pocos meses antes del secuestro de los Reggiardo Tolosa.El 28 de agosto, la Sala I de la Cámara confirmó la condena a doce años. El abogado de Miara presentó hace pocos días un recurso extraordinario para que el caso vuelva a la Corte. Es su última oportunidad de no volver a una celda.

http://www.fcen.uba.ar/prensa/micro/1994/ms154.htm

CONFLICTO POR LOS MELLIZOS REGGIARDO-TOLOSA. A raiz del escandalo
generado por la presencia de los mellizos Reggiardo-Tolosa en varios
programas televisivos, el juez Jorge Ballesteros, que tiene a su
cargo la causa por la tenencia de los jovenes, hijos de
detenidos-desaparecidos, dispuso cambiar la guarda, que estaba a
cargo de un familiar. Los dos hermanos, de 17 a#os, viviran
provisoriamente con una familia substituta. Entretanto, el juez
Ballesteros sufrio un atentado intimidatorio el martes 31 de mayo,
cuando a su antigua vivienda llego un paquete con dos granadas, que
no alcanzaron a explotar.

Ballesteros habia dispuesto el 5 de noviembre pasado que los mellizos
Matias y Gonzalo vivieran con sus familiares legitimos, estando a cargo de un
tio. Durante 16 a#os los dos menores estuvieron en poder del ex-comisario de
la Policia Federal Samuel Miara y su esposa Beatriz Castillo. Segun
testimonios de ex detenidos en centros clandestinos de detencion, Samuel
Miara formo parte de grupos represivos durante la ultima dictadura,

En el centro clandestino de “La Cacha”, ubicado en cercanias de la
carcel de Olmos (prov. de Bs. As.) estuvieron detenidos Juan Enrique
Reggiardo, dibujante, y su esposa, Maria Rosa Tolosa, estudiante de
arquitectura, y embarazada de seis meses al momento de su detencion, el 8 de
febrero de 1977. Luego de la detencion se perdio el rastro, desconociendose
el paradero de la pareja, de Antonia Oldani de Reggiardo (madre de Juan
Enrique) y de los ni#os que Maria Rosa llevaba en su vientre, y que nacieron
el 28 de abril de 1977.

En 1984, la organizacion Abuelas de Plaza de Mayo (formada por
familiares de detenidos-desaparecidos) pudo ubicar a una pareja de ni#os, en
poder de Miara y su mujer. En un primer momento se supuso que eran hijos de
otros detenidos-desaparecidos, pero los examenes de histocompatibilidad
realizados por orden de la justicia determinaron la verdadera identidad de
los dos hermanos.

Recien a fines de 1993 la Justicia puso a los hermanos Matias y
Gonzalo bajo custodia de su legitima familia. Esos nueve a#os de demora se
debieron no solo al lento trabajo de la justicia argentina sino tambien a la
fuga del matrimonio Miara. En 1986 los Miara se fugaron al Paraguay,
llevandose consigo a los dos chicos. Tras arduas tratativas diplomaticas en
1989 se logro la extradicion de la pareja y el retorno de los ni#os, y en
1991 el juez Weschler le dicto la prision preventiva a Miara, por el delito
de supresion de identidad.

Pero este no es el unico contacto que tuvo el comisario Miara con la
Justicia. Segun declararon a la Comision Nacional de Desaparicion de
Personas (CONADEP, organismo encargado en 1984 de estudiar la represion
ilegal en la Argentina del “Proceso”), Samuel Miara, con el alias de
“Cobani”, fue torturador de los campos de concentracion de “El Banco”, “El
Atletico” y “El Olimpo”. Tambien fue acusado de violar a una detenida, segun
consta en legajos de la CONADEP.

Tambien durante la ultima dictadura, Miara fue acusado de ser
participe del secuestro de Veronika Moskovitz y de Roberto Apstein, hijos de
empresarios judios. A#os despues, en 1991, los policias detenidos por el
secuestro del empresario Mauricio Macri, (la tristemente afamada “banda de
los comisarios”), tambien involucraron a Miara en el secuestro del empresario
Benjamin Neuman.

No hubo ninguna condena a Miara por estos tres casos, pero aparecio
el sugestivo hecho que Moskovitz, Apstein, y el hijo de Neuman estudiasen en
la Escuela del Sol. En este colegio, donde concurrian hijos de empresarios
judios, trabajaba como celadora Norma Miara de Longarella, hermana del
comisario. Como dice la nota del periodista Horacio Verbistky, aparecida el
domingo 5 en “Pagina/12″: Condenas, ninguna. Coincidencias, todas”.

Por su supuesta vinculacion a la “banda de los comisarios”, Miara fue
detenido y procesado por “asociacion ilicita y secuestro extorsivo”. Pero
luego, los miembros de la banda cambiaron sus declaraciones por lo que el
juez de la causa dispuso la libertad de Miara por falta de merito, y el 12 de
octubre de 1993 dicto su sobreseimiento provisional.

Con respecto a los mellizos, Estela Carlotto, presidenta de las
Abuelas de Plaza de Mayo, opino que “veo con preocupacion y con dolor como
dos chicos, que viven una dura ralidad por el terrorismo de Estado, han sido
victimizados por los medios de comunicacion”. Continuo diciendo la dirigenta
de derechos humanos que, “no tenemos que ocultar que en esto han intervenido
presiones de terceros, como algunos comunicadores, tales son los casos de
Bernardo Neustadt, Marcelo Longobardi y Daniel Haddad, entre otros, que en
una accion descalificadora han puesto al desnudo a estos chicos frente a la
sociedad, una sociedad que interpreta los hechos con mucha liviandad”.

Estela Carlotto agrego que “aqui se quiere hacer creer a la sociedad
que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, despues de las
dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer
(por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.

La participacion de los dos menores, (una “operacion de prensa”), se
realizo en los programas “Tiempo Nuevo”, de Bernardo Neustadt, celebre amigo
de todas las tiranias argentinas; en la audicion de Samuel Gelblung, quien
fue uno de los jefes de la revista “Gente” durante los a#os de la dictadura;
y en “H&L”, el programa que dirigen los jovenes Haddad y Longobardi, que
reunen todas las condiciones para ser considerados los sucesores de Neustadt.
(Fuentes: Clarin 1/6, La Nacion 2, 3 y 4/6, y Pagina/12 5/6/94) -|-

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-30877-2004-01-28.html
El país del Miércoles/28-Ene-2004(4)|Hoy
LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
A los 25 años de edad y tras mucho tiempo de sospechas, Juan Cabandié Alfonsín recuperó su nombre y conoció a su familia.Nació en la ESMA y fue apropiado por un agente de inteligencia.

Estela Carlotto explicó que Juan se acercó a las Abuelas porque sospechaba de sus apropiadores.
Subnotas
• “Un hombre peligroso”
Por Irina Hauser
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como “Fuerzas Conjuntas” volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. “Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan”, detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Yo me quiero llamar así, Juan”, dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: “Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor”. “Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima”, agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que “a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme”, reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. “Muñeca”, como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: “Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores”. Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
“Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia”, confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. “Me llevé una gran sorpresa”, suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. “Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá”, dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. “Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe”, solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan “está aún en shock” y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos.

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=860701

Revista
Publicado en la ed. impresa: Revista
Domingo 26 de noviembre de 2006
Noticias | Archivo | Domingo 26 de noviembre de 2006 | Revista | Nota

Nota de Tapa I

El fenómeno Montecristo

La novela que protagonizan Pablo Echarri y Paola Krum es uno de los ciclos de mayor rating de la televisión argentina. Con temas tan delicados como la apropiación de niños por parte de la última dictadura militar y los desaparecidos como ejes, la trama generó en la teleaudiencia una aceptación total

Montecristo, la novela protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum, figura entre los ciclos con más alto rating de la TV argentina durante este año. La planilla de medición de audiencia registra la cantidad de televisores encendidos y el canal en el que están sintonizados. Hasta allí, un asunto que condiciona los movimientos de la industria de la televisión y la publicidad. En la sociedad, en cambio, cuando se apaga el televisor se enciende el verdadero poder de la TV: su capacidad para instalar los temas en la agenda colectiva. En palabras del teórico francés Dominique Wolton, “la televisión es un formidable instrumento de comunicación entre los individuos. Lo más importante no es lo que se ha visto, sino el hecho de hablar de lo que se ha visto. La televisión es un objeto de conversación. La televisión es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los habitantes rurales y los urbanos. Todo el mundo mira la televisión y habla de lo que ha visto. ¿Qué otra actividad es hoy día tan transversal?”

Medido con la vara de las charlas compartidas, a Montecristo le corresponde la virtud de haber puesto en boca de los argentinos la apropiación de niños durante la última dictadura militar y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, empeñadas en recuperar a sus nietos para devolverles la identidad robada. Pero la influencia social de la novela fue más allá de las palabras y se tradujo en hechos: desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.

Escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la telenovela producida por Telefé Contenidos toma como disparador El conde de Montecristo, la obra de Alejandro Dumas, para construir una versión libre de esa historia de traición y venganza. Adaptada a la realidad argentina, el personaje de Santiago (Pablo Echarri), víctima de un siniestro plan de su amigo Marcos, después de pasar diez años en una prisión de Marruecos regresa a Buenos Aires decidido a vengarse. Aquí lo espera más espanto: su antigua novia, Laura (Paola Krum), está casada con Marcos, es hija de desaparecidos y fue criada por un torturador, Lisandro (Roberto Carnaghi).

“En la Argentina ya se había escrito mucho sobre los desaparecidos y la apropiación de niños, pero el mensaje no se transmitía más que al sector de los interesados en el tema –sostiene Adriana Lorenzón–. El acierto de Montecristo fue tocar el tema en un género tan popular como es la telenovela. Eso nos permitió llegar a muchos ciudadanos para quienes la tarea de Abuelas no formaba parte de su vida cotidiana. A raíz del programa, esa gente incluyó esa realidad en sus conversaciones.”

A nadie se le escapa que el género de la telenovela fue concebido para audiencias masivas. Pero el formato por sí mismo no garantiza la aceptación del público. ¿Cómo se explica entonces la gran repercusión de Montecristo? Según el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director del Proyecto Comunicación y miembro del Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tira basa su éxito en una conjunción de elementos: “Es una historia clásica porque toma un viejo tema del melodrama, el reconocimiento de la identidad, pero lo cuenta desde el presente político, y lo hace en el marco de una Argentina donde el actual gobierno ha vuelto a poner en primer plano la historia reciente de la dictadura y la necesidad de encontrar la verdad y la justicia. Si a eso se suman los destacados trabajos actorales, el resultado es una buena telenovela. Que la telenovela esté bien hecha es importante porque el televidente no se dispone a ver un ciclo periodístico ni político ni de denuncia, sino una buena historia”.

Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora del Conicet-IDES, acuerda: “Es una telenovela con todos los elementos de una buena narrativa: tiene complejidad de personajes, matices, situaciones de ambivalencia y dilemas morales”.

A decir verdad, ni los autores pudieron escapar de los conflictos éticos. Cuenta Adriana Lorenzón que diseñar el personaje de Lisandro, el torturador que se apropió de Laura, no fue tarea sencilla: “Tuve que romper con mi prejuicio para poder guionarlo –admite–. Yo lo veía como un villano total porque, para mí, ese nivel de violencia y de maldad es injustificable. Pero, para interpretarlo, Roberto Carnaghi necesitaba quererlo y encontrar las justificaciones propias de un tipo como Lisandro”. Puesto a construir un victimario verosímil, Carnaghi le soltó a la guionista un argumento propio de un represor: “Imaginate que este tipo no pudo ver el Mundial del ’78 –le dijo Carnaghi a Lorenzón, en relación con Lisandro–, porque cuando había partidos era cuando más se torturaba. Pensá que Lisandro se perdió el Mundial”.

La tele que educa

“En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia”, explica Quevedo, y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”, razona Quevedo.

México no es el único país de la región que utiliza la telenovela para movilizar conciencias. En Brasil, en el año 2000, Lazos de familia, producida por la Rede Globo, funcionó como una verdadera campaña a favor de la donación de órganos. A través del personaje de Camila, una muchacha que padecía leucemia y necesitaba un trasplante de médula para salvarse, el ciclo transmitió al público masivo el mensaje de que existen órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Osea saltó de 20 a 900 por mes.

Para que una ficción televisiva logre modificar la conducta de personas de carne y hueso es necesario que su prédica caiga en terreno fértil, que la sociedad esté dispuesta a recibirlo. ¿Habría producido Montecristo la misma conmoción colectiva sin la distancia que separa los crímenes cometidos del presente? Adriana Lorenzón baraja la historia argentina y plantea sus hipótesis: “Un buen momento podría haber sido cuando tuvo lugar el juicio a las juntas militares, porque entonces teníamos el ímpetu de querer encontrar una respuesta. Luego ya no, porque vino la decepción de la Ley de Obediencia Debida y los indultos. Este año fue particularmente apto para hacer esta novela porque en la sociedad hay una cierta apertura al tema. Por un lado, porque se cumplieron 30 años del golpe y de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. Por el otro, porque, fruto de la derogación de los indultos y de la reapertura de los juicios a los responsables del horror, se ha despejado el camino para seguir buscando la verdad y la justicia”.

Psicóloga, doctorada en psicoanálisis en la Universidad de París VII y autora de Dolor país y No me hubiera gustado morir en los 90, Silvia Bleichmar opina que Montecristo genera “un nivel de identificación muy profundo en los espectadores”. A su modo de ver, “es una novela que, en vez de convocar a la ensoñación, convoca a realizar las tareas pendientes en la búsqueda de la identidad. En la Argentina, la preocupación por la identidad está presente, y no sólo en relación con los crímenes del terrorismo de Estado. Hay personas de más de 50 años que en la infancia fueron adoptadas de modo ilegal y que a estas alturas de su vida han comenzado a preguntarse quiénes son”. (Ver recuadro aparte.)

¿Justicia o venganza? En esa encrucijada está atrapado el personaje de Pablo Echarri. “Lo que plantea Montecristo es la banalidad de la venganza, que es un circuito irreparable pero aparece como una tentación permanente cuando no hay justicia –analiza Bleichmar–. La justicia es la forma en que las víctimas se sienten liberadas de la obligación de hacerse cargo de la venganza. En ese sentido, la sociedad argentina se ha manejado con enorme responsabilidad: no hay un solo torturador ajusticiado por su víctima ni un apropiador ajusticiado por una abuela. Por eso, es falso el debate acerca de si las víctimas buscan venganza. Además, en la medida en que los victimarios no piden perdón y se jactan de sus acciones, es perverso pedirles a las víctimas que los perdonen. El perdón se puede otorgar únicamente sobre la base del arrepentimiento del culpable, nunca como el pedido de una concesión más.”

Es evidente que Montecristo ha puesto el dedo en varias llagas. La duda del millón es qué sucederá en la sociedad cuando la tira ya no esté en la pantalla. Elizabeth Jelin pone signos de interrogación en el horizonte: “Cuando termine la novela se verá si este saber que la televisión ha llevado a audiencias masivas se convierte en un tema de reflexión y debate en los sectores que estaban más o menos ajenos al tema de la apropiación de niños, o si Montecristo quedará como un producto televisivo de ficción sin consecuencias sociales duraderas”.

Por Adriana Schettini

En busca de la identidad

Sabido es que el delito de apropiación de criaturas nada tiene que ver con la grandeza de alma que lleva a hombres y mujeres a adoptar un niño. Pero en un país con larga tradición de desapego a la ley, el bien y el mal se tocan.

“La dictadura pudo concretar el horror con los hijos de los desaparecidos porque en la Argentina ya existía impunidad respecto de la apropiación de niños. Hasta hace 15 o 20 años era corriente la apropiación de los niños de las clases pobres inscribiéndolos bajo una forma que ocultaba la verdad. Ni siquiera al niño se le decía la verdad sobre su origen biológico. Esoya no ocurre. Más aún, el Registro Nacional de Identidad permite que el hijo adoptivo acceda al expediente para saber quiénes lo engendraron”, dice la psicóloga Silvia Bleichmar.

–¿Es ésa la pregunta central en la vida de quien ha sido adoptado?

–El gran enigma del niño adoptivo no es quién lo engendró, sino por qué no se quedaron con él. Hay una pregunta que se repite en los consultorios: “¿Qué hice yo para que mi madre biológica no me tuviera con ella?”.

–¿Qué se entiende por identidad?

–No es verdad que la identidad de una persona sea la identidad biológica de origen. La identidad es la que se construye en la vida de un ser humano. Pero en la medida en que hay un enigma sobre la identidad biológica el sujeto no puede construir su identidad actual, porque para hacerlo necesita abandonar previamente el mito de la identidad perdida.

–¿Influyó la apropiación de niños en las preguntas que se hacen los hijos adoptivos?

–A finales de los años 80 y durante los 90, un alto número de chicos legalmente adoptados comenzaron a manifestar sus fantasías de ser hijos de desaparecidos. Desde el punto de vista psíquico, loslesionaba menos la idea de haber sido robados de padres que los amaron que la de haber sido abandonados por sus padres biológicos.

El original de Alejandro Dumas

Después de un accidentado viaje en barco, el honesto oficial Edmundo Dantés, a punto de recibir la promoción de capitán, regresa a Marsella, donde vive, dispuesto a casarse con una bella catalana, Mercedes. Sin embargo, el destino le tiene reservado otros planes y, acusado infundadamente de ser agente bonapartista, es injustamente encarcelado por la denuncia de su mejor amigo, Fernando Montego, que aspira al amor de la misma mujer.

Condenado a cumplir su pena en el castillo de If, una prisión de la que nadie ha conseguido escapar, Edmundo envejece en una celda junto a un anciano llamado Faría, un religioso erudito que es su compañero durante trece años. Este hombre le revelará un secreto, un lugar donde hay enterrado un tesoro (decenas de cajas llenas de monedas de oro). Y la forma de escapar de la prisión…

Así comienza la segunda parte, cuando Edmundo se convierte en el Conde de Montecristo y regresa para vengarse. Bajo distintas personalidades –desde un abate italiano hasta un rico banquero inglés–, Edmundo Dantés vuelve a Marsella y descubre, con perplejidad, que todos aquellos que lo traicionaron han triunfado. Creyéndolo muerto, su ex novia se ha casado con quien había sido su mejor amigo, Fernando, convertido ahora en Conde de Moncerf. La pareja ha tenido un hijo, Albert, al que Montecristo siente como propio. La novela es el relato pormenorizado de la venganza de Edmundo, trazada paso a paso durante los duros y lúgubres años de cárcel.

Es considerado el mejor trabajo de Alejandro Dumas (padre), que lo concluyó en 1844 y fue publicándolo en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes. La aparición de este folletín en el Journal de Debats, un diario de París, produjo un fenómeno de masas desconocido para la época. Sus lectores escribían cartas a la redacción solicitando la revelación anticipada del desenlace de la historia y la gente empezó a dar vida a los personajes de la novela, que adquirieron sorprendente dimensión histórica, a pesar de ser enteramente ficticios.

El origen de El Conde de Montecristo surgió de una historia que el propio Dumas declaró haber leído en las Memorias de Jacques Peuchet, un archivista de la policía de París. En El diamante y la venganza, Peuchet contaba la historia de un obrero y zapatero llamado Francis Picaud, que vivía en París en 1807 y quien, a punto de casarse con una rica candidata, visita a un amigo suyo que, junto a tres pícaros, decide apostar a que la boda del inocente enamorado podía aplazarse por algunos días. Lo acusaron a la policía de ser un espía inglés y la broma se les fue de las manos. El inocente fue apresado y pasó siete años en una cárcel en Italia. Al salir, el otrora ingenuo Picaud tomó un nuevo nombre y entró a trabajar al servicio de un sacerdote que lo apadrinó y lo designó su heredero universal. Rico y ennoblecido, el bueno de Picaud inició una venganza en cadena contra cada uno de sus ofensores.

Este fue el origen del argumento de El Conde de Montecristo. Dumas tomó la idea de Peuchet explotando sin el menor escrúpulo la satisfacción pagana que producía en sus lectores ser testigos de la ejecución de una venganza, que para muchos era sencillamente ejemplar.

