Géneros discursivos

1. Géneros discursivos

Al abordar la redacción (o la lectura) de un texto académico, sería productivo formularse algunas preguntas cuya respuesta adecuada pueda ayudarnos en el proceso de escritura. Algunas de ellas podrían formularse así: ¿qué tipo de texto (estructura-formato) espero producir? ¿Quién/es son mis destinatarios y qué esperan de mi producción? ¿Cuál es el estilo (nivel de lengua) apropiado para esta producción?

Responder a estas preguntas implica conocer que los diferentes tipos de textos producidos en cada esfera de la actividad humana corresponden a un determinado género discursivo, es decir, a formas relativamente estables de enunciado, que presentan reiteraciones en cuanto a tres factores:

a) contenido,
b) estructura,
c) estilo.

A partir de este concepto, que propuso Mijail Bajtin en su Estética de la Creación Verbal, se pueden establecer géneros simples o primarios, ligados a la producción oral (monólogo radial, discurso protocolar) y/o a la producción escrita de circulación cotidiana (carta comercial o íntima, recetas, instructivos), que no requieren de gran elaboración y, por otra parte, se considera a los géneros complejos o secundarios (literarios, periodísticos, científicos) que se relacionan fundamentalmente con la escritura y que, debido a su finalidad comunicativa, presentan una elaboración mayor.

2. Los géneros secundarios: géneros literarios, periodísticos, científicos.

2.1. Géneros literarios:

a. Habiendo mencionado en párrafos anteriores la distinción entre géneros primarios y secundarios, centrémonos ahora en los llamados géneros secundarios. Si pensamos en el modo con que accedemos a la lectura de una novela, de un poema o de una obra de teatro, advertimos que la organización misma del texto en cada caso es diferente: en el caso de la novela o del cuento, el autor narra una serie de hechos de carácter ficticio en una sucesión temporal; en el caso del poema , hay una disposición del texto que contempla la sucesión de versos (cada línea) dentro de un determinado formato (estrofa), o no (serie indefinida), cuyo contenido no es una narración sino la expresión de sensaciones (eventualmente, ideas o sentimientos) pero cuya esencia radica fundamentalmente en el ritmo, en la musicalidad del conjunto. La obra de teatro, a diferencia de la modalidades ya expuestas, se basa en una acción jugada por personajes que dialogan sobre un escenario; el texto teatral o dramático presenta esencialmente un diálogo que revela acciones y conflictos de los personajes más las acotaciones escénicas que resolverá el director en la puesta teatral (se detallan el tono y ritmo de los parlamentos, los gestos y movimientos de quienes componen el reparto, la estructura espacio-temporal de la pieza, las cualidades del decorado, el vestuario, el maquillaje, los efectos sonoros y la iluminación.

De un modo muy simple, hemos planteado un acercamiento a los géneros literarios desde el punto de vista de la estructura, del contenido y del estilo. El cumplimiento de estas reglas por parte de los escritores revela su comprensión de la materia tratada (en este caso, la literaria) y de ese modo, se asegura que el lector (destinatario) acceda al texto con una comprensión mínima de la intención que tuvo el escritor al producir el texto.

 Géneros ficcionales y no-ficcionales

¿En qué se diferencian los textos literarios de otros textos que no lo son? Sencillamente, en principio, por la naturaleza esencialmente ficcional de los géneros literarios. El autor y el lector convienen suspender la incredulidad ante el hecho literario y entienden que aún las novelas o cuentos cuya inspiración es histórica o basada en hechos reales, por el simple hecho de haber sido concebidos como materia literaria, pasan a ser técnicamente ficcionales y no debería entonces exigírsele fidelidad a la verdad histórica. Este aspecto de lo literario es fundamental a la hora de considerar las posibles conexiones de algunos géneros ficcionales con otros no-ficcionales. Tal es el caso de la relación entre la narrativa literaria (cuento, novela) y la narrativa periodística (crónica). La novela histórica, por ejemplo, se confunde en muchos casos, con el ensayo histórico (género científico-académico). En otros, la ficción y la historia se fusionan en una sola obra, como en el caso de célebre Facundo de Sarmiento.

