Diversos abordajes en torno a la influencia de los medios. Agosto 10, 2008
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La sociología anglosajona fue la disciplina que introdujo el concepto de mass communication o mass media, tan generalizado en el ámbito de las Ciencias de la Comunicación, aunque otras líneas siguen prefiriendo la denominación de Medios de Comunicación Social, dado que el término masa enfatiza la connotación de anonimato y pasividad de las audiencias que, según los últimos estudios en la materia, no se ha revelado tan pasiva en la recepción de los mensajes de los medios.
1. El enfoque filosófico:
El estudio de los problemas referentes a las comunicaciones masivas ha atravesado dificultades en cuanto a su enfoque por parte de los teóricos de la comunicación. Por un lado, lo rechazan quienes minimizan su importancia en beneficio del estudio de realidades sociales más consistentes (economía, historia, clases sociales, luchas políticas, etc). Por otro lado, cuando se le reconoce su importancia, el enfoque de la problemática de los medios se polariza en dos actitudes contrarias: o bien se atribuyen a los medios de comunicación todos los males que agobian a nuestras llamadas sociedades de consumo, desde el adoctrinamiento sistemático de las conciencias hasta la vulgarización y la banalización de la vida cotidiana y de las mentes del público, o bien, en el extremo opuesto, se considera a los medios como instrumento de sensibilización de la inteligencia de los usuarios y se magnifica el poder transformador de su tecnología. Este debate entre corrientes teóricas de pensamiento que analizan los efectos de los medios fue sistematizado por Umberto Eco en su trabajo Apocalíticos e Integrados de 1964. Básicamente se refiere al alineamiento de la crítica en dos corrientes: la iniciada por los pensadores de la Escuela de Frankfurt, de raíz marxista y la iniciada por el filósofo canadiense Marshall McLuhan.
Apocalípticos e integrados
Con su defensa a ultranza de la racionalidad crítica, los pensadores de la Escuela de Frankfurt continúan la herencia teórica y metodológica de Hegel, Marx y Freud. Desde ese marco analizan la problemática derivada del funcionamiento de las sociedades postindustriales. La primera generación frankfurteana[1], formada intelectual y espiritualmente en la atmósfera de la primera posguerra (entre los años 1924 y 1932), tuvo como representantes más destacados a Théodor Adorno, Frank Horkheimer y Herbert Marcuse. El aporte central de estos pensadores fue analizar la cultura como mercancía cuyo intercambio promueve la conformación de industrias: las industrias culturales que en su visión constituyen una pseudo-cultura[2]. El autor más conocido de la segunda generación es Jürgen Habermas, quien se aleja del método marxista e incluso lo rechaza. Lo que plantea en su obra fundamental, Teoría y Praxis es, por un lado, el estudio de la tecnocracia como ideología y, por otro, las interconexiones de comunicación, ciencia y opinión pública.
Desde un marco teórico totalmente diferente, el filósofo canadiense Marshall Mc Luhan consideró a los medios masivos como instrumentos destinados a colaborar en la evolución de las capacidades del hombre. En su obra de 1964, La comprensión de los medios, a partir de la observación de los primeros efectos de la televisión sobre las audiencias, analiza a los medios masivos como extensión de las facultades humanas. así como para el hombre primitivo la invención del arado significó una extensión de la mano y de la posibilidad del cultivo en gran escala, o la rueda , como extensión del pie, le permitió salir del limitado mundo de su aldea, así los medios masivos, como extensión del sistema nervioso central, activan las facultades intelectivas del hombre y agudizan su percepción. En su libro El medio es el mensaje(1964), capitalizando la ambigüedad fonética del término en inglés, analiza al medio como mensaje (message) y como masaje (massage), es decir, para McLuhan, el medio no sólo comunica sino que también modifica la mente humana, obligándola a ejercitar sus capacidades.
Estas tendencias críticas, desde el ámbito de la filosofía o de la sociología, obviaron, sin embargo, ciertos aspectos específicos del proceso de la comunicación, vacilaciones metodológicas que se revisaron desde el ámbito más específico de los estudios semióticos. Umberto Eco señaló un error metodológico común a los, por él así llamados, apocalípticos e integrados. Tanto unos como otros consideran un sólo factor del circuito comunicativo como determinante de la acción de los medios: la fuente emisora. Esto implica, por supuesto, una grave omisión, ya que no consideran en su análisis los problemas relacionados con la recepción. El receptor de los mensajes de los medios decodifica la información de acuerdo con sus propios códigos lingüísticos, culturales, ideológicos y , sobre la base de sus propias competencias, construye un mensaje que, independientemente de la intencionalidad del emisor, en principio está vacío. En definitiva, para Eco[3], el receptor reelabora los mensajes libremente a partir de su propia interpretación.
La consideración de la interpretación de los mensajes desde la recepción y el análisis de las condiciones de producción y circulación de los mensajes es el aporte esencial de la semiótica al estudio de los medios.
2. El enfoque semiótico: la teoría de los discursos sociales
Para realizar una investigación más precisa sobre el lenguaje de los medios, conviene establecer inicialmente que los medios de comunicación comprenden numerosos tipos de discurso, de géneros y de subgéneros y que el discurso de la información es sólamente uno de ellos. Desde la teoría de los discursos sociales, síntesis postulada por Eliseo Verón a partir de los aportes de la teoría de la enunciación y de autores como Wittgestein, Bateson y Peirce[4], el conjunto de discursos sociales sobre la realidad conduce a la constatación de que hay tantas realidades como discursos y los medios informativos constituirían entonces medios de producción de lo real social. El carácter de acontecimiento lo construye el medio a través de la noticia:
Los acontecimientos sociales no son objetos que se encuentran ya hechos en alguna parte en la realidad y cuyas propiedades y avatares no son dados a conocer de inmediato por los medios con mayor o menor fidelidad (…) sólo existen en la medida en que esos medios los elaboran (….) Al desbordar la multiplicidad de los modos de construcción, la eficacia de las invariables del discurso termina por producir una unificación imaginaria y valiéndose del poder de su designación, el acontecimiento se impone en la intersubjetividad de los agentes sociales[5].Los medios planean su estrategia comunicativa según las características etarias, sociales, culturales, económicas del segmento al que se dirigen. Puede observarse que el tratamiento de la noticia varía de un noticiero televisivo a otro según el multimedio que lo produzca y lo mismo sucede con la prensa escrita. Ese vínculo que se establece entre el medio y el público es una suerte de acuerdo tácito, ya que, cuando alguien compra determinado diario o ve cierto programa de televisión, elige según qué dimensión desea recibir la información- si desea reflexión u opinión en el plano moral (dimensión de las reglas), si necesita la información como una suerte de sucedáneo de la ficción (dimensión del sentimiento) o si pretende objetividad en la exposición (dimensión de los hechos). Al comprar un diario o una revista o elegir un programa de televisión también se está estableciendo un vínculo, en términos de Eliseo Verón, un contrato de lectura[6] : se elige un modo de acceder a los acontecimientos que propicia la creencia de que se está conociendo la realidad.
Sin embargo, lo real es una construcción subjetiva. El acto de enunciar un mensaje es el acto de producción de lo único real que puede producirse: lo imaginario. La modalidad con que se enuncia un hecho, desde la selección del léxico hasta la gestualidad y el tono de voz, implica un recorte de la realidad que es reelaborada según la perspectiva del sujeto que enuncia; todo acto de enunciación es una construcción imaginaria de la realidad, producto de la subjetividad del enunciador.
La información que transmiten los medios es la construcción de ese imaginario que tanto el comunicador como el público conciben como realidad porque ese enunciado se inviste por la creencia[7].
Por esta razón sería inadecuado reclamar objetividad de parte de los medios de comunicación: no se cree en un discurso porque es objetivo sino porque se define como objetivo. Los hechos que muestra un noticiero televisivo constituyen una elaboración verosímil de los hechos reales, pero no son un reflejo de la realidad. La problemática ligada a la edición del material fílmico y la manipulación de todos los códigos del lenguaje audiovisual operan sobre los hechos registrados por la cámara y lo mismo sucede con los textos verbales que conforman el relato periodístico o se superponen a la imagen en la pantalla.
3- Tendencias actuales sobre la investigación de los medios (communication research): las teorías sobre la construcción de la noticia.
Las tendencia actuales de la investigación sobre los medios de comunicación (communication research) se basan en la propuesta de problemas específicos (cómo se construye la noticia, qué valores convierten a un acontecimiento en noticia), dejando de la do el debate ideológico sobre la influencia positiva o negativa de los medios masivos sobre la opinión pública. Estas tendencias se caracterizan también por integrar diversos ámbitos disciplinarios.
3.1. La teoría de la construcción del temario (agenda setting)
Un enfoque de la influencia de los medios que obtuvo considerable consenso entre los teóricos de la comunicación se concretó en el modelo integrador de la teoría de la construcción del temario (agenda setting),[8] que se basa predominantemente en la investigación de las relaciones entre los temas que los medios han destacado como importantes y los temas que son importantes para el público: existiría una relación causal entre el contenido de los medios y la percepción del público respecto de lo importante en la información diaria.
Es muy posible que los mass media no tengan el poder de transmitirle a la gente cómo debe pensar, pero lo que sí consiguen es imponer al público en qué deben pensar[9]
La caída del periodismo gráfico es un hecho real y su espacio en el universo mediático es precario si comparamos la totalidad de la tirada de los diarios con los millones de espectadores que atrapa la televisión. Y estos cambios comunicacionales (radio, T.V, Internet), tienen mucha importancia en la construcción de las agendas, dado que, poseen una influencia directa en la producción de mensajes y también en la construcción de los públicos.
Esta pérdida de masa de lectura que padecen los diarios se debe también a otros motivos. En realidad, todavía hoy, el periodismo no encontró formas eficientes para comunicar a los lectores no especializados ciertos temas considerados como las zonas duras de la información, es el caso de los temas económicos y financieros, conceptos que se presentan como opacos y difíciles para los grandes públicos. Las noticias que remiten a la violencia pasaron a constituir una tendencia en crecimiento y desbordaron los límites de las secciones policiales para integrar la agenda global. Según Aníbal Ford[10], es como si la vieja estrategia del periodismo popular se hubiese extendido a todos los medios.
Hay temas de la agenda que desbordan la estructura tradicional de la información e ingresan en la opinión pública y el imaginario social a través de géneros no solamente informativos, sino también de géneros [11]híbridos que surgen de la fusión de la información con modalidades de enunciación propias de los géneros de ficción o de entretenimiento. La aparición del sufrimiento, de lo trágico, la impunidad o la corrupción, los detalles crueles sobre las injusticias sociales, se transforman en materia de infoentretenimiento. Esos géneros alcanzaron una expresión máxima en la conformación de géneros híbridos como el magazine, el talk-show y el reality-show..
3.2. La noticiabilidad
Según Mauro Wolf, la noticiabilidad
es el conjunto de elementos a través de los cuales el aparato informativo controla y gestiona la cantidad y el tipo de acontecimientos de los que seleccionar las noticias en función de determinados valores que varían histórica y culturalmente. Podemos definir los valores/noticia (news values) como un componente de la noticiabilidad. Representan la respuesta a la siguiente pregunta: “¿qué acontecimientos son considerados suficientemente interesantes, significativos, relevantes, para ser transformados en noticias?”. [12]
Los valores/noticia son utilizados de dos maneras:
1- Son criterios para seleccionar entre el material disponible en la redacción los elementos dignos de ser incluidos en el producto final.
2- Funcionan como líneas-guía para la presentación del material, sugiriendo qué es lo que hay que enfatizar, lo que hay que omitir, a qué temas dar prioridad en la preparación de las noticias que se presentan al público.
Algunos criterios de noticiabilidad pueden ser, a modo de ejemplo, lo inédito de la noticia, que su interés se proyecte a la mayor cantidad de gente posible, la extrañeza o improbabilidad del suceso, o bien, la posibilidad de provocar identificación o empatía.
Los valores/noticia deben permitir una selección rápida del material recabado para la información, propiciando una evaluación casi automática de las noticias y, sobre todo, que no sea susceptible de demasiados errores.
Cabe destacar que, si bien hace algunos años ciertos temas no hubieran sido considerados noticiables, hoy normalmente constituyen noticias, mostrando la gradual extensión del número y del tipo de argumentos temáticos considerados dignos de ser comunicados (colaboraciones, opiniones especializadas, insertos especiales). Un ejemplo de esta tendencia lo constituye la cobertura informativa que los medios reservan a los single issue movements[13], es decir, a los movimientos de opinión que se coagulan en la sociedad civil en torno a problemas como los derechos de las minorías y otras causas civiles.
Mariel Ortolano
[1]La Dialéctica del iluminismo de Adorno y Horkheimer y El hombre unidimensional de Marcuse constituyen la génesis de la teoría de la pseudocultura, aporte central de la primera generación de la Escuela de Frankfurt. Walter Benjamin reprentó la vertiente esteticista de la escuela, en tanto que Erich Fromm aplicó los mismos principios a una revisión de la teoría freudiana en los campos psicológico y sociológico.
[2] La bibliografía sobre las teorías de la Escuela de Frankfurt es muy amplia, recomendamos el libro Cultura y Comunicación, Introducción a las teorías contemporáneas, de Blanca Muñoz (Barcelona, Barcanova, 1989, cap 3)
[3]Umberto Eco desarrolla este tema de manera sistemática en un artículo de 1967, Para una guerrilla semiológica (en La estrategia de la ilusión, Barcelona, Lumen, 1986)
[4]La teoría de los discursos sociales se basa en la corriente semiótica fundada por Charles Sanders Peirce. El modelo sígnico ternario que aporta Peirce no sólo permite explicar el proceso de producción de sentidos y de construcción de la realidad, cuestiones que el modelo binario de Saussure no posibilita, sino que también es más abarcador que éste, ya que su definición de signo no se restringe a las características que se aplican a la lengua verbal.
