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Parcial domiciliario- Noviembre de 2009
SEMIÓTICA DE LOS MEDIOS CONTEMPORÁNEOS
PARCIAL DOMICILIARIO
Curso de 2009
El 2º parcial consistirá en la elaboración de una monografía individual. Las pautas generales de realización del trabajo pueden consultarse en la página de UCES-Reglamento de Trabajo Final-Cómo redactar una monografía. Además de representar una instancia de síntesis de los conocimientos adquiridos hasta ese momento en la materia, la intención de la cátedra es contribuir a que los alumnos de la carrera de Comunicación Social se familiaricen y se ejerciten en la producción de escritos académicos que puedan servirle como base para el Trabajo Final de Carrera y, por supuesto, como ensayos previos a su práctica profesional.
A continuación proponemos una serie de consignas que se presentan a modo de guía, a partir de las cuales los alumnos podrán seleccionar un tema para desarrollar en su monografía, con la supervisión de los docentes a cargo de cada comisión. Las consignas pueden utilizarse como problemas-preguntas de investigación destinadas a que cada alumno elabore su propio tema monográfico, incluso, proponga otros relacionados con las temáticas abordadas en las clases y en la bibliografía recomendada. El título quedará a cargo del alumno como así también la selección del corpus al cual aplicará los conceptos que eligió desarrollar: programa(s) de televisión, multimedia, documentales. La bibliografía consta en el programa y en cada caso el profesor realizará las sugerencias necesarias.
Consignas sugeridas:
El dolor humano como materia prima del infoentretenimiento en la actual programación televisiva. El tratamiento humorístico de lo trágico: ¿instrumento crítico o banalización? (Ford- Baudrillard)
La exasperación del caso y la ausencia del debate: la crisis del análisis de la información (Ford-Ramonet- Bourdieu).
Televisión y minorías: el tratamiento de la imagen de las minorías raciales y sexuales (Barker-Vilche-Ford)
El reality_show y las formas contemporáneas de control social:
A- Gran Hermano y el Panóptico (Whitaker)
B-El deporte como discurso (Eco)
La realidad social es, según Eliseo Verón, una entidad que los medios construyen en base al imaginario social. ¿De qué modo construyen los argentinos la imagen de los héroes? El caso Maradona en la película El Camino de San Diego (2006) de Carlos Sorín. ¿De qué modo se manifiesta el mito en la televisión argentina? (Verón-Escudero-Ford)
Discursos sociales y construcción de la realidad. La construcción de la imagen del ex combatiente de Malvinas. Confrontar con la figura de los desaparecidos en el imaginario nacional (Ver Lucrecia Escudero: El contrato mediático en Malvinas: El gran Relato)
Narrativización y ficcionalización de los casos policiales en los medios argentinos: el caso de María Soledad Morales y la creación de una secuencia que continúa (Blumberg, Dalmasso, García Belsunce). Bibliografía: Ford, Aníbal: La marca de la bestia, Caps 1 y 5; Daniel Link: El juego d elos cautos: la literatura policial: de Poe al caso Giubileo.
Los medios y la representación de la violencia: ¿causa, espejo o ficción? (Ford- Bourdieu-Barker).
La transposición de los géneros tradicionales a los géneros populares. Análisis de una transposición (Ver Steimberg).
La telenovela argentina y sus raíces: desde el melodrama a la actual telecomedia. Transposición e hibridación: la sit-com (Steimberg- Mazzotti)
La teoría de la construcción del temario: cambios en los factores de noticiabilidad en las últimas décadas (Ford-Ramonet)
La construcción de nuevas subjetividades mediáticas: las redes sociales (Manovich-Barker)
Mutaciones del libro, la lectura y la escritura en la era de Internet (Scolari-Vanderdorpe)
4 comments Noviembre 5, 2009
Géneros discursivos
1. Géneros discursivos
Al abordar la redacción (o la lectura) de un texto académico, sería productivo formularse algunas preguntas cuya respuesta adecuada pueda ayudarnos en el proceso de escritura. Algunas de ellas podrían formularse así: ¿qué tipo de texto (estructura-formato) espero producir? ¿Quién/es son mis destinatarios y qué esperan de mi producción? ¿Cuál es el estilo (nivel de lengua) apropiado para esta producción?
Responder a estas preguntas implica conocer que los diferentes tipos de textos producidos en cada esfera de la actividad humana corresponden a un determinado género discursivo, es decir, a formas relativamente estables de enunciado, que presentan reiteraciones en cuanto a tres factores:
a) contenido,
b) estructura,
c) estilo.
A partir de este concepto, que propuso Mijail Bajtin en su Estética de la Creación Verbal, se pueden establecer géneros simples o primarios, ligados a la producción oral (monólogo radial, discurso protocolar) y/o a la producción escrita de circulación cotidiana (carta comercial o íntima, recetas, instructivos), que no requieren de gran elaboración y, por otra parte, se considera a los géneros complejos o secundarios (literarios, periodísticos, científicos) que se relacionan fundamentalmente con la escritura y que, debido a su finalidad comunicativa, presentan una elaboración mayor.
2. Los géneros secundarios: géneros literarios, periodísticos, científicos.
2.1. Géneros literarios:
a. Habiendo mencionado en párrafos anteriores la distinción entre géneros primarios y secundarios, centrémonos ahora en los llamados géneros secundarios. Si pensamos en el modo con que accedemos a la lectura de una novela, de un poema o de una obra de teatro, advertimos que la organización misma del texto en cada caso es diferente: en el caso de la novela o del cuento, el autor narra una serie de hechos de carácter ficticio en una sucesión temporal; en el caso del poema , hay una disposición del texto que contempla la sucesión de versos (cada línea) dentro de un determinado formato (estrofa), o no (serie indefinida), cuyo contenido no es una narración sino la expresión de sensaciones (eventualmente, ideas o sentimientos) pero cuya esencia radica fundamentalmente en el ritmo, en la musicalidad del conjunto. La obra de teatro, a diferencia de la modalidades ya expuestas, se basa en una acción jugada por personajes que dialogan sobre un escenario; el texto teatral o dramático presenta esencialmente un diálogo que revela acciones y conflictos de los personajes más las acotaciones escénicas que resolverá el director en la puesta teatral (se detallan el tono y ritmo de los parlamentos, los gestos y movimientos de quienes componen el reparto, la estructura espacio-temporal de la pieza, las cualidades del decorado, el vestuario, el maquillaje, los efectos sonoros y la iluminación.
De un modo muy simple, hemos planteado un acercamiento a los géneros literarios desde el punto de vista de la estructura, del contenido y del estilo. El cumplimiento de estas reglas por parte de los escritores revela su comprensión de la materia tratada (en este caso, la literaria) y de ese modo, se asegura que el lector (destinatario) acceda al texto con una comprensión mínima de la intención que tuvo el escritor al producir el texto.
Géneros ficcionales y no-ficcionales
¿En qué se diferencian los textos literarios de otros textos que no lo son? Sencillamente, en principio, por la naturaleza esencialmente ficcional de los géneros literarios. El autor y el lector convienen suspender la incredulidad ante el hecho literario y entienden que aún las novelas o cuentos cuya inspiración es histórica o basada en hechos reales, por el simple hecho de haber sido concebidos como materia literaria, pasan a ser técnicamente ficcionales y no debería entonces exigírsele fidelidad a la verdad histórica. Este aspecto de lo literario es fundamental a la hora de considerar las posibles conexiones de algunos géneros ficcionales con otros no-ficcionales. Tal es el caso de la relación entre la narrativa literaria (cuento, novela) y la narrativa periodística (crónica). La novela histórica, por ejemplo, se confunde en muchos casos, con el ensayo histórico (género científico-académico). En otros, la ficción y la historia se fusionan en una sola obra, como en el caso de célebre Facundo de Sarmiento.
2.2. Géneros periodísticos
Los géneros periodísticos están permanente cambio y crisis pero en una clasificación muy general, se ha considerado siempre la existencia de géneros de información y géneros de interpretación u opinión. Entre los primeros se incluyen la noticia breve y la crónica de sucesos y entre los segundos, la crítica, el comentario, el editorial, la columna, el artículo.
