Convergencia tecnológica
| El martes 6 de junio nos visitó Alejandro Terzi, presidente de Ignis, Medios y Comunicación, y Vicepresidente de la Cámara Argentina de Centrales de Medios quien nos habló sobre los nuevos formatos comunicacionales a partir de los cambios sociológicos y culturales y de la convergencia tecnológica.Reproducimos una carta a Adriana Amado Suárez, directora de la carrera de Comunicación Social, en relación con este evento.Estimada Adriana:Ha sido muy buena la disertación del Sr. Alejandro Terzi. Celebro las iniciativas de la universidad por recrear constantemente la formación de sus alumnos también fuera de las aulas. Me atrevo a escribirle este correo luego de recibir la apelación hecha por usted hacia nosotros, los alumnos, a verter nuestras inquietudes y propuestas. Dicho esto, van aquí estas líneas con todo mi respeto. Resulta que a mí francamente me inquieta cuál es el lugar que les cabe a los comunicadores dentro de la sociedad actual. Evidentemente, trabajar en grandes empresas o en medios reconocidos no ha de ser la aspiración de todos, ni mucho menos, la única posibilidad que se abre a los profesionales en comunicación. Solo es una cara de la moneda, quizás la más prometedora económicamente. La otra cara tal vez pueda ser bien cercana a la educación y a la defensa frente al avasallamiento de información y propuesta de venta que vivimos hoy día, o a una propuesta de trabajo contra la manipulación y dominio de los grandes medios de comunicación hacia la sociedad, una propuesta de comunicación que no esté tan unida a las especulaciones y relaciones con los grupos de poder. ¿A qué quiero llegar con esto? A mi entender ha sido muy bueno el planteo sobre la realidad actual de los medios de comunicación insertos en la sociedad que ha hecho el Sr. Terzi. Dado el sistema actual de cosas parece que todo sigue un ritmo frenético y que el devenir del pueblo es acomodarse al mismo e incluso tomar las necesidades que se inventan como propias, a través de un proceso inconsciente, ya que, como bien dijo el Sr. Terzi, cada vez más las marcas han comprendido que deben trabajar sobre la mente y sobre las emociones. Los medios de comunicación caminan al paso que llevan las empresas y las marcas. Los diarios, la tv y la radio son empresas y funcionan como tales. Desde mi óptica y para simplificar un poco los términos, podemos ver claramente dos posiciones de los comunicadores frente a su comunidad. La postura que ha mostrado el Sr. Terzi, donde el profesional aplica sus estudios para interpelar a las emociones y los instintos de los individuos con el fin de crear una necesidad de compra o producir una imagen favorable para una institución y, por otro lado, la figura de quien quiere favorecer y propender a que el pueblo tenga una actitud crítica frente a la gran fuerza que constituyen tanto empresas como medios (o ambos relacionados). Está visto que individualmente y con poca formación un individuo será muy fácil de manipular; es aquí, como dice U. Eco, donde quizás se deba colaborar para ejercer alguna resistencia ante una sociedad que se vuelve cada día más perversa y apunta a la mediocridad. Un pueblo inculto es más fácil de dominar: personalmente veo confirmaciones de esta sentencia a diario, cuando veo las propuestas de la televisión que intentan abolir toda crítica, que lo único que buscan es apelar a las emociones y desde allí imponer su concepción del mundo. Esto vuelve a repetirse en los grandes grupos de medios que controlan radios, diarios y canales de tv; en su relación con las empresas y las estrategias desinformativas; etc. Dicho esto, a lo que quiero llegar es a que luego de haber visto a lo largo de tantas materias cómo es el funcionamiento y manejo de la información, desde dónde se trabaja con la publicidad, cuáles son los objetivos de las grandes empresas, creo que estamos en condiciones de pensar hacia dónde queremos apuntar con nuestra profesión, pues si nunca lo cuestionamos quizás estemos contribuyendo a algo así como la desinformación y reproduciendo constantemente mediocridad funcional. ¿Cuál es mi propuesta? Me encantaría que se pueda dar un debate sobre este tema. Sobre cómo pensamos insertarnos el día de mañana como comunicadores. Mostrar que no hay una sola salida. Enlaces con la educación popular. Contactar a algún profesional que trabaje desde este otro lado. Cordialmente, Marcos Pearson “Solo el amor convierte en milagro el barro” |
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Add comment Septiembre 15, 2009
Diversos abordajes en torno a la influencia de los medios.
La sociología anglosajona fue la disciplina que introdujo el concepto de mass communication o mass media, tan generalizado en el ámbito de las Ciencias de la Comunicación, aunque otras líneas siguen prefiriendo la denominación de Medios de Comunicación Social, dado que el término masa enfatiza la connotación de anonimato y pasividad de las audiencias que, según los últimos estudios en la materia, no se ha revelado tan pasiva en la recepción de los mensajes de los medios.
1. El enfoque filosófico:
El estudio de los problemas referentes a las comunicaciones masivas ha atravesado dificultades en cuanto a su enfoque por parte de los teóricos de la comunicación. Por un lado, lo rechazan quienes minimizan su importancia en beneficio del estudio de realidades sociales más consistentes (economía, historia, clases sociales, luchas políticas, etc). Por otro lado, cuando se le reconoce su importancia, el enfoque de la problemática de los medios se polariza en dos actitudes contrarias: o bien se atribuyen a los medios de comunicación todos los males que agobian a nuestras llamadas sociedades de consumo, desde el adoctrinamiento sistemático de las conciencias hasta la vulgarización y la banalización de la vida cotidiana y de las mentes del público, o bien, en el extremo opuesto, se considera a los medios como instrumento de sensibilización de la inteligencia de los usuarios y se magnifica el poder transformador de su tecnología. Este debate entre corrientes teóricas de pensamiento que analizan los efectos de los medios fue sistematizado por Umberto Eco en su trabajo Apocalíticos e Integrados de 1964. Básicamente se refiere al alineamiento de la crítica en dos corrientes: la iniciada por los pensadores de la Escuela de Frankfurt, de raíz marxista y la iniciada por el filósofo canadiense Marshall McLuhan.
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2 comments Marzo 1, 2009
Los aportes de la escuela de Frankfurt
por Mariel ortolano
La Perspectiva crítica
Conformada entre los años 1924 y 1932, esta escuela de pensamiento continúa la línea crítica que se inicia en Europa con la Ilustración y que caracteriza en definitiva al pensamiento europeo: la fuente del filosofar es más la incredulidad que el asombro. En el contexto del surgimiento del nazismo, representan la defensa de la razón a ultranza frente al avance del irracionalismo. Sus fuentes doctrinarias representadas por las teorías de Hegel, Marx y Freud establecen una perspectiva pesimista en relación con los fenómenos culturales que se asociaban en la primera parte del siglo XX a la masificación de las comunicaciones.
Desde la publicación de La industria cultural (1947) el análisis de los fenómenos ideológicos en relación con la institucionalización económica y cultural de los medios es su principal objeto de estudio y, por consiguiente, los efectos de las industrias culturales sobre el público.
El concepto de industria cultural que introdujeron Adorno y Horkheimer por primera vez en La dialéctica de Iluminismo reemplaza el concepto de “cultura de masas” (la elección del término tiene como finalidad evitar malentendidos en torno a su enfoque: su obra no implica una crítica a la cultura de masas entendida como cultura popular, es decir, la cultura surgida de las propias clases populares, sino para definir lo que hoy más genéricamente podemos denominar cultura mediática: la cultura producida y difundida por los medios masivos de comunicación).
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4 comments Febrero 28, 2009
El Contrato Mediático: la teoría de los discursos sociales.
por Mariel Ortolano
En estas últimas clases estamos centrando nuestra atención en un grupo de autores que nos ayudan a reflexionar sobre el tema de la relación de los medios con esa entidad que llamamos realidad social y que la mayoría de nosotros considera desde el sentido común como un conjunto de hechos incuestionable, tácticamente existentes y determinantes de nuestra existencia cotidiana.
Eliseo Verón fue construyendo una teoría, la teoría de los discursos sociales, como una síntesis a partir de los aportes de los pensadores que podemos considerar fundamentales dentro del contexto del contexto de las Ciencias Sociales; es decir, Verón no produce una teoría original, sino que compila hábilmente los avances de la Filosofía del lenguaje (Wittgestein), la antropología (Bateson) la semiótica peirceana y, en definitiva, la vertiente más aplicable en el ámbito de los métodos de análisis del discurso que es la teoría de la enunciación (Benveniste).
Según esta teoría, que Verón no formuló en un solo libro sino a lo largo de sus muchas publicaciones, la entidad que llamamos realidad social es una construcción discursiva que los medios realizan en base al imaginario social, entendiendo a ese imaginario como el conjunto de creencias, mitos, deseos y frustraciones que en cierto modo constituyen la idisincracia de cada sociedad.
El conjunto de discursos sociales sobre la realidad conduce a la constatación de que hay tantas realidades como discursos y los medios informativos constituirían entonces medios de producción de lo real social. El carácter de acontecimiento lo construye el medio a través de la noticia:
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1 comment Febrero 24, 2009
La mediatización
INTERFACES. Eliseo Verón. Sobre la democracia audiovisual avanzada. (en El nuevo espacio público, ed. Gedisa, Barcelona, 1992, p. 124-139)
En primer lugar, veremos algunas hipótesis que son interpretaciones de hechos concernientes a la evolución reciente de las sociedades llamadas “postindustriales”, y sobre las cuales no podré extenderme en el marco de este trabajo.
Las sociedades postindustriales son sociedades en vías de mediatización, es decir, sociedades en que las prácticas sociales (modalidades de funcionamiento institucional, mecanismos de toma de decisión, hábitos de consumo, conductas más o menos ritualizadas, etc.) se transforman por el hecho de que hay medios. El proceso de mediatización no avanza al mismo ritmo en los distintos sectores del funcionamiento social; es cierto que el mecanismo estatal (y, por lo general, el campo de lo político) es uno de los sectores en que esta mediatización es bien visible. Una sociedad en vías de mediatización (distinguible de la sociedad mediática del período anterior, es decir, una sociedad en que poco a poco se implantan tecnologías de comunicación en la trama social) no por eso es una sociedad dominada por una sola forma estructurante, lo cual explicaría la totalidad de su funcionamiento. La mediatización opera a través de diversos mecanismos según los sectores de la práctica social que interese, y produce en cada sector distintas consecuencias. Dicho de otro modo: una sociedad mediatizada es más compleja que las que le han precedido. A pesar de lo que se diga, la publicidad, el discurso político, el discurso informativo. el discurso científico, etc., resultan de condiciones de producción y de reconocimiento diferentes, específicas en cada caso.
Respecto del sistema político, la pantalla chica se convierte en el sitio por excelencia de producción de acontecimientos que conciernen a la maquinaria estatal, a su administración, y muy especialmente a uno de los mecanismos básicos del funcionamiento de la democracia: los procesos electorales, lugar en que se construye el vínculo entre el ciudadano y la ciudad. En otras palabras, ya estamos en la democracia audiovisual. Más para bien que para mal, a mi juicio, pero ése es otro debate. En cada práctica discursiva, la mediatización ha implicado la incorporación progresiva de nuevos registros significativos. En su historia, de una manera muy esquemática, la mediatización influyó primero en la escritura, con la prensa masiva (el orden de lo simbólico, en la terminología de Peirce); a continuación se fue haciendo cargo del universo figurativo de la representación, con la fotografía y el cine (el orden dé lo icónico, siempre según Peirce), y finalmente se apoderó del registro del contacto, en forma parcial -en primer lugar‑ con la radio, y luego en forma plena mediante la televisión para el público en general (el orden de lo indicial peirciano). La incorporación de un nuevo registro significativo no ha implicado, claro está, la anulación de los anteriores: mirar televisión no hace a uno sordo, lo cual remite a la complejidad creciente de la discursividad en la sociedad postin-dustrial. También aquí hay un debate que esquivo: todo lo que se podría decir de los contrasentidos en que se incurrió respecto de nuestra “civilización de la imagen”.
Add comment Febrero 19, 2009
El contrato de lectura
ELISEO VERON
EL ANÁLISIS DEL “CONTRATO DE LECTURA”
UN NUEVO MÉTODO PARA LOS ESTUDIOS DEL POSICIONAMIENTO
DE LOS SOPORTES DE LOS MEDIA.
Eliseo Verón, El análisis del “Contrato de Lectura”, un nuevo método para los estudios de posicionamiento de los soportes de los media, en “Les Medias: Experiences, recherches actuelles, aplications”, IREP, París, 1985.
1. La lectura, una práctica
invisible.
Es necesario, primeramente, precisar en qué consiste la novedad de la demarcación que haremos aquí. Ella articula, de hecho, dos técnicas que son, en tanto que tales, bien conocidas: el análisis semiológico de un “corpus”, por una parte, y el terreno cualitativo (entrevistas semidirectas o grupos proyectivos), por otra.
La novedad de su delimitación proviene de su objeto, que podemos caracterizar como las condiciones y las determinaciones de la lectura de un soporte de prensa.
Ahora bien, la lectura, en tanto que actividad significante, en tanto que proceso socio–cultural de “captura” del sentido de un texto, de un discurso (o más en general, de un media), se ha constituido muchas veces de manera insatisfactoria como un objeto de conocimiento. Hay muchas razones para ello que han funcionado como otros tantos obstáculos a la hora de dar cuenta de una problemática concerniente a la lectura. El primer obstáculo viene de la lingüística. En tanto que “teoría de la gramática”, la lingüística ha insistido durante mucho tiempo sobre la indistinción entre locutor y alocutario, esto es, entre producir una frase y entenderla. El “sujeto” de la competencia lingüística es definido de este modo como locutor–auditor.(1) Roman Jakobson ha sido uno de los primeros lingüistas que ha sugerido que los procesos de producción de frases y los de su recepción no son de la misma naturaleza.(2) Sin entrar a discutir si la no distinción entre emisión y recepción está justificada o no sobre el plano del análisis propiamente lingüístico, es cierto que un punto de vista semejante, transferido al dominio del funcionamiento social del lenguaje, no ha estimulado un análisis de la especificidad de la recepción de los discursos en relación a su producción. A eso se agrega un segundo factor: la lingüística ha privilegiado siempre la palabra sobre la escritura. Es decir, una razón adicional para no reflexionar sobre los procesos de la lectura.
