Posts filed under 'Conferencias'

Los contenidos metodológicos resignificados a partir de las especificidades de la formación profesional y de su aplicación a la elaboración del Trabajo Final de grado[1].

  por Gabriela Iglesias

Introducción

Estas reflexiones intentarán sistematizar ideas y experiencias que fuimos recabando a lo largo de nuestra actividad como docente de la asignatura Metodología de la Investigación, tanto en UCES como en UBA, en la Carrera de Comunicación Social.  Además, tomaremos en cuenta las dificultades que enfrentan alumnos y profesores a lo largo del proceso de elaboración de un Trabajo Final.A los efectos de re-pensar los contenidos y la modalidad de dictado de la materia Metodología al interior de una currícula que pretende formar profesionales aptos para enfrentar nuevas demandas del mercado, proponemos considerar 4 ejes:i)                    la vinculación entre  aspectos metodológicos y  teóricos (y viceversa) en toda práctica profesional, ii)                  el lugar de la metodología como aporte a la formación de un nuevo tipo de profesional iii)                los contenidos metodológicos como aporte a la realización de un Trabajo Final iv)                algunas consideraciones prácticas referidas a la enseñanza de Metodología en las Carreras de Comunicación Social. 

i)                    La vinculación entre aspectos metodológicos y teóricos en la práctica profesional    A partir de las necesidades sociales actuales referidas al perfil requerido de nuevos profesionales, hay que considerar el lugar que se les otorga a los contenidos metodológicos al interior del  plan de estudio.La cuestión problemática es que, a veces, esa inclusión no está articulada en función de los insumos previos que un alumno debe tener para aprovechar la cursada de una materia metodológica. Por ello adherimos a la decisión de que la materia Metodología se curse en la última etapa de formación profesional.Sólo un recorrido previo por la literatura básica de la disciplina, permitirá al alumno aprehender el concepto de marco teórico y el análisis sistematizado de la producción de diversos autores le posibilitará la aprehensión de hipótesis como también comprender  el lugar que ellas ocupan en la producción de nuevo conocimiento. Son todas razones que se fundan en el hecho de que para  que un alumno se “forme metodológicamente” tiene que haber comenzado a reflexionar acerca de las formas que adopta el conocimiento instituido, de la posibilidad de producir conocimiento nuevo, de la relevancia de la investigación en relación con la aplicación, entre otros aspectos. Lo cual se logra con la “madurez  formativa”.Ahora bien,  tenemos la impresión de que la Carrera de Comunicación Social (como todas las carreras de grado, en esta Universidad y en otras) se componen de un bloque de materias “centrales”  y una o más materias metodológicas, sin que termine de quedar en claro, sobre todo a los alumnos,  el porqué de la presencia de estas últimas en la currícula.En este sentido, opinamos que la propuesta debe pasar por la búsqueda continua de integración entre las distintas materias, un ida y vuelta en el que la presentación de los contenidos teóricos permita dar cuenta de que se trata de conocimiento sistematizado, el cual fue construido a partir  de  formas rigurosas de proceder. El acercamiento entre contenidos metodológicos y teóricos no sólo es necesario, sino  también deseable, ya que las dificultades se acrecientan si se intenta enseñar metodología en forma abstracta. Las estrategias posibles pueden ser diversas, nos inclinamos por las que refieren a “interpelar” los textos teóricos desde la metodología  e implementar una instancia en que los alumnos deben elaborar un Proyecto de Investigación.Evidentemente, adherir a esta propuesta de integración implica un esfuerzo extra y continuo en una búsqueda que no será acabada definitivamente, pero que merece ser abordada debido a que el “desfasaje” entre teoría y método  se presenta como uno de los principales obstáculos para la apropiación, por parte de los alumnos, de las técnicas y procedimientos y  un mejor desempeño profesional.Desde nuestro punto de vista,  los docentes de la Carrera deberíamos atender la necesidad de ligar el conocimiento “instituido” y las prácticas profesionales con el proceso por el cual ambos (conocimiento y prácticas) se construyen. Para ello se requiere de conceptos y método. 

