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Una guerrilla semiológica
A más de tres décadas de la publicación de su libro Apocalípticos e Integrados, Umberto Eco retoma el debate en torno a la influencia de los medios y sostiene su tesis ya célebre sobre la imposibilidad de controlar la opinión pública y el protagonismo de la recepción. Es el público quien re-construye los mensajes a partir de sus propios códigos que varían según los diversos contextos sociales y las variables psicológicas de cada individuo. La Nación Revista realizó una entrevista al semiólogo italiano en setiembre de 2004, en la que Eco analiza el fenómeno de la recepción de las noticias sobre el atentado del 11-M en España.
Es interesante observar cómo reformula conceptos de su artículo de 1967 “Para una guerrilla semiológica”, uno de sus ensayos más lúcidos sobre el problema de los medios y la cultura de masas…Una guerrilla entendida como llamado a la responsabilidad individual y comunitaria frente a los avances de la cultura de masas: propiciar el análisis, agudizar el sentido crítico para evitar la recepción pasiva, éste sería el principal desafío de la cultura mediática.
Mariel Ortolano
Tema libre / Umberto Eco El público le hace mal a la televisión
La Nacion Online-revista
Domingo 2 de Mayo de 2004Los mensajes que dispara la pantalla pueden ser desbaratados
por los televidentes. En este texto, el semiólogo italiano
analiza lo que ocurrió en España tras el atentado del 11-M,
cuando la gente no creyó en la versión oficial del hecho y
suscitó una crisis en el gobierno de Aznar
Leer más: http://elfaro.bitacoras.com
1 comment Octubre 1, 2009
Gran Hermano: Las formas sutiles de la violencia mediática
Reproducimos las opiniones de Jean Baudrillard sobre Gran Hermano en el año 2004. Página 12 publicó este artículo en el mes de marzo a raíz de la muerte del pensador francés.
Gran Hermano, espejo de nuestra banalidad
La violencia de la imagen o, mejor, la violencia de la información han hecho desaparecer lo real. Todo debe verse, todo debe ser visible y la imagen es, por excelencia, el lugar de esa visibilidad. Así, todo lo real debe convertirse en imagen, al precio de su desaparición. He allí la seducción y la fascinación de la imagen –cualquier cosa que haya en ella, ya ha desaparecido–, pero también su gran fuente de ambigüedad.La imagen-reportaje, la imagen-mensaje y la imagen-testimonio hacen aparecer la realidad, incluso la más cruda, ante nuestra imaginación, pero haciendo desaparecer, al mismo tiempo, su sustancia real. Un poco como ocurre en el mito de Eurídice: cuando Orfeo se vuelve a verla, ella desaparece y retorna a los infiernos.De este modo, el inmenso comercio de las imágenes demuestra una enorme indiferencia por el mundo real que termina no siendo más que una función inútil de él mismo, un ensamble de formas y eventos fantasmas que no están demasiado lejos de las sombras proyectadas sobre los muros de la caverna de Platón.Un buen ejemplo de esta visibilidad forzada son las distintas versiones de Gran Hermano y todos los programas del mismo género, los reality-shows. Allí donde todo se da a ver, nos persuadimos de que ya no queda nada por ver. Son el espejo de la banalidad y el grado cero. En ellos contemplamos una socialización virtual, forzada, que manifiesta la desaparición del otro como ser social. El mito de Gran Hermano, la visibilidad policíaca total que plantea la novela 1984, se transfiere al propio público que resulta movilizado como voyeur y juez al mismo tiempo. Más allá del control, los sujetos involucrados dejan de ser víctimas de la imagen, se convierten inexorablemente ellos mismos en imagen: son visibles a cada instante, están sobreexpuestos al foco de la información y se los obliga todo el tiempo a producirse, a expresarse. Hacerse imagen implica exponer toda cotidianidad, todo infortunio, todo deseo, toda posibilidad, no guardar ningún secreto; hablar, hablar, comunicar incansablemente.Tal es la violencia más profunda de la imagen: una violencia contra el ser singular y el secreto, y al mismo tiempo una violencia contra el lenguaje, que se ve reducido al papel de mero operador, perdiendo toda dimensión irónica, de juego y distancia e incluso su dimensión simbólica.Sin embargo, junto a esta violencia de la imagen, es posible advertir también una violencia contra la imagen. Una operación como Gran Hermano hace visible una imagen de certeza de la realidad, una trasposición de la vida cotidiana, según el modelo dominante. ¿Un tipo de voyeurismo pornográfico? Para nada. No se trata de sexo aquí sino del espectáculo de la banalidad que constituye hoy día la verdadera obscenidad. En el momento mismo en que le resulta imposible ofrecer una imagen de los eventos del mundo, la televisión se dedica a “desocultar” la vida cotidiana, la banalidad existencial como el evento más escalofriante, la actualidad más violenta, el lugar mismo del crimen perfecto. Y la gente –yo, ustedes, cualquiera– queda aterrorizada y fascinada ante la indiferencia de este “nada que ver”, “nada que decir”, la indiferencia de lo mismo, de su propia existencia, asumiendo la banalidad como destino, como el nuevo rostro de la fatalidad.
El filósofo francés Jean Baudrillard falleció la semana pasada a los 77 años. Estas líneas, dedicadas a Gran hermano, fueron palabras pronunciadas el 19 de mayo de 2004, durante un coloquio en la École Normale Supérieure de París.
Radar|Domingo, 11 de Marzo de 2007 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3659-2007-03-15.html
Add comment Septiembre 30, 2009
Convergencia tecnológica
| El martes 6 de junio nos visitó Alejandro Terzi, presidente de Ignis, Medios y Comunicación, y Vicepresidente de la Cámara Argentina de Centrales de Medios quien nos habló sobre los nuevos formatos comunicacionales a partir de los cambios sociológicos y culturales y de la convergencia tecnológica.Reproducimos una carta a Adriana Amado Suárez, directora de la carrera de Comunicación Social, en relación con este evento.Estimada Adriana:Ha sido muy buena la disertación del Sr. Alejandro Terzi. Celebro las iniciativas de la universidad por recrear constantemente la formación de sus alumnos también fuera de las aulas. Me atrevo a escribirle este correo luego de recibir la apelación hecha por usted hacia nosotros, los alumnos, a verter nuestras inquietudes y propuestas. Dicho esto, van aquí estas líneas con todo mi respeto. Resulta que a mí francamente me inquieta cuál es el lugar que les cabe a los comunicadores dentro de la sociedad actual. Evidentemente, trabajar en grandes empresas o en medios reconocidos no ha de ser la aspiración de todos, ni mucho menos, la única posibilidad que se abre a los profesionales en comunicación. Solo es una cara de la moneda, quizás la más prometedora económicamente. La otra cara tal vez pueda ser bien cercana a la educación y a la defensa frente al avasallamiento de información y propuesta de venta que vivimos hoy día, o a una propuesta de trabajo contra la manipulación y dominio de los grandes medios de comunicación hacia la sociedad, una propuesta de comunicación que no esté tan unida a las especulaciones y relaciones con los grupos de poder. ¿A qué quiero llegar con esto? A mi entender ha sido muy bueno el planteo sobre la realidad actual de los medios de comunicación insertos en la sociedad que ha hecho el Sr. Terzi. Dado el sistema actual de cosas parece que todo sigue un ritmo frenético y que el devenir del pueblo es acomodarse al mismo e incluso tomar las necesidades que se inventan como propias, a través de un proceso inconsciente, ya que, como bien dijo el Sr. Terzi, cada vez más las marcas han comprendido que deben trabajar sobre la mente y sobre las emociones. Los medios de comunicación caminan al paso que llevan las empresas y las marcas. Los diarios, la tv y la radio son empresas y funcionan como tales. Desde mi óptica y para simplificar un poco los términos, podemos ver claramente dos posiciones de los comunicadores frente a su comunidad. La postura que ha mostrado el Sr. Terzi, donde el profesional aplica sus estudios para interpelar a las emociones y los instintos de los individuos con el fin de crear una necesidad de compra o producir una imagen favorable para una institución y, por otro lado, la figura de quien quiere favorecer y propender a que el pueblo tenga una actitud crítica frente a la gran fuerza que constituyen tanto empresas como medios (o ambos relacionados). Está visto que individualmente y con poca formación un individuo será muy fácil de manipular; es aquí, como dice U. Eco, donde quizás se deba colaborar para ejercer alguna resistencia ante una sociedad que se vuelve cada día más perversa y apunta a la mediocridad. Un pueblo inculto es más fácil de dominar: personalmente veo confirmaciones de esta sentencia a diario, cuando veo las propuestas de la televisión que intentan abolir toda crítica, que lo único que buscan es apelar a las emociones y desde allí imponer su concepción del mundo. Esto vuelve a repetirse en los grandes grupos de medios que controlan radios, diarios y canales de tv; en su relación con las empresas y las estrategias desinformativas; etc. Dicho esto, a lo que quiero llegar es a que luego de haber visto a lo largo de tantas materias cómo es el funcionamiento y manejo de la información, desde dónde se trabaja con la publicidad, cuáles son los objetivos de las grandes empresas, creo que estamos en condiciones de pensar hacia dónde queremos apuntar con nuestra profesión, pues si nunca lo cuestionamos quizás estemos contribuyendo a algo así como la desinformación y reproduciendo constantemente mediocridad funcional. ¿Cuál es mi propuesta? Me encantaría que se pueda dar un debate sobre este tema. Sobre cómo pensamos insertarnos el día de mañana como comunicadores. Mostrar que no hay una sola salida. Enlaces con la educación popular. Contactar a algún profesional que trabaje desde este otro lado. Cordialmente, Marcos Pearson “Solo el amor convierte en milagro el barro” |
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Add comment Septiembre 15, 2009
Los aportes de la escuela de Frankfurt
por Mariel ortolano
La Perspectiva crítica
Conformada entre los años 1924 y 1932, esta escuela de pensamiento continúa la línea crítica que se inicia en Europa con la Ilustración y que caracteriza en definitiva al pensamiento europeo: la fuente del filosofar es más la incredulidad que el asombro. En el contexto del surgimiento del nazismo, representan la defensa de la razón a ultranza frente al avance del irracionalismo. Sus fuentes doctrinarias representadas por las teorías de Hegel, Marx y Freud establecen una perspectiva pesimista en relación con los fenómenos culturales que se asociaban en la primera parte del siglo XX a la masificación de las comunicaciones.
Desde la publicación de La industria cultural (1947) el análisis de los fenómenos ideológicos en relación con la institucionalización económica y cultural de los medios es su principal objeto de estudio y, por consiguiente, los efectos de las industrias culturales sobre el público.