Se supone que el periodismo construye su discurso sobre la realidad histórica, que opera como materia prima de la cual debería dar cuenta. Sin embargo, es común hoy en día, que las crónicas policiales o de sucesos diversos, presenten modalidades propias de la ficción. Sin embargo, a los fines de este curso, es necesario destacar que la producción periodística no es esencialmente ficcional y por lo tanto sus géneros, más allá de la estructura que cada uno presenta y que el periodista debe conocer técnicamente, supone un estilo y un tratamiento acordes con la finalidad esencial del texto periodístico: informar (noticia, crónica) o reflexionar (artículo, crítica , comentario) sobre la realidad.
2.3. Géneros científico-académicos
Los géneros académicos se superponen con los géneros científicos. Su finalidad es la exposición y discusión de ideas, desde el simple informe que sintetiza y reordena lecturas hasta el tratado científico de gran extensión y complejidad, pasando por las producciones monográficas y de investigación que pueden convertirse en trabajos finales o tesis de grado o postgrado.
3. Los formatos discursivos: exposición, narración, argumentación.
Además de un reconocimiento amplio de los géneros discursivos, la producción académica supone el reconocimiento de formatos discursivos básicos, cuya producción se alterna en la escritura de un mismo texto, según la finalidad perseguida, a saber:
a. La información/ exposición: el informar supone esencialmente una reducción de la subjetividad de quien enuncia (no incluye opiniones o creencias sin fundamento; desde el punto de vista estilístico, el modo verbal que opera como eje es el indicativo y se evita el recurso de la adjetivación de tipo axiológico o moralizante. Las frases tienden a la brevedad; no se incluyen incisos extensos que puedan desviar la atención de la exposición de los temas centrales). El texto expositivo puede centrarse en la descripción de un fenómeno, por medio de la definición, caracterización, enumeración, ejemplificación o comparación; en el desarrollo de una idea, por medio de la secuencia, proceso, relación de componentes, inducción o deducción; y en el análisis de un problema, por medio de la clasificación o analogía. Entre los textos expositivos podemos ubicar algunos tipos de ensayos, textos pedagógicos, didácticos y científicos, artículos, reseñas e informes.
b. La narración: es el relato de acontecimientos que se desarrollan en el tiempo y se presentan con un orden lógico y cronológico. En ocasiones, ese orden se altera deliberadamente con finalidad estética. Una narración puede incluir la descripción, es decir, la caracterización de objetos, espacios, problemas, situaciones; los tiempos verbales viran al uso del presente o del pretérito imperfecto
c. La argumentación: es la exposición y defensa de ideas mediante fundamentos que implican una concatenación de juicios y razonamientos. Se trataría de aquellos textos que aportan pruebas para intentar convencer de un determinado punto de vista o para afirmar la validez de una opinión. En este texto se busca adhesión del lector a la tesis, y para ello se utilizan la sustentación y la demostración.
Las producciones académicas se caracterizan por el uso del discurso informativo-expositivo (la base del informe, en que se recopilan datos que se exponen con cierto orden y objetividad) y el discurso argumentativo que está destinado a la exposición de ideas y el planteo de las discusiones posibles en torno al tema abordado, la confrontación de los fundamentos a favor y en contra de las afirmaciones enunciadas, para arribar finalmente a conclusiones coherentes con las ideas expuestas.
4. El texto argumentativo
El arte de la argumentación se origina en Grecia y se desarrolla, con variantes, hasta la actualidad; sus bases se remontan a la antigua retórica y a la dialéctica filosófica, de fuente platónica y aristotélica.
4.1. La retórica:
En la cultura griega se denominó retórica al arte de los retores (oradores), una antigua disciplina cuyo objeto de estudio es el conjunto de procedimientos para idear, organizar, recordar y pronunciar discursos, originalmente orales. En este sentido, se ocupa tanto de la organización del texto como de otras cuestiones que hoy llamamos pragmáticas: las relacionadas con el orador, el público, el referente y el contexto en que tiene lugar la comunicación. Desde un punto de vista didáctico, se recurre a la retórica clásica, en la medida en que proporciona una estructura clara y una forma de organización ordenada para la producción de textos argumentativos.
4.1.2. Las operaciones retóricas para la producción de discursos argumentativos
Aristóteles postula en su Retórica cuatro partes sucesivas para la elaboración de un discurso:
• la inventio, que es el conjunto de operaciones para encontrar qué decir, en otras palabras, la búsqueda y selección de los temas apropiados a la situación;
• la dispositio, que implica el orden de lo que se ha encontrado durante la inventio;
• la elocutio, durante la cual se agrega el “adorno de las palabras”, de las figuras retóricas, con la finalidad de hacer comprensible el discurso para el receptor;
• la actio, en la cual el orador representa el discurso como un actor, es decir, lo realiza mediante la voz y los gestos, ya que la retórica clásica se orientaba a la oratoria, fundamentalmente, política.
Para la dispositio, que implica la estructuración de los elementos conceptuales en el discurso, algunos retóricos proponen cuatro grandes partes:
a. la introducción, cuya finalidad es, por un lado, despertar la atención del público y, por otro, presentar el plan de la argumentación;
b. la exposición de los hechos o narración, en la que se presenta información pertinente sobre el tema en cuestión;
c. la exposición de los argumentos, momento del discurso en que se presentan pruebas o razones. Comprende a su vez tres elementos: a) una definición resumida de la cuestión, b) la exposición propiamente dicha de los argumentos a favor de lo que se quiere demostrar y c) la altercatio, que es una especie de diálogo ficticio en el que el orador se enfrenta con el adversario. La refutación es una respuesta a los argumentos del oponente, argumentos que éste ya pudo haber pronunciado o que el orador anticipa como futuras objeciones y, según varios tratadistas, forma parte de la altercatio;
d. el epílogo o clausura del discurso, en el que se resume el tema, recapitulando lo ya dicho, y se apela nuevamente a los sentimientos del auditorio.
4.2. La dialéctica: conexiones con la exposición
Según el Diccionario de la R.A.E., la Dialéctica es aquella “ciencia filosófica que trata del raciocinio y de sus leyes, formas o modos de expresión”, y cuyo fin principal es probar algo, bien para refutarlo, bien para persuadirnos de ello, procurando siempre atraer la simpatía del lector u oyente. Por ello está estrechamente ligada a la Lógica, a la Retórica e incluso a la Didáctica. El procedimiento dialéctico principal es la argumentación, forma de razonamiento que domina en las disciplinas humanísticas. De acuerdo con la diferenciación aristotélica entre actividad práctica (constituida por el lenguaje) y saber teórico, se puede definir la argumentación como el método por el cual se puede llegar al conocimiento de lo que es apropiado para la acción práctica de las diferentes situaciones. Las bases de la argumentación se derivan de la impresión de verdad, de lo probable o del consenso transmitido a través de la historia, de la experiencia política y social común entre el emisor y el destinatario de las argumentaciones, porque a lo que la argumentación aspira es a lograr el convencimiento, es decir, a un adecuado cambio en las opiniones como (nuevo) consenso. Por eso es esencial la cuestión de qué criterios pueden servir a los interlocutores de la argumentación para decidir cuál de las afirmaciones en conflicto es aceptable, y es imprescindible partir de lo que se ha dado en llamar acuerdo con el auditorio, es decir, desarrollar premisas que puedan ser comprendidas por los destinatarios porque se correspondan con sus conocimientos, sus experiencias e ideologías. Los argumentos empleados deben ser, en definitiva, un medio de persuasión que provoque razonamientos o juicios propios, un medio racional que elimine dudas y conduzca a la toma de decisiones. Las fronteras que delimitan los textos expositivos de los argumentativos son verdaderamente confusas, tanto que existen líneas de investigación teóricas que conciben el texto argumentativo como una forma más de expresión de la exposición. Así, las exposiciones en forma argumentativa serían aquellas en las que se analizara un tema atendiendo a criterios de razón y estableciendo relaciones causales entre los datos obtenidos del análisis. Se caracterizarían, pues, por el análisis lógico o conceptual del tema tratado: se exponen las razones y los datos que tenemos para defender nuestra opinión sobre un tema con el fin de que nuestra opinión sea aceptada.