ii)                  La metodología como aporte a la formación de profesionales 

Resulta no ser “académicamente correcto” cuestionar los motivos por los cuales se enseña metodología en las carreras de incumbencia social. La Metodología está instalada en la currícula.  Ahora queda dilucidar para qué la tenemos y qué hacemos con “ella” tanto los docentes como los alumnos.  Para dar respuesta a esas cuestiones, deberíamos tomar en cuenta las  numerosas  variables que intervienen al momento de aprehender conocimiento: intereses personales, recorridos  previos tanto del que enseña como del que aprende, capacidades subjetivas del alumno y del docente, etc.Creemos, que uno de los inconvenientes que tenemos los profesores de metodología es que no logramos transmitir a los cursantes las incumbencias y relación que tiene la materia con otros contenidos y asignaturas, como tampoco su significación en la formación profesional. Es decir, no tenemos en claro el modo en que se integran los conocimientos metodológicos  a un perfil definido de profesional. Y aquí surge otro interrogante, ¿está definido el perfil de los profesionales de la comunicación social?. Si bien el objeto de estudio inherente a la disciplina puede estar claramente diferenciado, los límites difusos en cuanto al ejercicio profesional o a la puesta en práctica de ciertos saberes (situación mediatizada por un mercado de trabajo estrecho que no siempre brinda posibilidades de inserción según especificidades de cualificación) provoca superposiciones profesionales que, en muchos casos, nada tienen que ver con la tan mentada interdisciplinariedad. Más bien derivan de la necesidad de adaptación al mercado.De todos modos, y aunque todavía se sigan librando discusiones en torno al  “campo de estudio de los comunicadores sociales”, podemos pensar, y de hecho en muchas cátedras se implementa de este modo, que las materias metodológicas tienen que apuntar a  que el alumno reflexione acerca de la construcción de problemas que merezcan ser resueltos. Un licenciado en comunicación social necesita proveerse de herramientas para descubrir y validar conocimiento técnico – profesional. En ese sentido, es claro que los profesionales de la comunicación social no podrán prescindir de la rigurosidad que implica la construcción de conocimiento (práctico o teórico). Muchos de nosotros hemos sido formados a partir de una concepción que promueve la separación entre el saber y el hacer, con la reivindicación del primero. Sin embargo, en los últimos años se han suscitado discusiones que ponen de manifiesto la importancia de la demanda social al momento de pensar el perfil de los profesionales que salen de las universidades. Básicamente, se plantea que el profesional debe formarse para resolver problemas a partir de un proceso adecuado de selección de medios y fines.“En la práctica del mundo real, los problemas no se presentan como dados para el profesional. Deben ser construidos a partir de las situaciones problemáticas que son, en principio, incomprensibles, preocupantes e inciertas. Para convertir una situación problemática en un problema, el profesional debe hacer cierto tipo de trabajo y dar sentido a una situación incierta que  inicialmente no lo tiene” (Fliguer, 2004:29). De acuerdo con esta concepción el papel que tiene la Metodología en la formación de profesionales en ciencias sociales es significativa. Tomemos en cuenta que éstos deben enfrentarse, muchas veces, a problemas nuevos o únicos que no necesariamente  encajan en las categorías conocidas. Por otra parte, los problemas técnicos que suelen  afrontar exigen tener en consideración el contexto en el cual muchas variables están fuera de su control por lo cual la situación posee una problematicidad propia, singular y, por lo general, irrepetible.  Queda claro que por decisiones subjetivas o por situaciones objetivas no todos los Licenciados en Comunicación Social se dedicarán a la investigación académica. Sin embargo, en diversos aspectos de la actividad profesional las capacidades y habilidades adquiridas en materias metodológicas son relevantes y, en muchos casos, pueden garantizar un valor agregado al desempeño en el ámbito institucional, empresarial, burocrático. ¿Cómo podría un profesional de esta disciplina plantearse una estrategia de comunicación institucional sin haber llevado a cabo un trabajo de diagnóstico? O ¿Cómo haría para elaborar una propuesta de difusión específica si antes no estableció el perfil de la población destinataria? O ¿Qué diría cuando tiene que interpretar datos cuantitativos a la luz de una ficha técnica?.Todo  proceso de comunicación  demanda datos que se obtienen  mediante una investigación, o interpretando datos secundarios.  Allí, la materia metodología tiene una tarea relevante.En este marco es importante mencionar que existe un  nuevo modo de concebir la producción del conocimiento, lo que implica un cambio estructural en muchos aspectos del modelo que hasta ahora ha sido denominado como ciencia académica, y en ese sentido,  debemos rever el lugar de la Metodología como asignatura en la Carrera de Comunicación Social.El nuevo modo de producción de conocimiento afecta no sólo qué conocimiento es producido, sino también cómo se produce, el contexto en el que se genera, la forma en que se organiza, el sistema de recompensas que utiliza y los mecanismos que controlan la calidad de lo que se produce. (Gibbons, 1994).En estos términos el conocimiento intenta ser útil a alguien, sea la industria o el gobierno o la sociedad en general y, este imperativo, está presente desde el comienzo. El conocimiento siempre es producido bajo una continua negociación y no será producido a menos y hasta que los intereses de varios actores estén incluidos. La producción de conocimiento se difunde a través de la sociedad. Esta es la razón por la cual Gibbons (1994), afirma que se trata de conocimiento socialmente distribuido. Entonces, la enseñanza de los contenidos metodológicos en la Carrera deberá reverse a  partir de estas consideraciones.Nadie podría dudar que la elaboración de un diagnóstico, la determinación de los alcances de una auditoría, la especificación de un perfil poblacional, el análisis de datos demandan conocimientos metodológicos. Es decir, la metodología en su significado procedimental está muy cerca del  profesional de la comunicación social. Dado que no existen procedimientos que no estén construidos en el marco de alguna justificación que trasciende al instrumento, i.e. un relevamiento por encuesta  arroja información que se debe considerar a partir de una forma determinada de ver la realidad, dicho significado procedimental conlleva una carga conceptual, explícita o implícita. Podemos mencionar varias diferencias si comparamos el proceso de investigación académica con el que se da al interior del ejercicio profesional (en un caso pueden prevalecer los problemas de corte teórico, mientras que en el otro tendrán más impronta los de índole práctica; la validación externa la dará la comunidad científica, en un caso, y la corporación profesional o los clientes en el otro, etc.). Pero, en ambas formas de construcción de conocimiento (académico o profesional) se requieren principios lógicos y de coherencia que conduzcan a la validez de lo producido. Entonces, cuando nos planteamos los contenidos y los objetivos alrededor de los cuales articular la materia, los responsables de estas definiciones debemos tomar en cuenta que  formaremos profesionales con incumbencias en cuestiones sociales, las cuales pueden abordarse (ya sea para explorarlas, describirlas, explicarlas) siguiendo un método riguroso. Es, justamente, la forma en que decidimos transmitir y hacer aprehensible ese método la que debemos rever. Acerca de los contenidos que debe incluir la materia metodología no hay mucho para discutir, tal vez podamos especular acerca de los grados de profundización con los que desarrollaremos cada Unidad Temática incluida en el programa. Más importante es respondernos la pregunta ¿para qué enseñamos metodología en la Carrera de Comunicación Social?. Un acuerdo al respecto nos permitirá a los docentes construir una alternativa en consecuencia. Algunas respuestas ya hemos insinuado. Otras aparecen a continuación.

 iii)                Los contenidos metodológicos como aporte a la realización de un Trabajo Final  Otra respuesta al interrogante arriba planteado, es que la materia Metodología tiene que aportar a la realización del Trabajo Final, sobre todo bajo las modalidades de trabajo de investigación y propuesta de intervención.En el marco de las modificaciones que se están llevando a cabo al interior de la Carrera, la decisión de que  esta asignatura se curse en el último año representa una ventaja dado que los alumnos pueden utilizar el espacio de la materia para formular el Proyecto de Trabajo Final. De ese modo, el requisito de aprobación de la materia, es decir la presentación de un Proyecto de Investigación de modo individual o grupal (siempre que no se exceda el número de 3 alumnos) permitirá que los estudiantes avancen en una tarea que suele resultarles dificultosa sin el apoyo de un docente con conocimientos metodológicos. Por lo tanto, los contenidos de la materia podrán resignificarse en términos de “insumos” necesarios, específicos y prácticos para elaborar el Proyecto, elegir un Tutor y empezar a reflexionar sobre las instancias del proceso que los conducirá a la elaboración de ese Trabajo Final. En ese sentido, la cátedra de metodología deberá trabajar conjuntamente con la autoridad de la Carrera quien recibiría los temas propuestos por los alumnos, sugeriría bibliografía y el nombre del potencial profesor Tutor. Así, se constituiría un puente entre la asignatura, la Carrera y el requisito institucional de elaborar dicho Trabajo Final.


 iv)               Consideraciones prácticas referidas a la enseñanza de Metodología en las Carreras de Comunicación Social. 

