Diversos abordajes en torno a la influencia de los medios.


La sociología anglosajona fue la disciplina que introdujo el concepto de mass communication o mass media, tan generalizado en el ámbito de las Ciencias de la Comunicación, aunque otras líneas siguen prefiriendo la denominación de Medios de Comunicación Social, dado que el término masa enfatiza la connotación de anonimato y pasividad de las audiencias que, según los últimos estudios en la materia, no se ha revelado tan pasiva en la recepción de los mensajes de los medios.

1. El enfoque filosófico:

El estudio de los problemas referentes a las comunicaciones masivas ha atravesado dificultades en cuanto a su enfoque por parte de los teóricos de la comunicación. Por un lado, lo rechazan quienes minimizan su importancia en beneficio del estudio de realidades sociales más consistentes (economía, historia, clases sociales, luchas políticas, etc). Por otro lado, cuando se le reconoce su importancia, el enfoque de la problemática de los medios se polariza en dos actitudes contrarias: o bien se atribuyen a los medios de comunicación todos los males que agobian a nuestras llamadas sociedades de consumo, desde el adoctrinamiento sistemático de las conciencias hasta la vulgarización y la banalización de la vida cotidiana y de las mentes del público, o bien, en el extremo opuesto, se considera a los medios como instrumento de sensibilización de la inteligencia de los usuarios y se magnifica el poder transformador de su tecnología. Este debate entre corrientes teóricas de pensamiento que analizan los efectos de los medios fue sistematizado por Umberto Eco en su trabajo Apocalíticos e Integrados de 1964. Básicamente se refiere al alineamiento de la crítica en dos corrientes: la iniciada por los pensadores de la Escuela de Frankfurt, de raíz marxista y la iniciada por el filósofo canadiense Marshall McLuhan.
Leer Más »

¿QUE SON LOS NUEVOS MEDIOS?

Publicado por Lorena Betta

Esta es la pregunta que dispara el trabajo de Lev Manovich en su libro El lenguaje de los nuevos medios para analizar la configuración de la cultura contemporánea con la emergencia de formas de producción, distribución y comunicación mediatizadas por el ordenador. En este abordaje, los nuevos medios son analizados a partir de las convenciones instaladas por medios anteriores como la imprenta, la fotografía y el cine.

Para el autor, no podemos dilucidar las características de los nuevos medios si no volvemos a la ciencia de la computación. Es la historia de la evolución del software a lo largo del siglo XX la que puede explicar la naturaleza de los medios actuales. Para avanzar en esa dirección, Manovich propone cinco principios que estructuran el lenguaje de los nuevos medios.

Según el profesor de University of California de San Diego (UCSD) los nuevos medios son medios programables, sujetos a la variabilidad, representación numérica, transcodificación y automatización. Si bien estas características están presentes en otras producciones culturales y tecnológicas, como el cine, se extienden con el surgimiento de la interfaz gráfica de usuario de las computadoras personales.

Con representación numérica Manovich hace referencia a que los medios se componen de un código numérico. Se pueden describir en términos formales y pueden ser sometidos a manipulación algorítmica. Cualquier pieza de software instalable u online es un ejemplo de representación numérica.

Con la modularidad hace referencia a la estructura fractal de los nuevos medios. La modularidad permite que, los elementos, agrupándose o combinándose de alguna forma puedan, a escala, crear nuevos medios aunque sin necesariamente perder identidad. La Web como un todo ilimitado funciona a partir de una estructura modular.

La modularidad y la representación numérica son condiciones para la automatización. Permiten automatizar algunas operaciones para la creación, manipulación y acceso de los nuevos medios. Cualquier editor de video o imagen y sus instrumentos para crear capas y filtros de alteración podrían ser un ejemplos de automatización. A nivel Web, el lenguaje XML (Extensible Markup Language) que permite crear canales de RSS (Really Simple Syndication) permite automatizar y personalizar contenidos generados por distintas fuentes (modularidad).

La variabilidad. Los nuevos medios están en construcción permanente y se pueden realizar infinitas versiones de ellos. Este principio también está íntimamente ligado a su codificación numérica y a su estructura modular, como asimismo, en otro registro, con la cultura de la remezcla (Lessig, 2008). El principio de variabilidad supone las múltiples variaciones o versiones que puede tener un producto en digital. Ejemplo de esto son los contenidos generados con las aplicaciones Web 2.0. Otros podrían ser un pool de fotografías en Flickr, donde los usuarios actualizan modularmente el estatus del contenido o incluso cualquier artículo de Wikipedia, donde un artículo es una variación permanente.

Por último la transcodificación. “Como los nuevos medios se crean, se distribuyen, se guardan y se archivan en las computadoras, cabe esperar que sea la lógica del ordenador la que influya de manera significativa en la lógica cultural de los medios” . Según Manovich, la nueva cultura del ordenador es una mezcla de significados humanos e informáticos, de modos tradicionales en que la cultura moderna ha modelado el mundo y de los propios mecanismos que tienen las computadoras para ordenarla.

Con todo, el acercamiento de Lev Manovich a los nuevos medios propone definiciones ligadas a la arquitectura de procesamiento posible de la información y a las combinaciones narrativas de las bases de datos. El autor profundiza esta perspectiva en su último libro Software Takes Command.

Por otro lado, desde un enfoque más semiótico está Carlos Scolari y su libro Hipermediaciones , quien traza un mapa de las definiciones sobre nuevos medios que plantea Manovich y otros analistas, y en su intento de definir el objeto de estudio de la comunicación digital interactiva, filtra algunas características sustantivas que diferencian los nuevos medios de los medios tradicionales. Ellas son: digitalización, reticularidad, multimedialidad e interactividad.

La digitalización es una de las características más sobresalientes de los nuevos medios, y tiene que ver con la idea en Manovich de que los medios se volvieron programables. “La digitalización es un proceso a través del cual las señales eléctricas pasan por un dominio analógico a uno binario”. Los medios adquieren un valor numérico. Toda la información que hoy circula por la Web pasa por un sistema de compresión, trátese de documentos de texto, imagen, sonidos, películas, etc. Al convertirse la información en un dato numérico, en bits, se puede combinar, mezclar y reutilizar fácilmente.

Otra de las características es la hipertextualidad, un concepto muy estudiado desde los años 90 por académicos ingleses provenientes de la crítica literaria, como George Landow, que analiza la convergencia de las nuevas tecnologías y la literatura.

Scolari, identifica a Vannevar Bush y Ted Nelson como fundadores de la comunicación hipertextual electrónica. El ingeniero matemático Bush en 1945 a través del ensayo As we may think imaginó un sistema de almacenamiento del saber humano gracias al cual cada usuario podría interconectar a gusto todo tipo de documentos para crear otros. Este sistema llamado MEMEX (MEMory EXtention), “se trataba de un dispositivo destinado al uso individual, una especie de archivo privado mecanizado en el cual se memorizaban los libros, documentos y comunicaciones, y que podía ser consultado con gran rapidez y flexibilidad” . Nelson retomó las ideas del ingeniero informático norteamericano Bush y en 1965 inventó un sistema de archivación de información universal que dio origen a la actual Internet. Su sistema lo bautizó como Xanadú. Era una especie de red mundial de enlaces entre documentos en evolución que incorporaba nuevos textos y conexiones. Esta red era la encargada de “proveer millones de documentos a millones de usuarios que en forma simultánea siguen las conexiones y las ventanas a través del cuerpo de un hipertexto en continuo crecimiento”. Para Nelson, “el pensamiento y el habla son intrínsecamente hipertextuales. En la escritura reordenamos las ideas que surgen de manera arborescente y las colocamos en la secuencia requerida por la lengua escrita” (Ortolano, 2005).

Otra de las características que plantea Scolari es la reticularidad. En la relación mediada por computadora, la reticularidad es la confluencia de flujos diversos de intercambio de información. Del modelo del broadcast (uno a muchos), que fue el modelo comunicacional de los medios tradiciones como los diarios, la radio, la televisión o el cine, los nuevos medios cambian a un modelo reticular donde los intercambios varían de muchos a muchos, de muchos a uno, de uno a uno. La reticularidad de la Web cuestiona la emisión central del modelo broadcast y fomenta en los usuarios, con su arquitectura, la confluencia de escenarios de emisión y recepción, distribución y manipulación.

En cuanto a la interactividad, según el autor, puede asumir varios sentidos. “A veces la interactividad es una respuesta reprogramada dentro de un sistema, interacciones en las comunicaciones sujeto-sujeto, e interacciones entre el sujeto y el dispositivo tecnológico” (interfaz) Retomando a Marshall McLuhan, Scolari plantea que la interactividad en el contexto de los medios digitales contribuiría a conformar a un tipo de usuario más poderoso, donde – como sostiene Eliseo Verón- los receptores se convierten en programadores . Los espectadores pueden programar porque los medios están más abiertos y se han vuelto programables, diría Manovich.

Por último, en relación a la multimedialidad o convergencia: la digitalización ha permitido la convergencia de medios y lenguajes, y combinación de imagen, sonido y texto.

Mirta Varela habla de “miscelánea multimedial” (Varela, 2009), donde lo misceláneo tiene que ver con una convivencia de “géneros y materiales de características y origen diversos”, mezcla de títulos, fotografías, textos breves y ventanas que llevan a textos más extensos, fragmentos de audio y de video.

Scolari entiende que los nuevos medios proponen un modelo comunicacional que se diferencia de la comunicación de masas, cuyas características eran la monomedialidad, el broadcast y lo analógico. Incluso el esquema clásico de emisores-receptores se transforma con los nuevos medios. Los receptores jugarán un nuevo rol más activo en la comunicación.

El título Hipermediaciones según Scolari, es más adecuado que nuevos medios. Hipermedia sería la hipertextualidad dentro de un contexto de convergencia de lenguajes y medios. Incluso más que un objeto, el autor prefiere hablar de un proceso. La hipermediación responde a los procesos de intercambio, producción y consumo simbólico que se desarrollan en un entorno caracterizado por una gran cantidad de sujetos, medios y lenguajes interconectados tecnológicamente de manera reticular entre sí.

Artículo vinculado
Narrativas hipertextuales: hacia una redefinición del concepto de hipertexto publicado por Mariel Ortolano.

¿El fin de la televisión?

Los invitamos a leer el artículo de Mirta Varela publicado en FLACSO La dinámica del cambio en los medios. La historiadora analiza la relación entre viejos y nuevos medios, la relación entre televisión e internet, como respuesta a los anuncios sobre el fin de la televisión.

Las ideas que aparecen en este texto también pueden rastrearse en el libro que compiló Carlón y Scolari. El fin de los medios masivos.

Narrativas hipertextuales: hacia una redefinición del concepto de hipertexto


Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda,
Seguiremos narrándolas, transformadas
.
Jorge Luis Borges, Los cuatro ciclos.

La noción de hipertexto inspiró gran profusión de ensayos desde la década de los ochenta, algunos provenientes de la ingeniería informática y en relación con la revolución cultural originada por la irrupción de las nuevas tecnologías de la información, en cuyo contexto, hipertexto designa al texto electrónico; otras, provenientes de la teoría literaria y los estudios semiológicos, en las que el término comenzó a utilizarse para definir una de las modalidades de producción literaria, cuya acepción, sobre todo en el caso de Gerard Genette, es diferente y designa la relación entre textos literarios.

Sin embargo, en la misma época, surgen interesantes conexiones entre las corrientes teóricas que analizan la dimensión tecnológica del hipertexto, es decir, el uso del texto digital y sus implicancias, entre varias, el posible desplazamiento del texto impreso por el texto electrónico y otras preocupaciones referidas al futuro del libro; por otra parte, los estudios provenientes de la semiótica, la teoría literaria y la filosofía, que analizan la dimensión metafórica del hipertexto.

Si bien la proliferación de ensayos sobre el tema y la carencia de una definición unívoca del término generó cierto caos conceptual, podría considerarse que en los últimos tiempos y, a partir de ciertos aportes teóricos que intentaremos sintetizar en el presente trabajo, el concepto de hipertexto asume la categoría de metáfora apta no sólo para caracterizar al texto digital o a cierto tipo de texto literario, sino también, en un sentido más amplio, como una noción válida para caracterizar las producciones culturales contemporáneas.
Intentaremos una redefinición del concepto de hipertexto a partir de la recapitulación del origen del término y de la revisión de las diferentes acepciones que fue asumiendo a partir del aporte de autores provenientes de diversas disciplinas, con la intención de unificar criterios que pueden ser contradictorios sólo en apariencia.
Nos proponemos, por último, ejemplificar esta redefinición a algunos aspectos de la obra cinematográfica del cineasta australiano Baz Lurhman.
Leer Más »

La narrativización de la información y el auge de los casos

por Mariel Ortolano

En su libro La marca de la bestia. Identificación, desigualdades e infoentretenimiento en la sociedad contemporánea (Norma, 1999), Aníbal Ford analiza de qué modo fue variando la agenda de los medios en las últimas décadas- En el capítulo 1: “La narración de la agenda o las mediaciones de los problemas globales” realiza una reflexión sobre cómo el sufrimiento humano se ha convertido en la materia prima del llamado infoentretenimiento (la diversas formas de hibridación que los tradicionales géneros periodísticos han ido desarrollando a partir de la fusión con modalidades del espectáculo ficcional y de entretenimiento). El autor analiza las implicancias que este tipo de producción puede involucrar a nivel social, sobre todo, cuando se considera la construcción de un “otro” cultural (minorías sociales, étnicas, de género, etc) bajo la tónica del grotesco o de la amenaza si se tiene en cuenta que esa construcción subjetiva que hacen los medios a partir del imaginario social recoge prejuicios que los grupos sociales dominantes (los que tienen la capacidad de ejercer el poder de la palabra) sustentan en torno a los sectores más deprimidos de la sociedad.

Entre los factores que analiza Ford en este trabajo señalamos algunos:

La crisis del periodismo gráfico y el auge de los formatos híbridos

Si se compara la totalidad de la tirada de los diarios con los millones de espectadores que atrapan la televisión e internet, puede observarse que la conformación de la agenda ha variado de acuerdo con estos cambios comunicacionales: la radio, la televisión, Internet adquirieron importancia en la construcción de las agendas, a la vez que se constata una pérdida de masa de lectura que padecen los diarios. Esta variación en relación con el protagonismo de los diarios en cuanto a la construcción del temario mediático puede atribuirse también a otros motivos. En realidad, todavía hoy, el periodismo no encontró formas eficientes para comunicar a los lectores no especializados ciertos temas considerados como las zonas duras de la información, es el caso de los temas económicos y financieros, conceptos que se presentan como opacos y difíciles para los grandes públicos. Las noticias que remiten a la violencia pasaron a constituir una tendencia en crecimiento y desbordaron los límites de las secciones policiales para integrar la agenda global. Según Aníbal Ford , es como si la vieja estrategia del periodismo popular se hubiese extendido a todos los medios.
Hay temas de la agenda que desbordan la estructura tradicional de la información e ingresan en la opinión pública y el imaginario social a través de géneros no solamente informativos, sino también de géneros híbridos que surgen de la fusión de la información con modalidades de enunciación propias de los géneros de ficción o de entretenimiento. La aparición del sufrimiento, de lo trágico, la impunidad o la corrupción, los detalles crueles sobre las injusticias sociales, se transforman en materia de infoentretenimiento. Esos géneros alcanzaron una expresión máxima en la conformación de géneros híbridos como el magazine, el talk-show y el reality-show. Para Ford, sin embargo, el tratamiento que los medios hacen de la violencia no es la causa de la violencia actual: es la estructura social la que engendra violencia y los medios no hacen más que reflejarla, quizás de un modo cínico, oportunista (La observación que Ford hace en torno a la cuestión de los medios y la violencia es interesante para quienes elijan este tema como problema de investigación: no concibe a los medios como provocadores de violencia _ver Bourdieu o perspectiva crítica_, pero sí los responsabiliza por el negocio que realizan en base a los males sociales (fíjense que ésta no sería la postura de Eliseo Verón, por ejemplo, quien varias veces enfatizó la idea de un contrato de lectura, es decir, la noción de que la responsabilidad de la construcción de la realidad social es compartida por los medios y la gente)

La violencia al tope de la agenda mediática: la construcción del otro cultural

En las últimas clases mencionamos cómo algunos programas construyen la llamada realidad social argentina. Desde la ficcionalización que realizan los noticieros de la simple crónica de sucesos hasta las sofisticadas ediciones de TVR o la fusión del documental y la serie policial en Policía en acción, coincidimos en que la violencia, actualmente el tema que encabeza la agenda mediática, y las diversas formas del sufrimiento social (precariedad de vida, formas menores de la delincuencia) reciben un tratamiento estetizante (a través de un tratamiento del lenguaje audiovisual afín al utilizado en la narración ficticia, al modo de programa No matarás conducido por maría Laura Santillán), ficcional (aún en los noticieros, al modo del melodrama tradicional o del policial de suspenso), humorístico (ver el efecto que produce el tratamiento del caso real a través del filtro del lenguaje audiovisual en Policía en acción; recuerden que el humor se basa siempre en el contraste: ante la realidad patética de la marginalidad en la provincia de Buenos Aires, la actitud “civilizada” de los policías, su lenguaje ritualizado induce una lectura distante. Los contrastes están enfatizados por la edición que yuxtapone situaciones y actitudes contradictorias como recurso generador de comicidad.

La narrativización de la agenda: el auge del caso policial

Ford analiza cómo en los últimos años los formatos narrativos en la información se incrementaron al mismo tiempo que decrecieron los argumentativos y el incremento de lo individual o microestructural en relación con lo colectivo o macroestructural en la cultura contemporánea; esta tendencia se observa a partir de ciertas constantes:

a- El crecimiento de las secciones de información general en los diarios y también de su lectura; el decrecimiento de la lectura de las secciones de política nacional e internacional y economía.

b- La sucesión de casos que conmocionaron a la opinión pública y generaron mayor debate y continuidad en los medios que otros temas planteados desde el Estado o la sociedad civil.

c- El surgimiento y el éxito de géneros o subgéneros fundamentalmente televisivos estructurados a partir de casos reales (reality-shows, talk-shows, series o unitarios que narrativizan casos policiales, docudramas-documentales con formato de juicio oral o noticiero)

Según Aníbal Ford, este crecimiento de lo que podría llamarse una nueva forma de non-fiction o infoentretenimiento en los medios periodísticos y audio visuales puede asociarse a ciertos cambios socioculturales:

1- El desdibujamiento entre los límites de lo privado y lo público y el avance sobre la privacidad no sólo de los medios sino de los diversos sistemas de control social.

2- La necesidad de aumentar la credibilidad en los medios a través de información individualizada y aparentemente constatable.

3- La contaminación de la información con los comentarios (opinión) y también con la ficción.

El autor postula que esta tendencia se debe a la oscuridad de las informaciones y opiniones vertidas desde la zona política y económica y también a la suspicacia que despertaron en la opinión pública. Su tesis se apoya en que estas zonas se articularon tradicionalmente sobre las categorías de la modernidad y del capitalismo industrial, ambos en crisis. En este contexto, la preferencia por el seguimiento del caso individual podría estar funcionando como entrada de conocimiento en nuevas formas y conflictos sociales (no olvidemos que la crisis de la política, el descreimiento gradual de los valores sobre los que se sustentaba la modernidad, vuelcan el interés del individuo hacia la única estructura que lo sostiene: su propio yo, más concretamente: su cuerpo, la atención que le merece y la amenaza posible sobre su integridad).

Así como hasta hace una década la entrevista como género periodístico acaparaba la conversación social en el contexto del programa periodístico (con columnistas, debates, investigación, etc), hoy en día la atención se centra en la narración de casos que adquieren connotaciones literarias. La construcción de casos a partir de acontecimientos que impactaron a la opinión pública es el principal alimento de la agenda mediática, en consonancia tal vez con un imaginario social centrado en el valor del individuo por sobre el valor de la comunidad (aquí señala Ford el predominio de lo microestructural por sobre lo macroestructural).

El caso como ejemplo de una serie adquiere su peso a partir de una larga tradición histórica (de hecho el análisis de casos sigue siendo uno de los métodos más importantes en las Ciencia Sociales), pero, de entre todas las modalidades del caso, la crónica policial encabeza el temario de los medios en la actualidad: historias de vida, sobre todo si involucran asesinatos, secretos familiares, relaciones oscuras entre aristócratas y marginales, el drama cotidiano de la pobreza o el escándalo de las estrellas que caen desde lo más alto de la fama. Particularmente, ciertos casos policiales, por ejemplo, pueden provocar una masa mayor de discusión pública y de persistencia en los medios que las temáticas relativas a las instituciones u otros hechos relacionados con la sociedad civil. En la narración de un caso intervienen los saberes propios de cada cultura: se narra un caso para mostrar aspectos incomprensibles o paradojales de la naturaleza humana, para explicar el origen y los hábitos de los hombres, para enseñar, jugar o entretener; pero, más allá de los propósitos del relato en cada situación comunicativa, la narración del caso tiene históricamente una fuerte conexión con el discurso didáctico o moralizante y, por lo tanto, presenta un valor ideológico.

Crónica policial y crónica literaria

El auge del caso policial se explica en gran medida por su vinculación con la crónica policial literaria e indudablemente en la aplicación de la teoría de la unidad de efecto planteada por el escritor norteamericano Edgar Allan Poe, a quien se reconoce como creador del género. El manejo de los hilos de la trama de modo que el suspenso se mantenga hasta el párrafo final asociada al ejercicio de investigación deductiva y racional aplicada por el detective (a partir del Dupin de Poe se perfeccionan las figuras de Sherlock Holmes de Conan Doyle y de Hercules Poirot de Agatha Christie en la literatura inglesa, continuados por la versiones más oscuras del detective de la novela negra norteamericana). Hacia mediados del siglo XX la narrativa policial literaria se fusiona con la periodística en una modalidad híbrida que anticipa el modo de construcción actual de la crónica policial, con un antecedente importante en la obra de Rodolfo Walsh (Operación Masacre) y de los norteamericanos Norman Mailer y Truman Capote.

Las vinculaciones entre policial periodístico y literario podrían ser el origen de una monografía para nuestro curso. Al respecto les sugiero la lectura del trabajo de Daniel Link: La literatura policial: de Poe al caso Giubileo, que compila varios ensayos en torno al tema y propone un corpus de análisis en torno al caso irresuelto de la desaparición de la médica en un neuropsiquiátrico de la provincia de Buenos aires.

El caso María Soledad

El caso de María Soledad Morales (la joven violada y asesinada en Catamarca) es el punto de partida de un análisis muy interesante en torno a la construcción que los medios gráficos, sobre todo los medios locales, realizaron en base al imaginario colectivo (ver Teoría de los discursos sociales- Verón, 1987). El corpus seleccionado muestra claramente cómo a partir de las crónicas periodísticas de tono informativo que se produjeron en los primeros días, la secuencia va prolongándose ya con visos de crónica literaria, en base al impacto social despertado por el caso y sus efectos visibles. Las marchas del silencio organizadas por la madre de la víctima y la religiosa Marta Pelloni fueron el inicio de un proceso que condujo al cuestionamiento de la estructura patriarcal propia de la sociedad catamarqueña. El material recabado señala cómo, desde la enunciación, los diarios recogían los mitos presentes en el imaginario colectivo de ese pueblo; la construcción discursiva de la víctima con connotaciones de santa y de prostituta revelan las oscilaciones que las sociedades actuales mantienen en torno a la femineidad asociada a la masculinidad en torno a tres factores atávicos: sexo, dinero y poder.

Si bien el caso se cerró con el castigo a los culpables (el hijo de un diputado, miembro de la familia más poderosa de la provincia, fue preso algunos años) la observación de Ford es que un caso en sí no conduce a la reflexión sobre la falla estructural de una sociedad y mucho menos a la solución o eliminación de los males e injusticias subyacentes (para esto último, no solo un caso sino todo un sistema debería ponerse en cuestión). En definitiva, el desarrollo de la información a partir de casos es uno más de los índices que dan cuenta de la crisis de las instituciones en la sociedad contemporánea.

Sugiero a modo de aplicación y verificación de la vigencia de las variables de análisis que propone Ford la selección de un corpus (gráfico o audiovisual ) relacionado con casos que hayan impactado la opinión pública en los últimos tiempos. Seguramente podrán observar algunas similitudes (Dalmasso, García Belzunce, Bloomberg). Me parece muy interesante la observación de que los casos que verdaderamente impactan en la sociedad argentina (de entre todos aquellos que involucran sucesos trágicos) se construyen en base a la causa que las madres (y los padres, en menor medida) generan a partir del reclamo de justicia para con sus hijos abusados, muertos o desaparecidos. Lo seguiremos conversando a lo largo de las próximas clases.

Montecristo

IDENTIDAD EN CONFLICTO

ANÁLISIS DE LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDA A PARTIR DE LA FICCIÓN: CASO MONTECRISTO

por Desireé Macrini

En el presente trabajo se analizará de qué forma y con qué efectos se introduce el tema robo de bebés durante la última dictadura militar en la telenovela Montecristo y cómo dicha ficción contribuye a la inclusión del tema en la Agenda social y en el Imaginario social.
“Montecristo, un amor, una venganza”, es una adaptación libre de la novela de folletín de Alejandro Dumas publicada a lo largo de 1845 y 1846, en una serie de 18 partes. La historia inicia con un flashback a 1995 cuando Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) y Marcos Lombardo (Joaquín Furriel) parten hacia Marruecos para participar de una competencia de esgrima. En Buenos Aires Santiago deja a Laura Ledesma, quien espera un hijo de él aunque todavía no lo sabe y Marcos a su padre, Alberto Lombardo, ex médico encargado de los partos clandestinos en Campo de Mayo. Este último, acorralado por las investigaciones del juez Díaz Herrera, padre de Santiago, decide mandar a matar al magistrado y le exige a Marcos que participe en la emboscada orquestada para asesinar a Santiago, quien logra sobrevivir aunque permanecerá diez años en una cárcel de Marruecos. De vuelta al tiempo en el que transcurre la novela, 2005, Marcos está casado con Laura y le ha dado su apellido al hijo que ella concibiera con Santiago mientras que Lombardo padre ha logrado detener la investigación en su contra. Santiago logra escapar de la cárcel y ayudado por Victoria Sáenz (Viviana Saccone), una cirujana que debió exiliarse desde chica en España después del secuestro de sus padres durante la dictadura, vuelve a Buenos Aires para planificar la venganza con el botín cuya ubicación le ha develado un compañero de prisión. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama de la venganza aparece un nuevo hilo conductor, la búsqueda de la identidad. Ante el dilema que se le plantea a Laura sobre si es conveniente o no contarle a su hijo Matías quién es su verdadero padre, ella misma comienza a cuestionarse su origen. Inicia entonces una búsqueda desesperada de información, pero ante la negativa de Lisandro Donoso (Roberto Carnaghi), su apropiador, de revelar la verdad y ante el desconocimiento e ingenuidad de su mujer (Virginia Lago) decide buscar por su cuenta. Así llega a enterarse que Alberto Lombardo fue el que atendió el parto de su madre y el que la entregó a Donoso, quien trabajaba en el casino de oficiales de Campo de Mayo, se contacta con las Abuelas de Plaza de Mayo y se realiza el análisis de ADN que determina que es la hermana secuestrada que había buscado toda su vida Victoria Sáenz. Laura Ledesma recuperará su identidad y pasará a llamarse Laura Sáenz.
Si bien el tema se había tratado tangencialmente en otro programa , esta es la primera vez que el tema de la recuperación de la identidad se desarrolla en profundidad y adquiere relevancia central en una telenovela de horario central de este tipo. Este hecho ha tenido una repercusión mediática y social notoria y aún lo sigue teniendo como lo demuestra el premio otorgado el 18 de mayo de 2007 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, “por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”. Para dar cuenta cabalmente del devenir del conflicto el análisis se hará en base a la totalidad de la emisión, pero enfocándonos en el personaje de Laura Ledesma/Sáenz.
A partir del criterio de catalogación “relación de los contenidos con los referentes” que plantea Orza , se considera que Montecristo es un tipo de discurso ficcional porque se basa en un campo de referencia interno, que si bien puede presentar distintos “grados de alejamiento/aproximación con la realidad referencial (…) muy difícilmente llega a superponerse a ésta mediante la representación directa de acontecimientos, personas u objetos reales”. Dentro del discurso ficcional Montecristo se caracteriza por ser una telenovela, ya que tenía una frecuencia de emisión diaria, aunque a diferencia de las telenovelas tradicionales se transmitía en el horario nocturno de 22:30. En cuanto a su estructura interna, presentaba una organización narrativa seriada y con continuidad, una organización espacio-temporal fingida y la presencia de sujetos ficcionales.
En primera instancia se interpretaran las condiciones socio-políticas de producción de la telenovela y el objetivo y trabajo de adaptación de los guionistas. A continuación se caracterizará el tratamiento narrativo de la temática y finalmente se abordarán las repercusiones sociales de la emisión.
Como marco teórico se utilizarán los conceptos de Aníbal Ford sobre cómo los temas críticos ingresan en el imaginario social y en la agenda no sólo por medio de las formas clásicas de información, sino a través de otros géneros y formatos. Además se tomará su análisis de casos para interpretar el cambio en las condiciones de posibilidad que permitió el tratamiento de esta problemática. Se tendrá en cuenta también las distintas corrientes teóricas planteadas por Vilches sobre la dependencia/independencia de los medios con respecto a la estructura de poder y del mismo autor se utilizará la interpretación de cómo la televisión afecta la concepción de la realidad social del público.
En su análisis de la “impronta narrativa” que caracteriza el tratamiento de muchos casos en los géneros informativos Ford habla del tratamiento del caso de los mellizos Reggiardo-Tolosa, bebés robados durante la última dictadura militar. Si bien los mellizos habían sido identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo en 1989, el hecho de que el ex subcomisario Samuel Miara y su mujer, los secuestradores, se hubieran escapado a Paraguay, hizo que recién en 1993 el juez Ballesteros pudiera restituirles su identidad. La determinación del magistrado de darle la custodia en principio a la familia de sangre y después a una sustituta provocó intensos debates en los medios sobre las consecuencias “psicológicas” que esta restitución pudiera tener sobre los adolescentes. En ese momento declaró al respecto Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo: “veo con preocupación y con dolor como dos chicos, que viven una dura realidad por el terrorismo de Estado, han sido victimizados por los medios de comunicación”. Carlotto advirtió que “aquí se quiere hacer creer a la sociedad que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, después de las dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer (por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.
Más allá de la implicación emocional que se advierte la declaración parece transmitir claramente el tenor de las discusiones que se plantearon en ese momento. No había consenso en cuanto a la necesidad de restituirles la verdadera identidad a estos chicos porque el tema no era un bien simbólico en el imaginario social. Este adormecimiento social sin duda tiene que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Alfonsín y por el de Menem: en 1986/1987 se habían sancionado las leyes de Punto final y Obediencia debida y en 1990 se decretaron los indultos que favorecieron a Videla y a Massera.
Ahora bien, nueve años más tarde asumió la presidencia Nestor Kirchner y uno de los pilares de su gestión sería hasta hoy los derechos humanos. En 2005 se sancionó la inconstitucionalidad de las leyes Alfonsinistas y en abril de 2007, se declaró la inconstitucionalidad de los indultos.
Vilches describe tres posiciones teóricas y metodológicas para analizar la relación de los medios con la estructura de poder. La primera sostiene que los medios constituyen una “variable dependiente del sistema político y social”, por lo que están totalmente subordinados a las relaciones de poder y son modelados por estas. La segunda considera que son una variable dependiente y además son “las instituciones dominantes de la sociedad contemporánea a los cuales las otras instituciones se someten” o que aún siendo modelados por la sociedad tienen la autonomía suficiente como para mantener o cambiar un estado de relaciones de fuerza . La última línea y la que será considerada para este análisis sostiene que “el periodismo y el mundo político interactúan adaptándose recíprocamente creando una especie de intercambio simbólico de compensación recíproca” .
En una entrevista a los guionistas de la telenovela Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón , ella afirma que “en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún trasfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.” En realidad, como se desprende de los cambios en materia de legislación, es una herida que había sido suturada a los apurones y se reabrió con el impulso del nuevo gobierno. Como afirman Cantor y Pingree, citados por Vilches: “…el grado de implicación gubernamental influye en el contenido de las Soap Operas más que los valores individuales o el talento y la creatividad de los responsables de estos programas”
Desde el “mundo político” se generaron las condiciones de posibilidad para que estos guionistas consideraran la posibilidad de ligar la adaptación de la novela de folletín al tema de robo de bebés durante la dictadura. El gobierno se encargó de poner el tema nuevamente en la agenda pública impulsando cambios en la legislación o reconvirtiendo el ex centro de detención de la Esma en Museo de la Memoria, por lo que permitió una resignificación del tema en el imaginario social y los guionistas supieron entender que se había convertido en un nuevo bien simbólico que podía tratarse más a fondo en una ficción.
El personaje de Laura Ledesma/Sáenz funciona de forma similar a los “casos” analizados por Ford en los géneros informativos, sólo que hace el recorrido inverso al que hizo el caso Reggiardo-Tolosa, cuyo tratamiento, según Ford, apeló a las convenciones del melodrama recurriendo a la figura mítica del “reconocimiento” de la identidad perdida. La historia de Laura funciona como caso porque ejemplifica la duda, la búsqueda de información y el reencuentro con la verdadera historia personal que relataban desde hacía tiempo los medios periodísticos. El hecho de que se haga desde un género ficcional como la telenovela permite una conexión emocional con el tema por parte de los televidentes, porque es un género popular que siempre se caracterizó por tratar temáticas que se conectan con la tradición mítica de todas las culturas. Las dudas y la búsqueda de Laura son un tema recurrente ya desde el mito de Edipo, donde justamente el cambio de identidad es lo que origina la tragedia. Según Ortolano, “los mitos que cada cultura produce a través de las leyendas, las devociones populares, los relatos folklóricos, los cuentos maravillosos (fairy tales) y también de sus versiones artísticas, literarias y cinematográficas, serían según Jung, manifestaciones concretas del arquetipo universal, más abstracto.” Todos estos relatos cumplieron siempre un papel fundamental en la transmisión de saberes y también de juicios morales y esta también es la función que cumple Montecristo al permitir, como sostiene Vilches, un camino de “aprendizaje social” al partir del cual la televisión “afecta nuestra concepción de la realidad social”.
Al conectar esta temática con lo más primigenio, refuerza su caracterización simbólica en el imaginario social y el establecimiento del tópico en la agenda social, sobre todo teniendo en cuenta la tercera función del mito según Campbell, de carácter sociológico, que es “validar y sostener el sistema moral vigente”. En este caso la “mitologización” del caso refuerza la condena social a los represores secuestradores de bebés e incentiva la búsqueda y la devolución de las identidades perdidas.
Si bien Ford sostiene que la increíble cobertura mediática del caso María Soledad Morales no alcanzó para generar cambios a nivel macro y con una implicancia a nivel nacional duradera, el caso de la telenovela Montecristo es distinto porque se plantea en los medios como canalizadora y reforzadora de cambios a nivel institucional y político que ya se venían dando sobre todo a partir del 2003, con el gobierno de Nestor Kirchner. Además, como sostiene el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia” y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”.
En Montecristo utilizaron la misma estrategia, filmando desde la sede de las Abuelas de Plaza de mayo y dando los datos para contactarse con ellos en diversas oportunidades y lograron un impacto directo en algunos televidentes que ya se venían haciendo los mismos cuestionamientos que Laura. Según La Nación “desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.”
A partir de los aspectos examinados puede concluirse que gracias a condiciones de posibilidad favorables la telenovela Montecristo logra utilizar las herramientas narrativas típicas de un popular género de ficción para reforzar la conciencia de amplios sectores de la sociedad sobre el tema robo de bebés e identidad.

