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Narrativas hipertextuales: hacia una redefinición del concepto de hipertexto

Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda,
Seguiremos narrándolas, transformadas.
Jorge Luis Borges, Los cuatro ciclos.

La noción de hipertexto inspiró gran profusión de ensayos desde la década de los ochenta, algunos provenientes de la ingeniería informática y en relación con la revolución cultural originada por la irrupción de las nuevas tecnologías de la información, en cuyo contexto, hipertexto designa al texto electrónico; otras, provenientes de la teoría literaria y los estudios semiológicos, en las que el término comenzó a utilizarse para definir una de las modalidades de producción literaria, cuya acepción, sobre todo en el caso de Gerard Genette, es diferente y designa la relación entre textos literarios.
Sin embargo, en la misma época, surgen interesantes conexiones entre las corrientes teóricas que analizan la dimensión tecnológica del hipertexto, es decir, el uso del texto digital y sus implicancias, entre varias, el posible desplazamiento del texto impreso por el texto electrónico y otras preocupaciones referidas al futuro del libro; por otra parte, los estudios provenientes de la semiótica, la teoría literaria y la filosofía, que analizan la dimensión metafórica del hipertexto.
Si bien la proliferación de ensayos sobre el tema y la carencia de una definición unívoca del término generó cierto caos conceptual, podría considerarse que en los últimos tiempos y, a partir de ciertos aportes teóricos que intentaremos sintetizar en el presente trabajo, el concepto de hipertexto asume la categoría de metáfora apta no sólo para caracterizar al texto digital o a cierto tipo de texto literario, sino también, en un sentido más amplio, como una noción válida para caracterizar las producciones culturales contemporáneas.
Intentaremos una redefinición del concepto de hipertexto a partir de la recapitulación del origen del término y de la revisión de las diferentes acepciones que fue asumiendo a partir del aporte de autores provenientes de diversas disciplinas, con la intención de unificar criterios que pueden ser contradictorios sólo en apariencia.
Nos proponemos, por último, ejemplificar esta redefinición a algunos aspectos de la obra cinematográfica del cineasta australiano Baz Lurhman.
Haciendo historia: el hipertexto electrónico.
El primero en utilizar el término hipertexto fue el ingeniero norteamericano Théodore Nelson en un congreso de 1965 y en referencia a una nueva modalidad de escritura en computación, según la cual cada unidad textual podía dar paso a un acceso no secuencial. Nelson retomaba entonces las ideas del ingeniero en informática Vannevar Bush[1], quien en un artículo de 1945, que hoy se considera profético, generó el proyecto de un sistema de almacenamiento del saber humano gracias al cual cada usuario podría interconectar a gusto todo tipo de documentos para crear otros.
Correspondió a Ted Nelson, sin embargo, la invención de un sistema de archivación de información que dio origen a la actual Internet. Su sistema, al que bautizó Xanadú[2], permite la transmisión de documentos interconectados. La estructura de Xanadú es concebida como una red destinada a “proveer millones de documentos a millones de usuarios que en forma simultánea siguen las conexiones y las ventanas a través del cuerpo de un hipertexto en continuo crecimiento”[3]. Para Nelson, el pensamiento y el habla son intrínsecamente hipertextuales. Sólo cuando escribimos reordenamos las ideas que surgieron de manera arborescente y las colocamos en la secuencia requerida por la lengua escrita. El texto, según Nelson, puede ser comprendido sólo como una estructura en evolución, casi proteiforme. A partir de esta idea de Nelson, el término se aplicó en el ámbito de la informática y de las ciberculturas a toda producción de textos que no fuese lineal o secuencial. El hipertexto como metáfora