Para pensar en el modo más pertinente de enseñar Metodología en la Carrera, podemos recurrir a la distinción entre conocimiento tácito y conocimiento explícito (o codificado) establecida por Polanyi (1958). El conocimiento tácito es el que puede ser usado por los individuos y organizaciones para alcanzar algún propósito práctico, pero que no puede ser fácilmente explicado o comunicado. El conocimiento tácito puede ser reconocido en términos de su incomunicabilidad. Una frase puede resumir esta  idea: “sabemos más que lo que podemos decir”. Un ejemplo de conocimiento tácito son las habilidades de las personas (tales como montar en bicicleta o nadar), que se emplean sin tener aún la más ligera idea de cómo estas cosas son hechas. De acuerdo con Polanyi, el único modo de transferir esta clase de conocimiento es a través de una forma de interacción social similar a las relaciones maestro-aprendiz. En contraste, el conocimiento explícito es el conocimiento que puede ser expresado más formalmente de acuerdo con un código, y puede ser fácilmente y menos costosamente comunicado. Se trata de un tipo de conocimiento que es transmisible en lenguaje formal y sistemático. Aunque tiene muchas formas, el conocimiento explícito está constituido por un conjunto de principios generales y leyes suministradas por las comunidades científicas que proporcionan el fundamento para la práctica. Desde este punto de vista, podemos considerar al conocimiento metodológico como un conocimiento tácito ya que refiere a un “saber hacer” que se pone de manifiesto en el acto de investigar con la intención de dar respuesta a un problema.  Consideramos que este punto debe ser explicitado a los alumnos para que descubran desde el comienzo de la cursada que se trata de una asignatura cuyos contenidos deberán aprehenderse a partir de una práctica compartida a lo largo de 4 meses.  En esta materia, de nada vale acordarse de estudiar o realizar los trabajos prácticos una semana antes de finalizar el cuatrimestre. El tiempo perdido, en este caso, no podrá recuperarse fácilmente.Por otro lado, alumnos y profesores contamos con innumerable cantidad de manuales que orientan acerca de “cómo investigar”  y que nos remiten a un conocimiento explícito, ahora bien, la experiencia docente indica que ellos no son suficientes para brindar al alumno las herramientas necesarias para armar su propio proyecto o llevar a cabo un proceso de investigación. Por ello, muchas veces, es necesario recrear la relación aprendiz – maestro.En síntesis,  la Metodología es un conocimiento tácito que está incluida en la concepción del conocimiento como Know-how. El know-how se adquiere esencialmente a través de relaciones del tipo maestro-aprendiz, y también se aprende a través de años de experiencia en la práctica cotidiana, mediante el “aprender-haciendo” y el “aprender interactuando” con colegas. En síntesis, proponemos que la materia se dicte a partir de la aplicación práctica de los conceptos metodológicos. Ello será posible a partir de la capacidad de problematizar que desplieguen los alumnos, para lo cual deberán recurrir a los conocimientos adquiridos en las asignaturas técnicas y  teóricas ya cursadas. El esfuerzo debe redundar en la elaboración de un Proyecto de Investigación que, tal como fue planteado en iii) pueda constituirse en el Proyecto de Trabajo Final, bajo la modalidad de Trabajo de Investigación o Propuesta de Intervención. 

Leer más en www.trayectosformativos.com.ar

BIBLIOGRAFÍA

Borsotti C., Clavero S. y Palermo A. (1989) “El aprendizaje de la investigación en el currículo universitario de grado”, Revista Argentina de Educación, Año VII, N°12, Buenos Aires.

Cohen, Néstor (1997) “La teoría y el método en la investigación social: el discurso y la práctica” en Luxemburg – Revista de Sociología, Año 1, N°2, Buenos AiresFliguer, J. Y Gosende, E. (2004) Un nuevo paradigma para el conocimiento académico  profesional en carreras empresariales de posgrado de UCES. Un análisis epistemológico e institucional. Informe de Investigación. Universidad de

Gibbons,M., C. Limoges, H. Nowotny, S. Schwartzman, P. Scott and M. Trow (1994), The New Production of Knowledge. The dynamics of sci-ence and research in contemporary societies, Sage Publications, London, Thousand Oaks, Nueva Delhi.

Polanyi, M. (1958) Personal Knowledge. Towards a Postcritical Philosophy Routledge y Kegan, Londres.

Vasilachis de Gialdino, I. (1992) Métodos cualitativos I. Los problemas teórico-epistemológicos, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires. 


[1] Este trabajo se presentó en la  Primera Jornada de Reflexión sobre la formación de los comunicadores sociales, organizada por la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales. 29 de Octubre de 2005. 

Add comment Mayo 5, 2007

¿Quién le teme al Ombudsman?

por Adriana Amado Suárez

La figura del Defensor de los lectores llega tardíamente a los medios latinoamericanos, casi treinta años después que lo hiciera en la prensa mundial. Si bien, la figura del ombudsman no es extendida, casi todos los países hispanoamericanos cuentan hoy con un diario de prestigio con una activa tarea del defensor de los lectores, lo que no ocurre en Argentina, a pesar de contar con diarios muy importantes. ¿Cuáles son las razones que hace que el puesto del ombudsman no sea una posición extendida? Junto con las razones económicas y estratégicas, la ausencia de ombudsmen en la prensa argentina pone en evidencia una falta de ejercicio de autoreflexión de la tarea de la producción de noticias y la ausencia de un marco ético de aplicación.

Mientras los antecedentes mundiales nos indican la década del sesenta como época de inicio de la práctica del defensor de los lectores, en Latinoamérica, su aparición se demora hasta la década de los ochenta. El diario Folha de São Paulo fue el primero en el continente en adoptarla, cosa que ocurrió en 1989. La figura del Defensor del Lector del diario colombiano El Tiempo se establece en 1992. El diario O Povo de la ciudad brasilera de Fortaleza inaugura la posición en 1994. En Venezuela aparece en abril de 1998, en el diario El Nacional (que recién la institucionalizó en 1999), época por la que aparece en Argentina, con el diario Perfil que dejó de publicarse a los pocos meses. Por ese entonces, otros dos medios argentinos contaban con una persona destinada a establecer un diálogo con sus lectores: la revista de cultura La Maga y la revista de temática femenina Luna. Hoy el impulso inicial ha perdido su vigor.

Claro que hay que reconocer que ni siquiera en países centrales, la institución goza de una posición extendida. Sánchez Piña (citando la recopilación histórica que hace Nauman) señala que, para 1994, había cerca de 1700 periódicos en Estados Unidos y sólo 37 de éstos tenían ombudsmen. Señala también la investigadora que The New York Times, no cuenta hoy en día con una persona designada para el cargo, a pesar de que sus páginas alentaron el concepto del ombudsman.