En semiótica, ha sido siempre más fácil trabajar sobre los textos mismos que cuestionarse sobre la forma en que se los lee. Además, la semiótica se ha interesado sobre todo, en las obras literarias, en los textos considerados como excepcionales y en consecuencia, automáticamente valorizados: fascinada por la obra (y a través de ella, por el autor), la semiótica no se ha interesado por aquellos que la leen, y menos, por los que no la leen. Una problemática de la lectura de la obra literaria comienza recién a esbozarse.(3)
En cuanto a los sociólogos, han acumulado información sobre los lectores, sin interrogarse por el funcionamiento social de los textos, menos aún, por el proceso de lectura.
Los conocimientos se constituyen entonces, por una parte (y sobre todo) sobre los lectores, y por otra, sobre los textos, de modo que estos dos saberes empíricos han estado siempre separados. Conocemos bien quién lee qué. Sin embargo, nos vemos enfrentados, generalmente, a problemas cuya solución no parece ser abordable en base a la acumulación de estos dos tipos de información.
Evoquemos algunas situaciones:
1.– Dos soportes se dirigen a un mismo sector, tienen las mismas rúbricas, tratan los temas de la misma manera. Uno progresa y el otro, declina. ¿Por qué?
2.– Entre los individuos que tienen el mismo perfil sociodemográfico y que expresan las mismas configuraciones de motivación, intereses, de expectativas, etc., unos leen el soporte A y los otros, el B. ¿Por qué?
3.– En el sector de la novedad (juegos electrónicos, video, micro–informática, etc.) se asiste a una proliferación de negocios que tratan los mismos temas, y en esta plétora, sólo sobreviven algunos. ¿Cómo saber cuáles tienen esta chance y por qué?
4.– El posicionamiento de los soportes pertenece a un mismo universo de competencia y se realiza en un espacio cada vez más estrecho. En este espacio de competencia estrecha ¿cómo un soporte puede encontrar argumentos nuevos de valorización, capaz de poner en evidencia su singularidad entre los anunciantes?
Para tratar este tipo de problemas, la puesta en relación de sus lectores (sea en términos socio–demográficos o en “estilos de vida”) no es suficiente. Yo sostengo que es inútil buscar una solución a estos problemas a partir de una acumulación de información sobre el lector o por un tratamiento cada vez más “refinado” de esta información. En tanto que los soportes y los lectores sean conocidos como dos realidades separadas, este problema no puede ser abordado de un modo satisfactorio; hay que comprender su relación, y ésta no es otra cosa que la lectura, esa práctica social que hasta ahora, se ha mantenido invisible.
El contrato de lectura
La relación entre un soporte y su lectura reposa sobre lo que llamaremos el contrato de lectura . El discurso del soporte por una parte, y sus lectores, por la otra. Ellas son las dos “partes”, entre las cuales se establece, como en todo contrato, un nexo, el de la lectura. En el caso de las comunicaciones de masa, es el medio el que propone el contrato.(4)
El éxito de un soporte de la prensa escrita se mide por su capacidad de:
–proponer un contrato que se articule correctamente a las expectativas, motivaciones, intereses y a los contenidos del imaginario de lo decible visual.
–de hacer evolucionar su contrato de lectura de modo de “seguir” la evolución socio–cultural de los lectores preservando el nexo.
–de modificar su contrato de lectura si la situación lo exige, haciéndolo de una manera coherente.
La primera cuestión es saber por cuáles mecanismos y en qué nivel de funcionamiento del discurso de un soporte de prensa se construye el contrato de lectura.
La respuesta nos la da la teoría de la enunciación, que es sin lugar a dudas, el desarrollo más importante en las ciencias del lenguaje en estos últimos años.(5) Se trata, primeramente, de distinguir, en el funcionamiento de cualquier discurso, dos niveles: el enunciado y la enunciación. El nivel del enunciado es aquel de lo que se dice (en una aproximación gruesa, el nivel del enunciado corresponde al orden del “contenido”); el nivel de la enunciación concierne a las modalidades del decir. Por el funcionamiento de la enunciación, un discurso construye una cierta imagen de aquel que habla (el enunciador ), una cierta imagen de aquél a quien se habla (el destinatario) y en consecuencia, un nexo entre estos “lugares”.
Tomemos un enunciado cualquier que llamaremos “p”; supongamos que este enunciado contiene dos elementos en el plano de su contenido: un nombre /Pedro/ y un concepto expresado por un verbo, por ejemplo /partir/. Conservando siempre estos dos mismos elementos en el plano del enunciado, los podemos hacer variar en el plano de la enunciación: “p”.
En este primer caso, tenemos la aserción simple del enunciado: “Pedro ha partido”; podemos presentar este caso de la siguiente manera:
E P D
donde el enunciador “E” presenta una “verdad objetiva” a su destinatario “D”.
“Yo creo que p”
En esta variante (“Yo creo que Pedro ha partido”) el enunciado es modalizado por la enunciación de tal modo que “p” es presentado como una creencia del que habla y no como una verdad sin matices; podemos decir entonces que el enunciador “toma a su cargo el enunciado”:
E P D
“Nosotros sabemos muy bien que P”.
En este tercer caso, por medio de la apelación a un saber compartido (“nosotros sabemos bien que…”), el enunciador busca implicar al destinatario en la responsabilidad de haber afirmado “P”.
E P D
“Es bien sabido que P”.
Aquí, el enunciador se dirige a un soporte difuso, impersonal, al que le atribuye el saber concerniente a “P”:
X
E P D
“Yo sostengo que P”.
Este caso, mucho más complicado que los anteriores, admite dos interpretaciones. Sea el “yo sostengo” dirigido directamente al destinatario. El enunciador, en este caso, aseverando “P” indica que él sabe que el destinatario no está de acuerdo con el contenido afirmado:
E P D
Como por ejemplo: “Usted dice haber visto a Pedro hace algunos minutos, pero yo sostengo que él ha partido esta mañana”. Sea el “yo sostengo” no dirigido hacia una opinión contraria del destinatario, sino hacia la de un tercero, determinado o no (se podrá tratar, por ejemplo, de la opinión común), que está presente implícitamente como no estando de acuerdo con la aserción “P”:
E P D
X
Como por ejemplo: “a pesar del rumor que corre, yo sostengo que Pedro ha partido”.
“Usted imagina que P”.
Este caso, es en alguna medida, el inverso del anterior; diciendo “Usted imagina que Pedro ha partido”, el enunciador atribuye “P” al destinatario, indicando que es este último el que puede confundirse:
E P D
Podríamos continuar, porque existen otras variaciones posibles alrededor de “P”. Este ejemplo muestra, en todo caso, que un mismo contenido (plano del enunciado: “P”) puede ser tomado a cargo por estructuras enuncia-tivas muy diferentes : en cada una de estas estructuras enunciativas, el que habla (el enunciador) se construye un “lugar” para sí mismos, “posiciona” de una cierta manera al destinatario, y establece así una relación entre estos dos lugares.
En un soporte de prensa, como en cualquier discurso, todo contenido es necesariamente tomado a cargo por una o múltiples estructuras enunciativas. El conjunto de estas estructuras enunciativas constituye el contrato de lectura que el soporte propone a su lector.
De todo esto se desprende una consecuencia muy importante en el plano de la investigación: el método más corrientemente aplicado al estudio de los soportes, el análisis de contenido , es inadecuado para estudiar el contrato de lectura. Los problemas de posicionamiento, que se ubican habitualmente en el soporte, se definen en función de su concurrencia (competencia), es decir, en función de otros soportes que le son cercanos, en el interior, consecuentemente, de un universo temático determinado. En esta situación, el análisis de contenido corre el riesgo de hacer aparecer lo que los soportes en competencia tienen en común , lo que los acerca más. Y, en el mejor de los casos, el analista de contenido le dará una importancia muy grande a los matices del contenido, sin que esto permita definir una estrategia redaccional.
Los estudios del contrato de lectura por medio de una descripción del plano de la enunciación, muestran que, a menudo, los soportes extremadamente cercanos desde el punto de vista de sus rúbricas y de los contenidos que aparecen, son en realidad muy diferentes en el plano del contrato de lectura, plano crucial porque es el lugar donde se constituye la relación de cada soporte con sus lectores. El análisis del contrato de lectura permite de este modo determinar la especificidad de un soporte, hacer resaltar las dimensiones que constituyen el modo particular que tiene de construir su relación con sus lectores.
Esto no quiere decir, por cierto, que el contenido no juegue ningún rol en el funcionamiento del contrato de lectura. Lo que dice la teoría de la enunciación es que el contenido no es más que una parte de la historia y que en ciertos casos (que son muy frecuentes en los dominios de los media y la prensa escrita), es la parte de menor importancia.
Hablar de la enfermedad de Pedro no es lo mismo que hablar de su partida: la teoría de la enunciación nunca ha negado una evidencia semejante. Pero afirma que la diferencia entre “Yo creo que Pedro ha partido” y “Yo sostengo que Pedro ha partido” es tan importante, y tal vez más importante, que la diferencia entre “Pedro partió” y “Pedro está enfermo”. En recepción, la lectura no reside solamente en los contenidos; reside en los contenidos siempre “tomados a cargo” por una estructura enunciativa donde alguien (el enunciador ) habla, y donde un lugar preciso le es propuesto en tanto que destinatario.
La enunciación es un nivel de funcionamiento del discurso y no una parte que sería destacable del resto (el contenido). Estos ejemplos, extremadamente simplificados, nos permiten pensar lo contrario. En el enunciado “yo creo que Pedro ha partido”, en efecto, podemos decir que “Pedro ha partido” expresa algo de contenido, en tanto que “Yo creo que” constituye la modalidad enunciativa. Desafortunadamente, las cosas no son tan simples. Tomemos dos ejemplos:
A: ¿Usted se queda?
B: Sí, yo me quedo.
A: ¿Usted se queda?
B: Evidentemente.
Responder a la pregunta: “¿Usted se queda?”, con “Sí, yo me quedo” o bien con “¡Evidentemente!”, es desde B, dar dos respuestas muy diferentes desde el punto de vista de la enunciación. Ahora, cómo distinguir en la respuesta “¡Evidentemente!” el aspecto de aserción (es decir, la afirmación por parte del locutor, que se queda en ese lugar), aspecto que es común a las dos respuestas; aspecto que hace que “¡Evidentemente!” implica no solamente que B ha dicho que se va a quedar, sino que las razones de esta decisión son tan evidentes para él (B) como para A.
En tanto en la expresión “¡Evidentemente!” el aspecto de la aserción, y la implicación según la cual lo que es asertado debería ser evidente para el interlocutor, son inseparables; no se las puede distinguir materialmente. Es por esto que el análisis de un discurso desde el punto de vista de la enunciación no es el análisis de “una parte” de este discurso, sino un análisis de este discurso en su conjunto, del punto de vista de la relación que él constituye entre el enunciador y el destinatario.
El estudio del contrato de lectura implica, en consecuencia, todos los aspectos de la construcción de un soporte de prensa, en la medida en que ellos construyen el nexo con el lector: coberturas, relaciones texto/imagen, modo de clasificación del material redactado, dispositivos de “apelación” (títulos, subtítulo, copetes, etc.), modalidades de construcción de las imágenes, tipos de recorridos propuestos al lector (por ejemplo: cobertura–índice de temas–artículo, etc.) y las variaciones que se produzcan, modalidades de compaginación y todas las otras dimensiones que puedan contribuir a definir de modo específico los modos en que el soporte constituye el nexo con su lector.
Tres exigencias presiden el análisis de un soporte a fin de localizar su contrato de lectura:
–la regularidad de las propiedades descriptas.
Las propiedades que nos interesan, no son aquellas que, por azar, pueden aparecer en éste o en otro número, a propósito de tal o cual artículo, se trata de definir las invariantes, las propiedades relativamente estables, que son recurrentes en el discurso del soporte a través de temas diferentes. Esto nos obliga a trabajar sobre corpus que cubran, para un soporte, un período relativamente largo (no menos de dos años).
–la diferenciación obtenida por la comparación entre los soportes.
Se trata siempre de localizar las semejanzas y las diferencias regulares entre los soportes estudiados, a fin de determinar la especificidad de cada uno.
–la sistematicidad de las propiedades exhibidas por cada soporte.
La descripción, a partir de la localización de todas las propiedades que satisfagan los dos criterios precedentes (regularidad y diferenciación), debe permitir determinar la configuración de conjunto de estas propiedades, a fin de delimitar el contrato de lectura y de identificar sus puntos fuertes y débiles, sus zonas de ambigüedad y sus incoherencias eventuales.
3.– El contrato en los títulos
Tomemos el caso de los títulos para ilustrar el funcionamiento de un contrato.
Un primer ejemplo es el de un discurso que podríamos llamar el “discurso verdadero”. En este caso, el enunciador no modaliza lo que dice: produce informaciones sobre un registro impersonal. Este enunciador, que no disimula su propósito, tampoco interpela a su destinatario. Este modelo correspondería a nuestro primer esquema:
E P D
Para ilustrar esto, tomaré los títulos de las revistas mensuales femeninas, pero tal enunciador existe también en otros sectores.
En este caso veremos las aserciones:
“La crisis de fe no existe”.
Encontramos también numerosas cuestiones formuladas en la tercera persona, sin indicación de destinatario:
–“Niños: —¿la niñera o la guardería?”
–“¿Por qué es tan difícil adelgazar?”
Este enunciador tiene una debilidad pronunciada por la cuantificación; nos hace saber que le importa la exactitud de sus dichos:
–“Tricot: cinco modelos explicados”.