IDENTIDAD EN CONFLICTO

ANÁLISIS DE LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDA A PARTIR DE LA FICCIÓN: CASO MONTECRISTO

ALUMNA: DESIRÉE MACRINI
MATERIA: SEMIÓTICA DE LOS MEDIOS CONTEMPORÁNEOS
COMISIÓN: MIÉRCOLES NOCHE
AÑO: 2007

En el presente trabajo se analizará de qué forma y con qué efectos se introduce el tema robo de bebés durante la última dictadura militar en la telenovela Montecristo y cómo dicha ficción contribuye a la inclusión del tema en la Agenda social y en el Imaginario social.
“Montecristo, un amor, una venganza”, es una adaptación libre de la novela de folletín de Alejandro Dumas publicada a lo largo de 1845 y 1846, en una serie de 18 partes. La historia inicia con un flashback a 1995 cuando Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) y Marcos Lombardo (Joaquín Furriel) parten hacia Marruecos para participar de una competencia de esgrima. En Buenos Aires Santiago deja a Laura Ledesma, quien espera un hijo de él aunque todavía no lo sabe y Marcos a su padre, Alberto Lombardo, ex médico encargado de los partos clandestinos en Campo de Mayo. Este último, acorralado por las investigaciones del juez Díaz Herrera, padre de Santiago, decide mandar a matar al magistrado y le exige a Marcos que participe en la emboscada orquestada para asesinar a Santiago, quien logra sobrevivir aunque permanecerá diez años en una cárcel de Marruecos. De vuelta al tiempo en el que transcurre la novela, 2005, Marcos está casado con Laura y le ha dado su apellido al hijo que ella concibiera con Santiago mientras que Lombardo padre ha logrado detener la investigación en su contra. Santiago logra escapar de la cárcel y ayudado por Victoria Sáenz (Viviana Saccone), una cirujana que debió exiliarse desde chica en España después del secuestro de sus padres durante la dictadura, vuelve a Buenos Aires para planificar la venganza con el botín cuya ubicación le ha develado un compañero de prisión. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama de la venganza aparece un nuevo hilo conductor, la búsqueda de la identidad. Ante el dilema que se le plantea a Laura sobre si es conveniente o no contarle a su hijo Matías quién es su verdadero padre, ella misma comienza a cuestionarse su origen. Inicia entonces una búsqueda desesperada de información, pero ante la negativa de Lisandro Donoso (Roberto Carnaghi), su apropiador, de revelar la verdad y ante el desconocimiento e ingenuidad de su mujer (Virginia Lago) decide buscar por su cuenta. Así llega a enterarse que Alberto Lombardo fue el que atendió el parto de su madre y el que la entregó a Donoso, quien trabajaba en el casino de oficiales de Campo de Mayo, se contacta con las Abuelas de Plaza de Mayo y se realiza el análisis de ADN que determina que es la hermana secuestrada que había buscado toda su vida Victoria Sáenz. Laura Ledesma recuperará su identidad y pasará a llamarse Laura Sáenz.
Si bien el tema se había tratado tangencialmente en otro programa , esta es la primera vez que el tema de la recuperación de la identidad se desarrolla en profundidad y adquiere relevancia central en una telenovela de horario central de este tipo. Este hecho ha tenido una repercusión mediática y social notoria y aún lo sigue teniendo como lo demuestra el premio otorgado el 18 de mayo de 2007 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, “por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”. Para dar cuenta cabalmente del devenir del conflicto el análisis se hará en base a la totalidad de la emisión, pero enfocándonos en el personaje de Laura Ledesma/Sáenz.
A partir del criterio de catalogación “relación de los contenidos con los referentes” que plantea Orza , se considera que Montecristo es un tipo de discurso ficcional porque se basa en un campo de referencia interno, que si bien puede presentar distintos “grados de alejamiento/aproximación con la realidad referencial (…) muy difícilmente llega a superponerse a ésta mediante la representación directa de acontecimientos, personas u objetos reales”. Dentro del discurso ficcional Montecristo se caracteriza por ser una telenovela, ya que tenía una frecuencia de emisión diaria, aunque a diferencia de las telenovelas tradicionales se transmitía en el horario nocturno de 22:30. En cuanto a su estructura interna, presentaba una organización narrativa seriada y con continuidad, una organización espacio-temporal fingida y la presencia de sujetos ficcionales.
En primera instancia se interpretaran las condiciones socio-políticas de producción de la telenovela y el objetivo y trabajo de adaptación de los guionistas. A continuación se caracterizará el tratamiento narrativo de la temática y finalmente se abordarán las repercusiones sociales de la emisión.
Como marco teórico se utilizarán los conceptos de Aníbal Ford sobre cómo los temas críticos ingresan en el imaginario social y en la agenda no sólo por medio de las formas clásicas de información, sino a través de otros géneros y formatos. Además se tomará su análisis de casos para interpretar el cambio en las condiciones de posibilidad que permitió el tratamiento de esta problemática. Se tendrá en cuenta también las distintas corrientes teóricas planteadas por Vilches sobre la dependencia/independencia de los medios con respecto a la estructura de poder y del mismo autor se utilizará la interpretación de cómo la televisión afecta la concepción de la realidad social del público.
En su análisis de la “impronta narrativa” que caracteriza el tratamiento de muchos casos en los géneros informativos Ford habla del tratamiento del caso de los mellizos Reggiardo-Tolosa, bebés robados durante la última dictadura militar. Si bien los mellizos habían sido identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo en 1989, el hecho de que el ex subcomisario Samuel Miara y su mujer, los secuestradores, se hubieran escapado a Paraguay, hizo que recién en 1993 el juez Ballesteros pudiera restituirles su identidad. La determinación del magistrado de darle la custodia en principio a la familia de sangre y después a una sustituta provocó intensos debates en los medios sobre las consecuencias “psicológicas” que esta restitución pudiera tener sobre los adolescentes. En ese momento declaró al respecto Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo: “veo con preocupación y con dolor como dos chicos, que viven una dura realidad por el terrorismo de Estado, han sido victimizados por los medios de comunicación”. Carlotto advirtió que “aquí se quiere hacer creer a la sociedad que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, después de las dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer (por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.
Más allá de la implicación emocional que se advierte la declaración parece transmitir claramente el tenor de las discusiones que se plantearon en ese momento. No había consenso en cuanto a la necesidad de restituirles la verdadera identidad a estos chicos porque el tema no era un bien simbólico en el imaginario social. Este adormecimiento social sin duda tiene que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Alfonsín y por el de Menem: en 1986/1987 se habían sancionado las leyes de Punto final y Obediencia debida y en 1990 se decretaron los indultos que favorecieron a Videla y a Massera.
Ahora bien, nueve años más tarde asumió la presidencia Nestor Kirchner y uno de los pilares de su gestión sería hasta hoy los derechos humanos. En 2005 se sancionó la inconstitucionalidad de las leyes Alfonsinistas y en abril de 2007, se declaró la inconstitucionalidad de los indultos.
Vilches describe tres posiciones teóricas y metodológicas para analizar la relación de los medios con la estructura de poder. La primera sostiene que los medios constituyen una “variable dependiente del sistema político y social”, por lo que están totalmente subordinados a las relaciones de poder y son modelados por estas. La segunda considera que son una variable dependiente y además son “las instituciones dominantes de la sociedad contemporánea a los cuales las otras instituciones se someten” o que aún siendo modelados por la sociedad tienen la autonomía suficiente como para mantener o cambiar un estado de relaciones de fuerza . La última línea y la que será considerada para este análisis sostiene que “el periodismo y el mundo político interactúan adaptándose recíprocamente creando una especie de intercambio simbólico de compensación recíproca” .
En una entrevista a los guionistas de la telenovela Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón , ella afirma que “en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún trasfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.” En realidad, como se desprende de los cambios en materia de legislación, es una herida que había sido suturada a los apurones y se reabrió con el impulso del nuevo gobierno. Como afirman Cantor y Pingree, citados por Vilches: “…el grado de implicación gubernamental influye en el contenido de las Soap Operas más que los valores individuales o el talento y la creatividad de los responsables de estos programas”
Desde el “mundo político” se generaron las condiciones de posibilidad para que estos guionistas consideraran la posibilidad de ligar la adaptación de la novela de folletín al tema de robo de bebés durante la dictadura. El gobierno se encargó de poner el tema nuevamente en la agenda pública impulsando cambios en la legislación o reconvirtiendo el ex centro de detención de la Esma en Museo de la Memoria, por lo que permitió una resignificación del tema en el imaginario social y los guionistas supieron entender que se había convertido en un nuevo bien simbólico que podía tratarse más a fondo en una ficción.
El personaje de Laura Ledesma/Sáenz funciona de forma similar a los “casos” analizados por Ford en los géneros informativos, sólo que hace el recorrido inverso al que hizo el caso Reggiardo-Tolosa, cuyo tratamiento, según Ford, apeló a las convenciones del melodrama recurriendo a la figura mítica del “reconocimiento” de la identidad perdida. La historia de Laura funciona como caso porque ejemplifica la duda, la búsqueda de información y el reencuentro con la verdadera historia personal que relataban desde hacía tiempo los medios periodísticos. El hecho de que se haga desde un género ficcional como la telenovela permite una conexión emocional con el tema por parte de los televidentes, porque es un género popular que siempre se caracterizó por tratar temáticas que se conectan con la tradición mítica de todas las culturas. Las dudas y la búsqueda de Laura son un tema recurrente ya desde el mito de Edipo, donde justamente el cambio de identidad es lo que origina la tragedia. Según Ortolano, “los mitos que cada cultura produce a través de las leyendas, las devociones populares, los relatos folklóricos, los cuentos maravillosos (fairy tales) y también de sus versiones artísticas, literarias y cinematográficas, serían según Jung, manifestaciones concretas del arquetipo universal, más abstracto.” Todos estos relatos cumplieron siempre un papel fundamental en la transmisión de saberes y también de juicios morales y esta también es la función que cumple Montecristo al permitir, como sostiene Vilches, un camino de “aprendizaje social” al partir del cual la televisión “afecta nuestra concepción de la realidad social”.
Al conectar esta temática con lo más primigenio, refuerza su caracterización simbólica en el imaginario social y el establecimiento del tópico en la agenda social, sobre todo teniendo en cuenta la tercera función del mito según Campbell, de carácter sociológico, que es “validar y sostener el sistema moral vigente”. En este caso la “mitologización” del caso refuerza la condena social a los represores secuestradores de bebés e incentiva la búsqueda y la devolución de las identidades perdidas.
Si bien Ford sostiene que la increíble cobertura mediática del caso María Soledad Morales no alcanzó para generar cambios a nivel macro y con una implicancia a nivel nacional duradera, el caso de la telenovela Montecristo es distinto porque se plantea en los medios como canalizadora y reforzadora de cambios a nivel institucional y político que ya se venían dando sobre todo a partir del 2003, con el gobierno de Nestor Kirchner. Además, como sostiene el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia” y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”.
En Montecristo utilizaron la misma estrategia, filmando desde la sede de las Abuelas de Plaza de mayo y dando los datos para contactarse con ellos en diversas oportunidades y lograron un impacto directo en algunos televidentes que ya se venían haciendo los mismos cuestionamientos que Laura. Según La Nación “desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.”
A partir de los aspectos examinados puede concluirse que gracias a condiciones de posibilidad favorables la telenovela Montecristo logra utilizar las herramientas narrativas típicas de un popular género de ficción para reforzar la conciencia de amplios sectores de la sociedad sobre el tema robo de bebés e identidad.

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LLEVÓ A LA TV EL ROBO DE NIÑOS DURANTE LA DICTADURA
“Montecristo” ganó el Martín Fierro de Oro
Se llevó la máxima distinción y su protagonista Pablo Echarri destacó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”. En total recibió 7 estatuillas. Telefé y Canal 13, los más premiados.

La telenovela Montecristo , de Telefé, se alzó anoche con el Martín Fierro de Oro que la Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentina (Aptra) otorgó como momento culminante de la 37ma. entrega de estos lauros a la actividad audiovisual.

La tira que instaló en la ficción televisiva la dramática herencia de la última dictadura militar en materia del robo de niños, cosechó un total de siete lauros.

El envío ideado por Claudio Villarruel y Bernardita Llorente aspiraba a 17 estatuillas (en muchos rubros competía más de un participante del mismo programa) y sumó de la mano de los nombres propios de Pablo Echarri, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi y las “debutantes” María Onetto y Nora Cárpena.

Con ese aporte decisivo de Montecristo, Telefé llegó a 13 premios e igualó la línea de Canal 13 que el año anterior lo había superado ampliamente (18 a 7, incluido el de Oro para Mujeres asesinas).

En la sucesión de arribos al escenario del Auditorio Principal del predio ferial La Rural, Echarri fue la voz cantante del grupo y a la vez que ponderó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”, también sostuvo la importancia que “un canal líder le de espacio a un hecho artístico”.

En esa línea, el lauro para Saccone (ausente por estar filmando en San Luis y que en la tira interpretaba a Victoria, hija de desaparecidos) fue retirado por Pedro Luis Nadal García, el nieto número 79 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

http://www.realtvnews.com.ar/new/destacados.php?id=2868
PUBLICADO EL 18 DE MAYO DE 2007

“Montecristo” premiado

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires entregó a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, una distinción por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”.

http://www.losguionistas.com.ar

Escribiendo un éxito: Montecristo
3969 lecturas

Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón, responsables de los libros de la tira
Los autores de la tira cuentan cómo adaptaron un clásico de la literatura al género más popular de la TV: la telenovela

“Estaba pensando el otro día que para el momento en que él aparece podemos poner una placa que diga «Fin parte I» , como en el libro”, dice Marcelo Camaño, olvidando por un momento que está sentado frente a un grabador, en medio de una entrevista. El y Adriana Lorenzón escriben los guiones de la telenovela que recuperó el melodrama para la TV: “Montecristo”. Parece que no es raro esto de que en cualquier momento, hora de trabajo o no, los guionistas vean aparecer la inspiración y se larguen a pensar, trabajar y jugar con las circunstancias de la tira de Telefé Contenidos que se emite hace casi dos meses por esa pantalla. Y cada visita de la musa implica una vuelta a las fuentes: el libro “El conde de Montecristo”.
Sobre la mesa de trabajo de Lorenzón y Camaño el libraco de 1400 páginas tiene marcas, señaladores y aspecto de ser consultado seguido. “Esto es una maravilla, el final de cada capítulo es un gancho como si [Alejandro] Dumas hubiese escrito para televisión. Bueno, el folletín tenía algo de eso. Si hasta le medían el rating porque si no vendían bien el periódico del día en que salía el capítulo al próximo número no lo ponían”, dice Lorenzón que después de años de transitar los guiones costumbristas de “Buenos vecinos” y “Los Roldán”, entre otros, volvió al primer amor, la telenovela.
Claro que “Montecristo” no es una telenovela como otras, porque aunque respeta todos los tópicos del género lo hace de una manera particular. Ahí están el amor, la venganza, los desencuentros familiares y hasta las identidades confusas, sin embargo en el camino de la página literaria a la pantalla televisiva algo cambió. La realidad argentina se coló de manera inédita en la ficción.
“Primero hubo una relectura del libro y después se trabajó para adaptar «Montecristo» a la Argentina de hoy. Fundamentalmente se trata una historia de amor. Empezamos a trabajar desde un lugar de admiración por el libro porque para nosotros, los que escribimos tele, es una novela básica, fundacional. La idea de Telefé contenidos de poner a la luz el título nos favoreció porque nos dio vía libre para jugar con la novela original”, dice Camaño, responsable el año que pasó de los guiones de “Doble vida” y parte del equipo que realizó “Resistiré”.
–Y ese juego implicó poner al tema de la dictadura y su consecuencias en el centro del relato.
Lorenzón: –Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.
–¿Qué opciones argumentales descartaron?
Camaño: –Los otros temas que barajamos tenían que ver con el narcotráfico o implicaban meternos en política partidaria más directamente: candidaturas y esas cosas que ya se abordaron en otras novelas y nunca muy a fondo.
–En esta oportunidad la excusa política quedó en el centro de la escena.
Camaño: –La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago (Echarri), Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época. Era una vuelta de tuerca que nos cuadraba perfecto, que no se había hecho todavía en la TV, que nos servía para realzar la historia y que suponía saldar una deuda grande de la pantalla chica con este tema.
Lorenzón: –Además este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: “Estoy en paz”. Acá la venganza se va a transformar en justicia.
–¿Cómo trabajaron el hecho de que el héroe de esta telenovela a veces actúa igual o peor que los villanos?
Camaño: –Es difícil porque tenemos un héroe que va y le pega con un palo en la cabeza al malvado. En algún momento hará el arco de vuelta. Por ahora tiene muchas contradicciones, cada vez que hace algo mal se da cuenta, lo sufre. Lo cuidamos mucho, pero nos permitimos pasar ciertos límites que en la novela tradicional no se puede.
Rompiendo moldes
“Montecristo”, con sus escenas de acción, sus largos diálogos cargados de información y sus personajes dotados de más de una cara es novela clásica y de ruptura al mismo tiempo. Una combinación novedosa para una TV que hasta su aparición parecía preferir el humor a la pasión.
–La trama de la tira obliga a dejar de lado el control remoto.
Lorenzón: –Esta es una historia muy compleja, buscamos mucho por dónde iba porque el relato del libro es muy truculento, muy lúgubre, con cantidad de personajes que están todos vinculados entre sí. Para nosotros es una suerte tener un historia tan fuerte que involucra a todos. Lo que sucede en aquella punta afecta a la otra entonces hay que estar muy atentos a que eso esté sincronizado todo el tiempo.
Camaño: –La idea de Claudio [Villarruel] y Bernarda [Llorente] desde un principio fue que ésta fuera una novela para escuchar. Por supuesto que la TV es entretenimiento y se la mira mientras se da de comer a los pibes y se atiende el teléfono, pero queríamos hacer una tira que se escuchara, en la que se dijeran cosas. Tenemos que repetir información para que los espectadores no se pierdan, pero está pensada así: “Te perdiste un capítulo, que pena para vos”.
Sincronicen sus relojes
Hubo una época en que era posible usar como sinónimos la hora que marcaba el reloj con el momento exacto del día en que empezaba la telenovela preferida. “Es la hora de mi novela”, decían hasta hace poco tiempo los seguidores de este género. En la TV actual ese juego del lenguaje es imposible, pero los autores de “Montecristo” encontraron una buena manera de reemplazar esa costumbre. “Es a.M. y d.M. Hay gente que nos cuenta que organiza su noche según esas coordenadas”, dirán. Y la explicación no se hace esperar, a diferencia de la mayoría de los ciclos de la pantalla chica. “Es que a.M. y d.M. son las siglas de antes de «Montecristo» y después de «Montecristo». Los seguidores son bastante ocurrentes”, se ríe Camaño. Tanto él como Lorenzón miran los capítulos al mismo tiempo que el público y con la misma pasión. O casi.
“Una mamá del colegio de mi hijo me dijo el otro día muy seria: «Si no se encuentran la semana que viene te retiro el saludo»”, dice Lorenzón con un sonrisa, aunque cada vez que abra su casilla de mails la encuentre tapada de mensajes de sus amigos y conocidos que utilizan variados insultos para pedirle que reúna a los protagonistas.
“Estamos muy concentrados en la historia y a veces nos preguntamos cuánto debería durar esta novela. Porque ya vemos que 150 capítulos no nos van a alcanzar. Este relato no tiene mesetas porque todo el tiempo se abre un juego nuevo. Puntos de giro tenemos para tirar al techo”, se entusiasma Lorenzón mientras desde la mesa de trabajo “El conde de Montecristo” vuelve a abrirse para sumar material a la telenovela que todas las noches le hace un brillante homenaje.
Por Natalia Trzenko
Foto: Gustavo Seiguer
De la Redacción de LA NACION
Lo mejor que pasó y lo que está por venir

En los casi dos meses que lleva “Montecristo” en el aire hubo muchas escenas fuertes, esas que por su contenido dramático quedarán en los oídos y las retinas del espectador mucho tiempo después de vistas. Entre ellas figura algunas de impresionante despliegue técnico, como la del escape de la prisión marroquí, y sobre todo otras de enorme despliegue emocional. A saber: el primer acercamiento de Santiago (Echarri) a la que fue su novia, Laura (Krum), y el momento en que cree descubrir que ella tuvo un hijo con su enemigo; el reencuentro de Santiago con Sarita (Rita Cortese), la mujer que lo crió; la desesperación de Marcos (Joaquín Furriel) cuando Laura le propone separarse y, entre las más recientes, la gran escena jugada por Paola Krum y Virginia Lago en la que ésta le revela a su supuesta sobrina que no lo es.
Claro que la secuencia más conmovedora todavía no sucedió: el momento en que Laura y Santiago vuelvan a encontrarse cara a cara. Hasta ahora los acercamientos de la pareja sirvieron para aumentar aún más la expectativa: Los amantes separados injustamente se cruzaron en la casa de Santiago aunque siempre a través de la cámara Gesell instalada para espiar a los visitantes; en la calle dónde Laura lo vio de espaldas; en el asalto al restaurante del tenebroso Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro) dónde, máscara mediante, Santiago se acercó a su amada/odiada Laura. Y, finalmente esta semana, compartieron un beso mientras la protagonista estaba bajo los efectos de la anestesia.
No se sabe todavía cuándo llegará el encuentro, pero sus autores adelantan que será todo menos sencillo: “Será muy difícil porque en su relación no hay un perdón que alcance”.

http://www.nuncamas.org/investig/menores/r2080.htm

(Caso mencionado en Ford, La marca de la bestia, pag.265)
Reggiardo Tolosa, Matías Angel

Menores y jóvenes restituidos

Madre: María Rosa Ana
TOLOSA Matías Angel
REGGIARDO TOLOSA Padre: Juan Enrique
REGGIARDO

Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1977 (en cautiverio)
Edad a la fecha del secuestro: alrededor de 6 meses de gestación
Zona de Secuestro: 1
Fecha de secuestro: Febrero de 1977
Vista en CCD: La Cacha
Zona de CCD: 1/11/113
Fecha de localización: 1989
Fecha de restitución: Noviembre de 1993

María Rosa tuvo mellizos durante su cautiverio: Matías Angel y Gonzalo Javier.