Una investigación llevada a cabo por Jairo Faria Mendes (1), magister de la Universidade Federal do Rio de Janeiro, concluye que en Brasil, al igual que en América Latina, la figura del ombusdman no se instaló en los medios de forma definitiva. Justifica esta conclusión en el hecho de que apenas tres medios brasileros mantienen el puesto en la actualidad: los diarios Folha de São Paulo (San Pablo), O Povo (Fortaleza) y la radio de este grupo. Apenas cinco años atrás podían incluirse en la lista seis medios más: Folha da Tarde (San Pablo), O Dia (Río de Janerio), Diário do Povo (Campinas, San Pablo), Correio da Paraíba (Paraíba), A Notícia (Santa Catarina), la revista Rumos (Ceará) y la Radio Bandeirantes (San Pablo). Todos estos medios, según Mendes, perdieron la figura de un día para el otro. En el resto de América Latina, el investigador refiero que los diarios El Tiempo de Colombia, y Hoy de Paraguay, son únicos que tienen el cargo en vigencia. A ello habría que agregar el caso de El Nacional de Caracas (2), y la experiencia reciente que impulsa en Bolivia, el Grupo de Prensa Líder para sus ocho diarios asociados. Esta observación no invalida la conclusión general de Mendes, que compara la situación latinoamericana con de los principales diarios de los países centrales, que mantienen el cargo. Cita los casos del Washington Post, The Boston Globe, Chicago Tribune, Los Angeles Times, en los Estados Unidos, El País y La Vanguardia (España), Diário de Notícias y Público (Portugal), Le Monde (Francia), Il Corriere della Sera (Italia), el The Guardian y The Sun (Inglaterra), De Volkskrant de Holanda, el diario Maariv de Israel, los diarios Milliyet y Hürriyet de Turquía, y The Yomiuri Shimbun, de Japón, país que mantiene el cargo en la mitad de sus periódicos. Para este periodista, las razones por las cuales la prensa latinoamericana no cultiva especialmente este recurso de autorregulación de sus funciones son los estrechos vínculos que los medios del continente tiene con los grupos de presión, tanto políticos como económicos, y la lenta consolidación de los derechos civiles, aspectos muy relacionados con el hecho de que en nuestras sociedades el ejercicio de ciudadanía no aparece tan claramente relacionado con los derechos de acceso a la información.

¿A quién defiende el defensor?
La figura del defensor de lectores es una elección que busca brindar a las audiencias una garantía de precisión, ética y equilibrio en la cobertura noticiosa. Al proporcionar un interlocutor en condiciones de establecer un diálogo con los lectores o espectadores, el medio construye su credibilidad y la de sus periodistas a partir de asumir una posición responsable y abierta. Esta decisión se inscribe en el marco de la responsabilidad social de los medios, como recurso de autorregulación de la prensa, dado que se trata de sistemas voluntarios, no oficiales, regulados y financiados por los propios medios. De esta manera, se responde a la invitación de propiciar mecanismos de autocontrol, tal como señala el Código Europeo de Deontología del Periodismo (3), cuando aconseja que “los medios de comunicación deben comprometerse al sometimiento a principios deontológicos rigurosos que garanticen la libertad de expresión y el derecho fundamental de los ciudadanos a recibir informaciones veraces” (artículo 36). Para cumplir con este principio, el Código sugiere la creación mecanismos de autocontrol constituidos por los mismos periodistas, editores, asociaciones de usuarios, académicos, a partir de cuyos juicios se “ayudará al ciudadano, que tiene derecho a la información, a formarse un juicio crítico sobre el trabajo del periodista y su credibilidad” (artículo 37). En el mismo sentido, la participación activa de los públicos también está indicado por el Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO, que en su artículo 5 exige que “el periodista favorezca el acceso del público a la información, y la participación del público en los medios, lo cual incluye la obligación de corrección, la rectificación y el derecho a respuesta” (4).

Quizás sea en este principio filosófico que debamos empezar a buscar las razones por las cuales la tarea se encuentra con dificultades y resistencias para instalarse. No puede olvidarse que si aparece el ombudsman es para responder a los crecientes cuestionamientos que el periodismo comenzó a hacer a mediados del siglo XX de su función, cuando empieza a resquebrajarse la idea de la prensa como Cuarto Poder controlante de los otros tres pilares democráticos. La falibilidad (por su humanidad) de la tarea periodística, y la consolidación de los otros poderes fácticos que entorpecen la investigación y la publicación de las informaciones, llevaron a plantear la autocrítica sistemática de los procedimientos periodísticos, como una forma de anticiparse a cualquier restricción normativa que los gobiernos pudieran imponer a la prensa. Sin embargo, a excepción del caso de Suecia, que incluye la figura del Ombudsman en su Código Deontológico Nacional, la figura es una opción estratégica para el medio, que regula sus funciones a través del Estatuto del Defensor, o los manuales de estilo, tal el caso de El Economista de México, El País de España y El Tiempo, de Colombia. Esta tendencia, si bien ratifica el mecanismo de autorregulación y le da fuerza institucional a la función del Defensor, por otro lado la deja librada al criterio del medio, quien en muchos casos evalúa su conveniencia más desde el punto de vista del marketing de lectores, que desde la defensa de su derecho a conocer la información y los procesos a partir de los cuáles se produce. Éstas son las razones que llevan a Germán Rey, defensor del diario El Tiempo entre 2000 y 2002, a hablar de un “oficio en construcción”:
La característica de “agujero negro” de la Defensoría concentra en ella varios de los asuntos más importantes de la práctica periodística: por una parte, las variaciones y la vitalidad del derecho a la información que es derecho de doble vía, tanto de los dueños, directivos y periodistas como de la ciudadanía. Certifica, por otra, las agudas transformaciones que viven los medios en la escena social, como por ejemplo, las relaciones entre lógicas comerciales y autonomía periodística, el sentido público de la información, la importancia de la complementariedad de los derechos fundamentales con la libertad de expresión, el papel creciente de los medios de comunicación en la gobernabilidad y en general en la democracia, su intervención en la fiscalización de todos los poderes incluyéndose a sí mismos y su intervención en la creación de ambientes o atmósferas sociales (5).

No puede obviarse que parte de la “construcción” del oficio queda en manos de la ciudadanía, dado que la aparición del Defensor de sus derechos como audiencias depende de las demandas de éstas hacia la prensa. La participación activa de la sociedad en la defensa de su derecho a la información se puede constatar en la organización de Consejos profesionales, como el Consejo de Prensa Sueco, que se estableció en 1916 (y cuya función se articula con la del Ombudsman), o el Colegio de Periodistas de Perú. Una instancia de intervención ciudadana también lo constituyen los Consejo de lectores, como el del Diario Zero Hora de Porto Alegre, formado por nueve consejeros seleccionados entre los lectores, o el del Diario Do Grande de Sao Paulo, que tiene un consejo con 10 lectores que se postulan con “el deseo de discutir el contenido del periódico”. Otras formas de participación de la sociedad civil son los observatorios de medios, los foros, los movimientos de lectores y audiencias, las veedurías de medios, entre otras manifestaciones que procuran mejora la calidad informativa, que eventualmente pueden interactuar con el defensor. En cualquiera de los casos, la base de funcionamiento reside en un acuerdo entre empresarios de la comunicación, periodistas y miembros de la sociedad civil para mejorar el proceso de circulación de información pública (6).