[5]Verón, Eliseo. Construir el acontecimiento. Barcelona, Gedisa, 1987. Introducción.
[6]Eliseo Verón, El análisis del “Contrato de Lectura”, un nuevo método para los estudios de posicionamiento de los soportes de los media, en “Les Medias: Experiences, recherches actuelles, aplications”, IREP, París, 1985.
[7] Cuando se cree en la enunciación de otro, se produce la apropiación por parte del receptor de la enunciación realizada por el emisor: se asume como propia la enunciación del otro. La creencia es un proceso que se da también en el enunciador, que no percibe la selección subjetiva que realiza sobre los elementos que la realidad ofrece. Para profundizar sobre las teorías de la enunciación puede consultarse La enunciación: la subjetividad en el lenguaje de Catherine Kerbratt-Orecchioni (Buenos Aires,Hachette, 1986).
[8] Esta teoría fue propuesta por los norteamericanos M. Mc Combs y D. Shaw en 1979.
[9] Alsina, M. La construcción de la noticia. Barcelona, Paidós, 1993. Cap.6, p62
[10]Ford, Aníbal y Martini , Stella. Acontecimiento, Noticia, Agenda. Buenos Aires. Documento de la Cátedra, 1966 (Revisión 1988).
[11]Para una profundización sobre el tema de los géneros televisivos puede consultarse el trabajo de Oscar Steimberg, Semiótica de los Medios Masivos (buenos Aires, Atuel, 1993). El concepto de hibridización de los géneros en la actualidad (fusión de formatos tales como información y humor al modo de Caiga quien Caiga , por ejemplo) fue tratado por Lorenzo Vilches en La televisión, Los efectos del bien y del Mal (Barcelona, Paidós, 1996)
[12]Wolf, Mauro. La investigación de la Comunicación de Masas. Barcelona, Paidos, 1987. Parte II, Cap. 3., pág. 222.
[13]Literalmente, movimientos de una causa única, como, por ejemplo, los movimientos de defensa de los derechos de la mujer, las organizaciones que luchan contra la discriminación de los homosexuales o de las minorías raciales, las organizaciones ecologistas, etc.
Los aportes de la escuela de Frankfurt Agosto 10, 2008
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por Mariel ortolano
La Perspectiva crítica
Conformada entre los años 1924 y 1932, esta escuela de pensamiento continúa la línea crítica que se inicia en Europa con la Ilustración y que caracteriza en definitiva al pensamiento europeo: la fuente del filosofar es más la incredulidad que el asombro. En el contexto del surgimiento del nazismo, representan la defensa de la razón a ultranza frente al avance del irracionalismo. Sus fuentes doctrinarias representadas por las teorías de Hegel, Marx y Freud establecen una perspectiva pesimista en relación con los fenómenos culturales que se asociaban en la primera parte del siglo XX a la masificación de las comunicaciones.
Desde la publicación de La industria cultural (1947) el análisis de los fenómenos ideológicos en relación con la institucionalización económica y cultural de los medios es su principal objeto de estudio y, por consiguiente, los efectos de las industrias culturales sobre el público.
El concepto de industria cultural que introdujeron Adorno y Horkheimer por primera vez en La dialéctica de Iluminismo reemplaza el concepto de “cultura de masas” (la elección del término tiene como finalidad evitar malentendidos en torno a su enfoque: su obra no implica una crítica a la cultura de masas entendida como cultura popular, es decir, la cultura surgida de las propias clases populares, sino para definir lo que hoy más genéricamente podemos denominar cultura mediática: la cultura producida y difundida por los medios masivos de comunicación).
La noción de “industria cultural” da cuenta del proceso de “transformación cultural en su contrario”. La cultura concebida como mercancía (es decir, no se concibe y produce como un bien en sí mismo sino como valor de cambio) estandariza los gustos del público, les ofrece estereotipos y baja calidad, determina el consumo y elimina riesgos: como consecuencia de este dominio no declarado, el individuo es manipulado por los medios y termina por adherir de manera acrítica a los valores impuestos por el sistema imperante.
Su análisis parte de la comprobación de la crisis de las instituciones que sostenían a la sociedad en la etapa preindustrial y la religión como factor unificador de las conciencias. En el siglo XX los medios masivos sustituyen como factor de uniformidad a los factores de poder que Marx, por ejemplo, definía como instrumentos de narcotización de la conciencia política. Siguiendo esta tesis, a la creciente sociedad de consumo le conviene más la cultura mediática que la religión, ya que el hedonismo que instaura es más rentable que el ascetismo de los sentidos propiciado por las religiones. Al retomar la tesis marxista sobre la estructura de la historia, Adorno y Horkheimer ven en las industrias culturales un mecanismo simbólico de representación: se sustituye el “más allá” por un “más acá”, con mitos más accesibles al individuo común. Los héroes que el comic y el naciente cine hollywoodense, Superman y el pionero del western, son vistos como objetos de identificación con el modelo cultural imperante.
Incluso, el reemplazo del concepto de “clase” por el más genérico “masas” implica la aparente disolución de la diferencias sociales y posibilita la creencia errónea en la posibilidad de acceso de todos los sectores a la totalidad de los bienes de producción industrial (teóricamente las industrias culturales difundidas por los medios masivos anularían las diferencias de status, rol, edad, sexo, etc, pero esto ocultaría una sociedad que sigue basándose en relaciones asimétricas y desiguales, ya que en la práctica, el acceso a la cultura sigue estando en manos de unos pocos).
El entretenimiento adquiere para los pensadores franfurteanos la dimensión etimológica de diversión, es decir, distracción, pero en este caso, entendida peyorativamente como fuga de la realidad, como huida del compromiso de entender la realidad para transformarla. Si bien la sociedad capitalista incentiva el individualismo y la competitividad, en realidad, se trataría de una psedoindividualidad, ya que la identidad del individuo se fusiona con la de la sociedad, se homogeneiza: lograr la estandarizqación es un factor central del control psicológico
Los productos de la industria cultural con su formulación seriada, con su estructura repetitiva (pueden leer el análisis que Adorno realiza de la canción popular o del cine de acción) propician la inercia, la credulidad y la mediocridad; aparentan ser frívolos e inocentes, pero son peligrosos en tanto acostumbran al individuo a la simplificación contraria a todo ejercicio racional del pensamiento (que para la cultura de la Ilustración implica esfuerzo) y crean la mentalidad que han capitalizado a lo largo de la historia los regímenes totalitarios (Si bien veremos a lo largo del curso perspectivas muy diferentes a la frankfurteana, incluida la visión de Umberto Eco, les recomiendo leer sobre este tema un artículo que el mismo Eco publicó a raíz del Mundial 78 en la Argentina, en el que analiza cómo fue utilizado por la Junta Militar para distraer la ciudadanía de los más cruentos actos de terrorismo de estado. El artículo se llama “El mundial y sus pompas”, está incluido en el libro La estrategia de la ilusión. Les recomiendo leerlo en relación con “La cháchara deportiva”, otro artículo incluido en el mismo volumen en el que Eco analiza la pasión futbolística en término parecidos a los que Adorno o Marcuse hubieran aplicado, basándose en gran medida en los postulados de Freud en “Psicoanálisis de las masas y el análisis del Yo”).
Las industrias culturales configuran una pseudocultura
La partícula “pseudo” (parecido a) refiere a la apariencia que revisten algunos productos culturales destinados a facilitar el acceso de la gente a la cultura. Esa facilitación implica, en el mejor de los casos, la subestimación de la capacidad de la gente de comprender los textos originales (ya sean obras de arte, textos literarios, teatro, danza) y, en el peor de los casos, una mentira, ya que la gente en este caso creería estar accediendo al conocimiento cuando en realidad se lo está alejando de él (pensemos en el best- seller, por ejemplo). Este argumento tan discutido y discutible, se enraíza sin embargo en un concepto muy freudiano del papel que la cultura cumple en el desarrollo del ser humano. En definitiva, la raíz etimológica del concepto de cultura remite a la idea de “cultivo”, de “crecimiento” y evolución y se asocia a la posibilidad de que la educación refine los instintos básicos del individuo y promueva actitudes éticas, en contraste con la tendencia a la pura satisfacción del deseo individual propias del hombre primitivo y del niño.
La pseudocultura en cambio está destinada a exacerbar esas pulsiones primitivas, principalmente aquellas ligadas al sexo y a la violencia, que impedirían la evolución de la racionalidad y mantendrían al individuo en un estadio infantil haciéndolo más manejable, a la vez que lo hace propenso a actitudes antiéticas (pensemos en la tesis de Peter Weir en The Truman Show. ¿Cuál es la actitud del público ante la rebelión de Truman contra su padre-dios Cristoff? Pensemos también en los fenómenos colectivos ligados a la creación y destrucción de ciertos ídolos pertenecientes al mundo del espectáculo o el deporte).
Según Adorno, la cultura modifica y ayuda a crecer, la pseudocultura no sólo no modela al individuo civilizado sino que lo convierte en necio: la ignorancia puede ser curada; en cambio, la necedad del que cree saber está garantizada por su propia soberbia (pensaba seguramente en las muchas personas “cultas” que adhirieron al nazismo en su país.)
La cultura sin el elemento dinamizador de la crítica lleva directamente a la constitución de ideología, entendiendo ideología como la distorsión del conocimiento en relación con un interés espúreo.
La fragmentación pseudocultural de contenidos, la redundancia de los mensajes contribuyen a la uniformidad y al mantenimiento del orden imperante (la explicación sería que la fragmentación impide la elaboración racional del mensaje, ya que proviene de la desarticulación del discurso y tiende a anular los matices de la intelectualidad a fuerza de repetición (tengamos en cuenta esta postura para discutirla en relación con la modalidad de edición que se convirtió en una estética instaurada y también en la convergencia mediática actual; la confrontaremos con otras ideas a favor y en contra de esta tesis).
Por último, señalemos la preocupación frankfurteana en torno al tipo de valores que las industrias culturales promueven. Valores que se ajustan a estereotipos y reproducen los valores del sistema; el culto del héroe en las series, por ejemplo, tendió a la conformación de líderes neofascistas, a través de la exaltación de la fuerza irracional y del triunfo como un bien en sí mismo. La moral del éxito se convirtió para el cine de Hollywood en un pilar determinante de conformación de ideología, según analiza Herbert Marcuse en “La personalidad autoritaria”. Según su tesis, se tiende a compensar el anonimato en el que vive el hombre de la ciudad con la promesa de que, de algún modo vicario, puede sobresalir respecto de los otros; las tramas de acción promueven una competitividad que termina por aislarlo aún más (un extraordinario ejemplo de esta trampa describió Martin Scorsese en Taxi Driver de 1976)
Los remito al Cap 1 del libro de Mauro Wolf, La investigación de la comunicación de masas, para ampliar lo expuesto en este resumen personal. También les recomiendo consultar en el programa la bibliografía de ampliación.
En contraposición con las ideas de Adorno, Horheimer y Marcuse, nos referiremos la próxima clase a la controversial obra de Marshall McLuhan.
Volver: un retorno a las mujeres en el cine de Almodóvar Agosto 6, 2008
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Por María de la Paz Yarussi
Introducción
El cine contemporáneo ha avanzado mucho en la representación de la sexualidad femenina. Influenciado por los distintos movimientos de los años 60, se produjeron transformaciones culturales radicales que desembocaron en una relajación de los códigos rígidos y puritanos, y el movimiento feminista empujó a las mujeres a apoderarse de su propia sexualidad, homo- o heterosexual.
La exhibición abierta de la sexualidad femenina ha sido una amenaza para el patriarcado y ha obligado a un mayor grado de claridad sobre las causas subyacentes tras el hecho de relegar a las mujeres a la ausencia, el silencio y la marginalidad. Los mecanismos (victimización, fetichización, asesinado farisaico), que en las décadas anteriores servían para ocultar los miedos patriarcales, en la era posterior a los sesenta dejaron de funcionar: ya no podía tildarse a la mujer sexual de “mala”, porque las mujeres se habían ganado el derecho a ser “buenas” y sexuales, y ya no podían seguir ocultándose la necesidad de utilizar el falo como arma principal para dominarlas.
El cine de Almodóvar explora la posibilidad de dar a las mujeres la voz y el carácter de sujetos. La cuestión de pararse desde lo femenino, fuera de las elaboraciones patriarcales.
El presente trabajo intentará demostrar, desde un análisis de los aspectos cinematográficos del film VOLVER, como su Almodóvar logra, con éxito y galardones, ponerse en la piel de lo femenino.
Amante de las curvas
Pedro Almodóvar nació en Calzada de Calatrava, Ciudad Real, el 24 de Septiembre de 1950. Creció en una familia que tenía valores tradicionales; su padre, Antonio Almodóvar, era vendedor de vino y aceite y su madre, Francisca Caballero, ama de casa.