–“Cuatro modos de ofrecer un vidrio”.
Se posicionará en donador de consejos, sin abandonar su impersonalidad:
–“Para tener verdaderamente calor”.
La combinación de aserciones modalizadas, de preguntas en tercera persona (Hay que…, o ¿es “necesario”?), de cuantificaciones de consejos en un discurso donde ni el enunciador ni el destinatario están explícitamente marcados, designa un contrato donde un enunciador objetivo e impersonal habla la verdad.
Al lado de esta modalidad, podemos caracterizar otra ligeramente diferente, que yo llamaría el enunciador pedagógico. Lo ilustraría con títulos tomados de revistas de decoración.
Tenemos inmediatamente operaciones que son comunes al enunciador pedagógico y al enunciador “objetivo”, a saber: los consejos y las cuantificaciones:
–“Ideas de 5 decoradores para baños”.
–“Cómo personalizar la decoración de la mesa”.
–“15 cocinas: vivas o calmas”.
–“Para soñar y dormir: los dormitorios”.
Simultáneamente, el destinatario empieza a ser designado explícitamente.
–“Para Usted solo: alfombras y moquettes”.
–“Ideas nuevas para su estudio”.
Simultáneamente, el enunciador se marca también:
–“Nuestro dossier del mes: la línea casa”.
–“Nuestras direcciones”.
Aquí el contrato se construye entre un “nos” y un “ustedes” explicitados, y el nexo se hará entre dos partes desiguales, una que aconseja, informa, propone, advierte, brevemente, que sabe; la otra que no sabe y es definida como destinatario receptivo, o más o menos pasivo, que aprovecha.
Las dos modalidades que hemos evocado, el enunciador objetivo y el enunciador pedagógico, caracterizan contratos que implican una cierta distancia entre el enunciador y el destinatario. Podemos contrastar con las modalidades que forman parte de una familia muy diferente, donde los contratos buscan establecer un lugar de complicidad. Existe toda una serie de figuras o de “grados” de complicidad. Vuelvo, para ilustrar, a las revistas femeninas; una primera figura es la interpelación al destinatario, mediante la utilización sistemática de fórmulas en imperativo:
–“goce el satén y el terciopelo”.
–“asegúrese su pasión por la vida”.
–“que no le falten los tarros”.
Estos títulos injuntivos, señalan directamente al destinatario. Pero este destinatario también puede tomar la palabra, es decir, el enunciador lo hace hablar:
–“Perdí todo”.
–“Viajo sola y me gusta”.
Para la lectura de este género de títulos, un cierto movimiento de identificación debe operar, para atribuir a la lectora (o al menos ciertas lectoras), la enunciación de estas expresiones. Este “efecto” salta a la vista inmediatamente, si comparamos estos títulos con los que serían los mismos producidos bajo otra modalidad, como por ejemplo, la interpelación:
–“Viaje sola: a usted le gustará”.
O como consejo impersonal:
–“Qué hacer cuando lo hemos perdido todo”.
Una tercer figura de la complicidad es el diálogo. En el discurso del soporte, enunciador y destinatario se ponen a hablar.
–“¡No, es no!”
(y entonces, ¿por qué dice sí?)
–“Lo amo pero lo engaño”
(Cómo perder este sucio hábito)
—“¡Ah, usted lee!”
En el primer ejemplo es la lectora que dice “No, es no” y el enunciador que replica. Es para destacar, en el segundo, la combinación entre una expresión atribuida al destinatario (“lo amo pero lo engaño”) y una intervención del enunciador, entre paréntesis, que está construida bajo la forma de un consejo, salvo que éste no puede aparecer solo (“este” reenvía a algo que ya ha sido dicho antes) y que el calificativo “sucio” implica una evaluación fuerte por parte de este enunciatario que lo vuelve muy diferente del enunciador objetivo o pedagógico.
El tercer ejemplo es interesante, porque la enunciación no puede ser atribuida más que al soporte, pero el título implica que alguien (el destinatario) ha hablado antes, afirmando que lee: pero esta palabra del destinatario es enteramente explícita.
Una operación que es muy utilizada en el cuadro de un contrato de complicidad, consiste en constituir una enunciación que es atribuible a la vez al enunciador y al destinatario. Para efectuarlo, hace falta emplear lo que Benveniste llamaba el “nosotros” inclusivo:(6)
–“Moda: el negro no va tan bien”.
–“nuestra ropa interior tiene charme”.
En el soporte, un enunciador–mujer habla a las mujeres: el “nos” las involucra a todas. Señalemos que la forma de diálogo puede volverse muy compleja, con la introducción de un tercero: en el discurso del soporte, de un modo más o menos explícito, un tercer enunciador parece que habla a los destinatarios pero no es el enunciador el soporte mismo:
–“Tienes lindos ojos, –Sabes?”
–“Nosotros cocinaremos juntos”.
En los dos casos, se entiende que, lo que los títulos anuncian, es la prueba en escena de una pareja (la lectora y el marido o compañero), y el enunciador–soporte los hace hablar entre ellos, antes de intervenir él mismo en tanto que informante, aconsejando o comentando.
Las modalidades que hemos rápidamente evocado no agotan, por cierto, la panoplia de operaciones que contribuyen en los títulos a la formulación del contrato de lectura. Además, pueden combinarse entre ellas, dando lugar a contratos más o menos complejos y coherentes.
Imágenes de contrato
La enunciación, lo hemos dicho ya, es una dimensión que afecta todos los elementos del funcionamiento del discurso. El contrato de lectura concierne también a la imagen. Quisiera evocar un solo problema a propósito de la foto de prensa.
Tuve ocasión de trabajar la cuestión de la utilización de la imagen en las coberturas de “News”: pude recensar 5 clases de imágenes utilizadas para la construcción de las tapas de este tipo de revistas. Tomaré aquí una de esas clases, que constituyen lo que llamé “la retórica de las pasiones ” (7).
Se trata de imágenes de personajes marcados por la notoriedad (social, política, científica u otra). Ellos ocupan a menudo las primeras planas de las “News”. Cada soporte dispone de un repertorio de fotografías del personaje en cuestión, y hace jugar las variaciones en la expresión del rostro para significar la situación del personaje en un momento determinado, situación que puede resumir al mismo tiempo la coyuntura política, económica, etc… Podemos ver a un Valery Giscard d’ Estaing dubitativo (fig. 1), enervado (fig. 2), ensimismado (fig. 3), etc. Por este procedimiento, se puede muy bien representar la determinación del personaje (fig. 4) y la dificultad de la situación que atraviesa (fig. 5).
Se puede pensar que en la imagen de prensa que concierne a la actualidad, el enunciador no tiene “lugar” para manifestarse. Y por lo tanto, hay diferentes modos de mostrar, como hay diferentes modos de decir “P”. El enunciador se marca en la imagen por todos los detalles de la técnica. Por un fenómeno de enunciación en la imagen, podemos comprender que un candidato (fig. 6) no es un presidente (fig. 7). En este último caso, la intervención del enunciador es explícita, porque se trata de un dibujo y no de una foto: el enunciador señala así su voluntad de querer significar algo por la imagen que la muestra.
Hay una diferencia importante entre las tapas 1 a 5 y la cobertura 6: ésta última es una foto de tipo “pose”, y las otras no lo son. Como se trata, en el caso de la retórica de las pasiones, de hacer significar la expresión de la cara del personaje representado, estas imágenes han sido “tomadas” al personaje; le han sido, podríamos decir, “arrancadas”. En la pose, en cambio, el personaje ofrece su imagen al fotógrafo —las “News” utilizan muy poco la pose: casi exclusivamente para los hombres políticos, y en los períodos electorales (períodos donde, en efecto, el hombre político ofrece su imagen a la consideración de los ciudadanos)— a diferencia de las “News”, revistas como París Match apelan a menudo en sus tapas, a la foto tipo “pose” (fig. 8 y 9).
Esta diferencia entre el Semanario de tipo “News” y París Match, en la modalidad de utilización de imágenes de personajes notorios en tapa, traduce la diferencia profunda entre dos tipos de soportes, en cuanto a la relación que el enunciador establece con el destinatario a propósito de la actualidad de la cual habla.
Las dos modalidades que hemos identificado (la foto de “pose” y la “retórica de las pasiones”) son, en efecto, la inversa exacta una de otra. La “retórica de las pasiones” (fig. 5) parte de imágenes concretas : cada una de ellas ha sido arrancada, lo hemos dicho, al personaje, de algún modo a sus espaldas, cada una de ellas lleva, entonces, la traza de una situación precisa, de un instante determinado donde el personaje ha sido sorprendido cuando su rostro expresaba un estado de espíritu, o una emoción. Por lo tanto, las “News” la utilizan para expresar un concepto abstracto , y poco importan entonces las circunstancias precisas donde la foto ha sido tomada: ella se ve signo de una situación global, de una coyuntura. Su presencia en la tapa traduce la actividad interpretativa del enunciador.
En París Match, la modalidad de la “pose” es exactamente lo contrario. El punto de partida es una imagen no evenemencial, atemporal: la foto de estudio, la pose. Un personaje que posa, trata de hacer ver, no el accidente anecdótico sino su carácter (o al menos, uno de sus aspectos). Por lo tanto, París Match transforma esta imagen en acontecimiento, en evento; lo que ella anuncia en tapa, es que esta semana , el personaje en cuestión habla en París Match, que él está presente, aquí y ahora, para los lectores de la revista. La aparición del personaje se vuelve así concreta y singular: en el número que lo tiene en la tapa, él ha escrito, o él ha sido entrevistado. En la cobertura, París Match, no señala su interpretación de la realidad, la presenta.
Lejos de ser extrañas al contrato de lectura, las imágenes son uno de los lugares privilegiados donde ésta se constituye, donde el enunciador teje el nexo con su lector, donde al destinatario se le propone una cierta mirada sobre el mundo.
El contrato a prueba
Los estudios de posicionamiento trabajan siempre sobre un universo de competencia determinado: el “soporte de referencia”, que es el centro del estudio, está situado frente a frente con sus competidores (más o menos inmediatos, según los casos). El análisis semiótico tiene por objeto desarmar y describir todos los contratos de lectura que componen el universo de competencia en cuestión, determinado de una forma precisa, lo que hace a la diferencia “específica” de cada uno.
Los contratos de lectura así identificados y descriptos en todas sus dimensiones, permiten comprender entonces su eficacia relativa. Para esto, el trabajo de campo es necesario.
Nos hará falta realizar ya sea grupos proyectivos, o bien entrevistas individuales semi–directas, según la naturaleza de los problemas que surgen del “soporte de referencia”. En un caso como en otro, el trabajo de campo concierne a los lectores y a los no lectores (y/o los lectores ocasionales) de los soportes estudiados.
La especificidad de esta demarcación consiste en el hecho de que la descripción de los contratos de lectura provee un conjunto de hipótesis concernientes a las propiedades de los soportes: ya no se trata de grupos o entrevistados, el campo está organizado de manera precisa, a la luz de estas hipótesis. Si se construye, por ejemplo, una tipología de lectores y no–lectores a partir de entrevistas individuales, esta tipología no será una clasificación efectuada en términos de criterios generales aplicables indiferenciadamente a cualquier práctica de consumo, sino una tipología específicamente concebida con vistas a fenómenos de lectura y no–lectura en un sector de la prensa estudiada .
El objetivo del trabajo de campo es verificar el funcionamiento del contrato propuesto por cada uno de los soportes estudiados: sus puntos fuertes y sus puntos débiles. El análisis de los puntos débiles del “soporte de referencia” permite definir los principios estratégicos de reposicionamiento tendientes a las recomendaciones de cambios de redacción, modificando tal o cuál aspecto del contrato.
Hace falta subrayar aquí el hecho de que el conocimiento detallado de la “lógica global” del contrato de lectura, permite hacer una matriz de la naturaleza y la orientación de los cambios que son deseables de aportar: un contrato no puede ser modificado irresponsablemente. Por otra parte, el estudio desde este punto de vista, permite determinar qué efectos tuvieron estas modificaciones en el posicionamiento del soporte en relación a sus competidores: el cambio de un aspecto del contrato de lectura de un soporte puede reforzar, o por el contrario, atenuar su singularidad, alejar (o acercar) a tal o cual competidor.
Hace falta insistir sobre la complementariedad entre la propuesta semiótica y la de campo. Un análisis semiótico sin datos de campo permite conocer en detalle las propiedades de un discurso de soporte tal como se ofrece al lector, pero no nos indica de qué modo el contrato de lectura así constituido se articula a los intereses, expectativas e imaginarios de los lectores. Los datos de campo sin análisis semiótico del contrato de lectura, son un dato de campo “salvaje”: se estudian las actitudes y las reacciones de los lectores y no–lectores en vistas a objetos de los cuales no se conocen sus propiedades precisamente en cuanto objetos de lectura .
El análisis semiótico nos permite conducir, más allá del repertorio de las “expectativas”, en discriminaciones mucho más detalladas de los lectores y, en consecuencia, permite una articulación mucho más precisa entre lectores y soportes.
Este tipo de investigación, estrictamente operacional, es capaz de aportar una contribución importante a la investigación de base en el dominio de los media: gracias a la teoría de la enunciación, el análisis del contrato de lectura puede, por sus resultados, hacer avanzar ese proyecto que muchos de nosotros esperamos con impaciencia: una buena teoría de los procesos de recepción en la comunicación de masas.
Referencia bibliográficas
citadas en el texto
1 Este es el modelo “speaker–hearer” de la lingüística chomskiana.
2 Roman Jakobson, “Lingüística y Teoría de la Comunicación”, en Ensayos de Lingüística General, París, Editorial de Minuit, vol. I, 1963, pp. 87/99.