En su libro Tecnologías de la inteligencia, el francés Pierre Lévy considera un aspecto tecnológico y un aspecto metafórico de la hipertextualidad. En un sentido muy simple, un hipertexto es un conjunto de textos unidos por enlaces o links. Pero Lévy utiliza este concepto como metáfora de una tecnología intelectual que abarca el trabajo colectivo distribuido entre conjuntos de máquinas y humanos, con el objeto de aumentar el funcionamiento de los grupos. Para Lévy, el hipertexto es una metáfora que representa el trabajo en colaboración entre grupos de máquinas (redes) y grupos de humanos (comunidades).
En relación con esta noción de Pierre Lévy, es interesante el aporte del filósofo argentino Alejandro Piscitelli, quien señala que, si bien la digitalidad es la materia del hipertexto, no es su condición única. Para el filósofo argentino, bien podría considerarse que esa condición metafórica a la que Lévy se refería, lo transforma en “un concepto útil para describir la estética y la cultura de nuestro tiempo: los acontecimientos no se desenvuelven linealmente, las posibilidades narrativas son múltiples, las narrativas se desarrollan como procesos interactivos entre autor y lector”[4]. Todos estos conceptos están presentes en la red, pero también se encuentran en otros soportes: en la llamada corriente del fluir de la conciencia en literatura o en la obra de los escritores del llamado boom latinoamericano, en el cine que provoca un quiebre de la narrativa lineal; todos estos hechos culturales presentan rasgos de hipertextualidad y requieren del lector una modalidad de lectura participativa.
Las teorías de Nelson pasaron al ámbito de la teoría literaria por el interés que despertaron en George Landow, profesor de literatura inglesa en la universidad norteamericana de Brown, autor de una de las recopilaciones más importantes sobre el tema y miembro de la llamada Escuela Posmoderna de Ficción. Inspirado en el enfoque semiótico de Roland Barthes y la teoría de la deconstrucción derrideana, Landow concibe al hipertexto como un medio que conecta informaciones verbales y no verbales. La hipótesis de Landow es que el hipertexto cambiaría radicalmente las experiencias de la lectura y la escritura y aún el concepto mismo de texto.
Según Landow, el hipertexto atomiza al texto de dos modos: por un lado, en relación con la composición, elimina la linealidad de la imprenta, liberando cada párrafo de su colocación dentro de un orden secuencial. Por otro lado, en relación con el modo con que se accede al hipertexto, destruye la idea de un texto unitario y estable, con lo cual, reformula los roles tradicionales del autor y el lector. El hipertexto reclama un lector más activo, un lector que no sólo debe elegir sus recorridos de lectura sino que tiene la oportunidad de leer como si fuera autor. A la lectura lineal que impone el texto impreso se agrega un nuevo hábito de lectura que surge del acceso al hipertexto, una lectura arborescente o en profundidad a partir de hipervínculos.
El autor, de este modo, cede parte de su tarea al lector, tendencia que se acrecienta en tiempos de Internet a partir de la escritura en colaboración: una modalidad de escritura interactiva creada con el aporte de usuarios que participan desde contextos geográficos, sociales y culturales diversos y en tiempos también diversos.
El escritor de hipertextos confiere de ese modo mayor poder al lector, aun cuando parece hacer más difícil su tarea. Casi todos los autores que teorizaron sobre el tema ven en esta tendencia a la producción de hipertextos, una mutación de paradigma, que señala una revolución en el pensamiento humano; no sólo se manifestaría una alternancia de la escritura electrónica en relación con el texto impreso, con las ventajas y desventajas que este proceso conlleva, sino una revolución cultural con implicaciones profundas para la literatura, la educación y la política.
Sería válido concluir entonces que la hipertextualidad es una característica de cierta producción cultural contemporánea, una tendencia que Internet no crea, sino que sólamente incrementa.