A los ocho años se mudó con su familia a Extremadura, donde estudió el bachillerato elemental y superior, con los padres salesianos y los franciscanos, respectivamente (educación religiosa, según él mala, que sólo le enseñó a perder la fe en Dios). Por esa época, en Cáceres, empezó a ver cine de una manera compulsiva. Y a los dieciséis años se instaló en Madrid, solo y sin dinero, pero con un proyecto muy concreto: estudiar y hacer cine. Aunque le fue imposible matricularse en la Escuela Oficial de Cine, ya que Franco la había cerrado, la idea en la cabeza persistió hasta lograr su mayor sueño, ser director de cine. En ese entonces realizó múltiples y esporádicos trabajos, hasta que consiguió un empleo en la Compañía Telefónica Nacional de España, donde permaneció doce años como auxiliar administrativo. Fue con ese trabajo que pudo comprarse su primera cámara de super 8.
Estos años fueron su verdadera formación. Comenzó a dirigir cortos en super 8, realizando títulos como “Film político” (1974), “Dos putas, o historia de amor que termina en boda” (1974) o “Sexo va, sexo viene” (1977), antes de debutar en largometraje con “Folle…Folle…Fólleme, Tim” (1978), una comedia protagonizada por Carmen Maura.
Dos años después rodó en 16 mm, su primera película, “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” (1980). En este film definía el ambiente underground en el que estaba inmerso, una película que mostró su tendencia al protagonismo de personajes femeninos. Además, Almodóvar alternaba sus inicios en el cine con otras actividades artísticas, como la de escritor (guiones de cómic, colaboraciones en periódicos y revistas underground, novelas), actor teatral (formó parte del grupo Los Goliardos, donde conoció a Carmen Maura), músico (creó un grupo de punk-glam-rock junto a McNamara).
Dos años después de su primera película, llegó “Laberinto de pasiones”, que fue muy bien recibida por el público, convirtiéndolo en un referente del cine español. Con su tercer film, “Matador” (1986), un thriller erótico protagonizado por un torero retirado que decide cambiar la sangre de los toros por la sangre de sus amantes, Almodóvar empezó a ser conocido en el extranjero. Pero fue la comedia “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (1987) la que le dio la fama definitiva: además de batir récords de taquilla, recibió varios premios nacionales e internacionales y fue nominada al Oscar al mejor film extranjero.
De esta manera, el director pasó a ser una de las figuras imprescindibles del cine español, y sus obras posteriores recibieron una alegre bienvenida por parte del público. Entre éstas se encuentran, “átame”, de 1990, una historia de obsesión y dominación amorosa que supuso su primera colaboración como protagonista con la actriz Victoria Abril, quien sustituyó durante un tiempo a Carmen Maura como actriz fetiche del director. Luego “Tacones lejanos” (1991), film que consiguió el premio César francés a la mejor película extranjera.
En 1999, “Todo sobre mi madre” alcanzó un éxito sin precedentes, se hizo con infinidad de premios y obtuvo el Oscar al mejor film de habla no inglesa. Algo similar ocurrió en 2002 con “Hable con ella”, que también logró varios premios internacionales y le valió al cineasta otro Oscar, esta vez al mejor guión original, y una nominación al mejor director.
“Volver” (2006) supone el regreso de Carmen Maura al universo del director manchego, uniendo fuerzas con las espectaculares Penélope Cruz, Lola Dueñas y Blanca Portillo.
VOLVER transcurre en los años siguientes a 2002 (temporalidad dada por la fecha de la tumba de los padres de la protagonista) entre Madrid y el pueblo “Alcanfor de las Infantas”, un pueblo fantástico; que en la realidad se situaría en el pueblo de Almagro. Los personajes se trasladan de uno a otra por una carretera entre “la nada”: los Molinos de viento son símbolo del paso de un espacio a otro. Molinos de viento que simbolizan la locura que el fuerte viento genera entre sus habitantes. Locura que los hace fantasear, los envuelve en mitos y supersticiones.
Características Socio-culturales
El perfil social, cultural y económico de los personajes llena los espacios del relato en varias escenas:
- La peluquería clandestina con la que se mantiene Paula
- Las clientes de la peluquería adictas a la “telebasura”
- La clienta que habla modulando, de forma pausada y con voz alta, a “la Rusa”; creyendo que este mecanismo es suficiente para su interpretación.
- El mito antes que el resultado médico, determinan la desazón de Agustina en el hospital. –“Me abrieron y me volvieron a cerrar. Yo sabía que tenía algo malo”.
- La sobre-exposición de Agustina ante las cámaras de televisión por astucia y “malicia” de su hermana que debe llenar los minutos de aire en el programa en el que trabaja y el consecuente enfado tras la reacción de Agustina, ante las preguntas incesantes e hirientes de la conductora. -“Recuerda Agustina que si cuentas tu historia te enviaremos a Huston a curarte”; -“Agustina, además, tiene una enfermedad terminal. Agustina tiene cáncer”.
- El porro. Agustina planta su propia marihuana, es su manera de rememorar a su madre “hippie” y su forma de alejarse del dolor.
- La vecina de Raimanda no es nada menos que: prostituta, cubana, indocumentada y obsesa. Las clases y culturas se intercalan con color y astucia.
¿A que Vuelve Volver?
“Esta película marca para mí un regreso a mis raíces más profundas, una reconciliación con mi infancia, con una época -feliz a veces, infeliz otra- que yo creía ya cerrada y que me ha sorprendido con su retorno”, dijo el mismísimo Almodóvar ante la prensa mundial, cuando presentó su película en Cannes.
VOLVER es un retorno del almodóvar al mundo femenino luego de la experiencia de “La mala educación”. Con la firme voluntad de retrotraerse hacia ese centro cálido y nutricio de la matriz femenina.
VOLVER es una vuelta, al seno materno, a las historias de mujeres de la Mancha que marcaron a fuego la infancia del director (su abuela, su madre, su tía). VOLVER es una vuelta, a sus actrices fetiches Carmen Maura y Penélope Cruz. VOLVER es una vuelta del director a reencontrarse con su “musa”, Carmen Maura. VOLVER es una vuelta, de una historia que habla de la maternidad como conflicto central, como fuerza motora. A una historia sencilla, transparente, luminosa.
VOLVER es el Tango de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, que sintonizan el espíritu del film.
VOLVER es una vuelta, al universo femenino. Es un repensar este universo femenino.
Personajes reales en un mundo ficticio
Los personajes de Almodóvar logran conmover a los espectadores, no solo por la identificación con cada uno de ellos, sino por la humanidad con la que se desenvuelven. Sus mujeres son vulnerables, quebradas por una crisis o situación límite. Mujeres que luchan. Mujeres que pelean. Mujeres Presentes. Desde la mujer santa hasta la prostituta, todas bajo un mismo cielo.
Inspiración-es
-“Yo crecí en el seno de ese universo femenino, dentro de una pequeña comunidad endogámica. Tengo bellos recuerdos de esas mujeres fuertes, pero también de las horribles cosas que escuchaba decir a ellas sobre los hombres. Mientras los hombres trabajaban en el campo, las mujeres del pueblo representaban para mí la vida por su enorme capacidad de lucha. De hecho, aquellas experiencias que tuve de chico me han servido de inspiración para muchos de los personajes e historias que he escrito”.
Nacido en la ciudad de Don Quijote, supo plasmar en VOLVER el pasado de España, los pueblos característicos de la antigüedad, las calles de su pasado Machego, de sus códigos, de sus supersticiones, de sus mujeres. VOLVER habla de lo que Almodóvar aprendió de las mujeres que lo rodearon durante su infancia, su trabajo, su vida.
Acusado de frívolo por la incesante comparación con sus contemporáneos “comprometidos” políticamente. Resalta en su filmografía lo privado, lo íntimo y lo social, con una mirada influenciada por John Waters y Andy Warhol. Tomando como tema central la cuestión de la identidad. Sus personajes nunca son totalmente heterosexuales u homosexuales, se encuentran en la búsqueda de su propia identidad, que eligen en momentos particulares del film.
Penélope Loren
Juegos de la cultura Kitsch, nos presentan al personaje de Raimunda (Penélope Cruz), inspirado en la jóven Sofía Loren cuando caminaba con tacones y falda ceñida sobre el empedrado de una Italia destruida por la guerra en “Dos Mujeres”; plasmada en la escena en donde una objetiva frontal, acompaña con un travelling recto a Raimunda mientras camina por las callecita empinada de Madrid cargando las compras; de allí también los labios carnosos, la sensualidad y sexualidad a flor de piel interpretada de forma impecable por la actriz.
Mirada aguerrida y penetrante, ojos de un pasado salvaje, de un pasado presente, olvidado, que pesa, latente. Se sobrepone la personalidad combativa y expeditiva. Mujer de armas tomar y de suspiros atraer.
Anna Maura
El director se da un gustito y aprovecha la escena en donde Irene (Carmen Maura), mira (subjetiva a la tv) en la televisión la película “Bellissima” de Luchino Visconti, protagonizada por la actriz italiana Anna Magnani.
Así como Magnani se empeña en que su hija María triunfe en el cine, en VOLVER Irene presentó a un casting de niños cantantes a su hija Raimunda cuando tenía trece años y a una de las hijas de la vecina hippie que ahora triunfa en la telebasura. Canción que Raimunda recuerda, aunque esconde en su inconsciente, hasta que la vida le vuelve a dar espacio para lucirse frente al grupo de productores que contratan el catering de “su” restaurant.
Además, VOLVER es el reencuentro con su “musa”, Carmen Maura, quien interpreta el papel de “abuela/madre fantasma”. Conclusión de reiteradas señales que hace el Director en su filmografía anterior: en La mala educación, aparece a modo de guiño-pista el cartel de una supuesta película que el personaje de Enrique Goded habría rodado: La abuela fantasma. En el despacho del director de las oficinas de “El Azar S.A.”, aparece el cartel de otra de las películas de Goded el cual muestra, en la parte inferior izquierda, el nombre de la principal protagonista: Carmen Maura. En La flor de mi secreto, Amanda Gris escribe un libro, que su editorial rechaza por ser demasiado negro, en el que una mujer esconde el cadáver de su marido en un arcón congelador. Todos estos guiños, daban muchas pistas del encuentro que se llevaría a cabo en la próxima película Almodovariana
Licuado de Géneros
Almodóvar vuelve a mezclar los géneros. Así como el crimen se convierte en la base direccional de VOLVER el melodrama se transforma en condimentos y da cuerpo a un realismo paradójicamente bastante inverosímil; mezcla de comedia costumbrista y thriller melodramático; tonos kitsch y surrealistas; lo moderno y lo tradicional; la sofisticación y la pobreza. Porciones justas de cada ingrediente construyen juegos de malentendidos, secretos y ausencias que el espectador conoce, pero que a la vez acrecientan su curiosidad e intriga.
Dinamismo
El film se caracteriza por un dinamismo extremo, las escenas se enriquecen unas con las otras. No hay nada librado al azar, no hay relleno ni escenas aletargadas. Son concisas, constantes y coherentes. De esta manera, mantiene al espectador atento a las señales, a las pistas y a los movimientos de cada uno de los personales. La tensión no baja jamás, un conflicto resuelto es el desencadenante de otro. Por ejemplo, la aparición de Irene (a Paula) se hace cuerpo y redirecciona la historia a los desencuentros y encuentros con Raimunda.
Almodóvar se da el lujo de proyectar una historia familiar de forma “correcta”, sin exageraciones de tipo sexual, delito, desarraigo o violación. Toma estos complejos de la sociedad pero desde una mirada real, artística, creíble. Redondeando la idea central que gira en el reencuentro que se fortalece y despende de los mitos armados por la comunidad.
Lágrimas, sonrisas, carcajadas, violencia, fantasmas, rusas, peluqueras, clientas, besos y rituales manchegos, acoso sexual, porros, prostituta, televisión basura, mentiras, cuentas pendientes, soledad, muertes, nacimientos, joyas de plástico, estampados floreados y una infinidad de vueltas, son los elementos que fluyen, de manera totalmente libre y diluida, por cada uno de los minutos de metraje de Capaz de mostrar un supuesto fantasma de manera cómica pero envuelto en un contexto dramático, de una manera totalmente libre y diluida, por cada uno de los minutos de metraje de VOLVER.
Melodrama y mujer no son sinónimos
El sello del director se hace presente con la hibridación de géneros y con la sobreexposición de la cotidianeidad de los personajes marginados y desplazados a causa de las fuertes estructuras de poder de la Sociedad Moderna.
En el caso de VOLVER logra una fusión del melodrama con el tinte de las películas de mujeres que tanto lo han caracterizado.
Pero el melodrama no es condición de la mujer. Esto queda claro, no solo en la resolución de la historia, sino en la intencionalidad del autor para desmitificar el costado amargo de las relaciones entre mujeres. Estas se acompañan, se unen, se cuidan, cargan artefactos pesados, se compadecen, se consuelan, se consuelan, se llevan flores, se hacen favores, se cubren. El drama no las cubre, sino que las exalta, las hace exultantes, intensas, auténticas y “lo que no mata, fortalece”, aun más fuertes. No existe entre las mujeres de Almodóvar pizca alguna de rechazo o malhumor entre ellas; hermanas, vecinas, hijas, madres, tías, amigas, están ahí para explicarse la vida.
El “lugar” del hombre
El hombre, si es que tiene un lugar en este relato, lo ocupa desde una mirada acusadora, fría y distante. Los pocos hombres que aparecen en la película, por presencia o ausencia, funcionan sólo como disparadores de situaciones complejas; es a causa de estos “males” que las mujeres se hacen solas. Se mantienen, se entretienen, comparten, rememoran, solas. Pero esta soledad no las angustia, sino que el pasado atemoriza por las heridas aun no cicatrizadas.
Los hombres están tan ausentes como lo estaban en la infancia del Director en un pueblo en el que el que no se iba a trabajar al campo buscaba suerte en la ciudad.