A la prensa argentina: ¿quién la defiende?
En Argentina los antecedentes de los mecanismos de autorreflexión son escasos. De hecho, sólo un diario institucionalizó la figura del Defensor: fue el diario Perfil, en 1998, y a pesar de que solo estuvo en circulación unos pocos días, fue el primer medio que estableció que un periodista de trayectoria ejercería la función de Ombudsman para velar que “se observen rigurosamente las reglas profesionales y éticas codificadas en [el] manual de estilo” (7). Como antecedentes de la figura sólo se tiene la del defensor que entre 1991 y 1997 tuvo la revista La Maga, y la que ejercía la periodista Clara Fontana en la revista femenina Luna (también de la editorial Perfil), cuya sección se denominaba “Diálogo con las lectoras” (8). Ninguno de estos medios está en circulación en la actualidad. Cabe recordar que en Argentina muy pocos medios transitaron siquiera el camino de desarrollar un manual de estilo: el diario La Voz del Interior de Córdoba lo elaboró en 1990, y los diarios nacionales Clarín y La Nación lo editaron recién en 1997, sin demasiada difusión entre sus lectores. Estos dos medios son los únicos que hoy cuentan con una especie de protofigura de Ombudsman, que sin cubrir todos los aspectos y funciones que cubre la función, pretende constituirse en un vínculo con sus lectores. El diario La Nación, cuenta desde mayo de 1998 con una columna semanal a cargo de Octavio Hornos Paz que se denomina “Diálogo semanal con los lectores”, en la que se encarga de dar respuestas a las inquietudes de tipo formal y ortográfico que llegan a la redacción. En el caso del diario Clarín, la experiencia es mucho más reciente y consiste en un espacio inaugurado en mayo de 2004 para los lectores, que sale los domingos. A diferencia de las cartas de los lectores que aparecen algunos días publicadas en la sección de Opinión del matutino, éste es un espacio amplio dedicado a la publicación de las opiniones y sugerencias de los lectores, que se complementa con una columna de reflexión a cargo del Secretario de Redacción del medio, Osvaldo Pepe. De acuerdo a la definición de su responsable (9), se trata de un “canal de cercanía y servicios para el lector” destinado a propiciar una cercanía del medio con su audiencia, aunque reconoce que por el momento esta tarea dista de la función más compleja del Ombudsman tradicional. En este sentido cabe recordar que la función del defensor tiene dos aspectos principales: la de controlar el estilo (orientada hacia dentro de la redacción) y la de velar por la ética periodística (que pone el foco en la función de información para con los ciudadanos). Con respecto a las cuestiones formales o de carácter ortográfico, es interesante mencionar que suelen ser las más numerosas y frecuentes, en función de que son las observaciones más corrientes que realizan los lectores. Desde el punto de vista de la ética periodística, aparecen cuestiones menos visibles para las audiencias, tales como indistinción información y opinión, omisión informativa, imprecisiones en las noticias, sesgos en la información, problemas de fuentes, etc. Más complejo aun es el análisis del derecho a la información como derecho ciudadano, que incluye el tratamiento de las minorías, las calumnias y ofensas, el derecho a réplica, que aparecen, cuando ocurre, por iniciativa de especialistas y académicos.

Es curioso observar que en Argentina, las dos funciones aparecen separadas en los dos diarios nacionales que citamos, y en ninguno existe aún la síntesis que demanda un auténtico Defensor de lectores. Y ambos diarios parecen muy distantes de ello. En este sentido, Osvaldo Pepe señala que desde el diario Clarín son concientes de que este espacio para los lectores es una incipiente aproximación a la función de la Defensoría, que tiene como antecedente la participación del medio en el Primer Seminario Internacional de Defensores del lector realizado en diciembre de 2002 bajo la coordinación de la Fundación del Nuevo Periodismo (10).

La modestia de estas funciones se pone en evidencia cuando se las compara con los alcances que reconoce la Organization of News Ombudsman (ONO): velar por la equidad, precisión y responsabilidad del medio, consolidar su credibilidad, investigar las razones que motivaron las quejas del público y recomendar acciones correctivas, mantener informado al director del medio sobre estas inquietudes, constituirse en un crítico interno y representar al público del medio canalizando sus quejas, sugerencias, recomendaciones y observaciones; defender al medio y hacer públicas sus posiciones éticas y líneas editoriales, ya sea a través de una columna periódica o de la participación en actividades colectivas, como conferencias y encuentros con la comunidad. A estas tareas pueden agregarse, dependiendo del caso, el trabajo interno a través de reuniones con los diferentes equipos de la redacción, o desarrollando herramientas de comunicación como memorandos, informes o encuestas entre los colaboradores.

Queda claro que los casos que mencionamos son apenas un esbozo de lo que pretende ser una revisión autocrítica de la tarea periodística, con el agravante de que en las dos instancias analizadas, los periodistas forman parte activa de la redacción, por lo que carecen de la distancia aconsejable para mantener la imparcialidad necesaria para el ejercicio reflexivo.

Entre la ética y el marketing
Como primera aproximación para encontrar una respuesta a la inquietud de por qué la Argentina no cuenta con un Defensor de audiencias en ninguno de sus medios, quizá corresponda analizar las razones que hacen que el puesto del Ombudsman no sea una posición universal en los medios mundiales.

Un factor ineludible es el económico, ya que el cargo idealmente debería estar adecuadamente remunerado, especialmente porque quienes ocupan el rol son periodistas experimentados con una larga trayectoria, y probablemente ocupaban un alto cargo antes de ser nombrados defensores de lectores. Sin embargo, estas cuestiones no son demasiado relevantes, como bien analiza Aznar:

Con ser cierto que un ombudsman conlleva un coste económico tampoco conviene exagerar este inconveniente ya que puede convertirse en una excusa fácil. Es cierto que su coste excluye de la posibilidad de tenerlo a un gran número de medios con poca tirada, plantilla pequeña o escasos ingresos. Aún así sigue habiendo un importante número de periódicos y revistas que hoy por hoy en España podrían contar con un ombudsman, por no hablar ya de las grandes cadenas de radio y de televisión nacionales y autonómicas que manejan cifras de presupuesto millonarias. (…) En todo caso, estamos hablando de un compromiso empresarial con la ética que nadie ha afirmado que tenga que ser gratuito. Precisamente asumir el coste económico de la autorregulación constituye uno de los cambios en la cultura corporativa de los medios que se está demandando (11).

