Medio Ambiente y Desarrollo en América Latina. Del caso transgénicos y tecnología ambiental

 Mgter. Facundo M. PonceInvestigación para FLACSO- Sede Argentinafacumdqar@yahoo.com.ar

Abstract:El tema del medio ambiente comparte en los últimos años una visión regional. Sucede que con el fenómeno de la globalización no pueden dejar de lado  las interacciones de diversos actores transnacionales. Si bien hay problemas específicos relativos a cada país, hay una integración regional que se da en el tema.Ponencia:-Medio Ambiente- Desarrollo- Actores transnacionales            Entre muchos argumentos, los que abogan por la globalización económica alegan que, en el largo plazo, ésta aumenta la protección ambiental. Su teoría consiste en que a medida que los países se globalizan, a menudo explotando recursos como bosques, minerales, petróleo, carbón, peces, vida silvestre y agua, su mayor riqueza les permitirá salvar más porciones de naturaleza de posibles estragos, y además les permitirá introducir elementos técnicos para mitigar los impactos ambientales negativos derivados de su propia producción aumentada. Sin embargo, existen fuertes evidencias de que cuando los países aumentan sus aparentes ganancias dentro de una economía global, la mayor parte de ellas va a las corporaciones globales, que tienen pocos incentivos para volcar parte de sus beneficios hacia la protección ambiental. En vez de hacerlo, arrastran al país a una explotación aún mayor, o simplemente se guardan el dinero y escapan rápidamente del país. Tal es la conducta corporativa “normal” dentro de una economía global.

El tema del medio ambiente comparte en los últimos años una visión regional. Sucede que con el fenómeno de la globalización no pueden dejar de lado  las interacciones de diversos actores transnacionales. Si bien hay problemas específicos relativos a cada país, hay una integración regional que se da en el tema.