Se destaca la escena en la que Sole, tras la primera aparición de su madre, sale corriendo y frena, paralizada, al toparse con un grupo de hombres en el patio de la casa. La miran, inmóviles, inertes, estática fotografía de inacción. Interesante reacción de Sole que no encuentra en ellos, supuestos del sexo fuerte, ninguna protección ante su desconcierto.
La ubicación de los hombres en el camino al entierro es, también, una escena peculiar. Las mujeres van primero (¿no es la ubicación de los que llevan el cajón?), en dos hileras, bien formadas y prolijas. Detrás un grupo desorganizado de hombres. No interactúan, no ayudan, no motivan, no “existen” en este mundo.
Raimunda se “deshace” de su marido. Paula, su hija lo asesina tras un intento de abuso. Sole vive sola. Su marido la dejó por una clienta de su peluquería clandestina. Paula, aunque está en la pre-adolescencia, no se comunica con los hombres. Irene prendió fuego la casa en donde vivía, con su marido y amante dentro. Las mujeres en el entierro, están todas de luto, solas. A Agustina no se le conoce candidato, menos a la Tía Paula.
Guiños
Falsos indicios
Algunos creerán que Raimunda aprovechará el la comida que debe preparar para 30 personas, para deshacerse del cuerpo de Paco. Este, si bien es un indicio extremo, está latente hasta la conclusión del problema, que se dá cuando alquila una camioneta y con la ayuda de su vecina – prostituta -, luego de un arreglo de complicidad y negocios, lo entierran en la lejanía del pueblo.
Molinos de viento
De acuerdo a las estadísticas, el pueblo situado en La Mancha, posee el mayor índice de locura por habitante. Los molinos son íconos del viento que enloquece. Aparecen, trasladas, sitúan y hasta se funden en una prolija transición. Escena en la que Sole vuelve del entierro de su tía,
trastornada por el dolor, la superstición y la “aparición” del “fantasma de su madre. Dan idea de que la locura se traslada a este personaje.
Ojos de sangre
Agustina repite, en la apertura y en cuanto encuentra ocasión la misma frase: “Tiene los mismos ojos de tu padre”, se refiere a los ojos de Paula, la hija que Raimunda tuvo tras la violación de su padre.
No hay como la comida de mamá
El fantasma de Irene se hace presente en reiteradas ocasiones, a través de las frases:
“Vuestra madre me hace la comida”, Agustina le comenta a Raimunda y Sole en la escena de apertura. “Los barquillos igualitos a los de mamá”, acota Raimunda refiriéndose a los barquillos que degustan en la casa de su tía Paula. La comida con cartelitos para cada una de sus hijas, preparada “supuestamente” por la Tía Paula.
Una anciana muy deportiva
La bici estática que encuentra Sole en lo de tía Paula es otro indicio de que “algo” ocurre en esa casa. Claro, resultará la bici que utiliza su madre para ejercitarse por la imposibilidad de caminar por el barrio, ya que se la cree muerta.
Siniestra mirada
La subjetiva de Paco a las piernas de su “hija” Paula, luego de varias cervezas lo personifican de pies a cabeza. Luego, Paco toma una actitud voyerista mientras su hija se cambia de ropa. Actividad
que le sugiere tener sexo con su mujer, que lo rechaza, consecuencia detrás, Paco decide masturbarse en la cama matrimonial, tras el asombro, vergüenza, temor y resignación de Raimunda.
Asesinato en puerta
El plano picado de Raimunda mientras friega los platos y el cuchillo con el que luego su Hija terminará con la vida de su padre.
Técnica y Talento
Símbolo de democracia tras la caída de Franco, Almodóvar encontró en el cine un medio para resignificar la vida española y, especialmente, los símbolos de la Iglesia Católica. Si Horkheimer y Althusser evaluaran a Almodóvar, sin duda su filmografía llevaría el slogan de arte como “cultura”. La filmografía de Almodóvar es, claramente un hecho cultural, desde la fotografía, el reflejo, el análisis de la complejidad y la proyección de consecuencias que hace de la sociedad actual. El espectador no sólo se entretiene sino que crece, evoluciona, se nutre de su magia. Su arte tiene claramente una técnica desarrollada por la experiencia y un estilo que se luce en cada escena: En VOLVER se nota su esencia en: el reflejo de los autobuses (Raimunda viaja en autobús a la ciudad), el tricolor en la entrada del bar, primerísimos primeros planos escalofriantes (papel de cocina empapándose de sangre), planos supinos que exaltan las curvas femeninas (el escote de Raimunda mientras lava los platos). El característico humor, el excesivo diseño de decorados y vestuario (se destaca el uso del color rojo tanto en los vestuarios como en los bolsos, paredes y decorados – es destacable la escena de Raimunda subiendo por las calles de Madrid, en donde todas las vecinas llevan puesto o consigo algo de un rojo intenso), los espejos, el cementerio, la sofisticación de la composición de los planos, la utilización en los diálogos de palabras y expresiones anacrónicas y vulgares, la música, fotografía y montaje, son las marcas de un estilo personal y original, almodovariano.
Se destacan los fundidos a negro y a corte seco, las superposiciones, el travelling lateral (tumbas, tragos, guitarras), la música in y over. La utilización de espejos que dan un toque expresionista. El uso de atmósferas naturales para la iluminación de exteriores y el valor dramático del color (rojo), en un tiempo lineal no vectorial. Una historia sencillamente compleja que cuenta los hechos desde diversos puntos de vista (frecuencia repetitiva), pero guardando el género – femenino – de quien lo observa.
En su filmografía logra imprimir la emoción al realizarla, se trasluce al contemplarla. Los valores universales: vida, muerte, amor, odio, libertad, violencia; permiten esta interpretación por parte del espectador con un código sin tiempo ni espacio.
Logra los caracteres de intensidad, intimidad y ubicuidad, de los que habla Henri Agel, con perfecta sincronía.
Precario Glamour
El maquillaje, vestuario y decorados de tipo realistas con toques impresionistas, acompañan el estilo de Almodóvar que estratégicamente los ubica en cada escena, en cada plano, en cada escenario, en cada escote.
Para la protagonista se utilizaron faldas rectas y chaquetas de lana porque son atuendos muy femeninos y populares en cualquier década. Y porque recuerdan a Sofía Loren en sus días de napolitana inculta.
Los peinados desaliñados son obra del estilista Massimo Gattabrusi. Y el maquillaje, que resalta los ojos intensos de Penélope Cruz fue obra de Ana Lozano.
No hay “montaje” en la figura de Raimunda, solamente se utilizó un truquito para su trasero, porque la actriz es demasiado delgada comparada con los traseros grandes que solían tener las mujeres de pueblo.
APERTURA
Entre tumbas, flores y tacones
“(…) nadie dejaba de pensar con temor en la tramontana, un viento de tierra inclemente y tenaz, que según piensan los nativos y algunos escritores escarmentados, lleva consigo los gérmenes de la locura.”
Todo comienza, como en el cuento “Tramontana” de Gabriel García Márquez, con el soplido persistente del “solano”, un viento que amenaza con volver desequilibrados mentales a la mayoría del pueblo constituido por mujeres.
Obertura Musical. Primero el sonido, luego la imagen. Mientras se oye de fondo (sonido exhadiegético) el tema “La espigadadora, de la zarzuela rosa del azafrán” compuesta por Guerrero en 1930. Un travelling lateral descubre el primer escenario, un cementerio repleto de mujeres con plumero y lustra muebles que limpian la tumba de sus antepasados. ¡Ay, Ay, Ay… qué trabajo nos manda el señor! Raimunda, su hermana Sole y Paula, limpian la tumba de sus padres muertos en un incendio (objetiva de la foto de sus padres en la tumba)
“Viento de los cojones”, exclama Raimunda, tras el viento que tira las flores. “Las mujeres de aquí viven más que los hombres”, comenta Sole, ante la mirada sorprendida de su sobrina.
“Mamá tuvo suerte (…) murió abrazada a papá que era lo que más quería en el mundo”, comenta Raimunda.
Por allí aparece su vecina Agustina. “Se compra el terrenito, como si fuera un chalet”, explica Raimunda a Paula, alucinada ante la situación. El viento solano, como en las últimas escenas, se convierte en metáfora del contacto entre la vida y la muerte, lo natural y lo sobrenatural.
Escena que resume, da indicios, señales y caracteriza al film en su totalidad.
Revivir es Volver a vivir
Una historia de mujeres donde la maternidad acorrala la feminidad de tal modo que la modela y la explica.
El primerísimo primer plano de Paula al relatarle a su madre lo sucedido, nutre la escena de contenido dramático y propone una subjetiva del espectador que, por un instante, comparte el mismo dolor.
Raimunda protege a su hija - hermana como alguna vez no supo hacerlo su madre, Irene. Se generan nuevas víctimas.
Lo sucedido no se muestra, se supone, se cuenta, se expresa en la mirada ojerosa y tímida de Paula. Una elipsis de estructura de tipo simbólica, opera no funcional al suspenso sino que abarca un significado más amplio y profundo. Esto permite que el espectador elabore, con el uso de su imaginación, creencias y vivencias, el intento de abuso. Lo cual lo hace más subjetivo y aun más dramático.
Mitos, fantasmas y tradición
Con la invención del pueblo fantástico Alcanfor de las Infantas, hace desfilar con soltura a las vecinas sabelotodo, armando una confabulación que trasciende los propios lazos entre familiares. Un lugar donde la muerte y el duelo sólo son vivencias de un proceso natural sin estridencias, atenuados por apariciones fantasmagóricas.
El pasado. El presente. Los vivos. Los muertos
Finalmente, el encuentro. Con tez pálida y pelo desteñido, aparece Irene ante Sole, que sale corriendo del susto. Cree que es un fantasma.
“Dicen que tu madre ha vuelto para cuidar a tu tía”, dice Agustina a Sole. Y ante la mudez de la recién llegada, insiste: “¿A tí no se te ha aparecido?”.
Durante el velatorio, Agustina y Sole se reunen con un grupo de mujeres, todas vestidas de negro luto. Agustina, como una experta en relatar historias de “terror”, cuenta los dichos que corren por las calles del pueblo. “Es que tía Paula está muy enferma, y, según el vecindario, Irene regresó del otro mundo para cuidarla”, asegura Agustina, a lo que las viudas asienten.
Y, vuelve a aparecer, definitivamente en el baúl de su auto al llegar a Madrid. “¡Ábreme Sole! Soy tu madre. No te voy a hacer nada, estoy en el maletero de tu coche”. Sole le abre. Se abrazan. Fundido a negro.
Sole cree que su madre ha regresado para “pedirle que haga algo”, cree que es un fantasma y lo sigue creyendo. “¿Hasta cuándo piensas quedarte?”, “Hasta que Dios quiera”, responde su madre-fantasma.
Agustina cree que Irene es un espíritu, que tal como apareció para cuidar a su hermana Paula, ahora reaparece para cuidarla a ella hasta su muerte.
Reencontrarse. Redescubrirse
Dos momentos son claves en la vuelta del personaje de Raimunda. En su búsqueda por la identidad.
Uno, característico y central del film se desarrolla en el bar donde Raimunda supo ingeniárselas para aplicar sus dotes de cocinera española, administradora y hasta cantante.
Los ojos transparentes de Raimunda, los de su madre – escondida en el coche de su hermana – los de su hermana Sole, los de su hija Paula, transmiten la alegría del deseo que resuena en las cuerdas vocales mientras entona (doblada por Estrella Morente) la letra del Tango Volver.
El otro, punto de inicio del final, “He vuelto para pedirte perdón”, le dice Irene a su hija Raimunda.
La re-aparición de su madre, desarma los escudos del inconsciente y encuentra-n (las dos) las claves de sus vidas, una respuesta a los dolores del pasado, una posibilidad de redimirse ante circunstancias que se repiten, o al menos, lo intentan. Cuando Paula (Yohana Cobo) hija-hermana de Raimunda sufre un intento de violación por su supuesto “padre”, Paco (Antonio de la Torre). Si bien, Paula toma armas en el asunto y “sin querer” asesina a Paco con una puñalada en el pecho. Su madre se hace cargo de la situación y la protege, cubre y consuela, como le hubiera gustado que hicieses con ella.
CIERRE: Fotografía de un final
“Me enteré el día del incendio, la tía me lo contó todo. Que tu padre había abusado de ti, quedaste embarazada, que Paula es tu hija y tu hermana”
Un diálogo que cierra las puertas de todos los conflictos. Un final donde todo parece resolverse fácilmente. Donde un secreto (entre Raimunda e Irene), unirá para siempre a las mujeres de la familia.
Donde el viento, nuevamente, encuentra su razón de ser. Su causa y consecuencia.
Utilizando la profundidad de campo, logra un juego con la tercera dimensión del espacio que enriquece de dramatismo la escena.
“Prendí fuego la casilla, era un día de viento”
Irene se posa sobre el lecho de muerte de Agustina. La cuidará.
“En esta cama nací yo. Aquí durmió mi madre. Aquí velamos a tu hermana… y aquí me velarán a mí, elipsis (narrativa) de la frase que cerraría este diálogo entre Agustina e Irene.
El ruido del viento es cada vez más fuerte. Raimunda va a ver a su madre, la extraña, despojada de rencores, reconoce esa necesidad que cuando niña no pudo cubir.
“Los fantasmas no lloran”
Música en exhadiegética – over. Travelling hacia delante. Montaje rítmico de la tensión de la escena por el aumento de intensidad y volumen de la música. Fundido lento a negro.