Por denuncias recibidas por la familia de la desaparecida Liliana Ross, los niños apropiados por el Subcomisario Samuel Miara fueron buscados como hijos de esta joven que desapareció embarazada.

Los Miara huyeron a Paraguay cuando el juez ordenó los análisis inmunogenéticos.

Cuando se consiguió la extradición y los apropiadores volvieron con los dos niños, el Banco Nacional de Datos Genéticos determinó que eran los hijos de la pareja formada por Juan Enrique REGGIARDO y María Rosa Ana TOLOSA, quienes permanecieron detenidos en el centro clandestino de detención “La Cacha”, de donde María Rosa fue sacada para dar a luz y ya no fue devuelta. Los jóvenes habían sido secuestrados en febrero de 1977.

Los mellizos fueron identificados en 1989. Recién en 1993, la Justicia les devolvió su identidad y fueron restituidos a su familia biológica.

Por intromisión de personas extrañas al caso y por la violenta campaña contra la restitución de la identidad a los menores desaparecidos desatada desde algunos medios de comunicación, la relación con la familia materna, que se estaba iniciando bien, fue entorpecida. Hasta alcanzar la mayoría de edad, los mellizos Gonzalo y Matías vivieron con una familia sustituta.

Actualmente mantienen contacto con la familia biológica y conocen la verdad de su historia.

Sus padres permanecen desaparecidos.

http://www.clarin.com/diario/1998/09/22/t-01201d.htm
Edición Martes 22.09.1998 » Política » Medio millón para reparar una parte de la historia

DERECHOS HUMANOS: LOS MELLIZOS REGGIARDO TOLOSA, HIJOS DE DESAPARECIDOS
Medio millón para reparar una parte de la historia

Se los dará el Estado
• Porque ya tienen 21 años
• Ellos volvieron a vivir con Miara, quien se los apropió al nacer

Por DANIEL GUTMAN. De la Redacción de Clarín
Los mellizos Reggiardo Tolosa cobrarán en los próximos días la indemnización que les corresponde como herederos de sus padres, desaparecidos durante la última dictadura militar.El Ministerio del Interior emitió el último jueves, con los números 1835/98 y 1836/98, las dos resoluciones que benefician a los hermanos que fueron secuestrados y privados de su verdadera identidad por el ex torturador Samuel Miara y su esposa, Beatriz Castillo, en mayo de 1977. Pocos días antes habían nacido en un parto clandestino, en el penal platense de Olmos.Los mellizos, a quienes la Justicia les devolvió el apellido Reggiardo Tolosa en 1993, hoy están viviendo otra vez con los Miara. En mayo último, cuando alcanzaron la mayoría de edad, al cumplir 21 años, decidieron volver con quienes los habían anotado como hijos propios. Así se lo confirmó a Clarín el abogado del ex subcomisario Miara, el ex funcionario de la dictadura Jaime Smart. Otras dos fuentes informaron lo mismo.Hasta entonces, los dos jóvenes habían estado con una familia sustituta por decisión del juez Jorge Ballestero, que ejercía la tutela legal sobre ambos y fue quien inició en 1996 el trámite para obtener la indemnización.La reparación que establece la ley 24.411 para las víctimas del terrorismo de Estado es de una suma equivalente a cien sueldos de un empleado de la administración pública nivel A. Gonzalo y Matías cobrarán 448 mil pesos en bonos por la desaparición de sus padres (224 mil por cada uno), Juan Enrique Reggiardo y María Rosa Tolosa.El matrimonio Miara, que se había afincado en Caballito en los últimos años, ahora volvió a vivir con los mellizos en Ciudadela, la misma zona del Gran Buenos Aires desde donde en 1985 habían huido al Paraguay de Alfredo Stroessner. Aquel año, la organización Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a sospechar que los chicos eran hijos de desaparecidos. Desde ese país serían extraditados en 1989.Matías estudia hotelería y trabaja en una agencia de turismo. Gonzalo tiene un alto promedio en la carrera de Ingeniería electrónica, en la Universidad Tecnológica Nacional, y colabora con Miara en la fábrica de zapatos que tiene el ex torturador.Ambos jóvenes estudian inglés y tienen proyectos: irse a vivir solos y viajar por el mundo, posiblemente a hacer algún posgrado. Las fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que los mellizos atraviesan un buen momento luego del sufrimiento que les generó la exposición pública de su caso, en 1994.Durante ese año, los hermanos fueron restituidos a su familia de sangre. Vivieron seis meses en la casa de su tío Eduardo Tolosa, que en un principio había iniciado una querella contra Miara, pero luego desistió.Cuando vivían con su tío, según recordó un protagonista de aquel proceso, querían que los Miara y los Tolosa se juntaran los domingos a comer, como una gran familia. La restitución fracasó. Eduardo Tolosa, finalmente, renunció a la guarda de los chicos, que fueron adjudicados a una familia sustituta. Esta, de apellido García, tenía y todavía conserva relación con los Miara.Los mellizos leyeron el libro Nacidos en la sombra, de Andrea Rodríguez, que cuenta la historia de su secuestro y la actuación de Miara como torturador, en los centros clandestinos de detención El Banco, El Olimpo y Club Atlético. De todas maneras, el único familiar con el que tienen contacto hoy es Elina Peralta López, una prima de su madre. La familia, igualmente, confía en que algún día se autorrestituyan, como dijo un pariente que pidió no ser nombrado.Mientras tanto, Miara enfrenta la posibilidad cierta de volver a la cárcel en los próximos meses. Y, según dijo a Clarín su abogado, no dudará en cumplir lo que establezca la Justicia.El 22 de diciembre de 1994, el ex represor fue condenado a siete años y medio de prisión por el juez Ballestero. Pero al día siguiente salió en libertad condicional, porque ya había pasado más de seis años detenido por la misma causa.Un año después, la Sala II de la Cámara Federal le aumentó su pena a doce años, pero la Corte Suprema anuló ese fallo. El máximo tribunal consideró que no tenía suficientes fundamentos y que no se habían valorado las circunstancias atenuantes. Con los votos de los cinco jueces considerados más cercanos al Gobierno, el tribunal hizo referencia a que la esposa de Miara había perdido un embarazo pocos meses antes del secuestro de los Reggiardo Tolosa.El 28 de agosto, la Sala I de la Cámara confirmó la condena a doce años. El abogado de Miara presentó hace pocos días un recurso extraordinario para que el caso vuelva a la Corte. Es su última oportunidad de no volver a una celda.

http://www.fcen.uba.ar/prensa/micro/1994/ms154.htm

CONFLICTO POR LOS MELLIZOS REGGIARDO-TOLOSA. A raiz del escandalo
generado por la presencia de los mellizos Reggiardo-Tolosa en varios
programas televisivos, el juez Jorge Ballesteros, que tiene a su
cargo la causa por la tenencia de los jovenes, hijos de
detenidos-desaparecidos, dispuso cambiar la guarda, que estaba a
cargo de un familiar. Los dos hermanos, de 17 a#os, viviran
provisoriamente con una familia substituta. Entretanto, el juez
Ballesteros sufrio un atentado intimidatorio el martes 31 de mayo,
cuando a su antigua vivienda llego un paquete con dos granadas, que
no alcanzaron a explotar.

Ballesteros habia dispuesto el 5 de noviembre pasado que los mellizos
Matias y Gonzalo vivieran con sus familiares legitimos, estando a cargo de un
tio. Durante 16 a#os los dos menores estuvieron en poder del ex-comisario de
la Policia Federal Samuel Miara y su esposa Beatriz Castillo. Segun
testimonios de ex detenidos en centros clandestinos de detencion, Samuel
Miara formo parte de grupos represivos durante la ultima dictadura,

En el centro clandestino de “La Cacha”, ubicado en cercanias de la
carcel de Olmos (prov. de Bs. As.) estuvieron detenidos Juan Enrique
Reggiardo, dibujante, y su esposa, Maria Rosa Tolosa, estudiante de
arquitectura, y embarazada de seis meses al momento de su detencion, el 8 de
febrero de 1977. Luego de la detencion se perdio el rastro, desconociendose
el paradero de la pareja, de Antonia Oldani de Reggiardo (madre de Juan
Enrique) y de los ni#os que Maria Rosa llevaba en su vientre, y que nacieron
el 28 de abril de 1977.

En 1984, la organizacion Abuelas de Plaza de Mayo (formada por
familiares de detenidos-desaparecidos) pudo ubicar a una pareja de ni#os, en
poder de Miara y su mujer. En un primer momento se supuso que eran hijos de
otros detenidos-desaparecidos, pero los examenes de histocompatibilidad
realizados por orden de la justicia determinaron la verdadera identidad de
los dos hermanos.

Recien a fines de 1993 la Justicia puso a los hermanos Matias y
Gonzalo bajo custodia de su legitima familia. Esos nueve a#os de demora se
debieron no solo al lento trabajo de la justicia argentina sino tambien a la
fuga del matrimonio Miara. En 1986 los Miara se fugaron al Paraguay,
llevandose consigo a los dos chicos. Tras arduas tratativas diplomaticas en
1989 se logro la extradicion de la pareja y el retorno de los ni#os, y en
1991 el juez Weschler le dicto la prision preventiva a Miara, por el delito
de supresion de identidad.

Pero este no es el unico contacto que tuvo el comisario Miara con la
Justicia. Segun declararon a la Comision Nacional de Desaparicion de
Personas (CONADEP, organismo encargado en 1984 de estudiar la represion
ilegal en la Argentina del “Proceso”), Samuel Miara, con el alias de
“Cobani”, fue torturador de los campos de concentracion de “El Banco”, “El
Atletico” y “El Olimpo”. Tambien fue acusado de violar a una detenida, segun
consta en legajos de la CONADEP.

Tambien durante la ultima dictadura, Miara fue acusado de ser
participe del secuestro de Veronika Moskovitz y de Roberto Apstein, hijos de
empresarios judios. A#os despues, en 1991, los policias detenidos por el
secuestro del empresario Mauricio Macri, (la tristemente afamada “banda de
los comisarios”), tambien involucraron a Miara en el secuestro del empresario
Benjamin Neuman.

No hubo ninguna condena a Miara por estos tres casos, pero aparecio
el sugestivo hecho que Moskovitz, Apstein, y el hijo de Neuman estudiasen en
la Escuela del Sol. En este colegio, donde concurrian hijos de empresarios
judios, trabajaba como celadora Norma Miara de Longarella, hermana del
comisario. Como dice la nota del periodista Horacio Verbistky, aparecida el
domingo 5 en “Pagina/12″: Condenas, ninguna. Coincidencias, todas”.

Por su supuesta vinculacion a la “banda de los comisarios”, Miara fue
detenido y procesado por “asociacion ilicita y secuestro extorsivo”. Pero
luego, los miembros de la banda cambiaron sus declaraciones por lo que el
juez de la causa dispuso la libertad de Miara por falta de merito, y el 12 de
octubre de 1993 dicto su sobreseimiento provisional.

Con respecto a los mellizos, Estela Carlotto, presidenta de las
Abuelas de Plaza de Mayo, opino que “veo con preocupacion y con dolor como
dos chicos, que viven una dura ralidad por el terrorismo de Estado, han sido
victimizados por los medios de comunicacion”. Continuo diciendo la dirigenta
de derechos humanos que, “no tenemos que ocultar que en esto han intervenido
presiones de terceros, como algunos comunicadores, tales son los casos de
Bernardo Neustadt, Marcelo Longobardi y Daniel Haddad, entre otros, que en
una accion descalificadora han puesto al desnudo a estos chicos frente a la
sociedad, una sociedad que interpreta los hechos con mucha liviandad”.

Estela Carlotto agrego que “aqui se quiere hacer creer a la sociedad
que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, despues de las
dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer
(por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.

La participacion de los dos menores, (una “operacion de prensa”), se
realizo en los programas “Tiempo Nuevo”, de Bernardo Neustadt, celebre amigo
de todas las tiranias argentinas; en la audicion de Samuel Gelblung, quien
fue uno de los jefes de la revista “Gente” durante los a#os de la dictadura;
y en “H&L”, el programa que dirigen los jovenes Haddad y Longobardi, que
reunen todas las condiciones para ser considerados los sucesores de Neustadt.
(Fuentes: Clarin 1/6, La Nacion 2, 3 y 4/6, y Pagina/12 5/6/94) -|-

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-30877-2004-01-28.html
El país del Miércoles/28-Ene-2004(4)|Hoy
LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
A los 25 años de edad y tras mucho tiempo de sospechas, Juan Cabandié Alfonsín recuperó su nombre y conoció a su familia.Nació en la ESMA y fue apropiado por un agente de inteligencia.

Estela Carlotto explicó que Juan se acercó a las Abuelas porque sospechaba de sus apropiadores.
Subnotas
• “Un hombre peligroso”
Por Irina Hauser
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como “Fuerzas Conjuntas” volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. “Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan”, detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Yo me quiero llamar así, Juan”, dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: “Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor”. “Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima”, agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que “a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme”, reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. “Muñeca”, como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: “Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores”. Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
“Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia”, confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. “Me llevé una gran sorpresa”, suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. “Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá”, dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. “Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe”, solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan “está aún en shock” y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos.

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=860701

Revista
Publicado en la ed. impresa: Revista
Domingo 26 de noviembre de 2006
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Nota de Tapa I

El fenómeno Montecristo

La novela que protagonizan Pablo Echarri y Paola Krum es uno de los ciclos de mayor rating de la televisión argentina. Con temas tan delicados como la apropiación de niños por parte de la última dictadura militar y los desaparecidos como ejes, la trama generó en la teleaudiencia una aceptación total

Montecristo, la novela protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum, figura entre los ciclos con más alto rating de la TV argentina durante este año. La planilla de medición de audiencia registra la cantidad de televisores encendidos y el canal en el que están sintonizados. Hasta allí, un asunto que condiciona los movimientos de la industria de la televisión y la publicidad. En la sociedad, en cambio, cuando se apaga el televisor se enciende el verdadero poder de la TV: su capacidad para instalar los temas en la agenda colectiva. En palabras del teórico francés Dominique Wolton, “la televisión es un formidable instrumento de comunicación entre los individuos. Lo más importante no es lo que se ha visto, sino el hecho de hablar de lo que se ha visto. La televisión es un objeto de conversación. La televisión es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los habitantes rurales y los urbanos. Todo el mundo mira la televisión y habla de lo que ha visto. ¿Qué otra actividad es hoy día tan transversal?”

Medido con la vara de las charlas compartidas, a Montecristo le corresponde la virtud de haber puesto en boca de los argentinos la apropiación de niños durante la última dictadura militar y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, empeñadas en recuperar a sus nietos para devolverles la identidad robada. Pero la influencia social de la novela fue más allá de las palabras y se tradujo en hechos: desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.

Escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la telenovela producida por Telefé Contenidos toma como disparador El conde de Montecristo, la obra de Alejandro Dumas, para construir una versión libre de esa historia de traición y venganza. Adaptada a la realidad argentina, el personaje de Santiago (Pablo Echarri), víctima de un siniestro plan de su amigo Marcos, después de pasar diez años en una prisión de Marruecos regresa a Buenos Aires decidido a vengarse. Aquí lo espera más espanto: su antigua novia, Laura (Paola Krum), está casada con Marcos, es hija de desaparecidos y fue criada por un torturador, Lisandro (Roberto Carnaghi).

“En la Argentina ya se había escrito mucho sobre los desaparecidos y la apropiación de niños, pero el mensaje no se transmitía más que al sector de los interesados en el tema –sostiene Adriana Lorenzón–. El acierto de Montecristo fue tocar el tema en un género tan popular como es la telenovela. Eso nos permitió llegar a muchos ciudadanos para quienes la tarea de Abuelas no formaba parte de su vida cotidiana. A raíz del programa, esa gente incluyó esa realidad en sus conversaciones.”

A nadie se le escapa que el género de la telenovela fue concebido para audiencias masivas. Pero el formato por sí mismo no garantiza la aceptación del público. ¿Cómo se explica entonces la gran repercusión de Montecristo? Según el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director del Proyecto Comunicación y miembro del Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tira basa su éxito en una conjunción de elementos: “Es una historia clásica porque toma un viejo tema del melodrama, el reconocimiento de la identidad, pero lo cuenta desde el presente político, y lo hace en el marco de una Argentina donde el actual gobierno ha vuelto a poner en primer plano la historia reciente de la dictadura y la necesidad de encontrar la verdad y la justicia. Si a eso se suman los destacados trabajos actorales, el resultado es una buena telenovela. Que la telenovela esté bien hecha es importante porque el televidente no se dispone a ver un ciclo periodístico ni político ni de denuncia, sino una buena historia”.

Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora del Conicet-IDES, acuerda: “Es una telenovela con todos los elementos de una buena narrativa: tiene complejidad de personajes, matices, situaciones de ambivalencia y dilemas morales”.

A decir verdad, ni los autores pudieron escapar de los conflictos éticos. Cuenta Adriana Lorenzón que diseñar el personaje de Lisandro, el torturador que se apropió de Laura, no fue tarea sencilla: “Tuve que romper con mi prejuicio para poder guionarlo –admite–. Yo lo veía como un villano total porque, para mí, ese nivel de violencia y de maldad es injustificable. Pero, para interpretarlo, Roberto Carnaghi necesitaba quererlo y encontrar las justificaciones propias de un tipo como Lisandro”. Puesto a construir un victimario verosímil, Carnaghi le soltó a la guionista un argumento propio de un represor: “Imaginate que este tipo no pudo ver el Mundial del ’78 –le dijo Carnaghi a Lorenzón, en relación con Lisandro–, porque cuando había partidos era cuando más se torturaba. Pensá que Lisandro se perdió el Mundial”.

La tele que educa

“En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia”, explica Quevedo, y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”, razona Quevedo.

México no es el único país de la región que utiliza la telenovela para movilizar conciencias. En Brasil, en el año 2000, Lazos de familia, producida por la Rede Globo, funcionó como una verdadera campaña a favor de la donación de órganos. A través del personaje de Camila, una muchacha que padecía leucemia y necesitaba un trasplante de médula para salvarse, el ciclo transmitió al público masivo el mensaje de que existen órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Osea saltó de 20 a 900 por mes.

Para que una ficción televisiva logre modificar la conducta de personas de carne y hueso es necesario que su prédica caiga en terreno fértil, que la sociedad esté dispuesta a recibirlo. ¿Habría producido Montecristo la misma conmoción colectiva sin la distancia que separa los crímenes cometidos del presente? Adriana Lorenzón baraja la historia argentina y plantea sus hipótesis: “Un buen momento podría haber sido cuando tuvo lugar el juicio a las juntas militares, porque entonces teníamos el ímpetu de querer encontrar una respuesta. Luego ya no, porque vino la decepción de la Ley de Obediencia Debida y los indultos. Este año fue particularmente apto para hacer esta novela porque en la sociedad hay una cierta apertura al tema. Por un lado, porque se cumplieron 30 años del golpe y de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. Por el otro, porque, fruto de la derogación de los indultos y de la reapertura de los juicios a los responsables del horror, se ha despejado el camino para seguir buscando la verdad y la justicia”.

Psicóloga, doctorada en psicoanálisis en la Universidad de París VII y autora de Dolor país y No me hubiera gustado morir en los 90, Silvia Bleichmar opina que Montecristo genera “un nivel de identificación muy profundo en los espectadores”. A su modo de ver, “es una novela que, en vez de convocar a la ensoñación, convoca a realizar las tareas pendientes en la búsqueda de la identidad. En la Argentina, la preocupación por la identidad está presente, y no sólo en relación con los crímenes del terrorismo de Estado. Hay personas de más de 50 años que en la infancia fueron adoptadas de modo ilegal y que a estas alturas de su vida han comenzado a preguntarse quiénes son”. (Ver recuadro aparte.)