Lo que es cierto es que las experiencias mundiales muestran la falta de conflictos entre el ombudsman y la empresa lo que confirma que el profesionalismo y la ética pueden ser también “un buen negocio”, según sostiene el catedrático canadiense John Virtue. O como observa Aznar, citando un dicho anglosajón, “ethics pays”, dado que los gastos que puede insumir mantener esta función se ven, según los analistas, ampliamente compensados con los beneficios que trae para el medio. No obstante, queda claro que la figura es algo más que una estrategia de marketing. Como señala Xavier, “algunos profesionales y académicos ven el cargo como una eficaz herramienta de marketing y atención al cliente, que busca de establecer un mejor contacto con el lector-consumidor; otros, en cambio, ven el cargo “apenas” como una estrategia de marketing a ser publicitada por el diario” (12).

En última instancia, si se considera los medios como empresas que comercializan un producto, el ombudsman es una figura que apuntaría a reforzar el marketing desde la calidad de los procesos de producción. En este punto se marca una clara diferencia entre las condiciones de desempeño de la prensa en Europa y América del Norte que en los países latinoamericanos tiene que ver con las condiciones precarias de trabajo que los periodistas padecen en la región. No sólo tiene que ver con jornadas de trabajo extendidas (Albarrán) y precarización general de las condiciones de trabajo (13), sino que en muchos países el ejercicio profesional se hace de manera independiente, en calidad de colaboraciones externas a la redacción. Estas condiciones, sumadas a la concentración mediática que extiende a medios diversos procedimientos similares, hacen que los matices editoriales e ideológicos de cada soporte se diluyan, tanto hacia sus productores (los periodistas) como hacia el público, que ve mermada su capacidad de intercambio con el medio.

Aquí aparece uno de los mayores riesgos en lo que puede caer el periodismo empresario, y que bien define el periodista argentino Orlando Barone: “El riesgo más grande de desequilibrio de un diario es su sobredimensionamiento económico y comercial (…). El riesgo es que a medida que el diario se hace millonariamente fructífero, el objetivo del negocio rentable acabe postergando o apartando la vigencia de su eje ético” (14).

En este sentido, como bien señala Sánchez Piña, el dilema de pagar el costo de poner a discusión pública las cuestiones internas y revelar las miserias de la profesión, se resuelve asumiendo que la forma más atinada de establecer un vínculo con las audiencias es a través del crédito que los lectores le asignan a su medio:

A ningún periodista le agrada que su trabajo sea criticado y más aún, un periódico como medio no siempre ve con agrado que su labor, o su forma de actuar, sea criticada públicamente, ya que esto incidiría en la credibilidad de sus lectores. Sin embargo, una forma de demostrar a éstos que se actúa de acuerdo con los principios éticos y con total transparencia es el establecimiento de un defensor del lector, ya que manifiesta la intención del periódico de querer mejorar su labor y de que está abierto a la crítica y al diálogo (15).

Claro que todavía muchos editores consideran que un ombudsman es innecesario, ya que todo editor debe ser por sí mismo un ombudsman. Como bien explica Barone, el defensor es “Un especialista consagrado por la misma empresa a hacer de tribunal sobre las faltas del diario”, razón por la cual “El defensor del lector es obviamente visto con recelo por los redactores, aunque obviamente no se lo ve, ya que trabaja separadamente del resto. Es un fiscal autorizado. Y suele ser tremendo” (16). La observación parece sugerir que, ante semejante amenaza, muchos deciden que es mejor esquivar la responsabilidad.

Otra objeción sería que tampoco está demostrado que la presencia del Defensor de lectores convierta a la redacción en infalible, como señaló en la entrevista personal el Secretario de Redacción del diario Clarín, (y surgió en la charla, de manera inevitable, la crisis que enfrentó el diario El País ante la cobertura del atentado terrorista del 11 de marzo de 2004, y la autocrítica que hizo su Defensora, Malén Aznarez, que demostró que el diario pudo reaccionar, pero sólo a posteriori). Se impone aquí la aceptación de la tarea pedagógica del Defensor, que como tal, implica una labor imperceptible pero constante de enseñanza y ejemplaridad.

En última instancia, todas estas limitaciones no hacen más que mostrar que para que exista la figura del Ombudsman (o la Ombudswoman, para jugar con la falsa etimología inglesa de esta palabra sueca), deben darse múltiples condiciones, cuya observación no deja de ser en sí mismo un interesante ejercicio de reflexión sobre las circunstancias en que se ejerce el periodismo. Partiendo de las sugerencias que realiza Sánchez Piña después de analizar las experiencias colombiana y venezolana de Defensor de los lectores, podemos terminar con las siguientes consideraciones:

· Sin un estatuto o un marco deontólogico, es poco probable garantizar un ejercicio consistente de la función. En las experiencias argentinas queda claro que la figura adopta el perfil de cada representante en la función, sin contar que ni siquiera está prevista la renovación periódica de la persona que ejerce el cargo.

· Dado que no es necesario que el representante de los lectores sea un profesional de los medios de comunicación, es interesante -como clave de apertura del medio a la sociedad- que el cargo pueda ser ejercido por personas conocedoras de los medios, pero ajenas a la redacción. Como señala Sánchez Piña, “es preferible que quien represente a los lectores no sea un periodista de la misma sala de redacción del periódico, ya que tiende a ser más benevolente con sus compañeros de trabajo y pudiera no inspirar la confianza de los lectores” (17). Esto tampoco ocurre en nuestro país, ni en las experiencias actuales, ni en las que las antecedieron.

· Es importante trabajar en el marco social en el que se insertará la función. Está claro que en Argentina los niveles de lectoría son bajos, y han descendido un 30% en los últimos años (18). Pero al margen de las razones económicas que explican superficialmente la pérdida de ventas de los periódicos, no puede dejar de incluirse en el análisis el vínculo de confiabilidad de los medios con la opinión pública. Si bien en Argentina hubo una situación de alto prestigio de la prensa durante la década pasada, los índices apenas se recuperan del brusco descenso que marcaron en el 2002 (19), luego de la crisis institucional del gobierno local y de la percepción que la opinión pública tuvo de la función que el periodismo desempeñó en el suceso. En este sentido, le cabe a los medios argentinos impulsar acciones que los lectores conozcan sus derechos y aprendan a hacerlos valer. Señala Sánchez Piña como caminos Los encuentros con los lectores, las visitas de lectores al periódico y los cursos para lectores sobre cómo utilizar los canales de participación que poseen, que realiza actualmente la Oficina del Ombudsman del diario El Nacional es un ejemplo reproducible en otros medios impresos para proporcionarles las herramientas que los ayuden a participar de una forma eficiente” (20).