3 Voir Michel Charles, Retórica de la Lectura, París, Seuil, 1977; J. Leenhardt y Pierre Jozsa, con la colaboración de Artine Burgos, Lire la lecture. Ensayo de sociología de la lectura, París, Le Sicomore, 1982; Wolfang Iser, El acto de la lectura. A Theory of aesthetic response, Routledge and Kegan Paul, 1979. Umberto Eco, The role of the reader, Bloomington, Indiana University Press, 1979.
4 El “contrato enunciativo” es una dimensión fundamental del funcionamiento de no importa cual sea el media dentro de las comunicaciones de masa, y aquel que sea el soporte significante (radio, televisión, etc.) Nuestra demarcación es para los medias en general.
5 Una introducción clara a la problemática de la enunciación en: D. Maingueneau, iniciación a los métodos de análisis del discurso, París, Hachette Université, 1976, capítulo III; pp. 99–150. Consultar el Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, de O. Ducrot y T. Todorov, París, Seuil, 1972.
6 E. Benveniste, Estructuras de las relaciones de las personas sobre el verbo, en Problemas de Lingüística General, París, Gallimard, 1966, pp. 225/236.
cf. E. Verón, L’espace du soupoon, in: Ph. Dubois et Yves Winkin (eds Langage et ex–Comunicaton, Pragmatique et discours sociaux, Louvain–La Neuve, Cabay Libraire–editeur, 1982, pp. 109/160.
Esta conferencia fue donada a Cátedra de Informática y Relaciones Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Citamos su sitio para consultas
http://www.hipersociologia.org.ar/base.html
Add comment Febrero 18, 2009
Los contenidos metodológicos resignificados a partir de las especificidades de la formación profesional y de su aplicación a la elaboración del Trabajo Final de grado[1].
por Gabriela Iglesias
Introducción
Estas reflexiones intentarán sistematizar ideas y experiencias que fuimos recabando a lo largo de nuestra actividad como docente de la asignatura Metodología de la Investigación, tanto en UCES como en UBA, en la Carrera de Comunicación Social. Además, tomaremos en cuenta las dificultades que enfrentan alumnos y profesores a lo largo del proceso de elaboración de un Trabajo Final.A los efectos de re-pensar los contenidos y la modalidad de dictado de la materia Metodología al interior de una currícula que pretende formar profesionales aptos para enfrentar nuevas demandas del mercado, proponemos considerar 4 ejes:i) la vinculación entre aspectos metodológicos y teóricos (y viceversa) en toda práctica profesional, ii) el lugar de la metodología como aporte a la formación de un nuevo tipo de profesional iii) los contenidos metodológicos como aporte a la realización de un Trabajo Final iv) algunas consideraciones prácticas referidas a la enseñanza de Metodología en las Carreras de Comunicación Social.
i) La vinculación entre aspectos metodológicos y teóricos en la práctica profesional A partir de las necesidades sociales actuales referidas al perfil requerido de nuevos profesionales, hay que considerar el lugar que se les otorga a los contenidos metodológicos al interior del plan de estudio.La cuestión problemática es que, a veces, esa inclusión no está articulada en función de los insumos previos que un alumno debe tener para aprovechar la cursada de una materia metodológica. Por ello adherimos a la decisión de que la materia Metodología se curse en la última etapa de formación profesional.Sólo un recorrido previo por la literatura básica de la disciplina, permitirá al alumno aprehender el concepto de marco teórico y el análisis sistematizado de la producción de diversos autores le posibilitará la aprehensión de hipótesis como también comprender el lugar que ellas ocupan en la producción de nuevo conocimiento. Son todas razones que se fundan en el hecho de que para que un alumno se “forme metodológicamente” tiene que haber comenzado a reflexionar acerca de las formas que adopta el conocimiento instituido, de la posibilidad de producir conocimiento nuevo, de la relevancia de la investigación en relación con la aplicación, entre otros aspectos. Lo cual se logra con la “madurez formativa”.Ahora bien, tenemos la impresión de que la Carrera de Comunicación Social (como todas las carreras de grado, en esta Universidad y en otras) se componen de un bloque de materias “centrales” y una o más materias metodológicas, sin que termine de quedar en claro, sobre todo a los alumnos, el porqué de la presencia de estas últimas en la currícula.En este sentido, opinamos que la propuesta debe pasar por la búsqueda continua de integración entre las distintas materias, un ida y vuelta en el que la presentación de los contenidos teóricos permita dar cuenta de que se trata de conocimiento sistematizado, el cual fue construido a partir de formas rigurosas de proceder. El acercamiento entre contenidos metodológicos y teóricos no sólo es necesario, sino también deseable, ya que las dificultades se acrecientan si se intenta enseñar metodología en forma abstracta. Las estrategias posibles pueden ser diversas, nos inclinamos por las que refieren a “interpelar” los textos teóricos desde la metodología e implementar una instancia en que los alumnos deben elaborar un Proyecto de Investigación.Evidentemente, adherir a esta propuesta de integración implica un esfuerzo extra y continuo en una búsqueda que no será acabada definitivamente, pero que merece ser abordada debido a que el “desfasaje” entre teoría y método se presenta como uno de los principales obstáculos para la apropiación, por parte de los alumnos, de las técnicas y procedimientos y un mejor desempeño profesional.Desde nuestro punto de vista, los docentes de la Carrera deberíamos atender la necesidad de ligar el conocimiento “instituido” y las prácticas profesionales con el proceso por el cual ambos (conocimiento y prácticas) se construyen. Para ello se requiere de conceptos y método.
ii) La metodología como aporte a la formación de profesionales
Resulta no ser “académicamente correcto” cuestionar los motivos por los cuales se enseña metodología en las carreras de incumbencia social. La Metodología está instalada en la currícula. Ahora queda dilucidar para qué la tenemos y qué hacemos con “ella” tanto los docentes como los alumnos. Para dar respuesta a esas cuestiones, deberíamos tomar en cuenta las numerosas variables que intervienen al momento de aprehender conocimiento: intereses personales, recorridos previos tanto del que enseña como del que aprende, capacidades subjetivas del alumno y del docente, etc.Creemos, que uno de los inconvenientes que tenemos los profesores de metodología es que no logramos transmitir a los cursantes las incumbencias y relación que tiene la materia con otros contenidos y asignaturas, como tampoco su significación en la formación profesional. Es decir, no tenemos en claro el modo en que se integran los conocimientos metodológicos a un perfil definido de profesional. Y aquí surge otro interrogante, ¿está definido el perfil de los profesionales de la comunicación social?. Si bien el objeto de estudio inherente a la disciplina puede estar claramente diferenciado, los límites difusos en cuanto al ejercicio profesional o a la puesta en práctica de ciertos saberes (situación mediatizada por un mercado de trabajo estrecho que no siempre brinda posibilidades de inserción según especificidades de cualificación) provoca superposiciones profesionales que, en muchos casos, nada tienen que ver con la tan mentada interdisciplinariedad. Más bien derivan de la necesidad de adaptación al mercado.De todos modos, y aunque todavía se sigan librando discusiones en torno al “campo de estudio de los comunicadores sociales”, podemos pensar, y de hecho en muchas cátedras se implementa de este modo, que las materias metodológicas tienen que apuntar a que el alumno reflexione acerca de la construcción de problemas que merezcan ser resueltos. Un licenciado en comunicación social necesita proveerse de herramientas para descubrir y validar conocimiento técnico – profesional. En ese sentido, es claro que los profesionales de la comunicación social no podrán prescindir de la rigurosidad que implica la construcción de conocimiento (práctico o teórico). Muchos de nosotros hemos sido formados a partir de una concepción que promueve la separación entre el saber y el hacer, con la reivindicación del primero. Sin embargo, en los últimos años se han suscitado discusiones que ponen de manifiesto la importancia de la demanda social al momento de pensar el perfil de los profesionales que salen de las universidades. Básicamente, se plantea que el profesional debe formarse para resolver problemas a partir de un proceso adecuado de selección de medios y fines.“En la práctica del mundo real, los problemas no se presentan como dados para el profesional. Deben ser construidos a partir de las situaciones problemáticas que son, en principio, incomprensibles, preocupantes e inciertas. Para convertir una situación problemática en un problema, el profesional debe hacer cierto tipo de trabajo y dar sentido a una situación incierta que inicialmente no lo tiene” (Fliguer, 2004:29). De acuerdo con esta concepción el papel que tiene la Metodología en la formación de profesionales en ciencias sociales es significativa. Tomemos en cuenta que éstos deben enfrentarse, muchas veces, a problemas nuevos o únicos que no necesariamente encajan en las categorías conocidas. Por otra parte, los problemas técnicos que suelen afrontar exigen tener en consideración el contexto en el cual muchas variables están fuera de su control por lo cual la situación posee una problematicidad propia, singular y, por lo general, irrepetible. Queda claro que por decisiones subjetivas o por situaciones objetivas no todos los Licenciados en Comunicación Social se dedicarán a la investigación académica. Sin embargo, en diversos aspectos de la actividad profesional las capacidades y habilidades adquiridas en materias metodológicas son relevantes y, en muchos casos, pueden garantizar un valor agregado al desempeño en el ámbito institucional, empresarial, burocrático. ¿Cómo podría un profesional de esta disciplina plantearse una estrategia de comunicación institucional sin haber llevado a cabo un trabajo de diagnóstico? O ¿Cómo haría para elaborar una propuesta de difusión específica si antes no estableció el perfil de la población destinataria? O ¿Qué diría cuando tiene que interpretar datos cuantitativos a la luz de una ficha técnica?.Todo proceso de comunicación demanda datos que se obtienen mediante una investigación, o interpretando datos secundarios. Allí, la materia metodología tiene una tarea relevante.En este marco es importante mencionar que existe un nuevo modo de concebir la producción del conocimiento, lo que implica un cambio estructural en muchos aspectos del modelo que hasta ahora ha sido denominado como ciencia académica, y en ese sentido, debemos rever el lugar de la Metodología como asignatura en la Carrera de Comunicación Social.El nuevo modo de producción de conocimiento afecta no sólo qué conocimiento es producido, sino también cómo se produce, el contexto en el que se genera, la forma en que se organiza, el sistema de recompensas que utiliza y los mecanismos que controlan la calidad de lo que se produce. (Gibbons, 1994).En estos términos el conocimiento intenta ser útil a alguien, sea la industria o el gobierno o la sociedad en general y, este imperativo, está presente desde el comienzo. El conocimiento siempre es producido bajo una continua negociación y no será producido a menos y hasta que los intereses de varios actores estén incluidos. La producción de conocimiento se difunde a través de la sociedad. Esta es la razón por la cual Gibbons (1994), afirma que se trata de conocimiento socialmente distribuido. Entonces, la enseñanza de los contenidos metodológicos en la Carrera deberá reverse a partir de estas consideraciones.Nadie podría dudar que la elaboración de un diagnóstico, la determinación de los alcances de una auditoría, la especificación de un perfil poblacional, el análisis de datos demandan conocimientos metodológicos. Es decir, la metodología en su significado procedimental está muy cerca del profesional de la comunicación social. Dado que no existen procedimientos que no estén construidos en el marco de alguna justificación que trasciende al instrumento, i.e. un relevamiento por encuesta arroja información que se debe considerar a partir de una forma determinada de ver la realidad, dicho significado procedimental conlleva una carga conceptual, explícita o implícita. Podemos mencionar varias diferencias si comparamos el proceso de investigación académica con el que se da al interior del ejercicio profesional (en un caso pueden prevalecer los problemas de corte teórico, mientras que en el otro tendrán más impronta los de índole práctica; la validación externa la dará la comunidad científica, en un caso, y la corporación profesional o los clientes en el otro, etc.). Pero, en ambas formas de construcción de conocimiento (académico o profesional) se requieren principios lógicos y de coherencia que conduzcan a la validez de lo producido. Entonces, cuando nos planteamos los contenidos y los objetivos alrededor de los cuales articular la materia, los responsables de estas definiciones debemos tomar en cuenta que formaremos profesionales con incumbencias en cuestiones sociales, las cuales pueden abordarse (ya sea para explorarlas, describirlas, explicarlas) siguiendo un método riguroso. Es, justamente, la forma en que decidimos transmitir y hacer aprehensible ese método la que debemos rever. Acerca de los contenidos que debe incluir la materia metodología no hay mucho para discutir, tal vez podamos especular acerca de los grados de profundización con los que desarrollaremos cada Unidad Temática incluida en el programa. Más importante es respondernos la pregunta ¿para qué enseñamos metodología en la Carrera de Comunicación Social?. Un acuerdo al respecto nos permitirá a los docentes construir una alternativa en consecuencia. Algunas respuestas ya hemos insinuado. Otras aparecen a continuación.
iii) Los contenidos metodológicos como aporte a la realización de un Trabajo Final Otra respuesta al interrogante arriba planteado, es que la materia Metodología tiene que aportar a la realización del Trabajo Final, sobre todo bajo las modalidades de trabajo de investigación y propuesta de intervención.En el marco de las modificaciones que se están llevando a cabo al interior de la Carrera, la decisión de que esta asignatura se curse en el último año representa una ventaja dado que los alumnos pueden utilizar el espacio de la materia para formular el Proyecto de Trabajo Final. De ese modo, el requisito de aprobación de la materia, es decir la presentación de un Proyecto de Investigación de modo individual o grupal (siempre que no se exceda el número de 3 alumnos) permitirá que los estudiantes avancen en una tarea que suele resultarles dificultosa sin el apoyo de un docente con conocimientos metodológicos. Por lo tanto, los contenidos de la materia podrán resignificarse en términos de “insumos” necesarios, específicos y prácticos para elaborar el Proyecto, elegir un Tutor y empezar a reflexionar sobre las instancias del proceso que los conducirá a la elaboración de ese Trabajo Final. En ese sentido, la cátedra de metodología deberá trabajar conjuntamente con la autoridad de la Carrera quien recibiría los temas propuestos por los alumnos, sugeriría bibliografía y el nombre del potencial profesor Tutor. Así, se constituiría un puente entre la asignatura, la Carrera y el requisito institucional de elaborar dicho Trabajo Final.
iv) Consideraciones prácticas referidas a la enseñanza de Metodología en las Carreras de Comunicación Social.