Perfil
espectáculos
LLEVÓ A LA TV EL ROBO DE NIÑOS DURANTE LA DICTADURA
“Montecristo” ganó el Martín Fierro de Oro
Se llevó la máxima distinción y su protagonista Pablo Echarri destacó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”. En total recibió 7 estatuillas. Telefé y Canal 13, los más premiados.

La telenovela Montecristo , de Telefé, se alzó anoche con el Martín Fierro de Oro que la Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentina (Aptra) otorgó como momento culminante de la 37ma. entrega de estos lauros a la actividad audiovisual.

La tira que instaló en la ficción televisiva la dramática herencia de la última dictadura militar en materia del robo de niños, cosechó un total de siete lauros.

El envío ideado por Claudio Villarruel y Bernardita Llorente aspiraba a 17 estatuillas (en muchos rubros competía más de un participante del mismo programa) y sumó de la mano de los nombres propios de Pablo Echarri, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi y las “debutantes” María Onetto y Nora Cárpena.

Con ese aporte decisivo de Montecristo, Telefé llegó a 13 premios e igualó la línea de Canal 13 que el año anterior lo había superado ampliamente (18 a 7, incluido el de Oro para Mujeres asesinas).

En la sucesión de arribos al escenario del Auditorio Principal del predio ferial La Rural, Echarri fue la voz cantante del grupo y a la vez que ponderó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”, también sostuvo la importancia que “un canal líder le de espacio a un hecho artístico”.

En esa línea, el lauro para Saccone (ausente por estar filmando en San Luis y que en la tira interpretaba a Victoria, hija de desaparecidos) fue retirado por Pedro Luis Nadal García, el nieto número 79 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

http://www.realtvnews.com.ar/new/destacados.php?id=2868

PUBLICADO EL 18 DE MAYO DE 2007

“Montecristo” premiado

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires entregó a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, una distinción por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”.

http://www.losguionistas.com.ar

Escribiendo un éxito: Montecristo
3969 lecturas

Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón, responsables de los libros de la tira
Los autores de la tira cuentan cómo adaptaron un clásico de la literatura al género más popular de la TV: la telenovela

“Estaba pensando el otro día que para el momento en que él aparece podemos poner una placa que diga «Fin parte I» , como en el libro”, dice Marcelo Camaño, olvidando por un momento que está sentado frente a un grabador, en medio de una entrevista. El y Adriana Lorenzón escriben los guiones de la telenovela que recuperó el melodrama para la TV: “Montecristo”. Parece que no es raro esto de que en cualquier momento, hora de trabajo o no, los guionistas vean aparecer la inspiración y se larguen a pensar, trabajar y jugar con las circunstancias de la tira de Telefé Contenidos que se emite hace casi dos meses por esa pantalla. Y cada visita de la musa implica una vuelta a las fuentes: el libro “El conde de Montecristo”.
Sobre la mesa de trabajo de Lorenzón y Camaño el libraco de 1400 páginas tiene marcas, señaladores y aspecto de ser consultado seguido. “Esto es una maravilla, el final de cada capítulo es un gancho como si [Alejandro] Dumas hubiese escrito para televisión. Bueno, el folletín tenía algo de eso. Si hasta le medían el rating porque si no vendían bien el periódico del día en que salía el capítulo al próximo número no lo ponían”, dice Lorenzón que después de años de transitar los guiones costumbristas de “Buenos vecinos” y “Los Roldán”, entre otros, volvió al primer amor, la telenovela.
Claro que “Montecristo” no es una telenovela como otras, porque aunque respeta todos los tópicos del género lo hace de una manera particular. Ahí están el amor, la venganza, los desencuentros familiares y hasta las identidades confusas, sin embargo en el camino de la página literaria a la pantalla televisiva algo cambió. La realidad argentina se coló de manera inédita en la ficción.
“Primero hubo una relectura del libro y después se trabajó para adaptar «Montecristo» a la Argentina de hoy. Fundamentalmente se trata una historia de amor. Empezamos a trabajar desde un lugar de admiración por el libro porque para nosotros, los que escribimos tele, es una novela básica, fundacional. La idea de Telefé contenidos de poner a la luz el título nos favoreció porque nos dio vía libre para jugar con la novela original”, dice Camaño, responsable el año que pasó de los guiones de “Doble vida” y parte del equipo que realizó “Resistiré”.
–Y ese juego implicó poner al tema de la dictadura y su consecuencias en el centro del relato.
Lorenzón: –Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.
–¿Qué opciones argumentales descartaron?
Camaño: –Los otros temas que barajamos tenían que ver con el narcotráfico o implicaban meternos en política partidaria más directamente: candidaturas y esas cosas que ya se abordaron en otras novelas y nunca muy a fondo.
–En esta oportunidad la excusa política quedó en el centro de la escena.
Camaño: –La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago (Echarri), Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época. Era una vuelta de tuerca que nos cuadraba perfecto, que no se había hecho todavía en la TV, que nos servía para realzar la historia y que suponía saldar una deuda grande de la pantalla chica con este tema.
Lorenzón: –Además este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: “Estoy en paz”. Acá la venganza se va a transformar en justicia.
–¿Cómo trabajaron el hecho de que el héroe de esta telenovela a veces actúa igual o peor que los villanos?
Camaño: –Es difícil porque tenemos un héroe que va y le pega con un palo en la cabeza al malvado. En algún momento hará el arco de vuelta. Por ahora tiene muchas contradicciones, cada vez que hace algo mal se da cuenta, lo sufre. Lo cuidamos mucho, pero nos permitimos pasar ciertos límites que en la novela tradicional no se puede.
Rompiendo moldes
“Montecristo”, con sus escenas de acción, sus largos diálogos cargados de información y sus personajes dotados de más de una cara es novela clásica y de ruptura al mismo tiempo. Una combinación novedosa para una TV que hasta su aparición parecía preferir el humor a la pasión.
–La trama de la tira obliga a dejar de lado el control remoto.
Lorenzón: –Esta es una historia muy compleja, buscamos mucho por dónde iba porque el relato del libro es muy truculento, muy lúgubre, con cantidad de personajes que están todos vinculados entre sí. Para nosotros es una suerte tener un historia tan fuerte que involucra a todos. Lo que sucede en aquella punta afecta a la otra entonces hay que estar muy atentos a que eso esté sincronizado todo el tiempo.
Camaño: –La idea de Claudio [Villarruel] y Bernarda [Llorente] desde un principio fue que ésta fuera una novela para escuchar. Por supuesto que la TV es entretenimiento y se la mira mientras se da de comer a los pibes y se atiende el teléfono, pero queríamos hacer una tira que se escuchara, en la que se dijeran cosas. Tenemos que repetir información para que los espectadores no se pierdan, pero está pensada así: “Te perdiste un capítulo, que pena para vos”.
Sincronicen sus relojes
Hubo una época en que era posible usar como sinónimos la hora que marcaba el reloj con el momento exacto del día en que empezaba la telenovela preferida. “Es la hora de mi novela”, decían hasta hace poco tiempo los seguidores de este género. En la TV actual ese juego del lenguaje es imposible, pero los autores de “Montecristo” encontraron una buena manera de reemplazar esa costumbre. “Es a.M. y d.M. Hay gente que nos cuenta que organiza su noche según esas coordenadas”, dirán. Y la explicación no se hace esperar, a diferencia de la mayoría de los ciclos de la pantalla chica. “Es que a.M. y d.M. son las siglas de antes de «Montecristo» y después de «Montecristo». Los seguidores son bastante ocurrentes”, se ríe Camaño. Tanto él como Lorenzón miran los capítulos al mismo tiempo que el público y con la misma pasión. O casi.
“Una mamá del colegio de mi hijo me dijo el otro día muy seria: «Si no se encuentran la semana que viene te retiro el saludo»”, dice Lorenzón con un sonrisa, aunque cada vez que abra su casilla de mails la encuentre tapada de mensajes de sus amigos y conocidos que utilizan variados insultos para pedirle que reúna a los protagonistas.
“Estamos muy concentrados en la historia y a veces nos preguntamos cuánto debería durar esta novela. Porque ya vemos que 150 capítulos no nos van a alcanzar. Este relato no tiene mesetas porque todo el tiempo se abre un juego nuevo. Puntos de giro tenemos para tirar al techo”, se entusiasma Lorenzón mientras desde la mesa de trabajo “El conde de Montecristo” vuelve a abrirse para sumar material a la telenovela que todas las noches le hace un brillante homenaje.
Por Natalia Trzenko
Foto: Gustavo Seiguer
De la Redacción de LA NACION
Lo mejor que pasó y lo que está por venir

En los casi dos meses que lleva “Montecristo” en el aire hubo muchas escenas fuertes, esas que por su contenido dramático quedarán en los oídos y las retinas del espectador mucho tiempo después de vistas. Entre ellas figura algunas de impresionante despliegue técnico, como la del escape de la prisión marroquí, y sobre todo otras de enorme despliegue emocional. A saber: el primer acercamiento de Santiago (Echarri) a la que fue su novia, Laura (Krum), y el momento en que cree descubrir que ella tuvo un hijo con su enemigo; el reencuentro de Santiago con Sarita (Rita Cortese), la mujer que lo crió; la desesperación de Marcos (Joaquín Furriel) cuando Laura le propone separarse y, entre las más recientes, la gran escena jugada por Paola Krum y Virginia Lago en la que ésta le revela a su supuesta sobrina que no lo es.
Claro que la secuencia más conmovedora todavía no sucedió: el momento en que Laura y Santiago vuelvan a encontrarse cara a cara. Hasta ahora los acercamientos de la pareja sirvieron para aumentar aún más la expectativa: Los amantes separados injustamente se cruzaron en la casa de Santiago aunque siempre a través de la cámara Gesell instalada para espiar a los visitantes; en la calle dónde Laura lo vio de espaldas; en el asalto al restaurante del tenebroso Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro) dónde, máscara mediante, Santiago se acercó a su amada/odiada Laura. Y, finalmente esta semana, compartieron un beso mientras la protagonista estaba bajo los efectos de la anestesia.
No se sabe todavía cuándo llegará el encuentro, pero sus autores adelantan que será todo menos sencillo: “Será muy difícil porque en su relación no hay un perdón que alcance”.

http://www.nuncamas.org/investig/menores/r2080.htm

(Caso mencionado en Ford, La marca de la bestia, pag.265)
Reggiardo Tolosa, Matías Angel

Menores y jóvenes restituidos

Madre: María Rosa Ana
TOLOSA Matías Angel
REGGIARDO TOLOSA Padre: Juan Enrique
REGGIARDO

Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1977 (en cautiverio)
Edad a la fecha del secuestro: alrededor de 6 meses de gestación
Zona de Secuestro: 1
Fecha de secuestro: Febrero de 1977
Vista en CCD: La Cacha
Zona de CCD: 1/11/113
Fecha de localización: 1989
Fecha de restitución: Noviembre de 1993

María Rosa tuvo mellizos durante su cautiverio: Matías Angel y Gonzalo Javier.

Por denuncias recibidas por la familia de la desaparecida Liliana Ross, los niños apropiados por el Subcomisario Samuel Miara fueron buscados como hijos de esta joven que desapareció embarazada.

Los Miara huyeron a Paraguay cuando el juez ordenó los análisis inmunogenéticos.

Cuando se consiguió la extradición y los apropiadores volvieron con los dos niños, el Banco Nacional de Datos Genéticos determinó que eran los hijos de la pareja formada por Juan Enrique REGGIARDO y María Rosa Ana TOLOSA, quienes permanecieron detenidos en el centro clandestino de detención “La Cacha”, de donde María Rosa fue sacada para dar a luz y ya no fue devuelta. Los jóvenes habían sido secuestrados en febrero de 1977.

Los mellizos fueron identificados en 1989. Recién en 1993, la Justicia les devolvió su identidad y fueron restituidos a su familia biológica.

Por intromisión de personas extrañas al caso y por la violenta campaña contra la restitución de la identidad a los menores desaparecidos desatada desde algunos medios de comunicación, la relación con la familia materna, que se estaba iniciando bien, fue entorpecida. Hasta alcanzar la mayoría de edad, los mellizos Gonzalo y Matías vivieron con una familia sustituta.

Actualmente mantienen contacto con la familia biológica y conocen la verdad de su historia.

Sus padres permanecen desaparecidos.

http://www.clarin.com/diario/1998/09/22/t-01201d.htm

Edición Martes 22.09.1998 » Política » Medio millón para reparar una parte de la historia

DERECHOS HUMANOS: LOS MELLIZOS REGGIARDO TOLOSA, HIJOS DE DESAPARECIDOS
Medio millón para reparar una parte de la historia

Se los dará el Estado
• Porque ya tienen 21 años
• Ellos volvieron a vivir con Miara, quien se los apropió al nacer

Por DANIEL GUTMAN. De la Redacción de Clarín
Los mellizos Reggiardo Tolosa cobrarán en los próximos días la indemnización que les corresponde como herederos de sus padres, desaparecidos durante la última dictadura militar.El Ministerio del Interior emitió el último jueves, con los números 1835/98 y 1836/98, las dos resoluciones que benefician a los hermanos que fueron secuestrados y privados de su verdadera identidad por el ex torturador Samuel Miara y su esposa, Beatriz Castillo, en mayo de 1977. Pocos días antes habían nacido en un parto clandestino, en el penal platense de Olmos.Los mellizos, a quienes la Justicia les devolvió el apellido Reggiardo Tolosa en 1993, hoy están viviendo otra vez con los Miara. En mayo último, cuando alcanzaron la mayoría de edad, al cumplir 21 años, decidieron volver con quienes los habían anotado como hijos propios. Así se lo confirmó a Clarín el abogado del ex subcomisario Miara, el ex funcionario de la dictadura Jaime Smart. Otras dos fuentes informaron lo mismo.Hasta entonces, los dos jóvenes habían estado con una familia sustituta por decisión del juez Jorge Ballestero, que ejercía la tutela legal sobre ambos y fue quien inició en 1996 el trámite para obtener la indemnización.La reparación que establece la ley 24.411 para las víctimas del terrorismo de Estado es de una suma equivalente a cien sueldos de un empleado de la administración pública nivel A. Gonzalo y Matías cobrarán 448 mil pesos en bonos por la desaparición de sus padres (224 mil por cada uno), Juan Enrique Reggiardo y María Rosa Tolosa.El matrimonio Miara, que se había afincado en Caballito en los últimos años, ahora volvió a vivir con los mellizos en Ciudadela, la misma zona del Gran Buenos Aires desde donde en 1985 habían huido al Paraguay de Alfredo Stroessner. Aquel año, la organización Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a sospechar que los chicos eran hijos de desaparecidos. Desde ese país serían extraditados en 1989.Matías estudia hotelería y trabaja en una agencia de turismo. Gonzalo tiene un alto promedio en la carrera de Ingeniería electrónica, en la Universidad Tecnológica Nacional, y colabora con Miara en la fábrica de zapatos que tiene el ex torturador.Ambos jóvenes estudian inglés y tienen proyectos: irse a vivir solos y viajar por el mundo, posiblemente a hacer algún posgrado. Las fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que los mellizos atraviesan un buen momento luego del sufrimiento que les generó la exposición pública de su caso, en 1994.Durante ese año, los hermanos fueron restituidos a su familia de sangre. Vivieron seis meses en la casa de su tío Eduardo Tolosa, que en un principio había iniciado una querella contra Miara, pero luego desistió.Cuando vivían con su tío, según recordó un protagonista de aquel proceso, querían que los Miara y los Tolosa se juntaran los domingos a comer, como una gran familia. La restitución fracasó. Eduardo Tolosa, finalmente, renunció a la guarda de los chicos, que fueron adjudicados a una familia sustituta. Esta, de apellido García, tenía y todavía conserva relación con los Miara.Los mellizos leyeron el libro Nacidos en la sombra, de Andrea Rodríguez, que cuenta la historia de su secuestro y la actuación de Miara como torturador, en los centros clandestinos de detención El Banco, El Olimpo y Club Atlético. De todas maneras, el único familiar con el que tienen contacto hoy es Elina Peralta López, una prima de su madre. La familia, igualmente, confía en que algún día se autorrestituyan, como dijo un pariente que pidió no ser nombrado.Mientras tanto, Miara enfrenta la posibilidad cierta de volver a la cárcel en los próximos meses. Y, según dijo a Clarín su abogado, no dudará en cumplir lo que establezca la Justicia.El 22 de diciembre de 1994, el ex represor fue condenado a siete años y medio de prisión por el juez Ballestero. Pero al día siguiente salió en libertad condicional, porque ya había pasado más de seis años detenido por la misma causa.Un año después, la Sala II de la Cámara Federal le aumentó su pena a doce años, pero la Corte Suprema anuló ese fallo. El máximo tribunal consideró que no tenía suficientes fundamentos y que no se habían valorado las circunstancias atenuantes. Con los votos de los cinco jueces considerados más cercanos al Gobierno, el tribunal hizo referencia a que la esposa de Miara había perdido un embarazo pocos meses antes del secuestro de los Reggiardo Tolosa.El 28 de agosto, la Sala I de la Cámara confirmó la condena a doce años. El abogado de Miara presentó hace pocos días un recurso extraordinario para que el caso vuelva a la Corte. Es su última oportunidad de no volver a una celda.

http://www.fcen.uba.ar/prensa/micro/1994/ms154.htm

CONFLICTO POR LOS MELLIZOS REGGIARDO-TOLOSA. A raiz del escandalo
generado por la presencia de los mellizos Reggiardo-Tolosa en varios
programas televisivos, el juez Jorge Ballesteros, que tiene a su
cargo la causa por la tenencia de los jovenes, hijos de
detenidos-desaparecidos, dispuso cambiar la guarda, que estaba a
cargo de un familiar. Los dos hermanos, de 17 a#os, viviran
provisoriamente con una familia substituta. Entretanto, el juez
Ballesteros sufrio un atentado intimidatorio el martes 31 de mayo,
cuando a su antigua vivienda llego un paquete con dos granadas, que
no alcanzaron a explotar.

Ballesteros habia dispuesto el 5 de noviembre pasado que los mellizos
Matias y Gonzalo vivieran con sus familiares legitimos, estando a cargo de un
tio. Durante 16 a#os los dos menores estuvieron en poder del ex-comisario de
la Policia Federal Samuel Miara y su esposa Beatriz Castillo. Segun
testimonios de ex detenidos en centros clandestinos de detencion, Samuel
Miara formo parte de grupos represivos durante la ultima dictadura,

En el centro clandestino de “La Cacha”, ubicado en cercanias de la
carcel de Olmos (prov. de Bs. As.) estuvieron detenidos Juan Enrique
Reggiardo, dibujante, y su esposa, Maria Rosa Tolosa, estudiante de
arquitectura, y embarazada de seis meses al momento de su detencion, el 8 de
febrero de 1977. Luego de la detencion se perdio el rastro, desconociendose
el paradero de la pareja, de Antonia Oldani de Reggiardo (madre de Juan
Enrique) y de los ni#os que Maria Rosa llevaba en su vientre, y que nacieron
el 28 de abril de 1977.

En 1984, la organizacion Abuelas de Plaza de Mayo (formada por
familiares de detenidos-desaparecidos) pudo ubicar a una pareja de ni#os, en
poder de Miara y su mujer. En un primer momento se supuso que eran hijos de
otros detenidos-desaparecidos, pero los examenes de histocompatibilidad
realizados por orden de la justicia determinaron la verdadera identidad de
los dos hermanos.

Recien a fines de 1993 la Justicia puso a los hermanos Matias y
Gonzalo bajo custodia de su legitima familia. Esos nueve a#os de demora se
debieron no solo al lento trabajo de la justicia argentina sino tambien a la
fuga del matrimonio Miara. En 1986 los Miara se fugaron al Paraguay,
llevandose consigo a los dos chicos. Tras arduas tratativas diplomaticas en
1989 se logro la extradicion de la pareja y el retorno de los ni#os, y en
1991 el juez Weschler le dicto la prision preventiva a Miara, por el delito
de supresion de identidad.

Pero este no es el unico contacto que tuvo el comisario Miara con la
Justicia. Segun declararon a la Comision Nacional de Desaparicion de
Personas (CONADEP, organismo encargado en 1984 de estudiar la represion
ilegal en la Argentina del “Proceso”), Samuel Miara, con el alias de
“Cobani”, fue torturador de los campos de concentracion de “El Banco”, “El
Atletico” y “El Olimpo”. Tambien fue acusado de violar a una detenida, segun
consta en legajos de la CONADEP.

Tambien durante la ultima dictadura, Miara fue acusado de ser
participe del secuestro de Veronika Moskovitz y de Roberto Apstein, hijos de
empresarios judios. A#os despues, en 1991, los policias detenidos por el
secuestro del empresario Mauricio Macri, (la tristemente afamada “banda de
los comisarios”), tambien involucraron a Miara en el secuestro del empresario
Benjamin Neuman.

No hubo ninguna condena a Miara por estos tres casos, pero aparecio
el sugestivo hecho que Moskovitz, Apstein, y el hijo de Neuman estudiasen en
la Escuela del Sol. En este colegio, donde concurrian hijos de empresarios
judios, trabajaba como celadora Norma Miara de Longarella, hermana del
comisario. Como dice la nota del periodista Horacio Verbistky, aparecida el
domingo 5 en “Pagina/12″: Condenas, ninguna. Coincidencias, todas”.

Por su supuesta vinculacion a la “banda de los comisarios”, Miara fue
detenido y procesado por “asociacion ilicita y secuestro extorsivo”. Pero
luego, los miembros de la banda cambiaron sus declaraciones por lo que el
juez de la causa dispuso la libertad de Miara por falta de merito, y el 12 de
octubre de 1993 dicto su sobreseimiento provisional.

Con respecto a los mellizos, Estela Carlotto, presidenta de las
Abuelas de Plaza de Mayo, opino que “veo con preocupacion y con dolor como
dos chicos, que viven una dura ralidad por el terrorismo de Estado, han sido
victimizados por los medios de comunicacion”. Continuo diciendo la dirigenta
de derechos humanos que, “no tenemos que ocultar que en esto han intervenido
presiones de terceros, como algunos comunicadores, tales son los casos de
Bernardo Neustadt, Marcelo Longobardi y Daniel Haddad, entre otros, que en
una accion descalificadora han puesto al desnudo a estos chicos frente a la
sociedad, una sociedad que interpreta los hechos con mucha liviandad”.

Estela Carlotto agrego que “aqui se quiere hacer creer a la sociedad
que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, despues de las
dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer
(por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.

La participacion de los dos menores, (una “operacion de prensa”), se
realizo en los programas “Tiempo Nuevo”, de Bernardo Neustadt, celebre amigo
de todas las tiranias argentinas; en la audicion de Samuel Gelblung, quien
fue uno de los jefes de la revista “Gente” durante los a#os de la dictadura;
y en “H&L”, el programa que dirigen los jovenes Haddad y Longobardi, que
reunen todas las condiciones para ser considerados los sucesores de Neustadt.
(Fuentes: Clarin 1/6, La Nacion 2, 3 y 4/6, y Pagina/12 5/6/94) -|-

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-30877-2004-01-28.html

El país del Miércoles/28-Ene-2004(4)|Hoy
LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
A los 25 años de edad y tras mucho tiempo de sospechas, Juan Cabandié Alfonsín recuperó su nombre y conoció a su familia.Nació en la ESMA y fue apropiado por un agente de inteligencia.

Estela Carlotto explicó que Juan se acercó a las Abuelas porque sospechaba de sus apropiadores.
Subnotas
• “Un hombre peligroso”
Por Irina Hauser
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como “Fuerzas Conjuntas” volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. “Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan”, detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Yo me quiero llamar así, Juan”, dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: “Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor”. “Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima”, agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que “a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme”, reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. “Muñeca”, como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: “Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores”. Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
“Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia”, confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. “Me llevé una gran sorpresa”, suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. “Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá”, dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. “Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe”, solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan “está aún en shock” y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos.

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=860701

Revista
Publicado en la ed. impresa: Revista
Domingo 26 de noviembre de 2006
Noticias | Archivo | Domingo 26 de noviembre de 2006 | Revista | Nota

Nota de Tapa I

El fenómeno Montecristo

La novela que protagonizan Pablo Echarri y Paola Krum es uno de los ciclos de mayor rating de la televisión argentina. Con temas tan delicados como la apropiación de niños por parte de la última dictadura militar y los desaparecidos como ejes, la trama generó en la teleaudiencia una aceptación total

Montecristo, la novela protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum, figura entre los ciclos con más alto rating de la TV argentina durante este año. La planilla de medición de audiencia registra la cantidad de televisores encendidos y el canal en el que están sintonizados. Hasta allí, un asunto que condiciona los movimientos de la industria de la televisión y la publicidad. En la sociedad, en cambio, cuando se apaga el televisor se enciende el verdadero poder de la TV: su capacidad para instalar los temas en la agenda colectiva. En palabras del teórico francés Dominique Wolton, “la televisión es un formidable instrumento de comunicación entre los individuos. Lo más importante no es lo que se ha visto, sino el hecho de hablar de lo que se ha visto. La televisión es un objeto de conversación. La televisión es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los habitantes rurales y los urbanos. Todo el mundo mira la televisión y habla de lo que ha visto. ¿Qué otra actividad es hoy día tan transversal?”