¿Justicia o venganza? En esa encrucijada está atrapado el personaje de Pablo Echarri. “Lo que plantea Montecristo es la banalidad de la venganza, que es un circuito irreparable pero aparece como una tentación permanente cuando no hay justicia –analiza Bleichmar–. La justicia es la forma en que las víctimas se sienten liberadas de la obligación de hacerse cargo de la venganza. En ese sentido, la sociedad argentina se ha manejado con enorme responsabilidad: no hay un solo torturador ajusticiado por su víctima ni un apropiador ajusticiado por una abuela. Por eso, es falso el debate acerca de si las víctimas buscan venganza. Además, en la medida en que los victimarios no piden perdón y se jactan de sus acciones, es perverso pedirles a las víctimas que los perdonen. El perdón se puede otorgar únicamente sobre la base del arrepentimiento del culpable, nunca como el pedido de una concesión más.”

Es evidente que Montecristo ha puesto el dedo en varias llagas. La duda del millón es qué sucederá en la sociedad cuando la tira ya no esté en la pantalla. Elizabeth Jelin pone signos de interrogación en el horizonte: “Cuando termine la novela se verá si este saber que la televisión ha llevado a audiencias masivas se convierte en un tema de reflexión y debate en los sectores que estaban más o menos ajenos al tema de la apropiación de niños, o si Montecristo quedará como un producto televisivo de ficción sin consecuencias sociales duraderas”.

Por Adriana Schettini

En busca de la identidad

Sabido es que el delito de apropiación de criaturas nada tiene que ver con la grandeza de alma que lleva a hombres y mujeres a adoptar un niño. Pero en un país con larga tradición de desapego a la ley, el bien y el mal se tocan.

“La dictadura pudo concretar el horror con los hijos de los desaparecidos porque en la Argentina ya existía impunidad respecto de la apropiación de niños. Hasta hace 15 o 20 años era corriente la apropiación de los niños de las clases pobres inscribiéndolos bajo una forma que ocultaba la verdad. Ni siquiera al niño se le decía la verdad sobre su origen biológico. Esoya no ocurre. Más aún, el Registro Nacional de Identidad permite que el hijo adoptivo acceda al expediente para saber quiénes lo engendraron”, dice la psicóloga Silvia Bleichmar.

–¿Es ésa la pregunta central en la vida de quien ha sido adoptado?

–El gran enigma del niño adoptivo no es quién lo engendró, sino por qué no se quedaron con él. Hay una pregunta que se repite en los consultorios: “¿Qué hice yo para que mi madre biológica no me tuviera con ella?”.

–¿Qué se entiende por identidad?

–No es verdad que la identidad de una persona sea la identidad biológica de origen. La identidad es la que se construye en la vida de un ser humano. Pero en la medida en que hay un enigma sobre la identidad biológica el sujeto no puede construir su identidad actual, porque para hacerlo necesita abandonar previamente el mito de la identidad perdida.

–¿Influyó la apropiación de niños en las preguntas que se hacen los hijos adoptivos?

–A finales de los años 80 y durante los 90, un alto número de chicos legalmente adoptados comenzaron a manifestar sus fantasías de ser hijos de desaparecidos. Desde el punto de vista psíquico, loslesionaba menos la idea de haber sido robados de padres que los amaron que la de haber sido abandonados por sus padres biológicos.

El original de Alejandro Dumas

Después de un accidentado viaje en barco, el honesto oficial Edmundo Dantés, a punto de recibir la promoción de capitán, regresa a Marsella, donde vive, dispuesto a casarse con una bella catalana, Mercedes. Sin embargo, el destino le tiene reservado otros planes y, acusado infundadamente de ser agente bonapartista, es injustamente encarcelado por la denuncia de su mejor amigo, Fernando Montego, que aspira al amor de la misma mujer.

Condenado a cumplir su pena en el castillo de If, una prisión de la que nadie ha conseguido escapar, Edmundo envejece en una celda junto a un anciano llamado Faría, un religioso erudito que es su compañero durante trece años. Este hombre le revelará un secreto, un lugar donde hay enterrado un tesoro (decenas de cajas llenas de monedas de oro). Y la forma de escapar de la prisión…

Así comienza la segunda parte, cuando Edmundo se convierte en el Conde de Montecristo y regresa para vengarse. Bajo distintas personalidades –desde un abate italiano hasta un rico banquero inglés–, Edmundo Dantés vuelve a Marsella y descubre, con perplejidad, que todos aquellos que lo traicionaron han triunfado. Creyéndolo muerto, su ex novia se ha casado con quien había sido su mejor amigo, Fernando, convertido ahora en Conde de Moncerf. La pareja ha tenido un hijo, Albert, al que Montecristo siente como propio. La novela es el relato pormenorizado de la venganza de Edmundo, trazada paso a paso durante los duros y lúgubres años de cárcel.

Es considerado el mejor trabajo de Alejandro Dumas (padre), que lo concluyó en 1844 y fue publicándolo en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes. La aparición de este folletín en el Journal de Debats, un diario de París, produjo un fenómeno de masas desconocido para la época. Sus lectores escribían cartas a la redacción solicitando la revelación anticipada del desenlace de la historia y la gente empezó a dar vida a los personajes de la novela, que adquirieron sorprendente dimensión histórica, a pesar de ser enteramente ficticios.

El origen de El Conde de Montecristo surgió de una historia que el propio Dumas declaró haber leído en las Memorias de Jacques Peuchet, un archivista de la policía de París. En El diamante y la venganza, Peuchet contaba la historia de un obrero y zapatero llamado Francis Picaud, que vivía en París en 1807 y quien, a punto de casarse con una rica candidata, visita a un amigo suyo que, junto a tres pícaros, decide apostar a que la boda del inocente enamorado podía aplazarse por algunos días. Lo acusaron a la policía de ser un espía inglés y la broma se les fue de las manos. El inocente fue apresado y pasó siete años en una cárcel en Italia. Al salir, el otrora ingenuo Picaud tomó un nuevo nombre y entró a trabajar al servicio de un sacerdote que lo apadrinó y lo designó su heredero universal. Rico y ennoblecido, el bueno de Picaud inició una venganza en cadena contra cada uno de sus ofensores.

Este fue el origen del argumento de El Conde de Montecristo. Dumas tomó la idea de Peuchet explotando sin el menor escrúpulo la satisfacción pagana que producía en sus lectores ser testigos de la ejecución de una venganza, que para muchos era sencillamente ejemplar.

IDENTIDAD EN CONFLICTO

ANÁLISIS DE LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDA A PARTIR DE LA FICCIÓN: CASO MONTECRISTO

ALUMNA: DESIRÉE MACRINI
MATERIA: SEMIÓTICA DE LOS MEDIOS CONTEMPORÁNEOS
COMISIÓN: MIÉRCOLES NOCHE
AÑO: 2007

En el presente trabajo se analizará de qué forma y con qué efectos se introduce el tema robo de bebés durante la última dictadura militar en la telenovela Montecristo y cómo dicha ficción contribuye a la inclusión del tema en la Agenda social y en el Imaginario social.
“Montecristo, un amor, una venganza”, es una adaptación libre de la novela de folletín de Alejandro Dumas publicada a lo largo de 1845 y 1846, en una serie de 18 partes. La historia inicia con un flashback a 1995 cuando Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) y Marcos Lombardo (Joaquín Furriel) parten hacia Marruecos para participar de una competencia de esgrima. En Buenos Aires Santiago deja a Laura Ledesma, quien espera un hijo de él aunque todavía no lo sabe y Marcos a su padre, Alberto Lombardo, ex médico encargado de los partos clandestinos en Campo de Mayo. Este último, acorralado por las investigaciones del juez Díaz Herrera, padre de Santiago, decide mandar a matar al magistrado y le exige a Marcos que participe en la emboscada orquestada para asesinar a Santiago, quien logra sobrevivir aunque permanecerá diez años en una cárcel de Marruecos. De vuelta al tiempo en el que transcurre la novela, 2005, Marcos está casado con Laura y le ha dado su apellido al hijo que ella concibiera con Santiago mientras que Lombardo padre ha logrado detener la investigación en su contra. Santiago logra escapar de la cárcel y ayudado por Victoria Sáenz (Viviana Saccone), una cirujana que debió exiliarse desde chica en España después del secuestro de sus padres durante la dictadura, vuelve a Buenos Aires para planificar la venganza con el botín cuya ubicación le ha develado un compañero de prisión. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama de la venganza aparece un nuevo hilo conductor, la búsqueda de la identidad. Ante el dilema que se le plantea a Laura sobre si es conveniente o no contarle a su hijo Matías quién es su verdadero padre, ella misma comienza a cuestionarse su origen. Inicia entonces una búsqueda desesperada de información, pero ante la negativa de Lisandro Donoso (Roberto Carnaghi), su apropiador, de revelar la verdad y ante el desconocimiento e ingenuidad de su mujer (Virginia Lago) decide buscar por su cuenta. Así llega a enterarse que Alberto Lombardo fue el que atendió el parto de su madre y el que la entregó a Donoso, quien trabajaba en el casino de oficiales de Campo de Mayo, se contacta con las Abuelas de Plaza de Mayo y se realiza el análisis de ADN que determina que es la hermana secuestrada que había buscado toda su vida Victoria Sáenz. Laura Ledesma recuperará su identidad y pasará a llamarse Laura Sáenz.
Si bien el tema se había tratado tangencialmente en otro programa , esta es la primera vez que el tema de la recuperación de la identidad se desarrolla en profundidad y adquiere relevancia central en una telenovela de horario central de este tipo. Este hecho ha tenido una repercusión mediática y social notoria y aún lo sigue teniendo como lo demuestra el premio otorgado el 18 de mayo de 2007 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, “por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”. Para dar cuenta cabalmente del devenir del conflicto el análisis se hará en base a la totalidad de la emisión, pero enfocándonos en el personaje de Laura Ledesma/Sáenz.
A partir del criterio de catalogación “relación de los contenidos con los referentes” que plantea Orza , se considera que Montecristo es un tipo de discurso ficcional porque se basa en un campo de referencia interno, que si bien puede presentar distintos “grados de alejamiento/aproximación con la realidad referencial (…) muy difícilmente llega a superponerse a ésta mediante la representación directa de acontecimientos, personas u objetos reales”. Dentro del discurso ficcional Montecristo se caracteriza por ser una telenovela, ya que tenía una frecuencia de emisión diaria, aunque a diferencia de las telenovelas tradicionales se transmitía en el horario nocturno de 22:30. En cuanto a su estructura interna, presentaba una organización narrativa seriada y con continuidad, una organización espacio-temporal fingida y la presencia de sujetos ficcionales.
En primera instancia se interpretaran las condiciones socio-políticas de producción de la telenovela y el objetivo y trabajo de adaptación de los guionistas. A continuación se caracterizará el tratamiento narrativo de la temática y finalmente se abordarán las repercusiones sociales de la emisión.
Como marco teórico se utilizarán los conceptos de Aníbal Ford sobre cómo los temas críticos ingresan en el imaginario social y en la agenda no sólo por medio de las formas clásicas de información, sino a través de otros géneros y formatos. Además se tomará su análisis de casos para interpretar el cambio en las condiciones de posibilidad que permitió el tratamiento de esta problemática. Se tendrá en cuenta también las distintas corrientes teóricas planteadas por Vilches sobre la dependencia/independencia de los medios con respecto a la estructura de poder y del mismo autor se utilizará la interpretación de cómo la televisión afecta la concepción de la realidad social del público.
En su análisis de la “impronta narrativa” que caracteriza el tratamiento de muchos casos en los géneros informativos Ford habla del tratamiento del caso de los mellizos Reggiardo-Tolosa, bebés robados durante la última dictadura militar. Si bien los mellizos habían sido identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo en 1989, el hecho de que el ex subcomisario Samuel Miara y su mujer, los secuestradores, se hubieran escapado a Paraguay, hizo que recién en 1993 el juez Ballesteros pudiera restituirles su identidad. La determinación del magistrado de darle la custodia en principio a la familia de sangre y después a una sustituta provocó intensos debates en los medios sobre las consecuencias “psicológicas” que esta restitución pudiera tener sobre los adolescentes. En ese momento declaró al respecto Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo: “veo con preocupación y con dolor como dos chicos, que viven una dura realidad por el terrorismo de Estado, han sido victimizados por los medios de comunicación”. Carlotto advirtió que “aquí se quiere hacer creer a la sociedad que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, después de las dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer (por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.
Más allá de la implicación emocional que se advierte la declaración parece transmitir claramente el tenor de las discusiones que se plantearon en ese momento. No había consenso en cuanto a la necesidad de restituirles la verdadera identidad a estos chicos porque el tema no era un bien simbólico en el imaginario social. Este adormecimiento social sin duda tiene que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Alfonsín y por el de Menem: en 1986/1987 se habían sancionado las leyes de Punto final y Obediencia debida y en 1990 se decretaron los indultos que favorecieron a Videla y a Massera.
Ahora bien, nueve años más tarde asumió la presidencia Nestor Kirchner y uno de los pilares de su gestión sería hasta hoy los derechos humanos. En 2005 se sancionó la inconstitucionalidad de las leyes Alfonsinistas y en abril de 2007, se declaró la inconstitucionalidad de los indultos.
Vilches describe tres posiciones teóricas y metodológicas para analizar la relación de los medios con la estructura de poder. La primera sostiene que los medios constituyen una “variable dependiente del sistema político y social”, por lo que están totalmente subordinados a las relaciones de poder y son modelados por estas. La segunda considera que son una variable dependiente y además son “las instituciones dominantes de la sociedad contemporánea a los cuales las otras instituciones se someten” o que aún siendo modelados por la sociedad tienen la autonomía suficiente como para mantener o cambiar un estado de relaciones de fuerza . La última línea y la que será considerada para este análisis sostiene que “el periodismo y el mundo político interactúan adaptándose recíprocamente creando una especie de intercambio simbólico de compensación recíproca” .
En una entrevista a los guionistas de la telenovela Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón , ella afirma que “en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún trasfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.” En realidad, como se desprende de los cambios en materia de legislación, es una herida que había sido suturada a los apurones y se reabrió con el impulso del nuevo gobierno. Como afirman Cantor y Pingree, citados por Vilches: “…el grado de implicación gubernamental influye en el contenido de las Soap Operas más que los valores individuales o el talento y la creatividad de los responsables de estos programas”
Desde el “mundo político” se generaron las condiciones de posibilidad para que estos guionistas consideraran la posibilidad de ligar la adaptación de la novela de folletín al tema de robo de bebés durante la dictadura. El gobierno se encargó de poner el tema nuevamente en la agenda pública impulsando cambios en la legislación o reconvirtiendo el ex centro de detención de la Esma en Museo de la Memoria, por lo que permitió una resignificación del tema en el imaginario social y los guionistas supieron entender que se había convertido en un nuevo bien simbólico que podía tratarse más a fondo en una ficción.
El personaje de Laura Ledesma/Sáenz funciona de forma similar a los “casos” analizados por Ford en los géneros informativos, sólo que hace el recorrido inverso al que hizo el caso Reggiardo-Tolosa, cuyo tratamiento, según Ford, apeló a las convenciones del melodrama recurriendo a la figura mítica del “reconocimiento” de la identidad perdida. La historia de Laura funciona como caso porque ejemplifica la duda, la búsqueda de información y el reencuentro con la verdadera historia personal que relataban desde hacía tiempo los medios periodísticos. El hecho de que se haga desde un género ficcional como la telenovela permite una conexión emocional con el tema por parte de los televidentes, porque es un género popular que siempre se caracterizó por tratar temáticas que se conectan con la tradición mítica de todas las culturas. Las dudas y la búsqueda de Laura son un tema recurrente ya desde el mito de Edipo, donde justamente el cambio de identidad es lo que origina la tragedia. Según Ortolano, “los mitos que cada cultura produce a través de las leyendas, las devociones populares, los relatos folklóricos, los cuentos maravillosos (fairy tales) y también de sus versiones artísticas, literarias y cinematográficas, serían según Jung, manifestaciones concretas del arquetipo universal, más abstracto.” Todos estos relatos cumplieron siempre un papel fundamental en la transmisión de saberes y también de juicios morales y esta también es la función que cumple Montecristo al permitir, como sostiene Vilches, un camino de “aprendizaje social” al partir del cual la televisión “afecta nuestra concepción de la realidad social”.
Al conectar esta temática con lo más primigenio, refuerza su caracterización simbólica en el imaginario social y el establecimiento del tópico en la agenda social, sobre todo teniendo en cuenta la tercera función del mito según Campbell, de carácter sociológico, que es “validar y sostener el sistema moral vigente”. En este caso la “mitologización” del caso refuerza la condena social a los represores secuestradores de bebés e incentiva la búsqueda y la devolución de las identidades perdidas.
Si bien Ford sostiene que la increíble cobertura mediática del caso María Soledad Morales no alcanzó para generar cambios a nivel macro y con una implicancia a nivel nacional duradera, el caso de la telenovela Montecristo es distinto porque se plantea en los medios como canalizadora y reforzadora de cambios a nivel institucional y político que ya se venían dando sobre todo a partir del 2003, con el gobierno de Nestor Kirchner. Además, como sostiene el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia” y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”.
En Montecristo utilizaron la misma estrategia, filmando desde la sede de las Abuelas de Plaza de mayo y dando los datos para contactarse con ellos en diversas oportunidades y lograron un impacto directo en algunos televidentes que ya se venían haciendo los mismos cuestionamientos que Laura. Según La Nación “desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.”
A partir de los aspectos examinados puede concluirse que gracias a condiciones de posibilidad favorables la telenovela Montecristo logra utilizar las herramientas narrativas típicas de un popular género de ficción para reforzar la conciencia de amplios sectores de la sociedad sobre el tema robo de bebés e identidad.

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LLEVÓ A LA TV EL ROBO DE NIÑOS DURANTE LA DICTADURA
“Montecristo” ganó el Martín Fierro de Oro
Se llevó la máxima distinción y su protagonista Pablo Echarri destacó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”. En total recibió 7 estatuillas. Telefé y Canal 13, los más premiados.

La telenovela Montecristo , de Telefé, se alzó anoche con el Martín Fierro de Oro que la Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentina (Aptra) otorgó como momento culminante de la 37ma. entrega de estos lauros a la actividad audiovisual.

La tira que instaló en la ficción televisiva la dramática herencia de la última dictadura militar en materia del robo de niños, cosechó un total de siete lauros.

El envío ideado por Claudio Villarruel y Bernardita Llorente aspiraba a 17 estatuillas (en muchos rubros competía más de un participante del mismo programa) y sumó de la mano de los nombres propios de Pablo Echarri, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi y las “debutantes” María Onetto y Nora Cárpena.

Con ese aporte decisivo de Montecristo, Telefé llegó a 13 premios e igualó la línea de Canal 13 que el año anterior lo había superado ampliamente (18 a 7, incluido el de Oro para Mujeres asesinas).

En la sucesión de arribos al escenario del Auditorio Principal del predio ferial La Rural, Echarri fue la voz cantante del grupo y a la vez que ponderó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”, también sostuvo la importancia que “un canal líder le de espacio a un hecho artístico”.