El concepto de industria cultural que introdujeron Adorno y Horkheimer por primera vez en La dialéctica de Iluminismo reemplaza el concepto de “cultura de masas” (la elección del término tiene como finalidad evitar malentendidos en torno a su enfoque: su obra no implica una crítica a la cultura de masas entendida como cultura popular, es decir, la cultura surgida de las propias clases populares, sino para definir lo que hoy más genéricamente podemos denominar cultura mediática: la cultura producida y difundida por los medios masivos de comunicación).
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4 comments Febrero 28, 2009
Una de Miedo
Por Aldana Chiodi
Cuando terminé de ver el documental Bowling for Columbine, del productor y director Michael Moore, sentí un gran escalofrío al percibir las similitudes entre su hipótesis sobre lo que ocurre en la sociedad estadounidense y lo que se percibe que sucede en nuestra sociedad, sobre la violencia, la pobreza y el miedo.
Michael Moore plantea que la sociedad estadounidense es más violenta y tiene gran cantidad de armas en su poder, porque tiene miedo y se siente insegura. Luego de comparar las características de los Estados Unidos con las de otros países desarrollados, como Canadá e Inglaterra, llega a al conclusión de que en todos los países se ven películas violentas, se usan jueguitos electrónicos con “tiros y patadas”, se escucha música “pesada” y los adolescentes viven alienados por el consumo y las modas. Por lo tanto, sostiene el autor, la diferencia es lo que los estadounidenses miran en los medios de comunicación, en especial, en la televisión y en los informativos.
Michael Moore plantea, al igual que autores como Vilches, el tema de la manipulación de la información y el uso-abuso de estereotipos. En este caso, la televisión manipula la información mostrando aquello que produce miedo e inseguridad en las personas. Esto es así, porque, al parecer, detrás de ese miedo se esconden negocios millonarios. Vilches, en su libro “La televisión: los efectos del bien y del mal”, plantea que este medio es capaz de determinar la percepción que tenemos de la realidad. Entre las referencias que hace, cita la investigación de Gerbner, quien plantea que el problema ante la violencia en la televisión no es que genere violencia en los espectadores, sino que produzca miedo al sentir que pueden ser víctimas de la violencia, sobre todo, por parte de determinados actores sociales que se muestran estereotipados. En el caso de los Estados Unidos, serían los negros y los latinos, que son vistos y percibidos por la población como inferiores, violentos y ladrones.
Además, en el documental se muestra que hay programas como Cups (policías), que se enmarcan dentro de los programas híbridos a los que hace referencia Ford, ya que se realiza un tratamiento humorístico de las cuestiones sociales graves. De este modo, se plantea lo que el autor llama una distancia emocional: “los problemas no me ocurren a mí, sino ‘al otro’, pero en ese ‘le pasa al otro’ también puedo sentir ‘me puede pasar a mí’. Por eso, el miedo y la inseguridad de la sociedad estadounidense.
En este programa, el director del documental, también muestra cómo se manipula la información y cómo se busca “al otro” culpable. En los Estados Unidos, casi todas las noticias en los informativos son sobre violencia, asesinatos, violaciones, delitos y asaltos y, casi siempre, el culpable es un negro o un latino, que, además, es pobre. De esta manera, se asocia la violencia a la pobreza y se genera miedo en la sociedad y un rechazo hacia el distinto.
Al hacer una simple comparación con la Argentina, podemos tomar el caso del programa Policías en acción. En este programa, además del formato híbrido al que se refiere Ford, se muestran todos episodios violentos que ocurren en el Gran Buenos Aires y son protagonizados por gente que, en general, es pobre y vive en las villas de emergencia. En nuestra sociedad también se rechaza y hay prejuicios sobre los pobres porque también se los asocia con la violencia. Estos programas no sólo hacen una discriminación encubierta, sino que también contribuyen a generar prejuicios y miedos, contribuyendo a formar estereotipos. Si a esto le sumamos que en los noticieros argentinos también se ven cada vez más historias violentas y la mayoría de las noticias giran en torno a la inseguridad, vamos en camino a parecernos cada vez más a la sociedad estadounidense. Lo que no implica buenos augurios.
Por último, podemos hacer una relación con lo que plantea Umberto Eco en su artículo “La transparencia perdida” (1983), ya que se observa una de las características de la neo televisión. La televisión que reemplaza, a partir de la década de 1970, a la paleo televisión, explota a fondo el masoquismo de los espectadores, porque el programa se mira, el programa atrapa y se permite caer en un doble juego. Por un lado, se plantea que lo que se muestra es la vida misma, es lo que pasa en la realidad y es lo “normal”, pero por el otro contribuye a generar miedos y prejuicios.
Ya que sabemos lo que pasa en otras sociedades, sería bueno poder prevenir las mismas consecuencias sobre la nuestra. Sólo es cuestión de que las instituciones funcionen, nada más y nada menos. Así no nos vemos obligados a ver una película de suspenso y miedo.
Add comment Noviembre 3, 2006
La construcción de la agenda
Por María Eugenia Gnarini,
La corriente norteamericana en investigación de medios (New Communication Research) plantea que la forma en que la televisión afecta nuestra concepción de la realidad social se basa en una modalidad del aprendizaje social. A partir de esta teoría se analizan los contenidos de los medios masivos de comunicación para identificar los temas y relaciones predominantes, y luego observar si tales contenidos afectan la visión de la realidad social en el individuo.-
Uno de los temas analizados es el de cómo los medios construyen la imagen de la mujer. En su libro La televisión: Los efectos del bien y del mal, Lorenzo Vilches rescata varias conclusiones interesantes.
En primer lugar, la televisión mundial refleja el poder de las relaciones de la sociedad norteamericana, en la cual dominan los hombres blancos y donde las mujeres tienden a ser víctimas, al igual que los niños, ancianos y negros, sobre todo en las primeras décadas de producción de ficciones televisivas. En las décadas de los cincuenta y los sesenta, las mujeres son rotuladas como: desempleadas, casadas, románticas, cuidadosas de su rol doméstico, atractivas, sociables, tiernas, pacificas y temerosas al crimen.-
A su vez, se produce una subdivisión del género, en mujeres blancas o de color. Es dentro de esta categorización que se asiste a un cambio en el trato de la mujer por parte de los medios, es decir se exhiben modificaciones tales como:
- Las mujeres blancas tienen la misma conducta y carácter que el hombre blanco. Son altruistas, resistentes a las tentaciones, no son agresivas y son persistentes en sus tareas.
- Mientras que la mujer de color, es considerada como exótica, relegada a ocupaciones de escaso prestigio social, de bajo nivel social y con problemas sociales y económicos.-
En segundo lugar, con los cambios socioculturales, económicos y políticos propios del transcurso de los tiempos la producción de los programas televisivos no fue, ni es ajena a la igualdad entre hombres y mujeres. Lo cual da lugar a un nuevo y moderno estereotipo, la mujer andrógina en la década del ochenta, representada en las protagonistas series como Los ángeles de Charlie; es decir, se combinan las funciones masculinas con las expresiones del comportamiento femenino.-
Sin embargo, este reconocimiento de la mujer por parte de los medio es subjetivo ya que, parafraseando a Vilches, lo que ha cambiado fundamentalmente es que el género femenino tiene un reconocimiento en cuanto a su valor en los índices de audiencia. Pero debajo de la nueva mujer que nos venden en las series aparece la antigua y convencional.-
La explotación de los estereotipos de las minorías, genera distintos efectos que afectan por un lado el concepto de individuo y por otro, la imagen que de las minorías tiene el otro. Ya que los medios de comunicación juegan un papel relevante en la construcción de los imaginarios sociales porque al producir bienes simbólicos, aportan a la construcción que esa sociedad hace de su cultura. Por lo que corresponde preguntarnos: ¿cuál es la imagen que tengo del otro? Y como productores de bienes simbólicos, ¿qué aporte nos están proponiendo para la construcción que nuestra sociedad hace de su imaginario y su opinión?
- La mirada etnocéntrica es una vez más el único paradigma posible para la construcción de la identidad de un mundo que sigue sometido a grandes intereses de pequeños grupos, intereses que pasan de ser privados a convertirse, intereses que de regionales se convierten en globales, pero permanecen muy lejos de las utopías de la comunicación de Marshall McLuhan, una “aldea global” igualadora desde los medios masivos
- La relación violencia fáctica – medios de comunicación. La cual se refleja en los medios, con respecto al tema que nos ocupa, como sistema de control, de sumisión a la norma, mas que de representar a la mujer o provocar o motivar violencia en las calles.-
- Las mediaciones que utilizan los medios sobre la violencia y la mujer son una forma de sacar a la luz el imaginario de toda una sociedad sobre el tema, de reflejarlo; y a su vez de retroalimentarlo. En otros términos, la exposición a la televisión afecta la concepción de la realidad social, con lo cual permite suponer que los programas de ficción cultivan un sentido y concepción de la mujer como así también del peligro que experimenta y su vulnerabilidad. Todo esto acarrea como consecuencia que la gente temerosa, en su gran mayoría mujeres, sea más dependiente y manipulable por el sistema.-
Después de esto, ¿qué es lo que queda entonces de la mujer como representación, cómo se ve sin artificios, sin mirada masculina, sin estereotipos, sin idealizaciones, en un mundo saturado y manoseado de imágenes, qué tipo de representación es posible hacer de la mujer, desde la mujer?
1 comment Octubre 16, 2006
Memoria, representaciones sociales y discursos mediáticos de las dictaduras militares en América Latina. Un estudio de caso: Argentina.
Una investigación de Facundo Ponce sobre el discurso y las estrategias mediáticas de las dictaduras en América Latina.
Introducción: El trabajo a continuación presenta la metodología seleccionada para el proyecto de tesis “Memoria, representaciones sociales y discursos mediáticos de las dictaduras militares en América Latina. Un estudio de caso: Argentina”.En el primer capítulo se presenta un resumen del proyecto de tesis y en el segundo capítulo se discutirán las alternativas metodológicas de la tesis doctoral justificando la elección de una estrategia metodológica. Y se establecerán fundamentos sobre la estrategia metodológica de la tesis no de modo genérico sino en conexión con los datos, teorías y contextos significativos de la misma.