La declaración de UNESCO de 1978 precisa que “La información es un componente fundamental de la democracia y constituye un derecho del hombre, de carácter primordial en la medida en que el derecho a la información valoriza y permite el ejercicio de los demás derechos”. En este marco, toda tarea que emprenda la sociedad es saludable. Sin embargo, es esperable que sean los propios medios, interesados en seguir ocupando sus lugares de privilegio en la consideración social, los que impulsen mecanismos de reflexión y mejora de su ejercicio. En este espíritu podría incluirse la tarea pedagógica del Defensor, que enseña a las audiencias en qué consiste la participación que les cabe en el circuito informativo, y de esa manera, los hace más conscientes de los valores que ponen en circulación los medios al elegir una forma de cubrir las noticias. Exista o no un marco legal que proteja el derecho de las audiencias, el Defensor está en permanente defensa de ese derecho. Y es un interesante camino que puede empezar a recorrer la prensa argentina.
 

Conferencia dictada en el contexto de las Jornadas por los 70 años de la Escuela Superior de Periodismo del Instituto Grafotécnico, Noviembre de 2004.

 1 Sindicato Jornalistas Santa Catarina, “Ombudsman não vingou na América Latina”, disponible en http://www.sjsc.org.br/clipagem/clipagem.htm [c. Junio 2004].
2
La figura de Ombudsman se crea en este diario en 1998, y a partir de 2002 toma el nombre de Defensora y está actualmente a cargo de Alba Sánchez.
3 Citado por Villanueva, Ernesto, Deontología informativa. Códigos deontológicos de la prensa escrita en el mundo. México, Universidad Iberoamericana, 1999, pp. 44 y ss.
4 Ibid., p. 32.
5 Rey, Germán, “El defensor del lector: un oficio en construcción”. Sala de Prensa, Web para Profesionales de la Comunicacion Iberoamericanos, s.l.i., Año V, Volumen 2, Edición N° 53, marzo de 2003, http://www.saladeprensa.org.
6 En Argentina, el ejercicio de la reflexión sobre los medios es incipiente, pudiéndose citar como referencias el Foro de Periodismo Argentino, de reciente conformación (FOPEA, www.fopea.org), y la Asociación por los Derechos Civiles (www.adc.org.ar).
7 Perfil, Como leer el diario, Buenos Aires, Perfil, 1998, p. 267.
8 Amado Suárez Adriana y Daniela Blanco, “Algunas experiencias locales e internacionales”, en Dossier “Conferencia Internacional: Autoexamen de la prensa”, Revista Un Ojo Avizor, Edición 15, marzo/abril 2000, p. 34.
9 Entrevista telefónica con Osvaldo Pepe, 29 de junio de 2004.
10 Primer Seminario Internacional de Defensores del lector realizado en la Casa Clavigero de Guadalajara, en diciembre de 2002, bajo la coordinación de la Fundación del Nuevo Periodismo y con el auspicio del periódico Público de Guadalajara, el BID, la Fundación Friedrich Ebert y el ITESO.
11 Aznar, Hugo, “El ombudsman como mecanismo de autorregulación”, Revista Latina de Comunicación Social, Tenerife, Universidad de La Laguna, Número 13, enero de 1999, http://www.lazarillo.com/latina/a1999c/145hugo.htm.
12 Xavier, Mário, “Ombudsman de la prensa, ¿por qué son necesarios?”, Chasqui – Revista Latinoamericana de Comunicación, Quito, CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina), Edición 54, junio de 1996.
13 Amado Suárez A., “La dimensión económica de la prensa argentina: una industria sin información” en Actuales desafíos de la investigación en Comunicación, Universidad Nacional del Comahue, Gral. Roca, Memorias de las VII Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación, (CD-Rom), 2003.
14 Barone Orlando, “¿Para qué sirve el defensor del lector?” Boletín periodismo.com, Edición 77, julio 2004, disponible en http://www.periodismo.com.
15 Sánchez Piña, Zaira, “La figura del defensor del lector en el diario colombiano El tiempo y el diario venezolano El Nacional”. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1999.
16 Barone, Op. Cit.
17 Sánchez Piña, Op. Cit.
18 Según surge de las cifras oficiales publicadas por el Instituto Verificador de Circulaciones, www.ivc.com.ar.
19 De acuerdo un monitoreo que realiza el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, los niveles de credibilidad de los medios de comunicación bajaron de un promedio superior a los 50 puntos durante la década del 90 a 27% en el 2002 (las cifras se pueden consultar en la edición del diario La Nación, del 18 de septiembre de 2002)
20 Sánchez Piña, Op. Cit..

Bibliografía
ALBARRÁN DE ALBA, Gerardo, “Contextos jurídico, político y social del defensor del lector”. Sala de Prensa, Web para Profesionales de la Comunicacion Iberoamericanos, s.l., Año V, Volumen 2, Edición 53, marzo de 2003, http://www.saladeprensa.org.
AMADO SUÁREZ Adriana, “La dimensión económica de la prensa argentina: una industria sin información” en Actuales desafíos de la investigación en Comunicación, Universidad Nacional del Comahue, Gral. Roca, Memorias de las VII Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación, (CD-Rom), 2003.
AMADO SUÁREZ Adriana y Daniela Blanco, “Conferencia Internacional: Autoexamen de la prensa”, Dossier de la Revista Un Ojo Avizor, Edición 15, marzo/abril 2000, pp. 21-34.
ARAUJO SÁNCHEZ, Diego, “Medios: regulación y autorregulación”, Chasqui – Revista Latinoamericana de Comunicación, Quito, CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina), Edición 61, marzo de 1998.
AZNAR, Hugo, “El ombudsman como mecanismo de autorregulación”, Revista Latina de Comunicación Social, Tenerife, Universidad de La Laguna, Número 13, enero de 1999, http://www.lazarillo.com/latina/a1999c/145hugo.htm.
KUNCZIK, Michael, Conceitos de jornalismo. Norte e sul. San Pablo, Editora da Universidade de São Paulo, 2002.
MENDES, Jairo Faria, “Ombudsman: o espaço para autocrítica nos jornais”, Instituto Gutenberg (Centro de Estudos da Imprensa), Brasil, Boletín 24, enero-febrero de 1999, http://www.igutenberg.org.
PERFIL, Como leer el diario, Buenos Aires, Perfil, 1998
REY, Germán, “El defensor del lector: un oficio en construcción”. Sala de Prensa, Web para Profesionales de la Comunicacion Iberoamericanos, s.l.i., Año V, Volumen 2, Edición N° 53, marzo de 2003, http://www.saladeprensa.org.
SÁNCHEZ PIÑA, Zaira, “La figura del defensor del lector en el diario colombiano El tiempo y el diario venezolano El Nacional”. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 1999.
SINDICATO DE JORNALISTAS DE SANTA CATARINA, “Ombudsman não vingou na América Latina”, disponible en http://www.sjsc.org.br/clipagem/clipagem.htm [c. Junio 2004].
VILLANUEVA, Ernesto, Deontología informativa. Códigos deontológicos de la prensa escrita en el mundo. México, Universidad Iberoamericana, 1999.
XAVIER, Mário, “Ombudsman de la prensa, ¿por qué son necesarios?”, Chasqui – Revista Latinoamericana de Comunicación, Quito, CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina), Edición 54, junio de 1996.