Para pensar en el modo más pertinente de enseñar Metodología en la Carrera, podemos recurrir a la distinción entre conocimiento tácito y conocimiento explícito (o codificado) establecida por Polanyi (1958). El conocimiento tácito es el que puede ser usado por los individuos y organizaciones para alcanzar algún propósito práctico, pero que no puede ser fácilmente explicado o comunicado. El conocimiento tácito puede ser reconocido en términos de su incomunicabilidad. Una frase puede resumir esta idea: “sabemos más que lo que podemos decir”. Un ejemplo de conocimiento tácito son las habilidades de las personas (tales como montar en bicicleta o nadar), que se emplean sin tener aún la más ligera idea de cómo estas cosas son hechas. De acuerdo con Polanyi, el único modo de transferir esta clase de conocimiento es a través de una forma de interacción social similar a las relaciones maestro-aprendiz. En contraste, el conocimiento explícito es el conocimiento que puede ser expresado más formalmente de acuerdo con un código, y puede ser fácilmente y menos costosamente comunicado. Se trata de un tipo de conocimiento que es transmisible en lenguaje formal y sistemático. Aunque tiene muchas formas, el conocimiento explícito está constituido por un conjunto de principios generales y leyes suministradas por las comunidades científicas que proporcionan el fundamento para la práctica. Desde este punto de vista, podemos considerar al conocimiento metodológico como un conocimiento tácito ya que refiere a un “saber hacer” que se pone de manifiesto en el acto de investigar con la intención de dar respuesta a un problema. Consideramos que este punto debe ser explicitado a los alumnos para que descubran desde el comienzo de la cursada que se trata de una asignatura cuyos contenidos deberán aprehenderse a partir de una práctica compartida a lo largo de 4 meses. En esta materia, de nada vale acordarse de estudiar o realizar los trabajos prácticos una semana antes de finalizar el cuatrimestre. El tiempo perdido, en este caso, no podrá recuperarse fácilmente.Por otro lado, alumnos y profesores contamos con innumerable cantidad de manuales que orientan acerca de “cómo investigar” y que nos remiten a un conocimiento explícito, ahora bien, la experiencia docente indica que ellos no son suficientes para brindar al alumno las herramientas necesarias para armar su propio proyecto o llevar a cabo un proceso de investigación. Por ello, muchas veces, es necesario recrear la relación aprendiz – maestro.En síntesis, la Metodología es un conocimiento tácito que está incluida en la concepción del conocimiento como Know-how. El know-how se adquiere esencialmente a través de relaciones del tipo maestro-aprendiz, y también se aprende a través de años de experiencia en la práctica cotidiana, mediante el “aprender-haciendo” y el “aprender interactuando” con colegas. En síntesis, proponemos que la materia se dicte a partir de la aplicación práctica de los conceptos metodológicos. Ello será posible a partir de la capacidad de problematizar que desplieguen los alumnos, para lo cual deberán recurrir a los conocimientos adquiridos en las asignaturas técnicas y teóricas ya cursadas. El esfuerzo debe redundar en la elaboración de un Proyecto de Investigación que, tal como fue planteado en iii) pueda constituirse en el Proyecto de Trabajo Final, bajo la modalidad de Trabajo de Investigación o Propuesta de Intervención.
Leer más en www.trayectosformativos.com.ar
BIBLIOGRAFÍA
Borsotti C., Clavero S. y Palermo A. (1989) “El aprendizaje de la investigación en el currículo universitario de grado”, Revista Argentina de Educación, Año VII, N°12, Buenos Aires.
Cohen, Néstor (1997) “La teoría y el método en la investigación social: el discurso y la práctica” en Luxemburg – Revista de Sociología, Año 1, N°2, Buenos AiresFliguer, J. Y Gosende, E. (2004) Un nuevo paradigma para el conocimiento académico profesional en carreras empresariales de posgrado de UCES. Un análisis epistemológico e institucional. Informe de Investigación. Universidad de
Gibbons,M., C. Limoges, H. Nowotny, S. Schwartzman, P. Scott and M. Trow (1994), The New Production of Knowledge. The dynamics of sci-ence and research in contemporary societies, Sage Publications, London, Thousand Oaks, Nueva Delhi.
Polanyi, M. (1958) Personal Knowledge. Towards a Postcritical Philosophy Routledge y Kegan, Londres.
Vasilachis de Gialdino, I. (1992) Métodos cualitativos I. Los problemas teórico-epistemológicos, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires.
[1] Este trabajo se presentó en la Primera Jornada de Reflexión sobre la formación de los comunicadores sociales, organizada por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. 29 de Octubre de 2005.
Add comment Mayo 5, 2007
Tango e identidad. Desde la identidad del conventillo al tango electrónico y la milonga gay
Facundo M. Ponce *[1]
El tango ha ocupado y ocupa un lugar de privilegio, en cuanto a la representación de lo argentino en el exterior. Si bien, básicamente, se lo reconoce en tanto que una danza y una música; el tango además contiene un lenguaje particular -el lunfardo-, usos y costumbres determinados, y hasta una filosofía característica que identifica a la gente que es básicamente seguidora de este ritmo .Analíticamente y empíricamente uno podría ligar el tango, a la identidad cultural argentina. Ahora, ésta última ha ido variando desde los comienzos hasta las nuevas características identitarias que el tango promueve en “nuevas tribus”. Se puede suponer a simple vista que el fenómeno de la identidad cultural dentro del tango(al igual que en otras dimensiones artísticas) supone al menos dos dimensiones, una individual y otra universal. Este carácter universalizador del concepto “identidad cultural”. Supone, por una parte, una función cuantitativa – respecto del número y variedad de individuos a los que unifica- y, por otra, una función disciplinaria -respecto del rol de las instituciones para producir y conservar discursos de identidad con las reglas de acceso a ellos y las posiciones relacionadas con el hacer y el representar de los individuos en las sociedades. Mientras que la dimensión individual está ligada a la concepción que confiere subjetividad. La relación entre el tango como manifestación y las características identitarias que el mismo promovió datan de sus primeros acordes. El nacimiento del tango se produjo hacia mediados del siglo pasado, con la formación de conglomerados habitacionales alrededor de la ciudad de Buenos Aires. Quienes allí vivían, paisanos llegados del interior, inmigrantes europeos y algunos porteños de escasos recursos, formaron una nueva clase social para la época, que se asentaba en conventillos (que son los primeros escenarios narrados en las letras). Quizás en busca de un modo de identificarse como grupo y de sentir al nuevo hogar como lugar de pertenencia, comenzaron a crearse manifestaciones culturales resultantes de esta mezcla. Este fue el principio del tango, que se caracterizó por poseer códigos muy cerrados, sólo abordables por las clases trabajadoras. Evidentemente nació como una representación simbólica ligada a la marginalidad, con todo la valoración que esto suponía. Sus historias estaban vinculadas a estos sectores sociales. De algún modo en la memoria colectiva fueron esta las representaciones que se vehiculizaron en el tiempo. Al principio la reproducción masiva del tango no fue sencilla, e indudablemente esto tuvo que ver con los sectores donde el mismo se naturalizaba. La difusión del tango estuvo abordada básicamente a partir de la danza, que fue casi premonitoria al tango mismo en su modo musical más característico. El tango cantado llegaría bastante después. Es claro que la cultura tanguera, entendida como usos y costumbres particulares, es anterior al tango como manifestación artística. Las danzas de salón que involucraban a una pareja fueron el precedente de este género que se fue depurando hasta convertirse en lo que desde hace tiempo se conoce como tango. El que de algún modo logró instaurar una representación identitaria colectiva de la argentinidad.
Tango e identidad según pasan los años. El género en “Muñeca Brava”A mediados de 1800, en los conventillos de la ciudad de Buenos Aires, comenzaron a tejerse las primeras notas que relacionaban el tango, con lo que actualmente, se podría describir como identidad cultural. Era, esta expresión, un lenguaje particular de códigos cerrados. Por estos años, muchos de los inmigrantes venían a las casas de baile solos, las pocas mujeres que se referenciaban podían encontrarse en las casas de citas.
La Buenos Aires de los ‘80 poco a poco se descubría en las academias y en los teatros. En las comedias, zarzuelas y otras obras, los actores empezaron a cantar y bailar tango. Las academias, también llamadas peringundines, funcionaban sólo bajo autorización en los suburbios o barrios alejados del centro y, si bien en principio eran sólo para hombres, después incorporaron mujeres contratadas para bailar.En esta primera etapa, (entendida la misma como construcción analítica para los fines del presente artículo), los temas de las composiciones estaban ligados a los recuerdos del arrabal, la hombría, el coraje, el guapo. Indudablemente desde la cuestión identitaria uno puede visualizar en sus letras una posición androcéntrica[2]. La referencia a la mujer está vinculada a la posición de la trabajadora de la casa de cita. Es el arrabal el estructurante de la identidad porteña. La hegemonía de la acción de las composiciones del género musical está ligada a la acción del hombre. En las composiciones esta posición podía observarse claramente en las composiciones:Muñeca brava(1928)Letra: Enrique CadícamoMúsica: Luis Visca
Che, madam que parlás en francésy tirás ventolín a dos manos,que cenás con champán bien frappéy en el tango enredás tu ilusión…Sos un biscuit de pestañas muy arqueadas,muñeca brava, ¡bien cotizada!Sos del Trianón… del Trianón de Villa Crespo,Che, vampiresa… juguete de ocasión…
Tenés un camba que te hace gustosy veinte abriles que son diquerosy bien repleto tu monederopa’ patinarlo de Norte a Sur…Te baten todos Muñeca Bravaporque a los giles mareás sin grupo…Pa’ mí sos siempre la que no supoguardar un cacho de amor y juventud.
Campaneá que la vida se vay enfundá tu silueta sin rango…Y si el llanto te viene a buscarolvidate muñeca y reí,meta champán que la vida se te escapa,muñeca brava, flor de pecado…Cuando llegués al final de tu carrera,tus primaveras verás languidecer.