2.2. Géneros periodísticos

Los géneros periodísticos están permanente cambio y crisis pero en una clasificación muy general, se ha considerado siempre la existencia de géneros de información y géneros de interpretación u opinión. Entre los primeros se incluyen la noticia breve y la crónica de sucesos y entre los segundos, la crítica, el comentario, el editorial, la columna, el artículo.

Se supone que el periodismo construye su discurso sobre la realidad histórica, que opera como materia prima de la cual debería dar cuenta. Sin embargo, es común hoy en día, que las crónicas policiales o de sucesos diversos, presenten modalidades propias de la ficción. Sin embargo, a los fines de este curso, es necesario destacar que la producción periodística no es esencialmente ficcional y por lo tanto sus géneros, más allá de la estructura que cada uno presenta y que el periodista debe conocer técnicamente, supone un estilo y un tratamiento acordes con la finalidad esencial del texto periodístico: informar (noticia, crónica) o reflexionar (artículo, crítica , comentario) sobre la realidad.

2.3. Géneros científico-académicos

Los géneros académicos se superponen con los géneros científicos. Su finalidad es la exposición y discusión de ideas, desde el simple informe que sintetiza y reordena lecturas hasta el tratado científico de gran extensión y complejidad, pasando por las producciones monográficas y de investigación que pueden convertirse en trabajos finales o tesis de grado o postgrado.

3. Los formatos discursivos: exposición, narración, argumentación.

Además de un reconocimiento amplio de los géneros discursivos, la producción académica supone el reconocimiento de formatos discursivos básicos, cuya producción se alterna en la escritura de un mismo texto, según la finalidad perseguida, a saber:

a. La información/ exposición: el informar supone esencialmente una reducción de la subjetividad de quien enuncia (no incluye opiniones o creencias sin fundamento; desde el punto de vista estilístico, el modo verbal que opera como eje es el indicativo y se evita el recurso de la adjetivación de tipo axiológico o moralizante. Las frases tienden a la brevedad; no se incluyen incisos extensos que puedan desviar la atención de la exposición de los temas centrales). El texto expositivo puede centrarse en la descripción de un fenómeno, por medio de la definición, caracterización, enumeración, ejemplificación o comparación; en el desarrollo de una idea, por medio de la secuencia, proceso, relación de componentes, inducción o deducción; y en el análisis de un problema, por medio de la clasificación o analogía. Entre los textos expositivos podemos ubicar algunos tipos de ensayos, textos pedagógicos, didácticos y científicos, artículos, reseñas e informes.

b. La narración: es el relato de acontecimientos que se desarrollan en el tiempo y se presentan con un orden lógico y cronológico. En ocasiones, ese orden se altera deliberadamente con finalidad estética. Una narración puede incluir la descripción, es decir, la caracterización de objetos, espacios, problemas, situaciones; los tiempos verbales viran al uso del presente o del pretérito imperfecto

c. La argumentación: es la exposición y defensa de ideas mediante fundamentos que implican una concatenación de juicios y razonamientos. Se trataría de aquellos textos que aportan pruebas para intentar convencer de un determinado punto de vista o para afirmar la validez de una opinión. En este texto se busca adhesión del lector a la tesis, y para ello se utilizan la sustentación y la demostración.

Las producciones académicas se caracterizan por el uso del discurso informativo-expositivo (la base del informe, en que se recopilan datos que se exponen con cierto orden y objetividad) y el discurso argumentativo que está destinado a la exposición de ideas y el planteo de las discusiones posibles en torno al tema abordado, la confrontación de los fundamentos a favor y en contra de las afirmaciones enunciadas, para arribar finalmente a conclusiones coherentes con las ideas expuestas.