Continue Reading 2 comments Octubre 15, 2009

Una de Miedo

Por Aldana Chiodi

Cuando terminé de ver el documental Bowling for Columbine, del productor y director Michael Moore, sentí un gran escalofrío al percibir las similitudes entre su hipótesis sobre lo que ocurre en la sociedad estadounidense y lo que se percibe que sucede en nuestra sociedad, sobre la violencia, la pobreza y el miedo.

Michael Moore plantea que la sociedad estadounidense es más violenta y tiene gran cantidad de armas en su poder, porque tiene miedo y se siente insegura. Luego de comparar las características de los Estados Unidos con las de otros países desarrollados, como Canadá e Inglaterra, llega a al conclusión de que en todos los países se ven películas violentas, se usan jueguitos electrónicos con “tiros y patadas”, se escucha música “pesada” y los adolescentes viven alienados por el consumo y las modas. Por lo tanto, sostiene el autor, la diferencia es lo que los estadounidenses miran en los medios de comunicación, en especial, en la televisión y en los informativos.

Michael Moore plantea, al igual que autores como Vilches, el tema de la manipulación de la información y el uso-abuso de estereotipos. En este caso, la televisión manipula la información mostrando aquello que produce miedo e inseguridad en las personas. Esto es así, porque, al parecer, detrás de ese miedo se esconden negocios millonarios. Vilches, en su libro “La televisión: los efectos del bien y del mal”, plantea que este medio es capaz de determinar la percepción que tenemos de la realidad. Entre las referencias que hace, cita la investigación de Gerbner, quien plantea que el problema ante la violencia en la televisión no es que genere violencia en los espectadores, sino que produzca miedo al sentir que pueden ser víctimas de la violencia, sobre todo, por parte de determinados actores sociales que se muestran estereotipados. En el caso de los Estados Unidos, serían los negros y los latinos, que son vistos y percibidos por la población como inferiores, violentos y ladrones.

Además, en el documental se muestra que hay programas como Cups (policías), que se enmarcan dentro de los programas híbridos a los que hace referencia Ford, ya que se realiza un tratamiento humorístico de las cuestiones sociales graves. De este modo, se plantea lo que el autor llama una distancia emocional: “los problemas no me ocurren a mí, sino ‘al otro’, pero en ese ‘le pasa al otro’ también puedo sentir ‘me puede pasar a mí’. Por eso, el miedo y la inseguridad de la sociedad estadounidense.
En este programa, el director del documental, también muestra cómo se manipula la información y cómo se busca “al otro” culpable. En los Estados Unidos, casi todas las noticias en los informativos son sobre violencia, asesinatos, violaciones, delitos y asaltos y, casi siempre, el culpable es un negro o un latino, que, además, es pobre. De esta manera, se asocia la violencia a la pobreza y se genera miedo en la sociedad y un rechazo hacia el distinto.

Al hacer una simple comparación con la Argentina, podemos tomar el caso del programa Policías en acción. En este programa, además del formato híbrido al que se refiere Ford, se muestran todos episodios violentos que ocurren en el Gran Buenos Aires y son protagonizados por gente que, en general, es pobre y vive en las villas de emergencia. En nuestra sociedad también se rechaza y hay prejuicios sobre los pobres porque también se los asocia con la violencia. Estos programas no sólo hacen una discriminación encubierta, sino que también contribuyen a generar prejuicios y miedos, contribuyendo a formar estereotipos. Si a esto le sumamos que en los noticieros argentinos también se ven cada vez más historias violentas y la mayoría de las noticias giran en torno a la inseguridad, vamos en camino a parecernos cada vez más a la sociedad estadounidense. Lo que no implica buenos augurios.
Por último, podemos hacer una relación con lo que plantea Umberto Eco en su artículo “La transparencia perdida” (1983), ya que se observa una de las características de la neo televisión. La televisión que reemplaza, a partir de la década de 1970, a la paleo televisión, explota a fondo el masoquismo de los espectadores, porque el programa se mira, el programa atrapa y se permite caer en un doble juego. Por un lado, se plantea que lo que se muestra es la vida misma, es lo que pasa en la realidad y es lo “normal”, pero por el otro contribuye a generar miedos y prejuicios.

Ya que sabemos lo que pasa en otras sociedades, sería bueno poder prevenir las mismas consecuencias sobre la nuestra. Sólo es cuestión de que las instituciones funcionen, nada más y nada menos. Así no nos vemos obligados a ver una película de suspenso y miedo.

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