Las formas que expresan sentimientos son básicamente masculinas y reproducen estereotipos que de algún modo representan una relación dialéctica entre el tango y las representaciones identitarias que promovía por esta época. Desde su cuestión de posicionamiento del cuerpo, el mismo estaba vinculado a parejas de hombres que contorneaban sus acordes. También fue produciéndose una ampliación de los barrios que ocupaban sus manifestaciones. El tango dejaba de ser exclusivo del arrabal para internarse poco a poco en el centro de la ciudad. Los organitos callejeros lo difundían por los barrios donde era común ver parejas de hombres bailando en las calles. Esencialmente porteño, muchos escritores consideran que el tango de finales de los ‘80 combinaba varios estilos de música. En él estaría involucrada la coreografía de la milonga, el ritmo del candombe y la línea melódica, emotiva y sentimental de la habanera. Pero también recibió influencia del tango andaluz, del chotis y del cuplé, a los que se agregan las payadas puebleras y las milongas criollas. Esta posición androcéntrica descripta anteriormente también está vinculada a la significación de los títulos de las primeras melodías. En los primeros tiempos, cuando el tango comienza a convertirse en canción, las letras que acompañan la música eran obscenas y sus títulos dejan lugar a pocas dudas: “Dos sin sacarla”, “Qué polvo con tanto viento”, “Con qué tropieza que no dentra”, “Siete pulgadas”… o incluso “El Choclo” que aunque literalmente significa mazorca de maíz, en sentido figurado y vulgar, equivale al castellano “chocho” o “coño”. Indudablemente estas letras también tenían un posicionamiento ideológico que marcaba el clima de época y las relaciones de clase que podían visualizarse dentro de las sociedades. En este sentido puede considerarse que, La estructura simbólica de la memoria social se encuentra representada en las ideologías. Estas son las que difunden los acontecimientos constitutivos de la identidad de las comunidades, de lo que se desprende su carácter preservante, legitimante e integrador.[3] En este punto, puede verse la identidad como un fenómeno de subjetividad constitutiva de significado, operaba como un supuesto de reconocimiento sustancial de reconciliación social, política y cultural de estos sectores marginales de Buenos Aires. Esto a su vez, marcaba una identidad básicamente metropolitana, se reflejaba la socio-cultura de algunos sectores porteños. El interior del país no se representaba en esta identidad, o tal vez, su lógica política social, hegemonizaba la producción de sentido de identidad en la figura del gaucho. De cualquier modo, y a pesar de cualquier dicotomía, eran identidades, bajo la lógica de la modernidad, o sea, en sus concepciones, cohabitaban procesos macro sociales y muy vinculados a los proyectos políticos y económicos de la época.En este primer período sistematizado a los fines de la investigación se puede considerar que lo que prevalece en la construcción identidad/ tango son dos ejes. Los mismos pueden verse tanto en algunas composiciones, como en las representaciones sociales que corresponden a la época. Estas dos representaciones giran en cuanto a los conceptos de marginalidad y machismo. El tema de la marginalidad está relacionado por la configuración identitaria en relación a los espacios de la ciudad, al devenir de clase (exclusión) y a la mezcla de ritmos que supuso el género en cuestión. El tema del machismo, va a verse reflejado en todos los períodos analizados, sólo que resignificará de acuerdo al espíritu de época. Revisando la relación tango y género se encuentra varios trabajos que abordan esta cuestión cristalizando esta identidad. En esta relación resulta significativo ver el análisis de Saikin sobre esta cuestión[4]. La autora observa el tema del género como construcción, desde la perspectiva no sólo del tango como danza, sino de las letras y de la interpretación, mostrando de modo muy claro cuánto se ha silenciado y ocultado en este sentido. El “género”, desde nuestra perspectiva, como constructo identitario,(es decir, los roles culturales que se le adjudican a los sexos) responde a los paradigmas normativos de la heterosexualidad y del machismo. Ahora bien, la oposición binaria hombre-mujer no es la única. Siendo el tango argentino el sitio “oficial” por excelencia del machismo y de la heterosexualidad, hay otras oposiciones binarias de clase, que fueron igual de significativas a los procesos de representaciones. Vale aclarar que en las sociedades actuales, (el tercer período analítico que veremos mas adelante) se recrea nuevamente la marginalidad, sólo que ahora esta ha modificado su significación. Stuart Hall lo explica del siguiente modo en un Estudio Cultural sobre la significación de la negritud. “ Dentro de la cultura, la marginalidad, si bien permanece en la periferia de la amplia tendencia cultural, nunca ha sido un espacio tan productivo como lo es ahora. Y esto no representa simplemente una apertura por la cual aquellos que están afuera pueden ocupar los espacios dominantes. Es también el resultado de la política cultural de la diferencia, de las luchas sobre la diferencia, de la producción de nuevas identidades, de la aparición de nuevos sujetos en el escenario político y cultural. Esto es cierto no sólo con respecto a la raza, sino también otras etnias marginales, así como también respecto del feminismo y la política sexual en los movimientos gay y lesbiano, como resultado de una nueva forma de política cultural. Por supuesto, no quiero sugerir que podamos contraponer algún juicio facilista sobre las victorias ganadas frente al eterno relato de nuestra propia marginalidad: estoy cansado de esas dos grandes contranarrativas contínuas. Permanecer dentro de ellas es verse atrapado en el interminable “lo uno o lo otro”, o la victoria total o la incorporación total, lo cual casi nunca ocurre en la política cultural, pero sobre lo cual los críticos culturales siempre se ponen de acuerdo.”( Hall, 1988; 27)El segundo período que podría construirse en la relación tango identidad, tiene que ver con dos expansiones, que hasta podrían ser consideradas antagónicas. Por un lado es el momento del tango como protesta social. El mejor elemento para mostrar este eje aglutinador de identidades se presenta en Cambalache. De la marginalidad original podría decirse que en algún modo cristaliza la posición de la clase trabajadora de una Buenos Aires en expansión. Aún conviven representaciones de marginalidad, pero el eje principal está ubicado en otro punto de inflexión. Podría manifestarse que es el paso del lumpen proletariado que caracteriza el barrio de
la Boca, se pasa al proletariado industrial que ya atraviesa la ciudad entera. Por otro lado, la clase, empieza a aparecer tematizada en las composiciones. Paralelamente, el tango comienza a convertirse en un espectáculo público más masivo, con lo cual su carácter contrahegemónico podría decirse que comienza a diluirse. Entre los años ’20 y ’60 el tango tiene su momento de hegemonía y de ocaso. Los cantores y las orquestas típicas tuvieron, hasta fines de la década del ’50[5], una expansión social y un dominio del espectáculo. Y también un desarrollo estilístico, una consolidación de su estética. Una estética que había conseguido amalgamar en un exquisito equilibrio, la estructura de la orquesta típica, el sitio del cantor y la escena de los bailarines. Es con la perfección que había alcanzado la orquesta y la composición de Aníbal Troilo, que en 1948, con versos del poeta Homero Manzi, y para la voz, grave y sobria, de Edmundo Rivero, que nace el tango Sur, obra monumental en la historia del tango. Pareciera que la mecánica del género hubiera alcanzado allí su punto máximo. Ahora bien, el tango no era sólo un arte, era también el código socio-cultural de lo porteño. Y es precisamente en esa instancia donde la idea de género musical adquiere su fuerza. Y si bien el género es una representación, una ficción, que cada música necesita para existir, para ubicarse en el caótico y multirreferencial mapa del arte, es indispensable reparar sobre las características que esta figura adquiere en el tango. El mismo no sólo hace del género una herramienta estética, sino que además le otorga al género una eficacia ética. El tango agrega a los criterios para identificar los atributos esenciales de su música un requisito ético. Se organiza así un dispositivo de admisión y de rechazo, de lo que entra o debe ser excluido de la condición de tango, que tiene la vehemencia de la separación entre el bien y el mal. Y es esta actual oposición, donde va a otorgarse la oposición de clase. En esta posición puede encontrarse la configuración clásica de la identidad, en la cual media en la relación con el otro su propia construcción.[6]Si bien esta construcción del otro, siempre estuvo ligada a la retórica misma del tango. Esta posición es notable en cuanta manifestación de la cultura popular. El tango continuaba recreando en su interior la esencia misma que lo habían visto nacer y definitivamente la oposición binaria clásica de la construcción de identidades no parece brindar aportes para la comprensión de esta manifestación popular. Hall en el artículo ya citado a respecto de la cultura popular, manifiesta la siguiente propuesta, “…el tema de la cultura popular. El primero es recordarles que esa cultura popular, mercantilizada y estereotipada tal como suele ser, no lo es en absoluto, así muchas veces pensamos en ella, el terreno en el que descubrimos quiénes somos realmente, la verdad de nuestra experiencia. Es un terreno profundamente místico. Es el teatro de los deseos populares, el tablado de las fantasías populares. Es donde descubrimos y jugamos con la identificación de nosotros mismos, donde somos imaginados, donde somos representados, no sólo para las audiencias de afuera que no comprenden el mensaje, sino para nosotros mismos por primera vez. Como dijera Freud, el sexo (y la representación) principalmente tienen lugar y suceden en la cabeza. Segundo, aunque el terreno de lo popular pareciera como si estuviera construído con simples oposiciones binarias, en realidad no lo está. Ya les recordé acerca de la importancia de la estructura del espacio cultural en términos de arriba y abajo, y la amenaza del carnaval bajtiniano” (Hall: 1988, 62). Creo que en este sentido uno puede explicarse la relación entre tango e identidad de este período. La escenificación misma del tango diluye las oposiciones a la vez que las multiplica. Es mucho más rico en significaciones que una oposición binaria. Permite visualizar la pluralidad misma de la escena cultural de la modernidad metropolitana. Y en este punto las identidades parecen responder a esta multiplicidad, sólo el eje aglutinador era pertenecer a la cultura popular. En síntesis hablar de tango era hablar de un fenómeno cultural instalado geográficamente en la costa rioplatense, es producto de la combinación de lo criollo con los inmigrantes, quienes con su bagaje cultural realizaron un gran aporte a la formación de la identidad cultura argentina. Esta mezcla de razas y costumbres en el arrabal de la ciudad generó una nueva cultura popular con lenguaje propio de la cual el tango es su portavoz. Criollos e inmigrantes (entre ellos milicos licenciados, trabajadores de los mataderos, cuarteadores, carreros, artesanos, marineros y peones de las barracas) en su mayoría hombres solos, concurrían a boliches, prostíbulos y casas de baile en busca de diversión y compañía. En estos lugares marginales para el encuentro se mezclaban con rufianes, hombres de acción y guapos al ritmo de mazurcas, habaneras, polcas, valses y milongas, rudimentos de lo que en el futuro sería el tango criollo.A fines de siglo el tango estaba prohibido en la cultura oficial y existía un complot de silencio en torno al género, que se vio obligado a permanecer en la oscuridad de esos barrios “orilleros” o marginales de la ciudad, donde ya era la música característica, formando parte de una especie de sociedad secreta. Esta subcultura, del primer período, (analizado anteriormente) no admitida y hasta desconocida por las esferas oficiales dio origen al tango como fundamento de la cultura popular. Esta era la que mostraba la cantidad de personajes que pertenecían al universo del Tango en Buenos Aires. La idea de clase, básicamente estaba ligada a esta posición cultural. Esto puede leerse claramente en sus composiciones. Por ejemplo: Cambalache de Enrique Santos Discepolo.Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé…
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé…
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos…¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!…
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!…¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y “
La Mignón“,
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín…
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón…
Tango, clase y Estado en su segunda período. Desde Sur hasta Afiche. El comienzo del exilio. Lo mencionado arriba, hace pensar en otro enclave teórico para el presente análisis, ya que, cristaliza la posición teórica que uno puede inferir dentro de este segundo período analítico del Tango. Aquí puede leerse no sólo la categoría clase en relación a la identidad, sino también la de Estado. Para esta posibilidad es necesario plantearse, no en la problematización de las teorías marxistas sobre el Estado, sino más bien en la posición de Althouser, en los Aparatos Ideológicos del Estado. Así uno puede comprender la identidad en estos individuos sobredeterminados. Ahora bien, cabe preguntarse ¿cómo puede entenderse esta lectura en este período?, para este fin será útil revisar concisamente algunas ideas althouserianas. El autor diferencia estos aparatos de los Aparatos represivos del Estado que tenían en cuenta la teoría clásica, así se incorpora la dimensión cultural al análisis. “Decimos que los AIE no se confunden con el aparato (represivo) de Estado. ¿En qué consiste su diferencia? En un primer momento podemos observar que si existe un aparato (represivo) de Estado, existe una pluralidad de aparatos ideológicos de Estado. Suponiendo que ella exista, la unidad que constituye esta pluralidad de AIE en un cuerpo no es visible inmediatamente. En un segundo momento, podemos comprobar que mientras que el aparato (represivo) de Estado (unificado) pertenece enteramente al dominio público, la mayor parte de los aparatos ideológicos de Estado (en su aparente dispersión) provienen en cambio del dominio privado. Son privadas las Iglesias, los partidos, los sindicatos, las familias, algunas escuelas, la mayoría de los diarios, las familias, las instituciones culturales, etc., etc.” (Althuser, 1970: Pág 15)La cristalización identitaria del segundo período desde las composiciones, hasta la lógica cultural propia de la manifestación estuvo signada por el proyecto político y la divulgación que de él hacían estos aparatos del Estado. Las letras no sólo tenían un espíritu de clase, sino que además cuestiones preformativas que pueden observarse en la postura althuseriana. Estas cuestiones también empiezan a notarse en las composiciones, que de algún modo, como se mencionó con anterioridad, tendrán su ocaso en la década del sesenta. De algún modo estos aparatos y su lógica aparece implicita en el tango Afiche de Homero Expósito.Letra: Homero Expósito
Música: Atilio Stampone
Año: 1956 Cruel en el cartel,
la propaganda manda cruel en el cartel
y en el fetiche de un afiche de papel
se vende una ilusión,
se rifa el corazón…
Y apareces tú
vendiendo el último girón de juventud
-cargándome otra vez la cruz-
Cruel en el cartel te ríes, corazón,
-¡Dan ganas de balearse en un rincón!-Yo te di un hogar…
Siempre fui pobre pero yo te di un hogar.
Se me gastaron las sonrisas de luchar,
luchando para ti,
sangrando para ti.
Luego la verdad,
que es resfregarse con arena el paladar
y ahogarse sin poder gritar.
Yo te di un hogar… ¡Fue culpa del amor!
-¡Dan ganas de balearse en un rincón!-Ya da la noche a la cancel
su piel de ojera…
Ya moja el aire su pincel
¡y hace con él la primavera!
Pero qué?
si están tus cosas pero tu no estás
porque eres algo para todos ya
como un desnudo de vidriera.
Luché a tu lado… para ti
-¡por Dios!- ¡y te perdí!
En este tango queda esbozada la idea del tango y la idea de este segundo período. Según Fiske “los medios y el lenguaje juegan un papel importante en esta construcción de subjetividad, a través de la cual tiene lugar la constante reproducción de la ideología de las personas. Althuser usa la palabra “interpelación” para describir este trabajo de los medios”(Fiske, 1987, 3) Y si hay algo que es notorio en esta composición es la aparición de los medios en la narrativa del tango. No sólo como un nuevo actor socio cultural, sino como un nuevo aparato configurador de identidades.
El último período. El tango en la posmodernidad.Se podría decir que si algo abre este período analítico, que a fines prácticos, llega hasta la actualidad es el tango de Astor Piazolla. Y con esto la incursión definitiva del tango como identidad argentina en el mundo, si bien este ya estaba legitimado con anterioridad, sólo que ahora cobró mayor importancia.[7]Es a partir de aquí, donde puede hablarse de un nuevo tango, que a su vez, es una emergente de una nueva concepción de cultura. Las modalidades modernas entronizaron las figuras de Troilo, Pugliese, Federico, Manzi, Salgán, Piazzolla, el Sexteto Tango, el Sexteto Mayor, el Cuarteto de Colángelo y otros.
Frente al gran impulso de lo instrumental el tango cantado sobrevivió al recordar antiguas glorias y al consagrar las voces del momento: Julio Sosa y Roberto Goyeneche.
Sin lugar a dudas, el principal propulsor del nuevo tango fue Astor Piazzolla, quien generó una nueva estética que provocó admiración en el mundo entero pero fue, a la vez, motivo de controversia a nivel local debido a sus modernos tratamientos armónicos y rítmicos. Su influencia abrió el camino a los músicos de vanguardia que intentaron diversas hibridaciones entre la música rioplatense, el jazz, la música clásica y otros géneros.
En Buenos Aires el tango está más vivo que nunca. En los últimos años este elemento identificatorio del alma porteña se ha difundido bastante entre los jóvenes, muchos de los cuales lo aprenden en la escuela primaria o secundaria. Paralelamente, hay nuevos compositores musicales, letristas y bailarines. Ha surgido, incluso, el tango electrónico.Las “milongas” se han diseminadas por todos los barrios y los eventos tangueros que organiza
la Secretaría de Cultura del Gobierno de
la Ciudad son una de las grandes atracciones turísticas. Durante el “Campeonato Mundial de Baile de Tango” desembarcan en la capital argentina los mejores bailarines del mundo que, junto a los porteños, despliegan su talento sobre las pistas. El torneo está dividido en dos categorías: Tango Salón y Tango de Escenario. El “Festival Internacional de Tango”, por su parte, cuenta entre sus propuestas con conciertos, conferencias, talleres y exhibiciones relacionados con el género. Se realiza anualmente y para el cierre se monta una “milonga” multitudinaria en plena calle Corrientes. Otro nuevo punto ha surgido en estos últimos años, Buenos Aires por cuestiones de cambio monetario se ha vuelto la capital del turismo en general y particularmente del turismo gay. Según declaran los entendidos en el tema hay una movida cosmopolita que transforma a esta ciudad a una de las preferidas dentro de los destinos gays. Una ciudad que está calando en especial entre homosexuales de 25 a 50 años con un nivel cultural y socioeconómico medio-alto, que están descubriendo que Buenos Aires es una ciudad marcadamente europea que combina las ventajas de París o Milán con una oferta de ocio amplia y variada durante todo el día y la noche, un ambiente tolerante y unos precios imbatibles tras el fin de la paridad peso-dólar en enero de 2002.Buenos Aires, la cuna del tango, no podía dejar ajeno a este nuevo movimiento de reconocer su género musical. A este fin parece haberse retornando al primer período, donde el tango era bailado por hombres, sólo que ahora la cuestión de género está cristalizando la manifestación. Cómo ha podido verse a través del recorrido analítico, el tango ha ido variando con la cultura y las identidades que se han ido plegando al género. Este trabo sólo es una aproximación a las miles de figuras y personajes que se identifican en el tango “que hizo mal y sin embargo se quiere”.