Los textos expositivos que globalmente tienen forma argumentativa pueden presentar dos tipos de estructura:
- La estructura de causa-efecto, propia de aquellos cuyo objeto es analizar las causas de un hecho determinado o bien las consecuencias que de ese hecho se derivan. Por ejemplo, un informe acerca de la contaminación de un determinado río presentará probablemente la estructura de causa-efecto. Son característicos de este tipo de estructura los conectores que expresan causa (porque, ya que, puesto que, debido a, por ello, por este motivo, etc.) o consecuencia (por consiguiente, en consecuencia, así que, luego, por tanto, etc…).
- La estructura de problema-solución, característica de los textos en los que se aportan soluciones a hechos o situaciones adversos (una enfermedad, una crisis económica, los incendios forestales, el hambre en el mundo…). Se trata de una estructura que, a menudo, aparece asociada a la estructura de causa-efecto. Los conectores propios de la estructura de problema-solución suelen indicar la propuesta de soluciones (la primera medida, otra solución…). Otro punto de conexión entre las argumentaciones y las exposiciones es la demostración: los hechos o datos expuestos están destinados a demostrar una idea. Sin embargo, existen diversas características que dotan de la suficiente independencia a las argumentaciones. En ellas, por ejemplo, y a diferencia de los textos expositivos, siempre se defiende una tesis o idea principal de forma razonada, mediante la utilización de diversos argumentos que la apoyan.
5. Tipos de argumentos
La persuasión mediante la comunicación, como forma lingüística argumentativa, con la finalidad de conseguir el consenso, se logra, según hemos visto, mediante el cambio de significados, de ideas, del destinatario de nuestra argumentación. Para ello se sigue el esquema “A precisa de B para conseguir el objetivo X”, siendo “A” el destinatario, “B” los argumentos ofrecidos por el emisor, y “X” la persuasión final de “A”. Esta persuasión ha de lograrse siempre mediante la libre aceptación de las ideas que el emisor le brinda, y sin llegar a la coacción propia de ciertas formas de comunicación persuasiva. Para conseguir atraer al destinatario hacia el punto de vista del que parte el emisor del texto o discurso los argumentos que éste use han de ser eficaces, han de provocar en quien los lea o escuche una cadena de razonamientos lógicos que lo lleven irremediablemente hacia la posición de la tesis defendida.
Existen numerosos tipos de argumentos, siendo quizá los más valorados los siguientes:
5.1. El argumento analógico: es aquel que establece paralelismos entre lo argumentado y otro hecho, una forma de aclaración que facilita su comprensión por parte de los destinatarios. Este tipo de argumento se basa en la relación de semejanza entre dos hechos, y suele seguir la estructura “A es a B lo que C es a D”.
5.2. El argumento mediante ejemplos: casos particulares como anécdotas, cuentos, metáforas, citas literarias, etc., se utilizan para extraer una regla general.
5.3. El argumento de autoridad : se fundamenta en el respeto que merece una persona de prestigio social o intelectual que ha opinado sobre el tema objeto de nuestra argumentación. Existen varias formas de expresar los argumentos de autoridad: de forma directa (cuando la persona citada trató precisamente ese tema) o de forma indirecta, por analogía (la opinión empleada no se corresponde exactamente con el tema tratado, pero apoya el problema que planteamos).
5.4. El argumento de presunción, que se apoya en ideas que están vinculadas al principio de verosimilitud.
5.5. El argumento de probabilidades, que se apoya en datos estadísticos o en el cálculo de probabilidades, y su importancia proviene de estar sustentado sobre bases reales (carácter empírico del argumento).
El autor de un texto argumentativo puede tratar de demostrar la tesis que defiende no sólo mediante la utilización de argumentos en favor de sus ideas (argumentación secuencial) Por el contrario, es frecuente la inclusión de argumentos que las refuten, para a continuación destruirlos mediante razonamientos lógicos (argumentación dialéctica). Se trata de una técnica agresiva con la que demostrará a sus lectores u oyentes que todas las objeciones posibles a su tesis han sido comprobadas e invalidadas.
6. Estructuras argumentativas
Los elementos principales que intervienen en la argumentación son, como hemos visto, la tesis o idea principal, y los razonamientos que la defienden. El orden en el que aparezcan en el texto depende del efecto que quiera conseguir el autor y del razonamiento que siga. Así, si el método que ha seguido en el proceso argumentativo es inductivo (se inicia la argumentación con hechos concretos para hallar o inducir una norma general que los explique). La tesis suele aparecer al final del texto, a modo de conclusión (se va desde lo particular hasta lo general). Sin embargo, el autor puede utilizar un método deductivo si parte de unas premisas generales, lógicamente válidas, para extraer una ley particular que su tesis expone. El afán por lograr la adhesión de los posibles destinatarios a las ideas expuestas hace que el proceso argumentativo se diversifique, buscando siempre estructuras que ayuden a convencer mejor. De este modo, algunos textos ofrecen una estructura encuadrada, con lo que se enfatiza mucho más la idea defendida y se apoya su lógica con la conclusión final, una reafírmación de la tesis presentada al comienzo del texto :
Tesis – Argumentos – Tesis ==> Conclusión final.
En la estructura explicativa la tesis defendida aparece al comienzo del texto, para ser a continuación apoyada por una serie de argumentos:
Tesis ==> Argumentos.
Las argumentaciones conclusivas, por el contrario, son aquellas en las que el autor expone en primer lugar los argumentos para cerrar el texto con una tesis que los englobe: Argumentos ==> Tesis. Por último, algunas argumentaciones adoptan una estructura reiterativa, pues la tesis está contenida en el conjunto del discurso y los argumentos se intercalan libremente, sin ningún orden prefijado
Tres de las formas de estructurar los textos argumentativos son las siguientes:
I. Planeamiento de un problema, formulación de una hipótesis ( a veces se omite esta formulación) alrededor del problema planteado, desarrollo de argumentos y Conclusión
II. Presentación de una tesis, opinión o hecho que se desea argumentar, desarrollo de argumentos y conclusión
III. Combinación de las dos anteriores, es decir, planteamiento de un problema y formulación de una hipótesis (en ocasiones se omite esta formulación, presentación alternativa de diversas tesis y argumentos, como propuestas de solución al problema, para finalmente plantear la conclusión.
Mariel Ortolano
Bibliografía:
Bajtin, Mijail. Estética de la creación Verbal. Mexico, Siglo XXI
Cassany, Daniel. La cocina de la escritura, Barcelona: Anagrama, 1995.
Gómez Torrego, Leonardo. Ortografía de uso del español actual, Madrid: SM., 2000.
Grijelmo, Álex. El estilo del periodista, Madrid: Taurus, 1998.
Martínez, Roser. Conectando el texto. Guía para el uso efectivo de elementos conectores en castellano, Barcelona: Octaedro, 1997.
Marro, M. y Dellamea, D. Producción de textos, Buenos Aires, Universidad a distancia Hernadarias, 1993.
Montolío, Estrella (Coord.) Manual práctico de escritura académica. Tres volúmenes, Barcelona: Ariel, 2000.
Serafini, María Teresa. Cómo se escribe un tema, Barcelona: Paidós, 1994.
1 comment Octubre 19, 2009
Gran Hermano: Las formas sutiles de la violencia mediática
Reproducimos las opiniones de Jean Baudrillard sobre Gran Hermano en el año 2004. Página 12 publicó este artículo en el mes de marzo a raíz de la muerte del pensador francés.