En esa línea, el lauro para Saccone (ausente por estar filmando en San Luis y que en la tira interpretaba a Victoria, hija de desaparecidos) fue retirado por Pedro Luis Nadal García, el nieto número 79 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

http://www.realtvnews.com.ar/new/destacados.php?id=2868
PUBLICADO EL 18 DE MAYO DE 2007

“Montecristo” premiado

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires entregó a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, una distinción por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”.

http://www.losguionistas.com.ar

Escribiendo un éxito: Montecristo
3969 lecturas

Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón, responsables de los libros de la tira
Los autores de la tira cuentan cómo adaptaron un clásico de la literatura al género más popular de la TV: la telenovela

“Estaba pensando el otro día que para el momento en que él aparece podemos poner una placa que diga «Fin parte I» , como en el libro”, dice Marcelo Camaño, olvidando por un momento que está sentado frente a un grabador, en medio de una entrevista. El y Adriana Lorenzón escriben los guiones de la telenovela que recuperó el melodrama para la TV: “Montecristo”. Parece que no es raro esto de que en cualquier momento, hora de trabajo o no, los guionistas vean aparecer la inspiración y se larguen a pensar, trabajar y jugar con las circunstancias de la tira de Telefé Contenidos que se emite hace casi dos meses por esa pantalla. Y cada visita de la musa implica una vuelta a las fuentes: el libro “El conde de Montecristo”.
Sobre la mesa de trabajo de Lorenzón y Camaño el libraco de 1400 páginas tiene marcas, señaladores y aspecto de ser consultado seguido. “Esto es una maravilla, el final de cada capítulo es un gancho como si [Alejandro] Dumas hubiese escrito para televisión. Bueno, el folletín tenía algo de eso. Si hasta le medían el rating porque si no vendían bien el periódico del día en que salía el capítulo al próximo número no lo ponían”, dice Lorenzón que después de años de transitar los guiones costumbristas de “Buenos vecinos” y “Los Roldán”, entre otros, volvió al primer amor, la telenovela.
Claro que “Montecristo” no es una telenovela como otras, porque aunque respeta todos los tópicos del género lo hace de una manera particular. Ahí están el amor, la venganza, los desencuentros familiares y hasta las identidades confusas, sin embargo en el camino de la página literaria a la pantalla televisiva algo cambió. La realidad argentina se coló de manera inédita en la ficción.
“Primero hubo una relectura del libro y después se trabajó para adaptar «Montecristo» a la Argentina de hoy. Fundamentalmente se trata una historia de amor. Empezamos a trabajar desde un lugar de admiración por el libro porque para nosotros, los que escribimos tele, es una novela básica, fundacional. La idea de Telefé contenidos de poner a la luz el título nos favoreció porque nos dio vía libre para jugar con la novela original”, dice Camaño, responsable el año que pasó de los guiones de “Doble vida” y parte del equipo que realizó “Resistiré”.
–Y ese juego implicó poner al tema de la dictadura y su consecuencias en el centro del relato.
Lorenzón: –Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.
–¿Qué opciones argumentales descartaron?
Camaño: –Los otros temas que barajamos tenían que ver con el narcotráfico o implicaban meternos en política partidaria más directamente: candidaturas y esas cosas que ya se abordaron en otras novelas y nunca muy a fondo.
–En esta oportunidad la excusa política quedó en el centro de la escena.
Camaño: –La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago (Echarri), Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época. Era una vuelta de tuerca que nos cuadraba perfecto, que no se había hecho todavía en la TV, que nos servía para realzar la historia y que suponía saldar una deuda grande de la pantalla chica con este tema.
Lorenzón: –Además este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: “Estoy en paz”. Acá la venganza se va a transformar en justicia.
–¿Cómo trabajaron el hecho de que el héroe de esta telenovela a veces actúa igual o peor que los villanos?
Camaño: –Es difícil porque tenemos un héroe que va y le pega con un palo en la cabeza al malvado. En algún momento hará el arco de vuelta. Por ahora tiene muchas contradicciones, cada vez que hace algo mal se da cuenta, lo sufre. Lo cuidamos mucho, pero nos permitimos pasar ciertos límites que en la novela tradicional no se puede.
Rompiendo moldes
“Montecristo”, con sus escenas de acción, sus largos diálogos cargados de información y sus personajes dotados de más de una cara es novela clásica y de ruptura al mismo tiempo. Una combinación novedosa para una TV que hasta su aparición parecía preferir el humor a la pasión.
–La trama de la tira obliga a dejar de lado el control remoto.
Lorenzón: –Esta es una historia muy compleja, buscamos mucho por dónde iba porque el relato del libro es muy truculento, muy lúgubre, con cantidad de personajes que están todos vinculados entre sí. Para nosotros es una suerte tener un historia tan fuerte que involucra a todos. Lo que sucede en aquella punta afecta a la otra entonces hay que estar muy atentos a que eso esté sincronizado todo el tiempo.
Camaño: –La idea de Claudio [Villarruel] y Bernarda [Llorente] desde un principio fue que ésta fuera una novela para escuchar. Por supuesto que la TV es entretenimiento y se la mira mientras se da de comer a los pibes y se atiende el teléfono, pero queríamos hacer una tira que se escuchara, en la que se dijeran cosas. Tenemos que repetir información para que los espectadores no se pierdan, pero está pensada así: “Te perdiste un capítulo, que pena para vos”.
Sincronicen sus relojes
Hubo una época en que era posible usar como sinónimos la hora que marcaba el reloj con el momento exacto del día en que empezaba la telenovela preferida. “Es la hora de mi novela”, decían hasta hace poco tiempo los seguidores de este género. En la TV actual ese juego del lenguaje es imposible, pero los autores de “Montecristo” encontraron una buena manera de reemplazar esa costumbre. “Es a.M. y d.M. Hay gente que nos cuenta que organiza su noche según esas coordenadas”, dirán. Y la explicación no se hace esperar, a diferencia de la mayoría de los ciclos de la pantalla chica. “Es que a.M. y d.M. son las siglas de antes de «Montecristo» y después de «Montecristo». Los seguidores son bastante ocurrentes”, se ríe Camaño. Tanto él como Lorenzón miran los capítulos al mismo tiempo que el público y con la misma pasión. O casi.
“Una mamá del colegio de mi hijo me dijo el otro día muy seria: «Si no se encuentran la semana que viene te retiro el saludo»”, dice Lorenzón con un sonrisa, aunque cada vez que abra su casilla de mails la encuentre tapada de mensajes de sus amigos y conocidos que utilizan variados insultos para pedirle que reúna a los protagonistas.
“Estamos muy concentrados en la historia y a veces nos preguntamos cuánto debería durar esta novela. Porque ya vemos que 150 capítulos no nos van a alcanzar. Este relato no tiene mesetas porque todo el tiempo se abre un juego nuevo. Puntos de giro tenemos para tirar al techo”, se entusiasma Lorenzón mientras desde la mesa de trabajo “El conde de Montecristo” vuelve a abrirse para sumar material a la telenovela que todas las noches le hace un brillante homenaje.
Por Natalia Trzenko
Foto: Gustavo Seiguer
De la Redacción de LA NACION
Lo mejor que pasó y lo que está por venir

En los casi dos meses que lleva “Montecristo” en el aire hubo muchas escenas fuertes, esas que por su contenido dramático quedarán en los oídos y las retinas del espectador mucho tiempo después de vistas. Entre ellas figura algunas de impresionante despliegue técnico, como la del escape de la prisión marroquí, y sobre todo otras de enorme despliegue emocional. A saber: el primer acercamiento de Santiago (Echarri) a la que fue su novia, Laura (Krum), y el momento en que cree descubrir que ella tuvo un hijo con su enemigo; el reencuentro de Santiago con Sarita (Rita Cortese), la mujer que lo crió; la desesperación de Marcos (Joaquín Furriel) cuando Laura le propone separarse y, entre las más recientes, la gran escena jugada por Paola Krum y Virginia Lago en la que ésta le revela a su supuesta sobrina que no lo es.
Claro que la secuencia más conmovedora todavía no sucedió: el momento en que Laura y Santiago vuelvan a encontrarse cara a cara. Hasta ahora los acercamientos de la pareja sirvieron para aumentar aún más la expectativa: Los amantes separados injustamente se cruzaron en la casa de Santiago aunque siempre a través de la cámara Gesell instalada para espiar a los visitantes; en la calle dónde Laura lo vio de espaldas; en el asalto al restaurante del tenebroso Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro) dónde, máscara mediante, Santiago se acercó a su amada/odiada Laura. Y, finalmente esta semana, compartieron un beso mientras la protagonista estaba bajo los efectos de la anestesia.
No se sabe todavía cuándo llegará el encuentro, pero sus autores adelantan que será todo menos sencillo: “Será muy difícil porque en su relación no hay un perdón que alcance”.

http://www.nuncamas.org/investig/menores/r2080.htm

(Caso mencionado en Ford, La marca de la bestia, pag.265)
Reggiardo Tolosa, Matías Angel

Menores y jóvenes restituidos

Madre: María Rosa Ana
TOLOSA Matías Angel
REGGIARDO TOLOSA Padre: Juan Enrique
REGGIARDO

Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1977 (en cautiverio)
Edad a la fecha del secuestro: alrededor de 6 meses de gestación
Zona de Secuestro: 1
Fecha de secuestro: Febrero de 1977
Vista en CCD: La Cacha
Zona de CCD: 1/11/113
Fecha de localización: 1989
Fecha de restitución: Noviembre de 1993

María Rosa tuvo mellizos durante su cautiverio: Matías Angel y Gonzalo Javier.

Por denuncias recibidas por la familia de la desaparecida Liliana Ross, los niños apropiados por el Subcomisario Samuel Miara fueron buscados como hijos de esta joven que desapareció embarazada.

Los Miara huyeron a Paraguay cuando el juez ordenó los análisis inmunogenéticos.

Cuando se consiguió la extradición y los apropiadores volvieron con los dos niños, el Banco Nacional de Datos Genéticos determinó que eran los hijos de la pareja formada por Juan Enrique REGGIARDO y María Rosa Ana TOLOSA, quienes permanecieron detenidos en el centro clandestino de detención “La Cacha”, de donde María Rosa fue sacada para dar a luz y ya no fue devuelta. Los jóvenes habían sido secuestrados en febrero de 1977.

Los mellizos fueron identificados en 1989. Recién en 1993, la Justicia les devolvió su identidad y fueron restituidos a su familia biológica.

Por intromisión de personas extrañas al caso y por la violenta campaña contra la restitución de la identidad a los menores desaparecidos desatada desde algunos medios de comunicación, la relación con la familia materna, que se estaba iniciando bien, fue entorpecida. Hasta alcanzar la mayoría de edad, los mellizos Gonzalo y Matías vivieron con una familia sustituta.

Actualmente mantienen contacto con la familia biológica y conocen la verdad de su historia.

Sus padres permanecen desaparecidos.

http://www.clarin.com/diario/1998/09/22/t-01201d.htm
Edición Martes 22.09.1998 » Política » Medio millón para reparar una parte de la historia

DERECHOS HUMANOS: LOS MELLIZOS REGGIARDO TOLOSA, HIJOS DE DESAPARECIDOS
Medio millón para reparar una parte de la historia

Se los dará el Estado
• Porque ya tienen 21 años
• Ellos volvieron a vivir con Miara, quien se los apropió al nacer

Por DANIEL GUTMAN. De la Redacción de Clarín
Los mellizos Reggiardo Tolosa cobrarán en los próximos días la indemnización que les corresponde como herederos de sus padres, desaparecidos durante la última dictadura militar.El Ministerio del Interior emitió el último jueves, con los números 1835/98 y 1836/98, las dos resoluciones que benefician a los hermanos que fueron secuestrados y privados de su verdadera identidad por el ex torturador Samuel Miara y su esposa, Beatriz Castillo, en mayo de 1977. Pocos días antes habían nacido en un parto clandestino, en el penal platense de Olmos.Los mellizos, a quienes la Justicia les devolvió el apellido Reggiardo Tolosa en 1993, hoy están viviendo otra vez con los Miara. En mayo último, cuando alcanzaron la mayoría de edad, al cumplir 21 años, decidieron volver con quienes los habían anotado como hijos propios. Así se lo confirmó a Clarín el abogado del ex subcomisario Miara, el ex funcionario de la dictadura Jaime Smart. Otras dos fuentes informaron lo mismo.Hasta entonces, los dos jóvenes habían estado con una familia sustituta por decisión del juez Jorge Ballestero, que ejercía la tutela legal sobre ambos y fue quien inició en 1996 el trámite para obtener la indemnización.La reparación que establece la ley 24.411 para las víctimas del terrorismo de Estado es de una suma equivalente a cien sueldos de un empleado de la administración pública nivel A. Gonzalo y Matías cobrarán 448 mil pesos en bonos por la desaparición de sus padres (224 mil por cada uno), Juan Enrique Reggiardo y María Rosa Tolosa.El matrimonio Miara, que se había afincado en Caballito en los últimos años, ahora volvió a vivir con los mellizos en Ciudadela, la misma zona del Gran Buenos Aires desde donde en 1985 habían huido al Paraguay de Alfredo Stroessner. Aquel año, la organización Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a sospechar que los chicos eran hijos de desaparecidos. Desde ese país serían extraditados en 1989.Matías estudia hotelería y trabaja en una agencia de turismo. Gonzalo tiene un alto promedio en la carrera de Ingeniería electrónica, en la Universidad Tecnológica Nacional, y colabora con Miara en la fábrica de zapatos que tiene el ex torturador.Ambos jóvenes estudian inglés y tienen proyectos: irse a vivir solos y viajar por el mundo, posiblemente a hacer algún posgrado. Las fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que los mellizos atraviesan un buen momento luego del sufrimiento que les generó la exposición pública de su caso, en 1994.Durante ese año, los hermanos fueron restituidos a su familia de sangre. Vivieron seis meses en la casa de su tío Eduardo Tolosa, que en un principio había iniciado una querella contra Miara, pero luego desistió.Cuando vivían con su tío, según recordó un protagonista de aquel proceso, querían que los Miara y los Tolosa se juntaran los domingos a comer, como una gran familia. La restitución fracasó. Eduardo Tolosa, finalmente, renunció a la guarda de los chicos, que fueron adjudicados a una familia sustituta. Esta, de apellido García, tenía y todavía conserva relación con los Miara.Los mellizos leyeron el libro Nacidos en la sombra, de Andrea Rodríguez, que cuenta la historia de su secuestro y la actuación de Miara como torturador, en los centros clandestinos de detención El Banco, El Olimpo y Club Atlético. De todas maneras, el único familiar con el que tienen contacto hoy es Elina Peralta López, una prima de su madre. La familia, igualmente, confía en que algún día se autorrestituyan, como dijo un pariente que pidió no ser nombrado.Mientras tanto, Miara enfrenta la posibilidad cierta de volver a la cárcel en los próximos meses. Y, según dijo a Clarín su abogado, no dudará en cumplir lo que establezca la Justicia.El 22 de diciembre de 1994, el ex represor fue condenado a siete años y medio de prisión por el juez Ballestero. Pero al día siguiente salió en libertad condicional, porque ya había pasado más de seis años detenido por la misma causa.Un año después, la Sala II de la Cámara Federal le aumentó su pena a doce años, pero la Corte Suprema anuló ese fallo. El máximo tribunal consideró que no tenía suficientes fundamentos y que no se habían valorado las circunstancias atenuantes. Con los votos de los cinco jueces considerados más cercanos al Gobierno, el tribunal hizo referencia a que la esposa de Miara había perdido un embarazo pocos meses antes del secuestro de los Reggiardo Tolosa.El 28 de agosto, la Sala I de la Cámara confirmó la condena a doce años. El abogado de Miara presentó hace pocos días un recurso extraordinario para que el caso vuelva a la Corte. Es su última oportunidad de no volver a una celda.

http://www.fcen.uba.ar/prensa/micro/1994/ms154.htm

CONFLICTO POR LOS MELLIZOS REGGIARDO-TOLOSA. A raiz del escandalo
generado por la presencia de los mellizos Reggiardo-Tolosa en varios
programas televisivos, el juez Jorge Ballesteros, que tiene a su
cargo la causa por la tenencia de los jovenes, hijos de
detenidos-desaparecidos, dispuso cambiar la guarda, que estaba a
cargo de un familiar. Los dos hermanos, de 17 a#os, viviran
provisoriamente con una familia substituta. Entretanto, el juez
Ballesteros sufrio un atentado intimidatorio el martes 31 de mayo,
cuando a su antigua vivienda llego un paquete con dos granadas, que
no alcanzaron a explotar.

Ballesteros habia dispuesto el 5 de noviembre pasado que los mellizos
Matias y Gonzalo vivieran con sus familiares legitimos, estando a cargo de un
tio. Durante 16 a#os los dos menores estuvieron en poder del ex-comisario de
la Policia Federal Samuel Miara y su esposa Beatriz Castillo. Segun
testimonios de ex detenidos en centros clandestinos de detencion, Samuel
Miara formo parte de grupos represivos durante la ultima dictadura,

En el centro clandestino de “La Cacha”, ubicado en cercanias de la
carcel de Olmos (prov. de Bs. As.) estuvieron detenidos Juan Enrique
Reggiardo, dibujante, y su esposa, Maria Rosa Tolosa, estudiante de
arquitectura, y embarazada de seis meses al momento de su detencion, el 8 de
febrero de 1977. Luego de la detencion se perdio el rastro, desconociendose
el paradero de la pareja, de Antonia Oldani de Reggiardo (madre de Juan
Enrique) y de los ni#os que Maria Rosa llevaba en su vientre, y que nacieron
el 28 de abril de 1977.

En 1984, la organizacion Abuelas de Plaza de Mayo (formada por
familiares de detenidos-desaparecidos) pudo ubicar a una pareja de ni#os, en
poder de Miara y su mujer. En un primer momento se supuso que eran hijos de
otros detenidos-desaparecidos, pero los examenes de histocompatibilidad
realizados por orden de la justicia determinaron la verdadera identidad de
los dos hermanos.

Recien a fines de 1993 la Justicia puso a los hermanos Matias y
Gonzalo bajo custodia de su legitima familia. Esos nueve a#os de demora se
debieron no solo al lento trabajo de la justicia argentina sino tambien a la
fuga del matrimonio Miara. En 1986 los Miara se fugaron al Paraguay,
llevandose consigo a los dos chicos. Tras arduas tratativas diplomaticas en
1989 se logro la extradicion de la pareja y el retorno de los ni#os, y en
1991 el juez Weschler le dicto la prision preventiva a Miara, por el delito
de supresion de identidad.

Pero este no es el unico contacto que tuvo el comisario Miara con la
Justicia. Segun declararon a la Comision Nacional de Desaparicion de
Personas (CONADEP, organismo encargado en 1984 de estudiar la represion
ilegal en la Argentina del “Proceso”), Samuel Miara, con el alias de
“Cobani”, fue torturador de los campos de concentracion de “El Banco”, “El
Atletico” y “El Olimpo”. Tambien fue acusado de violar a una detenida, segun
consta en legajos de la CONADEP.

Tambien durante la ultima dictadura, Miara fue acusado de ser
participe del secuestro de Veronika Moskovitz y de Roberto Apstein, hijos de
empresarios judios. A#os despues, en 1991, los policias detenidos por el
secuestro del empresario Mauricio Macri, (la tristemente afamada “banda de
los comisarios”), tambien involucraron a Miara en el secuestro del empresario
Benjamin Neuman.

No hubo ninguna condena a Miara por estos tres casos, pero aparecio
el sugestivo hecho que Moskovitz, Apstein, y el hijo de Neuman estudiasen en
la Escuela del Sol. En este colegio, donde concurrian hijos de empresarios
judios, trabajaba como celadora Norma Miara de Longarella, hermana del
comisario. Como dice la nota del periodista Horacio Verbistky, aparecida el
domingo 5 en “Pagina/12″: Condenas, ninguna. Coincidencias, todas”.

Por su supuesta vinculacion a la “banda de los comisarios”, Miara fue
detenido y procesado por “asociacion ilicita y secuestro extorsivo”. Pero
luego, los miembros de la banda cambiaron sus declaraciones por lo que el
juez de la causa dispuso la libertad de Miara por falta de merito, y el 12 de
octubre de 1993 dicto su sobreseimiento provisional.

Con respecto a los mellizos, Estela Carlotto, presidenta de las
Abuelas de Plaza de Mayo, opino que “veo con preocupacion y con dolor como
dos chicos, que viven una dura ralidad por el terrorismo de Estado, han sido
victimizados por los medios de comunicacion”. Continuo diciendo la dirigenta
de derechos humanos que, “no tenemos que ocultar que en esto han intervenido
presiones de terceros, como algunos comunicadores, tales son los casos de
Bernardo Neustadt, Marcelo Longobardi y Daniel Haddad, entre otros, que en
una accion descalificadora han puesto al desnudo a estos chicos frente a la
sociedad, una sociedad que interpreta los hechos con mucha liviandad”.

Estela Carlotto agrego que “aqui se quiere hacer creer a la sociedad
que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, despues de las
dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer
(por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.

La participacion de los dos menores, (una “operacion de prensa”), se
realizo en los programas “Tiempo Nuevo”, de Bernardo Neustadt, celebre amigo
de todas las tiranias argentinas; en la audicion de Samuel Gelblung, quien
fue uno de los jefes de la revista “Gente” durante los a#os de la dictadura;
y en “H&L”, el programa que dirigen los jovenes Haddad y Longobardi, que
reunen todas las condiciones para ser considerados los sucesores de Neustadt.
(Fuentes: Clarin 1/6, La Nacion 2, 3 y 4/6, y Pagina/12 5/6/94) -|-

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-30877-2004-01-28.html
El país del Miércoles/28-Ene-2004(4)|Hoy
LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
A los 25 años de edad y tras mucho tiempo de sospechas, Juan Cabandié Alfonsín recuperó su nombre y conoció a su familia.Nació en la ESMA y fue apropiado por un agente de inteligencia.