Add comment Noviembre 1, 2004

El periodismo en la era de la incertidumbre

por Carlos Massa 

Discurso de apertura- Jornadas por los 70 años de la Escuela Superior de Periodismo del Instituto Grafotécnico-2004-

Nos encontramos aquí con la intención de conmemorar, hacer memoria conjuntamente, volver a los orígenes para actualizarnos originalmente. La excusa: los 70 años de trayectoria del Instituto Grafotécnico. Y creo que es válida la pregunta: ¿qué es digno de ser conmemorado? El juego mnemónico nos propone siempre la  retención de algo y el olvido de otras cosas. Este recorte es el que nos convoca bajo la pregunta qué es lo digno de ser recordado y celebrado y para qué recordamos o conmemoramos. Y tal vez surjan las primeras reflexiones, aquellas que pensaron nuestros antecesores allá por 1934 y que hoy nos invocan nuevamente.   Las plantearía a partir de esta pregunta: ¿Cuál el es desafío que se nos presenta al re-pensar al Instituto Grafotécnico como institución formadora de periodistas en el contexto hoy mucho más amplio de las Ciencias de la Comunicación? Y al reflexionar sobre el largo camino de nuestra escuela y comparar etapas y vivencias, descubrimos que este camino está acompañado por otras trayectorias, paralelas, que entretejieron este caminar.  De aquel periodismo que se proclamaba independiente a un periodismo atravesado por las variables económicas, atrapado en las redes políticas, obedeciendo a estrategias sociológicas, jugando en los campos simbólicos legitimados socialmente.  De un periodismo que se cristalizaba gráficamente, a un periodismo que abarca múltiples propuestas comunicacionales, que ha adoptado los códigos complejos del lenguaje audiovisual, que se hibridiza, como otros tantos fenómenos culturales contemporáneos, con la publicidad y el espectáculo.  De aquel periodismo pretendidamente objetivo a un periodismo  acotado en el juego de las   interpretaciones, y sus reglas subjetivas. De aquel periodismo cuyo criterio de verdad se sostenía en el supuesto carácter especulativo del intelecto  respecto del hecho-en-sí, que pretendía ser reflejo de la realidad sin mediaciones, con fundamento en el logos en tanto razón, una noción de logos avalada desde aquella sentencia parmenídea en la que el ser y el pensar se autoexigen en una referencia absoluta.  Un periodismo que se concebía capaz de postularse como verdadero en relación a criterios de verificabilidad reales/objetivos, criterios de verdad absolutos como soporte de esquemas de vida prefijados, principios que mostraban como seguros caminos a seguir;  a un periodismo que asume la tarea de relatar una realidad desustancializada, estallada, condenada a su construcción/ destrucción eterna según los criterios de cada época. De un periodismo del que se decía que era la primera forma de contar la historia, a un periodismo obligado a construir subjetivamente los fragmentos de esta historia polivalente, revisada, reconstruída periódicamente como  una condena prometeica.            Esta trayectoria no sólo describe la evolución de las comunicaciones, sino que también refleja el  devenir del lo humano, su cotidianeidad, sus construcciones de la realidad; trayectoria que revela las tensiones que señalan el ocaso de  los viejos tiempos modernos y la aurora de la era de la información, en las postrimerías de la controversialmente llamada posmodernidad.   Trayectos que se fueron legitimando a partir de un plexo de valores, entramado axiológico  resultante de una concepción alejada de toda duda. Su aceptación no era discutida. Las reglas del juego eran claras y la realidad se dejaba traducir fácilmente  por los flujos comunicacionales.  La pregunta sería entonces: ¿qué valores, asumiendo la relatividad de esta noción en un contexto de crisis, tienen que regirnos, tienen que marcar nuestro norte?. ¿Qué discurso axiológico  nos puede comprender en un horizonte de sentido, qué suelo físico o metafísico será capaz de soportar el peso de las incertidumbres contemporáneas, el desamparo  vital que en un mismo movimiento nos deja huérfanos y que, desde la precariedad y el abandono, nos ofrece a la vez la mayor libertad, a partir de la cual todo está por construírse?….            Si el dios de la modernidad ya no existe; si la metafísica se olvidó del ser, y con ella todo occidente vuelve a replantearse, a cuestionarse su dirección metafísica; si los grandes relatos murieron, y no hay discursos justificadores que nos ofrezcan cosmovisiones totalizadoras; si el sujeto se desustancializó, con todas sus heridas narcisísticas, volviéndose permeable a ser atravesado por todo discurso comunicacional que se presente como explicativo de la realidad, manual de un mejor vivir: pasividad posmoderna del sujeto acrítico, confortablemente adormecido; si se declararon todos los fines posibles: de la historia, de las utopías, de las ideologías, de los estados nación, emergiendo propuestas de pensamiento únicas, ¿qué fundamento entonces podría sustentar un nuevo sentido para nuestra acción?  Decir que en estos tiempos ganados justamente por la incertidumbre es conveniente detenernos y pensar de nuevo  es la osada valentía de reconocerse en lo actual. No en lo actual concebido como la  engañosa cristalización de una moda sino la ardua tarea de reconstruir nuevas verdades que nos sustenten en una estructura de sentido. Decir que en estos tiempos es valiente detenernos a pensar, a convenir, consensuar orientaciones, es el móvil para invitarlos a estas jornadas que nos dejaran con la efímera certidumbre de haber propuesto al menos algunos sentidos. Desde una visión antropológica vincular, el desafío inicial consiste en reconvertir nuestros vínculos tan violentos,  en vínculos libres. Vínculos construidos no desde la libertad del dejar hacer sino desde la posibilidad de promocionar al otro desde nuestra precaria, inestable y efímera humanidad. Agotadas las estadísticas intencionalmente escondedoras de los males sociales, nos debemos los argentinos  merecidos ejercicios de libertad que  constituirán los contextos a partir de los cuales medir nuestras estrategias comunicacionales. Reconvertir como fundamento el logos-en-tanto-razón en logos-comunicación: la posibilidad de coordinar planes de acción sobre la base de acuerdos motivados racionalmente, acuerdos que puedan entretejer una urdimbre cada vez más abarcativa, superadora de lo individual.  Pensar, en definitiva, en razones que otorguen fundamento a una comunidad de comunicación, en la que  las diferencias queden abarcadas por ejercicios de libertad que nos promuevan en tanto sociedad. Ejercicios de libertad que sirvan de suelo dador de sentido, de valores quizás, que en su misma precariedad nos inviten nuevamente a detenernos y a repensarlos en otra jornada como ésta. 

Add comment Octubre 28, 2004


Calendar

Diciembre 2009
L M X J V S D
« Nov    
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

Posts by Month

Posts by Category