Gran Hermano, espejo de nuestra banalidad
La violencia de la imagen o, mejor, la violencia de la información han hecho desaparecer lo real. Todo debe verse, todo debe ser visible y la imagen es, por excelencia, el lugar de esa visibilidad. Así, todo lo real debe convertirse en imagen, al precio de su desaparición. He allí la seducción y la fascinación de la imagen –cualquier cosa que haya en ella, ya ha desaparecido–, pero también su gran fuente de ambigüedad.La imagen-reportaje, la imagen-mensaje y la imagen-testimonio hacen aparecer la realidad, incluso la más cruda, ante nuestra imaginación, pero haciendo desaparecer, al mismo tiempo, su sustancia real. Un poco como ocurre en el mito de Eurídice: cuando Orfeo se vuelve a verla, ella desaparece y retorna a los infiernos.De este modo, el inmenso comercio de las imágenes demuestra una enorme indiferencia por el mundo real que termina no siendo más que una función inútil de él mismo, un ensamble de formas y eventos fantasmas que no están demasiado lejos de las sombras proyectadas sobre los muros de la caverna de Platón.Un buen ejemplo de esta visibilidad forzada son las distintas versiones de Gran Hermano y todos los programas del mismo género, los reality-shows. Allí donde todo se da a ver, nos persuadimos de que ya no queda nada por ver. Son el espejo de la banalidad y el grado cero. En ellos contemplamos una socialización virtual, forzada, que manifiesta la desaparición del otro como ser social. El mito de Gran Hermano, la visibilidad policíaca total que plantea la novela 1984, se transfiere al propio público que resulta movilizado como voyeur y juez al mismo tiempo. Más allá del control, los sujetos involucrados dejan de ser víctimas de la imagen, se convierten inexorablemente ellos mismos en imagen: son visibles a cada instante, están sobreexpuestos al foco de la información y se los obliga todo el tiempo a producirse, a expresarse. Hacerse imagen implica exponer toda cotidianidad, todo infortunio, todo deseo, toda posibilidad, no guardar ningún secreto; hablar, hablar, comunicar incansablemente.Tal es la violencia más profunda de la imagen: una violencia contra el ser singular y el secreto, y al mismo tiempo una violencia contra el lenguaje, que se ve reducido al papel de mero operador, perdiendo toda dimensión irónica, de juego y distancia e incluso su dimensión simbólica.Sin embargo, junto a esta violencia de la imagen, es posible advertir también una violencia contra la imagen. Una operación como Gran Hermano hace visible una imagen de certeza de la realidad, una trasposición de la vida cotidiana, según el modelo dominante. ¿Un tipo de voyeurismo pornográfico? Para nada. No se trata de sexo aquí sino del espectáculo de la banalidad que constituye hoy día la verdadera obscenidad. En el momento mismo en que le resulta imposible ofrecer una imagen de los eventos del mundo, la televisión se dedica a “desocultar” la vida cotidiana, la banalidad existencial como el evento más escalofriante, la actualidad más violenta, el lugar mismo del crimen perfecto. Y la gente –yo, ustedes, cualquiera– queda aterrorizada y fascinada ante la indiferencia de este “nada que ver”, “nada que decir”, la indiferencia de lo mismo, de su propia existencia, asumiendo la banalidad como destino, como el nuevo rostro de la fatalidad.
El filósofo francés Jean Baudrillard falleció la semana pasada a los 77 años. Estas líneas, dedicadas a Gran hermano, fueron palabras pronunciadas el 19 de mayo de 2004, durante un coloquio en la École Normale Supérieure de París.
Radar|Domingo, 11 de Marzo de 2007 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3659-2007-03-15.html
Add comment Septiembre 30, 2009
Indicaciones para el primer parcial
Semiótica de los Medios Contemporáneos – Revisión previa al Primer Parcial
Sugiero algunas consignas que pueden servir como guía de estudio para el primer parcial. En cada comisión se harán las aclaraciones correspondientes.
1- La teoría crítica: autores, contexto, ideas principales en relación con las “industrias culturales” y su vinculación con los medios.
Lecturas:
a- “Los aportes de la escuela de Frankfurt” en: http://cultura.wordpress.com/2009/02/28/los-aportes-de-la-escuela-de-frankfurt/ (apunte de cátedra)
b- Wolf, M. La investigación de la comunicación de masas. Primera parte: “Contextos y paradigmas: la teoría crítica”; p 90 a 113.
2- Eco, U. “Para una guerrilla semiológica”. El artículo contiene una crítica a dos enfoques sobre el problema de los efectos de los medios y también una propuesta “política” ante su avance. Explicar cuál es la crítica y cuál es la propuesta.
3- Comentar una de las dos consignas (referir la noción a autor/es y texto/s):
a) Los medios como extensión de las facultades humanas
b) El espectáculo como instrumento de dominio político
Lecturas para 2 y 3:
-Eco, U. “Para una guerrilla semiológica”
“La cháchara deportiva”
“El mundial y sus pompas”
(Artículos compilados en el libro La estrategia de la ilusión, capítulo “Crónicas de la aldea global”)
- Mc Luhan, M. La comprensión de los medios. Cap. I
—————- El medio es el masaje (compilación)
-“Diversos abordajes en torno a la influencia de los medios” en http://cultura.wordpress.com/2009/03/01/diversos-abordajes-en-torno-a-la-influencia-de-los-medios/ , apunte de cátedra.
4- Textos de la unidad II.
a- “El contrato mediático: la teoría de los discursos sociales” (en el weblog http://cultura.wordpress.com/2009/02/24/el-contrato-mediatico-la-teoria-de-los-discursos-sociales/ , apunte de cátedra)
b- “El análisis del contrato de lectura” (conferencia de Eliseo Verón, en el weblog http://cultura.wordpress.com/2009/02/18/el-contrato-de-lectura/ ; hay copia en fotocopiadora)
c- “La mediatización” (en el weblog http://cultura.wordpress.com/2009/02/19/la-mediatizaciolas-sociedades-mediatizadas/)
d- Verón, Eliseo. Prefacio a Construir el acontecimiento (en fotocopiadora).
Los textos que constan como lectura obligatoria para las unidades I y II (y que no se incluyen para el primer parcial) se considerarán en el examen final.
Add comment Septiembre 25, 2009
Diversos abordajes en torno a la influencia de los medios.
La sociología anglosajona fue la disciplina que introdujo el concepto de mass communication o mass media, tan generalizado en el ámbito de las Ciencias de la Comunicación, aunque otras líneas siguen prefiriendo la denominación de Medios de Comunicación Social, dado que el término masa enfatiza la connotación de anonimato y pasividad de las audiencias que, según los últimos estudios en la materia, no se ha revelado tan pasiva en la recepción de los mensajes de los medios.
1. El enfoque filosófico:
El estudio de los problemas referentes a las comunicaciones masivas ha atravesado dificultades en cuanto a su enfoque por parte de los teóricos de la comunicación. Por un lado, lo rechazan quienes minimizan su importancia en beneficio del estudio de realidades sociales más consistentes (economía, historia, clases sociales, luchas políticas, etc). Por otro lado, cuando se le reconoce su importancia, el enfoque de la problemática de los medios se polariza en dos actitudes contrarias: o bien se atribuyen a los medios de comunicación todos los males que agobian a nuestras llamadas sociedades de consumo, desde el adoctrinamiento sistemático de las conciencias hasta la vulgarización y la banalización de la vida cotidiana y de las mentes del público, o bien, en el extremo opuesto, se considera a los medios como instrumento de sensibilización de la inteligencia de los usuarios y se magnifica el poder transformador de su tecnología. Este debate entre corrientes teóricas de pensamiento que analizan los efectos de los medios fue sistematizado por Umberto Eco en su trabajo Apocalíticos e Integrados de 1964. Básicamente se refiere al alineamiento de la crítica en dos corrientes: la iniciada por los pensadores de la Escuela de Frankfurt, de raíz marxista y la iniciada por el filósofo canadiense Marshall McLuhan.
(más…)
2 comments Marzo 1, 2009
Los aportes de la escuela de Frankfurt
por Mariel ortolano
La Perspectiva crítica
Conformada entre los años 1924 y 1932, esta escuela de pensamiento continúa la línea crítica que se inicia en Europa con la Ilustración y que caracteriza en definitiva al pensamiento europeo: la fuente del filosofar es más la incredulidad que el asombro. En el contexto del surgimiento del nazismo, representan la defensa de la razón a ultranza frente al avance del irracionalismo. Sus fuentes doctrinarias representadas por las teorías de Hegel, Marx y Freud establecen una perspectiva pesimista en relación con los fenómenos culturales que se asociaban en la primera parte del siglo XX a la masificación de las comunicaciones.