Medido con la vara de las charlas compartidas, a Montecristo le corresponde la virtud de haber puesto en boca de los argentinos la apropiación de niños durante la última dictadura militar y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, empeñadas en recuperar a sus nietos para devolverles la identidad robada. Pero la influencia social de la novela fue más allá de las palabras y se tradujo en hechos: desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.

Escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la telenovela producida por Telefé Contenidos toma como disparador El conde de Montecristo, la obra de Alejandro Dumas, para construir una versión libre de esa historia de traición y venganza. Adaptada a la realidad argentina, el personaje de Santiago (Pablo Echarri), víctima de un siniestro plan de su amigo Marcos, después de pasar diez años en una prisión de Marruecos regresa a Buenos Aires decidido a vengarse. Aquí lo espera más espanto: su antigua novia, Laura (Paola Krum), está casada con Marcos, es hija de desaparecidos y fue criada por un torturador, Lisandro (Roberto Carnaghi).

“En la Argentina ya se había escrito mucho sobre los desaparecidos y la apropiación de niños, pero el mensaje no se transmitía más que al sector de los interesados en el tema –sostiene Adriana Lorenzón–. El acierto de Montecristo fue tocar el tema en un género tan popular como es la telenovela. Eso nos permitió llegar a muchos ciudadanos para quienes la tarea de Abuelas no formaba parte de su vida cotidiana. A raíz del programa, esa gente incluyó esa realidad en sus conversaciones.”

A nadie se le escapa que el género de la telenovela fue concebido para audiencias masivas. Pero el formato por sí mismo no garantiza la aceptación del público. ¿Cómo se explica entonces la gran repercusión de Montecristo? Según el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director del Proyecto Comunicación y miembro del Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tira basa su éxito en una conjunción de elementos: “Es una historia clásica porque toma un viejo tema del melodrama, el reconocimiento de la identidad, pero lo cuenta desde el presente político, y lo hace en el marco de una Argentina donde el actual gobierno ha vuelto a poner en primer plano la historia reciente de la dictadura y la necesidad de encontrar la verdad y la justicia. Si a eso se suman los destacados trabajos actorales, el resultado es una buena telenovela. Que la telenovela esté bien hecha es importante porque el televidente no se dispone a ver un ciclo periodístico ni político ni de denuncia, sino una buena historia”.

Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora del Conicet-IDES, acuerda: “Es una telenovela con todos los elementos de una buena narrativa: tiene complejidad de personajes, matices, situaciones de ambivalencia y dilemas morales”.

A decir verdad, ni los autores pudieron escapar de los conflictos éticos. Cuenta Adriana Lorenzón que diseñar el personaje de Lisandro, el torturador que se apropió de Laura, no fue tarea sencilla: “Tuve que romper con mi prejuicio para poder guionarlo –admite–. Yo lo veía como un villano total porque, para mí, ese nivel de violencia y de maldad es injustificable. Pero, para interpretarlo, Roberto Carnaghi necesitaba quererlo y encontrar las justificaciones propias de un tipo como Lisandro”. Puesto a construir un victimario verosímil, Carnaghi le soltó a la guionista un argumento propio de un represor: “Imaginate que este tipo no pudo ver el Mundial del ’78 –le dijo Carnaghi a Lorenzón, en relación con Lisandro–, porque cuando había partidos era cuando más se torturaba. Pensá que Lisandro se perdió el Mundial”.

La tele que educa

“En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia”, explica Quevedo, y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”, razona Quevedo.

México no es el único país de la región que utiliza la telenovela para movilizar conciencias. En Brasil, en el año 2000, Lazos de familia, producida por la Rede Globo, funcionó como una verdadera campaña a favor de la donación de órganos. A través del personaje de Camila, una muchacha que padecía leucemia y necesitaba un trasplante de médula para salvarse, el ciclo transmitió al público masivo el mensaje de que existen órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Osea saltó de 20 a 900 por mes.

Para que una ficción televisiva logre modificar la conducta de personas de carne y hueso es necesario que su prédica caiga en terreno fértil, que la sociedad esté dispuesta a recibirlo. ¿Habría producido Montecristo la misma conmoción colectiva sin la distancia que separa los crímenes cometidos del presente? Adriana Lorenzón baraja la historia argentina y plantea sus hipótesis: “Un buen momento podría haber sido cuando tuvo lugar el juicio a las juntas militares, porque entonces teníamos el ímpetu de querer encontrar una respuesta. Luego ya no, porque vino la decepción de la Ley de Obediencia Debida y los indultos. Este año fue particularmente apto para hacer esta novela porque en la sociedad hay una cierta apertura al tema. Por un lado, porque se cumplieron 30 años del golpe y de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. Por el otro, porque, fruto de la derogación de los indultos y de la reapertura de los juicios a los responsables del horror, se ha despejado el camino para seguir buscando la verdad y la justicia”.

Psicóloga, doctorada en psicoanálisis en la Universidad de París VII y autora de Dolor país y No me hubiera gustado morir en los 90, Silvia Bleichmar opina que Montecristo genera “un nivel de identificación muy profundo en los espectadores”. A su modo de ver, “es una novela que, en vez de convocar a la ensoñación, convoca a realizar las tareas pendientes en la búsqueda de la identidad. En la Argentina, la preocupación por la identidad está presente, y no sólo en relación con los crímenes del terrorismo de Estado. Hay personas de más de 50 años que en la infancia fueron adoptadas de modo ilegal y que a estas alturas de su vida han comenzado a preguntarse quiénes son”. (Ver recuadro aparte.)

¿Justicia o venganza? En esa encrucijada está atrapado el personaje de Pablo Echarri. “Lo que plantea Montecristo es la banalidad de la venganza, que es un circuito irreparable pero aparece como una tentación permanente cuando no hay justicia –analiza Bleichmar–. La justicia es la forma en que las víctimas se sienten liberadas de la obligación de hacerse cargo de la venganza. En ese sentido, la sociedad argentina se ha manejado con enorme responsabilidad: no hay un solo torturador ajusticiado por su víctima ni un apropiador ajusticiado por una abuela. Por eso, es falso el debate acerca de si las víctimas buscan venganza. Además, en la medida en que los victimarios no piden perdón y se jactan de sus acciones, es perverso pedirles a las víctimas que los perdonen. El perdón se puede otorgar únicamente sobre la base del arrepentimiento del culpable, nunca como el pedido de una concesión más.”

Es evidente que Montecristo ha puesto el dedo en varias llagas. La duda del millón es qué sucederá en la sociedad cuando la tira ya no esté en la pantalla. Elizabeth Jelin pone signos de interrogación en el horizonte: “Cuando termine la novela se verá si este saber que la televisión ha llevado a audiencias masivas se convierte en un tema de reflexión y debate en los sectores que estaban más o menos ajenos al tema de la apropiación de niños, o si Montecristo quedará como un producto televisivo de ficción sin consecuencias sociales duraderas”.

Por Adriana Schettini

En busca de la identidad

Sabido es que el delito de apropiación de criaturas nada tiene que ver con la grandeza de alma que lleva a hombres y mujeres a adoptar un niño. Pero en un país con larga tradición de desapego a la ley, el bien y el mal se tocan.

“La dictadura pudo concretar el horror con los hijos de los desaparecidos porque en la Argentina ya existía impunidad respecto de la apropiación de niños. Hasta hace 15 o 20 años era corriente la apropiación de los niños de las clases pobres inscribiéndolos bajo una forma que ocultaba la verdad. Ni siquiera al niño se le decía la verdad sobre su origen biológico. Esoya no ocurre. Más aún, el Registro Nacional de Identidad permite que el hijo adoptivo acceda al expediente para saber quiénes lo engendraron”, dice la psicóloga Silvia Bleichmar.

–¿Es ésa la pregunta central en la vida de quien ha sido adoptado?

–El gran enigma del niño adoptivo no es quién lo engendró, sino por qué no se quedaron con él. Hay una pregunta que se repite en los consultorios: “¿Qué hice yo para que mi madre biológica no me tuviera con ella?”.

–¿Qué se entiende por identidad?

–No es verdad que la identidad de una persona sea la identidad biológica de origen. La identidad es la que se construye en la vida de un ser humano. Pero en la medida en que hay un enigma sobre la identidad biológica el sujeto no puede construir su identidad actual, porque para hacerlo necesita abandonar previamente el mito de la identidad perdida.

–¿Influyó la apropiación de niños en las preguntas que se hacen los hijos adoptivos?

–A finales de los años 80 y durante los 90, un alto número de chicos legalmente adoptados comenzaron a manifestar sus fantasías de ser hijos de desaparecidos. Desde el punto de vista psíquico, loslesionaba menos la idea de haber sido robados de padres que los amaron que la de haber sido abandonados por sus padres biológicos.

El original de Alejandro Dumas

Después de un accidentado viaje en barco, el honesto oficial Edmundo Dantés, a punto de recibir la promoción de capitán, regresa a Marsella, donde vive, dispuesto a casarse con una bella catalana, Mercedes. Sin embargo, el destino le tiene reservado otros planes y, acusado infundadamente de ser agente bonapartista, es injustamente encarcelado por la denuncia de su mejor amigo, Fernando Montego, que aspira al amor de la misma mujer.

Condenado a cumplir su pena en el castillo de If, una prisión de la que nadie ha conseguido escapar, Edmundo envejece en una celda junto a un anciano llamado Faría, un religioso erudito que es su compañero durante trece años. Este hombre le revelará un secreto, un lugar donde hay enterrado un tesoro (decenas de cajas llenas de monedas de oro). Y la forma de escapar de la prisión…

Así comienza la segunda parte, cuando Edmundo se convierte en el Conde de Montecristo y regresa para vengarse. Bajo distintas personalidades –desde un abate italiano hasta un rico banquero inglés–, Edmundo Dantés vuelve a Marsella y descubre, con perplejidad, que todos aquellos que lo traicionaron han triunfado. Creyéndolo muerto, su ex novia se ha casado con quien había sido su mejor amigo, Fernando, convertido ahora en Conde de Moncerf. La pareja ha tenido un hijo, Albert, al que Montecristo siente como propio. La novela es el relato pormenorizado de la venganza de Edmundo, trazada paso a paso durante los duros y lúgubres años de cárcel.

Es considerado el mejor trabajo de Alejandro Dumas (padre), que lo concluyó en 1844 y fue publicándolo en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes. La aparición de este folletín en el Journal de Debats, un diario de París, produjo un fenómeno de masas desconocido para la época. Sus lectores escribían cartas a la redacción solicitando la revelación anticipada del desenlace de la historia y la gente empezó a dar vida a los personajes de la novela, que adquirieron sorprendente dimensión histórica, a pesar de ser enteramente ficticios.

El origen de El Conde de Montecristo surgió de una historia que el propio Dumas declaró haber leído en las Memorias de Jacques Peuchet, un archivista de la policía de París. En El diamante y la venganza, Peuchet contaba la historia de un obrero y zapatero llamado Francis Picaud, que vivía en París en 1807 y quien, a punto de casarse con una rica candidata, visita a un amigo suyo que, junto a tres pícaros, decide apostar a que la boda del inocente enamorado podía aplazarse por algunos días. Lo acusaron a la policía de ser un espía inglés y la broma se les fue de las manos. El inocente fue apresado y pasó siete años en una cárcel en Italia. Al salir, el otrora ingenuo Picaud tomó un nuevo nombre y entró a trabajar al servicio de un sacerdote que lo apadrinó y lo designó su heredero universal. Rico y ennoblecido, el bueno de Picaud inició una venganza en cadena contra cada uno de sus ofensores.

Este fue el origen del argumento de El Conde de Montecristo. Dumas tomó la idea de Peuchet explotando sin el menor escrúpulo la satisfacción pagana que producía en sus lectores ser testigos de la ejecución de una venganza, que para muchos era sencillamente ejemplar.

IDENTIDAD EN CONFLICTO

ANÁLISIS DE LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDA A PARTIR DE LA FICCIÓN: CASO MONTECRISTO

ALUMNA: DESIRÉE MACRINI
MATERIA: SEMIÓTICA DE LOS MEDIOS CONTEMPORÁNEOS
COMISIÓN: MIÉRCOLES NOCHE
AÑO: 2007

En el presente trabajo se analizará de qué forma y con qué efectos se introduce el tema robo de bebés durante la última dictadura militar en la telenovela Montecristo y cómo dicha ficción contribuye a la inclusión del tema en la Agenda social y en el Imaginario social.
“Montecristo, un amor, una venganza”, es una adaptación libre de la novela de folletín de Alejandro Dumas publicada a lo largo de 1845 y 1846, en una serie de 18 partes. La historia inicia con un flashback a 1995 cuando Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) y Marcos Lombardo (Joaquín Furriel) parten hacia Marruecos para participar de una competencia de esgrima. En Buenos Aires Santiago deja a Laura Ledesma, quien espera un hijo de él aunque todavía no lo sabe y Marcos a su padre, Alberto Lombardo, ex médico encargado de los partos clandestinos en Campo de Mayo. Este último, acorralado por las investigaciones del juez Díaz Herrera, padre de Santiago, decide mandar a matar al magistrado y le exige a Marcos que participe en la emboscada orquestada para asesinar a Santiago, quien logra sobrevivir aunque permanecerá diez años en una cárcel de Marruecos. De vuelta al tiempo en el que transcurre la novela, 2005, Marcos está casado con Laura y le ha dado su apellido al hijo que ella concibiera con Santiago mientras que Lombardo padre ha logrado detener la investigación en su contra. Santiago logra escapar de la cárcel y ayudado por Victoria Sáenz (Viviana Saccone), una cirujana que debió exiliarse desde chica en España después del secuestro de sus padres durante la dictadura, vuelve a Buenos Aires para planificar la venganza con el botín cuya ubicación le ha develado un compañero de prisión. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama de la venganza aparece un nuevo hilo conductor, la búsqueda de la identidad. Ante el dilema que se le plantea a Laura sobre si es conveniente o no contarle a su hijo Matías quién es su verdadero padre, ella misma comienza a cuestionarse su origen. Inicia entonces una búsqueda desesperada de información, pero ante la negativa de Lisandro Donoso (Roberto Carnaghi), su apropiador, de revelar la verdad y ante el desconocimiento e ingenuidad de su mujer (Virginia Lago) decide buscar por su cuenta. Así llega a enterarse que Alberto Lombardo fue el que atendió el parto de su madre y el que la entregó a Donoso, quien trabajaba en el casino de oficiales de Campo de Mayo, se contacta con las Abuelas de Plaza de Mayo y se realiza el análisis de ADN que determina que es la hermana secuestrada que había buscado toda su vida Victoria Sáenz. Laura Ledesma recuperará su identidad y pasará a llamarse Laura Sáenz.
Si bien el tema se había tratado tangencialmente en otro programa , esta es la primera vez que el tema de la recuperación de la identidad se desarrolla en profundidad y adquiere relevancia central en una telenovela de horario central de este tipo. Este hecho ha tenido una repercusión mediática y social notoria y aún lo sigue teniendo como lo demuestra el premio otorgado el 18 de mayo de 2007 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, “por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”. Para dar cuenta cabalmente del devenir del conflicto el análisis se hará en base a la totalidad de la emisión, pero enfocándonos en el personaje de Laura Ledesma/Sáenz.
A partir del criterio de catalogación “relación de los contenidos con los referentes” que plantea Orza , se considera que Montecristo es un tipo de discurso ficcional porque se basa en un campo de referencia interno, que si bien puede presentar distintos “grados de alejamiento/aproximación con la realidad referencial (…) muy difícilmente llega a superponerse a ésta mediante la representación directa de acontecimientos, personas u objetos reales”. Dentro del discurso ficcional Montecristo se caracteriza por ser una telenovela, ya que tenía una frecuencia de emisión diaria, aunque a diferencia de las telenovelas tradicionales se transmitía en el horario nocturno de 22:30. En cuanto a su estructura interna, presentaba una organización narrativa seriada y con continuidad, una organización espacio-temporal fingida y la presencia de sujetos ficcionales.
En primera instancia se interpretaran las condiciones socio-políticas de producción de la telenovela y el objetivo y trabajo de adaptación de los guionistas. A continuación se caracterizará el tratamiento narrativo de la temática y finalmente se abordarán las repercusiones sociales de la emisión.
Como marco teórico se utilizarán los conceptos de Aníbal Ford sobre cómo los temas críticos ingresan en el imaginario social y en la agenda no sólo por medio de las formas clásicas de información, sino a través de otros géneros y formatos. Además se tomará su análisis de casos para interpretar el cambio en las condiciones de posibilidad que permitió el tratamiento de esta problemática. Se tendrá en cuenta también las distintas corrientes teóricas planteadas por Vilches sobre la dependencia/independencia de los medios con respecto a la estructura de poder y del mismo autor se utilizará la interpretación de cómo la televisión afecta la concepción de la realidad social del público.
En su análisis de la “impronta narrativa” que caracteriza el tratamiento de muchos casos en los géneros informativos Ford habla del tratamiento del caso de los mellizos Reggiardo-Tolosa, bebés robados durante la última dictadura militar. Si bien los mellizos habían sido identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo en 1989, el hecho de que el ex subcomisario Samuel Miara y su mujer, los secuestradores, se hubieran escapado a Paraguay, hizo que recién en 1993 el juez Ballesteros pudiera restituirles su identidad. La determinación del magistrado de darle la custodia en principio a la familia de sangre y después a una sustituta provocó intensos debates en los medios sobre las consecuencias “psicológicas” que esta restitución pudiera tener sobre los adolescentes. En ese momento declaró al respecto Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo: “veo con preocupación y con dolor como dos chicos, que viven una dura realidad por el terrorismo de Estado, han sido victimizados por los medios de comunicación”. Carlotto advirtió que “aquí se quiere hacer creer a la sociedad que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, después de las dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer (por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.
Más allá de la implicación emocional que se advierte la declaración parece transmitir claramente el tenor de las discusiones que se plantearon en ese momento. No había consenso en cuanto a la necesidad de restituirles la verdadera identidad a estos chicos porque el tema no era un bien simbólico en el imaginario social. Este adormecimiento social sin duda tiene que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Alfonsín y por el de Menem: en 1986/1987 se habían sancionado las leyes de Punto final y Obediencia debida y en 1990 se decretaron los indultos que favorecieron a Videla y a Massera.
Ahora bien, nueve años más tarde asumió la presidencia Nestor Kirchner y uno de los pilares de su gestión sería hasta hoy los derechos humanos. En 2005 se sancionó la inconstitucionalidad de las leyes Alfonsinistas y en abril de 2007, se declaró la inconstitucionalidad de los indultos.
Vilches describe tres posiciones teóricas y metodológicas para analizar la relación de los medios con la estructura de poder. La primera sostiene que los medios constituyen una “variable dependiente del sistema político y social”, por lo que están totalmente subordinados a las relaciones de poder y son modelados por estas. La segunda considera que son una variable dependiente y además son “las instituciones dominantes de la sociedad contemporánea a los cuales las otras instituciones se someten” o que aún siendo modelados por la sociedad tienen la autonomía suficiente como para mantener o cambiar un estado de relaciones de fuerza . La última línea y la que será considerada para este análisis sostiene que “el periodismo y el mundo político interactúan adaptándose recíprocamente creando una especie de intercambio simbólico de compensación recíproca” .
En una entrevista a los guionistas de la telenovela Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón , ella afirma que “en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún trasfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.” En realidad, como se desprende de los cambios en materia de legislación, es una herida que había sido suturada a los apurones y se reabrió con el impulso del nuevo gobierno. Como afirman Cantor y Pingree, citados por Vilches: “…el grado de implicación gubernamental influye en el contenido de las Soap Operas más que los valores individuales o el talento y la creatividad de los responsables de estos programas”
Desde el “mundo político” se generaron las condiciones de posibilidad para que estos guionistas consideraran la posibilidad de ligar la adaptación de la novela de folletín al tema de robo de bebés durante la dictadura. El gobierno se encargó de poner el tema nuevamente en la agenda pública impulsando cambios en la legislación o reconvirtiendo el ex centro de detención de la Esma en Museo de la Memoria, por lo que permitió una resignificación del tema en el imaginario social y los guionistas supieron entender que se había convertido en un nuevo bien simbólico que podía tratarse más a fondo en una ficción.
El personaje de Laura Ledesma/Sáenz funciona de forma similar a los “casos” analizados por Ford en los géneros informativos, sólo que hace el recorrido inverso al que hizo el caso Reggiardo-Tolosa, cuyo tratamiento, según Ford, apeló a las convenciones del melodrama recurriendo a la figura mítica del “reconocimiento” de la identidad perdida. La historia de Laura funciona como caso porque ejemplifica la duda, la búsqueda de información y el reencuentro con la verdadera historia personal que relataban desde hacía tiempo los medios periodísticos. El hecho de que se haga desde un género ficcional como la telenovela permite una conexión emocional con el tema por parte de los televidentes, porque es un género popular que siempre se caracterizó por tratar temáticas que se conectan con la tradición mítica de todas las culturas. Las dudas y la búsqueda de Laura son un tema recurrente ya desde el mito de Edipo, donde justamente el cambio de identidad es lo que origina la tragedia. Según Ortolano, “los mitos que cada cultura produce a través de las leyendas, las devociones populares, los relatos folklóricos, los cuentos maravillosos (fairy tales) y también de sus versiones artísticas, literarias y cinematográficas, serían según Jung, manifestaciones concretas del arquetipo universal, más abstracto.” Todos estos relatos cumplieron siempre un papel fundamental en la transmisión de saberes y también de juicios morales y esta también es la función que cumple Montecristo al permitir, como sostiene Vilches, un camino de “aprendizaje social” al partir del cual la televisión “afecta nuestra concepción de la realidad social”.
Al conectar esta temática con lo más primigenio, refuerza su caracterización simbólica en el imaginario social y el establecimiento del tópico en la agenda social, sobre todo teniendo en cuenta la tercera función del mito según Campbell, de carácter sociológico, que es “validar y sostener el sistema moral vigente”. En este caso la “mitologización” del caso refuerza la condena social a los represores secuestradores de bebés e incentiva la búsqueda y la devolución de las identidades perdidas.
Si bien Ford sostiene que la increíble cobertura mediática del caso María Soledad Morales no alcanzó para generar cambios a nivel macro y con una implicancia a nivel nacional duradera, el caso de la telenovela Montecristo es distinto porque se plantea en los medios como canalizadora y reforzadora de cambios a nivel institucional y político que ya se venían dando sobre todo a partir del 2003, con el gobierno de Nestor Kirchner. Además, como sostiene el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia” y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”.
En Montecristo utilizaron la misma estrategia, filmando desde la sede de las Abuelas de Plaza de mayo y dando los datos para contactarse con ellos en diversas oportunidades y lograron un impacto directo en algunos televidentes que ya se venían haciendo los mismos cuestionamientos que Laura. Según La Nación “desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.”
A partir de los aspectos examinados puede concluirse que gracias a condiciones de posibilidad favorables la telenovela Montecristo logra utilizar las herramientas narrativas típicas de un popular género de ficción para reforzar la conciencia de amplios sectores de la sociedad sobre el tema robo de bebés e identidad.

Perfil
espectáculos
LLEVÓ A LA TV EL ROBO DE NIÑOS DURANTE LA DICTADURA
“Montecristo” ganó el Martín Fierro de Oro
Se llevó la máxima distinción y su protagonista Pablo Echarri destacó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”. En total recibió 7 estatuillas. Telefé y Canal 13, los más premiados.

La telenovela Montecristo , de Telefé, se alzó anoche con el Martín Fierro de Oro que la Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentina (Aptra) otorgó como momento culminante de la 37ma. entrega de estos lauros a la actividad audiovisual.

La tira que instaló en la ficción televisiva la dramática herencia de la última dictadura militar en materia del robo de niños, cosechó un total de siete lauros.

El envío ideado por Claudio Villarruel y Bernardita Llorente aspiraba a 17 estatuillas (en muchos rubros competía más de un participante del mismo programa) y sumó de la mano de los nombres propios de Pablo Echarri, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi y las “debutantes” María Onetto y Nora Cárpena.

Con ese aporte decisivo de Montecristo, Telefé llegó a 13 premios e igualó la línea de Canal 13 que el año anterior lo había superado ampliamente (18 a 7, incluido el de Oro para Mujeres asesinas).

En la sucesión de arribos al escenario del Auditorio Principal del predio ferial La Rural, Echarri fue la voz cantante del grupo y a la vez que ponderó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”, también sostuvo la importancia que “un canal líder le de espacio a un hecho artístico”.

En esa línea, el lauro para Saccone (ausente por estar filmando en San Luis y que en la tira interpretaba a Victoria, hija de desaparecidos) fue retirado por Pedro Luis Nadal García, el nieto número 79 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

http://www.realtvnews.com.ar/new/destacados.php?id=2868

PUBLICADO EL 18 DE MAYO DE 2007

“Montecristo” premiado

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires entregó a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, una distinción por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”.

http://www.losguionistas.com.ar

Escribiendo un éxito: Montecristo
3969 lecturas

Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón, responsables de los libros de la tira
Los autores de la tira cuentan cómo adaptaron un clásico de la literatura al género más popular de la TV: la telenovela

“Estaba pensando el otro día que para el momento en que él aparece podemos poner una placa que diga «Fin parte I» , como en el libro”, dice Marcelo Camaño, olvidando por un momento que está sentado frente a un grabador, en medio de una entrevista. El y Adriana Lorenzón escriben los guiones de la telenovela que recuperó el melodrama para la TV: “Montecristo”. Parece que no es raro esto de que en cualquier momento, hora de trabajo o no, los guionistas vean aparecer la inspiración y se larguen a pensar, trabajar y jugar con las circunstancias de la tira de Telefé Contenidos que se emite hace casi dos meses por esa pantalla. Y cada visita de la musa implica una vuelta a las fuentes: el libro “El conde de Montecristo”.
Sobre la mesa de trabajo de Lorenzón y Camaño el libraco de 1400 páginas tiene marcas, señaladores y aspecto de ser consultado seguido. “Esto es una maravilla, el final de cada capítulo es un gancho como si [Alejandro] Dumas hubiese escrito para televisión. Bueno, el folletín tenía algo de eso. Si hasta le medían el rating porque si no vendían bien el periódico del día en que salía el capítulo al próximo número no lo ponían”, dice Lorenzón que después de años de transitar los guiones costumbristas de “Buenos vecinos” y “Los Roldán”, entre otros, volvió al primer amor, la telenovela.
Claro que “Montecristo” no es una telenovela como otras, porque aunque respeta todos los tópicos del género lo hace de una manera particular. Ahí están el amor, la venganza, los desencuentros familiares y hasta las identidades confusas, sin embargo en el camino de la página literaria a la pantalla televisiva algo cambió. La realidad argentina se coló de manera inédita en la ficción.
“Primero hubo una relectura del libro y después se trabajó para adaptar «Montecristo» a la Argentina de hoy. Fundamentalmente se trata una historia de amor. Empezamos a trabajar desde un lugar de admiración por el libro porque para nosotros, los que escribimos tele, es una novela básica, fundacional. La idea de Telefé contenidos de poner a la luz el título nos favoreció porque nos dio vía libre para jugar con la novela original”, dice Camaño, responsable el año que pasó de los guiones de “Doble vida” y parte del equipo que realizó “Resistiré”.
–Y ese juego implicó poner al tema de la dictadura y su consecuencias en el centro del relato.
Lorenzón: –Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.
–¿Qué opciones argumentales descartaron?
Camaño: –Los otros temas que barajamos tenían que ver con el narcotráfico o implicaban meternos en política partidaria más directamente: candidaturas y esas cosas que ya se abordaron en otras novelas y nunca muy a fondo.
–En esta oportunidad la excusa política quedó en el centro de la escena.
Camaño: –La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago (Echarri), Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época. Era una vuelta de tuerca que nos cuadraba perfecto, que no se había hecho todavía en la TV, que nos servía para realzar la historia y que suponía saldar una deuda grande de la pantalla chica con este tema.
Lorenzón: –Además este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: “Estoy en paz”. Acá la venganza se va a transformar en justicia.
–¿Cómo trabajaron el hecho de que el héroe de esta telenovela a veces actúa igual o peor que los villanos?
Camaño: –Es difícil porque tenemos un héroe que va y le pega con un palo en la cabeza al malvado. En algún momento hará el arco de vuelta. Por ahora tiene muchas contradicciones, cada vez que hace algo mal se da cuenta, lo sufre. Lo cuidamos mucho, pero nos permitimos pasar ciertos límites que en la novela tradicional no se puede.
Rompiendo moldes
“Montecristo”, con sus escenas de acción, sus largos diálogos cargados de información y sus personajes dotados de más de una cara es novela clásica y de ruptura al mismo tiempo. Una combinación novedosa para una TV que hasta su aparición parecía preferir el humor a la pasión.
–La trama de la tira obliga a dejar de lado el control remoto.
Lorenzón: –Esta es una historia muy compleja, buscamos mucho por dónde iba porque el relato del libro es muy truculento, muy lúgubre, con cantidad de personajes que están todos vinculados entre sí. Para nosotros es una suerte tener un historia tan fuerte que involucra a todos. Lo que sucede en aquella punta afecta a la otra entonces hay que estar muy atentos a que eso esté sincronizado todo el tiempo.
Camaño: –La idea de Claudio [Villarruel] y Bernarda [Llorente] desde un principio fue que ésta fuera una novela para escuchar. Por supuesto que la TV es entretenimiento y se la mira mientras se da de comer a los pibes y se atiende el teléfono, pero queríamos hacer una tira que se escuchara, en la que se dijeran cosas. Tenemos que repetir información para que los espectadores no se pierdan, pero está pensada así: “Te perdiste un capítulo, que pena para vos”.
Sincronicen sus relojes
Hubo una época en que era posible usar como sinónimos la hora que marcaba el reloj con el momento exacto del día en que empezaba la telenovela preferida. “Es la hora de mi novela”, decían hasta hace poco tiempo los seguidores de este género. En la TV actual ese juego del lenguaje es imposible, pero los autores de “Montecristo” encontraron una buena manera de reemplazar esa costumbre. “Es a.M. y d.M. Hay gente que nos cuenta que organiza su noche según esas coordenadas”, dirán. Y la explicación no se hace esperar, a diferencia de la mayoría de los ciclos de la pantalla chica. “Es que a.M. y d.M. son las siglas de antes de «Montecristo» y después de «Montecristo». Los seguidores son bastante ocurrentes”, se ríe Camaño. Tanto él como Lorenzón miran los capítulos al mismo tiempo que el público y con la misma pasión. O casi.
“Una mamá del colegio de mi hijo me dijo el otro día muy seria: «Si no se encuentran la semana que viene te retiro el saludo»”, dice Lorenzón con un sonrisa, aunque cada vez que abra su casilla de mails la encuentre tapada de mensajes de sus amigos y conocidos que utilizan variados insultos para pedirle que reúna a los protagonistas.
“Estamos muy concentrados en la historia y a veces nos preguntamos cuánto debería durar esta novela. Porque ya vemos que 150 capítulos no nos van a alcanzar. Este relato no tiene mesetas porque todo el tiempo se abre un juego nuevo. Puntos de giro tenemos para tirar al techo”, se entusiasma Lorenzón mientras desde la mesa de trabajo “El conde de Montecristo” vuelve a abrirse para sumar material a la telenovela que todas las noches le hace un brillante homenaje.
Por Natalia Trzenko
Foto: Gustavo Seiguer
De la Redacción de LA NACION
Lo mejor que pasó y lo que está por venir

En los casi dos meses que lleva “Montecristo” en el aire hubo muchas escenas fuertes, esas que por su contenido dramático quedarán en los oídos y las retinas del espectador mucho tiempo después de vistas. Entre ellas figura algunas de impresionante despliegue técnico, como la del escape de la prisión marroquí, y sobre todo otras de enorme despliegue emocional. A saber: el primer acercamiento de Santiago (Echarri) a la que fue su novia, Laura (Krum), y el momento en que cree descubrir que ella tuvo un hijo con su enemigo; el reencuentro de Santiago con Sarita (Rita Cortese), la mujer que lo crió; la desesperación de Marcos (Joaquín Furriel) cuando Laura le propone separarse y, entre las más recientes, la gran escena jugada por Paola Krum y Virginia Lago en la que ésta le revela a su supuesta sobrina que no lo es.
Claro que la secuencia más conmovedora todavía no sucedió: el momento en que Laura y Santiago vuelvan a encontrarse cara a cara. Hasta ahora los acercamientos de la pareja sirvieron para aumentar aún más la expectativa: Los amantes separados injustamente se cruzaron en la casa de Santiago aunque siempre a través de la cámara Gesell instalada para espiar a los visitantes; en la calle dónde Laura lo vio de espaldas; en el asalto al restaurante del tenebroso Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro) dónde, máscara mediante, Santiago se acercó a su amada/odiada Laura. Y, finalmente esta semana, compartieron un beso mientras la protagonista estaba bajo los efectos de la anestesia.
No se sabe todavía cuándo llegará el encuentro, pero sus autores adelantan que será todo menos sencillo: “Será muy difícil porque en su relación no hay un perdón que alcance”.

http://www.nuncamas.org/investig/menores/r2080.htm

(Caso mencionado en Ford, La marca de la bestia, pag.265)
Reggiardo Tolosa, Matías Angel

Menores y jóvenes restituidos

Madre: María Rosa Ana
TOLOSA Matías Angel
REGGIARDO TOLOSA Padre: Juan Enrique
REGGIARDO

Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1977 (en cautiverio)
Edad a la fecha del secuestro: alrededor de 6 meses de gestación
Zona de Secuestro: 1
Fecha de secuestro: Febrero de 1977
Vista en CCD: La Cacha
Zona de CCD: 1/11/113
Fecha de localización: 1989
Fecha de restitución: Noviembre de 1993

María Rosa tuvo mellizos durante su cautiverio: Matías Angel y Gonzalo Javier.