Las maquiladoras son plantas de montaje establecidas por corporacio­nes transnacionales de diversas ramas (textiles, automotrices, electrónicas, etc.) en países donde se pagan bajos salarios para realizar el ensam­blaje final de partes provenientes del exterior y así obtener productos finales que son reexportados casi sin pagar derechos aduaneros. Las maquiladoras comenzaron a establecerse en el norte de México en la década de 1970. Actualmente existen más de 3.000 plantas maquilado­ras en México que emplean a más de 900.000 trabajadores, y aunque el 81% de ellas aún se concentra en la zona fronteriza con Estados Unidos, su presencia ya no se limita a ella. Pero además, actualmente las maquiladoras emplean unos 200.000 trabajadores en sus plantas en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua (Red de Solidari­dad de
la Maquila, 1995). También las hay en República Dominicana, así como en países del Sudeste Asiático.”(Mato, 2000: 3)
Mediante este ejemplo se puede ver como en las cuestiones de medio ambiente, intervienen diversas redes de actores. Cada uno de estos tiene intereses específicos y estos se diferencian de acuerdo a los lugares que ocupan en la red.  Obviamente, los cambios que introduce la maquila no son simplemente económi­cos y ambientales, sino también sociales y culturales. Estos cambios no son produci­dos solamente por las empresas transnacionales. Las empresas eligen un cierto lugar para establecer su maquila, y no otro, porque se dan ciertas condiciones, algunas de las cuales se relacionan con procesos macroeconómicos que responden a decisiones de actores sociales no sólo globales sino también nacionales, y que se expresan en las políti­cas económicas. Estas políticas en última instancia responden a ideas de “desarrollo”, “progreso” y/o de “modernización”, referentes que no son simplemente económicos sino también políticos y culturales, y que no son sólo nacionales, sino “globales” (Escobar, 1998). Pero no sólo cuentan en esto factores y decisiones de orden global y nacional, también hay decisiones de actores municipales, y de actores estatales, provinciales o departamentales (según los países), los cuales acuer­dan permisos de instalación, promueven regímenes impositivos preferenciales (muchas maquilas operan en zonas francas o en otros tipos de marcos preferenciales), facilitan el entrenamiento de los trabaja­dores, obvian regulaciones ‑o al menos controles‑ sobre el cuidado del medio ambiente, la salud de los trabajadores y sus derechos sindi­cales, etc.Otro ejemplo que demuestra la interacción de diversos actores en la región también lo plantea Daniel Mato: “Se trata de
la Primera Cumbre entre Indígenas y Ambientalistas realizada en Iquitos (Amazonia peruana), en mayo de 1990, con la participación de
la Coordinadora de Organiza­ciones Indígenas de
la Cuenca Amazónica (COICA), las cinco federacio­nes indígenas nacionales que para la época la constituían (de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Brasil) y numerosas organizaciones am­bientalistas y otras no gubernamentales que actúan transnacionalmen­te, y tendencialmente en todo el mundo, es decir lo que denomino “actores globales” (para enfatizar el alcance de sus prácticas). Como resultado de este encuentro los participantes emitieron
la Declara­ción de Iquitos, la cual fue firmada por representantes de Greenpeace, Survival International, Cultural Survival, Conservation International, Oxfam‑America, Fundación Ford, Inter‑American Foundation, otras 17 organizaciones con sede en Europa y EE UU y una organización conservacionista peruana.”(Mato,2000:19) La declaración considera que “es necesario seguir trabajando en adelante como una alianza indígena y ambientalista por una Amazonía para la humanidad”.
En respuesta al “grave deterioro de la biosfera” la alianza establece acuerdos significativos con el objeto de lograr, entre otras cosas, “el reconocimiento de los Territorios Indígenas para que dichos pueblos desarrollen programas de manejo y conservación [del ambiente]”; para lo cual es necesario “canalizar recursos técnicos y financieros”. La declaración también establece la creación de un comité coordinador que analizará y diseñará “las mejores estrategias para la defensa de
la Amazonía Indígena” (Chirif, García y Chase, 1991. 176‑177). Esta doble caracterización de “una Amazonía para la humani­dad” y “
la Amazonía Indígena” expresa convergencias y diferencias entre las dos partes de
la alianza. Pero lo notable es que subyace a ambas una idea común:
la Amazonía es una cuestión que no compete a los Estados ni a otros actores de las sociedades nacionales. Como puede los diversos actores establecen sus agendas[1] (que cristalizan sus diversos intereses) en la esfera pública y es en este terreno donde se producen negociaciones por las diferentes prácticas que emanan de éstos mismos.

Esta controversia en torno al medio ambiente y los actores transnacionales no es nueva. Ya en 1987 se planteaban los primeros antecedentes del tema. El Informe Brudlant (1987) centra su atención en los “estilos de desarrollo”, y sus repercusiones para el funcionamiento de los sistemas ecológicos, subrayando, que los problemas del medio ambiente y por ende de las posibilidades de que se materialice un “estilo de desarrollo sostenible”, se encuentran directamente relacionados con los problemas de la pobreza, de la satisfacción de las necesidades básicas de alimentación salud y vivienda, de una matriz energética que privilegie las fuentes renovables, y del proceso de innovación tecnológica. En este marco de ideas el Informe Brudlant propone como alternativa la búsqueda de un “desarrollo sostenible”, dejando una definición que opera en relación con un destino, que implica responsabilidad intergeneracional, al plantear a este como “un nuevo sendero de progreso que permite satisfacer las necesidades y aspiraciones del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades.” En suma, el informe define las relaciones entre medio ambiente y desarrollo y propone un programa global para el cambio, pero no toma en cuenta las tareas para su implementación práctica que realmente le podrían colocar en una posición realmente transformadora. Entre ellas se podrían indicar: a) comprender cómo la gente y las sociedades se interrelacionan con su medio ambiente. b) desafiar los modelos simplistas que la ideología dominante reclama para ser la única manera de interpretación de los fenómenos económicos, c) localizar el concepto de crecimiento, que sea distinguible histórica y culturalmente, y que ello identifique los mecanismos adecuados para hacerle frente al enriquecimiento y la exclusión. c) aplicar mecanismos de integración activa y sostenida en el mercado mundial mediante productos y servicios de creciente calidad con un grado cada vez mayor de valor agregado por la industria y el agro nacional. Ello permitiría reducir el uso de recursos naturales y crearía las condiciones para introducir tecnologías no contaminantes y de bajo consumo energético. De esta manera, se desvincularía el crecimiento productivo de las exportaciones de consumo de recursos naturales, reduciéndose en términos absolutos la contaminación ambiental. La importancia del mencionado informe, es que a partir del mismo comienzan a organizarse los diferentes movimientos ambientalistas que luego mediante formas de ONGs o movimientos sociales generaran las protestas por el medio ambiente durante la década del noventa.