Desde la publicación de La industria cultural (1947) el análisis de los fenómenos ideológicos en relación con la institucionalización económica y cultural de los medios es su principal objeto de estudio y, por consiguiente, los efectos de las industrias culturales sobre el público.
El concepto de industria cultural que introdujeron Adorno y Horkheimer por primera vez en La dialéctica de Iluminismo reemplaza el concepto de “cultura de masas” (la elección del término tiene como finalidad evitar malentendidos en torno a su enfoque: su obra no implica una crítica a la cultura de masas entendida como cultura popular, es decir, la cultura surgida de las propias clases populares, sino para definir lo que hoy más genéricamente podemos denominar cultura mediática: la cultura producida y difundida por los medios masivos de comunicación).
(más…)
4 comments Febrero 28, 2009
El Contrato Mediático: la teoría de los discursos sociales.
por Mariel Ortolano
En estas últimas clases estamos centrando nuestra atención en un grupo de autores que nos ayudan a reflexionar sobre el tema de la relación de los medios con esa entidad que llamamos realidad social y que la mayoría de nosotros considera desde el sentido común como un conjunto de hechos incuestionable, tácticamente existentes y determinantes de nuestra existencia cotidiana.
Eliseo Verón fue construyendo una teoría, la teoría de los discursos sociales, como una síntesis a partir de los aportes de los pensadores que podemos considerar fundamentales dentro del contexto del contexto de las Ciencias Sociales; es decir, Verón no produce una teoría original, sino que compila hábilmente los avances de la Filosofía del lenguaje (Wittgestein), la antropología (Bateson) la semiótica peirceana y, en definitiva, la vertiente más aplicable en el ámbito de los métodos de análisis del discurso que es la teoría de la enunciación (Benveniste).
Según esta teoría, que Verón no formuló en un solo libro sino a lo largo de sus muchas publicaciones, la entidad que llamamos realidad social es una construcción discursiva que los medios realizan en base al imaginario social, entendiendo a ese imaginario como el conjunto de creencias, mitos, deseos y frustraciones que en cierto modo constituyen la idisincracia de cada sociedad.
El conjunto de discursos sociales sobre la realidad conduce a la constatación de que hay tantas realidades como discursos y los medios informativos constituirían entonces medios de producción de lo real social. El carácter de acontecimiento lo construye el medio a través de la noticia:
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1 comment Febrero 24, 2009
La mediatización
INTERFACES. Eliseo Verón. Sobre la democracia audiovisual avanzada. (en El nuevo espacio público, ed. Gedisa, Barcelona, 1992, p. 124-139)
En primer lugar, veremos algunas hipótesis que son interpretaciones de hechos concernientes a la evolución reciente de las sociedades llamadas “postindustriales”, y sobre las cuales no podré extenderme en el marco de este trabajo.
Las sociedades postindustriales son sociedades en vías de mediatización, es decir, sociedades en que las prácticas sociales (modalidades de funcionamiento institucional, mecanismos de toma de decisión, hábitos de consumo, conductas más o menos ritualizadas, etc.) se transforman por el hecho de que hay medios. El proceso de mediatización no avanza al mismo ritmo en los distintos sectores del funcionamiento social; es cierto que el mecanismo estatal (y, por lo general, el campo de lo político) es uno de los sectores en que esta mediatización es bien visible. Una sociedad en vías de mediatización (distinguible de la sociedad mediática del período anterior, es decir, una sociedad en que poco a poco se implantan tecnologías de comunicación en la trama social) no por eso es una sociedad dominada por una sola forma estructurante, lo cual explicaría la totalidad de su funcionamiento. La mediatización opera a través de diversos mecanismos según los sectores de la práctica social que interese, y produce en cada sector distintas consecuencias. Dicho de otro modo: una sociedad mediatizada es más compleja que las que le han precedido. A pesar de lo que se diga, la publicidad, el discurso político, el discurso informativo. el discurso científico, etc., resultan de condiciones de producción y de reconocimiento diferentes, específicas en cada caso.
Respecto del sistema político, la pantalla chica se convierte en el sitio por excelencia de producción de acontecimientos que conciernen a la maquinaria estatal, a su administración, y muy especialmente a uno de los mecanismos básicos del funcionamiento de la democracia: los procesos electorales, lugar en que se construye el vínculo entre el ciudadano y la ciudad. En otras palabras, ya estamos en la democracia audiovisual. Más para bien que para mal, a mi juicio, pero ése es otro debate. En cada práctica discursiva, la mediatización ha implicado la incorporación progresiva de nuevos registros significativos. En su historia, de una manera muy esquemática, la mediatización influyó primero en la escritura, con la prensa masiva (el orden de lo simbólico, en la terminología de Peirce); a continuación se fue haciendo cargo del universo figurativo de la representación, con la fotografía y el cine (el orden dé lo icónico, siempre según Peirce), y finalmente se apoderó del registro del contacto, en forma parcial -en primer lugar‑ con la radio, y luego en forma plena mediante la televisión para el público en general (el orden de lo indicial peirciano). La incorporación de un nuevo registro significativo no ha implicado, claro está, la anulación de los anteriores: mirar televisión no hace a uno sordo, lo cual remite a la complejidad creciente de la discursividad en la sociedad postin-dustrial. También aquí hay un debate que esquivo: todo lo que se podría decir de los contrasentidos en que se incurrió respecto de nuestra “civilización de la imagen”.
Add comment Febrero 19, 2009
¿Quién le teme al Ombudsman?
por Adriana Amado Suárez
La figura del Defensor de los lectores llega tardíamente a los medios latinoamericanos, casi treinta años después que lo hiciera en la prensa mundial. Si bien, la figura del ombudsman no es extendida, casi todos los países hispanoamericanos cuentan hoy con un diario de prestigio con una activa tarea del defensor de los lectores, lo que no ocurre en Argentina, a pesar de contar con diarios muy importantes. ¿Cuáles son las razones que hace que el puesto del ombudsman no sea una posición extendida? Junto con las razones económicas y estratégicas, la ausencia de ombudsmen en la prensa argentina pone en evidencia una falta de ejercicio de autoreflexión de la tarea de la producción de noticias y la ausencia de un marco ético de aplicación.
Mientras los antecedentes mundiales nos indican la década del sesenta como época de inicio de la práctica del defensor de los lectores, en Latinoamérica, su aparición se demora hasta la década de los ochenta. El diario Folha de São Paulo fue el primero en el continente en adoptarla, cosa que ocurrió en 1989. La figura del Defensor del Lector del diario colombiano El Tiempo se establece en 1992. El diario O Povo de la ciudad brasilera de Fortaleza inaugura la posición en 1994. En Venezuela aparece en abril de 1998, en el diario El Nacional (que recién la institucionalizó en 1999), época por la que aparece en Argentina, con el diario Perfil que dejó de publicarse a los pocos meses. Por ese entonces, otros dos medios argentinos contaban con una persona destinada a establecer un diálogo con sus lectores: la revista de cultura La Maga y la revista de temática femenina Luna. Hoy el impulso inicial ha perdido su vigor.
Claro que hay que reconocer que ni siquiera en países centrales, la institución goza de una posición extendida. Sánchez Piña (citando la recopilación histórica que hace Nauman) señala que, para 1994, había cerca de 1700 periódicos en Estados Unidos y sólo 37 de éstos tenían ombudsmen. Señala también la investigadora que The New York Times, no cuenta hoy en día con una persona designada para el cargo, a pesar de que sus páginas alentaron el concepto del ombudsman.