Por denuncias recibidas por la familia de la desaparecida Liliana Ross, los niños apropiados por el Subcomisario Samuel Miara fueron buscados como hijos de esta joven que desapareció embarazada.

Los Miara huyeron a Paraguay cuando el juez ordenó los análisis inmunogenéticos.

Cuando se consiguió la extradición y los apropiadores volvieron con los dos niños, el Banco Nacional de Datos Genéticos determinó que eran los hijos de la pareja formada por Juan Enrique REGGIARDO y María Rosa Ana TOLOSA, quienes permanecieron detenidos en el centro clandestino de detención “La Cacha”, de donde María Rosa fue sacada para dar a luz y ya no fue devuelta. Los jóvenes habían sido secuestrados en febrero de 1977.

Los mellizos fueron identificados en 1989. Recién en 1993, la Justicia les devolvió su identidad y fueron restituidos a su familia biológica.

Por intromisión de personas extrañas al caso y por la violenta campaña contra la restitución de la identidad a los menores desaparecidos desatada desde algunos medios de comunicación, la relación con la familia materna, que se estaba iniciando bien, fue entorpecida. Hasta alcanzar la mayoría de edad, los mellizos Gonzalo y Matías vivieron con una familia sustituta.

Actualmente mantienen contacto con la familia biológica y conocen la verdad de su historia.

Sus padres permanecen desaparecidos.

http://www.clarin.com/diario/1998/09/22/t-01201d.htm

Edición Martes 22.09.1998 » Política » Medio millón para reparar una parte de la historia

DERECHOS HUMANOS: LOS MELLIZOS REGGIARDO TOLOSA, HIJOS DE DESAPARECIDOS
Medio millón para reparar una parte de la historia

Se los dará el Estado
• Porque ya tienen 21 años
• Ellos volvieron a vivir con Miara, quien se los apropió al nacer

Por DANIEL GUTMAN. De la Redacción de Clarín
Los mellizos Reggiardo Tolosa cobrarán en los próximos días la indemnización que les corresponde como herederos de sus padres, desaparecidos durante la última dictadura militar.El Ministerio del Interior emitió el último jueves, con los números 1835/98 y 1836/98, las dos resoluciones que benefician a los hermanos que fueron secuestrados y privados de su verdadera identidad por el ex torturador Samuel Miara y su esposa, Beatriz Castillo, en mayo de 1977. Pocos días antes habían nacido en un parto clandestino, en el penal platense de Olmos.Los mellizos, a quienes la Justicia les devolvió el apellido Reggiardo Tolosa en 1993, hoy están viviendo otra vez con los Miara. En mayo último, cuando alcanzaron la mayoría de edad, al cumplir 21 años, decidieron volver con quienes los habían anotado como hijos propios. Así se lo confirmó a Clarín el abogado del ex subcomisario Miara, el ex funcionario de la dictadura Jaime Smart. Otras dos fuentes informaron lo mismo.Hasta entonces, los dos jóvenes habían estado con una familia sustituta por decisión del juez Jorge Ballestero, que ejercía la tutela legal sobre ambos y fue quien inició en 1996 el trámite para obtener la indemnización.La reparación que establece la ley 24.411 para las víctimas del terrorismo de Estado es de una suma equivalente a cien sueldos de un empleado de la administración pública nivel A. Gonzalo y Matías cobrarán 448 mil pesos en bonos por la desaparición de sus padres (224 mil por cada uno), Juan Enrique Reggiardo y María Rosa Tolosa.El matrimonio Miara, que se había afincado en Caballito en los últimos años, ahora volvió a vivir con los mellizos en Ciudadela, la misma zona del Gran Buenos Aires desde donde en 1985 habían huido al Paraguay de Alfredo Stroessner. Aquel año, la organización Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a sospechar que los chicos eran hijos de desaparecidos. Desde ese país serían extraditados en 1989.Matías estudia hotelería y trabaja en una agencia de turismo. Gonzalo tiene un alto promedio en la carrera de Ingeniería electrónica, en la Universidad Tecnológica Nacional, y colabora con Miara en la fábrica de zapatos que tiene el ex torturador.Ambos jóvenes estudian inglés y tienen proyectos: irse a vivir solos y viajar por el mundo, posiblemente a hacer algún posgrado. Las fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que los mellizos atraviesan un buen momento luego del sufrimiento que les generó la exposición pública de su caso, en 1994.Durante ese año, los hermanos fueron restituidos a su familia de sangre. Vivieron seis meses en la casa de su tío Eduardo Tolosa, que en un principio había iniciado una querella contra Miara, pero luego desistió.Cuando vivían con su tío, según recordó un protagonista de aquel proceso, querían que los Miara y los Tolosa se juntaran los domingos a comer, como una gran familia. La restitución fracasó. Eduardo Tolosa, finalmente, renunció a la guarda de los chicos, que fueron adjudicados a una familia sustituta. Esta, de apellido García, tenía y todavía conserva relación con los Miara.Los mellizos leyeron el libro Nacidos en la sombra, de Andrea Rodríguez, que cuenta la historia de su secuestro y la actuación de Miara como torturador, en los centros clandestinos de detención El Banco, El Olimpo y Club Atlético. De todas maneras, el único familiar con el que tienen contacto hoy es Elina Peralta López, una prima de su madre. La familia, igualmente, confía en que algún día se autorrestituyan, como dijo un pariente que pidió no ser nombrado.Mientras tanto, Miara enfrenta la posibilidad cierta de volver a la cárcel en los próximos meses. Y, según dijo a Clarín su abogado, no dudará en cumplir lo que establezca la Justicia.El 22 de diciembre de 1994, el ex represor fue condenado a siete años y medio de prisión por el juez Ballestero. Pero al día siguiente salió en libertad condicional, porque ya había pasado más de seis años detenido por la misma causa.Un año después, la Sala II de la Cámara Federal le aumentó su pena a doce años, pero la Corte Suprema anuló ese fallo. El máximo tribunal consideró que no tenía suficientes fundamentos y que no se habían valorado las circunstancias atenuantes. Con los votos de los cinco jueces considerados más cercanos al Gobierno, el tribunal hizo referencia a que la esposa de Miara había perdido un embarazo pocos meses antes del secuestro de los Reggiardo Tolosa.El 28 de agosto, la Sala I de la Cámara confirmó la condena a doce años. El abogado de Miara presentó hace pocos días un recurso extraordinario para que el caso vuelva a la Corte. Es su última oportunidad de no volver a una celda.

http://www.fcen.uba.ar/prensa/micro/1994/ms154.htm

CONFLICTO POR LOS MELLIZOS REGGIARDO-TOLOSA. A raiz del escandalo
generado por la presencia de los mellizos Reggiardo-Tolosa en varios
programas televisivos, el juez Jorge Ballesteros, que tiene a su
cargo la causa por la tenencia de los jovenes, hijos de
detenidos-desaparecidos, dispuso cambiar la guarda, que estaba a
cargo de un familiar. Los dos hermanos, de 17 a#os, viviran
provisoriamente con una familia substituta. Entretanto, el juez
Ballesteros sufrio un atentado intimidatorio el martes 31 de mayo,
cuando a su antigua vivienda llego un paquete con dos granadas, que
no alcanzaron a explotar.

Ballesteros habia dispuesto el 5 de noviembre pasado que los mellizos
Matias y Gonzalo vivieran con sus familiares legitimos, estando a cargo de un
tio. Durante 16 a#os los dos menores estuvieron en poder del ex-comisario de
la Policia Federal Samuel Miara y su esposa Beatriz Castillo. Segun
testimonios de ex detenidos en centros clandestinos de detencion, Samuel
Miara formo parte de grupos represivos durante la ultima dictadura,

En el centro clandestino de “La Cacha”, ubicado en cercanias de la
carcel de Olmos (prov. de Bs. As.) estuvieron detenidos Juan Enrique
Reggiardo, dibujante, y su esposa, Maria Rosa Tolosa, estudiante de
arquitectura, y embarazada de seis meses al momento de su detencion, el 8 de
febrero de 1977. Luego de la detencion se perdio el rastro, desconociendose
el paradero de la pareja, de Antonia Oldani de Reggiardo (madre de Juan
Enrique) y de los ni#os que Maria Rosa llevaba en su vientre, y que nacieron
el 28 de abril de 1977.

En 1984, la organizacion Abuelas de Plaza de Mayo (formada por
familiares de detenidos-desaparecidos) pudo ubicar a una pareja de ni#os, en
poder de Miara y su mujer. En un primer momento se supuso que eran hijos de
otros detenidos-desaparecidos, pero los examenes de histocompatibilidad
realizados por orden de la justicia determinaron la verdadera identidad de
los dos hermanos.

Recien a fines de 1993 la Justicia puso a los hermanos Matias y
Gonzalo bajo custodia de su legitima familia. Esos nueve a#os de demora se
debieron no solo al lento trabajo de la justicia argentina sino tambien a la
fuga del matrimonio Miara. En 1986 los Miara se fugaron al Paraguay,
llevandose consigo a los dos chicos. Tras arduas tratativas diplomaticas en
1989 se logro la extradicion de la pareja y el retorno de los ni#os, y en
1991 el juez Weschler le dicto la prision preventiva a Miara, por el delito
de supresion de identidad.

Pero este no es el unico contacto que tuvo el comisario Miara con la
Justicia. Segun declararon a la Comision Nacional de Desaparicion de
Personas (CONADEP, organismo encargado en 1984 de estudiar la represion
ilegal en la Argentina del “Proceso”), Samuel Miara, con el alias de
“Cobani”, fue torturador de los campos de concentracion de “El Banco”, “El
Atletico” y “El Olimpo”. Tambien fue acusado de violar a una detenida, segun
consta en legajos de la CONADEP.

Tambien durante la ultima dictadura, Miara fue acusado de ser
participe del secuestro de Veronika Moskovitz y de Roberto Apstein, hijos de
empresarios judios. A#os despues, en 1991, los policias detenidos por el
secuestro del empresario Mauricio Macri, (la tristemente afamada “banda de
los comisarios”), tambien involucraron a Miara en el secuestro del empresario
Benjamin Neuman.

No hubo ninguna condena a Miara por estos tres casos, pero aparecio
el sugestivo hecho que Moskovitz, Apstein, y el hijo de Neuman estudiasen en
la Escuela del Sol. En este colegio, donde concurrian hijos de empresarios
judios, trabajaba como celadora Norma Miara de Longarella, hermana del
comisario. Como dice la nota del periodista Horacio Verbistky, aparecida el
domingo 5 en “Pagina/12″: Condenas, ninguna. Coincidencias, todas”.

Por su supuesta vinculacion a la “banda de los comisarios”, Miara fue
detenido y procesado por “asociacion ilicita y secuestro extorsivo”. Pero
luego, los miembros de la banda cambiaron sus declaraciones por lo que el
juez de la causa dispuso la libertad de Miara por falta de merito, y el 12 de
octubre de 1993 dicto su sobreseimiento provisional.

Con respecto a los mellizos, Estela Carlotto, presidenta de las
Abuelas de Plaza de Mayo, opino que “veo con preocupacion y con dolor como
dos chicos, que viven una dura ralidad por el terrorismo de Estado, han sido
victimizados por los medios de comunicacion”. Continuo diciendo la dirigenta
de derechos humanos que, “no tenemos que ocultar que en esto han intervenido
presiones de terceros, como algunos comunicadores, tales son los casos de
Bernardo Neustadt, Marcelo Longobardi y Daniel Haddad, entre otros, que en
una accion descalificadora han puesto al desnudo a estos chicos frente a la
sociedad, una sociedad que interpreta los hechos con mucha liviandad”.

Estela Carlotto agrego que “aqui se quiere hacer creer a la sociedad
que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, despues de las
dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer
(por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.

La participacion de los dos menores, (una “operacion de prensa”), se
realizo en los programas “Tiempo Nuevo”, de Bernardo Neustadt, celebre amigo
de todas las tiranias argentinas; en la audicion de Samuel Gelblung, quien
fue uno de los jefes de la revista “Gente” durante los a#os de la dictadura;
y en “H&L”, el programa que dirigen los jovenes Haddad y Longobardi, que
reunen todas las condiciones para ser considerados los sucesores de Neustadt.
(Fuentes: Clarin 1/6, La Nacion 2, 3 y 4/6, y Pagina/12 5/6/94) -|-

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-30877-2004-01-28.html

El país del Miércoles/28-Ene-2004(4)|Hoy
LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
A los 25 años de edad y tras mucho tiempo de sospechas, Juan Cabandié Alfonsín recuperó su nombre y conoció a su familia.Nació en la ESMA y fue apropiado por un agente de inteligencia.

Estela Carlotto explicó que Juan se acercó a las Abuelas porque sospechaba de sus apropiadores.
Subnotas
• “Un hombre peligroso”
Por Irina Hauser
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como “Fuerzas Conjuntas” volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. “Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan”, detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Yo me quiero llamar así, Juan”, dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: “Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor”. “Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima”, agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que “a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme”, reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. “Muñeca”, como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: “Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores”. Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
“Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia”, confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. “Me llevé una gran sorpresa”, suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. “Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá”, dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. “Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe”, solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan “está aún en shock” y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos.

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=860701

Revista
Publicado en la ed. impresa: Revista
Domingo 26 de noviembre de 2006
Noticias | Archivo | Domingo 26 de noviembre de 2006 | Revista | Nota

Nota de Tapa I

El fenómeno Montecristo

La novela que protagonizan Pablo Echarri y Paola Krum es uno de los ciclos de mayor rating de la televisión argentina. Con temas tan delicados como la apropiación de niños por parte de la última dictadura militar y los desaparecidos como ejes, la trama generó en la teleaudiencia una aceptación total

Montecristo, la novela protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum, figura entre los ciclos con más alto rating de la TV argentina durante este año. La planilla de medición de audiencia registra la cantidad de televisores encendidos y el canal en el que están sintonizados. Hasta allí, un asunto que condiciona los movimientos de la industria de la televisión y la publicidad. En la sociedad, en cambio, cuando se apaga el televisor se enciende el verdadero poder de la TV: su capacidad para instalar los temas en la agenda colectiva. En palabras del teórico francés Dominique Wolton, “la televisión es un formidable instrumento de comunicación entre los individuos. Lo más importante no es lo que se ha visto, sino el hecho de hablar de lo que se ha visto. La televisión es un objeto de conversación. La televisión es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los habitantes rurales y los urbanos. Todo el mundo mira la televisión y habla de lo que ha visto. ¿Qué otra actividad es hoy día tan transversal?”

Medido con la vara de las charlas compartidas, a Montecristo le corresponde la virtud de haber puesto en boca de los argentinos la apropiación de niños durante la última dictadura militar y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, empeñadas en recuperar a sus nietos para devolverles la identidad robada. Pero la influencia social de la novela fue más allá de las palabras y se tradujo en hechos: desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.

Escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la telenovela producida por Telefé Contenidos toma como disparador El conde de Montecristo, la obra de Alejandro Dumas, para construir una versión libre de esa historia de traición y venganza. Adaptada a la realidad argentina, el personaje de Santiago (Pablo Echarri), víctima de un siniestro plan de su amigo Marcos, después de pasar diez años en una prisión de Marruecos regresa a Buenos Aires decidido a vengarse. Aquí lo espera más espanto: su antigua novia, Laura (Paola Krum), está casada con Marcos, es hija de desaparecidos y fue criada por un torturador, Lisandro (Roberto Carnaghi).

“En la Argentina ya se había escrito mucho sobre los desaparecidos y la apropiación de niños, pero el mensaje no se transmitía más que al sector de los interesados en el tema –sostiene Adriana Lorenzón–. El acierto de Montecristo fue tocar el tema en un género tan popular como es la telenovela. Eso nos permitió llegar a muchos ciudadanos para quienes la tarea de Abuelas no formaba parte de su vida cotidiana. A raíz del programa, esa gente incluyó esa realidad en sus conversaciones.”

A nadie se le escapa que el género de la telenovela fue concebido para audiencias masivas. Pero el formato por sí mismo no garantiza la aceptación del público. ¿Cómo se explica entonces la gran repercusión de Montecristo? Según el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director del Proyecto Comunicación y miembro del Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tira basa su éxito en una conjunción de elementos: “Es una historia clásica porque toma un viejo tema del melodrama, el reconocimiento de la identidad, pero lo cuenta desde el presente político, y lo hace en el marco de una Argentina donde el actual gobierno ha vuelto a poner en primer plano la historia reciente de la dictadura y la necesidad de encontrar la verdad y la justicia. Si a eso se suman los destacados trabajos actorales, el resultado es una buena telenovela. Que la telenovela esté bien hecha es importante porque el televidente no se dispone a ver un ciclo periodístico ni político ni de denuncia, sino una buena historia”.

Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora del Conicet-IDES, acuerda: “Es una telenovela con todos los elementos de una buena narrativa: tiene complejidad de personajes, matices, situaciones de ambivalencia y dilemas morales”.

A decir verdad, ni los autores pudieron escapar de los conflictos éticos. Cuenta Adriana Lorenzón que diseñar el personaje de Lisandro, el torturador que se apropió de Laura, no fue tarea sencilla: “Tuve que romper con mi prejuicio para poder guionarlo –admite–. Yo lo veía como un villano total porque, para mí, ese nivel de violencia y de maldad es injustificable. Pero, para interpretarlo, Roberto Carnaghi necesitaba quererlo y encontrar las justificaciones propias de un tipo como Lisandro”. Puesto a construir un victimario verosímil, Carnaghi le soltó a la guionista un argumento propio de un represor: “Imaginate que este tipo no pudo ver el Mundial del ’78 –le dijo Carnaghi a Lorenzón, en relación con Lisandro–, porque cuando había partidos era cuando más se torturaba. Pensá que Lisandro se perdió el Mundial”.

La tele que educa

“En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia”, explica Quevedo, y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”, razona Quevedo.

México no es el único país de la región que utiliza la telenovela para movilizar conciencias. En Brasil, en el año 2000, Lazos de familia, producida por la Rede Globo, funcionó como una verdadera campaña a favor de la donación de órganos. A través del personaje de Camila, una muchacha que padecía leucemia y necesitaba un trasplante de médula para salvarse, el ciclo transmitió al público masivo el mensaje de que existen órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Osea saltó de 20 a 900 por mes.

Para que una ficción televisiva logre modificar la conducta de personas de carne y hueso es necesario que su prédica caiga en terreno fértil, que la sociedad esté dispuesta a recibirlo. ¿Habría producido Montecristo la misma conmoción colectiva sin la distancia que separa los crímenes cometidos del presente? Adriana Lorenzón baraja la historia argentina y plantea sus hipótesis: “Un buen momento podría haber sido cuando tuvo lugar el juicio a las juntas militares, porque entonces teníamos el ímpetu de querer encontrar una respuesta. Luego ya no, porque vino la decepción de la Ley de Obediencia Debida y los indultos. Este año fue particularmente apto para hacer esta novela porque en la sociedad hay una cierta apertura al tema. Por un lado, porque se cumplieron 30 años del golpe y de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. Por el otro, porque, fruto de la derogación de los indultos y de la reapertura de los juicios a los responsables del horror, se ha despejado el camino para seguir buscando la verdad y la justicia”.

Psicóloga, doctorada en psicoanálisis en la Universidad de París VII y autora de Dolor país y No me hubiera gustado morir en los 90, Silvia Bleichmar opina que Montecristo genera “un nivel de identificación muy profundo en los espectadores”. A su modo de ver, “es una novela que, en vez de convocar a la ensoñación, convoca a realizar las tareas pendientes en la búsqueda de la identidad. En la Argentina, la preocupación por la identidad está presente, y no sólo en relación con los crímenes del terrorismo de Estado. Hay personas de más de 50 años que en la infancia fueron adoptadas de modo ilegal y que a estas alturas de su vida han comenzado a preguntarse quiénes son”. (Ver recuadro aparte.)

¿Justicia o venganza? En esa encrucijada está atrapado el personaje de Pablo Echarri. “Lo que plantea Montecristo es la banalidad de la venganza, que es un circuito irreparable pero aparece como una tentación permanente cuando no hay justicia –analiza Bleichmar–. La justicia es la forma en que las víctimas se sienten liberadas de la obligación de hacerse cargo de la venganza. En ese sentido, la sociedad argentina se ha manejado con enorme responsabilidad: no hay un solo torturador ajusticiado por su víctima ni un apropiador ajusticiado por una abuela. Por eso, es falso el debate acerca de si las víctimas buscan venganza. Además, en la medida en que los victimarios no piden perdón y se jactan de sus acciones, es perverso pedirles a las víctimas que los perdonen. El perdón se puede otorgar únicamente sobre la base del arrepentimiento del culpable, nunca como el pedido de una concesión más.”

Es evidente que Montecristo ha puesto el dedo en varias llagas. La duda del millón es qué sucederá en la sociedad cuando la tira ya no esté en la pantalla. Elizabeth Jelin pone signos de interrogación en el horizonte: “Cuando termine la novela se verá si este saber que la televisión ha llevado a audiencias masivas se convierte en un tema de reflexión y debate en los sectores que estaban más o menos ajenos al tema de la apropiación de niños, o si Montecristo quedará como un producto televisivo de ficción sin consecuencias sociales duraderas”.

Por Adriana Schettini

En busca de la identidad

Sabido es que el delito de apropiación de criaturas nada tiene que ver con la grandeza de alma que lleva a hombres y mujeres a adoptar un niño. Pero en un país con larga tradición de desapego a la ley, el bien y el mal se tocan.

“La dictadura pudo concretar el horror con los hijos de los desaparecidos porque en la Argentina ya existía impunidad respecto de la apropiación de niños. Hasta hace 15 o 20 años era corriente la apropiación de los niños de las clases pobres inscribiéndolos bajo una forma que ocultaba la verdad. Ni siquiera al niño se le decía la verdad sobre su origen biológico. Esoya no ocurre. Más aún, el Registro Nacional de Identidad permite que el hijo adoptivo acceda al expediente para saber quiénes lo engendraron”, dice la psicóloga Silvia Bleichmar.

–¿Es ésa la pregunta central en la vida de quien ha sido adoptado?

–El gran enigma del niño adoptivo no es quién lo engendró, sino por qué no se quedaron con él. Hay una pregunta que se repite en los consultorios: “¿Qué hice yo para que mi madre biológica no me tuviera con ella?”.

–¿Qué se entiende por identidad?

–No es verdad que la identidad de una persona sea la identidad biológica de origen. La identidad es la que se construye en la vida de un ser humano. Pero en la medida en que hay un enigma sobre la identidad biológica el sujeto no puede construir su identidad actual, porque para hacerlo necesita abandonar previamente el mito de la identidad perdida.

–¿Influyó la apropiación de niños en las preguntas que se hacen los hijos adoptivos?

–A finales de los años 80 y durante los 90, un alto número de chicos legalmente adoptados comenzaron a manifestar sus fantasías de ser hijos de desaparecidos. Desde el punto de vista psíquico, loslesionaba menos la idea de haber sido robados de padres que los amaron que la de haber sido abandonados por sus padres biológicos.

El original de Alejandro Dumas

Después de un accidentado viaje en barco, el honesto oficial Edmundo Dantés, a punto de recibir la promoción de capitán, regresa a Marsella, donde vive, dispuesto a casarse con una bella catalana, Mercedes. Sin embargo, el destino le tiene reservado otros planes y, acusado infundadamente de ser agente bonapartista, es injustamente encarcelado por la denuncia de su mejor amigo, Fernando Montego, que aspira al amor de la misma mujer.

Condenado a cumplir su pena en el castillo de If, una prisión de la que nadie ha conseguido escapar, Edmundo envejece en una celda junto a un anciano llamado Faría, un religioso erudito que es su compañero durante trece años. Este hombre le revelará un secreto, un lugar donde hay enterrado un tesoro (decenas de cajas llenas de monedas de oro). Y la forma de escapar de la prisión…

Así comienza la segunda parte, cuando Edmundo se convierte en el Conde de Montecristo y regresa para vengarse. Bajo distintas personalidades –desde un abate italiano hasta un rico banquero inglés–, Edmundo Dantés vuelve a Marsella y descubre, con perplejidad, que todos aquellos que lo traicionaron han triunfado. Creyéndolo muerto, su ex novia se ha casado con quien había sido su mejor amigo, Fernando, convertido ahora en Conde de Moncerf. La pareja ha tenido un hijo, Albert, al que Montecristo siente como propio. La novela es el relato pormenorizado de la venganza de Edmundo, trazada paso a paso durante los duros y lúgubres años de cárcel.

Es considerado el mejor trabajo de Alejandro Dumas (padre), que lo concluyó en 1844 y fue publicándolo en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes. La aparición de este folletín en el Journal de Debats, un diario de París, produjo un fenómeno de masas desconocido para la época. Sus lectores escribían cartas a la redacción solicitando la revelación anticipada del desenlace de la historia y la gente empezó a dar vida a los personajes de la novela, que adquirieron sorprendente dimensión histórica, a pesar de ser enteramente ficticios.

El origen de El Conde de Montecristo surgió de una historia que el propio Dumas declaró haber leído en las Memorias de Jacques Peuchet, un archivista de la policía de París. En El diamante y la venganza, Peuchet contaba la historia de un obrero y zapatero llamado Francis Picaud, que vivía en París en 1807 y quien, a punto de casarse con una rica candidata, visita a un amigo suyo que, junto a tres pícaros, decide apostar a que la boda del inocente enamorado podía aplazarse por algunos días. Lo acusaron a la policía de ser un espía inglés y la broma se les fue de las manos. El inocente fue apresado y pasó siete años en una cárcel en Italia. Al salir, el otrora ingenuo Picaud tomó un nuevo nombre y entró a trabajar al servicio de un sacerdote que lo apadrinó y lo designó su heredero universal. Rico y ennoblecido, el bueno de Picaud inició una venganza en cadena contra cada uno de sus ofensores.

Este fue el origen del argumento de El Conde de Montecristo. Dumas tomó la idea de Peuchet explotando sin el menor escrúpulo la satisfacción pagana que producía en sus lectores ser testigos de la ejecución de una venganza, que para muchos era sencillamente ejemplar.