Tópicos controversiales. El discurso de Greenpeace sobre Transgénicos.

El afianzamiento de la racionalidad científica occidental provocó en los movimientos sociales ambientalistas, sobre todo en la región latinoamericana, grandes preocupaciones. La idea de que a la naturaleza había que someterla, modificarla a imagen y semejanza de un imaginario obsesionado con las jerarquías, la fragmentación y el materialismo, irritó principalmente a los movimientos antiglobalización que operaban en
la región. Estos últimos veían que esta manera de entender la agricultura facilitaba la hegemonía de la producción agroindustrial basada en el uso abusivo y masivo de los abonos sintéticos, agrotóxicos, monocultivos, semillas híbridas de estrecha base genética y la dependencia en la mecanización y el uso masivo del riego. En contra de estos supuestos, las organizaciones ambientalistas comenzaron a estructurar sus discursos en contra de este tipo de agricultura.

Siguiendo el esquema de trabajo propuesto, dentro de los tópicos controversiales a analizar vamos a situarnos en el tema transgénicos desarrollados tanto desde Greenpeace, como desde laboratorios que trabajen sobre el tema.

El discurso de Greenpeace sobre Transgénicos en su página web manifiesta lo siguiente: “Sin saberlo ni quererlo, en estos momentos, tanto vos como tu familia están comiendo alimentos obtenidos a través de la ingeniería genética. Nadie te avisó ni te consultó si lo querías. Sin embargo estás expuesto a riesgos todavía no predecibles. ¿Por qué lo hicieron? Una corta y cruda respuesta sería “para abaratar costos”, pero las causas son más profundas. Greenpeace quiere informarte sobre lo que las corporaciones biotecnológicas no quieren que sepas. Esta es información independiente de una organización independiente que, gracias al aporte de millones de personas, puede investigar lo que otros no quieren que se investigue y decir lo que otros callan. Pero informarte no es suficiente. En estos momentos, Greenpeace y un amplio movimiento de científicos, entidades médicas, organizaciones ecologistas, campesinos, comunidades indígenas y grupos de consumidores están luchando para que las multinacionales de la biotecnología y la alimentación no afecten la salud de los ecosistemas ni la vida  humana. Sólo con vos podremos detener esta amenaza. Hay que actuar ahora, no hay tiempo que perder. Quienes producen y comercializan transgénicos están esperando que no hagas nada.”(Greenpeace.org.ar/index.php) Continuando con la información que esta página difunde sobre la controversia de los transgénicos, se puede encontrar un título que manifiesta: “Lavagna, el empleado del mes de Monsanto”. Esta nota difunde la siguiente información: BUENOS AIRES (13 de julio de 2004).– Greenpeace calificó al ministro de Economía Roberto Lavagna como “empleado del mes” de la multinacional semillera Monsanto, al acceder a sus pretensiones de abrir el mercado argentino al cultivo del maíz transgénico resistente al glifosato. La organización ambientalista cuestionó la legitimidad y la transparencia de la aprobación del maíz transgénico, al denunciar que el gobierno no cumplió su promesa de consultar la medida con las organizaciones de la sociedad civil. “Solamente consultó a los que tienen un interés económico concreto, a los actores de la cadena maizera. Las entidades que bregan por el bien público han sido ignoradas, como en la peor época del menemismo”, dijo Emiliano Ezcurra, coordinador de la campaña de Biodiversidad de Greenpeace.El discurso de Monsanto. Las redes comerciales de actores en medio ambiente.