1- Proyecto de tesis – Resumen:
La presente investigación se propone indagar sobre los procesos de la memoria en los discursos mediáticos y las representaciones sociales en Argentina, tomando como eje los treinta años de distancia con las dictaduras. Las dictaduras marcaron grandes procesos culturales que empezaron a tejerse en la memoria colectiva. Los medios de comunicación han jugado un rol central en la instauración de representaciones sobre la dictadura en Argentina. La muestra continua mass mediática parece resumirse a cómo la violencia que estas dictaduras han ido perneando las relaciones sociales e instalándose en las interacciones cotidianas. Con motivo de las conmemoraciones de los treinta años de este proceso se han instaurado en Argentina discursos sobre estos desafortunados hechos que en algún punto han resignificado las dictaduras. Lo que se plantea esta investigación es trabajar sobre estas representaciones y los discursos mediáticos para ver cómo operan los discursos de la memoria en las conmemoraciones. Esto se trabajará a partir de La teoría de los discursos sociales, ya que estas permitirán construir el objeto donde va a observarse el problema de investigación. Los objetivos generales que se plantean con el trabajo son: Explicitar como se construyen las representaciones sociales y los discursos mediáticos sobre la conmemoración de la dictadura en Argentina. Y además visualizar en qué modo producen sentidos diversos de los hechos en si mismos.Mientras que los objetivos específicos están planteados a partir de: Visualizar la generación de sentido de producción de discursos mediáticos en Argentina. Describir las significaciones que los mismos promueven. Y reconstruir la lógica de los procesos de conmemoración mediante las representaciones sociales visualizadas y los discursos.Esta investigación supone un trabajo de integración de teorías de
la Comunicación y perspectivas dela Psicología Social para la comprensión del fenómeno. Para el abordaje del problema de investigación el marco teórico se centrará en la triangulación de tres ejes teóricos. Por un lado se trabajará desde la psicología social la teoría de las representaciones sociales. Anclándose en Sergei Moscovicci (1961) para ir ampliando esta categoría teórica a fin de ver como la realidad misma se construye mediante la interacción. O sea lo que se pretende explicar es el proceso de la significación que se construye desde los medios y se instaura en el discurso social sobre la dictadura en los procesos conmemorativos. Para trabajar sobre las concepciones mediáticas y culturales se partirá de la obra
la Dialéctica de
la Ilustración de Theodor Adorno y Max Horkheimer(1947) a fin de visualizar de qué modo los discursos mediáticos a veces, logran banalizar y destruir los significados originales de los hechos mismos. Como esta teoría tiene una posición muy dura en cuánto a los procesos de recepción, que en definitiva son los que marcan la construcción del proceso de representaciones, se ampliará para trabajar recepciones con Los Estudios Culturales de
la Escuela de Birmingham, ya que los mismos resultan más afines a la teoría de las representaciones sociales. En síntesis se partirá de la idea que los procesos de producción, engendran significados hegemónicos que ponen en juego sólo la historia de los que dominan. Mientras que para ampliar la construcción misma de la memoria se partirá de visualizar como se resignifican los discursos que han sido puestos en actos en la escena mediática.Finalmente y en congruencia y relación directa con el marco metodológico se trabajará sobre la teoría de los discursos sociales, ya que estas permitirán construir el objeto donde va a observarse el problema de investigación. La perspectiva dialógica y relacional de Bajtín y Angenot constituyen, en esta investigación, elementos importantes para mostrar las operaciones de representación mediante las cuales se construyen identidades. Por operaciones de representación nos referimos a las figuras retóricas (metáfora, ironía, personificación, etc.) o estrategias de enunciación (uso de subjetivemas, posición del enunciador, construcción del tiempo y del espacio) propias de los discursos que generan identidades, y posibilidades de diversas representaciones. El presente estudio se basa en una estrategia de metodología cualitativa que pretende a partir del análisis, tratar de establecer teoría sobre estos objetos de estudios en América Latina. Existen dos cuestiones a trabajar uno es el discurso mediático en el acto mismo de producción. Por otro lado se pondrá en juego no sólo la cuestión de enunciación, en la cuál indudablemente uno puede visualizar las marcas que el enunciador deja en el proceso de producción de sentido, sino también lo espacios vacíos, o como definiría, Ernesto Laclau, en Emanacipación y Diferencia, (1996) los significantes vacíos, que van a ser completados mediante las acciones políticas e indudablemente van a resemantizar y resignificar los hechos que mediante estos discursos se tratan de instaurar en la memoria.Para trabajar sobre las representaciones se tomará el caso de Argentina en el que se recreerá el modo en que operan las representaciones sociales de estos hechos mediante entrevistas semi estructuradas.. Esto tiene relación con la factibilidad de la investigación.
2 - Estrategia metodológica: La metodología de investigación seleccionada para el proyecto de tesis es cualitativa. Se desarrollará un estudio de caso sobre cómo se construyen las representaciones sociales y los discursos mediáticos sobre la conmemoración de la dictadura en Argentina con triangulación metodológica entre análisis del discurso y análisis de recepción con entrevistas en profundidad. A continuación se detallan los fundamentos de la elección de la metodología y la relación con las teorías sobre técnicas cualitativas de investigación y la teoría que sustenta el proyecto de tesis. La presente investigación es de tipo interpretativa que busca “la comprensión de sistemas de símbolos y sus derivaciones” (Forni, Pablo)[1]. La investigación cualitativa permite la forma de abordaje a los datos de la realidad necesaria para el presente trabajo. El análisis sobre la reconstrucción de las representaciones sobre la dictadura de Argentina requiere un análisis de contenido que no se puede alcanzar por medio de análisis cuantitativo. El análisis cuantitativo puede determinar qué porcentaje aparece determinado fenómeno en una población pero no puede dar cuenta de detalles, matices, subjetividades, razones y construcciones simbólicas.Miles y Huberman (1994) consideran que “los datos cualitativos, con su énfasis en la experiencia vivida de la gente, están bien situados para localizar los significados que da la gente de los acontecimientos, procesos, y la estructura de sus vidas (sus opiniones, prejuicios y presuposiciones) y para conectar estos significados con el mundo social alrededor suyo”. En el presente trabajo, por medio de entrevistas en profundidad y análisis del discurso se intentara comprender los significados atribuidos a la dictadura en Argentina después de 30 años de su acontecimiento. Además, los significados son construidos socialmente y la forma en que los medios enuncian los acontecimientos relacionados con los temas en cuestión aporta significación a las construcciones que hacen los sujetos. La mejor forma de abordar esos significados es cualitativa. El rol del investigador en los estudios cualitativos es obtener una descripción “holística” del contexto bajo estudio: su lógica, sus arreglos, sus reglas explícitas e implícitas Leyendo los materiales, el investigador puede aislar ciertos temas y expresiones que pueden ser revisados con los informantes, pero éstos deben ser mantenidos en sus formas originales a través del estudio”. ( Forni, Pablo: 2006).[2]Además, se seleccionaron técnicas de investigación cualitativa porque presentan las siguientes fortalezas para la presente investigación: “Son una fuente de ricas descripciones, y explicaciones de procesos en contextos locales identificables; Sus datos pueden preservar el flujo cronológico, ver con exactitud qué acontecimientos preceden a qué consecuencias, y derivar explicaciones fructíferas; Ayudan a los investigadores a ir más allá de los conceptos iniciales y a generar o a revisar los marcos conceptuales; Las palabras, organizadas especialmente en incidentes o historias, tienen un sabor concreto, vivo, significativo que a menudo logra convencer más significativamente a un lector que varias páginas de números. Las palabras se basan en la observación (mirar), entrevistas (preguntar) o documentos (examinar). A partir de estas actividades de recolección de datos se realiza el análisis; Al focalizarse en eventos ordinarios y sucesos naturales, podemos obtener una comprensión de cómo es la “vida real”, a partir de este tipo de datos”.
Wright Mills plantea que el investigador debe utilizar su propia experiencia de la vida en su propio trabajo intelectual. El investigador posee estudio en Comunicación Social y una maestria en Relaciones Internacionales y una segunda Maestría en Teoría y Metodología en Ciencias Sociales. Y es docente e investigador en la Universidad Nacional de Villa María y en
la Universidad de Ciencias Sociales y Empresariales. Esta experiencia permite tener las condiciones y herramientas necesarias para el desarrollo del proyecto de investigación.