IDENTIDAD EN CONFLICTO

ANÁLISIS DE LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDA A PARTIR DE LA FICCIÓN: CASO MONTECRISTO

ALUMNA: DESIRÉE MACRINI
MATERIA: SEMIÓTICA DE LOS MEDIOS CONTEMPORÁNEOS
COMISIÓN: MIÉRCOLES NOCHE
AÑO: 2007

En el presente trabajo se analizará de qué forma y con qué efectos se introduce el tema robo de bebés durante la última dictadura militar en la telenovela Montecristo y cómo dicha ficción contribuye a la inclusión del tema en la Agenda social y en el Imaginario social.
“Montecristo, un amor, una venganza”, es una adaptación libre de la novela de folletín de Alejandro Dumas publicada a lo largo de 1845 y 1846, en una serie de 18 partes. La historia inicia con un flashback a 1995 cuando Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) y Marcos Lombardo (Joaquín Furriel) parten hacia Marruecos para participar de una competencia de esgrima. En Buenos Aires Santiago deja a Laura Ledesma, quien espera un hijo de él aunque todavía no lo sabe y Marcos a su padre, Alberto Lombardo, ex médico encargado de los partos clandestinos en Campo de Mayo. Este último, acorralado por las investigaciones del juez Díaz Herrera, padre de Santiago, decide mandar a matar al magistrado y le exige a Marcos que participe en la emboscada orquestada para asesinar a Santiago, quien logra sobrevivir aunque permanecerá diez años en una cárcel de Marruecos. De vuelta al tiempo en el que transcurre la novela, 2005, Marcos está casado con Laura y le ha dado su apellido al hijo que ella concibiera con Santiago mientras que Lombardo padre ha logrado detener la investigación en su contra. Santiago logra escapar de la cárcel y ayudado por Victoria Sáenz (Viviana Saccone), una cirujana que debió exiliarse desde chica en España después del secuestro de sus padres durante la dictadura, vuelve a Buenos Aires para planificar la venganza con el botín cuya ubicación le ha develado un compañero de prisión. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama de la venganza aparece un nuevo hilo conductor, la búsqueda de la identidad. Ante el dilema que se le plantea a Laura sobre si es conveniente o no contarle a su hijo Matías quién es su verdadero padre, ella misma comienza a cuestionarse su origen. Inicia entonces una búsqueda desesperada de información, pero ante la negativa de Lisandro Donoso (Roberto Carnaghi), su apropiador, de revelar la verdad y ante el desconocimiento e ingenuidad de su mujer (Virginia Lago) decide buscar por su cuenta. Así llega a enterarse que Alberto Lombardo fue el que atendió el parto de su madre y el que la entregó a Donoso, quien trabajaba en el casino de oficiales de Campo de Mayo, se contacta con las Abuelas de Plaza de Mayo y se realiza el análisis de ADN que determina que es la hermana secuestrada que había buscado toda su vida Victoria Sáenz. Laura Ledesma recuperará su identidad y pasará a llamarse Laura Sáenz.
Si bien el tema se había tratado tangencialmente en otro programa , esta es la primera vez que el tema de la recuperación de la identidad se desarrolla en profundidad y adquiere relevancia central en una telenovela de horario central de este tipo. Este hecho ha tenido una repercusión mediática y social notoria y aún lo sigue teniendo como lo demuestra el premio otorgado el 18 de mayo de 2007 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, “por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”. Para dar cuenta cabalmente del devenir del conflicto el análisis se hará en base a la totalidad de la emisión, pero enfocándonos en el personaje de Laura Ledesma/Sáenz.
A partir del criterio de catalogación “relación de los contenidos con los referentes” que plantea Orza , se considera que Montecristo es un tipo de discurso ficcional porque se basa en un campo de referencia interno, que si bien puede presentar distintos “grados de alejamiento/aproximación con la realidad referencial (…) muy difícilmente llega a superponerse a ésta mediante la representación directa de acontecimientos, personas u objetos reales”. Dentro del discurso ficcional Montecristo se caracteriza por ser una telenovela, ya que tenía una frecuencia de emisión diaria, aunque a diferencia de las telenovelas tradicionales se transmitía en el horario nocturno de 22:30. En cuanto a su estructura interna, presentaba una organización narrativa seriada y con continuidad, una organización espacio-temporal fingida y la presencia de sujetos ficcionales.
En primera instancia se interpretaran las condiciones socio-políticas de producción de la telenovela y el objetivo y trabajo de adaptación de los guionistas. A continuación se caracterizará el tratamiento narrativo de la temática y finalmente se abordarán las repercusiones sociales de la emisión.
Como marco teórico se utilizarán los conceptos de Aníbal Ford sobre cómo los temas críticos ingresan en el imaginario social y en la agenda no sólo por medio de las formas clásicas de información, sino a través de otros géneros y formatos. Además se tomará su análisis de casos para interpretar el cambio en las condiciones de posibilidad que permitió el tratamiento de esta problemática. Se tendrá en cuenta también las distintas corrientes teóricas planteadas por Vilches sobre la dependencia/independencia de los medios con respecto a la estructura de poder y del mismo autor se utilizará la interpretación de cómo la televisión afecta la concepción de la realidad social del público.
En su análisis de la “impronta narrativa” que caracteriza el tratamiento de muchos casos en los géneros informativos Ford habla del tratamiento del caso de los mellizos Reggiardo-Tolosa, bebés robados durante la última dictadura militar. Si bien los mellizos habían sido identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo en 1989, el hecho de que el ex subcomisario Samuel Miara y su mujer, los secuestradores, se hubieran escapado a Paraguay, hizo que recién en 1993 el juez Ballesteros pudiera restituirles su identidad. La determinación del magistrado de darle la custodia en principio a la familia de sangre y después a una sustituta provocó intensos debates en los medios sobre las consecuencias “psicológicas” que esta restitución pudiera tener sobre los adolescentes. En ese momento declaró al respecto Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo: “veo con preocupación y con dolor como dos chicos, que viven una dura realidad por el terrorismo de Estado, han sido victimizados por los medios de comunicación”. Carlotto advirtió que “aquí se quiere hacer creer a la sociedad que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, después de las dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer (por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.
Más allá de la implicación emocional que se advierte la declaración parece transmitir claramente el tenor de las discusiones que se plantearon en ese momento. No había consenso en cuanto a la necesidad de restituirles la verdadera identidad a estos chicos porque el tema no era un bien simbólico en el imaginario social. Este adormecimiento social sin duda tiene que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Alfonsín y por el de Menem: en 1986/1987 se habían sancionado las leyes de Punto final y Obediencia debida y en 1990 se decretaron los indultos que favorecieron a Videla y a Massera.
Ahora bien, nueve años más tarde asumió la presidencia Nestor Kirchner y uno de los pilares de su gestión sería hasta hoy los derechos humanos. En 2005 se sancionó la inconstitucionalidad de las leyes Alfonsinistas y en abril de 2007, se declaró la inconstitucionalidad de los indultos.
Vilches describe tres posiciones teóricas y metodológicas para analizar la relación de los medios con la estructura de poder. La primera sostiene que los medios constituyen una “variable dependiente del sistema político y social”, por lo que están totalmente subordinados a las relaciones de poder y son modelados por estas. La segunda considera que son una variable dependiente y además son “las instituciones dominantes de la sociedad contemporánea a los cuales las otras instituciones se someten” o que aún siendo modelados por la sociedad tienen la autonomía suficiente como para mantener o cambiar un estado de relaciones de fuerza . La última línea y la que será considerada para este análisis sostiene que “el periodismo y el mundo político interactúan adaptándose recíprocamente creando una especie de intercambio simbólico de compensación recíproca” .
En una entrevista a los guionistas de la telenovela Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón , ella afirma que “en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún trasfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.” En realidad, como se desprende de los cambios en materia de legislación, es una herida que había sido suturada a los apurones y se reabrió con el impulso del nuevo gobierno. Como afirman Cantor y Pingree, citados por Vilches: “…el grado de implicación gubernamental influye en el contenido de las Soap Operas más que los valores individuales o el talento y la creatividad de los responsables de estos programas”
Desde el “mundo político” se generaron las condiciones de posibilidad para que estos guionistas consideraran la posibilidad de ligar la adaptación de la novela de folletín al tema de robo de bebés durante la dictadura. El gobierno se encargó de poner el tema nuevamente en la agenda pública impulsando cambios en la legislación o reconvirtiendo el ex centro de detención de la Esma en Museo de la Memoria, por lo que permitió una resignificación del tema en el imaginario social y los guionistas supieron entender que se había convertido en un nuevo bien simbólico que podía tratarse más a fondo en una ficción.
El personaje de Laura Ledesma/Sáenz funciona de forma similar a los “casos” analizados por Ford en los géneros informativos, sólo que hace el recorrido inverso al que hizo el caso Reggiardo-Tolosa, cuyo tratamiento, según Ford, apeló a las convenciones del melodrama recurriendo a la figura mítica del “reconocimiento” de la identidad perdida. La historia de Laura funciona como caso porque ejemplifica la duda, la búsqueda de información y el reencuentro con la verdadera historia personal que relataban desde hacía tiempo los medios periodísticos. El hecho de que se haga desde un género ficcional como la telenovela permite una conexión emocional con el tema por parte de los televidentes, porque es un género popular que siempre se caracterizó por tratar temáticas que se conectan con la tradición mítica de todas las culturas. Las dudas y la búsqueda de Laura son un tema recurrente ya desde el mito de Edipo, donde justamente el cambio de identidad es lo que origina la tragedia. Según Ortolano, “los mitos que cada cultura produce a través de las leyendas, las devociones populares, los relatos folklóricos, los cuentos maravillosos (fairy tales) y también de sus versiones artísticas, literarias y cinematográficas, serían según Jung, manifestaciones concretas del arquetipo universal, más abstracto.” Todos estos relatos cumplieron siempre un papel fundamental en la transmisión de saberes y también de juicios morales y esta también es la función que cumple Montecristo al permitir, como sostiene Vilches, un camino de “aprendizaje social” al partir del cual la televisión “afecta nuestra concepción de la realidad social”.
Al conectar esta temática con lo más primigenio, refuerza su caracterización simbólica en el imaginario social y el establecimiento del tópico en la agenda social, sobre todo teniendo en cuenta la tercera función del mito según Campbell, de carácter sociológico, que es “validar y sostener el sistema moral vigente”. En este caso la “mitologización” del caso refuerza la condena social a los represores secuestradores de bebés e incentiva la búsqueda y la devolución de las identidades perdidas.
Si bien Ford sostiene que la increíble cobertura mediática del caso María Soledad Morales no alcanzó para generar cambios a nivel macro y con una implicancia a nivel nacional duradera, el caso de la telenovela Montecristo es distinto porque se plantea en los medios como canalizadora y reforzadora de cambios a nivel institucional y político que ya se venían dando sobre todo a partir del 2003, con el gobierno de Nestor Kirchner. Además, como sostiene el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia” y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”.
En Montecristo utilizaron la misma estrategia, filmando desde la sede de las Abuelas de Plaza de mayo y dando los datos para contactarse con ellos en diversas oportunidades y lograron un impacto directo en algunos televidentes que ya se venían haciendo los mismos cuestionamientos que Laura. Según La Nación “desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.”
A partir de los aspectos examinados puede concluirse que gracias a condiciones de posibilidad favorables la telenovela Montecristo logra utilizar las herramientas narrativas típicas de un popular género de ficción para reforzar la conciencia de amplios sectores de la sociedad sobre el tema robo de bebés e identidad.

Perfil
espectáculos
LLEVÓ A LA TV EL ROBO DE NIÑOS DURANTE LA DICTADURA
“Montecristo” ganó el Martín Fierro de Oro
Se llevó la máxima distinción y su protagonista Pablo Echarri destacó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”. En total recibió 7 estatuillas. Telefé y Canal 13, los más premiados.

La telenovela Montecristo , de Telefé, se alzó anoche con el Martín Fierro de Oro que la Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentina (Aptra) otorgó como momento culminante de la 37ma. entrega de estos lauros a la actividad audiovisual.

La tira que instaló en la ficción televisiva la dramática herencia de la última dictadura militar en materia del robo de niños, cosechó un total de siete lauros.

El envío ideado por Claudio Villarruel y Bernardita Llorente aspiraba a 17 estatuillas (en muchos rubros competía más de un participante del mismo programa) y sumó de la mano de los nombres propios de Pablo Echarri, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi y las “debutantes” María Onetto y Nora Cárpena.

Con ese aporte decisivo de Montecristo, Telefé llegó a 13 premios e igualó la línea de Canal 13 que el año anterior lo había superado ampliamente (18 a 7, incluido el de Oro para Mujeres asesinas).

En la sucesión de arribos al escenario del Auditorio Principal del predio ferial La Rural, Echarri fue la voz cantante del grupo y a la vez que ponderó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”, también sostuvo la importancia que “un canal líder le de espacio a un hecho artístico”.

En esa línea, el lauro para Saccone (ausente por estar filmando en San Luis y que en la tira interpretaba a Victoria, hija de desaparecidos) fue retirado por Pedro Luis Nadal García, el nieto número 79 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

http://www.realtvnews.com.ar/new/destacados.php?id=2868

PUBLICADO EL 18 DE MAYO DE 2007

“Montecristo” premiado

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires entregó a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, una distinción por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”.

http://www.losguionistas.com.ar

Escribiendo un éxito: Montecristo
3969 lecturas

Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón, responsables de los libros de la tira
Los autores de la tira cuentan cómo adaptaron un clásico de la literatura al género más popular de la TV: la telenovela

“Estaba pensando el otro día que para el momento en que él aparece podemos poner una placa que diga «Fin parte I» , como en el libro”, dice Marcelo Camaño, olvidando por un momento que está sentado frente a un grabador, en medio de una entrevista. El y Adriana Lorenzón escriben los guiones de la telenovela que recuperó el melodrama para la TV: “Montecristo”. Parece que no es raro esto de que en cualquier momento, hora de trabajo o no, los guionistas vean aparecer la inspiración y se larguen a pensar, trabajar y jugar con las circunstancias de la tira de Telefé Contenidos que se emite hace casi dos meses por esa pantalla. Y cada visita de la musa implica una vuelta a las fuentes: el libro “El conde de Montecristo”.
Sobre la mesa de trabajo de Lorenzón y Camaño el libraco de 1400 páginas tiene marcas, señaladores y aspecto de ser consultado seguido. “Esto es una maravilla, el final de cada capítulo es un gancho como si [Alejandro] Dumas hubiese escrito para televisión. Bueno, el folletín tenía algo de eso. Si hasta le medían el rating porque si no vendían bien el periódico del día en que salía el capítulo al próximo número no lo ponían”, dice Lorenzón que después de años de transitar los guiones costumbristas de “Buenos vecinos” y “Los Roldán”, entre otros, volvió al primer amor, la telenovela.
Claro que “Montecristo” no es una telenovela como otras, porque aunque respeta todos los tópicos del género lo hace de una manera particular. Ahí están el amor, la venganza, los desencuentros familiares y hasta las identidades confusas, sin embargo en el camino de la página literaria a la pantalla televisiva algo cambió. La realidad argentina se coló de manera inédita en la ficción.
“Primero hubo una relectura del libro y después se trabajó para adaptar «Montecristo» a la Argentina de hoy. Fundamentalmente se trata una historia de amor. Empezamos a trabajar desde un lugar de admiración por el libro porque para nosotros, los que escribimos tele, es una novela básica, fundacional. La idea de Telefé contenidos de poner a la luz el título nos favoreció porque nos dio vía libre para jugar con la novela original”, dice Camaño, responsable el año que pasó de los guiones de “Doble vida” y parte del equipo que realizó “Resistiré”.
–Y ese juego implicó poner al tema de la dictadura y su consecuencias en el centro del relato.
Lorenzón: –Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.
–¿Qué opciones argumentales descartaron?
Camaño: –Los otros temas que barajamos tenían que ver con el narcotráfico o implicaban meternos en política partidaria más directamente: candidaturas y esas cosas que ya se abordaron en otras novelas y nunca muy a fondo.
–En esta oportunidad la excusa política quedó en el centro de la escena.
Camaño: –La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago (Echarri), Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época. Era una vuelta de tuerca que nos cuadraba perfecto, que no se había hecho todavía en la TV, que nos servía para realzar la historia y que suponía saldar una deuda grande de la pantalla chica con este tema.
Lorenzón: –Además este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: “Estoy en paz”. Acá la venganza se va a transformar en justicia.
–¿Cómo trabajaron el hecho de que el héroe de esta telenovela a veces actúa igual o peor que los villanos?
Camaño: –Es difícil porque tenemos un héroe que va y le pega con un palo en la cabeza al malvado. En algún momento hará el arco de vuelta. Por ahora tiene muchas contradicciones, cada vez que hace algo mal se da cuenta, lo sufre. Lo cuidamos mucho, pero nos permitimos pasar ciertos límites que en la novela tradicional no se puede.
Rompiendo moldes
“Montecristo”, con sus escenas de acción, sus largos diálogos cargados de información y sus personajes dotados de más de una cara es novela clásica y de ruptura al mismo tiempo. Una combinación novedosa para una TV que hasta su aparición parecía preferir el humor a la pasión.
–La trama de la tira obliga a dejar de lado el control remoto.
Lorenzón: –Esta es una historia muy compleja, buscamos mucho por dónde iba porque el relato del libro es muy truculento, muy lúgubre, con cantidad de personajes que están todos vinculados entre sí. Para nosotros es una suerte tener un historia tan fuerte que involucra a todos. Lo que sucede en aquella punta afecta a la otra entonces hay que estar muy atentos a que eso esté sincronizado todo el tiempo.
Camaño: –La idea de Claudio [Villarruel] y Bernarda [Llorente] desde un principio fue que ésta fuera una novela para escuchar. Por supuesto que la TV es entretenimiento y se la mira mientras se da de comer a los pibes y se atiende el teléfono, pero queríamos hacer una tira que se escuchara, en la que se dijeran cosas. Tenemos que repetir información para que los espectadores no se pierdan, pero está pensada así: “Te perdiste un capítulo, que pena para vos”.
Sincronicen sus relojes
Hubo una época en que era posible usar como sinónimos la hora que marcaba el reloj con el momento exacto del día en que empezaba la telenovela preferida. “Es la hora de mi novela”, decían hasta hace poco tiempo los seguidores de este género. En la TV actual ese juego del lenguaje es imposible, pero los autores de “Montecristo” encontraron una buena manera de reemplazar esa costumbre. “Es a.M. y d.M. Hay gente que nos cuenta que organiza su noche según esas coordenadas”, dirán. Y la explicación no se hace esperar, a diferencia de la mayoría de los ciclos de la pantalla chica. “Es que a.M. y d.M. son las siglas de antes de «Montecristo» y después de «Montecristo». Los seguidores son bastante ocurrentes”, se ríe Camaño. Tanto él como Lorenzón miran los capítulos al mismo tiempo que el público y con la misma pasión. O casi.
“Una mamá del colegio de mi hijo me dijo el otro día muy seria: «Si no se encuentran la semana que viene te retiro el saludo»”, dice Lorenzón con un sonrisa, aunque cada vez que abra su casilla de mails la encuentre tapada de mensajes de sus amigos y conocidos que utilizan variados insultos para pedirle que reúna a los protagonistas.
“Estamos muy concentrados en la historia y a veces nos preguntamos cuánto debería durar esta novela. Porque ya vemos que 150 capítulos no nos van a alcanzar. Este relato no tiene mesetas porque todo el tiempo se abre un juego nuevo. Puntos de giro tenemos para tirar al techo”, se entusiasma Lorenzón mientras desde la mesa de trabajo “El conde de Montecristo” vuelve a abrirse para sumar material a la telenovela que todas las noches le hace un brillante homenaje.
Por Natalia Trzenko
Foto: Gustavo Seiguer
De la Redacción de LA NACION
Lo mejor que pasó y lo que está por venir

En los casi dos meses que lleva “Montecristo” en el aire hubo muchas escenas fuertes, esas que por su contenido dramático quedarán en los oídos y las retinas del espectador mucho tiempo después de vistas. Entre ellas figura algunas de impresionante despliegue técnico, como la del escape de la prisión marroquí, y sobre todo otras de enorme despliegue emocional. A saber: el primer acercamiento de Santiago (Echarri) a la que fue su novia, Laura (Krum), y el momento en que cree descubrir que ella tuvo un hijo con su enemigo; el reencuentro de Santiago con Sarita (Rita Cortese), la mujer que lo crió; la desesperación de Marcos (Joaquín Furriel) cuando Laura le propone separarse y, entre las más recientes, la gran escena jugada por Paola Krum y Virginia Lago en la que ésta le revela a su supuesta sobrina que no lo es.
Claro que la secuencia más conmovedora todavía no sucedió: el momento en que Laura y Santiago vuelvan a encontrarse cara a cara. Hasta ahora los acercamientos de la pareja sirvieron para aumentar aún más la expectativa: Los amantes separados injustamente se cruzaron en la casa de Santiago aunque siempre a través de la cámara Gesell instalada para espiar a los visitantes; en la calle dónde Laura lo vio de espaldas; en el asalto al restaurante del tenebroso Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro) dónde, máscara mediante, Santiago se acercó a su amada/odiada Laura. Y, finalmente esta semana, compartieron un beso mientras la protagonista estaba bajo los efectos de la anestesia.
No se sabe todavía cuándo llegará el encuentro, pero sus autores adelantan que será todo menos sencillo: “Será muy difícil porque en su relación no hay un perdón que alcance”.

http://www.nuncamas.org/investig/menores/r2080.htm

(Caso mencionado en Ford, La marca de la bestia, pag.265)
Reggiardo Tolosa, Matías Angel

Menores y jóvenes restituidos

Madre: María Rosa Ana
TOLOSA Matías Angel
REGGIARDO TOLOSA Padre: Juan Enrique
REGGIARDO

Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1977 (en cautiverio)
Edad a la fecha del secuestro: alrededor de 6 meses de gestación
Zona de Secuestro: 1
Fecha de secuestro: Febrero de 1977
Vista en CCD: La Cacha
Zona de CCD: 1/11/113
Fecha de localización: 1989
Fecha de restitución: Noviembre de 1993

María Rosa tuvo mellizos durante su cautiverio: Matías Angel y Gonzalo Javier.

Por denuncias recibidas por la familia de la desaparecida Liliana Ross, los niños apropiados por el Subcomisario Samuel Miara fueron buscados como hijos de esta joven que desapareció embarazada.

Los Miara huyeron a Paraguay cuando el juez ordenó los análisis inmunogenéticos.

Cuando se consiguió la extradición y los apropiadores volvieron con los dos niños, el Banco Nacional de Datos Genéticos determinó que eran los hijos de la pareja formada por Juan Enrique REGGIARDO y María Rosa Ana TOLOSA, quienes permanecieron detenidos en el centro clandestino de detención “La Cacha”, de donde María Rosa fue sacada para dar a luz y ya no fue devuelta. Los jóvenes habían sido secuestrados en febrero de 1977.

Los mellizos fueron identificados en 1989. Recién en 1993, la Justicia les devolvió su identidad y fueron restituidos a su familia biológica.

Por intromisión de personas extrañas al caso y por la violenta campaña contra la restitución de la identidad a los menores desaparecidos desatada desde algunos medios de comunicación, la relación con la familia materna, que se estaba iniciando bien, fue entorpecida. Hasta alcanzar la mayoría de edad, los mellizos Gonzalo y Matías vivieron con una familia sustituta.

Actualmente mantienen contacto con la familia biológica y conocen la verdad de su historia.

Sus padres permanecen desaparecidos.

http://www.clarin.com/diario/1998/09/22/t-01201d.htm

Edición Martes 22.09.1998 » Política » Medio millón para reparar una parte de la historia

DERECHOS HUMANOS: LOS MELLIZOS REGGIARDO TOLOSA, HIJOS DE DESAPARECIDOS
Medio millón para reparar una parte de la historia

Se los dará el Estado
• Porque ya tienen 21 años
• Ellos volvieron a vivir con Miara, quien se los apropió al nacer

Por DANIEL GUTMAN. De la Redacción de Clarín
Los mellizos Reggiardo Tolosa cobrarán en los próximos días la indemnización que les corresponde como herederos de sus padres, desaparecidos durante la última dictadura militar.El Ministerio del Interior emitió el último jueves, con los números 1835/98 y 1836/98, las dos resoluciones que benefician a los hermanos que fueron secuestrados y privados de su verdadera identidad por el ex torturador Samuel Miara y su esposa, Beatriz Castillo, en mayo de 1977. Pocos días antes habían nacido en un parto clandestino, en el penal platense de Olmos.Los mellizos, a quienes la Justicia les devolvió el apellido Reggiardo Tolosa en 1993, hoy están viviendo otra vez con los Miara. En mayo último, cuando alcanzaron la mayoría de edad, al cumplir 21 años, decidieron volver con quienes los habían anotado como hijos propios. Así se lo confirmó a Clarín el abogado del ex subcomisario Miara, el ex funcionario de la dictadura Jaime Smart. Otras dos fuentes informaron lo mismo.Hasta entonces, los dos jóvenes habían estado con una familia sustituta por decisión del juez Jorge Ballestero, que ejercía la tutela legal sobre ambos y fue quien inició en 1996 el trámite para obtener la indemnización.La reparación que establece la ley 24.411 para las víctimas del terrorismo de Estado es de una suma equivalente a cien sueldos de un empleado de la administración pública nivel A. Gonzalo y Matías cobrarán 448 mil pesos en bonos por la desaparición de sus padres (224 mil por cada uno), Juan Enrique Reggiardo y María Rosa Tolosa.El matrimonio Miara, que se había afincado en Caballito en los últimos años, ahora volvió a vivir con los mellizos en Ciudadela, la misma zona del Gran Buenos Aires desde donde en 1985 habían huido al Paraguay de Alfredo Stroessner. Aquel año, la organización Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a sospechar que los chicos eran hijos de desaparecidos. Desde ese país serían extraditados en 1989.Matías estudia hotelería y trabaja en una agencia de turismo. Gonzalo tiene un alto promedio en la carrera de Ingeniería electrónica, en la Universidad Tecnológica Nacional, y colabora con Miara en la fábrica de zapatos que tiene el ex torturador.Ambos jóvenes estudian inglés y tienen proyectos: irse a vivir solos y viajar por el mundo, posiblemente a hacer algún posgrado. Las fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que los mellizos atraviesan un buen momento luego del sufrimiento que les generó la exposición pública de su caso, en 1994.Durante ese año, los hermanos fueron restituidos a su familia de sangre. Vivieron seis meses en la casa de su tío Eduardo Tolosa, que en un principio había iniciado una querella contra Miara, pero luego desistió.Cuando vivían con su tío, según recordó un protagonista de aquel proceso, querían que los Miara y los Tolosa se juntaran los domingos a comer, como una gran familia. La restitución fracasó. Eduardo Tolosa, finalmente, renunció a la guarda de los chicos, que fueron adjudicados a una familia sustituta. Esta, de apellido García, tenía y todavía conserva relación con los Miara.Los mellizos leyeron el libro Nacidos en la sombra, de Andrea Rodríguez, que cuenta la historia de su secuestro y la actuación de Miara como torturador, en los centros clandestinos de detención El Banco, El Olimpo y Club Atlético. De todas maneras, el único familiar con el que tienen contacto hoy es Elina Peralta López, una prima de su madre. La familia, igualmente, confía en que algún día se autorrestituyan, como dijo un pariente que pidió no ser nombrado.Mientras tanto, Miara enfrenta la posibilidad cierta de volver a la cárcel en los próximos meses. Y, según dijo a Clarín su abogado, no dudará en cumplir lo que establezca la Justicia.El 22 de diciembre de 1994, el ex represor fue condenado a siete años y medio de prisión por el juez Ballestero. Pero al día siguiente salió en libertad condicional, porque ya había pasado más de seis años detenido por la misma causa.Un año después, la Sala II de la Cámara Federal le aumentó su pena a doce años, pero la Corte Suprema anuló ese fallo. El máximo tribunal consideró que no tenía suficientes fundamentos y que no se habían valorado las circunstancias atenuantes. Con los votos de los cinco jueces considerados más cercanos al Gobierno, el tribunal hizo referencia a que la esposa de Miara había perdido un embarazo pocos meses antes del secuestro de los Reggiardo Tolosa.El 28 de agosto, la Sala I de la Cámara confirmó la condena a doce años. El abogado de Miara presentó hace pocos días un recurso extraordinario para que el caso vuelva a la Corte. Es su última oportunidad de no volver a una celda.

http://www.fcen.uba.ar/prensa/micro/1994/ms154.htm

CONFLICTO POR LOS MELLIZOS REGGIARDO-TOLOSA. A raiz del escandalo
generado por la presencia de los mellizos Reggiardo-Tolosa en varios
programas televisivos, el juez Jorge Ballesteros, que tiene a su
cargo la causa por la tenencia de los jovenes, hijos de
detenidos-desaparecidos, dispuso cambiar la guarda, que estaba a
cargo de un familiar. Los dos hermanos, de 17 a#os, viviran
provisoriamente con una familia substituta. Entretanto, el juez
Ballesteros sufrio un atentado intimidatorio el martes 31 de mayo,
cuando a su antigua vivienda llego un paquete con dos granadas, que
no alcanzaron a explotar.

Ballesteros habia dispuesto el 5 de noviembre pasado que los mellizos
Matias y Gonzalo vivieran con sus familiares legitimos, estando a cargo de un
tio. Durante 16 a#os los dos menores estuvieron en poder del ex-comisario de
la Policia Federal Samuel Miara y su esposa Beatriz Castillo. Segun
testimonios de ex detenidos en centros clandestinos de detencion, Samuel
Miara formo parte de grupos represivos durante la ultima dictadura,

En el centro clandestino de “La Cacha”, ubicado en cercanias de la
carcel de Olmos (prov. de Bs. As.) estuvieron detenidos Juan Enrique
Reggiardo, dibujante, y su esposa, Maria Rosa Tolosa, estudiante de
arquitectura, y embarazada de seis meses al momento de su detencion, el 8 de
febrero de 1977. Luego de la detencion se perdio el rastro, desconociendose
el paradero de la pareja, de Antonia Oldani de Reggiardo (madre de Juan
Enrique) y de los ni#os que Maria Rosa llevaba en su vientre, y que nacieron
el 28 de abril de 1977.

En 1984, la organizacion Abuelas de Plaza de Mayo (formada por
familiares de detenidos-desaparecidos) pudo ubicar a una pareja de ni#os, en
poder de Miara y su mujer. En un primer momento se supuso que eran hijos de
otros detenidos-desaparecidos, pero los examenes de histocompatibilidad
realizados por orden de la justicia determinaron la verdadera identidad de
los dos hermanos.

Recien a fines de 1993 la Justicia puso a los hermanos Matias y
Gonzalo bajo custodia de su legitima familia. Esos nueve a#os de demora se
debieron no solo al lento trabajo de la justicia argentina sino tambien a la
fuga del matrimonio Miara. En 1986 los Miara se fugaron al Paraguay,
llevandose consigo a los dos chicos. Tras arduas tratativas diplomaticas en
1989 se logro la extradicion de la pareja y el retorno de los ni#os, y en
1991 el juez Weschler le dicto la prision preventiva a Miara, por el delito
de supresion de identidad.

Pero este no es el unico contacto que tuvo el comisario Miara con la
Justicia. Segun declararon a la Comision Nacional de Desaparicion de
Personas (CONADEP, organismo encargado en 1984 de estudiar la represion
ilegal en la Argentina del “Proceso”), Samuel Miara, con el alias de
“Cobani”, fue torturador de los campos de concentracion de “El Banco”, “El
Atletico” y “El Olimpo”. Tambien fue acusado de violar a una detenida, segun
consta en legajos de la CONADEP.

Tambien durante la ultima dictadura, Miara fue acusado de ser
participe del secuestro de Veronika Moskovitz y de Roberto Apstein, hijos de
empresarios judios. A#os despues, en 1991, los policias detenidos por el
secuestro del empresario Mauricio Macri, (la tristemente afamada “banda de
los comisarios”), tambien involucraron a Miara en el secuestro del empresario
Benjamin Neuman.