Las corporaciones de agroquímicos que controlan la dirección y los objetivos de la innovación agrícola por medio de la biotecnología sostienen que la ingeniería genética mejorará la sostenibilidad de la agricultura resolviendo los problemas que afectan al manejo agrícola convencional y librarán a los agricultores del tercer mundo de la baja productividad, la pobreza y el hambre (Molnar y Kinnucan, 1989; Gresshoft, 1996).

La mayoría de las innovaciones en biotecnología agrícola son motivadas por criterios económicos más que por necesidades humanas, por lo tanto la finalidad de la industria de la ingeniería genética no es resolver problemas agrícolas sino obtener ganancias. Más aún, la biotecnología busca industrializar la agricultura en mayor grado e intensificar la dependencia de los agricultores en insumos industriales, ayudados por un sistema de derechos de propiedad intelectual que inhibe legalmente los derechos de los agricultores a reproducir, intercambiar y almacenar semillas (Busch et al., 1990). Al controlar el germoplasma desde la semilla hasta la venta y forzar a los agricultores a pagar precios inflados por los paquetes de semilla-químicos, las compañías están dispuestas a obtener el mayor provecho de su inversión. “Queremos reiterar nuestro compromiso con
la Argentina desde hace más de 50 años y con el desarrollo tecnológico de la agricultura en el país. Esperamos que el camino arriba descripto, nos permita construir entre todos un futuro prometedor y de crecimiento para el agro, a través de un fluido y sustentable acceso a nuevas tecnologías, que beneficien a todos, al país, los productores y la industria. Convencidos de que el beneficio de todos está en el acuerdo y respeto de reglas claras, agradecemos su tiempo destinado a leer esta nota.”(monsanto.com.ar/teconlogiarr)

Como se ha podido observar, la construcción de conocimiento sobre medio ambiente en general, y en particular sobre uno de los  temas analizados – transgénicos – difiere según sea la posición relativa que ocupen los actores Greenpeace o Monsanto dentro de la red de actores que operan sobre el concepto medio ambiente.

Los discursos corporativos como el de Monsanto privilegian dentro de la red, en relación al medio ambiente, el punto de
la eficiencia. De modo que compañías como Monsanto, Cargill y Archer Daniels Midland están dirigiendo un coro unánime de declaraciones corporativas, gubernamentales y burocráticas – a menudo expresadas en avisos de millones de dólares – en el que sostienen que los pequeños agricultores no son lo suficientemente “productivos” o “eficientes” como para alimentar a un mundo hambriento. Sólo podrán hacerlo las corporaciones globales.

La primavera pasada, unos 25.000 activistas anti-globalización incluidos movimientos verdes de todas partes del mundo se reunieron en Porto Alegre, Brasil, para iniciar un proceso de organización global hacia el reemplazo del modelo de Bretton Woods. Se espera definir un nuevo conjunto de acuerdos internacionales que operen desde una jerarquía de valores totalmente diferentes, no corporativos. Según manifiesta Greenpeace no circuló mucha información sobre esta reunión, porque, en ese momento, todos los “media” estaban en Davos, donde los capitanes de la industria y de la globalización se reunieron, al mismo tiempo, en el así llamado Foro Económico Mundial.