Bibliografía ALTHUSSER, L. (2001) Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Nueva Visión, Argentina. FISKE, J.( 1987) “Los estudios culturales británicos y la televisión”. -Hall, Stuart, (2003), “Introducción: ¿quién necesita ‘identidad’?”. En: Hall Stuart y du Gay Paul (comps.), Cuestiones de identidad cultural, Amorrortu editores, Buenos Aires. Hall, Stuart (1994) Estudios culturales: dos paradigmas. En Revista “Causas y azares”, Nº 1 Hall, Stuart (1988) ¿Qué es “lo negro” en
la cultura popular negra? Black Film/ British Cinema, ICA Document 7, ed. Kobena Mercer (London, Institut of Contemporary Arts, 1988), 27-31. Moreno Sardá, Amparo (1988) La crítica al modelo androcéntrico. Universidad Autónoma de Barcelona, Saikin, Magali ( 2004) Tango y género. Identidades y roles sexuales en el tango argentino. Sttutgart, Buenos Aires. VOLOSHINOV, V (1977). El signo ideológico y la filosofía del lenguaje. Nueva Visión, Buenos Aires, .
[1] Lic. En Ciencias de
la Comunicación por
la Universidad Nacional de Villa María. Mgter en Relaciones Internacionales Centro de Estudios Avanzados Centro de Estudios Avanzados UNC. Actualmente es tesista del Doctorado en Ciencias Sociales de FLACSO Sede Argentina y además cursa su segunda maestría en Teoría y Metodología de las Ciencias Sociales en el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Es docente de grado en
la Universidad Nacional de Villa María e integra equipos de investigación. Es docente de grado de las licenciaturas en Comunicación Social y Sociología de Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de
la Cuidad Autónoma de Buenos Aires donde también codirige equipo de investigación en Comunicación e Imagen Presidencial. Finalmente, es docente de postgrado del Taller de tesis permanente de
la Maestría en Dirección de Comunicación Institucional de la misma Universidad.
[2] Amparo Moreno define el androcentrismo como la “referencia a la adopción de un punto de vista central, que se afirma hegemónicamente relegando a las márgenes de lo no-significativo o insignificante, de lo negado, cuanto considera impertinente para valorar como superior la perspectiva obtenida; este punto de vista, que resulta así valorado positivamente, sería propio no ya del hombre en general, de todos y cualquier ser humanos de sexo masculino, sino de aquellos hombres que se sitúan en el centro hegemónico de la vida social, se autodefinen a sí mismos como superiores y, para perpetuar su hegemonía, se imponen sobre otras y otros mujeres y hombres mediante la coerción y la persuasión / disuasión” (Moreno, 1987:29)
[3] “La función de la ideología -dice Paul Ricoeur- es la de servir como posta a la memoria colectiva con el fin de que el valor inaugural de los acontecimientos fundadores se convierta en objeto de la creencia de todo el grupo”
[4] El objetivo de Tango y Género es mostrar la posibilidad, por un lado, de desnaturalizar los roles de género, y por el otro, de reencontrar lo excluido, negado y oculto y, desde la presencia, revalorizarlo. En definitiva, desde esta mirada, es posible abrir en el Tango Argentino, nuevas posibilidades de comunicación y creación humana y artística.
[5] Con el advenimiento de otras influencias musicales como el Rock & Roll en la década de los 60’ el Tango pierde presencia en el publico porteño, pero comienza a ser reconocido y representado en el resto del mundo especialmente en Paris, dónde logra gran cantidad de adeptos. Luego con el regreso de la democracia a principios de los 80’ en Argentina, el tango regresa pero con una evolución artística e instrumental. Recobrando hasta hoy en día su reconocimiento inicial, en paralelo el Tango continua siendo reconocido mundialmente.
[6] Pertenecer a un grupo es una de las características de la identidad cultural. En ellos, lo simbólico de las relaciones atraviesa los capilares de la subjetividad hasta conformar la identidad básica de toda cultura: la identidad yo-sujeto que inicia la vinculación del sí mismo con el otro y que, a través de distintas transformaciones, va perfilando esa unidad bipartita con trazos que irán variando según sean los movimientos sociales o culturales que se realicen. En este concepción de identidad, la construcción de significados se va dando de acuerdo a como lo trabajan teorías como el interaccionismo simbólico.
[7] El tango fue un baile central en el mundo previo al primer conflicto bélico mundial y sus detractores surgieron por doquier. Entre ellos se destaca el papa Pío X, quien optó por proscribirlo.
Posteriormente nació con fuerza el tango canción y relevó al tango baile pero con un éxito geográficamente más restringido. En una nueva preguerra el mundo descubrió la voz de Carlos Gardel. El “zorzal criollo” fue el gran divulgador del tango en el extranjero. Falleció trágicamente en un accidente aéreo en Medellín (Colombia) en 1935.
Luego de la temprana muerte de Gardel y gracias a la obra difusora de la radio, las numerosas grabaciones discográficas y la introducción del tango en el cine nacional, el público volvió a revalorizar el género. El tango llegó a su cúspide de éxito, encarnado en músicos, letristas y cantantes de la talla de Pugliese, Rivero, Gobbi, Cadícamo, Troilo, Canaro, Contursi, Salgán, Manzi, Federico y Expósito.
Las décadas del ‘50, ‘60 y ‘70 conllevaron una crisis en el fervor popular, que se volcó masivamente a los nuevos ritmos bailables: conga, rumba, mambo y, por último, rock and roll.
1 comment Mayo 1, 2007
Medio Ambiente y Desarrollo en América Latina. Del caso transgénicos y tecnología ambiental
Mgter. Facundo M. PonceInvestigación para FLACSO- Sede Argentinafacumdqar@yahoo.com.ar
Abstract:El tema del medio ambiente comparte en los últimos años una visión regional. Sucede que con el fenómeno de la globalización no pueden dejar de lado las interacciones de diversos actores transnacionales. Si bien hay problemas específicos relativos a cada país, hay una integración regional que se da en el tema.Ponencia:-Medio Ambiente- Desarrollo- Actores transnacionales Entre muchos argumentos, los que abogan por la globalización económica alegan que, en el largo plazo, ésta aumenta la protección ambiental. Su teoría consiste en que a medida que los países se globalizan, a menudo explotando recursos como bosques, minerales, petróleo, carbón, peces, vida silvestre y agua, su mayor riqueza les permitirá salvar más porciones de naturaleza de posibles estragos, y además les permitirá introducir elementos técnicos para mitigar los impactos ambientales negativos derivados de su propia producción aumentada. Sin embargo, existen fuertes evidencias de que cuando los países aumentan sus aparentes ganancias dentro de una economía global, la mayor parte de ellas va a las corporaciones globales, que tienen pocos incentivos para volcar parte de sus beneficios hacia la protección ambiental. En vez de hacerlo, arrastran al país a una explotación aún mayor, o simplemente se guardan el dinero y escapan rápidamente del país. Tal es la conducta corporativa “normal” dentro de una economía global.
El tema del medio ambiente comparte en los últimos años una visión regional. Sucede que con el fenómeno de la globalización no pueden dejar de lado las interacciones de diversos actores transnacionales. Si bien hay problemas específicos relativos a cada país, hay una integración regional que se da en el tema.
“Las maquiladoras son plantas de montaje establecidas por corporaciones transnacionales de diversas ramas (textiles, automotrices, electrónicas, etc.) en países donde se pagan bajos salarios para realizar el ensamblaje final de partes provenientes del exterior y así obtener productos finales que son reexportados casi sin pagar derechos aduaneros. Las maquiladoras comenzaron a establecerse en el norte de México en la década de 1970. Actualmente existen más de 3.000 plantas maquiladoras en México que emplean a más de 900.000 trabajadores, y aunque el 81% de ellas aún se concentra en la zona fronteriza con Estados Unidos, su presencia ya no se limita a ella. Pero además, actualmente las maquiladoras emplean unos 200.000 trabajadores en sus plantas en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua (Red de Solidaridad de
la Maquila, 1995). También las hay en República Dominicana, así como en países del Sudeste Asiático.”(Mato, 2000: 3)Mediante este ejemplo se puede ver como en las cuestiones de medio ambiente, intervienen diversas redes de actores. Cada uno de estos tiene intereses específicos y estos se diferencian de acuerdo a los lugares que ocupan en la red. Obviamente, los cambios que introduce la maquila no son simplemente económicos y ambientales, sino también sociales y culturales. Estos cambios no son producidos solamente por las empresas transnacionales. Las empresas eligen un cierto lugar para establecer su maquila, y no otro, porque se dan ciertas condiciones, algunas de las cuales se relacionan con procesos macroeconómicos que responden a decisiones de actores sociales no sólo globales sino también nacionales, y que se expresan en las políticas económicas. Estas políticas en última instancia responden a ideas de “desarrollo”, “progreso” y/o de “modernización”, referentes que no son simplemente económicos sino también políticos y culturales, y que no son sólo nacionales, sino “globales” (Escobar, 1998). Pero no sólo cuentan en esto factores y decisiones de orden global y nacional, también hay decisiones de actores municipales, y de actores estatales, provinciales o departamentales (según los países), los cuales acuerdan permisos de instalación, promueven regímenes impositivos preferenciales (muchas maquilas operan en zonas francas o en otros tipos de marcos preferenciales), facilitan el entrenamiento de los trabajadores, obvian regulaciones ‑o al menos controles‑ sobre el cuidado del medio ambiente, la salud de los trabajadores y sus derechos sindicales, etc.Otro ejemplo que demuestra la interacción de diversos actores en la región también lo plantea Daniel Mato: “Se trata de
la Primera Cumbre entre Indígenas y Ambientalistas realizada en Iquitos (Amazonia peruana), en mayo de 1990, con la participación de
la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de
la Cuenca Amazónica (COICA), las cinco federaciones indígenas nacionales que para la época la constituían (de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Brasil) y numerosas organizaciones ambientalistas y otras no gubernamentales que actúan transnacionalmente, y tendencialmente en todo el mundo, es decir lo que denomino “actores globales” (para enfatizar el alcance de sus prácticas). Como resultado de este encuentro los participantes emitieron
la Declaración de Iquitos, la cual fue firmada por representantes de Greenpeace, Survival International, Cultural Survival, Conservation International, Oxfam‑America, Fundación Ford, Inter‑American Foundation, otras 17 organizaciones con sede en Europa y EE UU y una organización conservacionista peruana.”(Mato,2000:19) La declaración considera que “es necesario seguir trabajando en adelante como una alianza indígena y ambientalista por una Amazonía para la humanidad”. En respuesta al “grave deterioro de la biosfera” la alianza establece acuerdos significativos con el objeto de lograr, entre otras cosas, “el reconocimiento de los Territorios Indígenas para que dichos pueblos desarrollen programas de manejo y conservación [del ambiente]“; para lo cual es necesario “canalizar recursos técnicos y financieros”. La declaración también establece la creación de un comité coordinador que analizará y diseñará “las mejores estrategias para la defensa de
la Amazonía Indígena” (Chirif, García y Chase, 1991. 176‑177). Esta doble caracterización de “una Amazonía para la humanidad” y “
la Amazonía Indígena” expresa convergencias y diferencias entre las dos partes de
la alianza. Pero lo notable es que subyace a ambas una idea común:
la Amazonía es una cuestión que no compete a los Estados ni a otros actores de las sociedades nacionales. Como puede los diversos actores establecen sus agendas[1] (que cristalizan sus diversos intereses) en la esfera pública y es en este terreno donde se producen negociaciones por las diferentes prácticas que emanan de éstos mismos.
Esta controversia en torno al medio ambiente y los actores transnacionales no es nueva. Ya en 1987 se planteaban los primeros antecedentes del tema. El Informe Brudlant (1987) centra su atención en los “estilos de desarrollo”, y sus repercusiones para el funcionamiento de los sistemas ecológicos, subrayando, que los problemas del medio ambiente y por ende de las posibilidades de que se materialice un “estilo de desarrollo sostenible”, se encuentran directamente relacionados con los problemas de la pobreza, de la satisfacción de las necesidades básicas de alimentación salud y vivienda, de una matriz energética que privilegie las fuentes renovables, y del proceso de innovación tecnológica. En este marco de ideas el Informe Brudlant propone como alternativa la búsqueda de un “desarrollo sostenible”, dejando una definición que opera en relación con un destino, que implica responsabilidad intergeneracional, al plantear a este como “un nuevo sendero de progreso que permite satisfacer las necesidades y aspiraciones del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades.” En suma, el informe define las relaciones entre medio ambiente y desarrollo y propone un programa global para el cambio, pero no toma en cuenta las tareas para su implementación práctica que realmente le podrían colocar en una posición realmente transformadora. Entre ellas se podrían indicar: a) comprender cómo la gente y las sociedades se interrelacionan con su medio ambiente. b) desafiar los modelos simplistas que la ideología dominante reclama para ser la única manera de interpretación de los fenómenos económicos, c) localizar el concepto de crecimiento, que sea distinguible histórica y culturalmente, y que ello identifique los mecanismos adecuados para hacerle frente al enriquecimiento y la exclusión. c) aplicar mecanismos de integración activa y sostenida en el mercado mundial mediante productos y servicios de creciente calidad con un grado cada vez mayor de valor agregado por la industria y el agro nacional. Ello permitiría reducir el uso de recursos naturales y crearía las condiciones para introducir tecnologías no contaminantes y de bajo consumo energético. De esta manera, se desvincularía el crecimiento productivo de las exportaciones de consumo de recursos naturales, reduciéndose en términos absolutos la contaminación ambiental. La importancia del mencionado informe, es que a partir del mismo comienzan a organizarse los diferentes movimientos ambientalistas que luego mediante formas de ONGs o movimientos sociales generaran las protestas por el medio ambiente durante la década del noventa.