Estela Carlotto explicó que Juan se acercó a las Abuelas porque sospechaba de sus apropiadores.
Subnotas
• “Un hombre peligroso”
Por Irina Hauser
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como “Fuerzas Conjuntas” volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. “Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan”, detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Yo me quiero llamar así, Juan”, dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: “Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor”. “Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima”, agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que “a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme”, reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. “Muñeca”, como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: “Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores”. Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
“Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia”, confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. “Me llevé una gran sorpresa”, suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. “Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá”, dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. “Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe”, solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan “está aún en shock” y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos.

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=860701

Revista
Publicado en la ed. impresa: Revista
Domingo 26 de noviembre de 2006
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Nota de Tapa I

El fenómeno Montecristo

La novela que protagonizan Pablo Echarri y Paola Krum es uno de los ciclos de mayor rating de la televisión argentina. Con temas tan delicados como la apropiación de niños por parte de la última dictadura militar y los desaparecidos como ejes, la trama generó en la teleaudiencia una aceptación total

Montecristo, la novela protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum, figura entre los ciclos con más alto rating de la TV argentina durante este año. La planilla de medición de audiencia registra la cantidad de televisores encendidos y el canal en el que están sintonizados. Hasta allí, un asunto que condiciona los movimientos de la industria de la televisión y la publicidad. En la sociedad, en cambio, cuando se apaga el televisor se enciende el verdadero poder de la TV: su capacidad para instalar los temas en la agenda colectiva. En palabras del teórico francés Dominique Wolton, “la televisión es un formidable instrumento de comunicación entre los individuos. Lo más importante no es lo que se ha visto, sino el hecho de hablar de lo que se ha visto. La televisión es un objeto de conversación. La televisión es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los habitantes rurales y los urbanos. Todo el mundo mira la televisión y habla de lo que ha visto. ¿Qué otra actividad es hoy día tan transversal?”

Medido con la vara de las charlas compartidas, a Montecristo le corresponde la virtud de haber puesto en boca de los argentinos la apropiación de niños durante la última dictadura militar y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, empeñadas en recuperar a sus nietos para devolverles la identidad robada. Pero la influencia social de la novela fue más allá de las palabras y se tradujo en hechos: desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.

Escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la telenovela producida por Telefé Contenidos toma como disparador El conde de Montecristo, la obra de Alejandro Dumas, para construir una versión libre de esa historia de traición y venganza. Adaptada a la realidad argentina, el personaje de Santiago (Pablo Echarri), víctima de un siniestro plan de su amigo Marcos, después de pasar diez años en una prisión de Marruecos regresa a Buenos Aires decidido a vengarse. Aquí lo espera más espanto: su antigua novia, Laura (Paola Krum), está casada con Marcos, es hija de desaparecidos y fue criada por un torturador, Lisandro (Roberto Carnaghi).

“En la Argentina ya se había escrito mucho sobre los desaparecidos y la apropiación de niños, pero el mensaje no se transmitía más que al sector de los interesados en el tema –sostiene Adriana Lorenzón–. El acierto de Montecristo fue tocar el tema en un género tan popular como es la telenovela. Eso nos permitió llegar a muchos ciudadanos para quienes la tarea de Abuelas no formaba parte de su vida cotidiana. A raíz del programa, esa gente incluyó esa realidad en sus conversaciones.”

A nadie se le escapa que el género de la telenovela fue concebido para audiencias masivas. Pero el formato por sí mismo no garantiza la aceptación del público. ¿Cómo se explica entonces la gran repercusión de Montecristo? Según el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director del Proyecto Comunicación y miembro del Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tira basa su éxito en una conjunción de elementos: “Es una historia clásica porque toma un viejo tema del melodrama, el reconocimiento de la identidad, pero lo cuenta desde el presente político, y lo hace en el marco de una Argentina donde el actual gobierno ha vuelto a poner en primer plano la historia reciente de la dictadura y la necesidad de encontrar la verdad y la justicia. Si a eso se suman los destacados trabajos actorales, el resultado es una buena telenovela. Que la telenovela esté bien hecha es importante porque el televidente no se dispone a ver un ciclo periodístico ni político ni de denuncia, sino una buena historia”.

Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora del Conicet-IDES, acuerda: “Es una telenovela con todos los elementos de una buena narrativa: tiene complejidad de personajes, matices, situaciones de ambivalencia y dilemas morales”.

A decir verdad, ni los autores pudieron escapar de los conflictos éticos. Cuenta Adriana Lorenzón que diseñar el personaje de Lisandro, el torturador que se apropió de Laura, no fue tarea sencilla: “Tuve que romper con mi prejuicio para poder guionarlo –admite–. Yo lo veía como un villano total porque, para mí, ese nivel de violencia y de maldad es injustificable. Pero, para interpretarlo, Roberto Carnaghi necesitaba quererlo y encontrar las justificaciones propias de un tipo como Lisandro”. Puesto a construir un victimario verosímil, Carnaghi le soltó a la guionista un argumento propio de un represor: “Imaginate que este tipo no pudo ver el Mundial del ’78 –le dijo Carnaghi a Lorenzón, en relación con Lisandro–, porque cuando había partidos era cuando más se torturaba. Pensá que Lisandro se perdió el Mundial”.

La tele que educa

“En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia”, explica Quevedo, y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”, razona Quevedo.

México no es el único país de la región que utiliza la telenovela para movilizar conciencias. En Brasil, en el año 2000, Lazos de familia, producida por la Rede Globo, funcionó como una verdadera campaña a favor de la donación de órganos. A través del personaje de Camila, una muchacha que padecía leucemia y necesitaba un trasplante de médula para salvarse, el ciclo transmitió al público masivo el mensaje de que existen órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Osea saltó de 20 a 900 por mes.

Para que una ficción televisiva logre modificar la conducta de personas de carne y hueso es necesario que su prédica caiga en terreno fértil, que la sociedad esté dispuesta a recibirlo. ¿Habría producido Montecristo la misma conmoción colectiva sin la distancia que separa los crímenes cometidos del presente? Adriana Lorenzón baraja la historia argentina y plantea sus hipótesis: “Un buen momento podría haber sido cuando tuvo lugar el juicio a las juntas militares, porque entonces teníamos el ímpetu de querer encontrar una respuesta. Luego ya no, porque vino la decepción de la Ley de Obediencia Debida y los indultos. Este año fue particularmente apto para hacer esta novela porque en la sociedad hay una cierta apertura al tema. Por un lado, porque se cumplieron 30 años del golpe y de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. Por el otro, porque, fruto de la derogación de los indultos y de la reapertura de los juicios a los responsables del horror, se ha despejado el camino para seguir buscando la verdad y la justicia”.

Psicóloga, doctorada en psicoanálisis en la Universidad de París VII y autora de Dolor país y No me hubiera gustado morir en los 90, Silvia Bleichmar opina que Montecristo genera “un nivel de identificación muy profundo en los espectadores”. A su modo de ver, “es una novela que, en vez de convocar a la ensoñación, convoca a realizar las tareas pendientes en la búsqueda de la identidad. En la Argentina, la preocupación por la identidad está presente, y no sólo en relación con los crímenes del terrorismo de Estado. Hay personas de más de 50 años que en la infancia fueron adoptadas de modo ilegal y que a estas alturas de su vida han comenzado a preguntarse quiénes son”. (Ver recuadro aparte.)

¿Justicia o venganza? En esa encrucijada está atrapado el personaje de Pablo Echarri. “Lo que plantea Montecristo es la banalidad de la venganza, que es un circuito irreparable pero aparece como una tentación permanente cuando no hay justicia –analiza Bleichmar–. La justicia es la forma en que las víctimas se sienten liberadas de la obligación de hacerse cargo de la venganza. En ese sentido, la sociedad argentina se ha manejado con enorme responsabilidad: no hay un solo torturador ajusticiado por su víctima ni un apropiador ajusticiado por una abuela. Por eso, es falso el debate acerca de si las víctimas buscan venganza. Además, en la medida en que los victimarios no piden perdón y se jactan de sus acciones, es perverso pedirles a las víctimas que los perdonen. El perdón se puede otorgar únicamente sobre la base del arrepentimiento del culpable, nunca como el pedido de una concesión más.”

Es evidente que Montecristo ha puesto el dedo en varias llagas. La duda del millón es qué sucederá en la sociedad cuando la tira ya no esté en la pantalla. Elizabeth Jelin pone signos de interrogación en el horizonte: “Cuando termine la novela se verá si este saber que la televisión ha llevado a audiencias masivas se convierte en un tema de reflexión y debate en los sectores que estaban más o menos ajenos al tema de la apropiación de niños, o si Montecristo quedará como un producto televisivo de ficción sin consecuencias sociales duraderas”.

Por Adriana Schettini

En busca de la identidad

Sabido es que el delito de apropiación de criaturas nada tiene que ver con la grandeza de alma que lleva a hombres y mujeres a adoptar un niño. Pero en un país con larga tradición de desapego a la ley, el bien y el mal se tocan.

“La dictadura pudo concretar el horror con los hijos de los desaparecidos porque en la Argentina ya existía impunidad respecto de la apropiación de niños. Hasta hace 15 o 20 años era corriente la apropiación de los niños de las clases pobres inscribiéndolos bajo una forma que ocultaba la verdad. Ni siquiera al niño se le decía la verdad sobre su origen biológico. Esoya no ocurre. Más aún, el Registro Nacional de Identidad permite que el hijo adoptivo acceda al expediente para saber quiénes lo engendraron”, dice la psicóloga Silvia Bleichmar.

–¿Es ésa la pregunta central en la vida de quien ha sido adoptado?

–El gran enigma del niño adoptivo no es quién lo engendró, sino por qué no se quedaron con él. Hay una pregunta que se repite en los consultorios: “¿Qué hice yo para que mi madre biológica no me tuviera con ella?”.

–¿Qué se entiende por identidad?

–No es verdad que la identidad de una persona sea la identidad biológica de origen. La identidad es la que se construye en la vida de un ser humano. Pero en la medida en que hay un enigma sobre la identidad biológica el sujeto no puede construir su identidad actual, porque para hacerlo necesita abandonar previamente el mito de la identidad perdida.

–¿Influyó la apropiación de niños en las preguntas que se hacen los hijos adoptivos?

–A finales de los años 80 y durante los 90, un alto número de chicos legalmente adoptados comenzaron a manifestar sus fantasías de ser hijos de desaparecidos. Desde el punto de vista psíquico, loslesionaba menos la idea de haber sido robados de padres que los amaron que la de haber sido abandonados por sus padres biológicos.

El original de Alejandro Dumas

Después de un accidentado viaje en barco, el honesto oficial Edmundo Dantés, a punto de recibir la promoción de capitán, regresa a Marsella, donde vive, dispuesto a casarse con una bella catalana, Mercedes. Sin embargo, el destino le tiene reservado otros planes y, acusado infundadamente de ser agente bonapartista, es injustamente encarcelado por la denuncia de su mejor amigo, Fernando Montego, que aspira al amor de la misma mujer.

Condenado a cumplir su pena en el castillo de If, una prisión de la que nadie ha conseguido escapar, Edmundo envejece en una celda junto a un anciano llamado Faría, un religioso erudito que es su compañero durante trece años. Este hombre le revelará un secreto, un lugar donde hay enterrado un tesoro (decenas de cajas llenas de monedas de oro). Y la forma de escapar de la prisión…

Así comienza la segunda parte, cuando Edmundo se convierte en el Conde de Montecristo y regresa para vengarse. Bajo distintas personalidades –desde un abate italiano hasta un rico banquero inglés–, Edmundo Dantés vuelve a Marsella y descubre, con perplejidad, que todos aquellos que lo traicionaron han triunfado. Creyéndolo muerto, su ex novia se ha casado con quien había sido su mejor amigo, Fernando, convertido ahora en Conde de Moncerf. La pareja ha tenido un hijo, Albert, al que Montecristo siente como propio. La novela es el relato pormenorizado de la venganza de Edmundo, trazada paso a paso durante los duros y lúgubres años de cárcel.

Es considerado el mejor trabajo de Alejandro Dumas (padre), que lo concluyó en 1844 y fue publicándolo en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes. La aparición de este folletín en el Journal de Debats, un diario de París, produjo un fenómeno de masas desconocido para la época. Sus lectores escribían cartas a la redacción solicitando la revelación anticipada del desenlace de la historia y la gente empezó a dar vida a los personajes de la novela, que adquirieron sorprendente dimensión histórica, a pesar de ser enteramente ficticios.

El origen de El Conde de Montecristo surgió de una historia que el propio Dumas declaró haber leído en las Memorias de Jacques Peuchet, un archivista de la policía de París. En El diamante y la venganza, Peuchet contaba la historia de un obrero y zapatero llamado Francis Picaud, que vivía en París en 1807 y quien, a punto de casarse con una rica candidata, visita a un amigo suyo que, junto a tres pícaros, decide apostar a que la boda del inocente enamorado podía aplazarse por algunos días. Lo acusaron a la policía de ser un espía inglés y la broma se les fue de las manos. El inocente fue apresado y pasó siete años en una cárcel en Italia. Al salir, el otrora ingenuo Picaud tomó un nuevo nombre y entró a trabajar al servicio de un sacerdote que lo apadrinó y lo designó su heredero universal. Rico y ennoblecido, el bueno de Picaud inició una venganza en cadena contra cada uno de sus ofensores.

Este fue el origen del argumento de El Conde de Montecristo. Dumas tomó la idea de Peuchet explotando sin el menor escrúpulo la satisfacción pagana que producía en sus lectores ser testigos de la ejecución de una venganza, que para muchos era sencillamente ejemplar.

IDENTIDAD EN CONFLICTO

ANÁLISIS DE LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDA A PARTIR DE LA FICCIÓN: CASO MONTECRISTO

ALUMNA: DESIRÉE MACRINI
MATERIA: SEMIÓTICA DE LOS MEDIOS CONTEMPORÁNEOS
COMISIÓN: MIÉRCOLES NOCHE
AÑO: 2007

En el presente trabajo se analizará de qué forma y con qué efectos se introduce el tema robo de bebés durante la última dictadura militar en la telenovela Montecristo y cómo dicha ficción contribuye a la inclusión del tema en la Agenda social y en el Imaginario social.
“Montecristo, un amor, una venganza”, es una adaptación libre de la novela de folletín de Alejandro Dumas publicada a lo largo de 1845 y 1846, en una serie de 18 partes. La historia inicia con un flashback a 1995 cuando Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) y Marcos Lombardo (Joaquín Furriel) parten hacia Marruecos para participar de una competencia de esgrima. En Buenos Aires Santiago deja a Laura Ledesma, quien espera un hijo de él aunque todavía no lo sabe y Marcos a su padre, Alberto Lombardo, ex médico encargado de los partos clandestinos en Campo de Mayo. Este último, acorralado por las investigaciones del juez Díaz Herrera, padre de Santiago, decide mandar a matar al magistrado y le exige a Marcos que participe en la emboscada orquestada para asesinar a Santiago, quien logra sobrevivir aunque permanecerá diez años en una cárcel de Marruecos. De vuelta al tiempo en el que transcurre la novela, 2005, Marcos está casado con Laura y le ha dado su apellido al hijo que ella concibiera con Santiago mientras que Lombardo padre ha logrado detener la investigación en su contra. Santiago logra escapar de la cárcel y ayudado por Victoria Sáenz (Viviana Saccone), una cirujana que debió exiliarse desde chica en España después del secuestro de sus padres durante la dictadura, vuelve a Buenos Aires para planificar la venganza con el botín cuya ubicación le ha develado un compañero de prisión. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama de la venganza aparece un nuevo hilo conductor, la búsqueda de la identidad. Ante el dilema que se le plantea a Laura sobre si es conveniente o no contarle a su hijo Matías quién es su verdadero padre, ella misma comienza a cuestionarse su origen. Inicia entonces una búsqueda desesperada de información, pero ante la negativa de Lisandro Donoso (Roberto Carnaghi), su apropiador, de revelar la verdad y ante el desconocimiento e ingenuidad de su mujer (Virginia Lago) decide buscar por su cuenta. Así llega a enterarse que Alberto Lombardo fue el que atendió el parto de su madre y el que la entregó a Donoso, quien trabajaba en el casino de oficiales de Campo de Mayo, se contacta con las Abuelas de Plaza de Mayo y se realiza el análisis de ADN que determina que es la hermana secuestrada que había buscado toda su vida Victoria Sáenz. Laura Ledesma recuperará su identidad y pasará a llamarse Laura Sáenz.
Si bien el tema se había tratado tangencialmente en otro programa , esta es la primera vez que el tema de la recuperación de la identidad se desarrolla en profundidad y adquiere relevancia central en una telenovela de horario central de este tipo. Este hecho ha tenido una repercusión mediática y social notoria y aún lo sigue teniendo como lo demuestra el premio otorgado el 18 de mayo de 2007 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, “por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”. Para dar cuenta cabalmente del devenir del conflicto el análisis se hará en base a la totalidad de la emisión, pero enfocándonos en el personaje de Laura Ledesma/Sáenz.
A partir del criterio de catalogación “relación de los contenidos con los referentes” que plantea Orza , se considera que Montecristo es un tipo de discurso ficcional porque se basa en un campo de referencia interno, que si bien puede presentar distintos “grados de alejamiento/aproximación con la realidad referencial (…) muy difícilmente llega a superponerse a ésta mediante la representación directa de acontecimientos, personas u objetos reales”. Dentro del discurso ficcional Montecristo se caracteriza por ser una telenovela, ya que tenía una frecuencia de emisión diaria, aunque a diferencia de las telenovelas tradicionales se transmitía en el horario nocturno de 22:30. En cuanto a su estructura interna, presentaba una organización narrativa seriada y con continuidad, una organización espacio-temporal fingida y la presencia de sujetos ficcionales.
En primera instancia se interpretaran las condiciones socio-políticas de producción de la telenovela y el objetivo y trabajo de adaptación de los guionistas. A continuación se caracterizará el tratamiento narrativo de la temática y finalmente se abordarán las repercusiones sociales de la emisión.
Como marco teórico se utilizarán los conceptos de Aníbal Ford sobre cómo los temas críticos ingresan en el imaginario social y en la agenda no sólo por medio de las formas clásicas de información, sino a través de otros géneros y formatos. Además se tomará su análisis de casos para interpretar el cambio en las condiciones de posibilidad que permitió el tratamiento de esta problemática. Se tendrá en cuenta también las distintas corrientes teóricas planteadas por Vilches sobre la dependencia/independencia de los medios con respecto a la estructura de poder y del mismo autor se utilizará la interpretación de cómo la televisión afecta la concepción de la realidad social del público.
En su análisis de la “impronta narrativa” que caracteriza el tratamiento de muchos casos en los géneros informativos Ford habla del tratamiento del caso de los mellizos Reggiardo-Tolosa, bebés robados durante la última dictadura militar. Si bien los mellizos habían sido identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo en 1989, el hecho de que el ex subcomisario Samuel Miara y su mujer, los secuestradores, se hubieran escapado a Paraguay, hizo que recién en 1993 el juez Ballesteros pudiera restituirles su identidad. La determinación del magistrado de darle la custodia en principio a la familia de sangre y después a una sustituta provocó intensos debates en los medios sobre las consecuencias “psicológicas” que esta restitución pudiera tener sobre los adolescentes. En ese momento declaró al respecto Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo: “veo con preocupación y con dolor como dos chicos, que viven una dura realidad por el terrorismo de Estado, han sido victimizados por los medios de comunicación”. Carlotto advirtió que “aquí se quiere hacer creer a la sociedad que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, después de las dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer (por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.
Más allá de la implicación emocional que se advierte la declaración parece transmitir claramente el tenor de las discusiones que se plantearon en ese momento. No había consenso en cuanto a la necesidad de restituirles la verdadera identidad a estos chicos porque el tema no era un bien simbólico en el imaginario social. Este adormecimiento social sin duda tiene que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Alfonsín y por el de Menem: en 1986/1987 se habían sancionado las leyes de Punto final y Obediencia debida y en 1990 se decretaron los indultos que favorecieron a Videla y a Massera.
Ahora bien, nueve años más tarde asumió la presidencia Nestor Kirchner y uno de los pilares de su gestión sería hasta hoy los derechos humanos. En 2005 se sancionó la inconstitucionalidad de las leyes Alfonsinistas y en abril de 2007, se declaró la inconstitucionalidad de los indultos.
Vilches describe tres posiciones teóricas y metodológicas para analizar la relación de los medios con la estructura de poder. La primera sostiene que los medios constituyen una “variable dependiente del sistema político y social”, por lo que están totalmente subordinados a las relaciones de poder y son modelados por estas. La segunda considera que son una variable dependiente y además son “las instituciones dominantes de la sociedad contemporánea a los cuales las otras instituciones se someten” o que aún siendo modelados por la sociedad tienen la autonomía suficiente como para mantener o cambiar un estado de relaciones de fuerza . La última línea y la que será considerada para este análisis sostiene que “el periodismo y el mundo político interactúan adaptándose recíprocamente creando una especie de intercambio simbólico de compensación recíproca” .
En una entrevista a los guionistas de la telenovela Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón , ella afirma que “en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún trasfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.” En realidad, como se desprende de los cambios en materia de legislación, es una herida que había sido suturada a los apurones y se reabrió con el impulso del nuevo gobierno. Como afirman Cantor y Pingree, citados por Vilches: “…el grado de implicación gubernamental influye en el contenido de las Soap Operas más que los valores individuales o el talento y la creatividad de los responsables de estos programas”
Desde el “mundo político” se generaron las condiciones de posibilidad para que estos guionistas consideraran la posibilidad de ligar la adaptación de la novela de folletín al tema de robo de bebés durante la dictadura. El gobierno se encargó de poner el tema nuevamente en la agenda pública impulsando cambios en la legislación o reconvirtiendo el ex centro de detención de la Esma en Museo de la Memoria, por lo que permitió una resignificación del tema en el imaginario social y los guionistas supieron entender que se había convertido en un nuevo bien simbólico que podía tratarse más a fondo en una ficción.
El personaje de Laura Ledesma/Sáenz funciona de forma similar a los “casos” analizados por Ford en los géneros informativos, sólo que hace el recorrido inverso al que hizo el caso Reggiardo-Tolosa, cuyo tratamiento, según Ford, apeló a las convenciones del melodrama recurriendo a la figura mítica del “reconocimiento” de la identidad perdida. La historia de Laura funciona como caso porque ejemplifica la duda, la búsqueda de información y el reencuentro con la verdadera historia personal que relataban desde hacía tiempo los medios periodísticos. El hecho de que se haga desde un género ficcional como la telenovela permite una conexión emocional con el tema por parte de los televidentes, porque es un género popular que siempre se caracterizó por tratar temáticas que se conectan con la tradición mítica de todas las culturas. Las dudas y la búsqueda de Laura son un tema recurrente ya desde el mito de Edipo, donde justamente el cambio de identidad es lo que origina la tragedia. Según Ortolano, “los mitos que cada cultura produce a través de las leyendas, las devociones populares, los relatos folklóricos, los cuentos maravillosos (fairy tales) y también de sus versiones artísticas, literarias y cinematográficas, serían según Jung, manifestaciones concretas del arquetipo universal, más abstracto.” Todos estos relatos cumplieron siempre un papel fundamental en la transmisión de saberes y también de juicios morales y esta también es la función que cumple Montecristo al permitir, como sostiene Vilches, un camino de “aprendizaje social” al partir del cual la televisión “afecta nuestra concepción de la realidad social”.
Al conectar esta temática con lo más primigenio, refuerza su caracterización simbólica en el imaginario social y el establecimiento del tópico en la agenda social, sobre todo teniendo en cuenta la tercera función del mito según Campbell, de carácter sociológico, que es “validar y sostener el sistema moral vigente”. En este caso la “mitologización” del caso refuerza la condena social a los represores secuestradores de bebés e incentiva la búsqueda y la devolución de las identidades perdidas.
Si bien Ford sostiene que la increíble cobertura mediática del caso María Soledad Morales no alcanzó para generar cambios a nivel macro y con una implicancia a nivel nacional duradera, el caso de la telenovela Montecristo es distinto porque se plantea en los medios como canalizadora y reforzadora de cambios a nivel institucional y político que ya se venían dando sobre todo a partir del 2003, con el gobierno de Nestor Kirchner. Además, como sostiene el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia” y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”.
En Montecristo utilizaron la misma estrategia, filmando desde la sede de las Abuelas de Plaza de mayo y dando los datos para contactarse con ellos en diversas oportunidades y lograron un impacto directo en algunos televidentes que ya se venían haciendo los mismos cuestionamientos que Laura. Según La Nación “desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.”
A partir de los aspectos examinados puede concluirse que gracias a condiciones de posibilidad favorables la telenovela Montecristo logra utilizar las herramientas narrativas típicas de un popular género de ficción para reforzar la conciencia de amplios sectores de la sociedad sobre el tema robo de bebés e identidad.