Conclusión
El caso de análisis, el film VOLVER, escrito y dirigido por Pedro Almodóvar, habla de la mujer como tal, como mujer real; dejando detrás al segundo nivel de connotación, el mito que la presentaba como aquello que representa para el hombre, no lo que verdaderamente significa.
Si bien es conocido el perfil fetichista del Director, en especial con las protagonistas de este film, logra elevar a las mujeres sorteando el plano de las connotaciones: su sexualidad, su carácter deseable, su desnudez; la mujer de VOLVER se desvincula del cuerpo-cosificado y de entera gratificación del hombre.
Bibliografía
Kaplan, E. Ann. Las mujeres y el cine: A ambos lados de a cámara. Madrid: Ediciones Cátedra, 1998.
Portal de la Productora “El Deseo” http://www.egeda.es/eldeseo
Portal Cine Cultura. Análisis de Willie Méndez, profesor de Lenguaje Cinematográfico.http://www.cinecultura.com/textos-de-analisis-filmico
Portal Senses of Cinema. Escrito de Steven Marsh, profesor de Cine, Español y Literatura de la South Carolina University. http://www.sensesofcinema.com/contents/directors/06/almodovar.html
García Marquez. Gabriel, Tramontana. Aracata. Colombia, 1928
Cassetti, De Chio. Cómo analizar un film. Barcelona: Editorial Paidós, 1991, Cap. 3
Martin, Marcel. El lenguaje del cine. Buenos Aires: Editorial Paidós, 2005, Cap.1
J. Feyder. En cine, el principio es sugerir. (s/t.), (s/f)
Anexo
Sinopsis
Tres generaciones de mujeres sobreviven al viento solano, al fuego, a la locura, a la superstición e incluso a la muerte a base de bondad, mentiras y una vitalidad sin límites. Raimunda, casada con un obrero en paro y una hija adolescente. Sole, su hermana, se gana la vida como peluquera. Y la madre de ambas, Irene, muerta en un incendio junto a su marido.
VOLVER no es una comedia surrealista, aunque en ocasiones lo parezca. Vivos y muertos conviven sin estridencias, provocando situaciones hilarantes o de una emoción intensa y genuina. El modo en que los muertos continúan presentes, la riqueza y humanidad de sus ritos hace que no mueran nunca.
Director: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar
Fotografía: José Luis Alcaine
Intérpretes: Penélope Cruz (Raimunda), Carmen Maura (Irene), Lola Dueñas (Sole), Blanca Portillo (Agustina), Yohana Cobo (Paula).
Duración: 122 m
Origen: España
Estreno Mundial: El 10 de marzo de 2006, en Puertollano, Ciudad Real.
Estreno Oficial: El 16 de marzo de 2006, en el Palacio de la Música de la Gran Vía, Madrid. Patrocinado por Giorgio Armani.
Premios:
Academia del Cine Europeo (EFA)
Mejor Director para Pedro Almodóvar
Mejor Actriz para Penélope Cruz
Mejor Banda Sonora para Alberto Iglesias
Mejor Fotografía para José Luis Alcaine
Premios Goya
Mejor Película
Mejor Director para Pedro Almodóvar
Mejor Actriz para Penélope Cruz
Mejor Actriz de reparto para Carmen Maura
Mejor Música Original para Alberto Iglesias
Festival de Cannes
Mejor Interpretación femenina para el conjunto de actrices: Penélope Cruz, Carmen Maura, Blanca Portillo, Lola Dueñas, Chus Lampreave y Yohana Cobo
Mejor Guión para Pedro Almodóvar
Premios del Cine Europeo
Mejor Director para Pedro Almodóvar
Mejor Actriz para Penélope Cruz
Mejor Compositor para Alberto Iglesias
Premio del público a la mejor película europea del año
Festival de Cine de Valdivia (Chile)
Premio Fipresci (Federación Internacional de la Crítica de Cine) a la Mejor Película del año
The National Board of Review - EEUU
Mejor Película extranjera 2006
Hollywood Film Festival
Hollywood World Awars a la Mejor Película Extranjera
Oscar
Nominación al Oscar como Mejor Actriz para Penélope Cruz
Círculo de Escritores Cinematográficos
Mejor Película
Mejor Director para Pedro Almodóvar
Mejor Actriz para Penélope Cruz
Mejor Actriz secundaria para Carmen Maura
Mejor Guión original para Pedro Almodóvar
Mejor Música para Alberto Iglesias
Las Alas del Deseo Agosto 5, 2008
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Por Juan Cruz Martín Grondona
LAS ALAS DEL DESEO
Alemania, 1987, 130 min.
Director: Wim Wenders
Guión: Win Wenders y Peter Handke
Actuaciones: Bruno Ganz, Otto Sander, Solveig Dommartin, Peter Falk, Curt Bois.
Nietzsche consideró a la idea del eterno retorno como la carga más pesada. Pero si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz.
Parménides en el siglo sexto A.C. planteó que el mundo estaba dividido en principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco; frío-calor; ser-no ser. Uno de los polos de la contradicción, según él, es el positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser); el otro, el negativo.
Semejante división entre polos positivos y negativos puede parecernos puerilmente simple. Con una excepción: ¿qué es lo positivo? ¿el peso o la levedad?
En “Las alas del deseo” el ángel Damiel, cansado de su espiritualidad, deseará convertirse en un ser terreno: “a veces me hastía mi presencia de espíritu. Y ya no quisiera ese flotar eterno, quisiera sentir un peso que anulara en mí lo ilimitado y me atara a la tierra. Poder, a cada paso, a cada golpe de viento, decir «ahora» y «ahora» y «ahora»… Y ya no más «desde siempre» y «para siempre»”. (Damiel)
Pero su deseo del peso y la finitud humana, estará detrás de las cosas más mundanas, de cosas que pasan totalmente desapercibidas para nuestra existencia: lo otro, lo verdaderamente pesado de la vida, aquellas preguntas fundamentales y que no han tenido respuesta, ellos, los ángeles lo saben.
“No pido engendrar un niño o plantar un árbol, pero ya sería algo, de vuelta a casa tras un largo día, dar de comer al gato como Philip Marlowe. Tener fiebre, tener los dedos negros de leer el periódico. Fascinarme no sólo por el espíritu, si no, al fin, por una comida, por la curva de una nuca, por una oreja”. (Damiel)
Este es el puntapié inicial que utiliza el director Wim Wenders en “Las alas el deseo”, película que nos hará reflexionar acerca de la existencia y el tiempo. El tiempo de la paz y de la guerra.
Situada en Berlín, aún con el muro como cicatriz imperfecta, es la huella que representa hasta qué punto puede llegar el horror en el ser humano y aún así rescatar la humanidad que quede de ello.
Los ángeles Damiel y Cassiel deambulan por las calles de Berlín y en su recorrido silencioso y omnisciente nos recordarán nuestra humanidad. Los ángeles pueden escuchar los pensamientos de los seres humanos y a través de ellos podemos escucharlos nosotros. Aunque solo los niños los pueden ver, quizás como únicos testigos, de un sentimiento que olvidan los hombres con el paso de los años.
Un viejo poeta, llamado Homero, se proclamará narrador de la historia:
“El mundo parece ahogarse en el crepúsculo, pero yo narro, como al principio, en mi cantinela que me sostiene a salvo, por el relato, de las revueltas del presente y protegido para el futuro”. (Homero)
Homero vivió los horrores del pasado, y en su recorrido buscará sin resultados, la plaza Postdam, la tabaquería y los cafés que desaparecieron con la guerra, en su memoria habitan imágenes de cuerpos mutilados, dolor y espanto, aunque en él, al igual que en los niños habita la esperanza, como se dice comúnmente, los niños y los poetas están mas cerca de la consciencia.
“Mis héroes ya no son los guerreros y los reyes, sino las cosas de la paz, todas iguales entre sí: las cebollas que se secan tan valiosas como el tronco del árbol que atraviesa el pantano. Pero nadie ha logrado aún, cantar una epopeya de la paz. ¿Qué tiene la paz como para no entusiasmar a la larga y que casi no se pueda narrar sobre ella? ¿Debo renunciar ahora? Si renuncio, entonces la humanidad perderá su narrador. Y si alguna vez la humanidad pierde su narrador, al mismo tiempo habrá perdido su infancia”. (Homero)
Marion, una trapecista francesa, disfrazada de ángel, llamará la atención de Damiel. Ella ha llevado una vida sin demasiados apegos, de un lugar a otro donde todo termina cuando recién empieza, la soledad los emparenta, el ángel ha decidido que ella le enseñará a vivir, ella sin saberlo siente que no a vivido.
“Algo va a suceder esta noche que será importante. ¡Cassiel! Ella me enseñará todo. Hay otros soles aparte de los del cielo, Cassiel. En la noche profunda, hoy empezará la primavera. Me nacerán alas muy distintas a las habituales, alas de las que al fin podré sorprenderme”. (Damiel)
Las Alas del Deseo, con guión del mismo Wenders y de Peter Handke, es una historia acerca de la existencia del hombre, vista por ángeles, donde lo único vasto es el cielo, debajo esta el muro que divide la ciudad y a los hombres con sus fronteras.
Un ángel decide vivir como un hombre que tras su caída sabe lo que un ángel nunca antes supo, “el asombro ante el hombre y la mujer, me ha hecho humano”.
La estética del film
Dos ángeles vagan por Berlín, invisibles y observando la humanidad sin jamás participar en el mundo que les rodea. Pero uno de ellos (Bruno Ganz) comenzará a incubar sentimientos que lo llevarán a buscar la forma de volverse humano como aquellos a los que eternamente acompaña.En su búsqueda conocerá a Marion (Sloveig Dommartin) una trapecista francesa, él decide que ella le ayudará en su transformación.
El Código el encuadre es filmar un objeto y delimitarlo en el interior de bordes precisos, aquí se relacionan el espacio in y el espacio off, este será el que queda fuera de la imagen, esta interacción espacial es fundamental para poder hacer las relaciones entre la entrada y salida del campo. El encuadre a su vez significa también desde que punto mirar al objeto o personaje, y hacia donde hacerlo mirar, de esto dependerá además la escala de planos, los grados de angulación, y los grados de inclinación de la cámara.
En el film Win Wenders junto a su director de fotografía Henri Alekan, intentan capturar la espacialidad de la ciudad y sus distintos ambientes bajo la mirada de los ángeles, por eso la utilización de campos largos, que pueden tomar la inmensidad del cielo o la ciudad vista desde las alturas.
En la utilización de los planos generales es fundamental la angulación de la cámara como así también, los movimientos, para dar la sensación del recorrido de los ángeles, idea de la mirada subjetiva.
Un claro ejemplo es la apertura: el ángel Damiel esta parado en el campanario de una iglesia, algo dañada, (quizás resabios de la guerra), el mira todo desde arriba, plano general de la calle, con angulación en picado, movimiento de cámara panorámica horizontal.
El picado empequeñece al general de los transeúntes, como así también a los autos y colectivos, fija claramente la idea que el ángel lo ve todo.
Otro movimiento de cámara utilizadísimo en el film es el travelling, realizando acompañamiento de los personajes o también creando un movimiento ilusorio a un objeto estático.
Como el travelling circular en picado a Marion la trapecista, en la secuencia de la partida del circo de la ciudad: ella se queda sola, sentada en medio de la arena del circo, que quedó al descubierto, ya sin la carpa que la protegía, la sensación del personaje es de fragilidad, soledad y de un incierto futuro.
Otro aspecto importante en relación a los códigos visuales y su composición fotográfica, es el código del blanco y negro y el color.
La elección del blanco y negro supone un perfeccionismo “reto”, ya que remite inevitablemente al cine de las décadas del 30 y 40, en tanto que el color se relaciona sencillamente con la naturaleza reproductiva del cine, los colores que posee un film son los colores del mundo, dando la sensación de realidad.
La elección del director por el blanco y negro se sitúa en relación a la mirada de los ángeles, ellos no conocen el color, en este sentido el blanco y negro delimita la mirada de los ángeles en la acción, sitúa su presencia en campo, ya sea como protagonistas de la toma o fuera del campo como una presencia omnisciente, dando la idea de la mirada subjetiva.
Por otro lado con este recurso delimita no solo la mirada sino también todo aquello que los ángeles no pueden hacer (como el placer del tacto) y los humanos si, diferenciando lo terrenal del ente.
Con la utilización del color, marca la mirada de los humanos, cabe destacar cierta sobriedad en el trato de los colores en líneas generales, sobre todo en los espacios abiertos, esto ayuda a no romper con la sordidez que demuestra la ciudad y que se exacerba en el blanco y negro, hay que señalar que en el transcurso temporal de la historia es invierno, estación que obviamente ayuda a esa idea, sumado la escasa naturaleza, los abrigos de la gente, el aliento en el aire de los personajes, etc.
Aunque hay algunas excepciones, donde los colores si son fuertes y se relacionan a determinados personajes, el caso del vestido rojo fuerte que usa Marion la trapecista, como también el rouge rojo fuerte de sus labios, en la secuencia del encuentro con Damiel, estos datos ayudan a la narración anticipando el encuentro entre los personajes.
En cuanto a la iluminación, es fundamental en el trato del blanco y negro la iluminación tenue que desdibuja los contornos, esta modalidad es llamada onirismo y se relaciona bien con el sentimiento de las imágenes. Da la idea de algo no real, no terrenal, se ve claramente en las tomas de Demiel y Cassiel en la torre del Ángel de la paz, los contornos del espacio se desdibujan y contrastan con la luminosidad de la estatua.