Se tendrá especial atención en el diseño de la muestra, en las técnicas de recolección de datos seleccionadas y en el análisis de la información para lograr la mayor confiabilidad y validez posibles. En un enfoque cualitativo la objetividad es difícil de determinar porque el investigador interactúa con los objetos de estudios. Es por eso que, como plantean Kirk y Miller (1991), “la objetividad es difícil, y esencial.” Es por eso que es fundamental tratar de lograr confiabilidad y validez que reflejara la “objetividad” del estudio. Según los autores, “Confiabilidad es el grado en el que el hallazgo es independiente de las circunstancias accidentales de la investigación y validez es el grado en el que el hallazgo es interpretado en forma correcta”. Siguiendo estos fines se han tomado como eje un trabajo autoetnográfico. La autoetnografía es una forma de investigar inscrita en la tradición de la etnografía, pero que se sustenta en la idea de que el investigador, en situación de pertenencia al contexto social que va a investigar, es a su vez un actor social cuya experiencia es igual de válida y útil en tanto fuente de información como la de cualquier otro miembro de ese campo de estudio. Este elemento me resultó especialmente adecuado y pertinente para esta investigación, ya que por lo general los investigadores nos vemos constreñidos por metodologías que nos obligan a dejar de lado nuestros conocimientos y experiencias para sostener una supuesta objetividad y neutralidad. Sin ser radicalmente distinta de la tradición investigativa de la etnografía, la autoetnografía se inscribe en un movimiento más amplio. Con la crisis que representa el giro postmoderno de los años ochenta en ciencias sociales en general (Ibañez, 1994; Cabruja, 1998; Sandoval, 2004) y las metodologías cualitativas en particular (Doménech e Ibáñez 1998; Ellis y Bochner, 2000; Denzin y Lincoln, 2000), se comienzan a desarrollar nuevas formas de investigar y escribir, en las cuales entre otros elementos se busca darle mayor centralidad al lugar del investigador (Alvesson, 1999; Holt, 2003; Duncan, 2004; Esteban, 2004). A continuación, me referiré a los principales elementos conceptuales y metodológicos de esta forma de investigar. Para Alvesson (1999), la autoetnografía es “el estudio y el texto en el cual el investigador-autor describe un contexto cultural en el cual es un participante activo, más o menos en los mismos términos que otros participantes” (Alvesson, 1999, p.8), mientras que para Reed-Danahays (1997) es “una forma de auto narración que ubica al self en un contexto social” (Reed-Danahays, 1997, p.9). En este sentido, la autoetnografía puede entenderse como un método que, en tanto proceso y producto de investigación, se caracteriza por el cruce entre el lugar del investigador y de lo investigado, lo que conecta la experiencia personal con el contexto social en que ésta se desarrolla. Desde esta perspectiva, hay una inversión de la lógica tradicional de la etnografía: el investigador deja de ser la figura que se sumerge en un contexto social que no es el suyo para participar de las prácticas sociales que ahí se desarrollan, con el objetivo de llegar a comprender dicho contexto. En la autoetnografía, por lo contrario, observamos nuestra propia participación en un campo del cual somos parte. Para Denzin y Lincoln (2000), la aparición de estas perspectivas es parte de la crisis de representación de las formas tradicionales de investigar, las que buscaba dar cuenta objetivamente de una realidad independiente de la mirada del investigador. Esta concepción es desplazada por una comprensión del proceso de investigación que lo considera como la producción de una versión interpretativa de la realidad social, que en el caso de la autoetnografía tiene como eje la experiencia del investigador. Para Cabruja (1998), la crítica postmoderna a la noción representacionista de verdad objetiva no tiene como consecuencia una subjetivización absoluta de los procesos de construcción de conocimiento, sino más bien un intento de superar la dicotomía objetividad-subjetividad a favor de una concepción social e histórica del conocimiento y un reconocimiento del lugar situado del investigador. Como plantea Haraway (1995) el reconocimiento de la visión parcial del conocimiento, implica el abandono de una visión total y totalitaria del conocimiento, a favor de una concepción situada del conocimiento. Como sostiene esta autora, “la topografía de la subjetividad es multidimensional, y también la visión. El yo que conoce es parcial en todas sus facetas, nunca terminado, total, no se encuentra simplemente ahí y en estado original. Está siempre construido y remendado de manera imperfecta y, por lo tanto, es capaz de unirse al otro sin pretender ser el otro” (Haraway, 1995, p331). La autoetnografía se configura entonces como una posibilidad de dar cuenta de esta parcialidad en la investigación, rompiendo con la lógica positivista que pretende que “la producción de conocimiento científico debe ser un proceso sin sujeto, un proceso desde ningún lugar, un proceso, en fin, ahistórico y asocial (Doménech e Ibáñez 1998, p.15). Pero la parcialidad de la postura postmoderna no implica lo que Cabruja (1998) llama un “postmodernismo del todo vale”, donde cualquier postura es igualmente válida, sin una evaluación crítica de los efectos políticos y éticos que una u otra postura pueda tener como consecuencia. “La descomposición de la dicotomía que sustenta la separación entre sujeto y mundo no implica necesariamente promover un relativismo que nos sitúe fuera del mundo” (Sandoval, 2004, p.170). Al contrario, la parcialidad de la posición situada implica la fundamentación de la práctica investigativa en la posición que asumimos como sujetos situados en posiciones parciales e incompletas, que determinan pero también posibilitan nuestra mirada particular (Haraway, 1995). Para Ibáñez (2001) esta postura “no sólo no conduce a la pasividad política sino que, por el contrario, fomenta la implicación política porque soy yo, con unos criterios que me son propios y que sólo cobran sentido en función de mi compromiso con ellos, quien soy responsable de defenderlos y de procurar que configuren el tipo de realidad sociopolítica que he decidido potenciar” (Ibáñez, 2001, p.243). Este momento actual de las metodologías cualitativas, según Denzin y Lincoln (2000), “demanda que las ciencias sociales y las humanidades lleguen a ser lugares de conversación crítica sobre democracia, raza, género, clase, estado-nación, globalización, libertad y comunidad” (Denzin y Lincoln 2000, p.3). La reflexividad puede entenderse como la capacidad humana de evaluar la propia acción y sus efectos en un contexto determinado. En la autoetnografía, esto implica el análisis de los procedimientos de investigación y análisis, desde el doble lugar de investigador y actor social. En este sentido, la investigación social siempre se desarrolla en un contexto particular que condiciona pero también posibilita la mirada del investigador. La capacidad de analizar estas condiciones y sus efectos en el proceso investigativo y sus resultados serían la característica principal de la reflexividad. “Reflexividad implica que las orientaciones de los investigadores pueden tomar forma mediante su localización socio-histórica, incluyendo los valores e intereses que estas localizaciones les confieren”. (Hammersley y Atkinson, 1994, p.31). Esto implica asumir que la investigación siempre es un proceso interpretativo que requiere hacer visible las condiciones que posibilitan ciertas interpretaciones y no otras (Parker, 2004). Es importante precisar que la reflexividad no es un atributo estrictamente individual, sino de las relaciones sociales en general. Siempre actuamos en relación a otros, y es en esa relación que creamos y recreamos los sentido que definen la interacción. “Es porque el sujeto es capaz de tomarse a sí mismo como objeto de análisis por lo que puede constituirse un mundo de significados compartidos y un espacio intersubjetivo sin los cuales la dimensión social no podría constituirse como tal. Verse con los ojos de los demás, verse en los ojos de los demás, anticipar los efectos de sentido, o de otro tipo, que producimos en los demás, entender lo que hacen o lo que pretenden los demás, en definitiva, hacer que seamos inteligibles para los otros y recíprocamente, todo ello sería imposible sin la conciencia de sí mismo que permite la reflexividad” (Ibáñez, 1994, p.231). La consecuencia de esto para el proceso de investigación es que cuando el investigador realiza un trabajo en terreno y elabora una construcción textual a partir de ese trabajo, debe reflexionar sobre la forma en que sus interpretaciones se cruzan con las de los sujetos investigados, generando ciertos efectos y no otros. Podemos llamar a este aspecto el carácter político de la investigación etnográfica. La noción de descripción densa, acuñada por Clifford Geertz (1973) refiere a un tipo de descripción guiada interpretativamente (Velasco y Díaz, 1999). Es decir, un examen minucioso y detallado, microscópico en palabras de Geertz, del contexto social que se estudia. Pero también la instalación de esta descripción en un sistema de relaciones significativas que le dé sentido a lo descrito. “Cuando el relato de unos hechos ordinarios y concretos condensan una visión relacional de valores y significados culturales, compuesta por el investigador, estamos ante una descripción densa” (Velasco y Díaz 1999, p.220). Tal como plantea Geertz (1973) a partir de las nociones de descripción superficial y descripción densa, el guiño de un ojo puede describirse en el primer caso como una contracción rápida del párpado. En el segundo caso, en la descripción densa, este gesto tiene un sentido que sólo puede ser interpretado a la luz del contexto social en que ese gesto se produce. Por ejemplo puede ser un gesto que refleja la burla de una persona hacia un amigo, haciéndole creer a través de esa señal que está en marcha una conspiración. Esta noción de descripción densa implica para la investigación autoetnográfica que el relato no puede ser una mera descripción impresionista de las experiencias del investigador en el campo de estudio al cual pertenece. Debe ser un intento por dar cuenta de dicho campo como marco significativo de discursos y prácticas que da sentido a lo que en él ocurre, utilizando como fuente de información y análisis la experiencia del investigador. Para lograr una descripción densa, un primer elemento a incorporar al relato es la localización (Velasco y Díaz, 1999). La localización del relato apunta a la ubicación de los datos en situaciones concretas del contexto que estamos investigando. “Cuando un agente dice o hace algo, lo importante no es sólo destacar el contenido de esa práctica, sino también dar cuenta del marco de intenciones y condiciones en que tal práctica ha sido llevada a cabo” (Velasco y Díaz, 1999, p.220). Por lo tanto, el relato debe inscribir las acciones de los sujetos y sus significados en un marco de sentido que también requiere ser especificado. Las características de la descripción densa nos ubican en la necesidad de la etnografía, y de la autoetnografía también, de presentar la investigación bajo la forma de una narración (Geertz, 1973; Hammersley y Atkinson, 1999). Tal como plantean Hammersley y Atkinson (1999) “la escritura se encuentra en el centro de la empresa etnográfica” (Hammersley y Atkinson, 1999, p.259). Pero debemos entender a la escritura no como un medio transparente de comunicación, sino como una herramienta descriptiva y analítica, como una labor intelectual en que el investigador busca producir una versión interpretativa de la realidad estudiada. Considerando los planteamientos revisados anteriormente sobre la reflexividad de la investigación cualitativa, los relatos etnográficos y autoetnográficos no son un intento de reflejar la realidad en los términos más objetivos posibles, sino más bien producir un conjunto de interpretaciones sobre el fenómeno en cuestión de modo de hacerlo inteligible. En este sentido hay un alejamiento del “realismo naturalista”, es decir de la construcción discursiva que produce el efecto de mostrar la “realidad misma”, para poner al investigador como eje del relato. Por lo tanto, el texto debe ser elaborado en primera persona, buscando dar cuenta de las bases que fundamentan la transformación de la realidad observada por él en un relato, en palabras de Hammersley y Atkinson (1999, p.270) “la transformación del campo en texto”. 3- Trabajo autoetnográfico y etapas de la investigación
El trabajo constará de 4 etapas: Diseño de la investigación, trabajo de campo y análisis de la información y escritura del informe.A su vez, el trabajo de campo será desarrollado en diferentes etapas. Una etapa concierne al análisis de producción del discurso mediático sobre la conmemoración de la dictadura en Argentina y otra etapa corresponde al desarrollo de las entrevistas en profundidad para el análisis en recepción.
Se seleccionó la técnica de estudio de caso porque permite producir teoría a partir de la investigación de un caso de interés. En este trabajo el interés parte de indagar cómo se construyó la memoria a 30 años de las dictaduras en Latinoamérica, tomando como caso a Argentina. Los estudios de caso, como plantea Eisengardt (1989), centran su atención en la comprensión de las dinámicas que se presentan dentro de escenarios particulares. En el presente trabajo se seleccionó el caso de la dictadura en Argentina porque el objetivo es comprender las construcciones sobre las conmemoraciones después de 30 años de dictadura en el país.Stake (1995) plantea que “un caso tiene un interés especial en sí mismo (…). El estudio de casos es el estudio de la particularidad y de la complejidad de un caso singular, para llegar a comprender su actividad en circunstancias importantes. El caso es algo específico, algo complejo en funcionamiento. Se considera que el caso de Argentina tiene interés especial en sí mismo por la forma en que se construyó la memoria a partir de las representaciones de los medios de comunicación durante los últimos 30 años y abarca .A su vez Yin (1984) enumera prejuicios tradicionales contra la estrategia del estudio de caso que se superarán de la siguiente forma:1º La falta de rigor de la investigación: Se pondrá énfasis en lograr confiabilidad y validez perfecta en la definición de la estrategia metodológica, la recolección y análisis de datos. 2º Proveen una base débil para la generalización científica: La muestra será lo suficientemente consistente y amplia para lograr saturación teórica. Igualmente es difícil generalizar a partir de un estudio de caso. Se podrían establecer comparaciones con la formación de representaciones en otros países de Latinoamérica pero no se pueden aplicar las conclusiones en otros territorios porque cada país tiene sus características, acontecimientos y medios de comunicación particulares. 3º Toman demasiado tiempo y su resultado se traduce en documentos masivos e ilegibles: El corpus para aplicar análisis del discurso y las entrevistas en profundidad será lo suficientemente amplio como para llegar a construir teoría valida pero también lo suficientemente acotado para poder desarrollar el proyecto de investigación en un tiempo considerablemente lógico acorde al programa del doctorado.