De todos estos puntos  surgen interrogantes como: ¿Quién se beneficia?, ¿Cuál de las dos significaciones atribuidas se aproxima más a la realidad?, ¿Cuáles son los puntos que se privilegian en cada posición?, ¿Cómo puede sostenerse la hiper-expansión? ¿Cuánto podrá durar antes que tengamos que enfrentar directamente los límites de un planeta finito? ¿De dónde podrán llegar los recursos – los minerales, la madera, el agua, la energía – para alimentar una expansión exponencial, sin matar al planeta? ¿Cuántos caminos podrán cubrir el paisaje? ¿Cuántos peces podrán ser industrializados al vacío desde el océano antes que colapse el ecosistema y que las especies desaparezcan? ¿Cuánta contaminación podemos soportar para sobrevivir? ¿O calentamiento global, o reducción de ozono, antes de que los costos sociales y ambientales crezcan demasiado?.  Tal vez este sea el tipo de cuestiones que sólo la estabilización de la significación del tópico controversial analizado, transgénicos, en relación al medio ambiente, en general,  pueda responder. Por el momento sólo se asiste a la construcción de significados parciales, que dependen de la posición que los diversos actores sostengan dentro del entramado social. 

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Boulder, Westview Press
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Cambridge, Mass.; MIT Press.
·         Buttel, F. H. (1997) “Social Institutions and environmental change” en Redclift, M. y G Woodgate (eds) The International.·         Carr, Thomas, Heather Pedersen y Sunder Ramaswamy (1993), “Ruin Forest Entrepreneurs”, en Environment, vol. 35 nº 7, pp. 13‑15 y 33‑38.·         Chirif, Tirado; P. Alberto, H. García y R. Chase S. (1991), El indígena y su territorio son uno solo, Lima, COICA‑Oxfam América.·         COICA (1989), “
La COICA. Por el futuro de
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·         Ferry, Jean M.- Wolton, Dominique (2000) El nuevo espacio público. Editorial Gedisa. Buenos Aires.·         Haraway, Donna (1985) ”Teddy Bear Patriarchy: Taxidermy in the

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·         Conklin, B. y L. Graham (1995), “The Shifting Middle Ground: Amazonian Indians and Ecopolitics”, en American Anthropologist, vol. 97, n° 4, pp. 695‑710.·         Dagnino, Evelina (ed.) (1994), Anos 9o: Política e sociedade no Brasil. Sao Paulo, Ed. Brasiliense.·         Dalmagro, María Cristina (2000), “Trabajo final del seminario de postgra­do ‘Estudios Culturales Latinoamericanos’: investigaciones sobre cultura y po­lítica en América Latina y dilemas de su institucionalización”, a cargo de Da­niel Mato, Escuela de Letras, Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).·         Escobar, Arturo (1998), La invención del Tercer Mundo: Construcción y deconstrucción del desarrollo, Bogotá, Ed. Norma (original: Encountering Development, Princeton University Press, 1996).·         Kreimer Pablo (1998) “Understanding Scientific Research on the Periphery : Towards a new sociological approach” Easst Review vol. 17, N° 3.·         Mato, Daniel (2000) “Des-fetichizar la globalización: basta de reduccionismos, apologías y demonizaciones, mostrar la complejidad y las prácticas de los actores”. En Mato, D (compilador), Estudios latinoamericanos sobre cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización.  CLACSO-ASDI. Buenos Aires.·         Mc Combs, Maxwell, Shaw, E (1972) Agenda setting function. Hillsdale.
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[1] El tema de las agendas no es sólo relativo a los medios y periodistas. Si bien es un concepto que nace de las Teorías de

la Comunicación. Los estudios de agenda setting function fueron realizados por Mc Combs y Shaw en la década de los setenta. Los mismos pertenecen a la tradición funcionalista de

la Mass Comunication Research. Son parte de las teorías que estudian los efectos de los medios a largo plazo. Este concepto va a resignificarse por diversos autores, Dominique Wolton, introduce dentro de esta línea de investigación una tríada de actores sobre los que van a observar el efecto de agenda. Los actores, en cuestión, propuestos por el autor son los medios, a través de los periodistas, los gobiernos que cristalizan el poder y los ciudadanos. Wolton denomina espacio público al lugar donde van a interactuar estas agendas de los diversos actores sociales. Durante la década del noventa, en Argentina, Heriberto Muraro (1997) entre otros investigadores, analizan la relación entre las agendas ciudadanas, la de los medios y las agendas de los políticos.  

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