En cuanto a los códigos sonoros, seguiremos con la esquematización del texto los Códigos, que define tres tipos de categorías de sonido: el sonido in propiamente dicho (el sonido diegético exterior, cuya fuente está encuadrada), el sonido off propiamente dicho (el sonido diegetico exterior cuya fuente no está encuadrada y el sonido over (el sonido diegetico interior, ya sea in u off y el sonido no diegetico).
Lo interesante y fundamental para el film es la utilización de la voz diegetica interior, fundamental ya que como se dijo antes los ángeles escuchan los pensamientos de los humanos y sus relatos son el relato de la historia, así es como se presentan los personajes, la acción esta dada por las voces interiores y sus pensamientos.
Otro aspecto es la utilización de distintos idiomas, el caso del alemán, la lengua preponderante, el ingles, dado por la intervención de Peter Falk, actuando de si mismo, el francés, en Marion la trapecista y sus compañeros del circo y algunas pequeñas intervenciones de tres idiomas mas que redondean la idea universal de la película, estos son el español, en el encuentro de Damiel con Peter Falk en la exclamación “compañero”, el turco, en la compañía que ofrece Cassiel a una mujer turca y el japonés, expresado por una chica japonesa en sus pensamientos oídos por Damiel en un concierto de Nick Cabe.
La música y los ruidos son otros dos aspectos sonoros preponderantes y no librados al azar, en el caso de los ruidos hay que recalcar la diferencia del sonido en campo (in) al momento de la transformación de Damiel en humano, anteriormente siendo ángel no contenían sonido sus pasos, esto propio de su levedad, cuando se produce el cambio, el pasaje al ser humano, el sonido en campo (in) y el sonido (off ) de una fuente diegetica no encuadrada, tal el caso de los ruidos de la ciudad, crecen en intensidad. Dando apoyo a la idea de la nueva situación.
Con la música encontramos un similar tratamiento en relación a la música in y off, esta relación está dada por la banda en vivo que toca en el bar, Nick Cabe and de Bad Seeds que interpretan temas de su autoría, la diferencia en el campo in y off está sujeta cuando efectivamente encontramos en la imagen a la banda tocando, en este sentido música in y cuando la oímos sin verla pero sabiéndola presente es música off.
Todos estos elementos se unen y conforman el relato cinematográfico, que el director Win Wenders lo transforma en una historia sin adornos superfluos o exagerados, las actuaciones, la fotografía, la música ayudan a crear el clima intimista que siempre esta presente, y que inevitablemente después de ver este película nos lleva a preguntarnos por nosotros mismos.
* Material de consulta: Casetti Francesco, Como analizar un film.
El contrato de lectura Julio 1, 2008
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ELISEO VERON
EL ANÁLISIS DEL “CONTRATO DE LECTURA”
UN NUEVO MÉTODO PARA LOS ESTUDIOS DEL POSICIONAMIENTO
DE LOS SOPORTES DE LOS MEDIA.
Eliseo Verón, El análisis del “Contrato de Lectura”, un nuevo método para los estudios de posicionamiento de los soportes de los media, en “Les Medias: Experiences, recherches actuelles, aplications”, IREP, París, 1985.
1. La lectura, una práctica
invisible.
Es necesario, primeramente, precisar en qué consiste la novedad de la demarcación que haremos aquí. Ella articula, de hecho, dos técnicas que son, en tanto que tales, bien conocidas: el análisis semiológico de un “corpus”, por una parte, y el terreno cualitativo (entrevistas semidirectas o grupos proyectivos), por otra.
La novedad de su delimitación proviene de su objeto, que podemos caracterizar como las condiciones y las determinaciones de la lectura de un soporte de prensa.
Ahora bien, la lectura, en tanto que actividad significante, en tanto que proceso socio–cultural de “captura” del sentido de un texto, de un discurso (o más en general, de un media), se ha constituido muchas veces de manera insatisfactoria como un objeto de conocimiento. Hay muchas razones para ello que han funcionado como otros tantos obstáculos a la hora de dar cuenta de una problemática concerniente a la lectura. El primer obstáculo viene de la lingüística. En tanto que “teoría de la gramática”, la lingüística ha insistido durante mucho tiempo sobre la indistinción entre locutor y alocutario, esto es, entre producir una frase y entenderla. El “sujeto” de la competencia lingüística es definido de este modo como locutor–auditor.(1) Roman Jakobson ha sido uno de los primeros lingüistas que ha sugerido que los procesos de producción de frases y los de su recepción no son de la misma naturaleza.(2) Sin entrar a discutir si la no distinción entre emisión y recepción está justificada o no sobre el plano del análisis propiamente lingüístico, es cierto que un punto de vista semejante, transferido al dominio del funcionamiento social del lenguaje, no ha estimulado un análisis de la especificidad de la recepción de los discursos en relación a su producción. A eso se agrega un segundo factor: la lingüística ha privilegiado siempre la palabra sobre la escritura. Es decir, una razón adicional para no reflexionar sobre los procesos de la lectura.
En semiótica, ha sido siempre más fácil trabajar sobre los textos mismos que cuestionarse sobre la forma en que se los lee. Además, la semiótica se ha interesado sobre todo, en las obras literarias, en los textos considerados como excepcionales y en consecuencia, automáticamente valorizados: fascinada por la obra (y a través de ella, por el autor), la semiótica no se ha interesado por aquellos que la leen, y menos, por los que no la leen. Una problemática de la lectura de la obra literaria comienza recién a esbozarse.(3)
En cuanto a los sociólogos, han acumulado información sobre los lectores, sin interrogarse por el funcionamiento social de los textos, menos aún, por el proceso de lectura.
Los conocimientos se constituyen entonces, por una parte (y sobre todo) sobre los lectores, y por otra, sobre los textos, de modo que estos dos saberes empíricos han estado siempre separados. Conocemos bien quién lee qué. Sin embargo, nos vemos enfrentados, generalmente, a problemas cuya solución no parece ser abordable en base a la acumulación de estos dos tipos de información.
Evoquemos algunas situaciones:
1.– Dos soportes se dirigen a un mismo sector, tienen las mismas rúbricas, tratan los temas de la misma manera. Uno progresa y el otro, declina. ¿Por qué?
2.– Entre los individuos que tienen el mismo perfil sociodemográfico y que expresan las mismas configuraciones de motivación, intereses, de expectativas, etc., unos leen el soporte A y los otros, el B. ¿Por qué?
3.– En el sector de la novedad (juegos electrónicos, video, micro–informática, etc.) se asiste a una proliferación de negocios que tratan los mismos temas, y en esta plétora, sólo sobreviven algunos. ¿Cómo saber cuáles tienen esta chance y por qué?
4.– El posicionamiento de los soportes pertenece a un mismo universo de competencia y se realiza en un espacio cada vez más estrecho. En este espacio de competencia estrecha ¿cómo un soporte puede encontrar argumentos nuevos de valorización, capaz de poner en evidencia su singularidad entre los anunciantes?
Para tratar este tipo de problemas, la puesta en relación de sus lectores (sea en términos socio–demográficos o en “estilos de vida”) no es suficiente. Yo sostengo que es inútil buscar una solución a estos problemas a partir de una acumulación de información sobre el lector o por un tratamiento cada vez más “refinado” de esta información. En tanto que los soportes y los lectores sean conocidos como dos realidades separadas, este problema no puede ser abordado de un modo satisfactorio; hay que comprender su relación, y ésta no es otra cosa que la lectura, esa práctica social que hasta ahora, se ha mantenido invisible.
El contrato de lectura
La relación entre un soporte y su lectura reposa sobre lo que llamaremos el contrato de lectura . El discurso del soporte por una parte, y sus lectores, por la otra. Ellas son las dos “partes”, entre las cuales se establece, como en todo contrato, un nexo, el de la lectura. En el caso de las comunicaciones de masa, es el medio el que propone el contrato.(4)
El éxito de un soporte de la prensa escrita se mide por su capacidad de:
–proponer un contrato que se articule correctamente a las expectativas, motivaciones, intereses y a los contenidos del imaginario de lo decible visual.
–de hacer evolucionar su contrato de lectura de modo de “seguir” la evolución socio–cultural de los lectores preservando el nexo.
–de modificar su contrato de lectura si la situación lo exige, haciéndolo de una manera coherente.
La primera cuestión es saber por cuáles mecanismos y en qué nivel de funcionamiento del discurso de un soporte de prensa se construye el contrato de lectura.
La respuesta nos la da la teoría de la enunciación, que es sin lugar a dudas, el desarrollo más importante en las ciencias del lenguaje en estos últimos años.(5) Se trata, primeramente, de distinguir, en el funcionamiento de cualquier discurso, dos niveles: el enunciado y la enunciación. El nivel del enunciado es aquel de lo que se dice (en una aproximación gruesa, el nivel del enunciado corresponde al orden del “contenido”); el nivel de la enunciación concierne a las modalidades del decir. Por el funcionamiento de la enunciación, un discurso construye una cierta imagen de aquel que habla (el enunciador ), una cierta imagen de aquél a quien se habla (el destinatario) y en consecuencia, un nexo entre estos “lugares”.
Tomemos un enunciado cualquier que llamaremos “p”; supongamos que este enunciado contiene dos elementos en el plano de su contenido: un nombre /Pedro/ y un concepto expresado por un verbo, por ejemplo /partir/. Conservando siempre estos dos mismos elementos en el plano del enunciado, los podemos hacer variar en el plano de la enunciación: “p”.
En este primer caso, tenemos la aserción simple del enunciado: “Pedro ha partido”; podemos presentar este caso de la siguiente manera:
E P D
donde el enunciador “E” presenta una “verdad objetiva” a su destinatario “D”.
“Yo creo que p”
En esta variante (“Yo creo que Pedro ha partido”) el enunciado es modalizado por la enunciación de tal modo que “p” es presentado como una creencia del que habla y no como una verdad sin matices; podemos decir entonces que el enunciador “toma a su cargo el enunciado”:
E P D
“Nosotros sabemos muy bien que P”.
En este tercer caso, por medio de la apelación a un saber compartido (“nosotros sabemos bien que…”), el enunciador busca implicar al destinatario en la responsabilidad de haber afirmado “P”.
E P D
“Es bien sabido que P”.
Aquí, el enunciador se dirige a un soporte difuso, impersonal, al que le atribuye el saber concerniente a “P”:
X
E P D
“Yo sostengo que P”.
Este caso, mucho más complicado que los anteriores, admite dos interpretaciones. Sea el “yo sostengo” dirigido directamente al destinatario. El enunciador, en este caso, aseverando “P” indica que él sabe que el destinatario no está de acuerdo con el contenido afirmado:
E P D
Como por ejemplo: “Usted dice haber visto a Pedro hace algunos minutos, pero yo sostengo que él ha partido esta mañana”. Sea el “yo sostengo” no dirigido hacia una opinión contraria del destinatario, sino hacia la de un tercero, determinado o no (se podrá tratar, por ejemplo, de la opinión común), que está presente implícitamente como no estando de acuerdo con la aserción “P”:
E P D
X
Como por ejemplo: “a pesar del rumor que corre, yo sostengo que Pedro ha partido”.
“Usted imagina que P”.
Este caso, es en alguna medida, el inverso del anterior; diciendo “Usted imagina que Pedro ha partido”, el enunciador atribuye “P” al destinatario, indicando que es este último el que puede confundirse:
E P D
Podríamos continuar, porque existen otras variaciones posibles alrededor de “P”. Este ejemplo muestra, en todo caso, que un mismo contenido (plano del enunciado: “P”) puede ser tomado a cargo por estructuras enuncia-tivas muy diferentes : en cada una de estas estructuras enunciativas, el que habla (el enunciador) se construye un “lugar” para sí mismos, “posiciona” de una cierta manera al destinatario, y establece así una relación entre estos dos lugares.
En un soporte de prensa, como en cualquier discurso, todo contenido es necesariamente tomado a cargo por una o múltiples estructuras enunciativas. El conjunto de estas estructuras enunciativas constituye el contrato de lectura que el soporte propone a su lector.
De todo esto se desprende una consecuencia muy importante en el plano de la investigación: el método más corrientemente aplicado al estudio de los soportes, el análisis de contenido , es inadecuado para estudiar el contrato de lectura. Los problemas de posicionamiento, que se ubican habitualmente en el soporte, se definen en función de su concurrencia (competencia), es decir, en función de otros soportes que le son cercanos, en el interior, consecuentemente, de un universo temático determinado. En esta situación, el análisis de contenido corre el riesgo de hacer aparecer lo que los soportes en competencia tienen en común , lo que los acerca más. Y, en el mejor de los casos, el analista de contenido le dará una importancia muy grande a los matices del contenido, sin que esto permita definir una estrategia redaccional.
Los estudios del contrato de lectura por medio de una descripción del plano de la enunciación, muestran que, a menudo, los soportes extremadamente cercanos desde el punto de vista de sus rúbricas y de los contenidos que aparecen, son en realidad muy diferentes en el plano del contrato de lectura, plano crucial porque es el lugar donde se constituye la relación de cada soporte con sus lectores. El análisis del contrato de lectura permite de este modo determinar la especificidad de un soporte, hacer resaltar las dimensiones que constituyen el modo particular que tiene de construir su relación con sus lectores.
Esto no quiere decir, por cierto, que el contenido no juegue ningún rol en el funcionamiento del contrato de lectura. Lo que dice la teoría de la enunciación es que el contenido no es más que una parte de la historia y que en ciertos casos (que son muy frecuentes en los dominios de los media y la prensa escrita), es la parte de menor importancia.