4. El texto argumentativo

El arte de la argumentación se origina en Grecia y se desarrolla, con variantes, hasta la actualidad; sus bases se remontan a la antigua retórica y a la dialéctica filosófica, de fuente platónica y aristotélica.
4.1. La retórica:
En la cultura griega se denominó retórica al arte de los retores (oradores), una antigua disciplina cuyo objeto de estudio es el conjunto de procedimientos para idear, organizar, recordar y pronunciar discursos, originalmente orales. En este sentido, se ocupa tanto de la organización del texto como de otras cuestiones que hoy llamamos pragmáticas: las relacionadas con el orador, el público, el referente y el contexto en que tiene lugar la comunicación. Desde un punto de vista didáctico, se recurre a la retórica clásica, en la medida en que proporciona una estructura clara y una forma de organización ordenada para la producción de textos argumentativos.
4.1.2. Las operaciones retóricas para la producción de discursos argumentativos
Aristóteles postula en su Retórica cuatro partes sucesivas para la elaboración de un discurso:
• la inventio, que es el conjunto de operaciones para encontrar qué decir, en otras palabras, la búsqueda y selección de los temas apropiados a la situación;
• la dispositio, que implica el orden de lo que se ha encontrado durante la inventio;
• la elocutio, durante la cual se agrega el “adorno de las palabras”, de las figuras retóricas, con la finalidad de hacer comprensible el discurso para el receptor;
• la actio, en la cual el orador representa el discurso como un actor, es decir, lo realiza mediante la voz y los gestos, ya que la retórica clásica se orientaba a la oratoria, fundamentalmente, política.
Para la dispositio, que implica la estructuración de los elementos conceptuales en el discurso, algunos retóricos proponen cuatro grandes partes:
a. la introducción, cuya finalidad es, por un lado, despertar la atención del público y, por otro, presentar el plan de la argumentación;
b. la exposición de los hechos o narración, en la que se presenta información pertinente sobre el tema en cuestión;
c. la exposición de los argumentos, momento del discurso en que se presentan pruebas o razones. Comprende a su vez tres elementos: a) una definición resumida de la cuestión, b) la exposición propiamente dicha de los argumentos a favor de lo que se quiere demostrar y c) la altercatio, que es una especie de diálogo ficticio en el que el orador se enfrenta con el adversario. La refutación es una respuesta a los argumentos del oponente, argumentos que éste ya pudo haber pronunciado o que el orador anticipa como futuras objeciones y, según varios tratadistas, forma parte de la altercatio;
d. el epílogo o clausura del discurso, en el que se resume el tema, recapitulando lo ya dicho, y se apela nuevamente a los sentimientos del auditorio.
4.2. La dialéctica: conexiones con la exposición
Según el Diccionario de la R.A.E., la Dialéctica es aquella “ciencia filosófica que trata del raciocinio y de sus leyes, formas o modos de expresión”, y cuyo fin principal es probar algo, bien para refutarlo, bien para persuadirnos de ello, procurando siempre atraer la simpatía del lector u oyente. Por ello está estrechamente ligada a la Lógica, a la Retórica e incluso a la Didáctica. El procedimiento dialéctico principal es la argumentación, forma de razonamiento que domina en las disciplinas humanísticas. De acuerdo con la diferenciación aristotélica entre actividad práctica (constituida por el lenguaje) y saber teórico, se puede definir la argumentación como el método por el cual se puede llegar al conocimiento de lo que es apropiado para la acción práctica de las diferentes situaciones. Las bases de la argumentación se derivan de la impresión de verdad, de lo probable o del consenso transmitido a través de la historia, de la experiencia política y social común entre el emisor y el destinatario de las argumentaciones, porque a lo que la argumentación aspira es a lograr el convencimiento, es decir, a un adecuado cambio en las opiniones como (nuevo) consenso. Por eso es esencial la cuestión de qué criterios pueden servir a los interlocutores de la argumentación para decidir cuál de las afirmaciones en conflicto es aceptable, y es imprescindible partir de lo que se ha dado en llamar acuerdo con el auditorio, es decir, desarrollar premisas que puedan ser comprendidas por los destinatarios porque se correspondan con sus conocimientos, sus experiencias e ideologías. Los argumentos empleados deben ser, en definitiva, un medio de persuasión que provoque razonamientos o juicios propios, un medio racional que elimine dudas y conduzca a la toma de decisiones. Las fronteras que delimitan los textos expositivos de los argumentativos son verdaderamente confusas, tanto que existen líneas de investigación teóricas que conciben el texto argumentativo como una forma más de expresión de la exposición. Así, las exposiciones en forma argumentativa serían aquellas en las que se analizara un tema atendiendo a criterios de razón y estableciendo relaciones causales entre los datos obtenidos del análisis. Se caracterizarían, pues, por el análisis lógico o conceptual del tema tratado: se exponen las razones y los datos que tenemos para defender nuestra opinión sobre un tema con el fin de que nuestra opinión sea aceptada.
Los textos expositivos que globalmente tienen forma argumentativa pueden presentar dos tipos de estructura:
– La estructura de causa-efecto, propia de aquellos cuyo objeto es analizar las causas de un hecho determinado o bien las consecuencias que de ese hecho se derivan. Por ejemplo, un informe acerca de la contaminación de un determinado río presentará probablemente la estructura de causa-efecto. Son característicos de este tipo de estructura los conectores que expresan causa (porque, ya que, puesto que, debido a, por ello, por este motivo, etc.) o consecuencia (por consiguiente, en consecuencia, así que, luego, por tanto, etc…).
– La estructura de problema-solución, característica de los textos en los que se aportan soluciones a hechos o situaciones adversos (una enfermedad, una crisis económica, los incendios forestales, el hambre en el mundo…). Se trata de una estructura que, a menudo, aparece asociada a la estructura de causa-efecto. Los conectores propios de la estructura de problema-solución suelen indicar la propuesta de soluciones (la primera medida, otra solución…). Otro punto de conexión entre las argumentaciones y las exposiciones es la demostración: los hechos o datos expuestos están destinados a demostrar una idea. Sin embargo, existen diversas características que dotan de la suficiente independencia a las argumentaciones. En ellas, por ejemplo, y a diferencia de los textos expositivos, siempre se defiende una tesis o idea principal de forma razonada, mediante la utilización de diversos argumentos que la apoyan.