A partir del estudio de caso de Argentina se realizará una triangulación entre la metodología de Análisis del discurso y Entrevistas en profundidad para poder lograr una comprensión tanto de la producción de las representaciones desde los medios de comunicación como de la recepción de dichas representaciones.La triangulación consiste en la combinación de metodologías en el estudio del mismo fenómeno (Denzin en Jick, 1983). El objetivo es fortalecer la validez de la totalidad de los hallazgos a través de la congruencia y/o complementariedad de los resultados obtenidos por cada método. Es por eso que se complementa el análisis del discurso con las entrevistas en profundidad para entender ambas partes del proceso de construcción de significados. Gallart afirma que la triangulación entre métodos presenta un balance positivo por la posibilidad de comprender, de forma mas completa, el fenómeno estudiado. “La triangulación es típicamente una estrategia para mejorar la validez y la confiabilidad de la investigación o la evaluación de los resultados. (…) Al combinar múltiples métodos (como: observación, entrevistas y grabaciones) se llega a construcciones de realidades más válidas, confiables y diversas”. (Golafshani, 2003). El discurso mediático sobre la conmemoración a 30 años de la dictadura en Argentina se realizará a partir del Análisis del Discurso. Para tal fin se tomará en cuenta lo sostenido por el autor Flick [3] “Los textos sirven a tres propósitos en el proceso de investigación cualitativa; no son sólo los datos esenciales en los que se basan los hallazgos, sino también la base de las interpretaciones y el medio central para presentarlos y comunicarlos. Así ocurre no sólo en la hermenéutica objetiva, que ha hecho de la textualización del mundo un programa (véase Garz, 1994) sino, más en general, en los métodos actuales de la investigación cualitativa.”Principalmente porque el primer instrumento de análisis son los discursos producidos en los actos de conmemoraciones y las noticias que los medios trabajaron al respecto durante el año 2006. Se usarán categorías de análisis tales como enunciación y enunciado (Benveniste Verón) Dentro de la línea de la enunciación se pondrá en juego la figura del enunciador, dejando aparecer su subjetividad mediante diferentes recursos tales como subjetivemas, axiológicos entre otros. Este proceso servirá a fin de dar cuenta como se manifiestan las representaciones en los textos que compondrán el corpus.Al analizar el enunciado en un abordaje macro se va a tener en cuenta el estilo, tema y estructura, que permite visualizar la aparición de determinados géneros discursivos. (Bajtín)Siguiendo la lógica de las investigaciones cualitativas este proceso metodológico no está cerrado, dado que la investigación supone una reconstrucción continua entre marco teórico, corpus y la metodología misma. Por eso el fin es realizar sistematizaciones que permitan establecer regularidades o la construcción de tipologías discursivas en el corpus a analizar y en relación al problema de investigación.
Además, la metodología se complementará con entrevistas en profundidad semiestructuradas. Las preguntas se formularán de manera idéntica para asegurar resultados comparables con respecto a qué se recuerda sobre las conmemoraciones de la dictadura en Argentina pero luego se presentarán preguntas flexibles para generar una conversación abierta. Se detallará una guía de pautas que oriente al entrevistador en las dos etapas de las entrevistas. “Por entrevistas cualitativeas en profundidad entendemos reiterados encuentros ara a cara entre el investigador y los informantes, encuentros éstos dirigidos hacia la comprensión de las perspectivas que tienen los informantes respecto de sus vidas, experiencias o situaciones, tal como las expresan en sus propias palabras”. (Taylor y Bodgan, 1990).La muestra seleccionada para las entrevistas en profundidad estará compuesta por diferentes segmentos de entrevistados. Para lograr información útil para el trabajo se considera necesario establecer diferentes segmentos de entrevistados que reflejen diferentes puntos de vista dentro de la sociedad. Es por eso que se divide la muestra por edad y por profesión. Se realizarán 32 entrevistas en profundidad: 8 entrevistas a adultos de entre 50 y 70 años de edad que tengan una profesión relacionada con las ciencias sociales (sociología, periodismo, historia). 8 entrevistas a adultos de entre 50 y 70 años de edad con trabajo no relacionado con las ciencias sociales. Se seleccionó este segmento de edad porque son personas que vivieron la dictadura. 8 entrevistas con jóvenes 20 a 30 años que tengan una profesión relacionada con las ciencias sociales (sociología, periodismo, historia). Y 8 entrevistas a jóvenes de entre 20 y 30 años de edad con trabajo no relacionado con las ciencias sociales. Este segmento no vivió la dictadura. Sus representaciones son producto de las construcciones que realizaron los medios de comunicación y su núcleo social. La variable profesión es para conocer diferentes tipos de puntos de vista dentro de la sociedad. La actividad laboral relacionada con las ciencias sociales supone un trabajo de reconstrucción historia. Mas allá de que obviamente los dos segmentos pueden interesarse en la lectura del tema. Pero esa lectura no está directamente relacionada con su profesión. Muestra:
|
Cantidad de entrevistas |
Edad | Profesión/ Actividad laboral |
| 8 | 50 a 70 | profesión relacionada con las ciencias sociales |
| 8 | 50 a 70 | trabajo no relacionado con las ciencias sociales |
| 8 | 20 a 30 | profesión relacionada con las ciencias sociales |
| 8 | 20 a 30 | trabajo no relacionado con las ciencias sociales |
La muestra se puede definir como una muestra intencional donde “los casos son elegidos por su relevancia teórica o empírica para profundizar el conocimiento sobre el tema” (Segunda Reunión del Seminario dictado por Pablo Forni).
Por medio de la muestra seleccionada se intentará llegar a la saturación teórica. Sin no se lograra, se realizarán mas entrevistas o se determinara un nuevo segmento a indagar. El instigador permanecerá abierto para realizar las modificaciones que fueran necesarias para llegar a la confiabilidad y validez máximas posibles en el estudio. La elección de la metodología se realizó porque se considera que es la mas apropiada para el análisis del objeto de estudio y además porque el investigador posee las herramientas profesionales y teóricas como para desarrollar el plan metodológico, la recolección de datos y su análisis. Además se cuenta con los recursos materiales para acceder al corpus de datos y a los contactos para realizar las entrevistas. Por ultimo, los tiempos son acordes con los años restantes del doctorado y con la fecha estimada de presentación de tesis.
Para la FACULTAD LATINOAMERICANA DE CIENCIAS SOCIALES
Programa de Doctorado en Ciencias Sociales
Bibliografía · Bibliografía obligatoria de la materia Seminario de Estrategias de investigación cualitativas en ciencias sociales (2006) Flacso sede Argentina.Bibliografía ampliatoria específica referida al proyecto .
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· Barley, Niger (2004). “El antropólogo inocente”. Editorial Anagrama. Barcelona: España.
· Cabruja, Teresa (1998). “Psicología Social Crítica y postmodernidad: implicaciones para las identidades construidas bajo la racionalidad moderna“”, en Revista Anthropos 177: Psicología social, una visión crítica e histórica. Barcelona: España.
· Candau, Joel (2001). “Memoria e identidad”. Ediciones del Sol. Buenos Aires: Argentina.
· Doménech, Miquel e Ibáñez, Tomás (1998). “
La Psicología Social como crítica”, en Revista Anthropos 177: Psicología social, una visión crítica e histórica.
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· Geertz, Clifford (1989). “El antropólogo como autor”. Editorial Paidós. Barcelona, España.
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· Hammersley, Martyn y Atkinson, Paul (1994). “Etnografía: métodos de investigación”. Editorial Paidós. Barcelona: España.
· Haraways, Donna (1995). “Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza”. Cátedra. Madrid: España.
· Sandoval, Juan (2004). “Representación, discursividad y acción situada. Introducción crítica a la psicología del conocimiento”. Universidad de Valparaíso. Valparaíso: Chile.
· Vázquez, Félix (2001). “La memoria como acción social. Relaciones, significados e imaginario”. Paidós. Barcelona: España.
· Velasco, Honorio y Díaz de Rada, Ángel (1999). “La lógica de la investigación etnográfica”. Editorial Trotta. Madrid: España.
· Wolcott (2003). “Mejorar la escritura de la investigación cualitativa”. Editorial Universidad de Antioquia. Medellín: Colombia.
[1] 1ra Reunión Seminario de Estrategias de investigación cualitativas en ciencias sociales. FLACSO Sede Argentina, julio 2006.
[2] Op cit
[3] Flick, U. (2004) Introducción a la investigación cualitativa (Madrid: Morata) Capítulo III: “Construcción y comprensión de textos”.
Add comment Julio 9, 2006
Celulares: el diálogo escrito de los jóvenes
Por Mariana Cabrera
Quienes nacieron a partir del año 1988 constituyen la generación para la cual el teléfono celular ha formado parte de sus vidas desde siempre, por lo que la apropiación que han hecho y el grado de familiaridad alcanzado con ese dispositivo difiere sustancialmente de lo que ha ocurrido con los adultos, generalmente más reticentes a la incorporación de nuevas tecnologías. La telefonía celular y sus diferentes aplicaciones superan ampliamente los límites de la imaginación de cualquier usuario “común”. Hoy esta problemática constituye todo un fenómeno que condujo a la consultora argentina Carrier y Asociados a llevar a delante una investigación acerca de las diferentes variables que influyeron en la integración de esta tecnología como un dispositivo personal de los jóvenes entre 12 y 18 años. Según los datos arrojados por “Los adolescentes y el celular”, investigación encarada recientemente por Carrier y Asociados, el éxito del celular entre jóvenes de 12 y 18 años se debe fundamentalmente a que este segmento ha dejado de percibirlo como un medio de comunicación complementario –tal lo fue en sus orígenes- para pasar a ocupar el lugar de dispositivo personal.