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LLEVÓ A LA TV EL ROBO DE NIÑOS DURANTE LA DICTADURA
“Montecristo” ganó el Martín Fierro de Oro
Se llevó la máxima distinción y su protagonista Pablo Echarri destacó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”. En total recibió 7 estatuillas. Telefé y Canal 13, los más premiados.

La telenovela Montecristo , de Telefé, se alzó anoche con el Martín Fierro de Oro que la Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentina (Aptra) otorgó como momento culminante de la 37ma. entrega de estos lauros a la actividad audiovisual.

La tira que instaló en la ficción televisiva la dramática herencia de la última dictadura militar en materia del robo de niños, cosechó un total de siete lauros.

El envío ideado por Claudio Villarruel y Bernardita Llorente aspiraba a 17 estatuillas (en muchos rubros competía más de un participante del mismo programa) y sumó de la mano de los nombres propios de Pablo Echarri, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi y las “debutantes” María Onetto y Nora Cárpena.

Con ese aporte decisivo de Montecristo, Telefé llegó a 13 premios e igualó la línea de Canal 13 que el año anterior lo había superado ampliamente (18 a 7, incluido el de Oro para Mujeres asesinas).

En la sucesión de arribos al escenario del Auditorio Principal del predio ferial La Rural, Echarri fue la voz cantante del grupo y a la vez que ponderó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”, también sostuvo la importancia que “un canal líder le de espacio a un hecho artístico”.

En esa línea, el lauro para Saccone (ausente por estar filmando en San Luis y que en la tira interpretaba a Victoria, hija de desaparecidos) fue retirado por Pedro Luis Nadal García, el nieto número 79 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

http://www.realtvnews.com.ar/new/destacados.php?id=2868
PUBLICADO EL 18 DE MAYO DE 2007

“Montecristo” premiado

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires entregó a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, una distinción por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”.

http://www.losguionistas.com.ar

Escribiendo un éxito: Montecristo
3969 lecturas

Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón, responsables de los libros de la tira
Los autores de la tira cuentan cómo adaptaron un clásico de la literatura al género más popular de la TV: la telenovela

“Estaba pensando el otro día que para el momento en que él aparece podemos poner una placa que diga «Fin parte I» , como en el libro”, dice Marcelo Camaño, olvidando por un momento que está sentado frente a un grabador, en medio de una entrevista. El y Adriana Lorenzón escriben los guiones de la telenovela que recuperó el melodrama para la TV: “Montecristo”. Parece que no es raro esto de que en cualquier momento, hora de trabajo o no, los guionistas vean aparecer la inspiración y se larguen a pensar, trabajar y jugar con las circunstancias de la tira de Telefé Contenidos que se emite hace casi dos meses por esa pantalla. Y cada visita de la musa implica una vuelta a las fuentes: el libro “El conde de Montecristo”.
Sobre la mesa de trabajo de Lorenzón y Camaño el libraco de 1400 páginas tiene marcas, señaladores y aspecto de ser consultado seguido. “Esto es una maravilla, el final de cada capítulo es un gancho como si [Alejandro] Dumas hubiese escrito para televisión. Bueno, el folletín tenía algo de eso. Si hasta le medían el rating porque si no vendían bien el periódico del día en que salía el capítulo al próximo número no lo ponían”, dice Lorenzón que después de años de transitar los guiones costumbristas de “Buenos vecinos” y “Los Roldán”, entre otros, volvió al primer amor, la telenovela.
Claro que “Montecristo” no es una telenovela como otras, porque aunque respeta todos los tópicos del género lo hace de una manera particular. Ahí están el amor, la venganza, los desencuentros familiares y hasta las identidades confusas, sin embargo en el camino de la página literaria a la pantalla televisiva algo cambió. La realidad argentina se coló de manera inédita en la ficción.
“Primero hubo una relectura del libro y después se trabajó para adaptar «Montecristo» a la Argentina de hoy. Fundamentalmente se trata una historia de amor. Empezamos a trabajar desde un lugar de admiración por el libro porque para nosotros, los que escribimos tele, es una novela básica, fundacional. La idea de Telefé contenidos de poner a la luz el título nos favoreció porque nos dio vía libre para jugar con la novela original”, dice Camaño, responsable el año que pasó de los guiones de “Doble vida” y parte del equipo que realizó “Resistiré”.
–Y ese juego implicó poner al tema de la dictadura y su consecuencias en el centro del relato.
Lorenzón: –Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.
–¿Qué opciones argumentales descartaron?
Camaño: –Los otros temas que barajamos tenían que ver con el narcotráfico o implicaban meternos en política partidaria más directamente: candidaturas y esas cosas que ya se abordaron en otras novelas y nunca muy a fondo.
–En esta oportunidad la excusa política quedó en el centro de la escena.
Camaño: –La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago (Echarri), Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época. Era una vuelta de tuerca que nos cuadraba perfecto, que no se había hecho todavía en la TV, que nos servía para realzar la historia y que suponía saldar una deuda grande de la pantalla chica con este tema.
Lorenzón: –Además este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: “Estoy en paz”. Acá la venganza se va a transformar en justicia.
–¿Cómo trabajaron el hecho de que el héroe de esta telenovela a veces actúa igual o peor que los villanos?
Camaño: –Es difícil porque tenemos un héroe que va y le pega con un palo en la cabeza al malvado. En algún momento hará el arco de vuelta. Por ahora tiene muchas contradicciones, cada vez que hace algo mal se da cuenta, lo sufre. Lo cuidamos mucho, pero nos permitimos pasar ciertos límites que en la novela tradicional no se puede.
Rompiendo moldes
“Montecristo”, con sus escenas de acción, sus largos diálogos cargados de información y sus personajes dotados de más de una cara es novela clásica y de ruptura al mismo tiempo. Una combinación novedosa para una TV que hasta su aparición parecía preferir el humor a la pasión.
–La trama de la tira obliga a dejar de lado el control remoto.
Lorenzón: –Esta es una historia muy compleja, buscamos mucho por dónde iba porque el relato del libro es muy truculento, muy lúgubre, con cantidad de personajes que están todos vinculados entre sí. Para nosotros es una suerte tener un historia tan fuerte que involucra a todos. Lo que sucede en aquella punta afecta a la otra entonces hay que estar muy atentos a que eso esté sincronizado todo el tiempo.
Camaño: –La idea de Claudio [Villarruel] y Bernarda [Llorente] desde un principio fue que ésta fuera una novela para escuchar. Por supuesto que la TV es entretenimiento y se la mira mientras se da de comer a los pibes y se atiende el teléfono, pero queríamos hacer una tira que se escuchara, en la que se dijeran cosas. Tenemos que repetir información para que los espectadores no se pierdan, pero está pensada así: “Te perdiste un capítulo, que pena para vos”.
Sincronicen sus relojes
Hubo una época en que era posible usar como sinónimos la hora que marcaba el reloj con el momento exacto del día en que empezaba la telenovela preferida. “Es la hora de mi novela”, decían hasta hace poco tiempo los seguidores de este género. En la TV actual ese juego del lenguaje es imposible, pero los autores de “Montecristo” encontraron una buena manera de reemplazar esa costumbre. “Es a.M. y d.M. Hay gente que nos cuenta que organiza su noche según esas coordenadas”, dirán. Y la explicación no se hace esperar, a diferencia de la mayoría de los ciclos de la pantalla chica. “Es que a.M. y d.M. son las siglas de antes de «Montecristo» y después de «Montecristo». Los seguidores son bastante ocurrentes”, se ríe Camaño. Tanto él como Lorenzón miran los capítulos al mismo tiempo que el público y con la misma pasión. O casi.
“Una mamá del colegio de mi hijo me dijo el otro día muy seria: «Si no se encuentran la semana que viene te retiro el saludo»”, dice Lorenzón con un sonrisa, aunque cada vez que abra su casilla de mails la encuentre tapada de mensajes de sus amigos y conocidos que utilizan variados insultos para pedirle que reúna a los protagonistas.
“Estamos muy concentrados en la historia y a veces nos preguntamos cuánto debería durar esta novela. Porque ya vemos que 150 capítulos no nos van a alcanzar. Este relato no tiene mesetas porque todo el tiempo se abre un juego nuevo. Puntos de giro tenemos para tirar al techo”, se entusiasma Lorenzón mientras desde la mesa de trabajo “El conde de Montecristo” vuelve a abrirse para sumar material a la telenovela que todas las noches le hace un brillante homenaje.
Por Natalia Trzenko
Foto: Gustavo Seiguer
De la Redacción de LA NACION
Lo mejor que pasó y lo que está por venir

En los casi dos meses que lleva “Montecristo” en el aire hubo muchas escenas fuertes, esas que por su contenido dramático quedarán en los oídos y las retinas del espectador mucho tiempo después de vistas. Entre ellas figura algunas de impresionante despliegue técnico, como la del escape de la prisión marroquí, y sobre todo otras de enorme despliegue emocional. A saber: el primer acercamiento de Santiago (Echarri) a la que fue su novia, Laura (Krum), y el momento en que cree descubrir que ella tuvo un hijo con su enemigo; el reencuentro de Santiago con Sarita (Rita Cortese), la mujer que lo crió; la desesperación de Marcos (Joaquín Furriel) cuando Laura le propone separarse y, entre las más recientes, la gran escena jugada por Paola Krum y Virginia Lago en la que ésta le revela a su supuesta sobrina que no lo es.
Claro que la secuencia más conmovedora todavía no sucedió: el momento en que Laura y Santiago vuelvan a encontrarse cara a cara. Hasta ahora los acercamientos de la pareja sirvieron para aumentar aún más la expectativa: Los amantes separados injustamente se cruzaron en la casa de Santiago aunque siempre a través de la cámara Gesell instalada para espiar a los visitantes; en la calle dónde Laura lo vio de espaldas; en el asalto al restaurante del tenebroso Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro) dónde, máscara mediante, Santiago se acercó a su amada/odiada Laura. Y, finalmente esta semana, compartieron un beso mientras la protagonista estaba bajo los efectos de la anestesia.
No se sabe todavía cuándo llegará el encuentro, pero sus autores adelantan que será todo menos sencillo: “Será muy difícil porque en su relación no hay un perdón que alcance”.

http://www.nuncamas.org/investig/menores/r2080.htm

(Caso mencionado en Ford, La marca de la bestia, pag.265)
Reggiardo Tolosa, Matías Angel

Menores y jóvenes restituidos

Madre: María Rosa Ana
TOLOSA Matías Angel
REGGIARDO TOLOSA Padre: Juan Enrique
REGGIARDO

Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1977 (en cautiverio)
Edad a la fecha del secuestro: alrededor de 6 meses de gestación
Zona de Secuestro: 1
Fecha de secuestro: Febrero de 1977
Vista en CCD: La Cacha
Zona de CCD: 1/11/113
Fecha de localización: 1989
Fecha de restitución: Noviembre de 1993

María Rosa tuvo mellizos durante su cautiverio: Matías Angel y Gonzalo Javier.

Por denuncias recibidas por la familia de la desaparecida Liliana Ross, los niños apropiados por el Subcomisario Samuel Miara fueron buscados como hijos de esta joven que desapareció embarazada.

Los Miara huyeron a Paraguay cuando el juez ordenó los análisis inmunogenéticos.

Cuando se consiguió la extradición y los apropiadores volvieron con los dos niños, el Banco Nacional de Datos Genéticos determinó que eran los hijos de la pareja formada por Juan Enrique REGGIARDO y María Rosa Ana TOLOSA, quienes permanecieron detenidos en el centro clandestino de detención “La Cacha”, de donde María Rosa fue sacada para dar a luz y ya no fue devuelta. Los jóvenes habían sido secuestrados en febrero de 1977.

Los mellizos fueron identificados en 1989. Recién en 1993, la Justicia les devolvió su identidad y fueron restituidos a su familia biológica.

Por intromisión de personas extrañas al caso y por la violenta campaña contra la restitución de la identidad a los menores desaparecidos desatada desde algunos medios de comunicación, la relación con la familia materna, que se estaba iniciando bien, fue entorpecida. Hasta alcanzar la mayoría de edad, los mellizos Gonzalo y Matías vivieron con una familia sustituta.

Actualmente mantienen contacto con la familia biológica y conocen la verdad de su historia.

Sus padres permanecen desaparecidos.

http://www.clarin.com/diario/1998/09/22/t-01201d.htm
Edición Martes 22.09.1998 » Política » Medio millón para reparar una parte de la historia

DERECHOS HUMANOS: LOS MELLIZOS REGGIARDO TOLOSA, HIJOS DE DESAPARECIDOS
Medio millón para reparar una parte de la historia

Se los dará el Estado
• Porque ya tienen 21 años
• Ellos volvieron a vivir con Miara, quien se los apropió al nacer

Por DANIEL GUTMAN. De la Redacción de Clarín
Los mellizos Reggiardo Tolosa cobrarán en los próximos días la indemnización que les corresponde como herederos de sus padres, desaparecidos durante la última dictadura militar.El Ministerio del Interior emitió el último jueves, con los números 1835/98 y 1836/98, las dos resoluciones que benefician a los hermanos que fueron secuestrados y privados de su verdadera identidad por el ex torturador Samuel Miara y su esposa, Beatriz Castillo, en mayo de 1977. Pocos días antes habían nacido en un parto clandestino, en el penal platense de Olmos.Los mellizos, a quienes la Justicia les devolvió el apellido Reggiardo Tolosa en 1993, hoy están viviendo otra vez con los Miara. En mayo último, cuando alcanzaron la mayoría de edad, al cumplir 21 años, decidieron volver con quienes los habían anotado como hijos propios. Así se lo confirmó a Clarín el abogado del ex subcomisario Miara, el ex funcionario de la dictadura Jaime Smart. Otras dos fuentes informaron lo mismo.Hasta entonces, los dos jóvenes habían estado con una familia sustituta por decisión del juez Jorge Ballestero, que ejercía la tutela legal sobre ambos y fue quien inició en 1996 el trámite para obtener la indemnización.La reparación que establece la ley 24.411 para las víctimas del terrorismo de Estado es de una suma equivalente a cien sueldos de un empleado de la administración pública nivel A. Gonzalo y Matías cobrarán 448 mil pesos en bonos por la desaparición de sus padres (224 mil por cada uno), Juan Enrique Reggiardo y María Rosa Tolosa.El matrimonio Miara, que se había afincado en Caballito en los últimos años, ahora volvió a vivir con los mellizos en Ciudadela, la misma zona del Gran Buenos Aires desde donde en 1985 habían huido al Paraguay de Alfredo Stroessner. Aquel año, la organización Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a sospechar que los chicos eran hijos de desaparecidos. Desde ese país serían extraditados en 1989.Matías estudia hotelería y trabaja en una agencia de turismo. Gonzalo tiene un alto promedio en la carrera de Ingeniería electrónica, en la Universidad Tecnológica Nacional, y colabora con Miara en la fábrica de zapatos que tiene el ex torturador.Ambos jóvenes estudian inglés y tienen proyectos: irse a vivir solos y viajar por el mundo, posiblemente a hacer algún posgrado. Las fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que los mellizos atraviesan un buen momento luego del sufrimiento que les generó la exposición pública de su caso, en 1994.Durante ese año, los hermanos fueron restituidos a su familia de sangre. Vivieron seis meses en la casa de su tío Eduardo Tolosa, que en un principio había iniciado una querella contra Miara, pero luego desistió.Cuando vivían con su tío, según recordó un protagonista de aquel proceso, querían que los Miara y los Tolosa se juntaran los domingos a comer, como una gran familia. La restitución fracasó. Eduardo Tolosa, finalmente, renunció a la guarda de los chicos, que fueron adjudicados a una familia sustituta. Esta, de apellido García, tenía y todavía conserva relación con los Miara.Los mellizos leyeron el libro Nacidos en la sombra, de Andrea Rodríguez, que cuenta la historia de su secuestro y la actuación de Miara como torturador, en los centros clandestinos de detención El Banco, El Olimpo y Club Atlético. De todas maneras, el único familiar con el que tienen contacto hoy es Elina Peralta López, una prima de su madre. La familia, igualmente, confía en que algún día se autorrestituyan, como dijo un pariente que pidió no ser nombrado.Mientras tanto, Miara enfrenta la posibilidad cierta de volver a la cárcel en los próximos meses. Y, según dijo a Clarín su abogado, no dudará en cumplir lo que establezca la Justicia.El 22 de diciembre de 1994, el ex represor fue condenado a siete años y medio de prisión por el juez Ballestero. Pero al día siguiente salió en libertad condicional, porque ya había pasado más de seis años detenido por la misma causa.Un año después, la Sala II de la Cámara Federal le aumentó su pena a doce años, pero la Corte Suprema anuló ese fallo. El máximo tribunal consideró que no tenía suficientes fundamentos y que no se habían valorado las circunstancias atenuantes. Con los votos de los cinco jueces considerados más cercanos al Gobierno, el tribunal hizo referencia a que la esposa de Miara había perdido un embarazo pocos meses antes del secuestro de los Reggiardo Tolosa.El 28 de agosto, la Sala I de la Cámara confirmó la condena a doce años. El abogado de Miara presentó hace pocos días un recurso extraordinario para que el caso vuelva a la Corte. Es su última oportunidad de no volver a una celda.

http://www.fcen.uba.ar/prensa/micro/1994/ms154.htm

CONFLICTO POR LOS MELLIZOS REGGIARDO-TOLOSA. A raiz del escandalo
generado por la presencia de los mellizos Reggiardo-Tolosa en varios
programas televisivos, el juez Jorge Ballesteros, que tiene a su
cargo la causa por la tenencia de los jovenes, hijos de
detenidos-desaparecidos, dispuso cambiar la guarda, que estaba a
cargo de un familiar. Los dos hermanos, de 17 a#os, viviran
provisoriamente con una familia substituta. Entretanto, el juez
Ballesteros sufrio un atentado intimidatorio el martes 31 de mayo,
cuando a su antigua vivienda llego un paquete con dos granadas, que
no alcanzaron a explotar.