Hablar de la enfermedad de Pedro no es lo mismo que hablar de su partida: la teoría de la enunciación nunca ha negado una evidencia semejante. Pero afirma que la diferencia entre “Yo creo que Pedro ha partido” y “Yo sostengo que Pedro ha partido” es tan importante, y tal vez más importante, que la diferencia entre “Pedro partió” y “Pedro está enfermo”. En recepción, la lectura no reside solamente en los contenidos; reside en los contenidos siempre “tomados a cargo” por una estructura enunciativa donde alguien (el enunciador ) habla, y donde un lugar preciso le es propuesto en tanto que destinatario.
La enunciación es un nivel de funcionamiento del discurso y no una parte que sería destacable del resto (el contenido). Estos ejemplos, extremadamente simplificados, nos permiten pensar lo contrario. En el enunciado “yo creo que Pedro ha partido”, en efecto, podemos decir que “Pedro ha partido” expresa algo de contenido, en tanto que “Yo creo que” constituye la modalidad enunciativa. Desafortunadamente, las cosas no son tan simples. Tomemos dos ejemplos:
A: ¿Usted se queda?
B: Sí, yo me quedo.
A: ¿Usted se queda?
B: Evidentemente.
Responder a la pregunta: “¿Usted se queda?”, con “Sí, yo me quedo” o bien con “¡Evidentemente!”, es desde B, dar dos respuestas muy diferentes desde el punto de vista de la enunciación. Ahora, cómo distinguir en la respuesta “¡Evidentemente!” el aspecto de aserción (es decir, la afirmación por parte del locutor, que se queda en ese lugar), aspecto que es común a las dos respuestas; aspecto que hace que “¡Evidentemente!” implica no solamente que B ha dicho que se va a quedar, sino que las razones de esta decisión son tan evidentes para él (B) como para A.
En tanto en la expresión “¡Evidentemente!” el aspecto de la aserción, y la implicación según la cual lo que es asertado debería ser evidente para el interlocutor, son inseparables; no se las puede distinguir materialmente. Es por esto que el análisis de un discurso desde el punto de vista de la enunciación no es el análisis de “una parte” de este discurso, sino un análisis de este discurso en su conjunto, del punto de vista de la relación que él constituye entre el enunciador y el destinatario.
El estudio del contrato de lectura implica, en consecuencia, todos los aspectos de la construcción de un soporte de prensa, en la medida en que ellos construyen el nexo con el lector: coberturas, relaciones texto/imagen, modo de clasificación del material redactado, dispositivos de “apelación” (títulos, subtítulo, copetes, etc.), modalidades de construcción de las imágenes, tipos de recorridos propuestos al lector (por ejemplo: cobertura–índice de temas–artículo, etc.) y las variaciones que se produzcan, modalidades de compaginación y todas las otras dimensiones que puedan contribuir a definir de modo específico los modos en que el soporte constituye el nexo con su lector.
Tres exigencias presiden el análisis de un soporte a fin de localizar su contrato de lectura:
–la regularidad de las propiedades descriptas.
Las propiedades que nos interesan, no son aquellas que, por azar, pueden aparecer en éste o en otro número, a propósito de tal o cual artículo, se trata de definir las invariantes, las propiedades relativamente estables, que son recurrentes en el discurso del soporte a través de temas diferentes. Esto nos obliga a trabajar sobre corpus que cubran, para un soporte, un período relativamente largo (no menos de dos años).
–la diferenciación obtenida por la comparación entre los soportes.
Se trata siempre de localizar las semejanzas y las diferencias regulares entre los soportes estudiados, a fin de determinar la especificidad de cada uno.
–la sistematicidad de las propiedades exhibidas por cada soporte.
La descripción, a partir de la localización de todas las propiedades que satisfagan los dos criterios precedentes (regularidad y diferenciación), debe permitir determinar la configuración de conjunto de estas propiedades, a fin de delimitar el contrato de lectura y de identificar sus puntos fuertes y débiles, sus zonas de ambigüedad y sus incoherencias eventuales.
3.– El contrato en los títulos
Tomemos el caso de los títulos para ilustrar el funcionamiento de un contrato.
Un primer ejemplo es el de un discurso que podríamos llamar el “discurso verdadero”. En este caso, el enunciador no modaliza lo que dice: produce informaciones sobre un registro impersonal. Este enunciador, que no disimula su propósito, tampoco interpela a su destinatario. Este modelo correspondería a nuestro primer esquema:
E P D
Para ilustrar esto, tomaré los títulos de las revistas mensuales femeninas, pero tal enunciador existe también en otros sectores.
En este caso veremos las aserciones:
“La crisis de fe no existe”.
Encontramos también numerosas cuestiones formuladas en la tercera persona, sin indicación de destinatario:
–“Niños: —¿la niñera o la guardería?”
–“¿Por qué es tan difícil adelgazar?”
Este enunciador tiene una debilidad pronunciada por la cuantificación; nos hace saber que le importa la exactitud de sus dichos:
–“Tricot: cinco modelos explicados”.
–“Cuatro modos de ofrecer un vidrio”.
Se posicionará en donador de consejos, sin abandonar su impersonalidad:
–“Para tener verdaderamente calor”.
La combinación de aserciones modalizadas, de preguntas en tercera persona (Hay que…, o ¿es “necesario”?), de cuantificaciones de consejos en un discurso donde ni el enunciador ni el destinatario están explícitamente marcados, designa un contrato donde un enunciador objetivo e impersonal habla la verdad.
Al lado de esta modalidad, podemos caracterizar otra ligeramente diferente, que yo llamaría el enunciador pedagógico. Lo ilustraría con títulos tomados de revistas de decoración.
Tenemos inmediatamente operaciones que son comunes al enunciador pedagógico y al enunciador “objetivo”, a saber: los consejos y las cuantificaciones:
–“Ideas de 5 decoradores para baños”.
–“Cómo personalizar la decoración de la mesa”.
–“15 cocinas: vivas o calmas”.
–“Para soñar y dormir: los dormitorios”.
Simultáneamente, el destinatario empieza a ser designado explícitamente.
–“Para Usted solo: alfombras y moquettes”.
–“Ideas nuevas para su estudio”.
Simultáneamente, el enunciador se marca también:
–“Nuestro dossier del mes: la línea casa”.
–“Nuestras direcciones”.
Aquí el contrato se construye entre un “nos” y un “ustedes” explicitados, y el nexo se hará entre dos partes desiguales, una que aconseja, informa, propone, advierte, brevemente, que sabe; la otra que no sabe y es definida como destinatario receptivo, o más o menos pasivo, que aprovecha.
Las dos modalidades que hemos evocado, el enunciador objetivo y el enunciador pedagógico, caracterizan contratos que implican una cierta distancia entre el enunciador y el destinatario. Podemos contrastar con las modalidades que forman parte de una familia muy diferente, donde los contratos buscan establecer un lugar de complicidad. Existe toda una serie de figuras o de “grados” de complicidad. Vuelvo, para ilustrar, a las revistas femeninas; una primera figura es la interpelación al destinatario, mediante la utilización sistemática de fórmulas en imperativo:
–“goce el satén y el terciopelo”.
–“asegúrese su pasión por la vida”.
–“que no le falten los tarros”.
Estos títulos injuntivos, señalan directamente al destinatario. Pero este destinatario también puede tomar la palabra, es decir, el enunciador lo hace hablar:
–“Perdí todo”.
–“Viajo sola y me gusta”.
Para la lectura de este género de títulos, un cierto movimiento de identificación debe operar, para atribuir a la lectora (o al menos ciertas lectoras), la enunciación de estas expresiones. Este “efecto” salta a la vista inmediatamente, si comparamos estos títulos con los que serían los mismos producidos bajo otra modalidad, como por ejemplo, la interpelación:
–“Viaje sola: a usted le gustará”.
O como consejo impersonal:
–“Qué hacer cuando lo hemos perdido todo”.
Una tercer figura de la complicidad es el diálogo. En el discurso del soporte, enunciador y destinatario se ponen a hablar.
–“¡No, es no!”
(y entonces, ¿por qué dice sí?)
–“Lo amo pero lo engaño”
(Cómo perder este sucio hábito)
—“¡Ah, usted lee!”
En el primer ejemplo es la lectora que dice “No, es no” y el enunciador que replica. Es para destacar, en el segundo, la combinación entre una expresión atribuida al destinatario (“lo amo pero lo engaño”) y una intervención del enunciador, entre paréntesis, que está construida bajo la forma de un consejo, salvo que éste no puede aparecer solo (“este” reenvía a algo que ya ha sido dicho antes) y que el calificativo “sucio” implica una evaluación fuerte por parte de este enunciatario que lo vuelve muy diferente del enunciador objetivo o pedagógico.
El tercer ejemplo es interesante, porque la enunciación no puede ser atribuida más que al soporte, pero el título implica que alguien (el destinatario) ha hablado antes, afirmando que lee: pero esta palabra del destinatario es enteramente explícita.
Una operación que es muy utilizada en el cuadro de un contrato de complicidad, consiste en constituir una enunciación que es atribuible a la vez al enunciador y al destinatario. Para efectuarlo, hace falta emplear lo que Benveniste llamaba el “nosotros” inclusivo:(6)
–“Moda: el negro no va tan bien”.
–“nuestra ropa interior tiene charme”.
En el soporte, un enunciador–mujer habla a las mujeres: el “nos” las involucra a todas. Señalemos que la forma de diálogo puede volverse muy compleja, con la introducción de un tercero: en el discurso del soporte, de un modo más o menos explícito, un tercer enunciador parece que habla a los destinatarios pero no es el enunciador el soporte mismo:
–“Tienes lindos ojos, –Sabes?”
–“Nosotros cocinaremos juntos”.
En los dos casos, se entiende que, lo que los títulos anuncian, es la prueba en escena de una pareja (la lectora y el marido o compañero), y el enunciador–soporte los hace hablar entre ellos, antes de intervenir él mismo en tanto que informante, aconsejando o comentando.
Las modalidades que hemos rápidamente evocado no agotan, por cierto, la panoplia de operaciones que contribuyen en los títulos a la formulación del contrato de lectura. Además, pueden combinarse entre ellas, dando lugar a contratos más o menos complejos y coherentes.
Imágenes de contrato
La enunciación, lo hemos dicho ya, es una dimensión que afecta todos los elementos del funcionamiento del discurso. El contrato de lectura concierne también a la imagen. Quisiera evocar un solo problema a propósito de la foto de prensa.
Tuve ocasión de trabajar la cuestión de la utilización de la imagen en las coberturas de “News”: pude recensar 5 clases de imágenes utilizadas para la construcción de las tapas de este tipo de revistas. Tomaré aquí una de esas clases, que constituyen lo que llamé “la retórica de las pasiones ” (7).
Se trata de imágenes de personajes marcados por la notoriedad (social, política, científica u otra). Ellos ocupan a menudo las primeras planas de las “News”. Cada soporte dispone de un repertorio de fotografías del personaje en cuestión, y hace jugar las variaciones en la expresión del rostro para significar la situación del personaje en un momento determinado, situación que puede resumir al mismo tiempo la coyuntura política, económica, etc… Podemos ver a un Valery Giscard d’ Estaing dubitativo (fig. 1), enervado (fig. 2), ensimismado (fig. 3), etc. Por este procedimiento, se puede muy bien representar la determinación del personaje (fig. 4) y la dificultad de la situación que atraviesa (fig. 5).
Se puede pensar que en la imagen de prensa que concierne a la actualidad, el enunciador no tiene “lugar” para manifestarse. Y por lo tanto, hay diferentes modos de mostrar, como hay diferentes modos de decir “P”. El enunciador se marca en la imagen por todos los detalles de la técnica. Por un fenómeno de enunciación en la imagen, podemos comprender que un candidato (fig. 6) no es un presidente (fig. 7). En este último caso, la intervención del enunciador es explícita, porque se trata de un dibujo y no de una foto: el enunciador señala así su voluntad de querer significar algo por la imagen que la muestra.
Hay una diferencia importante entre las tapas 1 a 5 y la cobertura 6: ésta última es una foto de tipo “pose”, y las otras no lo son. Como se trata, en el caso de la retórica de las pasiones, de hacer significar la expresión de la cara del personaje representado, estas imágenes han sido “tomadas” al personaje; le han sido, podríamos decir, “arrancadas”. En la pose, en cambio, el personaje ofrece su imagen al fotógrafo —las “News” utilizan muy poco la pose: casi exclusivamente para los hombres políticos, y en los períodos electorales (períodos donde, en efecto, el hombre político ofrece su imagen a la consideración de los ciudadanos)— a diferencia de las “News”, revistas como París Match apelan a menudo en sus tapas, a la foto tipo “pose” (fig. 8 y 9).
Esta diferencia entre el Semanario de tipo “News” y París Match, en la modalidad de utilización de imágenes de personajes notorios en tapa, traduce la diferencia profunda entre dos tipos de soportes, en cuanto a la relación que el enunciador establece con el destinatario a propósito de la actualidad de la cual habla.
Las dos modalidades que hemos identificado (la foto de “pose” y la “retórica de las pasiones”) son, en efecto, la inversa exacta una de otra. La “retórica de las pasiones” (fig. 5) parte de imágenes concretas : cada una de ellas ha sido arrancada, lo hemos dicho, al personaje, de algún modo a sus espaldas, cada una de ellas lleva, entonces, la traza de una situación precisa, de un instante determinado donde el personaje ha sido sorprendido cuando su rostro expresaba un estado de espíritu, o una emoción. Por lo tanto, las “News” la utilizan para expresar un concepto abstracto , y poco importan entonces las circunstancias precisas donde la foto ha sido tomada: ella se ve signo de una situación global, de una coyuntura. Su presencia en la tapa traduce la actividad interpretativa del enunciador.