Cuatro factores inciden en este proceso. Como primera medida marca el comienzo de la independencia del individuo, el celular ocupa un lugar similar al de la entrega de las llaves de la casa, instrumento simbólico que lo convierte manifiestamente en “adulto”. En segunda instancia, actúa como ansiolítico para los padres, a quienes proporciona una cierta garantía de seguridad de movimiento. En tercer lugar, su uso contribuye a la creación de un espacio discreto, separado del de sus padres, y posibilita al mismo tiempo que tomen contacto con estos cuando exploran nuevos espacios. Finalmente, actúa como medio de coordinación familiar, en tanto resuelve problemas de organización y logística del grupo.
No hace mucho tiempo atrás eran los padres quienes instaban a sus hijos a utilizar un teléfono celular; hoy son los jóvenes los que toman la iniciativa y lo solicitan. Sus amigos ya tienen uno y obtenerlo es un elemento más que más para marcar la partencia al grupo, reafirmando la identificación. Es que la telefonía móvil se adecua perfectamente a la movilidad que caracteriza al adolescente. Le permite sentirse cerca, disponible y estar al tanto de lo que hacen los demás. Brinda la ilusión de no perderse nada, dado que la disponibilidad inmediata es un elemento central para sostener el rol como miembro activo del grupo de pertenencia.
La tecnología ha contribuido a cambiar gradualmente los hábitos y estilos de comunicación. El uso de los mensajes de texto –SMS- caracteriza a esta generación posterior a 1988. Desde un principio los jóvenes identificaron el uso de la voz con los adultos, percibiendo esta nueva forma de comunicarse como un sustituto más adaptado a sus necesidades y gustos. Es inusual que manden un solo mensaje cunado se comunican con sus pares. Generalmente el primer mensaje tiende a generar un intercambio que deriva en un diálogo escrito. Los padres usan cada vez más este sistema, ya que muchas veces es la única manera de mantener contacto con sus hijos.
Si bien la mayoría continúa usando el teléfono de línea para mantener conversaciones largas, los mensajeros instantáneos de internet lideran posiciones a la hora de entablar comunicaciones con más de una persona a la vez. Pero lo cierto es que lo jóvenes de hoy equiparan al celular con estos dos medios y no están dispuestos a renunciar a ninguno de ellos. El éxito de los celulares entre los adolescentes radica fundamentalmente en su capacidad para satisfacer dos necesidades básicas de esta etapa: la identidad y la comunicación.
Breve reseña cronológica de su evolución
Hacia fines de la década del ’90, sólo unos pocos adolescentes disponían de un teléfono celular. Su uso se limitaba básicamente a recibir llamadas de sus padres. La posesión de un teléfono móvil colocaba a su dueño en una posición de avanzada, y por lo tanto de liderazgo. El nuevo milenio trajo consigo la posibilidad de enviar y recibir mensajes de texto –SMS- por este medio, transformándolo en un ICQ portátil. Las dificultades que este intercambio representaba eran las propias de la propagación tecnológica, en tanto requería de la compatibilidad entre equipos –de los que no todos disponían- y empresas proveedoras del servicio. Para el año 2003 el uso del celular se extendió entre los jóvenes limitándose a ciertas salidas, generalmente nocturnas o durante el fin de semana, que incentivaba a los padres a prestarles o proporcionarles uno para que pudieran acceder al servicio de radio taxis o remises. El uso de SMS aún encontraba dificultades para su propagación.
El 2004 marcó el despegue. Las ventas de celulares mostraron un notable crecimiento. Éste dejo de ser percibido como un objeto suntuario, propagándose por todos los sectores sociales. A medida que la comunicación entre los jóvenes por este medio se hacía cada vez más frecuente, su uso se iba ampliando. El celular comenzaba a constituirse en elemento de socialización. Para entonces, su principal atracción era la capacidad SMS. Las conversaciones quedaron relegadas a un tipo de comunicación accesoria, requisito paterno fundamentalmente, y el envío de mensajes de texto comenzó a difundirse entre pares, por contagio.
El año pasado, el celular terminó por adquirir status de dispositivo personal. El uso de la voz queda subordinado al mundo adulto y a las emergencias. Por su parte, el uso de SMS queda claramente establecido como la forma de comunicación que define al segmento de jóvenes de 12 a 18 años, quienes manifestaron que sería esto lo que más extrañarían si tuviesen que prescindir del celular. Las nuevas funcionalidades de los equipos más modernos resultan clave también en este proceso de apropiación. El reloj y la alarma del teléfono impulsaron la caída en desuso del viejo despertador y del reloj pulsera. Juegos, mensajitos y MP3 son los mejores aliados para “matar el tiempo”. Cámaras fotográficas y filmadoras incorporadas permiten el registro instantáneo de momentos cotidianos. Los jóvenes de hoy ya no se satisfacen con tener un celular, sino que buscan actualizarlo permanentemente. Así, sacan el mayor provecho de los recursos tecnológicos a su alcance para satisfacer las necesidades de protección, vínculo con los pares y entretenimiento
17 comments Mayo 17, 2006
¿Quién le teme al Ombudsman?
por Adriana Amado Suárez
La figura del Defensor de los lectores llega tardíamente a los medios latinoamericanos, casi treinta años después que lo hiciera en la prensa mundial. Si bien, la figura del ombudsman no es extendida, casi todos los países hispanoamericanos cuentan hoy con un diario de prestigio con una activa tarea del defensor de los lectores, lo que no ocurre en Argentina, a pesar de contar con diarios muy importantes. ¿Cuáles son las razones que hace que el puesto del ombudsman no sea una posición extendida? Junto con las razones económicas y estratégicas, la ausencia de ombudsmen en la prensa argentina pone en evidencia una falta de ejercicio de autoreflexión de la tarea de la producción de noticias y la ausencia de un marco ético de aplicación.
Mientras los antecedentes mundiales nos indican la década del sesenta como época de inicio de la práctica del defensor de los lectores, en Latinoamérica, su aparición se demora hasta la década de los ochenta. El diario Folha de São Paulo fue el primero en el continente en adoptarla, cosa que ocurrió en 1989. La figura del Defensor del Lector del diario colombiano El Tiempo se establece en 1992. El diario O Povo de la ciudad brasilera de Fortaleza inaugura la posición en 1994. En Venezuela aparece en abril de 1998, en el diario El Nacional (que recién la institucionalizó en 1999), época por la que aparece en Argentina, con el diario Perfil que dejó de publicarse a los pocos meses. Por ese entonces, otros dos medios argentinos contaban con una persona destinada a establecer un diálogo con sus lectores: la revista de cultura La Maga y la revista de temática femenina Luna. Hoy el impulso inicial ha perdido su vigor.
Claro que hay que reconocer que ni siquiera en países centrales, la institución goza de una posición extendida. Sánchez Piña (citando la recopilación histórica que hace Nauman) señala que, para 1994, había cerca de 1700 periódicos en Estados Unidos y sólo 37 de éstos tenían ombudsmen. Señala también la investigadora que The New York Times, no cuenta hoy en día con una persona designada para el cargo, a pesar de que sus páginas alentaron el concepto del ombudsman.
Una investigación llevada a cabo por Jairo Faria Mendes (1), magister de la Universidade Federal do Rio de Janeiro, concluye que en Brasil, al igual que en América Latina, la figura del ombusdman no se instaló en los medios de forma definitiva. Justifica esta conclusión en el hecho de que apenas tres medios brasileros mantienen el puesto en la actualidad: los diarios Folha de São Paulo (San Pablo), O Povo (Fortaleza) y la radio de este grupo. Apenas cinco años atrás podían incluirse en la lista seis medios más: Folha da Tarde (San Pablo), O Dia (Río de Janerio), Diário do Povo (Campinas, San Pablo), Correio da Paraíba (Paraíba), A Notícia (Santa Catarina), la revista Rumos (Ceará) y la Radio Bandeirantes (San Pablo). Todos estos medios, según Mendes, perdieron la figura de un día para el otro. En el resto de América Latina, el investigador refiero que los diarios El Tiempo de Colombia, y Hoy de Paraguay, son únicos que tienen el cargo en vigencia. A ello habría que agregar el caso de El Nacional de Caracas (2), y la experiencia reciente que impulsa en Bolivia, el Grupo de Prensa Líder para sus ocho diarios asociados. Esta observación no invalida la conclusión general de Mendes, que compara la situación latinoamericana con de los principales diarios de los países centrales, que mantienen el cargo. Cita los casos del Washington Post, The Boston Globe, Chicago Tribune, Los Angeles Times, en los Estados Unidos, El País y La Vanguardia (España), Diário de Notícias y Público (Portugal), Le Monde (Francia), Il Corriere della Sera (Italia), el The Guardian y The Sun (Inglaterra), De Volkskrant de Holanda, el diario Maariv de Israel, los diarios Milliyet y Hürriyet de Turquía, y The Yomiuri Shimbun, de Japón, país que mantiene el cargo en la mitad de sus periódicos. Para este periodista, las razones por las cuales la prensa latinoamericana no cultiva especialmente este recurso de autorregulación de sus funciones son los estrechos vínculos que los medios del continente tiene con los grupos de presión, tanto políticos como económicos, y la lenta consolidación de los derechos civiles, aspectos muy relacionados con el hecho de que en nuestras sociedades el ejercicio de ciudadanía no aparece tan claramente relacionado con los derechos de acceso a la información.
¿A quién defiende el defensor?
La figura del defensor de lectores es una elección que busca brindar a las audiencias una garantía de precisión, ética y equilibrio en la cobertura noticiosa. Al proporcionar un interlocutor en condiciones de establecer un diálogo con los lectores o espectadores, el medio construye su credibilidad y la de sus periodistas a partir de asumir una posición responsable y abierta. Esta decisión se inscribe en el marco de la responsabilidad social de los medios, como recurso de autorregulación de la prensa, dado que se trata de sistemas voluntarios, no oficiales, regulados y financiados por los propios medios. De esta manera, se responde a la invitación de propiciar mecanismos de autocontrol, tal como señala el Código Europeo de Deontología del Periodismo (3), cuando aconseja que “los medios de comunicación deben comprometerse al sometimiento a principios deontológicos rigurosos que garanticen la libertad de expresión y el derecho fundamental de los ciudadanos a recibir informaciones veraces” (artículo 36). Para cumplir con este principio, el Código sugiere la creación mecanismos de autocontrol constituidos por los mismos periodistas, editores, asociaciones de usuarios, académicos, a partir de cuyos juicios se “ayudará al ciudadano, que tiene derecho a la información, a formarse un juicio crítico sobre el trabajo del periodista y su credibilidad” (artículo 37). En el mismo sentido, la participación activa de los públicos también está indicado por el Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO, que en su artículo 5 exige que “el periodista favorezca el acceso del público a la información, y la participación del público en los medios, lo cual incluye la obligación de corrección, la rectificación y el derecho a respuesta” (4).