Ballesteros habia dispuesto el 5 de noviembre pasado que los mellizos
Matias y Gonzalo vivieran con sus familiares legitimos, estando a cargo de un
tio. Durante 16 a#os los dos menores estuvieron en poder del ex-comisario de
la Policia Federal Samuel Miara y su esposa Beatriz Castillo. Segun
testimonios de ex detenidos en centros clandestinos de detencion, Samuel
Miara formo parte de grupos represivos durante la ultima dictadura,

En el centro clandestino de “La Cacha”, ubicado en cercanias de la
carcel de Olmos (prov. de Bs. As.) estuvieron detenidos Juan Enrique
Reggiardo, dibujante, y su esposa, Maria Rosa Tolosa, estudiante de
arquitectura, y embarazada de seis meses al momento de su detencion, el 8 de
febrero de 1977. Luego de la detencion se perdio el rastro, desconociendose
el paradero de la pareja, de Antonia Oldani de Reggiardo (madre de Juan
Enrique) y de los ni#os que Maria Rosa llevaba en su vientre, y que nacieron
el 28 de abril de 1977.

En 1984, la organizacion Abuelas de Plaza de Mayo (formada por
familiares de detenidos-desaparecidos) pudo ubicar a una pareja de ni#os, en
poder de Miara y su mujer. En un primer momento se supuso que eran hijos de
otros detenidos-desaparecidos, pero los examenes de histocompatibilidad
realizados por orden de la justicia determinaron la verdadera identidad de
los dos hermanos.

Recien a fines de 1993 la Justicia puso a los hermanos Matias y
Gonzalo bajo custodia de su legitima familia. Esos nueve a#os de demora se
debieron no solo al lento trabajo de la justicia argentina sino tambien a la
fuga del matrimonio Miara. En 1986 los Miara se fugaron al Paraguay,
llevandose consigo a los dos chicos. Tras arduas tratativas diplomaticas en
1989 se logro la extradicion de la pareja y el retorno de los ni#os, y en
1991 el juez Weschler le dicto la prision preventiva a Miara, por el delito
de supresion de identidad.

Pero este no es el unico contacto que tuvo el comisario Miara con la
Justicia. Segun declararon a la Comision Nacional de Desaparicion de
Personas (CONADEP, organismo encargado en 1984 de estudiar la represion
ilegal en la Argentina del “Proceso”), Samuel Miara, con el alias de
“Cobani”, fue torturador de los campos de concentracion de “El Banco”, “El
Atletico” y “El Olimpo”. Tambien fue acusado de violar a una detenida, segun
consta en legajos de la CONADEP.

Tambien durante la ultima dictadura, Miara fue acusado de ser
participe del secuestro de Veronika Moskovitz y de Roberto Apstein, hijos de
empresarios judios. A#os despues, en 1991, los policias detenidos por el
secuestro del empresario Mauricio Macri, (la tristemente afamada “banda de
los comisarios”), tambien involucraron a Miara en el secuestro del empresario
Benjamin Neuman.

No hubo ninguna condena a Miara por estos tres casos, pero aparecio
el sugestivo hecho que Moskovitz, Apstein, y el hijo de Neuman estudiasen en
la Escuela del Sol. En este colegio, donde concurrian hijos de empresarios
judios, trabajaba como celadora Norma Miara de Longarella, hermana del
comisario. Como dice la nota del periodista Horacio Verbistky, aparecida el
domingo 5 en “Pagina/12″: Condenas, ninguna. Coincidencias, todas”.

Por su supuesta vinculacion a la “banda de los comisarios”, Miara fue
detenido y procesado por “asociacion ilicita y secuestro extorsivo”. Pero
luego, los miembros de la banda cambiaron sus declaraciones por lo que el
juez de la causa dispuso la libertad de Miara por falta de merito, y el 12 de
octubre de 1993 dicto su sobreseimiento provisional.

Con respecto a los mellizos, Estela Carlotto, presidenta de las
Abuelas de Plaza de Mayo, opino que “veo con preocupacion y con dolor como
dos chicos, que viven una dura ralidad por el terrorismo de Estado, han sido
victimizados por los medios de comunicacion”. Continuo diciendo la dirigenta
de derechos humanos que, “no tenemos que ocultar que en esto han intervenido
presiones de terceros, como algunos comunicadores, tales son los casos de
Bernardo Neustadt, Marcelo Longobardi y Daniel Haddad, entre otros, que en
una accion descalificadora han puesto al desnudo a estos chicos frente a la
sociedad, una sociedad que interpreta los hechos con mucha liviandad”.

Estela Carlotto agrego que “aqui se quiere hacer creer a la sociedad
que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, despues de las
dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer
(por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.

La participacion de los dos menores, (una “operacion de prensa”), se
realizo en los programas “Tiempo Nuevo”, de Bernardo Neustadt, celebre amigo
de todas las tiranias argentinas; en la audicion de Samuel Gelblung, quien
fue uno de los jefes de la revista “Gente” durante los a#os de la dictadura;
y en “H&L”, el programa que dirigen los jovenes Haddad y Longobardi, que
reunen todas las condiciones para ser considerados los sucesores de Neustadt.
(Fuentes: Clarin 1/6, La Nacion 2, 3 y 4/6, y Pagina/12 5/6/94) -|-

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-30877-2004-01-28.html
El país del Miércoles/28-Ene-2004(4)|Hoy
LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
A los 25 años de edad y tras mucho tiempo de sospechas, Juan Cabandié Alfonsín recuperó su nombre y conoció a su familia.Nació en la ESMA y fue apropiado por un agente de inteligencia.

Estela Carlotto explicó que Juan se acercó a las Abuelas porque sospechaba de sus apropiadores.
Subnotas
• “Un hombre peligroso”
Por Irina Hauser
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como “Fuerzas Conjuntas” volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. “Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan”, detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Yo me quiero llamar así, Juan”, dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: “Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor”. “Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima”, agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que “a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme”, reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. “Muñeca”, como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: “Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores”. Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
“Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia”, confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. “Me llevé una gran sorpresa”, suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. “Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá”, dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. “Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe”, solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan “está aún en shock” y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos.

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Publicado en la ed. impresa: Revista
Domingo 26 de noviembre de 2006
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Nota de Tapa I

El fenómeno Montecristo

La novela que protagonizan Pablo Echarri y Paola Krum es uno de los ciclos de mayor rating de la televisión argentina. Con temas tan delicados como la apropiación de niños por parte de la última dictadura militar y los desaparecidos como ejes, la trama generó en la teleaudiencia una aceptación total

Montecristo, la novela protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum, figura entre los ciclos con más alto rating de la TV argentina durante este año. La planilla de medición de audiencia registra la cantidad de televisores encendidos y el canal en el que están sintonizados. Hasta allí, un asunto que condiciona los movimientos de la industria de la televisión y la publicidad. En la sociedad, en cambio, cuando se apaga el televisor se enciende el verdadero poder de la TV: su capacidad para instalar los temas en la agenda colectiva. En palabras del teórico francés Dominique Wolton, “la televisión es un formidable instrumento de comunicación entre los individuos. Lo más importante no es lo que se ha visto, sino el hecho de hablar de lo que se ha visto. La televisión es un objeto de conversación. La televisión es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los habitantes rurales y los urbanos. Todo el mundo mira la televisión y habla de lo que ha visto. ¿Qué otra actividad es hoy día tan transversal?”

Medido con la vara de las charlas compartidas, a Montecristo le corresponde la virtud de haber puesto en boca de los argentinos la apropiación de niños durante la última dictadura militar y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, empeñadas en recuperar a sus nietos para devolverles la identidad robada. Pero la influencia social de la novela fue más allá de las palabras y se tradujo en hechos: desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.

Escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la telenovela producida por Telefé Contenidos toma como disparador El conde de Montecristo, la obra de Alejandro Dumas, para construir una versión libre de esa historia de traición y venganza. Adaptada a la realidad argentina, el personaje de Santiago (Pablo Echarri), víctima de un siniestro plan de su amigo Marcos, después de pasar diez años en una prisión de Marruecos regresa a Buenos Aires decidido a vengarse. Aquí lo espera más espanto: su antigua novia, Laura (Paola Krum), está casada con Marcos, es hija de desaparecidos y fue criada por un torturador, Lisandro (Roberto Carnaghi).

“En la Argentina ya se había escrito mucho sobre los desaparecidos y la apropiación de niños, pero el mensaje no se transmitía más que al sector de los interesados en el tema –sostiene Adriana Lorenzón–. El acierto de Montecristo fue tocar el tema en un género tan popular como es la telenovela. Eso nos permitió llegar a muchos ciudadanos para quienes la tarea de Abuelas no formaba parte de su vida cotidiana. A raíz del programa, esa gente incluyó esa realidad en sus conversaciones.”

A nadie se le escapa que el género de la telenovela fue concebido para audiencias masivas. Pero el formato por sí mismo no garantiza la aceptación del público. ¿Cómo se explica entonces la gran repercusión de Montecristo? Según el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director del Proyecto Comunicación y miembro del Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tira basa su éxito en una conjunción de elementos: “Es una historia clásica porque toma un viejo tema del melodrama, el reconocimiento de la identidad, pero lo cuenta desde el presente político, y lo hace en el marco de una Argentina donde el actual gobierno ha vuelto a poner en primer plano la historia reciente de la dictadura y la necesidad de encontrar la verdad y la justicia. Si a eso se suman los destacados trabajos actorales, el resultado es una buena telenovela. Que la telenovela esté bien hecha es importante porque el televidente no se dispone a ver un ciclo periodístico ni político ni de denuncia, sino una buena historia”.

Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora del Conicet-IDES, acuerda: “Es una telenovela con todos los elementos de una buena narrativa: tiene complejidad de personajes, matices, situaciones de ambivalencia y dilemas morales”.

A decir verdad, ni los autores pudieron escapar de los conflictos éticos. Cuenta Adriana Lorenzón que diseñar el personaje de Lisandro, el torturador que se apropió de Laura, no fue tarea sencilla: “Tuve que romper con mi prejuicio para poder guionarlo –admite–. Yo lo veía como un villano total porque, para mí, ese nivel de violencia y de maldad es injustificable. Pero, para interpretarlo, Roberto Carnaghi necesitaba quererlo y encontrar las justificaciones propias de un tipo como Lisandro”. Puesto a construir un victimario verosímil, Carnaghi le soltó a la guionista un argumento propio de un represor: “Imaginate que este tipo no pudo ver el Mundial del ’78 –le dijo Carnaghi a Lorenzón, en relación con Lisandro–, porque cuando había partidos era cuando más se torturaba. Pensá que Lisandro se perdió el Mundial”.

La tele que educa

“En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia”, explica Quevedo, y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”, razona Quevedo.

México no es el único país de la región que utiliza la telenovela para movilizar conciencias. En Brasil, en el año 2000, Lazos de familia, producida por la Rede Globo, funcionó como una verdadera campaña a favor de la donación de órganos. A través del personaje de Camila, una muchacha que padecía leucemia y necesitaba un trasplante de médula para salvarse, el ciclo transmitió al público masivo el mensaje de que existen órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Osea saltó de 20 a 900 por mes.

Para que una ficción televisiva logre modificar la conducta de personas de carne y hueso es necesario que su prédica caiga en terreno fértil, que la sociedad esté dispuesta a recibirlo. ¿Habría producido Montecristo la misma conmoción colectiva sin la distancia que separa los crímenes cometidos del presente? Adriana Lorenzón baraja la historia argentina y plantea sus hipótesis: “Un buen momento podría haber sido cuando tuvo lugar el juicio a las juntas militares, porque entonces teníamos el ímpetu de querer encontrar una respuesta. Luego ya no, porque vino la decepción de la Ley de Obediencia Debida y los indultos. Este año fue particularmente apto para hacer esta novela porque en la sociedad hay una cierta apertura al tema. Por un lado, porque se cumplieron 30 años del golpe y de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. Por el otro, porque, fruto de la derogación de los indultos y de la reapertura de los juicios a los responsables del horror, se ha despejado el camino para seguir buscando la verdad y la justicia”.

Psicóloga, doctorada en psicoanálisis en la Universidad de París VII y autora de Dolor país y No me hubiera gustado morir en los 90, Silvia Bleichmar opina que Montecristo genera “un nivel de identificación muy profundo en los espectadores”. A su modo de ver, “es una novela que, en vez de convocar a la ensoñación, convoca a realizar las tareas pendientes en la búsqueda de la identidad. En la Argentina, la preocupación por la identidad está presente, y no sólo en relación con los crímenes del terrorismo de Estado. Hay personas de más de 50 años que en la infancia fueron adoptadas de modo ilegal y que a estas alturas de su vida han comenzado a preguntarse quiénes son”. (Ver recuadro aparte.)

¿Justicia o venganza? En esa encrucijada está atrapado el personaje de Pablo Echarri. “Lo que plantea Montecristo es la banalidad de la venganza, que es un circuito irreparable pero aparece como una tentación permanente cuando no hay justicia –analiza Bleichmar–. La justicia es la forma en que las víctimas se sienten liberadas de la obligación de hacerse cargo de la venganza. En ese sentido, la sociedad argentina se ha manejado con enorme responsabilidad: no hay un solo torturador ajusticiado por su víctima ni un apropiador ajusticiado por una abuela. Por eso, es falso el debate acerca de si las víctimas buscan venganza. Además, en la medida en que los victimarios no piden perdón y se jactan de sus acciones, es perverso pedirles a las víctimas que los perdonen. El perdón se puede otorgar únicamente sobre la base del arrepentimiento del culpable, nunca como el pedido de una concesión más.”

Es evidente que Montecristo ha puesto el dedo en varias llagas. La duda del millón es qué sucederá en la sociedad cuando la tira ya no esté en la pantalla. Elizabeth Jelin pone signos de interrogación en el horizonte: “Cuando termine la novela se verá si este saber que la televisión ha llevado a audiencias masivas se convierte en un tema de reflexión y debate en los sectores que estaban más o menos ajenos al tema de la apropiación de niños, o si Montecristo quedará como un producto televisivo de ficción sin consecuencias sociales duraderas”.

Por Adriana Schettini

En busca de la identidad

Sabido es que el delito de apropiación de criaturas nada tiene que ver con la grandeza de alma que lleva a hombres y mujeres a adoptar un niño. Pero en un país con larga tradición de desapego a la ley, el bien y el mal se tocan.

“La dictadura pudo concretar el horror con los hijos de los desaparecidos porque en la Argentina ya existía impunidad respecto de la apropiación de niños. Hasta hace 15 o 20 años era corriente la apropiación de los niños de las clases pobres inscribiéndolos bajo una forma que ocultaba la verdad. Ni siquiera al niño se le decía la verdad sobre su origen biológico. Esoya no ocurre. Más aún, el Registro Nacional de Identidad permite que el hijo adoptivo acceda al expediente para saber quiénes lo engendraron”, dice la psicóloga Silvia Bleichmar.

–¿Es ésa la pregunta central en la vida de quien ha sido adoptado?

–El gran enigma del niño adoptivo no es quién lo engendró, sino por qué no se quedaron con él. Hay una pregunta que se repite en los consultorios: “¿Qué hice yo para que mi madre biológica no me tuviera con ella?”.

–¿Qué se entiende por identidad?

–No es verdad que la identidad de una persona sea la identidad biológica de origen. La identidad es la que se construye en la vida de un ser humano. Pero en la medida en que hay un enigma sobre la identidad biológica el sujeto no puede construir su identidad actual, porque para hacerlo necesita abandonar previamente el mito de la identidad perdida.

–¿Influyó la apropiación de niños en las preguntas que se hacen los hijos adoptivos?

–A finales de los años 80 y durante los 90, un alto número de chicos legalmente adoptados comenzaron a manifestar sus fantasías de ser hijos de desaparecidos. Desde el punto de vista psíquico, loslesionaba menos la idea de haber sido robados de padres que los amaron que la de haber sido abandonados por sus padres biológicos.

El original de Alejandro Dumas

Después de un accidentado viaje en barco, el honesto oficial Edmundo Dantés, a punto de recibir la promoción de capitán, regresa a Marsella, donde vive, dispuesto a casarse con una bella catalana, Mercedes. Sin embargo, el destino le tiene reservado otros planes y, acusado infundadamente de ser agente bonapartista, es injustamente encarcelado por la denuncia de su mejor amigo, Fernando Montego, que aspira al amor de la misma mujer.

Condenado a cumplir su pena en el castillo de If, una prisión de la que nadie ha conseguido escapar, Edmundo envejece en una celda junto a un anciano llamado Faría, un religioso erudito que es su compañero durante trece años. Este hombre le revelará un secreto, un lugar donde hay enterrado un tesoro (decenas de cajas llenas de monedas de oro). Y la forma de escapar de la prisión…

Así comienza la segunda parte, cuando Edmundo se convierte en el Conde de Montecristo y regresa para vengarse. Bajo distintas personalidades –desde un abate italiano hasta un rico banquero inglés–, Edmundo Dantés vuelve a Marsella y descubre, con perplejidad, que todos aquellos que lo traicionaron han triunfado. Creyéndolo muerto, su ex novia se ha casado con quien había sido su mejor amigo, Fernando, convertido ahora en Conde de Moncerf. La pareja ha tenido un hijo, Albert, al que Montecristo siente como propio. La novela es el relato pormenorizado de la venganza de Edmundo, trazada paso a paso durante los duros y lúgubres años de cárcel.

Es considerado el mejor trabajo de Alejandro Dumas (padre), que lo concluyó en 1844 y fue publicándolo en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes. La aparición de este folletín en el Journal de Debats, un diario de París, produjo un fenómeno de masas desconocido para la época. Sus lectores escribían cartas a la redacción solicitando la revelación anticipada del desenlace de la historia y la gente empezó a dar vida a los personajes de la novela, que adquirieron sorprendente dimensión histórica, a pesar de ser enteramente ficticios.

El origen de El Conde de Montecristo surgió de una historia que el propio Dumas declaró haber leído en las Memorias de Jacques Peuchet, un archivista de la policía de París. En El diamante y la venganza, Peuchet contaba la historia de un obrero y zapatero llamado Francis Picaud, que vivía en París en 1807 y quien, a punto de casarse con una rica candidata, visita a un amigo suyo que, junto a tres pícaros, decide apostar a que la boda del inocente enamorado podía aplazarse por algunos días. Lo acusaron a la policía de ser un espía inglés y la broma se les fue de las manos. El inocente fue apresado y pasó siete años en una cárcel en Italia. Al salir, el otrora ingenuo Picaud tomó un nuevo nombre y entró a trabajar al servicio de un sacerdote que lo apadrinó y lo designó su heredero universal. Rico y ennoblecido, el bueno de Picaud inició una venganza en cadena contra cada uno de sus ofensores.

Este fue el origen del argumento de El Conde de Montecristo. Dumas tomó la idea de Peuchet explotando sin el menor escrúpulo la satisfacción pagana que producía en sus lectores ser testigos de la ejecución de una venganza, que para muchos era sencillamente ejemplar.

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