5. Tipos de argumentos
La persuasión mediante la comunicación, como forma lingüística argumentativa, con la finalidad de conseguir el consenso, se logra, según hemos visto, mediante el cambio de significados, de ideas, del destinatario de nuestra argumentación. Para ello se sigue el esquema “A precisa de B para conseguir el objetivo X”, siendo “A” el destinatario, “B” los argumentos ofrecidos por el emisor, y “X” la persuasión final de “A”. Esta persuasión ha de lograrse siempre mediante la libre aceptación de las ideas que el emisor le brinda, y sin llegar a la coacción propia de ciertas formas de comunicación persuasiva. Para conseguir atraer al destinatario hacia el punto de vista del que parte el emisor del texto o discurso los argumentos que éste use han de ser eficaces, han de provocar en quien los lea o escuche una cadena de razonamientos lógicos que lo lleven irremediablemente hacia la posición de la tesis defendida.
Existen numerosos tipos de argumentos, siendo quizá los más valorados los siguientes:
5.1. El argumento analógico: es aquel que establece paralelismos entre lo argumentado y otro hecho, una forma de aclaración que facilita su comprensión por parte de los destinatarios. Este tipo de argumento se basa en la relación de semejanza entre dos hechos, y suele seguir la estructura “A es a B lo que C es a D”.
5.2. El argumento mediante ejemplos: casos particulares como anécdotas, cuentos, metáforas, citas literarias, etc., se utilizan para extraer una regla general.
5.3. El argumento de autoridad : se fundamenta en el respeto que merece una persona de prestigio social o intelectual que ha opinado sobre el tema objeto de nuestra argumentación. Existen varias formas de expresar los argumentos de autoridad: de forma directa (cuando la persona citada trató precisamente ese tema) o de forma indirecta, por analogía (la opinión empleada no se corresponde exactamente con el tema tratado, pero apoya el problema que planteamos).
5.4. El argumento de presunción, que se apoya en ideas que están vinculadas al principio de verosimilitud.
5.5. El argumento de probabilidades, que se apoya en datos estadísticos o en el cálculo de probabilidades, y su importancia proviene de estar sustentado sobre bases reales (carácter empírico del argumento).
El autor de un texto argumentativo puede tratar de demostrar la tesis que defiende no sólo mediante la utilización de argumentos en favor de sus ideas (argumentación secuencial) Por el contrario, es frecuente la inclusión de argumentos que las refuten, para a continuación destruirlos mediante razonamientos lógicos (argumentación dialéctica). Se trata de una técnica agresiva con la que demostrará a sus lectores u oyentes que todas las objeciones posibles a su tesis han sido comprobadas e invalidadas.