Quizás sea en este principio filosófico que debamos empezar a buscar las razones por las cuales la tarea se encuentra con dificultades y resistencias para instalarse. No puede olvidarse que si aparece el ombudsman es para responder a los crecientes cuestionamientos que el periodismo comenzó a hacer a mediados del siglo XX de su función, cuando empieza a resquebrajarse la idea de la prensa como Cuarto Poder controlante de los otros tres pilares democráticos. La falibilidad (por su humanidad) de la tarea periodística, y la consolidación de los otros poderes fácticos que entorpecen la investigación y la publicación de las informaciones, llevaron a plantear la autocrítica sistemática de los procedimientos periodísticos, como una forma de anticiparse a cualquier restricción normativa que los gobiernos pudieran imponer a la prensa. Sin embargo, a excepción del caso de Suecia, que incluye la figura del Ombudsman en su Código Deontológico Nacional, la figura es una opción estratégica para el medio, que regula sus funciones a través del Estatuto del Defensor, o los manuales de estilo, tal el caso de El Economista de México, El País de España y El Tiempo, de Colombia. Esta tendencia, si bien ratifica el mecanismo de autorregulación y le da fuerza institucional a la función del Defensor, por otro lado la deja librada al criterio del medio, quien en muchos casos evalúa su conveniencia más desde el punto de vista del marketing de lectores, que desde la defensa de su derecho a conocer la información y los procesos a partir de los cuáles se produce. Éstas son las razones que llevan a Germán Rey, defensor del diario El Tiempo entre 2000 y 2002, a hablar de un “oficio en construcción”:
La característica de “agujero negro” de la Defensoría concentra en ella varios de los asuntos más importantes de la práctica periodística: por una parte, las variaciones y la vitalidad del derecho a la información que es derecho de doble vía, tanto de los dueños, directivos y periodistas como de la ciudadanía. Certifica, por otra, las agudas transformaciones que viven los medios en la escena social, como por ejemplo, las relaciones entre lógicas comerciales y autonomía periodística, el sentido público de la información, la importancia de la complementariedad de los derechos fundamentales con la libertad de expresión, el papel creciente de los medios de comunicación en la gobernabilidad y en general en la democracia, su intervención en la fiscalización de todos los poderes incluyéndose a sí mismos y su intervención en la creación de ambientes o atmósferas sociales (5).
No puede obviarse que parte de la “construcción” del oficio queda en manos de la ciudadanía, dado que la aparición del Defensor de sus derechos como audiencias depende de las demandas de éstas hacia la prensa. La participación activa de la sociedad en la defensa de su derecho a la información se puede constatar en la organización de Consejos profesionales, como el Consejo de Prensa Sueco, que se estableció en 1916 (y cuya función se articula con la del Ombudsman), o el Colegio de Periodistas de Perú. Una instancia de intervención ciudadana también lo constituyen los Consejo de lectores, como el del Diario Zero Hora de Porto Alegre, formado por nueve consejeros seleccionados entre los lectores, o el del Diario Do Grande de Sao Paulo, que tiene un consejo con 10 lectores que se postulan con “el deseo de discutir el contenido del periódico”. Otras formas de participación de la sociedad civil son los observatorios de medios, los foros, los movimientos de lectores y audiencias, las veedurías de medios, entre otras manifestaciones que procuran mejora la calidad informativa, que eventualmente pueden interactuar con el defensor. En cualquiera de los casos, la base de funcionamiento reside en un acuerdo entre empresarios de la comunicación, periodistas y miembros de la sociedad civil para mejorar el proceso de circulación de información pública (6).
A la prensa argentina: ¿quién la defiende?
En Argentina los antecedentes de los mecanismos de autorreflexión son escasos. De hecho, sólo un diario institucionalizó la figura del Defensor: fue el diario Perfil, en 1998, y a pesar de que solo estuvo en circulación unos pocos días, fue el primer medio que estableció que un periodista de trayectoria ejercería la función de Ombudsman para velar que “se observen rigurosamente las reglas profesionales y éticas codificadas en [el] manual de estilo” (7). Como antecedentes de la figura sólo se tiene la del defensor que entre 1991 y 1997 tuvo la revista La Maga, y la que ejercía la periodista Clara Fontana en la revista femenina Luna (también de la editorial Perfil), cuya sección se denominaba “Diálogo con las lectoras” (8). Ninguno de estos medios está en circulación en la actualidad. Cabe recordar que en Argentina muy pocos medios transitaron siquiera el camino de desarrollar un manual de estilo: el diario La Voz del Interior de Córdoba lo elaboró en 1990, y los diarios nacionales Clarín y La Nación lo editaron recién en 1997, sin demasiada difusión entre sus lectores. Estos dos medios son los únicos que hoy cuentan con una especie de protofigura de Ombudsman, que sin cubrir todos los aspectos y funciones que cubre la función, pretende constituirse en un vínculo con sus lectores. El diario La Nación, cuenta desde mayo de 1998 con una columna semanal a cargo de Octavio Hornos Paz que se denomina “Diálogo semanal con los lectores”, en la que se encarga de dar respuestas a las inquietudes de tipo formal y ortográfico que llegan a la redacción. En el caso del diario Clarín, la experiencia es mucho más reciente y consiste en un espacio inaugurado en mayo de 2004 para los lectores, que sale los domingos. A diferencia de las cartas de los lectores que aparecen algunos días publicadas en la sección de Opinión del matutino, éste es un espacio amplio dedicado a la publicación de las opiniones y sugerencias de los lectores, que se complementa con una columna de reflexión a cargo del Secretario de Redacción del medio, Osvaldo Pepe. De acuerdo a la definición de su responsable (9), se trata de un “canal de cercanía y servicios para el lector” destinado a propiciar una cercanía del medio con su audiencia, aunque reconoce que por el momento esta tarea dista de la función más compleja del Ombudsman tradicional. En este sentido cabe recordar que la función del defensor tiene dos aspectos principales: la de controlar el estilo (orientada hacia dentro de la redacción) y la de velar por la ética periodística (que pone el foco en la función de información para con los ciudadanos). Con respecto a las cuestiones formales o de carácter ortográfico, es interesante mencionar que suelen ser las más numerosas y frecuentes, en función de que son las observaciones más corrientes que realizan los lectores. Desde el punto de vista de la ética periodística, aparecen cuestiones menos visibles para las audiencias, tales como indistinción información y opinión, omisión informativa, imprecisiones en las noticias, sesgos en la información, problemas de fuentes, etc. Más complejo aun es el análisis del derecho a la información como derecho ciudadano, que incluye el tratamiento de las minorías, las calumnias y ofensas, el derecho a réplica, que aparecen, cuando ocurre, por iniciativa de especialistas y académicos.
Es curioso observar que en Argentina, las dos funciones aparecen separadas en los dos diarios nacionales que citamos, y en ninguno existe aún la síntesis que demanda un auténtico Defensor de lectores. Y ambos diarios parecen muy distantes de ello. En este sentido, Osvaldo Pepe señala que desde el diario Clarín son concientes de que este espacio para los lectores es una incipiente aproximación a la función de la Defensoría, que tiene como antecedente la participación del medio en el Primer Seminario Internacional de Defensores del lector realizado en diciembre de 2002 bajo la coordinación de la Fundación del Nuevo Periodismo (10).
La modestia de estas funciones se pone en evidencia cuando se las compara con los alcances que reconoce la Organization of News Ombudsman (ONO): velar por la equidad, precisión y responsabilidad del medio, consolidar su credibilidad, investigar las razones que motivaron las quejas del público y recomendar acciones correctivas, mantener informado al director del medio sobre estas inquietudes, constituirse en un crítico interno y representar al público del medio canalizando sus quejas, sugerencias, recomendaciones y observaciones; defender al medio y hacer públicas sus posiciones éticas y líneas editoriales, ya sea a través de una columna periódica o de la participación en actividades colectivas, como conferencias y encuentros con la comunidad. A estas tareas pueden agregarse, dependiendo del caso, el trabajo interno a través de reuniones con los diferentes equipos de la redacción, o desarrollando herramientas de comunicación como memorandos, informes o encuestas entre los colaboradores.
Queda claro que los casos que mencionamos son apenas un esbozo de lo que pretende ser una revisión autocrítica de la tarea periodística, con el agravante de que en las dos instancias analizadas, los periodistas forman parte activa de la redacción, por lo que carecen de la distancia aconsejable para mantener la imparcialidad necesaria para el ejercicio reflexivo.
Entre la ética y el marketing
Como primera aproximación para encontrar una respuesta a la inquietud de por qué la Argentina no cuenta con un Defensor de audiencias en ninguno de sus medios, quizá corresponda analizar las razones que hacen que el puesto del Ombudsman no sea una posición universal en los medios mundiales.
Un factor ineludible es el económico, ya que el cargo idealmente debería estar adecuadamente remunerado, especialmente porque quienes ocupan el rol son periodistas experimentados con una larga trayectoria, y probablemente ocupaban un alto cargo antes de ser nombrados defensores de lectores. Sin embargo, estas cuestiones no son demasiado relevantes, como bien analiza Aznar:
Con ser cierto que un ombudsman conlleva un coste económico tampoco conviene exagerar este inconveniente ya que puede convertirse en una excusa fácil. Es cierto que su coste excluye de la posibilidad de tenerlo a un gran número de medios con poca tirada, plantilla pequeña o escasos ingresos. Aún así sigue habiendo un importante número de periódicos y revistas que hoy por hoy en España podrían contar con un ombudsman, por no hablar ya de las grandes cadenas de radio y de televisión nacionales y autonómicas que manejan cifras de presupuesto millonarias. (…) En todo caso, estamos hablando de un compromiso empresarial con la ética que nadie ha afirmado que tenga que ser gratuito. Precisamente asumir el coste económico de la autorregulación constituye uno de los cambios en la cultura corporativa de los medios que se está demandando (11).
Lo que es cierto es que las experiencias mundiales muestran la falta de conflictos entre el ombudsman y la empresa lo que confirma que el profesionalismo y la ética pueden ser también “un buen negocio”, según sostiene el catedrático canadiense John Virtue. O como observa Aznar, citando un dicho anglosajón, “ethics pays”, dado que los gastos que puede insumir mantener esta función se ven, según los analistas, ampliamente compensados con los beneficios que trae para el medio. No obstante, queda claro que la figura es algo más que una estrategia de marketing. Como señala Xavier, “algunos profesionales y académicos ven el cargo como una eficaz herramienta de marketing y atención al cliente, que busca de establecer un mejor contacto con el lector-consumidor; otros, en cambio, ven el cargo “apenas” como una estrategia de marketing a ser publicitada por el diario” (12).