No hubo ninguna condena a Miara por estos tres casos, pero aparecio
el sugestivo hecho que Moskovitz, Apstein, y el hijo de Neuman estudiasen en
la Escuela del Sol. En este colegio, donde concurrian hijos de empresarios
judios, trabajaba como celadora Norma Miara de Longarella, hermana del
comisario. Como dice la nota del periodista Horacio Verbistky, aparecida el
domingo 5 en “Pagina/12″: Condenas, ninguna. Coincidencias, todas”.

Por su supuesta vinculacion a la “banda de los comisarios”, Miara fue
detenido y procesado por “asociacion ilicita y secuestro extorsivo”. Pero
luego, los miembros de la banda cambiaron sus declaraciones por lo que el
juez de la causa dispuso la libertad de Miara por falta de merito, y el 12 de
octubre de 1993 dicto su sobreseimiento provisional.

Con respecto a los mellizos, Estela Carlotto, presidenta de las
Abuelas de Plaza de Mayo, opino que “veo con preocupacion y con dolor como
dos chicos, que viven una dura ralidad por el terrorismo de Estado, han sido
victimizados por los medios de comunicacion”. Continuo diciendo la dirigenta
de derechos humanos que, “no tenemos que ocultar que en esto han intervenido
presiones de terceros, como algunos comunicadores, tales son los casos de
Bernardo Neustadt, Marcelo Longobardi y Daniel Haddad, entre otros, que en
una accion descalificadora han puesto al desnudo a estos chicos frente a la
sociedad, una sociedad que interpreta los hechos con mucha liviandad”.

Estela Carlotto agrego que “aqui se quiere hacer creer a la sociedad
que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, despues de las
dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer
(por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.

La participacion de los dos menores, (una “operacion de prensa”), se
realizo en los programas “Tiempo Nuevo”, de Bernardo Neustadt, celebre amigo
de todas las tiranias argentinas; en la audicion de Samuel Gelblung, quien
fue uno de los jefes de la revista “Gente” durante los a#os de la dictadura;
y en “H&L”, el programa que dirigen los jovenes Haddad y Longobardi, que
reunen todas las condiciones para ser considerados los sucesores de Neustadt.
(Fuentes: Clarin 1/6, La Nacion 2, 3 y 4/6, y Pagina/12 5/6/94) -|-

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-30877-2004-01-28.html

El país del Miércoles/28-Ene-2004(4)|Hoy
LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
A los 25 años de edad y tras mucho tiempo de sospechas, Juan Cabandié Alfonsín recuperó su nombre y conoció a su familia.Nació en la ESMA y fue apropiado por un agente de inteligencia.

Estela Carlotto explicó que Juan se acercó a las Abuelas porque sospechaba de sus apropiadores.
Subnotas
• “Un hombre peligroso”
Por Irina Hauser
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como “Fuerzas Conjuntas” volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. “Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan”, detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Yo me quiero llamar así, Juan”, dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: “Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor”. “Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima”, agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que “a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme”, reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. “Muñeca”, como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: “Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores”. Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
“Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia”, confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. “Me llevé una gran sorpresa”, suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. “Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá”, dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. “Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe”, solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan “está aún en shock” y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos.

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=860701

Revista
Publicado en la ed. impresa: Revista
Domingo 26 de noviembre de 2006
Noticias | Archivo | Domingo 26 de noviembre de 2006 | Revista | Nota

Nota de Tapa I

El fenómeno Montecristo

La novela que protagonizan Pablo Echarri y Paola Krum es uno de los ciclos de mayor rating de la televisión argentina. Con temas tan delicados como la apropiación de niños por parte de la última dictadura militar y los desaparecidos como ejes, la trama generó en la teleaudiencia una aceptación total

Montecristo, la novela protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum, figura entre los ciclos con más alto rating de la TV argentina durante este año. La planilla de medición de audiencia registra la cantidad de televisores encendidos y el canal en el que están sintonizados. Hasta allí, un asunto que condiciona los movimientos de la industria de la televisión y la publicidad. En la sociedad, en cambio, cuando se apaga el televisor se enciende el verdadero poder de la TV: su capacidad para instalar los temas en la agenda colectiva. En palabras del teórico francés Dominique Wolton, “la televisión es un formidable instrumento de comunicación entre los individuos. Lo más importante no es lo que se ha visto, sino el hecho de hablar de lo que se ha visto. La televisión es un objeto de conversación. La televisión es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los habitantes rurales y los urbanos. Todo el mundo mira la televisión y habla de lo que ha visto. ¿Qué otra actividad es hoy día tan transversal?”

Medido con la vara de las charlas compartidas, a Montecristo le corresponde la virtud de haber puesto en boca de los argentinos la apropiación de niños durante la última dictadura militar y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, empeñadas en recuperar a sus nietos para devolverles la identidad robada. Pero la influencia social de la novela fue más allá de las palabras y se tradujo en hechos: desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.

Escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la telenovela producida por Telefé Contenidos toma como disparador El conde de Montecristo, la obra de Alejandro Dumas, para construir una versión libre de esa historia de traición y venganza. Adaptada a la realidad argentina, el personaje de Santiago (Pablo Echarri), víctima de un siniestro plan de su amigo Marcos, después de pasar diez años en una prisión de Marruecos regresa a Buenos Aires decidido a vengarse. Aquí lo espera más espanto: su antigua novia, Laura (Paola Krum), está casada con Marcos, es hija de desaparecidos y fue criada por un torturador, Lisandro (Roberto Carnaghi).

“En la Argentina ya se había escrito mucho sobre los desaparecidos y la apropiación de niños, pero el mensaje no se transmitía más que al sector de los interesados en el tema –sostiene Adriana Lorenzón–. El acierto de Montecristo fue tocar el tema en un género tan popular como es la telenovela. Eso nos permitió llegar a muchos ciudadanos para quienes la tarea de Abuelas no formaba parte de su vida cotidiana. A raíz del programa, esa gente incluyó esa realidad en sus conversaciones.”

A nadie se le escapa que el género de la telenovela fue concebido para audiencias masivas. Pero el formato por sí mismo no garantiza la aceptación del público. ¿Cómo se explica entonces la gran repercusión de Montecristo? Según el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director del Proyecto Comunicación y miembro del Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tira basa su éxito en una conjunción de elementos: “Es una historia clásica porque toma un viejo tema del melodrama, el reconocimiento de la identidad, pero lo cuenta desde el presente político, y lo hace en el marco de una Argentina donde el actual gobierno ha vuelto a poner en primer plano la historia reciente de la dictadura y la necesidad de encontrar la verdad y la justicia. Si a eso se suman los destacados trabajos actorales, el resultado es una buena telenovela. Que la telenovela esté bien hecha es importante porque el televidente no se dispone a ver un ciclo periodístico ni político ni de denuncia, sino una buena historia”.

Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora del Conicet-IDES, acuerda: “Es una telenovela con todos los elementos de una buena narrativa: tiene complejidad de personajes, matices, situaciones de ambivalencia y dilemas morales”.

A decir verdad, ni los autores pudieron escapar de los conflictos éticos. Cuenta Adriana Lorenzón que diseñar el personaje de Lisandro, el torturador que se apropió de Laura, no fue tarea sencilla: “Tuve que romper con mi prejuicio para poder guionarlo –admite–. Yo lo veía como un villano total porque, para mí, ese nivel de violencia y de maldad es injustificable. Pero, para interpretarlo, Roberto Carnaghi necesitaba quererlo y encontrar las justificaciones propias de un tipo como Lisandro”. Puesto a construir un victimario verosímil, Carnaghi le soltó a la guionista un argumento propio de un represor: “Imaginate que este tipo no pudo ver el Mundial del ’78 –le dijo Carnaghi a Lorenzón, en relación con Lisandro–, porque cuando había partidos era cuando más se torturaba. Pensá que Lisandro se perdió el Mundial”.

La tele que educa

“En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia”, explica Quevedo, y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”, razona Quevedo.

México no es el único país de la región que utiliza la telenovela para movilizar conciencias. En Brasil, en el año 2000, Lazos de familia, producida por la Rede Globo, funcionó como una verdadera campaña a favor de la donación de órganos. A través del personaje de Camila, una muchacha que padecía leucemia y necesitaba un trasplante de médula para salvarse, el ciclo transmitió al público masivo el mensaje de que existen órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Osea saltó de 20 a 900 por mes.

Para que una ficción televisiva logre modificar la conducta de personas de carne y hueso es necesario que su prédica caiga en terreno fértil, que la sociedad esté dispuesta a recibirlo. ¿Habría producido Montecristo la misma conmoción colectiva sin la distancia que separa los crímenes cometidos del presente? Adriana Lorenzón baraja la historia argentina y plantea sus hipótesis: “Un buen momento podría haber sido cuando tuvo lugar el juicio a las juntas militares, porque entonces teníamos el ímpetu de querer encontrar una respuesta. Luego ya no, porque vino la decepción de la Ley de Obediencia Debida y los indultos. Este año fue particularmente apto para hacer esta novela porque en la sociedad hay una cierta apertura al tema. Por un lado, porque se cumplieron 30 años del golpe y de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. Por el otro, porque, fruto de la derogación de los indultos y de la reapertura de los juicios a los responsables del horror, se ha despejado el camino para seguir buscando la verdad y la justicia”.

Psicóloga, doctorada en psicoanálisis en la Universidad de París VII y autora de Dolor país y No me hubiera gustado morir en los 90, Silvia Bleichmar opina que Montecristo genera “un nivel de identificación muy profundo en los espectadores”. A su modo de ver, “es una novela que, en vez de convocar a la ensoñación, convoca a realizar las tareas pendientes en la búsqueda de la identidad. En la Argentina, la preocupación por la identidad está presente, y no sólo en relación con los crímenes del terrorismo de Estado. Hay personas de más de 50 años que en la infancia fueron adoptadas de modo ilegal y que a estas alturas de su vida han comenzado a preguntarse quiénes son”. (Ver recuadro aparte.)

¿Justicia o venganza? En esa encrucijada está atrapado el personaje de Pablo Echarri. “Lo que plantea Montecristo es la banalidad de la venganza, que es un circuito irreparable pero aparece como una tentación permanente cuando no hay justicia –analiza Bleichmar–. La justicia es la forma en que las víctimas se sienten liberadas de la obligación de hacerse cargo de la venganza. En ese sentido, la sociedad argentina se ha manejado con enorme responsabilidad: no hay un solo torturador ajusticiado por su víctima ni un apropiador ajusticiado por una abuela. Por eso, es falso el debate acerca de si las víctimas buscan venganza. Además, en la medida en que los victimarios no piden perdón y se jactan de sus acciones, es perverso pedirles a las víctimas que los perdonen. El perdón se puede otorgar únicamente sobre la base del arrepentimiento del culpable, nunca como el pedido de una concesión más.”

Es evidente que Montecristo ha puesto el dedo en varias llagas. La duda del millón es qué sucederá en la sociedad cuando la tira ya no esté en la pantalla. Elizabeth Jelin pone signos de interrogación en el horizonte: “Cuando termine la novela se verá si este saber que la televisión ha llevado a audiencias masivas se convierte en un tema de reflexión y debate en los sectores que estaban más o menos ajenos al tema de la apropiación de niños, o si Montecristo quedará como un producto televisivo de ficción sin consecuencias sociales duraderas”.

Por Adriana Schettini

En busca de la identidad

Sabido es que el delito de apropiación de criaturas nada tiene que ver con la grandeza de alma que lleva a hombres y mujeres a adoptar un niño. Pero en un país con larga tradición de desapego a la ley, el bien y el mal se tocan.

“La dictadura pudo concretar el horror con los hijos de los desaparecidos porque en la Argentina ya existía impunidad respecto de la apropiación de niños. Hasta hace 15 o 20 años era corriente la apropiación de los niños de las clases pobres inscribiéndolos bajo una forma que ocultaba la verdad. Ni siquiera al niño se le decía la verdad sobre su origen biológico. Esoya no ocurre. Más aún, el Registro Nacional de Identidad permite que el hijo adoptivo acceda al expediente para saber quiénes lo engendraron”, dice la psicóloga Silvia Bleichmar.

–¿Es ésa la pregunta central en la vida de quien ha sido adoptado?

–El gran enigma del niño adoptivo no es quién lo engendró, sino por qué no se quedaron con él. Hay una pregunta que se repite en los consultorios: “¿Qué hice yo para que mi madre biológica no me tuviera con ella?”.

–¿Qué se entiende por identidad?

–No es verdad que la identidad de una persona sea la identidad biológica de origen. La identidad es la que se construye en la vida de un ser humano. Pero en la medida en que hay un enigma sobre la identidad biológica el sujeto no puede construir su identidad actual, porque para hacerlo necesita abandonar previamente el mito de la identidad perdida.

–¿Influyó la apropiación de niños en las preguntas que se hacen los hijos adoptivos?

–A finales de los años 80 y durante los 90, un alto número de chicos legalmente adoptados comenzaron a manifestar sus fantasías de ser hijos de desaparecidos. Desde el punto de vista psíquico, loslesionaba menos la idea de haber sido robados de padres que los amaron que la de haber sido abandonados por sus padres biológicos.

El original de Alejandro Dumas

Después de un accidentado viaje en barco, el honesto oficial Edmundo Dantés, a punto de recibir la promoción de capitán, regresa a Marsella, donde vive, dispuesto a casarse con una bella catalana, Mercedes. Sin embargo, el destino le tiene reservado otros planes y, acusado infundadamente de ser agente bonapartista, es injustamente encarcelado por la denuncia de su mejor amigo, Fernando Montego, que aspira al amor de la misma mujer.

Condenado a cumplir su pena en el castillo de If, una prisión de la que nadie ha conseguido escapar, Edmundo envejece en una celda junto a un anciano llamado Faría, un religioso erudito que es su compañero durante trece años. Este hombre le revelará un secreto, un lugar donde hay enterrado un tesoro (decenas de cajas llenas de monedas de oro). Y la forma de escapar de la prisión…

Así comienza la segunda parte, cuando Edmundo se convierte en el Conde de Montecristo y regresa para vengarse. Bajo distintas personalidades –desde un abate italiano hasta un rico banquero inglés–, Edmundo Dantés vuelve a Marsella y descubre, con perplejidad, que todos aquellos que lo traicionaron han triunfado. Creyéndolo muerto, su ex novia se ha casado con quien había sido su mejor amigo, Fernando, convertido ahora en Conde de Moncerf. La pareja ha tenido un hijo, Albert, al que Montecristo siente como propio. La novela es el relato pormenorizado de la venganza de Edmundo, trazada paso a paso durante los duros y lúgubres años de cárcel.

Es considerado el mejor trabajo de Alejandro Dumas (padre), que lo concluyó en 1844 y fue publicándolo en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes. La aparición de este folletín en el Journal de Debats, un diario de París, produjo un fenómeno de masas desconocido para la época. Sus lectores escribían cartas a la redacción solicitando la revelación anticipada del desenlace de la historia y la gente empezó a dar vida a los personajes de la novela, que adquirieron sorprendente dimensión histórica, a pesar de ser enteramente ficticios.

El origen de El Conde de Montecristo surgió de una historia que el propio Dumas declaró haber leído en las Memorias de Jacques Peuchet, un archivista de la policía de París. En El diamante y la venganza, Peuchet contaba la historia de un obrero y zapatero llamado Francis Picaud, que vivía en París en 1807 y quien, a punto de casarse con una rica candidata, visita a un amigo suyo que, junto a tres pícaros, decide apostar a que la boda del inocente enamorado podía aplazarse por algunos días. Lo acusaron a la policía de ser un espía inglés y la broma se les fue de las manos. El inocente fue apresado y pasó siete años en una cárcel en Italia. Al salir, el otrora ingenuo Picaud tomó un nuevo nombre y entró a trabajar al servicio de un sacerdote que lo apadrinó y lo designó su heredero universal. Rico y ennoblecido, el bueno de Picaud inició una venganza en cadena contra cada uno de sus ofensores.

Este fue el origen del argumento de El Conde de Montecristo. Dumas tomó la idea de Peuchet explotando sin el menor escrúpulo la satisfacción pagana que producía en sus lectores ser testigos de la ejecución de una venganza, que para muchos era sencillamente ejemplar.

IDENTIDAD EN CONFLICTO

ANÁLISIS DE LA CONSTRUCCIÓN DE AGENDA A PARTIR DE LA FICCIÓN: CASO MONTECRISTO

ALUMNA: DESIRÉE MACRINI
MATERIA: SEMIÓTICA DE LOS MEDIOS CONTEMPORÁNEOS
COMISIÓN: MIÉRCOLES NOCHE
AÑO: 2007

En el presente trabajo se analizará de qué forma y con qué efectos se introduce el tema robo de bebés durante la última dictadura militar en la telenovela Montecristo y cómo dicha ficción contribuye a la inclusión del tema en la Agenda social y en el Imaginario social.
“Montecristo, un amor, una venganza”, es una adaptación libre de la novela de folletín de Alejandro Dumas publicada a lo largo de 1845 y 1846, en una serie de 18 partes. La historia inicia con un flashback a 1995 cuando Santiago Díaz Herrera (Pablo Echarri) y Marcos Lombardo (Joaquín Furriel) parten hacia Marruecos para participar de una competencia de esgrima. En Buenos Aires Santiago deja a Laura Ledesma, quien espera un hijo de él aunque todavía no lo sabe y Marcos a su padre, Alberto Lombardo, ex médico encargado de los partos clandestinos en Campo de Mayo. Este último, acorralado por las investigaciones del juez Díaz Herrera, padre de Santiago, decide mandar a matar al magistrado y le exige a Marcos que participe en la emboscada orquestada para asesinar a Santiago, quien logra sobrevivir aunque permanecerá diez años en una cárcel de Marruecos. De vuelta al tiempo en el que transcurre la novela, 2005, Marcos está casado con Laura y le ha dado su apellido al hijo que ella concibiera con Santiago mientras que Lombardo padre ha logrado detener la investigación en su contra. Santiago logra escapar de la cárcel y ayudado por Victoria Sáenz (Viviana Saccone), una cirujana que debió exiliarse desde chica en España después del secuestro de sus padres durante la dictadura, vuelve a Buenos Aires para planificar la venganza con el botín cuya ubicación le ha develado un compañero de prisión. Al mismo tiempo que se desarrolla la trama de la venganza aparece un nuevo hilo conductor, la búsqueda de la identidad. Ante el dilema que se le plantea a Laura sobre si es conveniente o no contarle a su hijo Matías quién es su verdadero padre, ella misma comienza a cuestionarse su origen. Inicia entonces una búsqueda desesperada de información, pero ante la negativa de Lisandro Donoso (Roberto Carnaghi), su apropiador, de revelar la verdad y ante el desconocimiento e ingenuidad de su mujer (Virginia Lago) decide buscar por su cuenta. Así llega a enterarse que Alberto Lombardo fue el que atendió el parto de su madre y el que la entregó a Donoso, quien trabajaba en el casino de oficiales de Campo de Mayo, se contacta con las Abuelas de Plaza de Mayo y se realiza el análisis de ADN que determina que es la hermana secuestrada que había buscado toda su vida Victoria Sáenz. Laura Ledesma recuperará su identidad y pasará a llamarse Laura Sáenz.
Si bien el tema se había tratado tangencialmente en otro programa , esta es la primera vez que el tema de la recuperación de la identidad se desarrolla en profundidad y adquiere relevancia central en una telenovela de horario central de este tipo. Este hecho ha tenido una repercusión mediática y social notoria y aún lo sigue teniendo como lo demuestra el premio otorgado el 18 de mayo de 2007 por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, “por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”. Para dar cuenta cabalmente del devenir del conflicto el análisis se hará en base a la totalidad de la emisión, pero enfocándonos en el personaje de Laura Ledesma/Sáenz.
A partir del criterio de catalogación “relación de los contenidos con los referentes” que plantea Orza , se considera que Montecristo es un tipo de discurso ficcional porque se basa en un campo de referencia interno, que si bien puede presentar distintos “grados de alejamiento/aproximación con la realidad referencial (…) muy difícilmente llega a superponerse a ésta mediante la representación directa de acontecimientos, personas u objetos reales”. Dentro del discurso ficcional Montecristo se caracteriza por ser una telenovela, ya que tenía una frecuencia de emisión diaria, aunque a diferencia de las telenovelas tradicionales se transmitía en el horario nocturno de 22:30. En cuanto a su estructura interna, presentaba una organización narrativa seriada y con continuidad, una organización espacio-temporal fingida y la presencia de sujetos ficcionales.
En primera instancia se interpretaran las condiciones socio-políticas de producción de la telenovela y el objetivo y trabajo de adaptación de los guionistas. A continuación se caracterizará el tratamiento narrativo de la temática y finalmente se abordarán las repercusiones sociales de la emisión.
Como marco teórico se utilizarán los conceptos de Aníbal Ford sobre cómo los temas críticos ingresan en el imaginario social y en la agenda no sólo por medio de las formas clásicas de información, sino a través de otros géneros y formatos. Además se tomará su análisis de casos para interpretar el cambio en las condiciones de posibilidad que permitió el tratamiento de esta problemática. Se tendrá en cuenta también las distintas corrientes teóricas planteadas por Vilches sobre la dependencia/independencia de los medios con respecto a la estructura de poder y del mismo autor se utilizará la interpretación de cómo la televisión afecta la concepción de la realidad social del público.
En su análisis de la “impronta narrativa” que caracteriza el tratamiento de muchos casos en los géneros informativos Ford habla del tratamiento del caso de los mellizos Reggiardo-Tolosa, bebés robados durante la última dictadura militar. Si bien los mellizos habían sido identificados por las Abuelas de Plaza de Mayo en 1989, el hecho de que el ex subcomisario Samuel Miara y su mujer, los secuestradores, se hubieran escapado a Paraguay, hizo que recién en 1993 el juez Ballesteros pudiera restituirles su identidad. La determinación del magistrado de darle la custodia en principio a la familia de sangre y después a una sustituta provocó intensos debates en los medios sobre las consecuencias “psicológicas” que esta restitución pudiera tener sobre los adolescentes. En ese momento declaró al respecto Estela Carlotto, presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo: “veo con preocupación y con dolor como dos chicos, que viven una dura realidad por el terrorismo de Estado, han sido victimizados por los medios de comunicación”. Carlotto advirtió que “aquí se quiere hacer creer a la sociedad que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, después de las dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer (por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.
Más allá de la implicación emocional que se advierte la declaración parece transmitir claramente el tenor de las discusiones que se plantearon en ese momento. No había consenso en cuanto a la necesidad de restituirles la verdadera identidad a estos chicos porque el tema no era un bien simbólico en el imaginario social. Este adormecimiento social sin duda tiene que ver con las medidas tomadas por el gobierno de Alfonsín y por el de Menem: en 1986/1987 se habían sancionado las leyes de Punto final y Obediencia debida y en 1990 se decretaron los indultos que favorecieron a Videla y a Massera.
Ahora bien, nueve años más tarde asumió la presidencia Nestor Kirchner y uno de los pilares de su gestión sería hasta hoy los derechos humanos. En 2005 se sancionó la inconstitucionalidad de las leyes Alfonsinistas y en abril de 2007, se declaró la inconstitucionalidad de los indultos.
Vilches describe tres posiciones teóricas y metodológicas para analizar la relación de los medios con la estructura de poder. La primera sostiene que los medios constituyen una “variable dependiente del sistema político y social”, por lo que están totalmente subordinados a las relaciones de poder y son modelados por estas. La segunda considera que son una variable dependiente y además son “las instituciones dominantes de la sociedad contemporánea a los cuales las otras instituciones se someten” o que aún siendo modelados por la sociedad tienen la autonomía suficiente como para mantener o cambiar un estado de relaciones de fuerza . La última línea y la que será considerada para este análisis sostiene que “el periodismo y el mundo político interactúan adaptándose recíprocamente creando una especie de intercambio simbólico de compensación recíproca” .
En una entrevista a los guionistas de la telenovela Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón , ella afirma que “en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún trasfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.” En realidad, como se desprende de los cambios en materia de legislación, es una herida que había sido suturada a los apurones y se reabrió con el impulso del nuevo gobierno. Como afirman Cantor y Pingree, citados por Vilches: “…el grado de implicación gubernamental influye en el contenido de las Soap Operas más que los valores individuales o el talento y la creatividad de los responsables de estos programas”
Desde el “mundo político” se generaron las condiciones de posibilidad para que estos guionistas consideraran la posibilidad de ligar la adaptación de la novela de folletín al tema de robo de bebés durante la dictadura. El gobierno se encargó de poner el tema nuevamente en la agenda pública impulsando cambios en la legislación o reconvirtiendo el ex centro de detención de la Esma en Museo de la Memoria, por lo que permitió una resignificación del tema en el imaginario social y los guionistas supieron entender que se había convertido en un nuevo bien simbólico que podía tratarse más a fondo en una ficción.
El personaje de Laura Ledesma/Sáenz funciona de forma similar a los “casos” analizados por Ford en los géneros informativos, sólo que hace el recorrido inverso al que hizo el caso Reggiardo-Tolosa, cuyo tratamiento, según Ford, apeló a las convenciones del melodrama recurriendo a la figura mítica del “reconocimiento” de la identidad perdida. La historia de Laura funciona como caso porque ejemplifica la duda, la búsqueda de información y el reencuentro con la verdadera historia personal que relataban desde hacía tiempo los medios periodísticos. El hecho de que se haga desde un género ficcional como la telenovela permite una conexión emocional con el tema por parte de los televidentes, porque es un género popular que siempre se caracterizó por tratar temáticas que se conectan con la tradición mítica de todas las culturas. Las dudas y la búsqueda de Laura son un tema recurrente ya desde el mito de Edipo, donde justamente el cambio de identidad es lo que origina la tragedia. Según Ortolano, “los mitos que cada cultura produce a través de las leyendas, las devociones populares, los relatos folklóricos, los cuentos maravillosos (fairy tales) y también de sus versiones artísticas, literarias y cinematográficas, serían según Jung, manifestaciones concretas del arquetipo universal, más abstracto.” Todos estos relatos cumplieron siempre un papel fundamental en la transmisión de saberes y también de juicios morales y esta también es la función que cumple Montecristo al permitir, como sostiene Vilches, un camino de “aprendizaje social” al partir del cual la televisión “afecta nuestra concepción de la realidad social”.
Al conectar esta temática con lo más primigenio, refuerza su caracterización simbólica en el imaginario social y el establecimiento del tópico en la agenda social, sobre todo teniendo en cuenta la tercera función del mito según Campbell, de carácter sociológico, que es “validar y sostener el sistema moral vigente”. En este caso la “mitologización” del caso refuerza la condena social a los represores secuestradores de bebés e incentiva la búsqueda y la devolución de las identidades perdidas.
Si bien Ford sostiene que la increíble cobertura mediática del caso María Soledad Morales no alcanzó para generar cambios a nivel macro y con una implicancia a nivel nacional duradera, el caso de la telenovela Montecristo es distinto porque se plantea en los medios como canalizadora y reforzadora de cambios a nivel institucional y político que ya se venían dando sobre todo a partir del 2003, con el gobierno de Nestor Kirchner. Además, como sostiene el sociólogo Luis Alberto Quevedo, “En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia” y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”.
En Montecristo utilizaron la misma estrategia, filmando desde la sede de las Abuelas de Plaza de mayo y dando los datos para contactarse con ellos en diversas oportunidades y lograron un impacto directo en algunos televidentes que ya se venían haciendo los mismos cuestionamientos que Laura. Según La Nación “desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.”
A partir de los aspectos examinados puede concluirse que gracias a condiciones de posibilidad favorables la telenovela Montecristo logra utilizar las herramientas narrativas típicas de un popular género de ficción para reforzar la conciencia de amplios sectores de la sociedad sobre el tema robo de bebés e identidad.

Perfil
espectáculos
LLEVÓ A LA TV EL ROBO DE NIÑOS DURANTE LA DICTADURA
“Montecristo” ganó el Martín Fierro de Oro
Se llevó la máxima distinción y su protagonista Pablo Echarri destacó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”. En total recibió 7 estatuillas. Telefé y Canal 13, los más premiados.

La telenovela Montecristo , de Telefé, se alzó anoche con el Martín Fierro de Oro que la Asociación de Periodistas de Televisión y Radiofonía Argentina (Aptra) otorgó como momento culminante de la 37ma. entrega de estos lauros a la actividad audiovisual.

La tira que instaló en la ficción televisiva la dramática herencia de la última dictadura militar en materia del robo de niños, cosechó un total de siete lauros.

El envío ideado por Claudio Villarruel y Bernardita Llorente aspiraba a 17 estatuillas (en muchos rubros competía más de un participante del mismo programa) y sumó de la mano de los nombres propios de Pablo Echarri, Viviana Saccone, Roberto Carnaghi y las “debutantes” María Onetto y Nora Cárpena.

Con ese aporte decisivo de Montecristo, Telefé llegó a 13 premios e igualó la línea de Canal 13 que el año anterior lo había superado ampliamente (18 a 7, incluido el de Oro para Mujeres asesinas).

En la sucesión de arribos al escenario del Auditorio Principal del predio ferial La Rural, Echarri fue la voz cantante del grupo y a la vez que ponderó que “un género popular se haya metido con un tema tan doloroso”, también sostuvo la importancia que “un canal líder le de espacio a un hecho artístico”.