6. Estructuras argumentativas
Los elementos principales que intervienen en la argumentación son, como hemos visto, la tesis o idea principal, y los razonamientos que la defienden. El orden en el que aparezcan en el texto depende del efecto que quiera conseguir el autor y del razonamiento que siga. Así, si el método que ha seguido en el proceso argumentativo es inductivo (se inicia la argumentación con hechos concretos para hallar o inducir una norma general que los explique). La tesis suele aparecer al final del texto, a modo de conclusión (se va desde lo particular hasta lo general). Sin embargo, el autor puede utilizar un método deductivo si parte de unas premisas generales, lógicamente válidas, para extraer una ley particular que su tesis expone. El afán por lograr la adhesión de los posibles destinatarios a las ideas expuestas hace que el proceso argumentativo se diversifique, buscando siempre estructuras que ayuden a convencer mejor. De este modo, algunos textos ofrecen una estructura encuadrada, con lo que se enfatiza mucho más la idea defendida y se apoya su lógica con la conclusión final, una reafírmación de la tesis presentada al comienzo del texto :
Tesis – Argumentos – Tesis ==> Conclusión final.
En la estructura explicativa la tesis defendida aparece al comienzo del texto, para ser a continuación apoyada por una serie de argumentos:
Tesis ==> Argumentos.
Las argumentaciones conclusivas, por el contrario, son aquellas en las que el autor expone en primer lugar los argumentos para cerrar el texto con una tesis que los englobe: Argumentos ==> Tesis. Por último, algunas argumentaciones adoptan una estructura reiterativa, pues la tesis está contenida en el conjunto del discurso y los argumentos se intercalan libremente, sin ningún orden prefijado
Tres de las formas de estructurar los textos argumentativos son las siguientes:

I. Planeamiento de un problema, formulación de una hipótesis ( a veces se omite esta formulación) alrededor del problema planteado, desarrollo de argumentos y Conclusión

II. Presentación de una tesis, opinión o hecho que se desea argumentar, desarrollo de argumentos y conclusión

III. Combinación de las dos anteriores, es decir, planteamiento de un problema y formulación de una hipótesis (en ocasiones se omite esta formulación, presentación alternativa de diversas tesis y argumentos, como propuestas de solución al problema, para finalmente plantear la conclusión.

Mariel Ortolano

Bibliografía:

Bajtin, Mijail. Estética de la creación Verbal. Mexico, Siglo XXI

Cassany, Daniel. La cocina de la escritura, Barcelona: Anagrama, 1995.

Gómez Torrego, Leonardo. Ortografía de uso del español actual, Madrid: SM., 2000.

Grijelmo, Álex. El estilo del periodista, Madrid: Taurus, 1998.

Martínez, Roser. Conectando el texto. Guía para el uso efectivo de elementos conectores en castellano, Barcelona: Octaedro, 1997.

Marro, M. y Dellamea, D. Producción de textos, Buenos Aires, Universidad a distancia Hernadarias, 1993.

Montolío, Estrella (Coord.) Manual práctico de escritura académica. Tres volúmenes, Barcelona: Ariel, 2000.

Serafini, María Teresa. Cómo se escribe un tema, Barcelona: Paidós, 1994.

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