Una investigación llevada a cabo por Jairo Faria Mendes (1), magister de la Universidade Federal do Rio de Janeiro, concluye que en Brasil, al igual que en América Latina, la figura del ombusdman no se instaló en los medios de forma definitiva. Justifica esta conclusión en el hecho de que apenas tres medios brasileros mantienen el puesto en la actualidad: los diarios Folha de São Paulo (San Pablo), O Povo (Fortaleza) y la radio de este grupo. Apenas cinco años atrás podían incluirse en la lista seis medios más: Folha da Tarde (San Pablo), O Dia (Río de Janerio), Diário do Povo (Campinas, San Pablo), Correio da Paraíba (Paraíba), A Notícia (Santa Catarina), la revista Rumos (Ceará) y la Radio Bandeirantes (San Pablo). Todos estos medios, según Mendes, perdieron la figura de un día para el otro. En el resto de América Latina, el investigador refiero que los diarios El Tiempo de Colombia, y Hoy de Paraguay, son únicos que tienen el cargo en vigencia. A ello habría que agregar el caso de El Nacional de Caracas (2), y la experiencia reciente que impulsa en Bolivia, el Grupo de Prensa Líder para sus ocho diarios asociados. Esta observación no invalida la conclusión general de Mendes, que compara la situación latinoamericana con de los principales diarios de los países centrales, que mantienen el cargo. Cita los casos del Washington Post, The Boston Globe, Chicago Tribune, Los Angeles Times, en los Estados Unidos, El País y La Vanguardia (España), Diário de Notícias y Público (Portugal), Le Monde (Francia), Il Corriere della Sera (Italia), el The Guardian y The Sun (Inglaterra), De Volkskrant de Holanda, el diario Maariv de Israel, los diarios Milliyet y Hürriyet de Turquía, y The Yomiuri Shimbun, de Japón, país que mantiene el cargo en la mitad de sus periódicos. Para este periodista, las razones por las cuales la prensa latinoamericana no cultiva especialmente este recurso de autorregulación de sus funciones son los estrechos vínculos que los medios del continente tiene con los grupos de presión, tanto políticos como económicos, y la lenta consolidación de los derechos civiles, aspectos muy relacionados con el hecho de que en nuestras sociedades el ejercicio de ciudadanía no aparece tan claramente relacionado con los derechos de acceso a la información.
¿A quién defiende el defensor?
La figura del defensor de lectores es una elección que busca brindar a las audiencias una garantía de precisión, ética y equilibrio en la cobertura noticiosa. Al proporcionar un interlocutor en condiciones de establecer un diálogo con los lectores o espectadores, el medio construye su credibilidad y la de sus periodistas a partir de asumir una posición responsable y abierta. Esta decisión se inscribe en el marco de la responsabilidad social de los medios, como recurso de autorregulación de la prensa, dado que se trata de sistemas voluntarios, no oficiales, regulados y financiados por los propios medios. De esta manera, se responde a la invitación de propiciar mecanismos de autocontrol, tal como señala el Código Europeo de Deontología del Periodismo (3), cuando aconseja que “los medios de comunicación deben comprometerse al sometimiento a principios deontológicos rigurosos que garanticen la libertad de expresión y el derecho fundamental de los ciudadanos a recibir informaciones veraces” (artículo 36). Para cumplir con este principio, el Código sugiere la creación mecanismos de autocontrol constituidos por los mismos periodistas, editores, asociaciones de usuarios, académicos, a partir de cuyos juicios se “ayudará al ciudadano, que tiene derecho a la información, a formarse un juicio crítico sobre el trabajo del periodista y su credibilidad” (artículo 37). En el mismo sentido, la participación activa de los públicos también está indicado por el Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO, que en su artículo 5 exige que “el periodista favorezca el acceso del público a la información, y la participación del público en los medios, lo cual incluye la obligación de corrección, la rectificación y el derecho a respuesta” (4).
Quizás sea en este principio filosófico que debamos empezar a buscar las razones por las cuales la tarea se encuentra con dificultades y resistencias para instalarse. No puede olvidarse que si aparece el ombudsman es para responder a los crecientes cuestionamientos que el periodismo comenzó a hacer a mediados del siglo XX de su función, cuando empieza a resquebrajarse la idea de la prensa como Cuarto Poder controlante de los otros tres pilares democráticos. La falibilidad (por su humanidad) de la tarea periodística, y la consolidación de los otros poderes fácticos que entorpecen la investigación y la publicación de las informaciones, llevaron a plantear la autocrítica sistemática de los procedimientos periodísticos, como una forma de anticiparse a cualquier restricción normativa que los gobiernos pudieran imponer a la prensa. Sin embargo, a excepción del caso de Suecia, que incluye la figura del Ombudsman en su Código Deontológico Nacional, la figura es una opción estratégica para el medio, que regula sus funciones a través del Estatuto del Defensor, o los manuales de estilo, tal el caso de El Economista de México, El País de España y El Tiempo, de Colombia. Esta tendencia, si bien ratifica el mecanismo de autorregulación y le da fuerza institucional a la función del Defensor, por otro lado la deja librada al criterio del medio, quien en muchos casos evalúa su conveniencia más desde el punto de vista del marketing de lectores, que desde la defensa de su derecho a conocer la información y los procesos a partir de los cuáles se produce. Éstas son las razones que llevan a Germán Rey, defensor del diario El Tiempo entre 2000 y 2002, a hablar de un “oficio en construcción”:
La característica de “agujero negro” de la Defensoría concentra en ella varios de los asuntos más importantes de la práctica periodística: por una parte, las variaciones y la vitalidad del derecho a la información que es derecho de doble vía, tanto de los dueños, directivos y periodistas como de la ciudadanía. Certifica, por otra, las agudas transformaciones que viven los medios en la escena social, como por ejemplo, las relaciones entre lógicas comerciales y autonomía periodística, el sentido público de la información, la importancia de la complementariedad de los derechos fundamentales con la libertad de expresión, el papel creciente de los medios de comunicación en la gobernabilidad y en general en la democracia, su intervención en la fiscalización de todos los poderes incluyéndose a sí mismos y su intervención en la creación de ambientes o atmósferas sociales (5).
No puede obviarse que parte de la “construcción” del oficio queda en manos de la ciudadanía, dado que la aparición del Defensor de sus derechos como audiencias depende de las demandas de éstas hacia la prensa. La participación activa de la sociedad en la defensa de su derecho a la información se puede constatar en la organización de Consejos profesionales, como el Consejo de Prensa Sueco, que se estableció en 1916 (y cuya función se articula con la del Ombudsman), o el Colegio de Periodistas de Perú. Una instancia de intervención ciudadana también lo constituyen los Consejo de lectores, como el del Diario Zero Hora de Porto Alegre, formado por nueve consejeros seleccionados entre los lectores, o el del Diario Do Grande de Sao Paulo, que tiene un consejo con 10 lectores que se postulan con “el deseo de discutir el contenido del periódico”. Otras formas de participación de la sociedad civil son los observatorios de medios, los foros, los movimientos de lectores y audiencias, las veedurías de medios, entre otras manifestaciones que procuran mejora la calidad informativa, que eventualmente pueden interactuar con el defensor. En cualquiera de los casos, la base de funcionamiento reside en un acuerdo entre empresarios de la comunicación, periodistas y miembros de la sociedad civil para mejorar el proceso de circulación de información pública (6).
A la prensa argentina: ¿quién la defiende?