En esa línea, el lauro para Saccone (ausente por estar filmando en San Luis y que en la tira interpretaba a Victoria, hija de desaparecidos) fue retirado por Pedro Luis Nadal García, el nieto número 79 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo.

http://www.realtvnews.com.ar/new/destacados.php?id=2868

PUBLICADO EL 18 DE MAYO DE 2007

“Montecristo” premiado

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires entregó a Claudio Villarruel, Director Artístico de Telefe, a Bernarda Llorente, Subdirectora Artística de Telefe y a los guionistas Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, una distinción por el invalorable aporte de “Montecristo” “a la lucha y el compromiso por la recuperación de la identidad y la memoria”.

http://www.losguionistas.com.ar

Escribiendo un éxito: Montecristo
3969 lecturas

Marcelo Camaño y Adriana Lorenzón, responsables de los libros de la tira
Los autores de la tira cuentan cómo adaptaron un clásico de la literatura al género más popular de la TV: la telenovela

“Estaba pensando el otro día que para el momento en que él aparece podemos poner una placa que diga «Fin parte I» , como en el libro”, dice Marcelo Camaño, olvidando por un momento que está sentado frente a un grabador, en medio de una entrevista. El y Adriana Lorenzón escriben los guiones de la telenovela que recuperó el melodrama para la TV: “Montecristo”. Parece que no es raro esto de que en cualquier momento, hora de trabajo o no, los guionistas vean aparecer la inspiración y se larguen a pensar, trabajar y jugar con las circunstancias de la tira de Telefé Contenidos que se emite hace casi dos meses por esa pantalla. Y cada visita de la musa implica una vuelta a las fuentes: el libro “El conde de Montecristo”.
Sobre la mesa de trabajo de Lorenzón y Camaño el libraco de 1400 páginas tiene marcas, señaladores y aspecto de ser consultado seguido. “Esto es una maravilla, el final de cada capítulo es un gancho como si [Alejandro] Dumas hubiese escrito para televisión. Bueno, el folletín tenía algo de eso. Si hasta le medían el rating porque si no vendían bien el periódico del día en que salía el capítulo al próximo número no lo ponían”, dice Lorenzón que después de años de transitar los guiones costumbristas de “Buenos vecinos” y “Los Roldán”, entre otros, volvió al primer amor, la telenovela.
Claro que “Montecristo” no es una telenovela como otras, porque aunque respeta todos los tópicos del género lo hace de una manera particular. Ahí están el amor, la venganza, los desencuentros familiares y hasta las identidades confusas, sin embargo en el camino de la página literaria a la pantalla televisiva algo cambió. La realidad argentina se coló de manera inédita en la ficción.
“Primero hubo una relectura del libro y después se trabajó para adaptar «Montecristo» a la Argentina de hoy. Fundamentalmente se trata una historia de amor. Empezamos a trabajar desde un lugar de admiración por el libro porque para nosotros, los que escribimos tele, es una novela básica, fundacional. La idea de Telefé contenidos de poner a la luz el título nos favoreció porque nos dio vía libre para jugar con la novela original”, dice Camaño, responsable el año que pasó de los guiones de “Doble vida” y parte del equipo que realizó “Resistiré”.
–Y ese juego implicó poner al tema de la dictadura y su consecuencias en el centro del relato.
Lorenzón: –Cuando empezamos a trabajar sobre la adaptación, primero al presente y luego a la Argentina, tuvimos en cuenta que en “El conde de Montecristo” el disparador de la historia es una cuestión política: una carta de Napoleón que Edmundo Dantés debe entregar y eso provoca que lo metan preso sin retorno. De los temas que podíamos abordar que tuvieran que ver con algún transfondo político y que fueran lo suficientemente fuertes para justificar el asesinato de un juez, que el personaje de Echarri fuera preso y que hubiese una consecuencia luego en el presente, el que más nos cerró fue el de la dictadura militar. Y además nos pareció que iba a tener una base sólida para justificar todos los conflictos. Porque estamos hablando de una cuestión social que es una herida abierta para toda la sociedad argentina.
–¿Qué opciones argumentales descartaron?
Camaño: –Los otros temas que barajamos tenían que ver con el narcotráfico o implicaban meternos en política partidaria más directamente: candidaturas y esas cosas que ya se abordaron en otras novelas y nunca muy a fondo.
–En esta oportunidad la excusa política quedó en el centro de la escena.
Camaño: –La idea fue que la historia de amor, el triángulo amoroso de Santiago (Echarri), Laura (Paola Krum) y Victoria (Viviana Saccone) pasara por ahí. Utilizar para el melodrama la línea de dos hermanas separadas por circunstancias de la vida que se reencuentran en algún momento es un tema muy realizado en las novelas, pero esta vez lo contextualizamos con los desaparecidos y las familias rotas en aquella época. Era una vuelta de tuerca que nos cuadraba perfecto, que no se había hecho todavía en la TV, que nos servía para realzar la historia y que suponía saldar una deuda grande de la pantalla chica con este tema.
Lorenzón: –Además este conflicto nos permite transformar argumentalmente la venganza en justicia. Porque en el original el tema de la venganza es mucho más lineal, el conde llega a vengarse y, cuando termina todo dice: “Estoy en paz”. Acá la venganza se va a transformar en justicia.
–¿Cómo trabajaron el hecho de que el héroe de esta telenovela a veces actúa igual o peor que los villanos?
Camaño: –Es difícil porque tenemos un héroe que va y le pega con un palo en la cabeza al malvado. En algún momento hará el arco de vuelta. Por ahora tiene muchas contradicciones, cada vez que hace algo mal se da cuenta, lo sufre. Lo cuidamos mucho, pero nos permitimos pasar ciertos límites que en la novela tradicional no se puede.
Rompiendo moldes
“Montecristo”, con sus escenas de acción, sus largos diálogos cargados de información y sus personajes dotados de más de una cara es novela clásica y de ruptura al mismo tiempo. Una combinación novedosa para una TV que hasta su aparición parecía preferir el humor a la pasión.
–La trama de la tira obliga a dejar de lado el control remoto.
Lorenzón: –Esta es una historia muy compleja, buscamos mucho por dónde iba porque el relato del libro es muy truculento, muy lúgubre, con cantidad de personajes que están todos vinculados entre sí. Para nosotros es una suerte tener un historia tan fuerte que involucra a todos. Lo que sucede en aquella punta afecta a la otra entonces hay que estar muy atentos a que eso esté sincronizado todo el tiempo.
Camaño: –La idea de Claudio [Villarruel] y Bernarda [Llorente] desde un principio fue que ésta fuera una novela para escuchar. Por supuesto que la TV es entretenimiento y se la mira mientras se da de comer a los pibes y se atiende el teléfono, pero queríamos hacer una tira que se escuchara, en la que se dijeran cosas. Tenemos que repetir información para que los espectadores no se pierdan, pero está pensada así: “Te perdiste un capítulo, que pena para vos”.
Sincronicen sus relojes
Hubo una época en que era posible usar como sinónimos la hora que marcaba el reloj con el momento exacto del día en que empezaba la telenovela preferida. “Es la hora de mi novela”, decían hasta hace poco tiempo los seguidores de este género. En la TV actual ese juego del lenguaje es imposible, pero los autores de “Montecristo” encontraron una buena manera de reemplazar esa costumbre. “Es a.M. y d.M. Hay gente que nos cuenta que organiza su noche según esas coordenadas”, dirán. Y la explicación no se hace esperar, a diferencia de la mayoría de los ciclos de la pantalla chica. “Es que a.M. y d.M. son las siglas de antes de «Montecristo» y después de «Montecristo». Los seguidores son bastante ocurrentes”, se ríe Camaño. Tanto él como Lorenzón miran los capítulos al mismo tiempo que el público y con la misma pasión. O casi.
“Una mamá del colegio de mi hijo me dijo el otro día muy seria: «Si no se encuentran la semana que viene te retiro el saludo»”, dice Lorenzón con un sonrisa, aunque cada vez que abra su casilla de mails la encuentre tapada de mensajes de sus amigos y conocidos que utilizan variados insultos para pedirle que reúna a los protagonistas.
“Estamos muy concentrados en la historia y a veces nos preguntamos cuánto debería durar esta novela. Porque ya vemos que 150 capítulos no nos van a alcanzar. Este relato no tiene mesetas porque todo el tiempo se abre un juego nuevo. Puntos de giro tenemos para tirar al techo”, se entusiasma Lorenzón mientras desde la mesa de trabajo “El conde de Montecristo” vuelve a abrirse para sumar material a la telenovela que todas las noches le hace un brillante homenaje.
Por Natalia Trzenko
Foto: Gustavo Seiguer
De la Redacción de LA NACION
Lo mejor que pasó y lo que está por venir

En los casi dos meses que lleva “Montecristo” en el aire hubo muchas escenas fuertes, esas que por su contenido dramático quedarán en los oídos y las retinas del espectador mucho tiempo después de vistas. Entre ellas figura algunas de impresionante despliegue técnico, como la del escape de la prisión marroquí, y sobre todo otras de enorme despliegue emocional. A saber: el primer acercamiento de Santiago (Echarri) a la que fue su novia, Laura (Krum), y el momento en que cree descubrir que ella tuvo un hijo con su enemigo; el reencuentro de Santiago con Sarita (Rita Cortese), la mujer que lo crió; la desesperación de Marcos (Joaquín Furriel) cuando Laura le propone separarse y, entre las más recientes, la gran escena jugada por Paola Krum y Virginia Lago en la que ésta le revela a su supuesta sobrina que no lo es.
Claro que la secuencia más conmovedora todavía no sucedió: el momento en que Laura y Santiago vuelvan a encontrarse cara a cara. Hasta ahora los acercamientos de la pareja sirvieron para aumentar aún más la expectativa: Los amantes separados injustamente se cruzaron en la casa de Santiago aunque siempre a través de la cámara Gesell instalada para espiar a los visitantes; en la calle dónde Laura lo vio de espaldas; en el asalto al restaurante del tenebroso Alberto Lombardo (Oscar Ferreiro) dónde, máscara mediante, Santiago se acercó a su amada/odiada Laura. Y, finalmente esta semana, compartieron un beso mientras la protagonista estaba bajo los efectos de la anestesia.
No se sabe todavía cuándo llegará el encuentro, pero sus autores adelantan que será todo menos sencillo: “Será muy difícil porque en su relación no hay un perdón que alcance”.

http://www.nuncamas.org/investig/menores/r2080.htm

(Caso mencionado en Ford, La marca de la bestia, pag.265)
Reggiardo Tolosa, Matías Angel

Menores y jóvenes restituidos

Madre: María Rosa Ana
TOLOSA Matías Angel
REGGIARDO TOLOSA Padre: Juan Enrique
REGGIARDO

Fecha de nacimiento: 16 de mayo de 1977 (en cautiverio)
Edad a la fecha del secuestro: alrededor de 6 meses de gestación
Zona de Secuestro: 1
Fecha de secuestro: Febrero de 1977
Vista en CCD: La Cacha
Zona de CCD: 1/11/113
Fecha de localización: 1989
Fecha de restitución: Noviembre de 1993

María Rosa tuvo mellizos durante su cautiverio: Matías Angel y Gonzalo Javier.

Por denuncias recibidas por la familia de la desaparecida Liliana Ross, los niños apropiados por el Subcomisario Samuel Miara fueron buscados como hijos de esta joven que desapareció embarazada.

Los Miara huyeron a Paraguay cuando el juez ordenó los análisis inmunogenéticos.

Cuando se consiguió la extradición y los apropiadores volvieron con los dos niños, el Banco Nacional de Datos Genéticos determinó que eran los hijos de la pareja formada por Juan Enrique REGGIARDO y María Rosa Ana TOLOSA, quienes permanecieron detenidos en el centro clandestino de detención “La Cacha”, de donde María Rosa fue sacada para dar a luz y ya no fue devuelta. Los jóvenes habían sido secuestrados en febrero de 1977.

Los mellizos fueron identificados en 1989. Recién en 1993, la Justicia les devolvió su identidad y fueron restituidos a su familia biológica.

Por intromisión de personas extrañas al caso y por la violenta campaña contra la restitución de la identidad a los menores desaparecidos desatada desde algunos medios de comunicación, la relación con la familia materna, que se estaba iniciando bien, fue entorpecida. Hasta alcanzar la mayoría de edad, los mellizos Gonzalo y Matías vivieron con una familia sustituta.

Actualmente mantienen contacto con la familia biológica y conocen la verdad de su historia.

Sus padres permanecen desaparecidos.

http://www.clarin.com/diario/1998/09/22/t-01201d.htm

Edición Martes 22.09.1998 » Política » Medio millón para reparar una parte de la historia

DERECHOS HUMANOS: LOS MELLIZOS REGGIARDO TOLOSA, HIJOS DE DESAPARECIDOS
Medio millón para reparar una parte de la historia

Se los dará el Estado
• Porque ya tienen 21 años
• Ellos volvieron a vivir con Miara, quien se los apropió al nacer

Por DANIEL GUTMAN. De la Redacción de Clarín
Los mellizos Reggiardo Tolosa cobrarán en los próximos días la indemnización que les corresponde como herederos de sus padres, desaparecidos durante la última dictadura militar.El Ministerio del Interior emitió el último jueves, con los números 1835/98 y 1836/98, las dos resoluciones que benefician a los hermanos que fueron secuestrados y privados de su verdadera identidad por el ex torturador Samuel Miara y su esposa, Beatriz Castillo, en mayo de 1977. Pocos días antes habían nacido en un parto clandestino, en el penal platense de Olmos.Los mellizos, a quienes la Justicia les devolvió el apellido Reggiardo Tolosa en 1993, hoy están viviendo otra vez con los Miara. En mayo último, cuando alcanzaron la mayoría de edad, al cumplir 21 años, decidieron volver con quienes los habían anotado como hijos propios. Así se lo confirmó a Clarín el abogado del ex subcomisario Miara, el ex funcionario de la dictadura Jaime Smart. Otras dos fuentes informaron lo mismo.Hasta entonces, los dos jóvenes habían estado con una familia sustituta por decisión del juez Jorge Ballestero, que ejercía la tutela legal sobre ambos y fue quien inició en 1996 el trámite para obtener la indemnización.La reparación que establece la ley 24.411 para las víctimas del terrorismo de Estado es de una suma equivalente a cien sueldos de un empleado de la administración pública nivel A. Gonzalo y Matías cobrarán 448 mil pesos en bonos por la desaparición de sus padres (224 mil por cada uno), Juan Enrique Reggiardo y María Rosa Tolosa.El matrimonio Miara, que se había afincado en Caballito en los últimos años, ahora volvió a vivir con los mellizos en Ciudadela, la misma zona del Gran Buenos Aires desde donde en 1985 habían huido al Paraguay de Alfredo Stroessner. Aquel año, la organización Abuelas de Plaza de Mayo comenzó a sospechar que los chicos eran hijos de desaparecidos. Desde ese país serían extraditados en 1989.Matías estudia hotelería y trabaja en una agencia de turismo. Gonzalo tiene un alto promedio en la carrera de Ingeniería electrónica, en la Universidad Tecnológica Nacional, y colabora con Miara en la fábrica de zapatos que tiene el ex torturador.Ambos jóvenes estudian inglés y tienen proyectos: irse a vivir solos y viajar por el mundo, posiblemente a hacer algún posgrado. Las fuentes consultadas por Clarín coincidieron en que los mellizos atraviesan un buen momento luego del sufrimiento que les generó la exposición pública de su caso, en 1994.Durante ese año, los hermanos fueron restituidos a su familia de sangre. Vivieron seis meses en la casa de su tío Eduardo Tolosa, que en un principio había iniciado una querella contra Miara, pero luego desistió.Cuando vivían con su tío, según recordó un protagonista de aquel proceso, querían que los Miara y los Tolosa se juntaran los domingos a comer, como una gran familia. La restitución fracasó. Eduardo Tolosa, finalmente, renunció a la guarda de los chicos, que fueron adjudicados a una familia sustituta. Esta, de apellido García, tenía y todavía conserva relación con los Miara.Los mellizos leyeron el libro Nacidos en la sombra, de Andrea Rodríguez, que cuenta la historia de su secuestro y la actuación de Miara como torturador, en los centros clandestinos de detención El Banco, El Olimpo y Club Atlético. De todas maneras, el único familiar con el que tienen contacto hoy es Elina Peralta López, una prima de su madre. La familia, igualmente, confía en que algún día se autorrestituyan, como dijo un pariente que pidió no ser nombrado.Mientras tanto, Miara enfrenta la posibilidad cierta de volver a la cárcel en los próximos meses. Y, según dijo a Clarín su abogado, no dudará en cumplir lo que establezca la Justicia.El 22 de diciembre de 1994, el ex represor fue condenado a siete años y medio de prisión por el juez Ballestero. Pero al día siguiente salió en libertad condicional, porque ya había pasado más de seis años detenido por la misma causa.Un año después, la Sala II de la Cámara Federal le aumentó su pena a doce años, pero la Corte Suprema anuló ese fallo. El máximo tribunal consideró que no tenía suficientes fundamentos y que no se habían valorado las circunstancias atenuantes. Con los votos de los cinco jueces considerados más cercanos al Gobierno, el tribunal hizo referencia a que la esposa de Miara había perdido un embarazo pocos meses antes del secuestro de los Reggiardo Tolosa.El 28 de agosto, la Sala I de la Cámara confirmó la condena a doce años. El abogado de Miara presentó hace pocos días un recurso extraordinario para que el caso vuelva a la Corte. Es su última oportunidad de no volver a una celda.

http://www.fcen.uba.ar/prensa/micro/1994/ms154.htm

CONFLICTO POR LOS MELLIZOS REGGIARDO-TOLOSA. A raiz del escandalo
generado por la presencia de los mellizos Reggiardo-Tolosa en varios
programas televisivos, el juez Jorge Ballesteros, que tiene a su
cargo la causa por la tenencia de los jovenes, hijos de
detenidos-desaparecidos, dispuso cambiar la guarda, que estaba a
cargo de un familiar. Los dos hermanos, de 17 a#os, viviran
provisoriamente con una familia substituta. Entretanto, el juez
Ballesteros sufrio un atentado intimidatorio el martes 31 de mayo,
cuando a su antigua vivienda llego un paquete con dos granadas, que
no alcanzaron a explotar.

Ballesteros habia dispuesto el 5 de noviembre pasado que los mellizos
Matias y Gonzalo vivieran con sus familiares legitimos, estando a cargo de un
tio. Durante 16 a#os los dos menores estuvieron en poder del ex-comisario de
la Policia Federal Samuel Miara y su esposa Beatriz Castillo. Segun
testimonios de ex detenidos en centros clandestinos de detencion, Samuel
Miara formo parte de grupos represivos durante la ultima dictadura,

En el centro clandestino de “La Cacha”, ubicado en cercanias de la
carcel de Olmos (prov. de Bs. As.) estuvieron detenidos Juan Enrique
Reggiardo, dibujante, y su esposa, Maria Rosa Tolosa, estudiante de
arquitectura, y embarazada de seis meses al momento de su detencion, el 8 de
febrero de 1977. Luego de la detencion se perdio el rastro, desconociendose
el paradero de la pareja, de Antonia Oldani de Reggiardo (madre de Juan
Enrique) y de los ni#os que Maria Rosa llevaba en su vientre, y que nacieron
el 28 de abril de 1977.

En 1984, la organizacion Abuelas de Plaza de Mayo (formada por
familiares de detenidos-desaparecidos) pudo ubicar a una pareja de ni#os, en
poder de Miara y su mujer. En un primer momento se supuso que eran hijos de
otros detenidos-desaparecidos, pero los examenes de histocompatibilidad
realizados por orden de la justicia determinaron la verdadera identidad de
los dos hermanos.

Recien a fines de 1993 la Justicia puso a los hermanos Matias y
Gonzalo bajo custodia de su legitima familia. Esos nueve a#os de demora se
debieron no solo al lento trabajo de la justicia argentina sino tambien a la
fuga del matrimonio Miara. En 1986 los Miara se fugaron al Paraguay,
llevandose consigo a los dos chicos. Tras arduas tratativas diplomaticas en
1989 se logro la extradicion de la pareja y el retorno de los ni#os, y en
1991 el juez Weschler le dicto la prision preventiva a Miara, por el delito
de supresion de identidad.

Pero este no es el unico contacto que tuvo el comisario Miara con la
Justicia. Segun declararon a la Comision Nacional de Desaparicion de
Personas (CONADEP, organismo encargado en 1984 de estudiar la represion
ilegal en la Argentina del “Proceso”), Samuel Miara, con el alias de
“Cobani”, fue torturador de los campos de concentracion de “El Banco”, “El
Atletico” y “El Olimpo”. Tambien fue acusado de violar a una detenida, segun
consta en legajos de la CONADEP.

Tambien durante la ultima dictadura, Miara fue acusado de ser
participe del secuestro de Veronika Moskovitz y de Roberto Apstein, hijos de
empresarios judios. A#os despues, en 1991, los policias detenidos por el
secuestro del empresario Mauricio Macri, (la tristemente afamada “banda de
los comisarios”), tambien involucraron a Miara en el secuestro del empresario
Benjamin Neuman.

No hubo ninguna condena a Miara por estos tres casos, pero aparecio
el sugestivo hecho que Moskovitz, Apstein, y el hijo de Neuman estudiasen en
la Escuela del Sol. En este colegio, donde concurrian hijos de empresarios
judios, trabajaba como celadora Norma Miara de Longarella, hermana del
comisario. Como dice la nota del periodista Horacio Verbistky, aparecida el
domingo 5 en “Pagina/12″: Condenas, ninguna. Coincidencias, todas”.

Por su supuesta vinculacion a la “banda de los comisarios”, Miara fue
detenido y procesado por “asociacion ilicita y secuestro extorsivo”. Pero
luego, los miembros de la banda cambiaron sus declaraciones por lo que el
juez de la causa dispuso la libertad de Miara por falta de merito, y el 12 de
octubre de 1993 dicto su sobreseimiento provisional.

Con respecto a los mellizos, Estela Carlotto, presidenta de las
Abuelas de Plaza de Mayo, opino que “veo con preocupacion y con dolor como
dos chicos, que viven una dura ralidad por el terrorismo de Estado, han sido
victimizados por los medios de comunicacion”. Continuo diciendo la dirigenta
de derechos humanos que, “no tenemos que ocultar que en esto han intervenido
presiones de terceros, como algunos comunicadores, tales son los casos de
Bernardo Neustadt, Marcelo Longobardi y Daniel Haddad, entre otros, que en
una accion descalificadora han puesto al desnudo a estos chicos frente a la
sociedad, una sociedad que interpreta los hechos con mucha liviandad”.

Estela Carlotto agrego que “aqui se quiere hacer creer a la sociedad
que el robo de estos chicos es algo normal y que ahora, despues de las
dificultades que ellos han atravesado, deben ser dejados en paz con esa mujer
(por Beatriz Miara) que no es su madre, sino una delincuente”.

La participacion de los dos menores, (una “operacion de prensa”), se
realizo en los programas “Tiempo Nuevo”, de Bernardo Neustadt, celebre amigo
de todas las tiranias argentinas; en la audicion de Samuel Gelblung, quien
fue uno de los jefes de la revista “Gente” durante los a#os de la dictadura;
y en “H&L”, el programa que dirigen los jovenes Haddad y Longobardi, que
reunen todas las condiciones para ser considerados los sucesores de Neustadt.
(Fuentes: Clarin 1/6, La Nacion 2, 3 y 4/6, y Pagina/12 5/6/94) -|-

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-30877-2004-01-28.html

El país del Miércoles/28-Ene-2004(4)|Hoy
LAS ABUELAS ENCONTRARON AL NIETO NUMERO 77
Juan recuperó su identidad
A los 25 años de edad y tras mucho tiempo de sospechas, Juan Cabandié Alfonsín recuperó su nombre y conoció a su familia.Nació en la ESMA y fue apropiado por un agente de inteligencia.

Estela Carlotto explicó que Juan se acercó a las Abuelas porque sospechaba de sus apropiadores.
Subnotas
• “Un hombre peligroso”
Por Irina Hauser
Vivió 25 años con un nombre que no era el propio y creyendo que sus padres eran un policía, ahora retirado, y una ama de casa. Con el correr del tiempo fue sumando datos que le despertaron desconfianza: nunca le habían mostrado fotos de cuando era bebé, ni le contaban nada sobre su nacimiento y soportó constantes maltratos e insultos del hombre que lo crió. El año pasado decidió indagar en su historia y se acercó a Abuelas de Plaza de Mayo. El lunes por la tarde supo, con los resultados de un test genético, que es hijo de los desaparecidos Damián Abel Cabandié y Alicia Alfonsín, que nació en la ESMA en marzo de 1978 y que su madre biológica lo llamó Juan. La titular de Abuelas, Estela Carlotto, anunció que es el nieto número 77 que recupera su identidad. El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, pidió ante la Justicia la detención del apropiador, que resultó ser un ex agente de inteligencia de la Federal.
Cuando el lunes empezaba a bajar el sol, Juan Cabandié Alfonsín llegó a la sede de Abuelas. Apenas cruzó la puerta lo recibieron con aplausos interminables. Era parte de su familia biológica, que lo estaba esperando. Intercambiaron abrazos y no pararon de hablar hasta entrada la noche. Juan les contó que había decidido rastrear su identidad luego de juntar indicios que le hacían pensar que quienes lo habían criado no eran sus verdaderos padres. Pero, además, no paró de hacer preguntas.
Así se enteró que el 23 de noviembre de 1977 su padre, Damián, que tenía 19 años, no había regresado del trabajo a la hora habitual. Lo habían secuestrado. Con sus llaves, un grupo que se identificó como “Fuerzas Conjuntas” volvió a entrar más tarde a su casa y se llevó a Alicia, de 17 años y embarazada de cinco meses. “Fueron vistos en el centro clandestino de detención El Banco por compañeros de cautiverio que lo recuerdan a él como Buggie y a ella como Bebé. Alicia fue trasladada a fines de diciembre a la ESMA, donde fue alojada en la llamada pieza de embarazadas. En marzo de 1978, con asistencia del obstetra del hospital Naval Jorge Luis Magnacco dio a luz a un varón muy robusto al que llamó Juan”, detalla un documento de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Yo me quiero llamar así, Juan”, dijo el joven a sus abuelas y tíos de sangre en el primer encuentro. El nombre con el que lo inscribieron sus apropiadores no se conocerá hasta que avance la causa judicial. Tiene, dice la familia, los ojos verdes como su padre y los rasgos de su mamá. Carlotto señaló ayer: “Este chico sufrió durante 25 años una apropiación maligna y no fue criado con amor”. “Hace seis años que Juan no ve a este represor porque la pareja se había separado y, aunque vive solo, a la que sigue viendo es a la señora que hizo de madre, porque según él, ella también era una víctima”, agregó la presidenta de Abuelas. El año pasado se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y luego a Abuelas. En octubre se hizo el examen de ADN.
Cuando avanzaron en la charla del lunes, Juan les explicó a sus familiares que “a la mujer con la que vivió se animó hace un tiempo a preguntarle si ella era realmente su mamá, y aunque dijo que sí le quedó una duda enorme”, reprodujo Yole Oppezo, la abuela paterna. “Muñeca”, como le dicen, quedó impactada por otro dato que había guiado las sospechas de Juan: “Dijo que conocía del colegio a los mellizos Reggiardo-Tolosa, apropiados por (el ex subcomisario de la Policía Federal) Samuel Miara, y parece que había una relación entre ambos apropiadores”. Miara fue torturador en los centros clandestinos de detención Club Atlético y El Banco. Por ambos lugares pasaron Alicia y Damián.
La pareja, víctima del terrorismo de Estado, se había conocido en el Club Colegiales. Alicia, de pelo rubio ondulado, algo tímida, jugaba al básquet. Damián, pertenecía a un grupo de teatro, era fanático de River y del automovilismo. Se pusieron de novios y trabajaron juntos en la villa de Colegiales. Cuando los secuestraron vivían en Congreso. Ella estabaterminando la secundaria en una escuela nocturna y él trabajaba en ENTel. Esperaban su bebé para los primeros días de febrero. Juan nació en cautiverio y según las reconstrucciones de lo sucedido, estuvo sus primeros 22 días de vida con Alicia. Después se lo arrebataron y creció con otro nombre y apropiado por un miembro de la Policía Federal.
“Había perdido las esperanzas de encontrar a mi nieto. Creía que estaría con una buena familia”, confiesa Nancy Alfonsín, la mamá de Alicia, una mujer de voz suave y melena cobriza. “Me llevé una gran sorpresa”, suspira con timidez. Muñeca, robusta, de pelo corto rubión y voz vibrante, recuerda que se sumó a las Abuelas de Plaza de Mayo a fines de los ‘70. “Investigaba por las escuelas, salía con mi Fitito y mi cámara de fotos. Siempre decía: algún día mi nieto aparecerá”, dice. Ambas abuelas lloraron mucho durante la conferencia de prensa en que se dio la noticia. Con ellas estaban sus otros hijos (tíos de Juan) y nietos, y llegaron también amigos de la pareja desaparecida que supieron la novedad por la tele y corrieron a la sede del organismo con viejas fotografías en la mano. “Uno se acostumbra a vivir con esta incertidumbre. Hoy se me viene todo el pasado de golpe”, solloza Mariel, hermana de Damián.
En la Justicia federal hay una vieja causa iniciada por las Abuelas en busca del hijo del matrimonio Cabandié-Alfonsín, que en estos días subroga el juez Jorge Urso. Duhalde llevó ayer al juzgado los datos del análisis genético y pidió la urgente detención del ex policía. Se sabe que durante la dictadura usaba un seudónimo y está vinculado con represores ya identificados y grupos de tareas de la Federal. Eso se desprende de un legajo que también fue entregado al juez. Hoy irán a Tribunales Carlotto y las abuelas del chico.
La titular de Abuelas dijo que Juan “está aún en shock” y que se llevó a su casa una caja con un archivo familiar de casetes, fotos y objetos.

http://www.lanacion.com.ar/Archivo/nota.asp?nota_id=860701

Revista
Publicado en la ed. impresa: Revista
Domingo 26 de noviembre de 2006
Noticias | Archivo | Domingo 26 de noviembre de 2006 | Revista | Nota

Nota de Tapa I

El fenómeno Montecristo

La novela que protagonizan Pablo Echarri y Paola Krum es uno de los ciclos de mayor rating de la televisión argentina. Con temas tan delicados como la apropiación de niños por parte de la última dictadura militar y los desaparecidos como ejes, la trama generó en la teleaudiencia una aceptación total

Montecristo, la novela protagonizada por Pablo Echarri y Paola Krum, figura entre los ciclos con más alto rating de la TV argentina durante este año. La planilla de medición de audiencia registra la cantidad de televisores encendidos y el canal en el que están sintonizados. Hasta allí, un asunto que condiciona los movimientos de la industria de la televisión y la publicidad. En la sociedad, en cambio, cuando se apaga el televisor se enciende el verdadero poder de la TV: su capacidad para instalar los temas en la agenda colectiva. En palabras del teórico francés Dominique Wolton, “la televisión es un formidable instrumento de comunicación entre los individuos. Lo más importante no es lo que se ha visto, sino el hecho de hablar de lo que se ha visto. La televisión es un objeto de conversación. La televisión es la única actividad que crea un lazo entre los ricos y los pobres, los jóvenes y los viejos, los habitantes rurales y los urbanos. Todo el mundo mira la televisión y habla de lo que ha visto. ¿Qué otra actividad es hoy día tan transversal?”