Tópicos controversiales. El discurso de Greenpeace sobre Transgénicos.
El afianzamiento de la racionalidad científica occidental provocó en los movimientos sociales ambientalistas, sobre todo en la región latinoamericana, grandes preocupaciones. La idea de que a la naturaleza había que someterla, modificarla a imagen y semejanza de un imaginario obsesionado con las jerarquías, la fragmentación y el materialismo, irritó principalmente a los movimientos antiglobalización que operaban en
la región. Estos últimos veían que esta manera de entender la agricultura facilitaba la hegemonía de la producción agroindustrial basada en el uso abusivo y masivo de los abonos sintéticos, agrotóxicos, monocultivos, semillas híbridas de estrecha base genética y la dependencia en la mecanización y el uso masivo del riego. En contra de estos supuestos, las organizaciones ambientalistas comenzaron a estructurar sus discursos en contra de este tipo de agricultura.
Siguiendo el esquema de trabajo propuesto, dentro de los tópicos controversiales a analizar vamos a situarnos en el tema transgénicos desarrollados tanto desde Greenpeace, como desde laboratorios que trabajen sobre el tema.
El discurso de Greenpeace sobre Transgénicos en su página web manifiesta lo siguiente: “Sin saberlo ni quererlo, en estos momentos, tanto vos como tu familia están comiendo alimentos obtenidos a través de la ingeniería genética. Nadie te avisó ni te consultó si lo querías. Sin embargo estás expuesto a riesgos todavía no predecibles. ¿Por qué lo hicieron? Una corta y cruda respuesta sería “para abaratar costos”, pero las causas son más profundas. Greenpeace quiere informarte sobre lo que las corporaciones biotecnológicas no quieren que sepas. Esta es información independiente de una organización independiente que, gracias al aporte de millones de personas, puede investigar lo que otros no quieren que se investigue y decir lo que otros callan. Pero informarte no es suficiente. En estos momentos, Greenpeace y un amplio movimiento de científicos, entidades médicas, organizaciones ecologistas, campesinos, comunidades indígenas y grupos de consumidores están luchando para que las multinacionales de la biotecnología y la alimentación no afecten la salud de los ecosistemas ni la vida humana. Sólo con vos podremos detener esta amenaza. Hay que actuar ahora, no hay tiempo que perder. Quienes producen y comercializan transgénicos están esperando que no hagas nada.”(Greenpeace.org.ar/index.php) Continuando con la información que esta página difunde sobre la controversia de los transgénicos, se puede encontrar un título que manifiesta: “Lavagna, el empleado del mes de Monsanto”. Esta nota difunde la siguiente información: BUENOS AIRES (13 de julio de 2004).– Greenpeace calificó al ministro de Economía Roberto Lavagna como “empleado del mes” de la multinacional semillera Monsanto, al acceder a sus pretensiones de abrir el mercado argentino al cultivo del maíz transgénico resistente al glifosato. La organización ambientalista cuestionó la legitimidad y la transparencia de la aprobación del maíz transgénico, al denunciar que el gobierno no cumplió su promesa de consultar la medida con las organizaciones de la sociedad civil. “Solamente consultó a los que tienen un interés económico concreto, a los actores de la cadena maizera. Las entidades que bregan por el bien público han sido ignoradas, como en la peor época del menemismo”, dijo Emiliano Ezcurra, coordinador de la campaña de Biodiversidad de Greenpeace.El discurso de Monsanto. Las redes comerciales de actores en medio ambiente.
Las corporaciones de agroquímicos que controlan la dirección y los objetivos de la innovación agrícola por medio de la biotecnología sostienen que la ingeniería genética mejorará la sostenibilidad de la agricultura resolviendo los problemas que afectan al manejo agrícola convencional y librarán a los agricultores del tercer mundo de la baja productividad, la pobreza y el hambre (Molnar y Kinnucan, 1989; Gresshoft, 1996).
La mayoría de las innovaciones en biotecnología agrícola son motivadas por criterios económicos más que por necesidades humanas, por lo tanto la finalidad de la industria de la ingeniería genética no es resolver problemas agrícolas sino obtener ganancias. Más aún, la biotecnología busca industrializar la agricultura en mayor grado e intensificar la dependencia de los agricultores en insumos industriales, ayudados por un sistema de derechos de propiedad intelectual que inhibe legalmente los derechos de los agricultores a reproducir, intercambiar y almacenar semillas (Busch et al., 1990). Al controlar el germoplasma desde la semilla hasta la venta y forzar a los agricultores a pagar precios inflados por los paquetes de semilla-químicos, las compañías están dispuestas a obtener el mayor provecho de su inversión. “Queremos reiterar nuestro compromiso con
la Argentina desde hace más de 50 años y con el desarrollo tecnológico de la agricultura en el país. Esperamos que el camino arriba descripto, nos permita construir entre todos un futuro prometedor y de crecimiento para el agro, a través de un fluido y sustentable acceso a nuevas tecnologías, que beneficien a todos, al país, los productores y la industria. Convencidos de que el beneficio de todos está en el acuerdo y respeto de reglas claras, agradecemos su tiempo destinado a leer esta nota.”(monsanto.com.ar/teconlogiarr)
Como se ha podido observar, la construcción de conocimiento sobre medio ambiente en general, y en particular sobre uno de los temas analizados – transgénicos – difiere según sea la posición relativa que ocupen los actores Greenpeace o Monsanto dentro de la red de actores que operan sobre el concepto medio ambiente.
Los discursos corporativos como el de Monsanto privilegian dentro de la red, en relación al medio ambiente, el punto de
la eficiencia. De modo que compañías como Monsanto, Cargill y Archer Daniels Midland están dirigiendo un coro unánime de declaraciones corporativas, gubernamentales y burocráticas – a menudo expresadas en avisos de millones de dólares – en el que sostienen que los pequeños agricultores no son lo suficientemente “productivos” o “eficientes” como para alimentar a un mundo hambriento. Sólo podrán hacerlo las corporaciones globales.
La primavera pasada, unos 25.000 activistas anti-globalización incluidos movimientos verdes de todas partes del mundo se reunieron en Porto Alegre, Brasil, para iniciar un proceso de organización global hacia el reemplazo del modelo de Bretton Woods. Se espera definir un nuevo conjunto de acuerdos internacionales que operen desde una jerarquía de valores totalmente diferentes, no corporativos. Según manifiesta Greenpeace no circuló mucha información sobre esta reunión, porque, en ese momento, todos los “media” estaban en Davos, donde los capitanes de la industria y de la globalización se reunieron, al mismo tiempo, en el así llamado Foro Económico Mundial.
De todos estos puntos surgen interrogantes como: ¿Quién se beneficia?, ¿Cuál de las dos significaciones atribuidas se aproxima más a la realidad?, ¿Cuáles son los puntos que se privilegian en cada posición?, ¿Cómo puede sostenerse la hiper-expansión? ¿Cuánto podrá durar antes que tengamos que enfrentar directamente los límites de un planeta finito? ¿De dónde podrán llegar los recursos – los minerales, la madera, el agua, la energía – para alimentar una expansión exponencial, sin matar al planeta? ¿Cuántos caminos podrán cubrir el paisaje? ¿Cuántos peces podrán ser industrializados al vacío desde el océano antes que colapse el ecosistema y que las especies desaparezcan? ¿Cuánta contaminación podemos soportar para sobrevivir? ¿O calentamiento global, o reducción de ozono, antes de que los costos sociales y ambientales crezcan demasiado?. Tal vez este sea el tipo de cuestiones que sólo la estabilización de la significación del tópico controversial analizado, transgénicos, en relación al medio ambiente, en general, pueda responder. Por el momento sólo se asiste a la construcción de significados parciales, que dependen de la posición que los diversos actores sostengan dentro del entramado social.
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[1] El tema de las agendas no es sólo relativo a los medios y periodistas. Si bien es un concepto que nace de las Teorías de
la Comunicación. Los estudios de agenda setting function fueron realizados por Mc Combs y Shaw en la década de los setenta. Los mismos pertenecen a la tradición funcionalista de
la Mass Comunication Research. Son parte de las teorías que estudian los efectos de los medios a largo plazo. Este concepto va a resignificarse por diversos autores, Dominique Wolton, introduce dentro de esta línea de investigación una tríada de actores sobre los que van a observar el efecto de agenda. Los actores, en cuestión, propuestos por el autor son los medios, a través de los periodistas, los gobiernos que cristalizan el poder y los ciudadanos. Wolton denomina espacio público al lugar donde van a interactuar estas agendas de los diversos actores sociales. Durante la década del noventa, en Argentina, Heriberto Muraro (1997) entre otros investigadores, analizan la relación entre las agendas ciudadanas, la de los medios y las agendas de los políticos.
Add comment Marzo 1, 2007
Una de Miedo
Por Aldana Chiodi
Cuando terminé de ver el documental Bowling for Columbine, del productor y director Michael Moore, sentí un gran escalofrío al percibir las similitudes entre su hipótesis sobre lo que ocurre en la sociedad estadounidense y lo que se percibe que sucede en nuestra sociedad, sobre la violencia, la pobreza y el miedo.
Michael Moore plantea que la sociedad estadounidense es más violenta y tiene gran cantidad de armas en su poder, porque tiene miedo y se siente insegura. Luego de comparar las características de los Estados Unidos con las de otros países desarrollados, como Canadá e Inglaterra, llega a al conclusión de que en todos los países se ven películas violentas, se usan jueguitos electrónicos con “tiros y patadas”, se escucha música “pesada” y los adolescentes viven alienados por el consumo y las modas. Por lo tanto, sostiene el autor, la diferencia es lo que los estadounidenses miran en los medios de comunicación, en especial, en la televisión y en los informativos.
Michael Moore plantea, al igual que autores como Vilches, el tema de la manipulación de la información y el uso-abuso de estereotipos. En este caso, la televisión manipula la información mostrando aquello que produce miedo e inseguridad en las personas. Esto es así, porque, al parecer, detrás de ese miedo se esconden negocios millonarios. Vilches, en su libro “La televisión: los efectos del bien y del mal”, plantea que este medio es capaz de determinar la percepción que tenemos de la realidad. Entre las referencias que hace, cita la investigación de Gerbner, quien plantea que el problema ante la violencia en la televisión no es que genere violencia en los espectadores, sino que produzca miedo al sentir que pueden ser víctimas de la violencia, sobre todo, por parte de determinados actores sociales que se muestran estereotipados. En el caso de los Estados Unidos, serían los negros y los latinos, que son vistos y percibidos por la población como inferiores, violentos y ladrones.
Además, en el documental se muestra que hay programas como Cups (policías), que se enmarcan dentro de los programas híbridos a los que hace referencia Ford, ya que se realiza un tratamiento humorístico de las cuestiones sociales graves. De este modo, se plantea lo que el autor llama una distancia emocional: “los problemas no me ocurren a mí, sino ‘al otro’, pero en ese ‘le pasa al otro’ también puedo sentir ‘me puede pasar a mí’. Por eso, el miedo y la inseguridad de la sociedad estadounidense.
En este programa, el director del documental, también muestra cómo se manipula la información y cómo se busca “al otro” culpable. En los Estados Unidos, casi todas las noticias en los informativos son sobre violencia, asesinatos, violaciones, delitos y asaltos y, casi siempre, el culpable es un negro o un latino, que, además, es pobre. De esta manera, se asocia la violencia a la pobreza y se genera miedo en la sociedad y un rechazo hacia el distinto.
Al hacer una simple comparación con la Argentina, podemos tomar el caso del programa Policías en acción. En este programa, además del formato híbrido al que se refiere Ford, se muestran todos episodios violentos que ocurren en el Gran Buenos Aires y son protagonizados por gente que, en general, es pobre y vive en las villas de emergencia. En nuestra sociedad también se rechaza y hay prejuicios sobre los pobres porque también se los asocia con la violencia. Estos programas no sólo hacen una discriminación encubierta, sino que también contribuyen a generar prejuicios y miedos, contribuyendo a formar estereotipos. Si a esto le sumamos que en los noticieros argentinos también se ven cada vez más historias violentas y la mayoría de las noticias giran en torno a la inseguridad, vamos en camino a parecernos cada vez más a la sociedad estadounidense. Lo que no implica buenos augurios.
Por último, podemos hacer una relación con lo que plantea Umberto Eco en su artículo “La transparencia perdida” (1983), ya que se observa una de las características de la neo televisión. La televisión que reemplaza, a partir de la década de 1970, a la paleo televisión, explota a fondo el masoquismo de los espectadores, porque el programa se mira, el programa atrapa y se permite caer en un doble juego. Por un lado, se plantea que lo que se muestra es la vida misma, es lo que pasa en la realidad y es lo “normal”, pero por el otro contribuye a generar miedos y prejuicios.
Ya que sabemos lo que pasa en otras sociedades, sería bueno poder prevenir las mismas consecuencias sobre la nuestra. Sólo es cuestión de que las instituciones funcionen, nada más y nada menos. Así no nos vemos obligados a ver una película de suspenso y miedo.
Add comment Noviembre 3, 2006