En Argentina los antecedentes de los mecanismos de autorreflexión son escasos. De hecho, sólo un diario institucionalizó la figura del Defensor: fue el diario Perfil, en 1998, y a pesar de que solo estuvo en circulación unos pocos días, fue el primer medio que estableció que un periodista de trayectoria ejercería la función de Ombudsman para velar que “se observen rigurosamente las reglas profesionales y éticas codificadas en [el] manual de estilo” (7). Como antecedentes de la figura sólo se tiene la del defensor que entre 1991 y 1997 tuvo la revista La Maga, y la que ejercía la periodista Clara Fontana en la revista femenina Luna (también de la editorial Perfil), cuya sección se denominaba “Diálogo con las lectoras” (8). Ninguno de estos medios está en circulación en la actualidad. Cabe recordar que en Argentina muy pocos medios transitaron siquiera el camino de desarrollar un manual de estilo: el diario La Voz del Interior de Córdoba lo elaboró en 1990, y los diarios nacionales Clarín y La Nación lo editaron recién en 1997, sin demasiada difusión entre sus lectores. Estos dos medios son los únicos que hoy cuentan con una especie de protofigura de Ombudsman, que sin cubrir todos los aspectos y funciones que cubre la función, pretende constituirse en un vínculo con sus lectores. El diario La Nación, cuenta desde mayo de 1998 con una columna semanal a cargo de Octavio Hornos Paz que se denomina “Diálogo semanal con los lectores”, en la que se encarga de dar respuestas a las inquietudes de tipo formal y ortográfico que llegan a la redacción. En el caso del diario Clarín, la experiencia es mucho más reciente y consiste en un espacio inaugurado en mayo de 2004 para los lectores, que sale los domingos. A diferencia de las cartas de los lectores que aparecen algunos días publicadas en la sección de Opinión del matutino, éste es un espacio amplio dedicado a la publicación de las opiniones y sugerencias de los lectores, que se complementa con una columna de reflexión a cargo del Secretario de Redacción del medio, Osvaldo Pepe. De acuerdo a la definición de su responsable (9), se trata de un “canal de cercanía y servicios para el lector” destinado a propiciar una cercanía del medio con su audiencia, aunque reconoce que por el momento esta tarea dista de la función más compleja del Ombudsman tradicional. En este sentido cabe recordar que la función del defensor tiene dos aspectos principales: la de controlar el estilo (orientada hacia dentro de la redacción) y la de velar por la ética periodística (que pone el foco en la función de información para con los ciudadanos). Con respecto a las cuestiones formales o de carácter ortográfico, es interesante mencionar que suelen ser las más numerosas y frecuentes, en función de que son las observaciones más corrientes que realizan los lectores. Desde el punto de vista de la ética periodística, aparecen cuestiones menos visibles para las audiencias, tales como indistinción información y opinión, omisión informativa, imprecisiones en las noticias, sesgos en la información, problemas de fuentes, etc. Más complejo aun es el análisis del derecho a la información como derecho ciudadano, que incluye el tratamiento de las minorías, las calumnias y ofensas, el derecho a réplica, que aparecen, cuando ocurre, por iniciativa de especialistas y académicos.
Es curioso observar que en Argentina, las dos funciones aparecen separadas en los dos diarios nacionales que citamos, y en ninguno existe aún la síntesis que demanda un auténtico Defensor de lectores. Y ambos diarios parecen muy distantes de ello. En este sentido, Osvaldo Pepe señala que desde el diario Clarín son concientes de que este espacio para los lectores es una incipiente aproximación a la función de la Defensoría, que tiene como antecedente la participación del medio en el Primer Seminario Internacional de Defensores del lector realizado en diciembre de 2002 bajo la coordinación de la Fundación del Nuevo Periodismo (10).
La modestia de estas funciones se pone en evidencia cuando se las compara con los alcances que reconoce la Organization of News Ombudsman (ONO): velar por la equidad, precisión y responsabilidad del medio, consolidar su credibilidad, investigar las razones que motivaron las quejas del público y recomendar acciones correctivas, mantener informado al director del medio sobre estas inquietudes, constituirse en un crítico interno y representar al público del medio canalizando sus quejas, sugerencias, recomendaciones y observaciones; defender al medio y hacer públicas sus posiciones éticas y líneas editoriales, ya sea a través de una columna periódica o de la participación en actividades colectivas, como conferencias y encuentros con la comunidad. A estas tareas pueden agregarse, dependiendo del caso, el trabajo interno a través de reuniones con los diferentes equipos de la redacción, o desarrollando herramientas de comunicación como memorandos, informes o encuestas entre los colaboradores.
Queda claro que los casos que mencionamos son apenas un esbozo de lo que pretende ser una revisión autocrítica de la tarea periodística, con el agravante de que en las dos instancias analizadas, los periodistas forman parte activa de la redacción, por lo que carecen de la distancia aconsejable para mantener la imparcialidad necesaria para el ejercicio reflexivo.
Entre la ética y el marketing
Como primera aproximación para encontrar una respuesta a la inquietud de por qué la Argentina no cuenta con un Defensor de audiencias en ninguno de sus medios, quizá corresponda analizar las razones que hacen que el puesto del Ombudsman no sea una posición universal en los medios mundiales.
Un factor ineludible es el económico, ya que el cargo idealmente debería estar adecuadamente remunerado, especialmente porque quienes ocupan el rol son periodistas experimentados con una larga trayectoria, y probablemente ocupaban un alto cargo antes de ser nombrados defensores de lectores. Sin embargo, estas cuestiones no son demasiado relevantes, como bien analiza Aznar:
Con ser cierto que un ombudsman conlleva un coste económico tampoco conviene exagerar este inconveniente ya que puede convertirse en una excusa fácil. Es cierto que su coste excluye de la posibilidad de tenerlo a un gran número de medios con poca tirada, plantilla pequeña o escasos ingresos. Aún así sigue habiendo un importante número de periódicos y revistas que hoy por hoy en España podrían contar con un ombudsman, por no hablar ya de las grandes cadenas de radio y de televisión nacionales y autonómicas que manejan cifras de presupuesto millonarias. (…) En todo caso, estamos hablando de un compromiso empresarial con la ética que nadie ha afirmado que tenga que ser gratuito. Precisamente asumir el coste económico de la autorregulación constituye uno de los cambios en la cultura corporativa de los medios que se está demandando (11).
Lo que es cierto es que las experiencias mundiales muestran la falta de conflictos entre el ombudsman y la empresa lo que confirma que el profesionalismo y la ética pueden ser también “un buen negocio”, según sostiene el catedrático canadiense John Virtue. O como observa Aznar, citando un dicho anglosajón, “ethics pays”, dado que los gastos que puede insumir mantener esta función se ven, según los analistas, ampliamente compensados con los beneficios que trae para el medio. No obstante, queda claro que la figura es algo más que una estrategia de marketing. Como señala Xavier, “algunos profesionales y académicos ven el cargo como una eficaz herramienta de marketing y atención al cliente, que busca de establecer un mejor contacto con el lector-consumidor; otros, en cambio, ven el cargo “apenas” como una estrategia de marketing a ser publicitada por el diario” (12).
En última instancia, si se considera los medios como empresas que comercializan un producto, el ombudsman es una figura que apuntaría a reforzar el marketing desde la calidad de los procesos de producción. En este punto se marca una clara diferencia entre las condiciones de desempeño de la prensa en Europa y América del Norte que en los países latinoamericanos tiene que ver con las condiciones precarias de trabajo que los periodistas padecen en la región. No sólo tiene que ver con jornadas de trabajo extendidas (Albarrán) y precarización general de las condiciones de trabajo (13), sino que en muchos países el ejercicio profesional se hace de manera independiente, en calidad de colaboraciones externas a la redacción. Estas condiciones, sumadas a la concentración mediática que extiende a medios diversos procedimientos similares, hacen que los matices editoriales e ideológicos de cada soporte se diluyan, tanto hacia sus productores (los periodistas) como hacia el público, que ve mermada su capacidad de intercambio con el medio.
Aquí aparece uno de los mayores riesgos en lo que puede caer el periodismo empresario, y que bien define el periodista argentino Orlando Barone: “El riesgo más grande de desequilibrio de un diario es su sobredimensionamiento económico y comercial (…). El riesgo es que a medida que el diario se hace millonariamente fructífero, el objetivo del negocio rentable acabe postergando o apartando la vigencia de su eje ético” (14).
En este sentido, como bien señala Sánchez Piña, el dilema de pagar el costo de poner a discusión pública las cuestiones internas y revelar las miserias de la profesión, se resuelve asumiendo que la forma más atinada de establecer un vínculo con las audiencias es a través del crédito que los lectores le asignan a su medio:
A ningún periodista le agrada que su trabajo sea criticado y más aún, un periódico como medio no siempre ve con agrado que su labor, o su forma de actuar, sea criticada públicamente, ya que esto incidiría en la credibilidad de sus lectores. Sin embargo, una forma de demostrar a éstos que se actúa de acuerdo con los principios éticos y con total transparencia es el establecimiento de un defensor del lector, ya que manifiesta la intención del periódico de querer mejorar su labor y de que está abierto a la crítica y al diálogo (15).