Medido con la vara de las charlas compartidas, a Montecristo le corresponde la virtud de haber puesto en boca de los argentinos la apropiación de niños durante la última dictadura militar y la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo, empeñadas en recuperar a sus nietos para devolverles la identidad robada. Pero la influencia social de la novela fue más allá de las palabras y se tradujo en hechos: desde su estreno, se triplicó la cantidad de jóvenes que llaman a la sede de Abuelas con el objetivo de confirmar o desechar la corrosiva sospecha de ser hijos de desaparecidos. El caso de Marcos Suárez, el nieto número 85 recuperado por las Abuelas, es elocuente: el 22 de junio último por la mañana se había hecho el análisis de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos del Hospital Durand para saber si era hijo de Hugo Suárez y María Rosa Vedota, ambos desaparecidos a manos del terrorismo de Estado. Esa misma noche, mientras miraba Montecristo, el corazón de Marcos dio un respingo. En una escena grabada en la casa de las Abuelas, la cámara enfocaba en primer plano la foto de uno de los tantos bebés buscados: ese bebé era él, Marcos, nacido el 20 de diciembre de 1975. A su mamá la desaparecieron en octubre de 1976; a su papá lo secuestraron en diciembre del mismo año. Una enfermera lo anotó como hijo propio, le ocultó la verdad y se llevó a la tumba el secreto que finalmente develó el examen de ADN.

Escrita por Adriana Lorenzón y Marcelo Camaño, la telenovela producida por Telefé Contenidos toma como disparador El conde de Montecristo, la obra de Alejandro Dumas, para construir una versión libre de esa historia de traición y venganza. Adaptada a la realidad argentina, el personaje de Santiago (Pablo Echarri), víctima de un siniestro plan de su amigo Marcos, después de pasar diez años en una prisión de Marruecos regresa a Buenos Aires decidido a vengarse. Aquí lo espera más espanto: su antigua novia, Laura (Paola Krum), está casada con Marcos, es hija de desaparecidos y fue criada por un torturador, Lisandro (Roberto Carnaghi).

“En la Argentina ya se había escrito mucho sobre los desaparecidos y la apropiación de niños, pero el mensaje no se transmitía más que al sector de los interesados en el tema –sostiene Adriana Lorenzón–. El acierto de Montecristo fue tocar el tema en un género tan popular como es la telenovela. Eso nos permitió llegar a muchos ciudadanos para quienes la tarea de Abuelas no formaba parte de su vida cotidiana. A raíz del programa, esa gente incluyó esa realidad en sus conversaciones.”

A nadie se le escapa que el género de la telenovela fue concebido para audiencias masivas. Pero el formato por sí mismo no garantiza la aceptación del público. ¿Cómo se explica entonces la gran repercusión de Montecristo? Según el sociólogo Luis Alberto Quevedo, director del Proyecto Comunicación y miembro del Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), la tira basa su éxito en una conjunción de elementos: “Es una historia clásica porque toma un viejo tema del melodrama, el reconocimiento de la identidad, pero lo cuenta desde el presente político, y lo hace en el marco de una Argentina donde el actual gobierno ha vuelto a poner en primer plano la historia reciente de la dictadura y la necesidad de encontrar la verdad y la justicia. Si a eso se suman los destacados trabajos actorales, el resultado es una buena telenovela. Que la telenovela esté bien hecha es importante porque el televidente no se dispone a ver un ciclo periodístico ni político ni de denuncia, sino una buena historia”.

Elizabeth Jelin, socióloga e investigadora del Conicet-IDES, acuerda: “Es una telenovela con todos los elementos de una buena narrativa: tiene complejidad de personajes, matices, situaciones de ambivalencia y dilemas morales”.

A decir verdad, ni los autores pudieron escapar de los conflictos éticos. Cuenta Adriana Lorenzón que diseñar el personaje de Lisandro, el torturador que se apropió de Laura, no fue tarea sencilla: “Tuve que romper con mi prejuicio para poder guionarlo –admite–. Yo lo veía como un villano total porque, para mí, ese nivel de violencia y de maldad es injustificable. Pero, para interpretarlo, Roberto Carnaghi necesitaba quererlo y encontrar las justificaciones propias de un tipo como Lisandro”. Puesto a construir un victimario verosímil, Carnaghi le soltó a la guionista un argumento propio de un represor: “Imaginate que este tipo no pudo ver el Mundial del ’78 –le dijo Carnaghi a Lorenzón, en relación con Lisandro–, porque cuando había partidos era cuando más se torturaba. Pensá que Lisandro se perdió el Mundial”.

La tele que educa

“En América Latina, la experiencia demuestra que para crear conciencia sobre los problemas sociales y políticos muchas veces es mejor el camino de la ficción que el de los programas de denuncia”, explica Quevedo, y pone como ejemplo la TV mexicana, cuando a través de la llamada telenovela de ruptura hizo reflexionar a los espectadores sobre el flagelo de la violencia doméstica. “El método con el que trabajaron fue efectivo: dentro de la misma telenovela se daban los datos de los organismos donde se podía buscar ayuda ante un caso de violencia doméstica. Lo que permite la ficción es que el espectador se vea reflejado en los personajes y que asocie la problemática de ellos con la propia”, razona Quevedo.

México no es el único país de la región que utiliza la telenovela para movilizar conciencias. En Brasil, en el año 2000, Lazos de familia, producida por la Rede Globo, funcionó como una verdadera campaña a favor de la donación de órganos. A través del personaje de Camila, una muchacha que padecía leucemia y necesitaba un trasplante de médula para salvarse, el ciclo transmitió al público masivo el mensaje de que existen órganos que pueden ser donados en vida. Mientras la novela estuvo al aire, el promedio de inscriptos en el Registro Brasileño de Donantes Voluntarios de Médula Osea saltó de 20 a 900 por mes.

Para que una ficción televisiva logre modificar la conducta de personas de carne y hueso es necesario que su prédica caiga en terreno fértil, que la sociedad esté dispuesta a recibirlo. ¿Habría producido Montecristo la misma conmoción colectiva sin la distancia que separa los crímenes cometidos del presente? Adriana Lorenzón baraja la historia argentina y plantea sus hipótesis: “Un buen momento podría haber sido cuando tuvo lugar el juicio a las juntas militares, porque entonces teníamos el ímpetu de querer encontrar una respuesta. Luego ya no, porque vino la decepción de la Ley de Obediencia Debida y los indultos. Este año fue particularmente apto para hacer esta novela porque en la sociedad hay una cierta apertura al tema. Por un lado, porque se cumplieron 30 años del golpe y de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo. Por el otro, porque, fruto de la derogación de los indultos y de la reapertura de los juicios a los responsables del horror, se ha despejado el camino para seguir buscando la verdad y la justicia”.

Psicóloga, doctorada en psicoanálisis en la Universidad de París VII y autora de Dolor país y No me hubiera gustado morir en los 90, Silvia Bleichmar opina que Montecristo genera “un nivel de identificación muy profundo en los espectadores”. A su modo de ver, “es una novela que, en vez de convocar a la ensoñación, convoca a realizar las tareas pendientes en la búsqueda de la identidad. En la Argentina, la preocupación por la identidad está presente, y no sólo en relación con los crímenes del terrorismo de Estado. Hay personas de más de 50 años que en la infancia fueron adoptadas de modo ilegal y que a estas alturas de su vida han comenzado a preguntarse quiénes son”. (Ver recuadro aparte.)

¿Justicia o venganza? En esa encrucijada está atrapado el personaje de Pablo Echarri. “Lo que plantea Montecristo es la banalidad de la venganza, que es un circuito irreparable pero aparece como una tentación permanente cuando no hay justicia –analiza Bleichmar–. La justicia es la forma en que las víctimas se sienten liberadas de la obligación de hacerse cargo de la venganza. En ese sentido, la sociedad argentina se ha manejado con enorme responsabilidad: no hay un solo torturador ajusticiado por su víctima ni un apropiador ajusticiado por una abuela. Por eso, es falso el debate acerca de si las víctimas buscan venganza. Además, en la medida en que los victimarios no piden perdón y se jactan de sus acciones, es perverso pedirles a las víctimas que los perdonen. El perdón se puede otorgar únicamente sobre la base del arrepentimiento del culpable, nunca como el pedido de una concesión más.”

Es evidente que Montecristo ha puesto el dedo en varias llagas. La duda del millón es qué sucederá en la sociedad cuando la tira ya no esté en la pantalla. Elizabeth Jelin pone signos de interrogación en el horizonte: “Cuando termine la novela se verá si este saber que la televisión ha llevado a audiencias masivas se convierte en un tema de reflexión y debate en los sectores que estaban más o menos ajenos al tema de la apropiación de niños, o si Montecristo quedará como un producto televisivo de ficción sin consecuencias sociales duraderas”.

Por Adriana Schettini

En busca de la identidad

Sabido es que el delito de apropiación de criaturas nada tiene que ver con la grandeza de alma que lleva a hombres y mujeres a adoptar un niño. Pero en un país con larga tradición de desapego a la ley, el bien y el mal se tocan.

“La dictadura pudo concretar el horror con los hijos de los desaparecidos porque en la Argentina ya existía impunidad respecto de la apropiación de niños. Hasta hace 15 o 20 años era corriente la apropiación de los niños de las clases pobres inscribiéndolos bajo una forma que ocultaba la verdad. Ni siquiera al niño se le decía la verdad sobre su origen biológico. Esoya no ocurre. Más aún, el Registro Nacional de Identidad permite que el hijo adoptivo acceda al expediente para saber quiénes lo engendraron”, dice la psicóloga Silvia Bleichmar.

–¿Es ésa la pregunta central en la vida de quien ha sido adoptado?

–El gran enigma del niño adoptivo no es quién lo engendró, sino por qué no se quedaron con él. Hay una pregunta que se repite en los consultorios: “¿Qué hice yo para que mi madre biológica no me tuviera con ella?”.

–¿Qué se entiende por identidad?

–No es verdad que la identidad de una persona sea la identidad biológica de origen. La identidad es la que se construye en la vida de un ser humano. Pero en la medida en que hay un enigma sobre la identidad biológica el sujeto no puede construir su identidad actual, porque para hacerlo necesita abandonar previamente el mito de la identidad perdida.

–¿Influyó la apropiación de niños en las preguntas que se hacen los hijos adoptivos?

–A finales de los años 80 y durante los 90, un alto número de chicos legalmente adoptados comenzaron a manifestar sus fantasías de ser hijos de desaparecidos. Desde el punto de vista psíquico, loslesionaba menos la idea de haber sido robados de padres que los amaron que la de haber sido abandonados por sus padres biológicos.

El original de Alejandro Dumas

Después de un accidentado viaje en barco, el honesto oficial Edmundo Dantés, a punto de recibir la promoción de capitán, regresa a Marsella, donde vive, dispuesto a casarse con una bella catalana, Mercedes. Sin embargo, el destino le tiene reservado otros planes y, acusado infundadamente de ser agente bonapartista, es injustamente encarcelado por la denuncia de su mejor amigo, Fernando Montego, que aspira al amor de la misma mujer.

Condenado a cumplir su pena en el castillo de If, una prisión de la que nadie ha conseguido escapar, Edmundo envejece en una celda junto a un anciano llamado Faría, un religioso erudito que es su compañero durante trece años. Este hombre le revelará un secreto, un lugar donde hay enterrado un tesoro (decenas de cajas llenas de monedas de oro). Y la forma de escapar de la prisión…

Así comienza la segunda parte, cuando Edmundo se convierte en el Conde de Montecristo y regresa para vengarse. Bajo distintas personalidades –desde un abate italiano hasta un rico banquero inglés–, Edmundo Dantés vuelve a Marsella y descubre, con perplejidad, que todos aquellos que lo traicionaron han triunfado. Creyéndolo muerto, su ex novia se ha casado con quien había sido su mejor amigo, Fernando, convertido ahora en Conde de Moncerf. La pareja ha tenido un hijo, Albert, al que Montecristo siente como propio. La novela es el relato pormenorizado de la venganza de Edmundo, trazada paso a paso durante los duros y lúgubres años de cárcel.

Es considerado el mejor trabajo de Alejandro Dumas (padre), que lo concluyó en 1844 y fue publicándolo en una serie de 18 partes durante los dos años siguientes. La aparición de este folletín en el Journal de Debats, un diario de París, produjo un fenómeno de masas desconocido para la época. Sus lectores escribían cartas a la redacción solicitando la revelación anticipada del desenlace de la historia y la gente empezó a dar vida a los personajes de la novela, que adquirieron sorprendente dimensión histórica, a pesar de ser enteramente ficticios.

El origen de El Conde de Montecristo surgió de una historia que el propio Dumas declaró haber leído en las Memorias de Jacques Peuchet, un archivista de la policía de París. En El diamante y la venganza, Peuchet contaba la historia de un obrero y zapatero llamado Francis Picaud, que vivía en París en 1807 y quien, a punto de casarse con una rica candidata, visita a un amigo suyo que, junto a tres pícaros, decide apostar a que la boda del inocente enamorado podía aplazarse por algunos días. Lo acusaron a la policía de ser un espía inglés y la broma se les fue de las manos. El inocente fue apresado y pasó siete años en una cárcel en Italia. Al salir, el otrora ingenuo Picaud tomó un nuevo nombre y entró a trabajar al servicio de un sacerdote que lo apadrinó y lo designó su heredero universal. Rico y ennoblecido, el bueno de Picaud inició una venganza en cadena contra cada uno de sus ofensores.

Este fue el origen del argumento de El Conde de Montecristo. Dumas tomó la idea de Peuchet explotando sin el menor escrúpulo la satisfacción pagana que producía en sus lectores ser testigos de la ejecución de una venganza, que para muchos era sencillamente ejemplar.

Caso Dalmasso: una nueva fórmula para la construcción de noticias.

por Martín Cavagliatto

En la historia del tratamiento por parte de la prensa escrita de la casuística criminal argentina, mucho se ha debatido acerca de los límites hasta donde se podía llegar. Seguramente uno de los casos más renombrados en los últimos años es el del asesinato de Nora Dalmasso. De hecho este crimen abrió un debate que llegó a ser materia tratada en la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa). Para buscar el por qué de esto habría que recorrer parte de la historia, y detenerse en el crimen de María Soledad Morales ocurrido en la provincia de Catamarca. Este último caso, según Aníbal Ford, cambió el discurso de las noticias como punto de comparación.
En efecto al construir la noticia del asesinato de la joven catarmaqueña, la prensa escrita cortó con el discurso meramente informativo-argumentativo, para hacer propio el discurso policial-ficcional narrativo. Desde entonces, todo crimen o caso resonante comenzó a seguir esta línea narrativa.
Sin embargo en el año 2006, esta fórmula fracasó. El lector reclamó la búsqueda de otra. Esto dió origen a una nueva forma de discurso, que genera críticas y oposición por parte del mismo medio que lo utiliza y que ocasionó traspasar la intimidad y llegar a la hiperintimidad.

Han pasado ya casi 3 años desde el descubrimiento del cadáver de Nora Dalmasso en un country en la ciudad de Río Cuarto en Córdoba, y todavía hoy repercute en los medios y la sociedad.
Cabe preguntarse entonces: ¿Qué fue lo que ocurrió con este caso, que en un principio aparentaba ser un hecho de inseguridad que golpeaba la clase alta de la sociedad de la citada localidad, y se transformó en la comidilla predilecta de la prensa escrita, generando todo tipo de hipótesis y conjeturas?
Seguramente la respuesta está dada, si se da una primera mirada superficial, en que todo hace suponer que no existió un victimario externo (como suele ocurrir en este tipo de casos que trascienden) sino que pertenece al mismo ámbito privado de la víctima. Pero no basta solo eso para que este caso haya adquirido ribetes espectaculares. Se suman ingredientes mucho más dramáticos aún: la posibilidad de que haya cometido el crimen un sicario colombiano, o que sea el propio hijo de la víctima el que haya abusado de su madre y luego asesinado en su propia casa.
Desde el primer momento que se conoció la noticia a través de los diarios, estos construyeron la imagen de Nora Dalmasso como una mujer a la que le gustaba darse sus gustos, que vivía en una situación de permanente despreocupación, a la cual le gustaba divertirse en fiestas. Basta solo recordar la foto de esta mujer cordobesa que fue la que ilustró el caso desde el principio hasta el día de hoy. En otras palabras se estaba construyendo así una cierta connotación a la noticia en base a la información pericial y trascendidos extraoficiales. A partir de esa imagen publicada en los diarios, nació “EL CASO DALMASSO” como tal, y dejó de ser un hecho aislado de inseguridad. No hay que olvidar como dice Verón, que “el contrato de lectura concierne también a la imagen (…) forma parte de la retórica de las pasiones” y “traduce la actividad interpretativa del enunciador”.
Tal fue el impacto de aquella fotografía que pronto, la aparente familia tipo, fue salpicada por lo que esa imagen representaba y causaba en la sociedad, al punto tal que se vieron coaccionados a salir a hablar sobre cosas que no hacían a la materia del caso como por ejemplo la homosexualidad de su hijo Facundo.
Es aquí donde existe una transformación en el tratamiento de la información de la prensa escrita de nuestro país en comparación con otros casos resonantes. Recordemos el caso Maria Soledad Morales, en el cual predominaba el discurso policial-ficcional, en cambio en este caso, lo que predomina en mayor cantidad es el discurso pericial: la escena íntima contribuyó a que no hubiera testigos y, al no haberlos, el discurso pericial naturalmente se volvió dominante y se transformó en narrativo-ficcional. Los diarios comenzaron a reproducir y describir los relatos de los peritos, y fue así cuando meses después que fueron publicadas las fotos de Nora Dalmasso, todos los lectores ya sabían que había pasado en el interior de ese cadáver.
Este cambio despertó críticas tanto del mismo medio como de organizaciones internacionales. En efecto la SIP en el mes de marzo del año 2007 emitió un informe sobre “Libertad de Prensa en las Américas” donde habla del caso y dice: “Los detalles de ese caso, según un editorial del diario La Nación, fueron ventilados por algunos comunicadores con crudeza y liviandad, hurgando en la vida privada, en la intimidad de la víctima, de sus familiares y allegados y han desnudado con toda crudeza la necesidad que la ética periodística deje de ser tan solo una fórmulación teórica y sea una práctica constante.”
La prensa logró algo impensado para ella misma: traspasar la intimidad y llegar a la hiperintimidad. Y no sólo esto, sino que además ella misma comenzó a auto-alimentarse. Es decir sobre este caso, distintos diarios fueron juzgándose unos a otros sobre el tratamiento de la noticia. Cabe citar como ejemplo a un periodista de un matutino de la Capital hablando sobre la publicación de las fotos de la occisa, el cual se refirió en estos términos: “a las horrorosas fotos de Dalmasso con sus piernas abiertas, la piel amorotonada y el lazo de la bata lastimando su cuello.” Enfatizar que la mujer muerta tenía sus piernas abiertas parece reproducir la lógica que se critica. Paradoja de la prensa escrita: al cuestionar el morbo se cae en lo mismo.
Aníbal Ford en su libro la Marca de la bestia hace una análisis sobre lo que el llama “La exasperación del caso” afirma que estos tipos de casos “conmocionan a la opinión pública y que no sólo generan más debate, sino mayor continuidad y serialización de los medios que los temas planteados estructuralmente desde el Estado o desde la Sociedad Civil”, esto se debe a que existe en los últimos años una creciente tendencia de la prensa en traspasar los límites de lo público hacia lo privado. Este fenómeno se viene dando desde hace 10 años y despierta el interés de un público ávido en conocer hasta el dato más escabroso de estos tipos de casos.
Se puede hablar entonces de una modificación del contrato de lectura, que según Eliseo Verón, este se da cuando la prensa escrita modifica el contrato tácito que se da entre el soporte y sus lectores. Es notorio que hay una modificación respecto del caso Maria Soledad al caso Dalmasso en el contrato de lectura, y podría pensarse que esta modificación fue pedida tácitamente por los lectores. Sin embargo esto es erróneo, fue pedido de manera expresa a través de la reacción del público. Los diarios en un primer momento se volcaron de inmediato a buscar posibles sospechosos que hicieran de este caso algo interesante, usando la fórmula del caso Maria Soledad Morales. El primer sospechoso fue un pintor que realizaba trabajos en el country (Gastón Zárate), sin embargo no obtuvo trascendencia. Cuando alguien deslizó que Nora Dalmasso podría haber sido amante de un funcionario del gobierno de Córdoba, la prensa se encontró con que se trataba de un Asesor del Ministerio de Seguridad de Córdoba, Rafael Magnasco. En ese momento de inseguridad que atravesaba la provincia derivó en el pedido de renuncia por parte del Gobernador De la Sota al Secretario del citado Ministerio, ya que los diarios locales hablaban de encubrimiento. Sin embargo ninguno de estos dos “sospechosos” tuvo “aceptación” por parte de los lectores, tal como los denomina el periodista Vaca Narvaja en su libro “Las cuatro muertes de Nora Dalmasso. La trama oculta del crimen del country”, eran “los perejiles de la causa”. Los lectores, desconfiados, sentían que se trataban de maniobras políticas en conjunto con los medios para desestabilizar a un gobierno acosado por los problemas de inseguridad que azotaban a la provincia. En este último punto se puede trazar un paralelismo con el caso Maria Soledad: en ambos la repercusión en la prensa hizo tambalear al poder político de turno, aunque en el primer caso las consecuencias fueron más allá que el otro, al ordenarse la intervención de la Provincia de Catamarca.
Este punto es clave para analizar. Desde el caso Maria Soledad Morales, parecería que la prensa comenzó a construir los casos de crímenes resonantes a partir de una fórmula que tuvo éxito hasta la irrupción del caso Dalmasso: exaltar la figura de la víctima (ya sea de manera positiva o negativa), buscar lazos del caso que toquen el Poder y mover a la sociedad en base a estos dos factores. Sin embargo como dice Aníbal Ford: “El caso Maria Soledad, a pesar de su enorme difusión y de los debates públicos que provocó, solo provocó la caída relativa de una dinastía patriarcal y autoritaria en una provincia”. En cambio en el caso Dalmasso, la por aquel entonces senadora nacional Vilma Ibarra promovió una condena contra los medios de comunicación en general por el tratamiento que habían efectuado de este episodio. Esta iniciativa se aprobó en el Senado, con la intención de generar regulaciones o censuras que podrían afectar la libertad de prensa, que valió una condena de la SIP.
Otro punto importante es la construcción de la noticia: en el caso Maria Soledad el uso del discurso narrativo-ficcional, construyó un personaje al modo de que eso le podía pasar a cualquier hijo o hija, y la sociedad se movió para reclamar acción para terminar con la impunidad y el narcotráfico en la provincia. En cambio en el caso Dalmasso no tuvo este efecto, sino que más bien que la sociedad reclamaba a los medios, y en especial a los diarios (que en definitiva fueron quienes construyeron la noticia a través de la utilización del discurso pericial) que se investigue todos los puntos del informe del médico forense. Así a la prensa no le quedó otro remedio más que abandonar la vieja fórmula y lograr lo impensado en otro momento, como se dijo anteriormente en este trabajo, traspasar la intimidad y llegar a la hiperintimidad: luego de un inicio en donde parecía que recorrería el camino del alcanzar la esfera política -a partir de la hipótesis de la responsabilidad de Rafael Magnasco- dio un fuerte viraje y se recluyó en la esfera íntima de la víctima y su familia. El caso tuvo un recorrido inverso: en lugar de enfilar hacia la esfera política tomó la dirección contraria y, en esa marcha, rompió límites y llegó a la hiperintimidad del discurso pericial. Este cambio se debió en gran parte al público, que pidió de forma expresa que ocurriese así. Basta recordar con las movilizaciones que se organizaron para reclamar la liberación del pintor, o las palabras de apoyo a Magnasco a la salida de tribunales. La prensa tuvo que tomar nota de esto y así ocurrió la modificación del contrato de lectura.
Sin embargo Ford dice que este contrato de lectura es confuso ya que desde que se lo toma desde el discurso narrativo es dotado de los atributos de la story: “…básicamente un sujeto principal; comienzo, nudo y desenlace; una “peripeteia” o cambio de suerte; una voz narrativa identificable”.

La discusión está planteada, lo cierto es que es evidente que hubo una transformación en el tratamiento de la casuística criminal en nuestro país a raíz del caso Dalmasso. Basta hacer un breve recorrido por las noticias publicadas en diarios desde el 2006 para darse cuenta. El ámbito de la hiperintimidad está presente en todas ellas. Ya las noticias publicadas no solo carecen de una neta estructura narrativa, sino que el discurso argumentativo que tuvo notoriedad a partir del caso Maria Soledad ha sido dejado de lado, para meterse en este nuevo discurso pericial-ficcional de ribetes de novela policial negra. Un ejemplo posterior al caso Dalmasso fue el caso de Rosana Galliano, donde ya la construcción de la noticia comenzó con la nueva fórmula que se planteó en el caso de Nora Dalmasso. Importan más los datos escabrosos, íntimos, “los secretos de alcoba”, que la narración u argumentación del caso.
Este cambio se debió a la modificación del contrato de lectura que reclamaron los lectores. Lectores que lejos de ser pasivos frente a los mensajes de los diarios como sostenían los franckfurtianos, son cada vez más activos en la producción del mismo.
BIBLIOGRAFIA

• Ford, Aníbal. “La marca de la bestia”, Grupo editorial Norma, Buenos Aires. 1999
• Vaca Narvaja, Hernán. “Las cuatro muertes de Nora Dalmasso. La trama oculta del crimen del country” Ediciones del Boulevard, Córdoba, 2008.
• SIP, “Libertad de Prensa en las Américas”, Colombia, 2007
Verón, Eliseo, El análisis del “Contrato de lectura”, un nuevo método para los estudios de posicionamiento de los soportes de los media, en “Les Medias: Experiencias, recherch

La mediatización

INTERFACES. Eliseo Verón. Sobre la democracia audiovisual avanzada. (en El nuevo espacio público, ed. Gedisa, Barcelona, 1992, p. 124-139)

En primer lugar, veremos algunas hipótesis que son interpretaciones de hechos concernientes a la evolución reciente de las sociedades llamadas “postindustriales”, y sobre las cuales no podré extenderme en el marco de este trabajo.

Las sociedades postindustriales son sociedades en vías de mediatización, es decir, sociedades en que las prácticas sociales (modalidades de funcionamiento institucional, mecanismos de toma de decisión, hábitos de consumo, conductas más o menos ritualizadas, etc.) se transforman por el hecho de que hay medios. El proceso de mediatización no avanza al mismo ritmo en los distintos sectores del funcionamiento social; es cierto que el mecanismo estatal (y, por lo general, el campo de lo político) es uno de los sectores en que esta mediatización es bien visible. Una sociedad en vías de mediatización (distinguible de la sociedad mediática del período anterior, es decir, una sociedad en que poco a poco se implantan tecnologías de comunicación en la trama social) no por eso es una sociedad dominada por una sola forma estructurante, lo cual explicaría la totalidad de su funcionamiento. La mediatización opera a través de diversos mecanismos según los sectores de la práctica social que interese, y produce en cada sector distintas consecuencias. Dicho de otro modo: una sociedad mediatizada es más compleja que las que le han precedido. A pesar de lo que se diga, la publicidad, el discurso político, el discurso informativo. el discurso científico, etc., resultan de condiciones de producción y de reconocimiento diferentes, específicas en cada caso.

Respecto del sistema político, la pantalla chica se convierte en el sitio por excelencia de producción de acontecimientos que conciernen a la maquinaria estatal, a su administración, y muy especialmente a uno de los mecanismos básicos del funcionamiento de la democracia: los procesos electorales, lugar en que se construye el vínculo entre el ciudadano y la ciudad. En otras palabras, ya estamos en la democracia audiovisual. Más para bien que para mal, a mi juicio, pero ése es otro debate. En cada práctica discursiva, la mediatización ha implicado la incorporación progresiva de nuevos registros significativos. En su historia, de una manera muy esquemática, la mediatización influyó primero en la escritura, con la prensa masiva (el orden de lo simbólico, en la terminología de Peirce); a continuación se fue haciendo cargo del universo figurativo de la representación, con la fotografía y el cine (el orden dé lo icónico, siempre según Peirce), y finalmente se apoderó del registro del contacto, en forma parcial -en primer lugar‑ con la radio, y luego en forma plena mediante la televisión para el público en general (el orden de lo indicial peirciano). La incorporación de un nuevo registro significativo no ha implicado, claro está, la anulación de los anteriores: mirar televisión no hace a uno sordo, lo cual remite a la complejidad creciente de la discursividad en la sociedad postin-dustrial. También aquí hay un debate que esquivo: todo lo que se podría decir de los contrasentidos en que se incurrió respecto de nuestra “civilización de la imagen”.

Narrativas transmediáticas

Lorena Betta me envió este link del blog de Carlos Scolari, especialista en nuevos medios y en semiótica digital. Hemos incorporado textos suyos a nuestros programas desde hace tiempo. Se trata del Hipermediaciones, un weblog que lleva el mismo nombre que su libro publicado hace dos años. Me gustaría que exploren sus ideas y los links que propone para ampliar y actualizar sus trabajos

Narrativas transmediáticas: 10 links y 10 textos fundamentales.

El Contrato Mediático: la teoría de los discursos sociales.

por Mariel Ortolano

En estas últimas clases estamos centrando nuestra atención en un grupo de autores que nos ayudan a reflexionar sobre el tema de la relación de los medios con esa entidad que llamamos realidad social y que la mayoría de nosotros considera desde el sentido común como un conjunto de hechos incuestionable, tácticamente existentes y determinantes de nuestra existencia cotidiana.

Eliseo Verón fue construyendo una teoría, la teoría de los discursos sociales, como una síntesis a partir de los aportes de los pensadores que podemos considerar fundamentales dentro del contexto del contexto de las Ciencias Sociales; es decir, Verón no produce una teoría original, sino que compila hábilmente los avances de la Filosofía del lenguaje (Wittgestein), la antropología (Bateson) la semiótica peirceana y, en definitiva, la vertiente más aplicable en el ámbito de los métodos de análisis del discurso que es la teoría de la enunciación (Benveniste).

Según esta teoría, que Verón no formuló en un solo libro sino a lo largo de sus muchas publicaciones, la entidad que llamamos realidad social es una construcción discursiva que los medios realizan en base al imaginario social, entendiendo a ese imaginario como el conjunto de creencias, mitos, deseos y frustraciones que en cierto modo constituyen la idisincracia de cada sociedad.

El conjunto de discursos sociales sobre la realidad conduce a la constatación de que hay tantas realidades como discursos y los medios informativos constituirían entonces medios de producción de lo real social. El carácter de acontecimiento lo construye el medio a través de la noticia:
Leer Más »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.