En París Match, la modalidad de la “pose” es exactamente lo contrario. El punto de partida es una imagen no evenemencial, atemporal: la foto de estudio, la pose. Un personaje que posa, trata de hacer ver, no el accidente anecdótico sino su carácter (o al menos, uno de sus aspectos). Por lo tanto, París Match transforma esta imagen en acontecimiento, en evento; lo que ella anuncia en tapa, es que esta semana , el personaje en cuestión habla en París Match, que él está presente, aquí y ahora, para los lectores de la revista. La aparición del personaje se vuelve así concreta y singular: en el número que lo tiene en la tapa, él ha escrito, o él ha sido entrevistado. En la cobertura, París Match, no señala su interpretación de la realidad, la presenta.
Lejos de ser extrañas al contrato de lectura, las imágenes son uno de los lugares privilegiados donde ésta se constituye, donde el enunciador teje el nexo con su lector, donde al destinatario se le propone una cierta mirada sobre el mundo.
El contrato a prueba
Los estudios de posicionamiento trabajan siempre sobre un universo de competencia determinado: el “soporte de referencia”, que es el centro del estudio, está situado frente a frente con sus competidores (más o menos inmediatos, según los casos). El análisis semiótico tiene por objeto desarmar y describir todos los contratos de lectura que componen el universo de competencia en cuestión, determinado de una forma precisa, lo que hace a la diferencia “específica” de cada uno.
Los contratos de lectura así identificados y descriptos en todas sus dimensiones, permiten comprender entonces su eficacia relativa. Para esto, el trabajo de campo es necesario.
Nos hará falta realizar ya sea grupos proyectivos, o bien entrevistas individuales semi–directas, según la naturaleza de los problemas que surgen del “soporte de referencia”. En un caso como en otro, el trabajo de campo concierne a los lectores y a los no lectores (y/o los lectores ocasionales) de los soportes estudiados.
La especificidad de esta demarcación consiste en el hecho de que la descripción de los contratos de lectura provee un conjunto de hipótesis concernientes a las propiedades de los soportes: ya no se trata de grupos o entrevistados, el campo está organizado de manera precisa, a la luz de estas hipótesis. Si se construye, por ejemplo, una tipología de lectores y no–lectores a partir de entrevistas individuales, esta tipología no será una clasificación efectuada en términos de criterios generales aplicables indiferenciadamente a cualquier práctica de consumo, sino una tipología específicamente concebida con vistas a fenómenos de lectura y no–lectura en un sector de la prensa estudiada .
El objetivo del trabajo de campo es verificar el funcionamiento del contrato propuesto por cada uno de los soportes estudiados: sus puntos fuertes y sus puntos débiles. El análisis de los puntos débiles del “soporte de referencia” permite definir los principios estratégicos de reposicionamiento tendientes a las recomendaciones de cambios de redacción, modificando tal o cuál aspecto del contrato.
Hace falta subrayar aquí el hecho de que el conocimiento detallado de la “lógica global” del contrato de lectura, permite hacer una matriz de la naturaleza y la orientación de los cambios que son deseables de aportar: un contrato no puede ser modificado irresponsablemente. Por otra parte, el estudio desde este punto de vista, permite determinar qué efectos tuvieron estas modificaciones en el posicionamiento del soporte en relación a sus competidores: el cambio de un aspecto del contrato de lectura de un soporte puede reforzar, o por el contrario, atenuar su singularidad, alejar (o acercar) a tal o cual competidor.
Hace falta insistir sobre la complementariedad entre la propuesta semiótica y la de campo. Un análisis semiótico sin datos de campo permite conocer en detalle las propiedades de un discurso de soporte tal como se ofrece al lector, pero no nos indica de qué modo el contrato de lectura así constituido se articula a los intereses, expectativas e imaginarios de los lectores. Los datos de campo sin análisis semiótico del contrato de lectura, son un dato de campo “salvaje”: se estudian las actitudes y las reacciones de los lectores y no–lectores en vistas a objetos de los cuales no se conocen sus propiedades precisamente en cuanto objetos de lectura .
El análisis semiótico nos permite conducir, más allá del repertorio de las “expectativas”, en discriminaciones mucho más detalladas de los lectores y, en consecuencia, permite una articulación mucho más precisa entre lectores y soportes.
Este tipo de investigación, estrictamente operacional, es capaz de aportar una contribución importante a la investigación de base en el dominio de los media: gracias a la teoría de la enunciación, el análisis del contrato de lectura puede, por sus resultados, hacer avanzar ese proyecto que muchos de nosotros esperamos con impaciencia: una buena teoría de los procesos de recepción en la comunicación de masas.
Referencia bibliográficas
citadas en el texto
1 Este es el modelo “speaker–hearer” de la lingüística chomskiana.
2 Roman Jakobson, “Lingüística y Teoría de la Comunicación”, en Ensayos de Lingüística General, París, Editorial de Minuit, vol. I, 1963, pp. 87/99.
3 Voir Michel Charles, Retórica de la Lectura, París, Seuil, 1977; J. Leenhardt y Pierre Jozsa, con la colaboración de Artine Burgos, Lire la lecture. Ensayo de sociología de la lectura, París, Le Sicomore, 1982; Wolfang Iser, El acto de la lectura. A Theory of aesthetic response, Routledge and Kegan Paul, 1979. Umberto Eco, The role of the reader, Bloomington, Indiana University Press, 1979.
4 El “contrato enunciativo” es una dimensión fundamental del funcionamiento de no importa cual sea el media dentro de las comunicaciones de masa, y aquel que sea el soporte significante (radio, televisión, etc.) Nuestra demarcación es para los medias en general.
5 Una introducción clara a la problemática de la enunciación en: D. Maingueneau, iniciación a los métodos de análisis del discurso, París, Hachette Université, 1976, capítulo III; pp. 99–150. Consultar el Diccionario enciclopédico de las ciencias del lenguaje, de O. Ducrot y T. Todorov, París, Seuil, 1972.
6 E. Benveniste, Estructuras de las relaciones de las personas sobre el verbo, en Problemas de Lingüística General, París, Gallimard, 1966, pp. 225/236.
cf. E. Verón, L’espace du soupoon, in: Ph. Dubois et Yves Winkin (eds Langage et ex–Comunicaton, Pragmatique et discours sociaux, Louvain–La Neuve, Cabay Libraire–editeur, 1982, pp. 109/160.
Esta conferencia fue donada a Cátedra de Informática y Relaciones Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales, de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Citamos su sitio para consultas
http://www.hipersociologia.org.ar/base.html
Las sociedades mediatizadas Junio 11, 2008
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En relación con los conceptos de Eliseo Verón sobre el contrato de lectura que se establece entre los medios y sus audiencias, transcribimos a continuación un fragmento de su ensayo INTERFACES. Sobre la democracia audiovisual avanzada. (en El nuevo espacio público, ed. Gedisa, Barcelona, 1992, p. 124-139 )
En primer lugar, veremos algunas hipótesis que son interpretaciones de hechos concernientes a la evolución reciente de las sociedades llamadas “postindustriales”, y sobre las cuales no podré extenderme en el marco de este trabajo. (1)
Las sociedades postindustriales son sociedades en vías de mediatización, es decir, sociedades en que las prácticas sociales (modalidades de funcionamiento institucional, mecanismos de toma de decisión, hábitos de consumo, conductas más o menos ritualizadas, etc.) se transforman por el hecho de que hay medios.(2) El proceso de mediatización no avanza al mismo ritmo en los distintos sectores del funcionamiento social; es cierto que el mecanismo estatal (y, por lo general, el campo de lo político) es uno de los sectores en que esta mediatización es bien visible. Una sociedad en vías de mediatización (distinguible de la sociedad mediática del período anterior, es decir, una sociedad en que poco a poco se implantan tecnologías de comunicación en la trama social) no por eso es una sociedad dominada por una sola forma estructurante, lo cual explicaría la totalidad de su funcionamiento.(3) La mediatización opera a través de diversos mecanismos según los sectores de la práctica social que interese, y produce en cada sector distintas consecuencias. Dicho de otro modo: una sociedad mediatizada es más compleja que las que le han precedido. A pesar de lo que se diga, la publicidad, el discurso político, el discurso informativo. el discurso científico, etc., resultan de condiciones de producción y de reconocimiento diferentes, específicas en cada caso.(4)
Respecto del sistema político, la pantalla chica se convierte en el sitio por excelencia de producción de acontecimientos que conciernen a la maquinaria estatal, a su administración, y muy especialmente a uno de los mecanismos básicos del funcionamiento de la democracia: los procesos electorales, lugar en que se construye el vínculo entre el ciudadano y la ciudad. En otras palabras, ya estamos en la democracia audiovisual. Más para bien que para mal, a mi juicio, pero ése es otro debate.(5) En cada práctica discursiva, la mediatización ha implicado la incorporación progresiva de nuevos registros significativos. En su historia, de una manera muy esquemática, la mediatización influyó primero en la escritura, con la prensa masiva (el orden de lo simbólico, en la terminología de Peirce); a continuación se fue haciendo cargo del universo figurativo de la representación, con la fotografía y el cine (el orden dé lo icónico, siempre según Peirce), y finalmente se apoderó del registro del contacto, en forma parcial -en primer lugar‑ con la radio, y luego en forma plena mediante la televisión para el público en general (el orden de lo indicial peirciano).(6) La incorporación de un nuevo registro significativo no ha implicado, claro está, la anulación de los anteriores: mirar televisión no hace a uno sordo, lo cual remite a la complejidad creciente de la discursividad en la sociedad postin-dustrial. También aquí hay un debate que esquivo: todo lo que se podría decir de los contrasentidos en que se incurrió respecto de nuestra “civilización de la imagen”.(7)
Hacia una redefinición del concepto de hipertexto Mayo 15, 2008
Posted by cultura in Ciberculturas, Cine.1 comment so far
Cuatro son las historias. Durante el tiempo que nos queda,
Seguiremos narrándolas, transformadas.
Jorge Luis Borges, Los cuatro ciclos.
La noción de hipertexto inspiró gran profusión de ensayos desde la década de los ochenta, algunos provenientes de la ingeniería informática y en relación con la revolución cultural originada por la irrupción de las nuevas tecnologías de la información, en cuyo contexto, hipertexto designa al texto electrónico; otras, provenientes de la teoría literaria y los estudios semiológicos, en las que el término comenzó a utilizarse para definir una de las modalidades de producción literaria, cuya acepción, sobre todo en el caso de Gerard Genette, es diferente y designa la relación entre textos literarios.
Sin embargo, en la misma época, surgen interesantes conexiones entre las corrientes teóricas que analizan la dimensión tecnológica del hipertexto, es decir, el uso del texto digital y sus implicancias, entre varias, el posible desplazamiento del texto impreso por el texto electrónico y otras preocupaciones referidas al futuro del libro; por otra parte, los estudios provenientes de la semiótica, la teoría literaria y la filosofía, que analizan la dimensión metafórica del hipertexto.
Si bien la proliferación de ensayos sobre el tema y la carencia de una definición unívoca del término generó cierto caos conceptual, podría considerarse que en los últimos tiempos y, a partir de ciertos aportes teóricos que intentaremos sintetizar en el presente trabajo, el concepto de hipertexto asume la categoría de metáfora apta no sólo para caracterizar al texto digital o a cierto tipo de texto literario, sino también, en un sentido más amplio, como una noción válida para caracterizar las producciones culturales contemporáneas.
Intentaremos una redefinición del concepto de hipertexto a partir de la recapitulación del origen del término y de la revisión de las diferentes acepciones que fue asumiendo a partir del aporte de autores provenientes de diversas disciplinas, con la intención de unificar criterios que pueden ser contradictorios sólo en apariencia.
Nos proponemos, por último, ejemplificar esta redefinición a algunos aspectos de la obra cinematográfica del cineasta australiano Baz Lurhman.
Haciendo historia: el hipertexto electrónico.
El primero en utilizar el término hipertexto fue el ingeniero norteamericano Théodore Nelson en un congreso de 1965 y en referencia a una nueva modalidad de escritura en computación, según la cual cada unidad textual podía dar paso a un acceso no secuencial. Nelson retomaba entonces las ideas del ingeniero en informática Vannevar Bush[1], quien en un artículo de 1945, que hoy se considera profético, generó el proyecto de un sistema de almacenamiento del saber humano gracias al cual cada usuario podría interconectar a gusto todo tipo de documentos para crear otros.
Correspondió a Ted Nelson, sin embargo, la invención de un sistema de archivación de información que dio origen a la actual Internet. Su sistema, al que bautizó Xanadú[2], permite la transmisión de documentos interconectados. La estructura de Xanadú es concebida como una red destinada a “proveer millones de documentos a millones de usuarios que en forma simultánea siguen las conexiones y las ventanas a través del cuerpo de un hipertexto en continuo crecimiento”[3]. Para Nelson, el pensamiento y el habla son intrínsecamente hipertextuales. Sólo cuando escribimos reordenamos las ideas que surgieron de manera arborescente y las colocamos en la secuencia requerida por la lengua escrita. El texto, según Nelson, puede ser comprendido sólo como una estructura en evolución, casi proteiforme. A partir de esta idea de Nelson, el término se aplicó en el ámbito