Claro que todavía muchos editores consideran que un ombudsman es innecesario, ya que todo editor debe ser por sí mismo un ombudsman. Como bien explica Barone, el defensor es “Un especialista consagrado por la misma empresa a hacer de tribunal sobre las faltas del diario”, razón por la cual “El defensor del lector es obviamente visto con recelo por los redactores, aunque obviamente no se lo ve, ya que trabaja separadamente del resto. Es un fiscal autorizado. Y suele ser tremendo” (16). La observación parece sugerir que, ante semejante amenaza, muchos deciden que es mejor esquivar la responsabilidad.
Otra objeción sería que tampoco está demostrado que la presencia del Defensor de lectores convierta a la redacción en infalible, como señaló en la entrevista personal el Secretario de Redacción del diario Clarín, (y surgió en la charla, de manera inevitable, la crisis que enfrentó el diario El País ante la cobertura del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004, y la autocrítica que hizo su Defensora, Malén Aznarez, que demostró que el diario pudo reaccionar, pero sólo a posteriori). Se impone aquí la aceptación de la tarea pedagógica del Defensor, que como tal, implica una labor imperceptible pero constante de enseñanza y ejemplaridad.
En última instancia, todas estas limitaciones no hacen más que mostrar que para que exista la figura del Ombudsman (o la Ombudswoman, para jugar con la falsa etimología inglesa de esta palabra sueca), deben darse múltiples condiciones, cuya observación no deja de ser en sí mismo un interesante ejercicio de reflexión sobre las circunstancias en que se ejerce el periodismo. Partiendo de las sugerencias que realiza Sánchez Piña después de analizar las experiencias colombiana y venezolana de Defensor de los lectores, podemos terminar con las siguientes consideraciones:
· Sin un estatuto o un marco deontólogico, es poco probable garantizar un ejercicio consistente de la función. En las experiencias argentinas queda claro que la figura adopta el perfil de cada representante en la función, sin contar que ni siquiera está prevista la renovación periódica de la persona que ejerce el cargo.
· Dado que no es necesario que el representante de los lectores sea un profesional de los medios de comunicación, es interesante -como clave de apertura del medio a la sociedad- que el cargo pueda ser ejercido por personas conocedoras de los medios, pero ajenas a la redacción. Como señala Sánchez Piña, “es preferible que quien represente a los lectores no sea un periodista de la misma sala de redacción del periódico, ya que tiende a ser más benevolente con sus compañeros de trabajo y pudiera no inspirar la confianza de los lectores” (17). Esto tampoco ocurre en nuestro país, ni en las experiencias actuales, ni en las que las antecedieron.
· Es importante trabajar en el marco social en el que se insertará la función. Está claro que en Argentina los niveles de lectoría son bajos, y han descendido un 30% en los últimos años (18). Pero al margen de las razones económicas que explican superficialmente la pérdida de ventas de los periódicos, no puede dejar de incluirse en el análisis el vínculo de confiabilidad de los medios con la opinión pública. Si bien en Argentina hubo una situación de alto prestigio de la prensa durante la década pasada, los índices apenas se recuperan del brusco descenso que marcaron en el 2002 (19), luego de la crisis institucional del gobierno local y de la percepción que la opinión pública tuvo de la función que el periodismo desempeñó en el suceso. En este sentido, le cabe a los medios argentinos impulsar acciones que los lectores conozcan sus derechos y aprendan a hacerlos valer. Señala Sánchez Piña como caminos Los encuentros con los lectores, las visitas de lectores al periódico y los cursos para lectores sobre cómo utilizar los canales de participación que poseen, que realiza actualmente la Oficina del Ombudsman del diario El Nacional es un ejemplo reproducible en otros medios impresos para proporcionarles las herramientas que los ayuden a participar de una forma eficiente” (20).
La declaración de UNESCO de 1978 precisa que “La información es un componente fundamental de la democracia y constituye un derecho del hombre, de carácter primordial en la medida en que el derecho a la información valoriza y permite el ejercicio de los demás derechos”. En este marco, toda tarea que emprenda la sociedad es saludable. Sin embargo, es esperable que sean los propios medios, interesados en seguir ocupando sus lugares de privilegio en la consideración social, los que impulsen mecanismos de reflexión y mejora de su ejercicio. En este espíritu podría incluirse la tarea pedagógica del Defensor, que enseña a las audiencias en qué consiste la participación que les cabe en el circuito informativo, y de esa manera, los hace más conscientes de los valores que ponen en circulación los medios al elegir una forma de cubrir las noticias. Exista o no un marco legal que proteja el derecho de las audiencias, el Defensor está en permanente defensa de ese derecho. Y es un interesante camino que puede empezar a recorrer la prensa argentina.
Conferencia dictada en el contexto de las Jornadas por los 70 años de la Escuela Superior de Periodismo del Instituto Grafotécnico, Noviembre de 2004.
1 Sindicato Jornalistas Santa Catarina, “Ombudsman não vingou na América Latina”, disponible en http://www.sjsc.org.br/clipagem/clipagem.htm [c. Junio 2004].
2 La figura de Ombudsman se crea en este diario en 1998, y a partir de 2002 toma el nombre de Defensora y está actualmente a cargo de Alba Sánchez.
3 Citado por Villanueva, Ernesto, Deontología informativa. Códigos deontológicos de la prensa escrita en el mundo. México, Universidad Iberoamericana, 1999, pp. 44 y ss.
4 Ibid., p. 32.
5 Rey, Germán, “El defensor del lector: un oficio en construcción”. Sala de Prensa, Web para Profesionales de la Comunicacion Iberoamericanos, s.l.i., Año V, Volumen 2, Edición N° 53, marzo de 2003, http://www.saladeprensa.org.
6 En Argentina, el ejercicio de la reflexión sobre los medios es incipiente, pudiéndose citar como referencias el Foro de Periodismo Argentino, de reciente conformación (FOPEA, www.fopea.org), y la Asociación por los Derechos Civiles (www.adc.org.ar).
7 Perfil, Como leer el diario, Buenos Aires, Perfil, 1998, p. 267.
8 Amado Suárez Adriana y Daniela Blanco, “Algunas experiencias locales e internacionales”, en Dossier “Conferencia Internacional: Autoexamen de la prensa”, Revista Un Ojo Avizor, Edición 15, marzo/abril 2000, p. 34.
9 Entrevista telefónica con Osvaldo Pepe, 29 de junio de 2004.
10 Primer Seminario Internacional de Defensores del lector realizado en la Casa Clavigero de Guadalajara, en diciembre de 2002, bajo la coordinación de la Fundación del Nuevo Periodismo y con el auspicio del periódico Público de Guadalajara, el BID, la Fundación Friedrich Ebert y el ITESO.
11 Aznar, Hugo, “El ombudsman como mecanismo de autorregulación”, Revista Latina de Comunicación Social, Tenerife, Universidad de La Laguna, Número 13, enero de 1999, http://www.lazarillo.com/latina/a1999c/145hugo.htm.
12 Xavier, Mário, “Ombudsman de la prensa, ¿por qué son necesarios?”, Chasqui – Revista Latinoamericana de Comunicación, Quito, CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina), Edición 54, junio de 1996.
13 Amado Suárez A., “La dimensión económica de la prensa argentina: una industria sin información” en Actuales desafíos de la investigación en Comunicación, Universidad Nacional del Comahue, Gral. Roca, Memorias de las VII Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación, (CD-Rom), 2003.
14 Barone Orlando, “¿Para qué sirve el defensor del lector?” Boletín periodismo.com, Edición 77, julio 2004, disponible en http://www.periodismo.com.
15 Sánchez Piña, Zaira, “La figura del defensor del lector en el diario colombiano El tiempo y el diario venezolano El Nacional”. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1999.
16 Barone, Op. Cit.
17 Sánchez Piña, Op. Cit.
18 Según surge de las cifras oficiales publicadas por el Instituto Verificador de Circulaciones, www.ivc.com.ar.
19 De acuerdo un monitoreo que realiza el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, los niveles de credibilidad de los medios de comunicación bajaron de un promedio superior a los 50 puntos durante la década del 90 a 27% en el 2002 (las cifras se pueden consultar en la edición del diario La Nación, del 18 de septiembre de 2002)
20 Sánchez Piña, Op. Cit..
Bibliografía
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Add comment Noviembre 1, 2004