En última instancia, si se considera los medios como empresas que comercializan un producto, el ombudsman es una figura que apuntaría a reforzar el marketing desde la calidad de los procesos de producción. En este punto se marca una clara diferencia entre las condiciones de desempeño de la prensa en Europa y América del Norte que en los países latinoamericanos tiene que ver con las condiciones precarias de trabajo que los periodistas padecen en la región. No sólo tiene que ver con jornadas de trabajo extendidas (Albarrán) y precarización general de las condiciones de trabajo (13), sino que en muchos países el ejercicio profesional se hace de manera independiente, en calidad de colaboraciones externas a la redacción. Estas condiciones, sumadas a la concentración mediática que extiende a medios diversos procedimientos similares, hacen que los matices editoriales e ideológicos de cada soporte se diluyan, tanto hacia sus productores (los periodistas) como hacia el público, que ve mermada su capacidad de intercambio con el medio.
Aquí aparece uno de los mayores riesgos en lo que puede caer el periodismo empresario, y que bien define el periodista argentino Orlando Barone: “El riesgo más grande de desequilibrio de un diario es su sobredimensionamiento económico y comercial (…). El riesgo es que a medida que el diario se hace millonariamente fructífero, el objetivo del negocio rentable acabe postergando o apartando la vigencia de su eje ético” (14).
En este sentido, como bien señala Sánchez Piña, el dilema de pagar el costo de poner a discusión pública las cuestiones internas y revelar las miserias de la profesión, se resuelve asumiendo que la forma más atinada de establecer un vínculo con las audiencias es a través del crédito que los lectores le asignan a su medio:
A ningún periodista le agrada que su trabajo sea criticado y más aún, un periódico como medio no siempre ve con agrado que su labor, o su forma de actuar, sea criticada públicamente, ya que esto incidiría en la credibilidad de sus lectores. Sin embargo, una forma de demostrar a éstos que se actúa de acuerdo con los principios éticos y con total transparencia es el establecimiento de un defensor del lector, ya que manifiesta la intención del periódico de querer mejorar su labor y de que está abierto a la crítica y al diálogo (15).
Claro que todavía muchos editores consideran que un ombudsman es innecesario, ya que todo editor debe ser por sí mismo un ombudsman. Como bien explica Barone, el defensor es “Un especialista consagrado por la misma empresa a hacer de tribunal sobre las faltas del diario”, razón por la cual “El defensor del lector es obviamente visto con recelo por los redactores, aunque obviamente no se lo ve, ya que trabaja separadamente del resto. Es un fiscal autorizado. Y suele ser tremendo” (16). La observación parece sugerir que, ante semejante amenaza, muchos deciden que es mejor esquivar la responsabilidad.
Otra objeción sería que tampoco está demostrado que la presencia del Defensor de lectores convierta a la redacción en infalible, como señaló en la entrevista personal el Secretario de Redacción del diario Clarín, (y surgió en la charla, de manera inevitable, la crisis que enfrentó el diario El País ante la cobertura del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004, y la autocrítica que hizo su Defensora, Malén Aznarez, que demostró que el diario pudo reaccionar, pero sólo a posteriori). Se impone aquí la aceptación de la tarea pedagógica del Defensor, que como tal, implica una labor imperceptible pero constante de enseñanza y ejemplaridad.
En última instancia, todas estas limitaciones no hacen más que mostrar que para que exista la figura del Ombudsman (o la Ombudswoman, para jugar con la falsa etimología inglesa de esta palabra sueca), deben darse múltiples condiciones, cuya observación no deja de ser en sí mismo un interesante ejercicio de reflexión sobre las circunstancias en que se ejerce el periodismo. Partiendo de las sugerencias que realiza Sánchez Piña después de analizar las experiencias colombiana y venezolana de Defensor de los lectores, podemos terminar con las siguientes consideraciones:
· Sin un estatuto o un marco deontólogico, es poco probable garantizar un ejercicio consistente de la función. En las experiencias argentinas queda claro que la figura adopta el perfil de cada representante en la función, sin contar que ni siquiera está prevista la renovación periódica de la persona que ejerce el cargo.
· Dado que no es necesario que el representante de los lectores sea un profesional de los medios de comunicación, es interesante -como clave de apertura del medio a la sociedad- que el cargo pueda ser ejercido por personas conocedoras de los medios, pero ajenas a la redacción. Como señala Sánchez Piña, “es preferible que quien represente a los lectores no sea un periodista de la misma sala de redacción del periódico, ya que tiende a ser más benevolente con sus compañeros de trabajo y pudiera no inspirar la confianza de los lectores” (17). Esto tampoco ocurre en nuestro país, ni en las experiencias actuales, ni en las que las antecedieron.
· Es importante trabajar en el marco social en el que se insertará la función. Está claro que en Argentina los niveles de lectoría son bajos, y han descendido un 30% en los últimos años (18). Pero al margen de las razones económicas que explican superficialmente la pérdida de ventas de los periódicos, no puede dejar de incluirse en el análisis el vínculo de confiabilidad de los medios con la opinión pública. Si bien en Argentina hubo una situación de alto prestigio de la prensa durante la década pasada, los índices apenas se recuperan del brusco descenso que marcaron en el 2002 (19), luego de la crisis institucional del gobierno local y de la percepción que la opinión pública tuvo de la función que el periodismo desempeñó en el suceso. En este sentido, le cabe a los medios argentinos impulsar acciones que los lectores conozcan sus derechos y aprendan a hacerlos valer. Señala Sánchez Piña como caminos Los encuentros con los lectores, las visitas de lectores al periódico y los cursos para lectores sobre cómo utilizar los canales de participación que poseen, que realiza actualmente la Oficina del Ombudsman del diario El Nacional es un ejemplo reproducible en otros medios impresos para proporcionarles las herramientas que los ayuden a participar de una forma eficiente” (20).
La declaración de UNESCO de 1978 precisa que “La información es un componente fundamental de la democracia y constituye un derecho del hombre, de carácter primordial en la medida en que el derecho a la información valoriza y permite el ejercicio de los demás derechos”. En este marco, toda tarea que emprenda la sociedad es saludable. Sin embargo, es esperable que sean los propios medios, interesados en seguir ocupando sus lugares de privilegio en la consideración social, los que impulsen mecanismos de reflexión y mejora de su ejercicio. En este espíritu podría incluirse la tarea pedagógica del Defensor, que enseña a las audiencias en qué consiste la participación que les cabe en el circuito informativo, y de esa manera, los hace más conscientes de los valores que ponen en circulación los medios al elegir una forma de cubrir las noticias. Exista o no un marco legal que proteja el derecho de las audiencias, el Defensor está en permanente defensa de ese derecho. Y es un interesante camino que puede empezar a recorrer la prensa argentina.
Conferencia dictada en el contexto de las Jornadas por los 70 años de la Escuela Superior de Periodismo del Instituto Grafotécnico, Noviembre de 2004.
1 Sindicato Jornalistas Santa Catarina, “Ombudsman não vingou na América Latina”, disponible en http://www.sjsc.org.br/clipagem/clipagem.htm [c. Junio 2004].
2 La figura de Ombudsman se crea en este diario en 1998, y a partir de 2002 toma el nombre de Defensora y está actualmente a cargo de Alba Sánchez.
3 Citado por Villanueva, Ernesto, Deontología informativa. Códigos deontológicos de la prensa escrita en el mundo. México, Universidad Iberoamericana, 1999, pp. 44 y ss.
4 Ibid., p. 32.
5 Rey, Germán, “El defensor del lector: un oficio en construcción”. Sala de Prensa, Web para Profesionales de la Comunicacion Iberoamericanos, s.l.i., Año V, Volumen 2, Edición N° 53, marzo de 2003, http://www.saladeprensa.org.
6 En Argentina, el ejercicio de la reflexión sobre los medios es incipiente, pudiéndose citar como referencias el Foro de Periodismo Argentino, de reciente conformación (FOPEA, www.fopea.org), y la Asociación por los Derechos Civiles (www.adc.org.ar).
7 Perfil, Como leer el diario, Buenos Aires, Perfil, 1998, p. 267.
8 Amado Suárez Adriana y Daniela Blanco, “Algunas experiencias locales e internacionales”, en Dossier “Conferencia Internacional: Autoexamen de la prensa”, Revista Un Ojo Avizor, Edición 15, marzo/abril 2000, p. 34.
9 Entrevista telefónica con Osvaldo Pepe, 29 de junio de 2004.
10 Primer Seminario Internacional de Defensores del lector realizado en la Casa Clavigero de Guadalajara, en diciembre de 2002, bajo la coordinación de la Fundación del Nuevo Periodismo y con el auspicio del periódico Público de Guadalajara, el BID, la Fundación Friedrich Ebert y el ITESO.
11 Aznar, Hugo, “El ombudsman como mecanismo de autorregulación”, Revista Latina de Comunicación Social, Tenerife, Universidad de La Laguna, Número 13, enero de 1999, http://www.lazarillo.com/latina/a1999c/145hugo.htm.
12 Xavier, Mário, “Ombudsman de la prensa, ¿por qué son necesarios?”, Chasqui – Revista Latinoamericana de Comunicación, Quito, CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina), Edición 54, junio de 1996.
13 Amado Suárez A., “La dimensión económica de la prensa argentina: una industria sin información” en Actuales desafíos de la investigación en Comunicación, Universidad Nacional del Comahue, Gral. Roca, Memorias de las VII Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación, (CD-Rom), 2003.
14 Barone Orlando, “¿Para qué sirve el defensor del lector?” Boletín periodismo.com, Edición 77, julio 2004, disponible en http://www.periodismo.com.
15 Sánchez Piña, Zaira, “La figura del defensor del lector en el diario colombiano El tiempo y el diario venezolano El Nacional”. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1999.
16 Barone, Op. Cit.
17 Sánchez Piña, Op. Cit.
18 Según surge de las cifras oficiales publicadas por el Instituto Verificador de Circulaciones, www.ivc.com.ar.
19 De acuerdo un monitoreo que realiza el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, los niveles de credibilidad de los medios de comunicación bajaron de un promedio superior a los 50 puntos durante la década del 90 a 27% en el 2002 (las cifras se pueden consultar en la edición del diario La Nación, del 18 de septiembre de 2002)
20 Sánchez Piña, Op. Cit..
Bibliografía
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